06 Jul 2008

Un meme es un meme

Escrito por: crguarddon el 06 Jul 2008 - URL Permanente

No tengo ni la más remota idea de dónde procede la palabra “Meme”. Pero sé que está relacionada con la amistad, y ésta, la amistad, sí la conozco.

http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/c-menorca Cristina me ha invitado a jugar, y aunque no pensaba publicar hasta la vuelta de las vacaciones, ha sido irresistible. Gracias Cristina.
http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/casajuntoalrio El atrapador de sueños.Gracias Casa.

http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/roma77amor. La mágica Rosa Majicor, la niña guerrera. Gracias niña.

http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/aranzazu-lozano mi encantadora e inolvidable Aránzazu. Gracias wapita.

http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/jennyrodriguez2275 y Jenny con sus deseos de felicidad en mi vida. Gracias.

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El juego se llama Meme y consiste en enumerar seis cosas que a cada uno le produzcan felicidad en su vida cotidiana, así de simple.

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Las reglas del juego son las siguientes:

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§ Enlazar a la persona que nos invita.

§ Enumerar seis cosas "sin importancia" que nos hagan felices.

§ Hacer constar las reglas.

§ Elegir a seis personas que continúen con el desafío.

§ Avisarles con un comentario en su blog.

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Y aquí están algunas cositas que me hacen feliz:

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1. Salir a la calle los domingos por la mañana, muy temprano.

2. Acariciar un libro que aún no he leído, tenerlo entre mis manos un buen rato y antes de leer la primera línea.

3. El contacto con el agua, la dulce y la salada. Hasta el agua de la ducha.

4. Comer con mis dos hijos, adoro la sobremesa con ellos, hablar con ellos es un auténtico placer.

5. Los besos y los abrazos.

6. Los mensajes inesperados, por cualquier medio.

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Y los nominados son……

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  1. Ilona http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/anolis
  2. Blueve http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/evacrus
  3. Minea http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/minea36
  4. Camino http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/ccc1804
  5. MJ http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/mjpg61
  6. GLORIA http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/glhoria

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Me he quedado con las ganas de alargar la lista de cosas que me hacen feliz y con más ganas de alargar y alargar la lista de nominados….lo difícil ha sido quedarme en el seis. La música de Amy, me ancanta la voz de esta mujer, ojalá que ella aprenda a quererse.

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29 Jun 2008

El lado izquierdo de mi avatar

Escrito por: crguarddon el 29 Jun 2008 - URL Permanente

Hoy, hace un año y cuatro días estrené mi Cuaderno de Notas. ¿De verdad hoy es fiesta? Fue mi primera entrada, una entrada donde hablaba de muchas cosas, de fiesta, de violencia, de fascismo, de amigos, de colores oscuros que preferiría no haber visto nunca. Pero el protagonista de aquella entrada fue el lado izquierdo de mi avatar, Jordi, o el lado derecho de mi vida, depende desde que lado miremos. Y como esta semana ha estado dedicada al cine, me viene de perlas, porque él es mi consejero infalible, mi cinéfilo favorito, su último lema: Podría ser peor. A veces se comporta como mi madre. No sabéis lo que me río con él, es el serio más divertido que conozco, mi crítico más feroz, un guionista extraordinario (soy su mamá) y lo primero de todo: Mi hijo pequeño.

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Aunque sitúo mi entrada en La Comunidad hacia mediados de octubre, porque durante los meses de julio y agosto me olvidé por completo de que tenía un cuaderno de notas expuesto al ciberespacio. Y septiembre fue un mes de aprendizaje. No tenía ni idea dónde me había metido. Hasta que llegó un primer comentario ¡Sorpresa! Tampoco sabía que te servían los comentarios en la bandeja de entrada. Gracias Narciso, porque fue Narciso el autor. Y ese detalle es lo que me animó a continuar.

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Y aquí estoy. Y a pesar de los avatares de nuestra santa comunidad, aquí seguiré. Pero de momento me doy un descanso durante el mes de julio, asuntos pendientes que no pueden esperar. Y…lo más importante: ¡Vacaciones! ¡Playa! ¡Desconexión! De momento dos destinos a la vista: Menorca y la Costa Brava, Cassà de la Selva, con visita incluida a Blanes, no te libras Ilona

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UN BESO para todos los que estáis en el lado izquierdo de mi Cuaderno, y a los que no estando ahí habéis llegado hasta aquí, SIEMPRE, unos y otros, con palabras amistosas, cariñosas…………paro, que no es una despedida, es una presentación:

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El restaurante se llama ¡FATAL! Lo encontré en Budapest, no puedo entender el nombre…

En Bratislava el niño quería postre, algún defectillo tenía que tener….

