05 Oct 2009

Se me fundió el ordenata (lamadrequemeparió)

Escrito por: Nire el 05 Oct 2009 - URL Permanente

El viernes estaba yo navegando tranquilamente por la red cuando algo hizo chof y se apagó el ordenador. Así de momento me quedé pasmao: -¿y ahora qué te pasa, bonito?- Es que de vez en cuando le da un yu-yu y se reinicia él solito pero en esta ocasión el pobre estaba como mueto mueto y no había forma de que arrancara de nuevo. Al final caí en la cuenta de que no tenía ninguna de las lucecillas que suele tener por dentro aunque esté apagado (es que es medio transparente él, tan mono). Probé a encender la luz de casa y, efectivamente, mierda, no había: Era un apagón en toda regla.

Como nos están poniendo ascensor y los señores operarios andan jugando mucho estos días con el agua y la luz y esas cosas, lo primero que pensé en que se les había ido la mano, así que me bajé al portal a ver si conseguía entenderme con ellos en moldavo o lo que hablaran, pero pasaban las siete de la tarde y ya no estaban. Me acerqué a la calle en plan cotilla y efectivamente, las tiendas tampoco tenían luz: era un apagón generalizado en toda regla.

Me vuelvo a casa a esperar, a ver qué remedio, y en eso llama una amigüita por teléfono. Le cuento mi problemilla y como ella es asín, para animar un poco el cotarro no se le ocurre otra cosa que decir que en esos casos es posible que el pobre aparato quede completamente frito, así, con esa misma palabra: “FRITO”. Me encantan las cosas fritas oye, las croquetas especialmente, pero aplicado a mi super fashion PC, más bien me dan sudores fríos. Para consolarme, supongo, añadió que este tipo de averías están cubiertas por el seguro de la casa. Yo le dije que seguro que Iberdrola se hará cargo del problema y me apoquinará la reparación, a menos que el pobre haya quedado realmente FRITO, bonita. Menos mal que hace un mes me compré un supermaravilloso disco duro multimedia grabador y WIFI en el que pude averiguar cómo pasar los archivos, las pelis y la música y quedó todo a buen recaudo. Y gracias, porque todavía no sé cómo coño conectarlo a la tele para ver y oír algo, no sé cómo funciona el WIFI y no tengo ni puta idea de cómo grabar ni un miserable documental de la 2.

Después de los ánimos de mi (tenga usted amigas para eso), llamé todo convencido a Iberdrola para explicarles mi problema. Un tipo con voz de aburrido me dice…: “Pues envíe Ud. una reclamación a Iberdrola Reclamaciones (¡claro!) con lo que estima que le hemos perjudicado”. Ummmmm. Mal rollo… “¿…con lo que estima?” No la factura de la reparación, no el informe de un perito por triplicado, no una declaración jurada ante 300 testigos… “¿… CON LO QUE ESTIMA...?” Uyyyyy, qué mal me huele eso…

Total que esta mañana lo llevo a mi informático de cabecera:

-¿Qué le pasa?

-El viernes hubo apag…

-Uy, ya eres el décimo esta mañana. Ya sabes que te lo cubre el seguro de la casa, ¿verdad?

-Y supongo que Iberdrola ¿no?

Cuando ha escuchado la palabra Iberdrola ha hecho un gesto, uy qué gestoooo.

-Sí… bueno… es difícil… Yo en estos casos tengo que hacer un informe oficial de que se ha estropeado por una sobrecarga y se lo puedes presentar a Iberdrola, pero te recomiendo que lo hagas mejor en tu seguro…

Mierda, mierda mierda, que me conozco, que me va a tocar un vía crucis intentando que esos chorizos me devuelvan la pasta que va a costar su apagón y me voy a meter en un lío de esos que acabo hastaloshuevos, me encuentro con personas entrenadas por el Mossad para liarte y no soltar prenda ni pasta, me graban toas las barbaridades que acabo diciendo por teléfono, y me quedo tan frito de puro quemao como el mismo aparato que ellos han quemao… Pero soy así, no lo puedo remediar.

Continuará… seguro que continuará.

