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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/117_1726_rec_60pct.jpg"&gt;&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;En un d&#237;a como hoy, siendo ni&#241;o, era imposible convencerme de que el motivo de que fuese festivo no era mi cumplea&#241;os. Ni los regalos ablandaban mi enojoso empecinamiento. M&#225;s crecido, comprend&#237; la verdadera efem&#233;rides aunque, tambi&#233;n con el tiempo, s&#243;lo he conseguido frustrarme ideol&#243;gicamente al respecto.

 &lt;P align=justify&gt;Por eso hoy, ante la reiteraci&#243;n de la fecha, quiero dejar atr&#225;s ambas cosas: el desenga&#241;o emocional del ni&#241;o que se consideraba el centro del mundo y la decepci&#243;n de las convicciones que han visto como se ha mancillado el recuerdo de tanta lucha por la igualdad y la justicia.

 &lt;P align=justify&gt;Para hacer en parte realidad aquellos sue&#241;os, especialmente los infantiles, voy a valerme de este medio para darle forma a la ilusi&#243;n de la ni&#241;ez, fascinante por su espontaneidad y limpieza de sentimientos.

 &lt;P align=justify&gt;En aquella &#233;poca, surge, con toda su pureza, el amor como un fascinante embrujo que no entendemos, proveniente de alguien que nos lo induce: una ni&#241;a, una vecina que nos cuida, una maestra, estableci&#233;ndose un v&#237;nculo inexplicable para un ni&#241;o que se traduce en el motivo para comenzar a dibujar &lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;"corazones"&lt;/EM&gt; &lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;en el pupitre o escribir &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;"te quiero"&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt; en alguna pared del barrio. Es tan grande la euforia por lo que sentimos, que no dudamos en&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;"dec&#237;rselo a todo el mundo",&lt;/EM&gt; &lt;/STRONG&gt;sin temor al rid&#237;culo, due&#241;os de un poder que nos da alas.

 &lt;P align=justify&gt;Emulando al ni&#241;o que fui &lt;EM&gt;(pero que sigue vivo dentro de m&#237;), &lt;/EM&gt;me voy a valer de esta tecnolog&#237;a para expresar con la misma entrega e ilusi&#243;n, lo que siento por mi compa&#241;era, la verdadera, la definitiva; por lo tanto, la eterna.

 &lt;P align=justify&gt;Ella ha realizado, entre otros, el milagro de que mi cumplea&#241;os no quede enmarcado a un solo d&#237;a. Ella, Irene, es el regalo de la vida que me devuelve la alegr&#237;a infantil por una jornada especial, haci&#233;ndola trascender a todos los d&#237;as desde que la conozco. Podr&#237;a agregar mucho m&#225;s pero eso lo dejo para ma&#241;ana... para pasado ma&#241;ana... y ser&#225; entre ella y yo.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El regalo</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/Sin_asunto.png"&gt;&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Ya lleva un buen rato el cuerpo pidi&#233;ndole salir de la cama. Resiste pero no tiene voluntad para contradecirle. Hubiese preferido permanecer como antes de despertar: inerte, inmune a esa sensaci&#243;n de sentirse inerme. Por eso se inquieta, algo le est&#225; asediando. No puede reconocerlo, desconoce por qu&#233; le persigue.

 &lt;P align=justify&gt;Finalmente, obedece a aquel mandato. Va hacia el ba&#241;o y se lava la cara. Tampoco entiende por qu&#233; lo hace: odia esa bofetada fr&#237;a en el rostro; r&#225;pidamente, levanta la cabeza para escurrirse de esa h&#250;meda sacudida de la realidad. As&#237; es como tropieza consigo mismo que se sorprende al verle desde el espejo. Baja la mirada, no puede sostenerla ante esos ojos huecos, desnudos. Nunca es f&#225;cil ver el propio abismo.

 &lt;P align=justify&gt;Pero tambi&#233;n se defiende: tampoco tienen derecho a mirarle de ese modo. No hay nada peor que sentir la propia compa&#241;&#237;a como algo insoportable. No advierte que le perturba ser incapaz de disfrutar la oportunidad inmanente de estar bien... de ser.

 &lt;P align=justify&gt;Vuelve tras sus pasos. No habr&#225; desayuno, s&#243;lo se atiborrar&#225; con el techo de un dormitorio pintado por la matinal bruma esclarecida de la noche que, inevitablemente, se derrumbar&#225; en la hondura de la siguiente. Es un d&#237;a sin tiempo, de niebla donde vagan ausencias, p&#233;rdidas, desencuentros, deshojados recuerdos de otros d&#237;as, luminosos unos, de borrascas otros.