El plato va por los fotógrafos de La Comunidad, por los buenos ratos y por la semanita que llevan…

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Al reducir las fotografías se me han alborotado los píxeles, o como quiera que se llame lo que se ha alborotado. Otra asignatura pendiente.

A disfrutar, que el verano son dos días….

26 Jun 2008

Antes del atardecer. El club de los jueves

Escrito por: crguarddon el 26 Jun 2008 - URL Permanente

Celine entró en el café antes del atardecer. Y se acercó a Jesse, el camarero, que la esperaba al otro lado de la barra. Se sentó en un taburete. Encendió un cigarrillo y cruzo las piernas. Miró a Jesse. De frente. Eran viejos conocidos. Celine entraba en el local cada día, al atardecer, desde hacia seis meses. Llevaba un vestido negro por encima de la rodilla, las piernas desnudas. Apenas maquillada.

―¿Qué hace usted aquí? ―le dijo Jesse a Celine, remarcando el usted.

―Pues no sé, luchar por mi vida, ¿y tú? ―contestó Celine.

―Yo soy camarero, trabajo aquí. ¿No lo recuerdas?

―Me acuerdo, te veo cada noche desde hace seis meses.

―¿Qué buscas, Celine?

―Algo para seguir engañándome, igual que tú.

―Yo me divorcié de mi mujer porque me dejó por otra mujer. No me engaño, no tengo nada que esperar. Pero tú, Celine ¿Por qué le esperas?

―Para poder decirme a mí misma que lo intenté.

―Sabes que no vendrá.

―¿Y tú, Jesse, cómo lo sabes?

―¿Hay algo más elocuente que el silencio?

No es lo que tú te imaginas, estoy enamorada de él…Y él de mí.
¡Claro! El amor, el puto amor, que todo lo puede. ―Jesse levantó la voz.

Me gusta recordar las cosas a mi manera ―contestó Celine.

―¿Qué quieres decir?
―Las recuerdo a mi modo, no necesariamente como hayan pasado. Ponme algo de beber.

―¿Martini con vodka? ―Jesse estaba seguro de acertar.

―Buena idea…
―¿Mezclado o agitado? ―preguntó Jesse mientras se movía detrás de la barra.
―¿Tengo cara de que me importe?

―Tu vida está sobre la barra. ¡Por las noches antiguas! ―dijo Jesse colocando el vaso delante de Celine.

―¡Y por la música lejana! ―contestó Celine.

―A veces hay que beberse la vida en un instante ―Celine apuró la mezcla.

―Los viejos sueños eran buenos sueños. No se realizaron pero me alegro de haberlos tenido. ¿A qué hora terminas? ―Pregunto Celine, a bocajarro.

―¡Ya era hora! ―Jesse no se sorprendió, a pesar del tono.
―¿De qué? ―Celine conocía la respuesta de Jesse.
―De que me sorprendieras.

―Estrellas... ocultad vuestro fuego... que la luz no vea mis más negros y ocultos deseos ―Celine reía.

—No quiero necesitarte Celine.
—¿Por qué? ―esta vez Celine sí se sorprendió.
—¿Por qué? Porque no puedo tenerte.
―¿Tan perdedor eres que no te das cuenta cuando ganas? ―Celine dejó de sonreír.

―Está abierto hasta el amanecer….―A Jesse le brillaban los ojos.

―Te esperaré ―también a Celine le brillaban.

― El tiempo es un gran autor, siempre da con el final perfecto.

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Salieron juntos del local, antes del amanecer.

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Cástor ha elegido esta semana el tema: “La protagonista ha de ser una amante del cine”.

No he leído todavía las historias de mis compañeros, a quienes pido disculpas por mi ausencia, pero estoy segura de que no me van a decepcionar. A vosotros tampoco. La magia del cine en casa de:

Pat , Ana, Carlos, Juan, Kike, Reichel, Escocés, Karmen, Jan, Cástor Olcoz, Rosa, elojoqueves, el aforismo de Alfonso. Y Odisea.

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19 Jun 2008

El club de los jueves. Mi primo

Escrito por: crguarddon el 19 Jun 2008 - URL Permanente

Tengo 13 años. Desde que papá y mamá no están, vivo con mi tía Asun y con mi abuela. Me quieren mucho, pero son unas pesadas. Ya soy mayor, pero no se dan cuenta, y me tratan como si fuera una niña pequeña. Y eso que soy la más alta de mi clase.