28 Jul 2009

Encuentro de blogueros

Escrito por: Nire el 28 Jul 2009 - URL Permanente

Este fin de semana he conocido personalmente a tres blogueros de esta comunidad. Con una de ellas, Karmen, solamente pude estar una media hora, porque su idea era asistir al Festival de Jazz de Donosti y entre concierto y concierto, juerga y juerga (por su parte), pintxo y pintxo, copa y copa, coloque y coloque (por su parte), no conseguimos ponernos de acuerdo para volver a encontrarnos. Es una pena, porque tenía unos estupendos discos para ella, pero según me dice, otra vez será y parece que pronto, y si no, pues te fastidias, bonita, le doy los discos a otra.

La otra era una tal Bombilla, también conocida por Nynaeve, acompañada de su chico o algo, cuya identidad en esta casa mantendremos de incógnito. La verdad es que el primer encuentro fue apoteósico: en la estación de tren, en el vestíbulo de cercanías, bastante pequeño de por sí, pero más pequeño aun en esta ocasión, pues la mitad estaba en obras, dos palurdos, la susodicha y yo mismo, hablando por el móvil sin conseguir encontrarse, el menda entrando y saliendo por una puerta, la menda delante de la otra, y nada, no había manera, hasta que nos percatamos de que estábamos a 3 metros de distancia. Je je, tontitos estamos, pues.

Por la noche, esta chica de la que hablo, oyó y capto que no muy lejos de donde estábamos había una fiesta de barrio, con sus atracciones de feria y su verbena y se empeño en llevarnos de marcha. Y mira tú por donde allí mismo nos encontramos con la mentirosa de Patita, que decía que estaba de vacaciones y resulta que estaba trabajando de lo suyo en una barraca. Por supuesto, yo la saludé con todo el cariño que le tengo (ver foto) desde que no hace más que meterse con mis recetas y con mi maravillosa vajilla de porcelana. Dejamos a la Pata con lo suyo y a la Bombilla se le encendió la ídem y nos llevó a escuchar a la orquestilla de mala muerte que en ese momento tocaba el Cha cha cha del tren, o algo así, todo un clásico, para pasar a continuación al memorable Paquito chocolatero. Yo a esas alturas ya no sabía dónde meterme, y tras dejarle que se expansionara un rato, conseguí volver a casa.

Al día siguiente se empeñó en ir a la playa, qué desfachatez, y encima a las nueve de la mañana. Además no paró hasta que consiguió que nos bañáramos, con lo fría que está el agua a primera hora, cuando todavía no se ha convertido en ese caldito agradable de la tarde, fruto del calor humano, las meadillas, los restos calentitos de crema bronceadora y el propio de la acción del sol durante todo el día. Brrrrrrrrrrr, qué fría estaba, cojones. Te dejaba los cataplines hechos un nudo marinero. Pero lo peor estaba por llegar: no se les ocurre otra cosa a mis invitados que obligarme a pasar la tarde haciendo... ¡¡¡UNA EMPANADA GALLEGA!!! Y ahí me puse yo, que no he estado nunca en Galicia, dale que te pego con la masa de La Cocinera. Conseguí terminar aquello con mucho esfuerzo, pero como se acabó haciendo tarde, tuvimos que dejar la empanada caliente e irnos a cenar a una terraza, donde había un camarero loco que nos acusó a grito pelao de ser gabatxos y, por si no fuera bastante delito ya, de estar fumándonos un porro en SU mesa, sentaos en SUS sillas, cosa que no era para nada verdad. En fin, menos mal que al día siguiente nos dedicamos a hacer turismo del normal, y no nos pasó nada más... Un fin de semana bastante aburrido, oyes.

27 May 2009

Pepito y Pepita

Escrito por: Nire el 27 May 2009 - URL Permanente

Pepito es un chicarrón. Ha sido pescador durante muchos años. Trabajó incluso en barcos japoneses, dicen que los más duros, con jornadas de 16 horas. Pescaba tiburones que podían comerse a un hombre de un solo bocado y levantaba los atunes a pulso. Es buena gente, un tipo tranquilo y nada agresivo, pero si tiene que ponerse a dar hostias, las da como panes. En una ocasión, una noche de fiesta, un capullo musculitos intentó buscar bronca conmigo por cualquier razón estúpida que no recuerdo. Simplemente me limité a decir: “¿Ves a aquel que está allí, el de la camisa blanca? Pues es mi amigo, así que déjame en paz o aquí se monta la de San Quintín”. La verdad es que siempre había querido decir algo así, je je je, pero el tío se fue con el rabo entre las piernas.