 &lt;P align=justify&gt;Se traiciona y sucumbe ante el rito de invocar. Errantes, las s&#250;plicas se vuelven mudos gritos disueltos en la inmensidad del oc&#233;ano de la memoria. Insiste: reclama por aquellas jornadas que ha disfrutado, conjura el exilio definitivo de las tempestades que ha provocado.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Por qu&#233; recuerdo todo esto?- se dice atado a un rinc&#243;n de la habitaci&#243;n. Desde aqu&#233;l v&#233;rtice, ve como va asomando un universo lejano: el terru&#241;o a&#241;orado del que todos provenimos, donde se gesta un futuro que s&#243;lo servir&#225; para tener un momento como hoy, un instante de nuestro tiempo gastado en pretender volver a &#233;l, a la infancia, &#233;poca en que los sue&#241;os no se adelantan, se viven a la par que acontece el presente.

 &lt;P align=justify&gt;Su mirada vuelve atr&#225;s, a aquel impreciso d&#237;a cuando comenz&#243; a construir el ma&#241;ana, sin imaginar que estaba dejando de ser ni&#241;o. As&#237; inici&#243; su partida de esa aldea natal a la que nunca volver&#237;a. Por eso, ahora, su coraz&#243;n se desgarra para cambiar el rumbo; atropelladamente, intenta ese retorno para recuperar aquel reino que dispuso a su aparente antojo y que s&#243;lo le ha valido para ser esclavo de su recuerdo.

 &lt;P align=justify&gt;-Nada es como pens&#233; que fuese- se reprocha... y se equivoca. Todo cuanto es de adulto se parece a lo que fue antes de serlo. Aquello que tiene o que ha desperdiciado es porque aquel ni&#241;o, un segundo antes de ponerse a pensar en c&#243;mo ser&#237;a cuando dejase atr&#225;s la infancia, muy probablemente, hubiese actuado de la misma manera que &#233;l, ya crecido. Sus motivos siguen siendo los mismos; cambian las circunstancias, los medios. Los aciertos se repiten, los errores se parecen. -Todos corremos detr&#225;s de lo que necesitamos y escapamos de lo que nos asusta- murmura en silencio.

 &lt;P align=justify&gt;-Sigo teniendo ese derecho-se consuela susurrante-: a intentar. Pero ahora, protagonista voluntario de sus actos, nada le exime de corregir lo que ha errado. Lo sabe, no hace falta que nadie se lo diga. Cu&#225;n duro le resulta ser sometido al propio juicio de las decisiones fallidas, de los da&#241;os provocados, m&#225;s cuando a&#250;n alberga la sombra de un ni&#241;o desterrado de su patria original empujado por hechos de los que no ha sido due&#241;o.

 &lt;P align=justify&gt;Siente fr&#237;o. La destemplanza del paisaje gris se ha metido en su cuerpo. Es un antiguo roc&#237;o que amortaja su alma. Le ha invadido el remordimiento de los errores, de aquellos que el ni&#241;o no hubiese cometido sino hubiese sido un cachorro desprotegido que se acercaba a su indiferente due&#241;o, no por el aspecto sino buscando su gesto.

 &lt;P align=justify&gt;Cierra los ojos como si quisiera con los p&#225;rpados borrar las im&#225;genes de las carencias y las equivocaciones; implorando que su bajar y subir sea una m&#225;gica caricia que devuelva con su paso los colores a los grises, la sonrisa a los llantos derramados, el tacto de los abrazos lejanos... las alas al esp&#237;ritu quebrado.

 &lt;P align=justify&gt;Siente un trago inverso en la garganta. Algo quiere salir y no puede: un grito rec&#243;ndito de sentimientos ahogados. Se le ensancha la mirada buscando una l&#225;grima que no encuentra. La pena se convierte en un cerco del que no puede escapar. Se revuelve, gime. Dolorosamente, el hombre ha vuelto a ser ni&#241;o. Ha recuperado, al menos, su identidad aunque no pise su suelo. Su aliento agitado trata de atrapar el aire que le tranquilice. L&#225;nguidamente, su congoja suspira. -Todos han pasado, pasan y pasar&#225;n por esto- arbitra.

 &lt;P align=justify&gt;La calma seduce a la tormenta. Cabizbajo, se sienta en el borde de la cama. La ventana no dibuja nada, excepto un fantasma que flota afuera.