Tenemos que coger el tren. Mi primo se casa. Llegamos a la estación, el olor del tren me recuerda a mi primo. Mientras mi abuela busca nuestros asientos, mi tía protesta.

―Mira que se lo dije, Mari, péiname en condiciones que voy a la boda de mi sobrino. Pero nada, fíjate que pelos ―le dice mi tía a mi abuela.

―Asun eres una exagerada, te ha dejado los pelos que tienes, ni uno menos…―Mi tía Asun es la hermana pequeña de mi madre, está soltera y siempre discute con mi abuela.

En el tren huele a gasolina y a hollín, el olor se mete por la nariz y cuando te suenas sale otra vez. Pero vuelve a meterse. Pienso en mi primo.

Me siento entre mi tía y mi abuela. En frente de mí está sentada una chica, es muy guapa. Yo quiero ser mayor para ponerme zapatos de tacón, y para pintarme los labios. Me gusta su vestido.

―Nosotras vamos a la boda de mi sobrino…―le dice mi tía a la chica.

Cuando los mayores hablan, especialmente cuando habla mi tía, es mi tiempo para soñar despierta. Nadie me molesta.

―¡Huy! Es una boda por todo lo alto, sí, sí, lo celebran en…mamá, ¿cómo se llama el sitio…..?

Quiero verle, hace mucho tiempo que no nos vemos. Cuando yo era pequeña, él venía a vernos con sus padres. Entonces no tenía novia. Era muy guapo y muy alto, tenía el pelo negro y un hoyito en la barbilla. Por la mañana íbamos a la playa y él me enseñaba a nadar, y hacíamos castillos de arena. Por las tardes, cuando todos dormían la siesta, cogía la alfombra pequeña del cuarto de mis padres y la arrastraba hasta el comedor, yo me sentaba encima de la alfombra con las piernas cruzadas, y mi primo tiraba, y me daba vueltas alrededor de la mesa. Y yo me reía y quería más. Y él me decía ¡A que no me coges!, ¡no puedo!, y me entraba la risa, y me gustaba dar vueltas alrededor de la mesa sentada encima de la alfombra.

―Mi sobrino nos quiere mucho, está muy bien colocado, gana muy bien….―qué pesada es mi tía, siempre le cuenta su vida a todo el mundo.

Algunas noches íbamos a la feria y me compraba algodón de azúcar, y cuando yo sacaba la lengua para morder el algodón, él me empujaba y todo el algodón se me quedaba pegado a la cara y me daba mucha rabia, pero me reía porque él se reía. Al volver a casa, me cogía en brazos y me levantaba por encima de su cabeza, y me decía, ¿quieres ser más alta que la luna? Corre, sube, sube….y yo estiraba los brazos, pero no llegaba hasta la luna. Y él se reía.

―Es el hijo de mi hermano mayor y se casa con una chica muy mona, no la conocemos en persona, pero….―mi tía, siempre habla mi tía.

Por las noches, antes de acostarme les daba un beso a todos, primero a mi primo, después a la abuela, luego a la tía, después a mi otra tía, y a mi tío. Y de nuevo a mi primo.

―Le voy a enseñar la foto, fíjese, ¿verdad que hacen muy buena pareja…? Él es más guapo, no es porque sea mi sobrino, pero…

Pero me ha traicionado, me dijo que se casaría conmigo cuando creciera un poco más. Ya he crecido. Y no me ha esperado.

Antes de bajar del tren, miro por la ventanilla. Está esperándonos. Está con una chica. Y se ríe, como siempre. Nos bajamos del tren, me tiro a sus brazos. Después de abrazarme me dice:

―Prima, te presento a mi novia, se llama como tú, Izaskun. Dale un beso. Obediente me acerco a ella, y me agacho un poco. Yo soy más alta que ella. De todas formas, le doy un beso a mi tocaya.

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Esta semana me ha tocado elegir a mí, la condición era que la historia transcurriera dentro de un tren, contar lo que ocurre en un viaje. Muchas más historias muy interesantes en casa de:

Pat , Ana, Carlos, Juan, Kike, Reichel, Escocés, Karmen, Jan, Cástor Olcoz, Rosa, elojoqueves, el aforismo de Alfonso. Y Odisea.