Pepita es una mujer de bandera, curtida en la jungla de la calle y de la Universidad de Salamanca. Es profesora de enseñanza media, acostumbrada a bregar con la generación de adolescentes más rebelde y descarada de las últimas décadas. Tiene un carácter fuerte que esconde un corazón tierno, y se enfrenta con lo que haga falta. Le gusta coger el toro por los cuernos, aunque le duela. Estoy casi seguro que el resultado habría sido el mismo si al que se metió conmigo en aquel bar, le digo “¿Ves a aquella del vestido negro? Pues es mi amiga, así que cállate la boca o aquí se monta el belén”.

Sin embargo, Pepito y Pepita, duros como rocas, tienen un pequeño problema: odian las polillas. Sí, sí, las polillas, esas inocentes mariposas nocturnas que acuden a la luz en las noches de verano. Las odian a muerte, sin condiciones, sin paliativos y sin tregua. Es ver una y se vuelven auténticas colegialas miedosas, especialmente Pepito, todo hay que decirlo. Hace unos días me invitaron a cenar. Estábamos tranquilamente en la cocina, dando cuenta de unos huevos fritos con patatas y txistorra divinos de la muerte, cuando uno de esos humildes bichitos entró por la ventana. Fue verlo Pepito y se acabó la paz. Cogió la servilleta y se puso a agitarla peligrosamente delante de mi cara, a ver si acaba con la vida del pobre insecto. Yo dejé de estrellar los huevos en las patatas para ponerme a cubierto, no fuera que uno de los mandobles servilletiles me diera en un ojo. Mientras, Pepita se puso a jalear a su pareja: “Dale bien, así, venga, más fuerte...” que parecía cualquier cosa. En realidad, Pepito levantaría atunes a pulso, pero puntería, lo que se dice puntería, más bien poca, y la polilla seguía revoloteando como si la cosa no fuera con ella.

Ante la poca efectividad de la acción, decidieron cambiar de estrategia y Pepita apagó la luz, a ver si el bicho salía de la casa por su propia voluntad. Y de repente me vi sentado a una mesa, en una habitación a oscuras, cenando en un plato que no veía, con el cuchillo y el tenedor en la mano sin saber qué hacer y diciendo: “No me puedo creer que esto esté pasando. No me lo puedo creer. Os juro que de esto hago un post aunque tenga que poneros nombres falsos. Os voy a llamar Pepito y Pepita, porque la situación parece un miserable mal chiste.” Y encima se partían de risa...

15 May 2009

El c... de Iñaki se va de vacaciones y yo debería estar en Cuba, pero no estoy

Escrito por: Nire el 15 May 2009 - URL Permanente

Yo debería haber cogido vacaciones el pasado jueves 7 de mayo, pero aquí me tenéis, y el post de nuestro querido compañero bloguero (ca...) me lo ha recordado dolorosamente. Os cuento: yo suelo coger billetes de avión con Travel Club. Dependiendo de la época del año tampoco es que el ahorro sea mucho, pero es que como cojo los vuelos en un aeropuerto de la Señorita Pepis en el que sólo opera Iberia, si quiero volar barato me tengo que ir a Bilbao y da como perezuqui. El caso es que hace un mes estuve investigando vuelos a Cuba con Travel y no había nada de nada, así que hice un plan alternativo y decidí ir a Málaga a visitar a la Gatita ronroñosa y a La Lita desaparecida e incluso a la Patita de Gomosa.

Total, que el lunes 4 entré presto a la Web de Travel Club para coger los billetes. Había tropecientos vuelos a Málaga, escogí uno de ida a una hora interesante, otro de vuelta para el próximo domingo 17 a otra hora interesante y cuando estaba a punto de darle al enter el hijoputa de mi angelito malo me hizo dudar...