 &lt;P align=justify&gt;-No quiero verme as&#237;, perdido- pronuncia ante su reflejo. Ya no soy un ni&#241;o-admite-, todo el mundo se equivoca... &#8211;se consiente arrepentido-; si puedo flotar en esta niebla, tambi&#233;n puedo salir de ella. No quiero sentirme as&#237;, ni tan bueno ni tan malo... soy como cualquiera, con derecho a la misma cuota de cari&#241;o y capaz de pagar por ella con lo que llevo dentro... yo tambi&#233;n valgo...

 &lt;P align=justify&gt;Se acerca a la ventana y apoya la mano en el cristal donde se ha hundido su fantasma, retornando al mundo que lo ha creado. Sus dedos sienten el fr&#237;o de fuera. Una se&#241;al que contrasta con el calor de su vida.

 &lt;P align=justify&gt;La bruma de dentro se disuelve. Se da la vuelta y se sienta frente a una mesa. Vuelve a mirar hacia la ventana. La luz gris permanece y no cambiar&#225; hasta que anochezca. Eso ya no le inquieta. Le es suficiente con que sea su alma quien se despeja. Entonces, escribe:

&lt;I&gt; &lt;P align=justify&gt;PARA: A todo cuanto tengo y quiero

 &lt;P align=justify&gt;ASUNTO: ...sin asunto...

&lt;/I&gt; &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;Y retorna a s&#237; mismo, satisfecho de su encuentro... con lo que es, no con lo que deber&#237;a haber sido.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Despert&#243; sin sobresalto pero con una sorpresa: un p&#225;jaro canturreaba algo incomprensible detr&#225;s de la cortina. Esta vez con tranquilidad, la corri&#243; sin temor. Sab&#237;a lo que encontrar&#237;a: la nieve que el fr&#237;o proteg&#237;a y al &#225;rbol, con su esqueleto de brazos abiertos; en uno, un p&#225;jaro posado, en otro una hoja aferrada. La joven ri&#243; y dio un jubiloso giro sobre s&#237; misma. Pero unos pasos en la escalera, interrumpieron su euforia. &#8211;Es mi amigo pintor- pronunci&#243; interiormente. Corri&#243; hasta la puerta y al abrirla se encontr&#243; con la se&#241;ora encargada de la limpieza, quien le mir&#243; con tanta sorpresa como la de ella al no encontrar al anciano.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Qu&#233; hace Ud. aqu&#237;?- dijo la joven decepcionada por no hallar lo que buscaba.

 &lt;P align=justify&gt;La mujer le mir&#243; comprensivamente porque sab&#237;a de su enfermedad y se limit&#243; a responder amablemente: -Se&#241;orita, Ud. bien lo sabe... Y tenga buen d&#237;a- finaliz&#243; para proseguir con su labor.

 &lt;P align=justify&gt;Pero la desilusi&#243;n volvi&#243; a interrogar: -&#191;Y el pintor, por qu&#233; no est&#225; aqu&#237;?

 &lt;P align=justify&gt;La limpiadora pacientemente abandon&#243; sus trastos, se acerc&#243; a la joven y mir&#225;ndole con dulzura le cont&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-El pintor muri&#243; ayer. Le encontraron recostado junto a la puerta de su habitaci&#243;n, al borde de la escalera. Fue muy extra&#241;o, estaba muy fr&#237;o. En los bolsillos de su abrigo sobresal&#237;an unos pinceles y algunos tubos de pintura. Sin embargo, su rostro estaba en paz, casi con una sonrisa.

 &lt;P align=justify&gt;La joven, sorprendida y apesadumbrada a la vez, agradeci&#243; la explicaci&#243;n con un gesto y regres&#243; a su habitaci&#243;n. Al cerrar la puerta, qued&#243; enfrentando la ventana. Repentinamente, se llev&#243; las manos a la boca para sofocar un grito. Acababa de descubrir lo ocurrido: afuera, la g&#233;lida brisa mov&#237;a las delgadas ramas del &#225;rbol. S&#243;lo la hoja permanec&#237;a impasible. Era la &#250;ltima obra del viejo pintor.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;S&#243;lo he querido acercaros esta versi&#243;n respetuosamente adaptada por m&#237; de un cuento de O. Henry, seud&#243;nimo de William Sydney Porter, un maestro de los relatos breves. Tanto como si lo conocieseis o no, me ha parecido oportuno que lo disfrutaseis, por su referencia simb&#243;lica a la solidaridad humana, representada, en este caso, por un vecino pero que bien podr&#237;a ser a trav&#233;s de un amigo, un compa&#241;ero de trabajo. Que sirva esta historia para recordarnos c&#243;mo somos, qui&#233;nes nos rodean, la necesidad afectiva que tenemos y el valor que posee el disponer de esas personas.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El vecino/3 de 3</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Una vez m&#225;s la luz disolvi&#243; la oscuridad, aunque nadie lo advirti&#243; hasta que los fantasmas del temporal fueron reemplazados por un ir y venir de pasos en la escalera y el aullido urgente de una ambulancia que se apag&#243; precisamente en el portal del edificio. La joven de la planta baja se despert&#243; sin reparar en la ausencia de su tos. Estaba m&#225;s atenta al traqueteo de la escalera y al veh&#237;culo que manten&#237;a su motor en marcha afuera. De pronto, record&#243; la hoja, la &#250;nica que quedaba ayer por la tarde. Su gesto cambi&#243; tan r&#225;pido como cuando la niebla se adue&#241;a de una monta&#241;a. Su incertidumbre ya no era por lo pasaba detr&#225;s de la puerta de su habitaci&#243;n: estaba depositada en aquello que podr&#237;a encontrar del otro lado de la ventana. Mejor dicho, en aquello que no podr&#237;a encontrar.