15 Jun 2008

Cuaderno de notas

Escrito por: crguarddon el 15 Jun 2008 - URL Permanente

Anoche me regalaron un cuaderno de notas. El olor de la tinta y la textura del papel me fascinan. El cuaderno es un mundo en miniatura, es como un agujerito por el que puedo mirar y ver todo lo que me importa. Ojeo sus páginas y descubro lo siguiente: la tapa de delante es un dibujo, una mujer envuelta en una tela llena de estrellas, una mujer que se enreda en el cielo. Detrás de ella está la luna y en su pelo se enredan las flores.

Abro el cuaderno y aparece la dedicatoria y hacia la mitad alguien se siente feliz de haberme visto, tocado y abrazado. Paso las hojas del cuaderno y cada poco aparecen más dibujos, que son versos convertidos en imágenes.

No se agotan las sorpresas, unas páginas mas allá aparece el ticket. Yo sabía que aparecería en cualquier momento.

―Es una tontería, pero lo he dejado para que sepas que día lo compré. Y en que lugar. Miro los dibujos. Llego hasta el final. Cierro el cuaderno. Y miro la tapa de detrás. Me da un vuelco el corazón. El cuaderno se cierra con un nombre. El nombre que está impreso en la tapa de detrás no es cualquier nombre. Quizá es casualidad pero quien compró el cuaderno conoce lo que significa para mí. Quizá por eso eligió ese cuaderno y no otro.

Anoche, primavera y de madrugada, atrapados en un monumental atasco, buscando una salida que nos devolviera el norte y al norte, sin prisa y felices dentro del embotellamiento, que sin saberlo estaba alargando la noche, dejamos que la música se escapara por las ventanillas, mientras en silencio recorríamos intrincados túneles en un intento de encontrar el otro lado del espejo.

Antes del amanecer. Vuelvo al comienzo del cuaderno, en la primera página, al final de la dedicatoria, está escrito un te quiero. Volteo el cuaderno en mis manos y en la tapa que cierra el cuaderno al principio está impreso un nombre. Te quiero al final del principio y tu nombre al principio del final.

12 Jun 2008

El club de los jueves: 3772

Escrito por: crguarddon el 12 Jun 2008 - URL Permanente

Era una noche húmeda, dentro del invierno. Alba y Claudia se conocieron en medio de la lluvia, al finalizar la función de teatro donde los hijos de ambas habían participado. Claudia llevaba un abrigo pasado de moda y muy usado. La prenda embutía su cuerpo como un guante. De tanto uso, tenía exactamente la misma forma que el cuerpo de su dueña. Solía decir que le gustaba mucho, que por eso se lo ponía, que la prenda le traía buenos recuerdos, porque estaba con ella desde los tiempos de la Facultad. Y Alba solía pensar que ya había llovido desde entonces. Y que la realidad era muy distinta. Claudia pronto cumpliría los 37.

Hacía pocos días que el padre de Claudia había cambiado el Atlántico por el Mediterráneo para estar con su hija y sus nietos. Pensaba quedarse una temporada con ellos, uno no cruza el Atlántico para unos pocos días, total, disponía de todo el tiempo, desde su jubilación tenía poco que hacer, recién había cumplido los 72.

También por esos días hubo cambios en la vida de Alba debido a los avatares profesionales de su marido que en breve la llevarían a la capital. Y Claudia con la excusa de celebrar su cumpleaños, el de su padre y despedir a su amiga, organizó una pequeña fiesta. Y cocinó para todos. Pizzas para los siete niños ―cuatro suyos, tres de su amiga― ella misma elaboró la masa, amén del hojaldre para la pascualina, el chimi-churri para acompañar la entraña, el dulce de leche para rellenar los panqueques. Un auténtico lujo, dada su precaria economía. La cena fue una fiesta, al día siguiente Alba cogería un tren y las amigas no sabían cuando volverían a verse.

Una de las aficiones de Claudia, ―aunque no su preferida― eran los números, decía que la numerología era una ciencia muy antigua, que venía directamente de la cábala. A veces se entretenía echando cuentas y haciendo malabarismos con ellos. Otras veces, soñaba señales donde Alba sólo veía un tres, un siete o un dos. Aprovechó el manojo de circunstancias ―la marcha de Alba, la reunión familiar y la proximidad de las navidades― y después de pensarlo un momento y al tiempo que dirigía una mirada cómplice a su padre, escribió un número en un papel y le hizo un encargo navideño a su amiga.