-¿Por qué no miras a ver si han sacado algo nuevo para Cuba? Total lo de Málaga lo tienes seguro.

Como el angelito bueno no dijo ni mú me dejé llevar... Tecleo “Origen”: San Sebastián. “Destino”: La Habana... Y plofff... Joder, joder, joder había vuelo de ida el jueves 7 y de vuelta el domingo 17. Joder joder joder, qué hago... Gatita me está esperando, soy un hijoputa, joder qué hago... Ella lo comprenderá, es mi ocasión para ir a Cuba antes de que se muera Fidel, lleguen los americanos y lo jodan todo, joder joder joder.

-Venga, dale al enter, que Gatita es buena y se hará cargo...

-Pero dónde se ha metío mi angelito bueno mecaguentoloquesemenea.

Mi dedo temblaba peligrosamente. Con mi mano izquierda detenía a la derecha y cuando estaba a punto de caer en la tentación me acordé: Joder joder joder, si para Cuba hace falta visado, la hostia. Qué hago, qué hago. Me bajé a todo correr a la agencia de viajes más cercana y como un poseso ataco a la pobre señorita que estaba en la mesa con un pinganillo en la oreja:

-¿CuantotardasengestionarmeunvisadoaCubaquemequieroireljueves?

-Poz... Una semana más o menos...

-Unasemanalamadrequeteparioquetengoesperandounbilletetravelparaeljueves.

-Bueno, igual puede ser más rápido, pero tengo que consultarlo. Déjame el teléfono y te llamo dentro de un rato.

-Síporfamellamasloantesposiblepfffffffffffssssssssssss.

Volví a la oficina... sí, ya sé, estaba trabajando en ese momento oalgoparecido. En eso suena el teléfono... Abro un inciso para, sin alargarme demasiado, explicar que en la oficina donde trabajo, por las mañanas sólo estamos dos. Bueno, pues era el otro que ese día no había ido a trabajar:

-Oye, que tengo que darte una noticia, que me ha propuesto hacer la sustitución de la baja de Fulanita y es un sueldazo bla bla bla.

-¿¡¡¡Qué!!!?

-Sí, no te preocupes, mientras no esté te envío a Menganita para que haga mi trabajo.

-Nggeeeeee... que yo me iba de vacatas, majo (cabróndesgraciao).

-Pues lo siento pero es la ocasión de mi vida y bla bla bla.

-Ggggññññeeeeee... pero si tú te vas YO NO ME PUEDO IR DE VACATAS Y DEJAR SOLA A UNA NUEVA.

-Jo, pues ya lo siento, pero...

Mierda mierda mierda. A tomar pol culo, joder. Menudo bajón lamadrequemeparió. En eso vuelve a sonar el teléfono:

-Hola soy Zutanita de la agencia. Oye que el visado te lo hacemos de un día para otro, si quieres mañana lo tienes...

Así se me quedó la cara...

06 Abr 2009

Anecdotilla sin más

Escrito por: Nire el 06 Abr 2009 - URL Permanente

Era tarde, me había retrasado en el trabajo y llegué a la parada del bus con más ganas de lo habitual de llegar a casa. Me senté a esperar. En el banco contiguo había dos señoras de edad provecta, nada raro, si no fuera porque poco a poco me iba haciendo consciente de que una de ellas no sólo no paraba de hablar sino que además lo hacía a un tono de voz con el que seguramente le estarían escuchando en la parada de enfrente, al otro lado de la calle. La señora con gracejo y acento extremeño iba contando los aspectos más truculentos de su vida sin el más mínimo pudor:

-Pues sí yo me quedé viuda con cuarenta años y cinco hijos y a ver cómo los iba a sacar adelante así que tuve que ponerme a trabajar en el restaurante ese que había con nombre extranjero ese que estaba enfrente de la alameda y además para completar me tuve que poner a limpiar casas por las mañanas que ahora se quejan de vicio porque yo trabajaba como una mula todo el día...

La amiga que estaba a su lado asentía con la cabeza y de vez en cuando hacía una inspiración como para comenzar una frase. Pero era una empresa imposible.