 &lt;P align=justify&gt;Sali&#243; de la cama, se cubri&#243; con una manta y se enfrent&#243; a la cortina desplegada. Se aferr&#243; a ella con una mano sin deslizarla; estaba m&#225;s cerca del ruego que de la duda. Bruscamente, apart&#243; el burdo tel&#243;n y qued&#243; enceguecida por la transparente luz de la ma&#241;ana reflejada en la nieve amontonada junto a su ventanal, cubriendo el callej&#243;n que la separaba del &#225;rbol desnudo, casi pegado al pared&#243;n vecino. A pesar del deslumbramiento, sus ojos no parpadearon. A medida que el velo luminoso fue desvaneci&#233;ndose, la escena fue cada vez m&#225;s evidente: all&#237; estaba el raqu&#237;tico &#225;rbol. S&#243;lo compet&#237;a con el di&#225;fano d&#237;a el brillo dorado de la hoja que no hab&#237;a claudicado ante la tormenta. La joven exhal&#243; un breve gemido de alivio que se convirti&#243; en una sonrisa. Pero una sombra se le antepuso: -Pronto caer&#225;- pens&#243; amargamente y volvi&#243; a acostarse.

 &lt;P align=justify&gt;Pas&#243; el d&#237;a atendiendo hipn&#243;ticamente a la persistente hoja. Si la debilidad le venc&#237;a, despertaba s&#250;bitamente para calmarse al encontrarse con la fiel compa&#241;&#237;a de esa frugal vecina. Por la tarde, sin abandonar su vigilancia, record&#243; al vecino pintor y, s&#243;lo por un momento, instintivamente, su mirada busc&#243; el taz&#243;n de caldo que le hab&#237;a dejado. Sent&#237;a hambre. Lo calent&#243; y bebi&#243; lentamente para no perder de vista a la hoja. Poco a poco, fue sinti&#233;ndose reconfortada. Hacia tiempo que esa sensaci&#243;n no era suya. Nuevamente su pensamiento pregunt&#243; por el anciano de arriba. Con esa nueva incertidumbre, advirti&#243; como ya casi no quedaba luz fuera. La hoja que se aferraba a la vida era casi invisible. La tap&#243; con la cortina y reconoci&#243; que, a pesar de su nefasto presagio, se sent&#237;a mejor, con deseos de descansar, de alejarse de ese pron&#243;stico adverso. Finalmente, se durmi&#243; apaciblemente despu&#233;s de festejar esa fr&#237;a pero luminosa Navidad con un taz&#243;n de buen caldo y la compa&#241;&#237;a de una resplandeciente hoja dorada.

&lt;/FONT&gt;

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    <title>El vecino/2 de 3</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;&lt;IMG class=imgdcha id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/103626_ElVecino_200x300.jpg"&gt;Entr&#243; en la habitaci&#243;n que era toda su casa muy despacio, como si no quisiera importunar al vac&#237;o. Pero su buena voluntad pretend&#237;a no aumentar las quejas con que sus viejos huesos le azotaban por dentro, amotinados por el fr&#237;o del d&#237;a.

 &lt;P align=justify&gt;Apoy&#243; los cuadros sin enmarcar y le cost&#243; convencer a sus manos para que desarticularan su congelada postura, al menos lo suficiente como para soltarlos. A pesar de todo, acert&#243; a cerrar la puerta, m&#225;s por costumbre que para evitar la entrada del fr&#237;o. Era igual, su cuerpo no notaba la diferencia entre el g&#233;lido gris de afuera y la penumbra de dentro.