Al día siguiente se encontraron en la estación, y unos minutos antes de partir el tren, Claudia le dijo a Alba ―¡No te olvides del número! ―No me olvidaré ―contestó Alba.

Con el cambio de ciudad, la nueva casa, otras rutinas de trabajo, el colegio de los niños, las lucecitas de colores por todas partes, la navidad a la vuelta de la esquina, el retorno…en definitiva, todo un jaleo. Alba desatendió aquel encargo, o quizá disfrazó la pereza de olvido. Después de todo, los sortilegios sólo eran supercherías ―pensó Alba.

Entró diciembre, y al poco la Navidad. La mañana del 22 amaneció lluviosa, pero algo vibraba en la atmósfera aparte de la humedad, el azar jugaba su baza. Algunas personas iban a sentirse diferentes en cualquier momento. Y Alba fue una de esas personas que aquel día se sintió distinta. Tenía náuseas y un malestar difuso que tenía nombre de número: aquel dichoso número se le aparecía por todas partes, y no era precisamente una visión, o una evocación. Era un hecho real. Aquel número la perseguía. Apareció en las noticias de la TV, en la radio, en la prensa, todo el mundo lo cantaba. Era el número más festejado del año, aparecía por todas partes, entre copas de cava y risas nerviosas, el número de la suerte, el número mágico, el número que Alba nunca compró.

Alba dejó pasar las horas, los días y hasta lo meses. No pudo hablar con su amiga, no tuvo arrestos para decirle que no había comprado aquel número, ni ningún otro.

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Los inviernos continuaron, algunos más húmedos, otros más secos. Pero siempre salpicados con tarjetas navideñas, conversaciones telefónicas y varios encuentros entre ellas. Sus vidas se iban transformando poco a poco sin separarse del todo. En ninguna ocasión mencionaron aquello que ambas guardaban. Charlaban de otras cosas: los estudios de los hijos, los nuevos trabajos, los mismos maridos, vacaciones diferentes. Y hasta de otros números. Cuando se agotaron estos temas, aparecieron otros, los divorcios, la marcha de los hijos, las ilusiones renovadas, incluso nuevos números.

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Y cuando habían pasado veinte inviernos, una mañana soleada, caminaban las dos amigas por la Carrera de San Jerónimo en dirección a la Puerta del Sol, buscaron una Administración de Lotería y compraron un décimo para Navidad. Cogieron la calle Postas, querían desembocar en la Plaza Mayor. Estaban sentadas delante de dos martinis cuando Alba le dijo a Claudia ―¿Lo recuerdas? Y Claudia le contesto ―¡Claro! ¡Cómo olvidarlo!. ―¿Y…? ―Preguntó Alba ―Si lo hubieras comprado, el dinero me habría devuelto a Buenos Aires y ahora tendría otra vida. Y ¿sabes? Me gusta mi vida, tal y como es. No imagino otra.

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Esta semana la única condición que nos ha puesto Carlos ha sido comenzar por: Era una noche húmeda. Otras historias, dentro de otras noches húmedas, en casa de:

Pat , Ana, Carlos, Juan, Kike, Reichel, Escocés, Karmen, Jan, Cástor Olcoz, Rosa, elojoqueves Y el aforismo de Alfonso. Y Odisea.

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05 Jun 2008

El club de los jueves: El último vagón.

Escrito por: crguarddon el 05 Jun 2008 - URL Permanente

Las paredes del apartamento de Iris estaban pintadas de blanco. Pero todo andaba fuera de lugar y revuelto, en la mesa de la sala de estar rebosaban los papeles, una botella de zumo, un vaso pegajoso de naranja, una servilleta azul y estrujada, ceniceros con colillas. Los periódicos en un rincón, junto a la puerta de la entrada, estaban pidiendo ser leídos, las noticias caducan.

Las dos hojas de la puerta que daban paso al dormitorio desde el cuarto de estar, estaban abiertas, la cama estaba inundada por un soñoliento rayo de sol que entraba por la rendija de la persiana. Refulgían dos vidas impresas en papel, miles y miles de palabras teñidas de amarillo. La historia de los dos estaba escrita en aquella montaña de páginas, la última carta de Fidel coronaba la cumbre de papel impreso, el encuentro era inevitable.

Dentro del apartamento era primavera, el aire acondicionado lo hacía posible. No se oían ruidos, las dobles ventanas estaban cerradas, cuatro niños con bañadores anchos, largos y muy coloridos jugaban cerca del agua, como aburridos o recién levantados de la siesta. Iris miraba por la ventana en ese momento.