-Mire ahí bajan mis nietos del autobús parece mentira que sean hermanos si no se parecen en nada y encima mis hijos se van esta semana santa al pueblo y como son tantos pues no queda sitio para mí, así que yo me quedo en casa eso sí en cuanto llegue el verano me voy tres meses y que a los nietos los cuiden sus madres –abuela voy a ver si llega el autobús-. ¡¡¡ADONDE VAS!!! ¡¡¡VEN AQUÍ QUE TE VA A PASA ALGO!!!

El tono ya de por sí alto de la señora se convirtió en una sirena de los bomberos ante el peligro de que el chaval hiciera alguna de las suyas. Yo pensaba que la buena mujer se levantaría detrás del nieto para, al menos, vigilar que no se alejara demasiado, pero era mucho pedir. Siguió y siguió dando la tabarra a su amiga y de paso a todos los que estábamos a menos de 10 metros a la redonda. Es difícil hacerse una idea de lo que hablaba sin haber sido testigo, de verdad.

En eso llegó el bus. Me subí con un incipiente dolor de cabeza pero aliviado, al ver que la mujer y los niños se quedaban en la parada, lo último hubiera sido aguantar todo el viaje en el mismo cubículo que aquella metralleta. Sin embargo, la sufridora amiga subió detrás de mí y, casualidad, se sentó a mi lado. No tengo costumbre de hablar con desconocidos en el transporte público pero la experiencia había sido tan traumática que casi me salió del alma:

-Hay que ver cómo hablaba su amiga, ¿eh?

-¿Mi amiga? Si no la conocía de nada...

Así se me quedó la cara.

01 Mar 2009

Felicidades Gatita-Elada (no tan malvada)

Escrito por: Nire el 01 Mar 2009 - URL Permanente


Y cantada la consabida y obligada cancioncita ahora te quiero dedicar otra, porque eres especial para mí, porque te mereces todo lo bueno que te pase y, sobre todo, por esa nueva etapa que comienzas en tu vida. He conocido a mucha gente por aquí en este tiempo y con algunos he congeniado más que con otros, es lo normal, pero con muy pocos ha habido como contigo una conexión cósmica-galáctica-supercalifragilisticoespialidosa. Gracias por los buenos ratos que me haces pasar. Te quiero.


19 Ene 2009

Flipping in Switzerland

Escrito por: Nire el 19 Ene 2009 - URL Permanente

No sé qué le ponen a los porros en Suiza, pero aquello no me había pasado nunca y no me ha vuelto a pasar. Siendo estudiante estuve un verano cogiendo fruta por allí para pagarme las vacaciones, aquellas maravillosas vacaciones que acabaron con una visita al Vaticano. Además de tomates, (que te eslomas por la postura que hay que poner, así como medio agachao, medio no) albaricoques y alguna que otra cosa más, un par de días los dediqué a la manzana. Es un trabajo cómodo pero terriblemente aburrido: te subes al árbol, que son pequeñitos, te acomodas en una rama y vas cogiendo una por una las piezas, despacito, sin apretar mucho además, que si no al cabo de los días se les quedan marcados los dedazos. La pones en el cesto suavemente y a por otra. Es igualito igualito a eso que dicen de aprender a bailar sevillanas, aquello de la cojo, la como y la pongo… o algo así, sólo que sin comerla, que si no, ni pagan.

El caso es que el segundo día, en un descanso, me pasaron un porrillo. Le dí un par de caladas, no más, y tras un poco de charla nos volvimos a subir cada uno a su árbol. Al cabo de un rato la cosa empezó a hacerme efecto… Resulta que en las hojas había mensajes… Sí, mensajes extraños y desconcertantes. Mensajes del más allá, supongo, porque eran misteriosos: “Mira detrás de la hoja” me decía uno y yo miraba… Y allí ponía: “Mira delante de la hoja…” así que si alguien me estaba observando vería cómo en vez de coger manzanas cogía las hojas las remiraba y les daba la vuelta. Pero la cosa no quedó ahí. Al cabo de un rato las hojas empezaron a criticarse y a discutir entre ellas. “Mira esa…” y yo miraba “…es una verde”. “No te fíes de aquella que tiene doble cara” me decía otra.