 &lt;P align=justify&gt;Camin&#243; deslizando los pies muy suavemente, sin ning&#250;n ruido. Era su forma m&#225;s &#225;gil de llegar hasta el hornillo donde descansaba el resto de un caldo que le promet&#237;a aliviar el hielo que se hab&#237;a enquistado en su cuerpo. Sin embargo, su &#225;nimo permanec&#237;a tibio.

 &lt;P align=justify&gt;-Cuando pase el temporal, algo se vender&#225;- se dijo mientras remov&#237;a el caldo que, con su aroma, hinchaba su entusiasmo. Los c&#237;rculos de la cuchara no le ayudaron a recordar cuando fue la &#250;ltima vez que una persona se interes&#243; por los cuadros que le acompa&#241;aban desde que hab&#237;a dejado de pintar y que expon&#237;a a diario en la calle, cerca de la habitaci&#243;n que era toda su casa en un viejo edificio de pocos vecinos.

 &lt;P align=justify&gt;Una tos interrumpi&#243; el vaiv&#233;n del utensilio en el caldo.

 &lt;P align=justify&gt;-La chica de abajo est&#225; peor- se&#241;al&#243; para convencer a sus huesos que, ni con el buen olor de la sopa, acallaban su ruinoso descontento.

 &lt;P align=justify&gt;Cuando consigui&#243; que estos dejaran de alborotar y el caldo era s&#243;lo un perfume que convert&#237;a al cuarto en algo habitable, el silencio de su cuerpo sin molestias le permiti&#243; prestar atenci&#243;n al rumor quebradizo de aquella vecina. Sus piernas m&#225;s entonadas le llevaron, ahora sin arrastrar los pies, escaleras abajo. Golpe&#243; amablemente la puerta anunci&#225;ndose con su nombre. La tos ces&#243; y una desgajada voz femenina le respondi&#243; invit&#225;ndole a pasar.

 &lt;P align=justify&gt;La habitaci&#243;n estaba casi a oscuras. Muy despacio se acerc&#243; a la cama donde estaba tendida una joven cuyo mal estado no imped&#237;a opacar su belleza natural. &#8211;La belleza de la juventud- se permiti&#243; pensar por un momento el viejo pintor.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Puedo sentarme a su lado? &#191;Puedo serle &#250;til? &#191;Necesita algo?

 &lt;P align=justify&gt;La joven le mir&#243; dulcemente. -No se moleste, ya nada puede remediarme.

 &lt;P align=justify&gt;-Nada de eso- solt&#243; el anciano vecino y fingiendo una reprimenda, agreg&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-Tiene esto muy l&#250;gubre. As&#237; su esp&#237;ritu no puede recobrarse.

 &lt;P align=justify&gt;Dejando su silla r&#225;pidamente, probablemente porque los huesos estaban entretenidos con la sustancia del buen caldo, se acerc&#243; a la ventana para correr la cortina que la cubr&#237;a y sentenci&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-Ver&#225; como con un poco m&#225;s de luz se sentir&#225; mejor.

 &lt;P align=justify&gt;Tan pronto como el exterior qued&#243; descubierto, el rostro de la joven empalideci&#243; m&#225;s, como si en vez de luz hubiese entrado un fr&#237;o presagio. S&#243;lo se atrevi&#243; a murmurar: &#8211;F&#237;jese en el &#225;rbol, cuando pierda todas sus hojas, yo tambi&#233;n morir&#233;- murmur&#243;.

 &lt;P align=justify&gt;El pintor sacudi&#243; la tregua de sus huesos, reproch&#225;ndose la idea de iluminar la habitaci&#243;n. -&#191;De d&#243;nde ha sacado eso?- argument&#243;. -El &#225;rbol no morir&#225;, se dormir&#225; hasta primavera, s&#243;lo es eso.

 &lt;P align=justify&gt;-Mi aliento se va con sus hojas secas. Cuando no quede ninguna, me ir&#233; con ellas- insisti&#243;, para luego enmudecer, perdida en la contabilidad que hacia del contenido de las ramas sacudidas por el viento.

 &lt;P align=justify&gt;El viejo pintor no pudo evitar mirar hacia fuera y desear que la ventisca cesara. Se acerc&#243; a la joven, le acarici&#243; la frente y advirti&#243; la fiebre que le angustiaba m&#225;s que el n&#250;mero de hojas supervivientes. Con una sonrisa, le insinu&#243; que probara un taz&#243;n de su caldo, ese que hab&#237;a complacido a su desvencijada osamenta. Su enferma vecina agradeci&#243; y neg&#243; con la mirada. Una tos incipiente desarm&#243; su gesto. El anciano le arrop&#243; y crey&#243; mejor dejarle descansar.