Buscó un cigarrillo sobre la mesa, pasó la mano por encima revolviendo los papeles, como cuando uno remueve el agua por placer, después palmeó, como si chapoteara. Sus movimientos dieron resultado, metió la mano por debajo de la factura del teléfono, abierta de par en par y pescó la cajetilla. Fumar puede matar. Introdujo la uña del dedo gordo de la mano derecha por la hendidura. Las autoridades sanitarias advierten. Ayudándose del índice sacó un cigarrillo. El amor también perjudica seriamente la salud. ¿O es la falta de amor? Sacó el encendedor, también escondido debajo de la factura del teléfono. Total a pagar 247 €. Y sólo entonces se dio cuenta de que le temblaban las manos, una sonrisa intentó salir de sus labios apretados, pero detrás los dientes mordían el filtro del cigarrillo, aflojo. Encendió. Entornó los párpados y elevó la cabeza, como pensando en un olvido. El cigarro humeó sobre sus ojos, ajeno a la excitación de Iris.

Seguía en la misma postura, con el cigarrillo colgando de la comisura derecha. Paseó sus manos por sus muslos, se abrazó frotando su antebrazo izquierdo con su mano derecha y su antebrazo derecho con su mano izquierda, abriendo mucho las palmas de las manos, como si quisiera abarcar mucha piel, una piel bronceada por el sol de agosto. Sus manos llegaron con sigilo hasta los pechos desnudos debajo de la camiseta malva.

Abrió los ojos, brillantes de deseo. No esperaba recompensa. Miró el reloj. Las 19.30. Faltan 30 minutos. No podía salir a la calle con ese calor, tenía que esperar un poco más. Se llevó la mano izquierda a la boca, con intención de morder la uña del meñique teñida de un tono, que sin ser malva, recordaba el color de la camiseta. ―¡No! ¿Qué estás haciendo insensata? ―se dijo en voz alta. Antes de salir maquilló de rojo intenso sus labios.

La calle es corta y arbolada. No hay comercios, a través de las verjas se ven los jardines muy cuidados. El verde perenne de las hojas inalterable al verano. La quietud es total y el aire caliente. Aún no ha anochecido, son las 20.00. En un barrio así apenas queda gente un sábado de agosto, y los que quedan no están en la calle. Un coche sale de un garaje, la puerta se abre, una orden remota la ha puesto en marcha y el ruido de los goznes eléctricos se abre cansino a través de las adelfas y la quietud. Hace mucho calor todavía. Al final de la corta calle cruza una gran avenida paralela a un paso de cebra. Iris camina por la acera de la izquierda, mirando a todas partes, ni un alma. Tenían que encontrarse en la esquina de la calle con la gran avenida.

Iris va vestida con un vaquero muy usado y una camiseta de algodón color malva. La calle está en silencio y sus sandalias rebotan en el pavimento, a pesar del atuendo corriente, el color de su perfume la delata. Y el olor de la piel tostada pone en evidencia el tiempo engullido bajo el sol.

Saca el móvil del bolso, busca el número de Fidel, y se lo acerca al oído.

―¿Dónde estás? ―pregunta ella

―Quédate quieta, no te muevas, yo te encontraré ―contesta él.

Mientras hablan, ella camina. Él baja por la gran avenida, hacia ella.

―No te veo ―le dice Iris mientras ríe. Al otro lado de la calle, Fidel también se ríe. Van a encontrarse. Mientras deshacen la escasa distancia entre los dos, siguen hablando. Ella se para junto al bordillo, mira de frente, y ansiosa le busca. El corazón quiere salir a través de su camiseta, tac tac tac tac.

Él aparece al otro lado del paso de cebra que les separa. Ella aguarda y baja el pie del bordillo, pisa la primera raya blanca. Al otro lado Fidel hace lo mismo. Están cruzando la calle, ella va al encuentro de él. Él va al encuentro de ella.

En el medio del paso de cebra los dos se quedan parados, uno enfrente del otro, se cogen las manos y enseguida se enredan en un abrazo largo y cálido. Se aprietan el uno junto al otro, se acarician, ella le pasa las manos por la cara, levanta la cabeza hasta él, le ofrece sus labios, él se acerca y se funden en un deseo viejo, antiguo como el mundo, nuevo como lo que están sintiendo. Pasan los minutos.

―Nos van a atropellar ―dice Iris. Se acercan a la acera y no dejan de mirarse, se tocan, se acarician, se besan, sus cuerpos están pegados, insistiendo.