En esas estaba yo cuando en la montaña de al lado se reflejaba el sol del atardecer resaltando sus vetas, sus estratos, alternando el color arena, los sienas tostados, los rojizos y los ocres en una hermosa conjunción astral de color… Y de repente, con los últimos rayos se abrió la montaña y salió una bruja volando en su escoba. Fue descendiendo haciendo círculos en el aire hasta donde estaba y, sin pedir permiso ni nada, se metió en mi cabeza. Ahí sigue supongo, porque no ha vuelto a salir. Esa noche, volviendo a casa en una furgoneta, las luces de Lausanne, encaramada sobre las colinas al borde del lago Leman, parecían una galaxia cercana y el Renault 5 era una auténtica nave espacial. La madre que me parió, qué le pondrán a los porros en Suiza.

15 Nov 2008

Mi corta experiencia mística

Escrito por: Nire el 15 Nov 2008 - URL Permanente

Hace unos años pasaba yo por una etapa de alimentación vegetariana (excepto con las alubias de mi madre, con todos sus sacramentos) filosofía hindu-budista-zen, psicología humanista y cosas por el estilo. Mi primer intento fue un fin de semana de pesadilla en Lleida, en un curso de técnicas corporales que en realidad no pude terminar. Lo dejé a la mitad del primer día cuando comenzamos los ejercicios de bioenergética. La cosa era ponerse en una postura con las rodillas flexionadas y los brazos extendidos hacia adelante y pasarse las horas muertas descubriendo cuáles eran los puntos de tu cuerpo que atascaban la energía. Coño, al cabo de un rato te empezaba a doler todo, especialmente los hombros y las piernas. El profesor decía que esos eran los puntos de acumulación energética. ¿Los puntos de acumulación energética o la postura de contorsionista reumático que teníamos?

El caso es que no escarmenté y al cabo de un tiempo decidí pasar unos días en una casa de reposo de estas alternativas. Llegué a media tarde y después de instalarme llegó la hora de la cena. El menú consistía en una especie de queso de Burgos insípido y unos higos secos. Al acabar, un rato de charla con los demás huéspedes y a la cama. Al día siguiente, tras unos ejercicios de estiramiento el desayuno era una especie de queso de Burgos insípido e higos secos. Yo pensaba que, cual hotel con animadora entusiasta, habría actividades “alternativas”, pero el sitio estaba dedicado especialmente a los que hacían ayuno total y los blandengues no teníamos mucho que rascar. Visitamos el pintoresco pueblo hasta el mediodía. La comida consistió en una ensalada sin aliñar, una especie de queso de Burgos insípido e higos secos. Yo que además estaba sin fumar empecé a notar cierto gusanillo en el estómago y me acordé de los sacramentos de las alubias de la mamma. Pasé la tarde durmiendo para no acordarme y tras otro rato de interesantísima charla sobre los efectos del ayuno en la provisión de glucosa del cerebro y la especie de subidón de eso produce, llegó la cena. Como adivinaréis a estas alturas la cosa era esa especie de queso de Burgos insípido e higos secos y la ensalada sin aliñar. Me fui a la cama sin sobremesa porque me estaban empezando a crecer los impulsos asesinos.


Pero claro, entre el hambre que tenía y el siestón de la tarde a las 2 de la madrugada tenía los ojos más abiertos que un after hours. Salí al jardín y me fumé un cigarro que me supo a gloria pero no aplacó el vacío existencial que me poseía en la parte del estómago. Se despertó mi instinto depredador y en la oscuridad de la noche mis pasos me llevaron a la cocina esperando al menos cobrar una pieza de aquella especie de queso de Burgos insípido. Entré subrepticiamente y me dirigí al frigorífico. En absoluto silencio, no fuera a despertar a los guardianes del calabozo, abrí lentamente la puerta. El interior se iluminó y me iluminó. Allí estaba… mi presa era una enorme fuente de horno repleta de tarta de queso. Corté un trocito. Aquello no estaba insípido, tenía azúcar como para matar fulminantemente a un diabético. Corte otro trozo. Devoraba aquel pastel como si no hubiera comido nunca. Corté otro pedazo, y otro y otro y cuando me di cuenta me había comido media fuente. Satisfecho me fui a la cama y dormí como un niño.