 &lt;P align=justify&gt;-Volver&#233; m&#225;s tarde para servirle el caldo- anunci&#243;, despidi&#233;ndose. Al acercarse a la puerta, mir&#243; hacia la ventana: s&#243;lo quedaba una hoja. Sus ojos buscaron a la joven y not&#243; que ella tambi&#233;n se hab&#237;a fijado en el mismo detalle: s&#243;lo quedaba una hoja. Volvi&#243; para ocultar la escena con la cortina y, entonces, la joven pronunci&#243;: -Es lo mismo, con el vendaval que hay no sobrevivir&#225;, igual que yo-.

 &lt;P align=justify&gt;El envejecido pintor, arrepentido de su decisi&#243;n, fue cubriendo el hueco acristalado mientras observaba como el viento parec&#237;a ponerse en su contra y a favor de tan triste expectativa. S&#250;bitamente, el tamborileo de la nieve sobre el oculto ventanal, acentuaba la determinaci&#243;n del temporal. Efectivamente, la Nochebuena se acercaba estremecedoramente impulsada por la tempestad de nieve. Las rachas de viento se colaban con sus silbidos por los rumorosos rincones del edificio que, en lugar de provocar la vigilia, s&#243;lo acentuaba su escasez: el edificio dorm&#237;a, refugi&#225;ndose, como un caracol en s&#237; mismo, escapando de antiguos temores que intentaban confundirse con el sue&#241;o anticipado de los vecinos, una sorda t&#225;ctica parecida a una liturgia torpe que pretend&#237;a invocar la pronta despedida de esos hu&#233;spedes no deseados, cuya presencia no hab&#237;a manera de evitar. As&#237;, nadie prest&#243; atenci&#243;n a los quejumbrosos huesos del pintor ni al d&#233;bil y constante carraspeo de la joven enferma.

&lt;/FONT&gt;

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    <title>El vecino/1 de 3</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;El peque&#241;o poblado estaba rodeado por fincas muy cuidadas que reflejaban el buen trabajo de sus habitantes. Ahora, mirando por la ventanilla del autob&#250;s, mientras se adentra en la ciudad atravesando esa zona indefinible, mezcla de lo urbano y lo rural, me invade la nostalgia por dejar un mundo que me hizo ver las profundas diferencias existentes con el que estoy acostumbrado a deambular y que me hacen a&#241;orar lo que he dejado atr&#225;s.

 &lt;P align=justify&gt;El recuerdo del encuentro con los lugare&#241;os me produce una leve sonrisa, ya que al atravesar las huertas y los campos donde, a pesar de lo temprano que era, ya estaban trabajando, provoqu&#233; tal efecto que les hizo abandonar sus tareas a causa de mi apariencia. Me dirig&#237; al que estaba m&#225;s pr&#243;ximo a mi senda y salud&#225;ndole con naturalidad, le pregunt&#233; si ten&#237;a que caminar mucho para llegar hasta la carretera que me llevase a la ciudad. Se acerc&#243; y me respondi&#243; con otra pregunta: -&#191;No necesita Ud. otro tipo de ayuda?

 &lt;P align=justify&gt;Me mir&#233;, me apoy&#233; en un cerco para aliviar mi propia carga y le dije: -Bueno, ya que es tan amable, &#191;tendr&#225; algo que me sirva de desayuno?

 &lt;P align=justify&gt;Llam&#243; a otro hombre de nombre Juan y su voz reson&#243; en la hondura donde se asienta el pueblo, en medio de la serran&#237;a. Por supuesto, no s&#243;lo se acerc&#243; Juan sino una media docena m&#225;s de aldeanos, aportando cada uno algo de beber o de comer. Me qued&#233; con lo se parec&#237;a m&#225;s a mi acostumbrada manera de salir del ayuno matinal y, mientras me ocupaba de meterlo en el cuerpo, mi anfitri&#243;n me pregunt&#243; algo que me pareci&#243; escuchar la noche anterior: -&#191;Qu&#233; hace Ud. por aqu&#237;?

 &lt;P align=justify&gt;Esta vez opt&#233; por ser discreto sin salirme de la verdad y respond&#237; abiertamente: -Ayer estaba muy agobiado por mi trabajo y necesitaba un descanso. Me pareci&#243; que lo m&#225;s indicado para ello era dar un paseo y decid&#237; hacerlo por el monte, ya que vivo en la ciudad. Como es la primera vez que lo hago, no calcul&#233; bien el recorrido, se hizo de noche y me perd&#237;. Al amanecer, fue sencillo dar con el pueblo pero no s&#233; como volver a la ciudad desde aqu&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Todos se miraron, c&#243;mplices para juzgar mi torpeza y el paisano llamado Juan dijo alegremente: -Pues tuvo suerte, a juzgar por el estado en que ha llegado. Especialmente porque por all&#237; arriba no hay nadie excepto nosotros cuando es temporada de caza.