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Se conocieron dentro de un tren, hace un tiempo el azar les colocó frente a frente y desde entonces se han escrito a diario, ella ardía en deseos de volver a verle. Durante un tiempo la idea de los dos era este encuentro. Ahora están juntos y cualquiera diría que no se van a separar más.

Entran en un café y se sientan uno al lado del otro. Saben que no tienen mucho tiempo, por eso hablan como si fuera una cita más entre ellos, una entre mil, como si se vieran todos los días. Se han dicho todo el uno al otro, está escrito, sobre la cama de iris, y en la factura del teléfono.

El cielo índigo les avisa. La cerveza está caliente e intacta dentro de las copas. El tiempo no les pertenece ya. Tienen que levantarse y correr a la estación. Él tiene que volver.

El tren está a punto de salir. El último beso se queda flotando en el aire, inacabado. Los dos querrían recuperarlo. Después, Fidel se gira y sube al tren. Iris también se gira en dirección contraria a la marcha del tren, mientras recoge con sus dedos el agua que resbala por sus mejillas. Fidel se acomoda en su asiento, busca el número de ella y sin piedad lo borra. El último seis se le moja entero, pasa la yema del dedo por encima y la pantalla queda emborronada. Debajo de la humedad Iris ya no está. Qué tontería acaba de hacer. Se levanta del asiento y busca el baño. Ocupado. No. No puede volver a su asiento. Tiene que aguantar. Espera con el móvil encerrado en su mano izquierda, apretando mucho, con la esperanza de no escuchar ningún sonido. En el WC el agua suena a presión. Se aparta de la puerta. El hombre que estaba en el baño se aleja por el pasillo, y Fidel entra. Coloca el teléfono sobre la lámina metálica dentro del inodoro. Pisa el pedal y el agua furiosa se lo lleva. El teléfono comenzó a sonar sobre la vía, cuando el último vagón lo dejó desnudo, en plena noche.

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Fidel entró en su casa, y su mano se quedó suspendida sobre la mesita de la entrada, hizo un amago de dejar las llaves. Pero las retuvo durante unos segundos, mirando al fondo del pasillo. Por fin soltó las llaves que se estrellaron sobre el cristal de la mesita.

―¿Fidel? ¿Eres tú? ―era la voz de su mujer, desde el fondo del pasillo.

―Si cariño, soy yo.

―Necesito ir al baño.

Fidel entró en la habitación, se acercó a la cama. Cogió en brazos a su mujer y la llevó al baño. Es como una pluma pensó. Después volvió a depositarla en la cama y la acomodó.

―Enseguida te preparo algo, debes estar hambrienta. La mujer, inmóvil en la cama, siguió mirando la televisión. Fidel echó un vistazo a la habitación. Todo estaba ordenado. Y todo era gris.

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El tema de esta semana es “Un color” y lo ha propuesto Ana. Hay muchos colores en casa de:

Pat , Ana, Carlos, Juan, Kike, Reichel, Escocés, Karmen, Jan, Cástor Olcoz, Rosa, elojoqueves Y el aforismo de Alfonso.

Y Odisea.

22 May 2008

El club de los jueves. Seis Máscaras.

Escrito por: crguarddon el 22 May 2008 - URL Permanente

La foto es de Internet

Un día de carnaval seis mujeres llegaron a la Ciudad de los Canales. Seis viejecitas de aspecto excesivamente jovial para la edad que reflejaban sus rostros. El equipaje que portaban las señoras era monumental, al menos ese fue el pensamiento del recepcionista del exclusivo hotel, situado en la mismísima Piazza San Marco, cuando vio las doce maletas rígidas, tamaño grandísimo, que portaban las damas. El hombre se quedó perplejo, cuando comprobó que la reserva era para dos noches nada más.

Después de acomodarse en las tres habitaciones reservadas, bajaron al comedor, y antes de sentarse a la mesa, se apropiaron indebidamente de una docena de cubiertos, entre tenedores y cuchillos. No fue la fortuna, sino la premeditación de las seis mujeres, lo que hizo que nadie advirtiera la estratégica maniobra.

Al finalizar el día, las seis ancianas, convertidas en espectaculares mujeres salieron por las puertas del hotel, enmascaradas y elegantemente disfrazadas. Los colores de los disfraces eran el rojo, el color de la pasión, del fuego y del peligro. El verde, que otorga el permiso de la naturaleza. El tercer color era el azul, el color del espíritu y de lo eterno, el color que otorga la concentración en un solo objeto. La suavidad del azul se compensaba con sofisticados tocados que elevaban sus cuerpos muy por encima de su estatura. Y con velos que caían a lo largo de sus maravillosos vestidos de época. Otro color elegido era el blanco el símbolo de la luz y de la inocencia.