A la mañana siguiente me desperté con un revuelo en la planta baja. Nos reunieron a todos cual colegio de monjas. No sé si pensaron que aquello era un campamento de verano y pensaban hacer una dinámica para que confesara el culpable, pero lo parecía. Rápidamente alcé la mano, confesé mi culpa y les chafé la dinámica. Me soltaron un discursito sobre lo malísima que era para la salud esa tarta envenenada de azúcar. Yo pregunté qué hacía entonces en el frigo aquella bomba de relojería. Resultó que era solamente para el personal de la casa. Esa misma mañana pagué y me fui por donde había venido. Cuando llegué a la civilización llamé a mi madre y le dije que preparara el perolo de alubias más grande que pudiera, con su tocino, su morcilla, su chorizo, su costilla…

01 Nov 2008

Una visita al Vaticano

Escrito por: Nire el 01 Nov 2008 - URL Permanente

Aquel fue uno de los veranos de Interail y entre otros sitios decidí pasar por Italia. Llegué a Roma una mañana insomne en un tren nocturno que no recuerdo de dónde venía. Dejé las cosas en el albergue juvenil de turno y me dispuse a conocer la Ciudad Eterna. Decidí ver primero la basílica de San Pedro. Llegué hasta la inmensa plaza, pasé el control de la puerta y me dispuse a ver el arte del renacimiento en todo su esplendor. Pero a mi, que por lo único que me gustan las iglesias es por su tranquilidad y por su belleza, aquello me pareció un mercado persa: japoneses a flashazo limpio por todas partes, Españoles gritando “Mariaaaa, ver a ver la escultura esta de Miguel Ángeeeeel”, niños corriendo y jugando, los alemanes todos detrás del guía con la banderita como rebaños tras el pastor, una debacle. La única manera que se me ocurrió de contrarrestar aquello fue ponerme los walkman y tirar p’alante.

Tras una hora más o menos contemplando aquella maravilla se acercan a mi dos seguratas vaticanos muy discretos, con traje gris, creo, y una chapita de latón en la solapa. No entendí muy bien por qué en medio de aquel aquelarre me dicen que no podía estar con el walkman y yo, que ya lo había visto todo más o menos, preferí marcharme antes de seguir sin música y eso que estaba escuchando a Mozart, un programa más o menos parecido al del cumpleaños del hermano del Papísimo, ese de los 100.000 €. Me dirigí hacia la puerta desde el baldaquino de Bernini y a medio camino volví a ponerme los auriculares. En ese momento los seguratas, que debían estar siguiéndome, me cogieron cada uno por un brazo y apretaron el paso hacia la puerta. Yo no entendía nada, y en ese momento me salió la vena anticlerical que llevo en los genes y dije a media voz y en francés, como para mí mismo: Ah, la merde de l’eglise catholique! Joder, no sólo me oyeron los seguratas, también me entendieron, y en ese momento me empezó a llover una somanta de hostias como nunca en mi vida (abro un inciso para explicar que habiendo pasado mi adolescencia y primera juventud en una de las zonas más conflictivas de Euskadi, en plena transición, y haber salido casi indemne de las cargas de la poli, cosa milagrosa, no podía asimilar que me fueran a dar de leches en plena basílica de San Pedro)

Caí al suelo, me daban patadas, no sé qué me gritaban en italiano y realmente recuerdo ese momento como en una nube. Me levantan, me sacan de la iglesia y en vez de dejarme en la plaza, como suponía, me llevan en volandas al interior de la Ciudad del Vaticano a lo que acabó siendo una comisaría. Y si hasta entonces la cosa había sido rocambolesca, lo que siguió no lo fue menos. Me interrogaron. Pero el interrogatorio no era sobre a qué célula terrorista pertenecía, no. Cogen mi pasaporte y cuando lo ven la cosa transcurrió más o menos así:

-¿Es usted español?

-Ya lo ve

-¿Y no es católico?