 &lt;P align=justify&gt;A&#250;n no s&#233; como pude disimular mi estupor al o&#237;r que en lo alto de la sierra nunca hay nadie. Reaccion&#233;, para desatar mi curiosidad mezclada con el asombro, preguntando: -&#191;C&#243;mo puede ser que nadie ni siquiera pasee por un lugar con tan buen paisaje?

 &lt;P align=justify&gt;El hombre que hab&#237;a llamado a Juan tom&#243; la iniciativa para responder. &#8211;Tenemos la suerte de que aquello s&#243;lo sea un lugar para conejos, zorros y jabal&#237;es, aunque hubo un tiempo que un hombre y su perro acostumbraban a andar por all&#237; los fines de semana.

 &lt;P align=justify&gt;El resto de los vecinos asintieron y Juan, de evidente talante jovial, agreg&#243;: -&#191;A qui&#233;n se le puede ocurrir tener un sabueso en la ciudad? Pues, a ese hombre se le hab&#237;a antojado ese perro, "por lo bonito", como nos explic&#243; la primera vez que lo encontramos, esper&#225;ndolo mientras el animal se desahogaba tras un rastro.

 &lt;P align=justify&gt;-Pero, Juan,- intervino otro de los paisanos &#8211;admitamos que el perro era muy bueno en lo suyo, con ese ladrido que llenaba el monte, aunque el due&#241;o fuese un in&#250;til para emplearlo.

 &lt;P align=justify&gt;Juan sigui&#243; con sus comentarios con m&#225;s respeto. &#8211;Es verdad; lo cierto es que est&#225;bamos todos deseando que el hombre apareciese los domingos de caza para disfrutar del perro.

 &lt;P align=justify&gt;-No crea Ud.- dijo mi primer interlocutor &#8211;que nos re&#237;mos de los que vienen de la ciudad. Nosotros establecimos un acuerdo con aquel hombre: &#233;l paseaba dentro del coto, durante la caser&#237;a, y nosotros nos benefici&#225;bamos de los rastros que el sabueso marcaba. As&#237;, &#233;l disfrutaba mucho de ver a su perro desarrollar su instinto de aquella manera.

 &lt;P align=justify&gt;Todos quedaron callados. Apresur&#233; el fin de la generosa vianda y me atrev&#237; a preguntar: -&#191;Y qu&#233; ha sido de ellos?

 &lt;P align=justify&gt;Uno que no hab&#237;a dicho nada hasta el momento, respondi&#243;: -Hace m&#225;s o menos un a&#241;o, una ma&#241;ana de temporal, nos lo encontramos mientras busc&#225;bamos una vaca perdida y nos dijo que acababa de enterrar a su perro all&#237; arriba. Se despidi&#243; de nosotros porque ya no volver&#237;a m&#225;s, como era habitual hacerlo. Nos se&#241;al&#243; donde estaba la tumba, como si pidiese permiso para dejar al animal muerto all&#237; y no lo hemos vuelto a ver.

 &lt;P align=justify&gt;Juan volvi&#243; a participar animosamente. &#8211;Lo raro fue que esa noche pudimos ver, desde aqu&#237;, una hoguera cercana al lugar donde el perro est&#225; enterrado. Pero es algo que no ha vuelto a ocurrir.

 &lt;P align=justify&gt;Yo no sal&#237;a de mi estupor, mal ocultado al quedarme callado y boquiabierto. Vi&#233;ndome as&#237;, uno de ellos me pregunt&#243;: -&#191;Se encuentra bien?; si quiere, podemos llevarle a la ciudad.

 &lt;P align=justify&gt;A pesar de mi perplejidad, pude responder que no hacia falta y tras recibir las indicaciones necesarias para proseguir, agradec&#237; la amabilidad y me fui caminando hasta la carretera. Al alejarme del caser&#237;o, surgi&#243; espont&#225;neamente una pregunta que hice a viva voz: -&#191;Est&#225;is recogiendo nueces? No fue necesaria escuchar la respuesta ya que sus risas, mezcladas con la frase "...en primavera...", lo dec&#237;an todo. Me escond&#237; entre mis hombros, hasta la parada del autob&#250;s, que casi estuve a punto de perder al hallarme tan cohibido por los comentarios de aquellos hombres.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;Ya estoy dentro de la ciudad y mi viaje pr&#243;ximo a finalizar. Recapacito en c&#243;mo me encontraba al comenzar esta andadura y pienso en la manera de aprovechar esta historia de amistad para recomponer mi relaci&#243;n con mi novia, recuperar a mi enfadado amigo y decirle a mi jefe que no se preocupe que, si me deja trabajar tranquilo, todo estar&#225; listo en fecha.