Sin identidad, se adentraron en la noche mágica y húmeda. Los pasos de las ancianas eran certeros, predecibles y estudiados, conocían la ciudad al dedillo, sabían donde iban y a quien buscaban. No en vano habían viajado en varias ocasiones, con un único fin: conocer los secretos de la ciudad como las palmas de sus manos. Y encontrar a un hombre.

Evitaron los canales principales y con movimientos precisos se dirigieron a los más secundarios, se movían con agilidad en una noche de desenfreno; se acercaban a las aguas y observaban. Buscaban a un hombre. Al cabo de unas dos horas, dieron con el objeto de sus deseos, y cuando creyeron haber encontrado lo que buscaban, sin preguntar a nadie en ningún momento, se dirigieron a una góndola en particular,

Amparadas en el tumulto, observaron durante un rato al gondolero, los ojos de todas ellas buscaron ávidos una serpiente tatuada que se repetía en ambos brazos, cuando vieron la serpiente, se miraron entre ellas y después de asentir con un gesto, se dirigieron, espléndidas y altivas hacia el hombre, maduro, de aspecto fibroso y gesto adusto. El hombre que buscaban.

―¿Giovanni? ―preguntó la menos vieja de las seis. Ambos hablaron durante unos instantes, mientras, las demás, atentas a la corta conversación esperaban una señal. Las seis damas actuaban, como si una sola mente dirigiera todas sus acciones.

Subieron a la góndola. Y Giovanni comenzó a remar, alejándose y alejándose…al pasar por un estrecho pasaje, una mano desprendió un velo azul del magnífico tocado de una de ellas, y fue a parar a los pies de Giovanni, dejándole inmovilizado. En el mismo instante de su apresamiento, otro velo azul fue introducido en la boca del hombre, cuyos ojos se abrieron desmesuradamente. En pocos segundos, los intentos de Giovanni por gritar quedaron ahogados en el gemido distante de la ciudad. En ese momento una de las mujeres sacó la fotografía de María, y la colocó delante de los ojos de Giovanni, mientras decía:

―¿La recuerdas? Mírala, porque es lo último que verás antes de morir. Sólo tenía 15 años cuando arruinaste su vida.

Las seis mujeres enarbolaron cuchillos y tenedores, que se clavaron en distintas partes del cuerpo de Giovanni, el primer zarpazo lo recibió en la garganta. Después, otras partes de su cuerpo fueron acribilladas sin piedad.

Las seis mujeres acabaron con la vida de Giovanni, fue cosa de poco rato, los movimientos estaban estudiados, ensayados y memorizados. Retiraron los velos azules de su cuerpo, guardaron entre sus ropas los cubiertos y se deshicieron del cuerpo, las oscuras aguas del canal fueron cómplices. Los seis pares de ojos tenían cometidos claros, la vigilancia fue concienzuda en todo momento. No hubo testigos.

Bajaron de la góndola en un lugar apartado y después de ayudarse unas a otras y devolver el esplendor a sus ropas, envueltas en el frenesí de la fiesta, y confundidas entre muchos otros disfrazados, volvieron al hotel.

A la mañana siguiente bajaron juntas a desayunar, llevando los cuchillos y los tenedores con ellas y dejándolos de nuevo en el comedor.

Veinticuatro horas después, las seis mujeres estaban de vuelta en casa. Ellas eran las dos abuelas y cuatro tías abuelas de María, ajena al verdadero motivo del singular viaje, ajena a casi todo desde que tenía que cuidar de un crío, su hijo. Ahora huérfano de padre.

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El tema de la semana, elegido por Rosa:

Tema: "Máscaras"
Personaje primario:Humano
Personaje secundario:Animal
Idea central:Encuentro, anulación, tiempo.

-Mínimo a escribir: 1 cuartilla y media, máximo: 3 cuartillas

Más máscaras en casa de

Pat , Ana, Carlos, Juan, Kike, Reichel, Escocés, Karmen, Jan, Cástor Olcoz, Rosa, elojoqueves Y el aforismo de Alfonso

08 May 2008

El club de los jueves: "Fuego"

Escrito por: crguarddon el 08 May 2008 - URL Permanente

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