-No

-¿Pero es usted español y no es católico?

-No

-Pero todos los españoles son católicos

-Pues yo no

-¿Pero seguro que es español?

-Eso pone ahí, ¿no?

Y miraba y remiraba el documento como si tuviera que ser falso. Así estuvimos ad nauseam. No cabía en su cabeza tamaño despropósito. No sé cuánto tiempo estuve allí. Al final me dieron por imposible y me soltaron. Aquella misma tarde cogí un tren y salí de Italia. No sé cuándo volveré.

24 Oct 2008

Berlin, Berlin: Anecdotillas

Escrito por: Nire el 24 Oct 2008 - URL Permanente

La fiesta era en Viktoriapark en pleno Kreuzberg, el barrio de los jóvenes (hoy día ya no tan jóvenes) alternativo y artístico en una ciudad que ha sido durante muchos años la más alternativa y artística, digo yo, que habrá quien me lleve la contraria. En la época del muro, cuando la ciudad era una isla en medio de un mar comunista, y para que no se despoblara, los jóvenes de la República Federal Alemana quedaban exentos del servicio militar si se iban a vivir a Berlín. Aunque suele ser al revés, en este caso los chicos provocaron un efecto llamada en las chicas y la hoy capital alemana acabó siendo una de las urbes más jóvenes y dinámicas de Europa.

La fiesta era en Viktoriapark, como digo. Yo vivía en Charlottenburg, en la otra punta como si dijéramos, a dos calles del palacio y del Museo Egipcio, al lado de Nefertiti. Eso era antes, digo lo de Nefertiti, porque como casi todo en Berlín, las cosas han cambiado de sitio o de función en los últimos años y ahora la tienen en el Altes Museum (o Museo Antiguo) en pleno centro de todo. Sigo que me enrollo. Como no soy nada precavido, no se me ocurrió otra cosa que recorrerme los más o menos cinco kilómetros de distancia en bicicleta, mi medio de trasporte habitual en la ciudad. Y a la ida muy bien. Iba sobrio.

La fiesta estupenda, había un grupito tocando, y cerveza gratis, era verano, hacía calor y la gente se despelotaba. La verdad es que a los alemanes no les hace falta casi nada para despelotarse a la más mínima ocasión. Y la cerveza era gratis, el grupo era una mierda pero acabamos todos contentos y en pelotas en medio de un parque. Y la cerveza era gratis, pero tarde o temprano había que volver a casa. Una vez vestido de nuevo, aunque creo que la mayor parte de la ropa que me puse no era mía, cogí la bici o me cogió ella a mí, e intenté desandar lo andado. No voy a decir que soy un experto en el arte de las dos ruedas y el pedaleo, pero en aquella ocasión me di más hostias de las que puedo realmente recordar. Creo que llegué. No sé cómo, pero llegué.

La segunda anecdotilla era otra fiesta, esta vez en Mariannenplatz, Kreuzberg nuevamente, donde pasa todo y de todo. Es cierto, aun hoy en día puedes estar tranquilamente sentado en un bar y ver pasar, sin ton ni son, un globo aerostático por la calle como si fuera un autobús o una manifa de lesbianas, vestidas de obreros de la construcción y haciendo como que provocan sexualmente a los polis que las custodian. Imaginad la cara de los maderos. Os lo juro.

Volviendo a tema, supuestamente era una fiesta “española”. De española tenía que te daban unos repugnantes pinchos de chorizo cocido y que el grupo que tocaba, más alemán que las salchichas de Frankfurt, y además punkarra, venía de una gira por la península ibérica. Mi sorpresa fue cuando el completamente colocao cantante contó que había estado tocando en Euskadi y que había compuesto una canción dedicada a mi tierra. La canción era un poema, pero cuando de repente, en el estribillo, el tipo soltó con voz cazallosa “Euskadi ta askatasuna” una y otra vez, una y otra vez, pero una y otra vez, no sé cómo describirlo, ya no supe si era un homenaje o una venganza. ¿Por dónde habrían llevado al indescriptible bardo para acabar cantando eso? Por lo demás un muermo de fiesta, la verdad.

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