 &lt;P align=justify&gt;Me preparo para bajar y me sacudo tierra seca de mi maltrecha ropa, deseando que no ocurra lo mismo con todo lo que acaba de suceder. Para asegurarme de ello, me prometo dos cosas: primero, interpretar la vida de otro modo, a trav&#233;s de la riqueza de las relaciones humanas y, segundo, no olvidar la imagen fugaz de aquel perro que me sac&#243; de mi desesperada situaci&#243;n, gui&#225;ndome hasta dar con un hombre que me ha hecho reflexionar sobre lo que somos y quisi&#233;ramos ser.

 &lt;P align=justify&gt;Como despedida, miro por &#250;ltima vez por la ventanilla de mi asiento y trato de percibir entre la gente solitaria quien puede llevar la pena de haber perdido a un amigo semejante al de aquel hombre. He aprendido lo incompleto que puede estar nuestro coraz&#243;n si nunca ha recibido el amor de un perro; incluso, al observar a algunas personas acompa&#241;adas por uno, me doy cuenta que aburrida puede ser la imagen de alguien que no est&#233; acompa&#241;ada por la silueta de uno de estos nobles animales.

 &lt;P align=justify&gt;Mientras recorro el pasillo del autob&#250;s hasta su puerta, tengo el amargo de sabor de una inc&#243;gnita: &#191;cu&#225;l ser&#237;a el nombre del amigo silencioso de aquel extra&#241;o hombre que conoc&#237; tan misteriosamente?

 &lt;P align=justify&gt;El camino hasta mi casa me pone de frente al perfil cercano del monte y me pregunto si, alguna noche, desde aqu&#237;, ser&#233; capaz de ver brillar una hoguera. Para mi consuelo, al menos, tengo la certeza de que all&#237;, dos esp&#237;ritus disfrutan juntos de la libertad.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Al suavizarse otra vez el camino, vuelvo a mis recuerdos.

 &lt;P align=justify&gt;-Siempre sent&#237; una sana envidia hacia &#233;l- dijo t&#237;midamente -porque ve&#237;a que &#233;l pose&#237;a algo que yo no ten&#237;a: la certeza de saber para que estaba en este mundo, ya que se dedicaba a lo suyo sin dudas; simplemente lo hac&#237;a, sin cuestionamientos, sin importar el esfuerzo, aun con el riesgo de no obtener nada con ello. Su mayor recompensa estaba en el placer de hacerlo.- Mir&#243; hacia la techumbre de los &#225;rboles, ensangrentada por el resplandor del fuego y como si pudiese ver m&#225;s all&#225; de ese tejado de hojas, agreg&#243; reflexivamente: -&#191;Cu&#225;ntos de nosotros podemos tener esa suerte, al menos por una vez, de actuar con la misma convicci&#243;n?

 &lt;P align=justify&gt;Mi silencio en aquel momento fue un t&#225;cito permiso para que siga hablando. Ahora, de vuelta a mi realidad cotidiana, la lucidez que empleo para recordar todos estos detalles es similar al deseo que sent&#237;a por seguir escuch&#225;ndole.

 &lt;P align=justify&gt;El hombre suspir&#243; como si hubiese hallado algo que le produjera alivio. Hizo un gesto como para disculparse por haber despachado discurso tan emotivo y, tras una pausa, continu&#243; haci&#233;ndome part&#237;cipe de sus elucubraciones.

 &lt;P align=justify&gt;-Supongo que Ud. tendr&#225; un amigo que signifique lo que acabo de expresar, a quien reconocerle el m&#233;rito de estar junto a Ud. no s&#243;lo para lo bueno sino tambi&#233;n para lo malo.

 &lt;P align=justify&gt;Manifest&#233; mi acuerdo con un movimiento de cabeza y prosigui&#243;: &#8211;Y en lo malo no s&#243;lo implica ante las circunstancias de la vida, sino ante nuestra imperfecci&#243;n que, en m&#225;s de una ocasi&#243;n, no sabemos ocultar.

 &lt;P align=justify&gt;Volv&#237; a reconocerle la exactitud de sus palabras con una sonrisa, demostr&#225;ndole adem&#225;s, cu&#225;n a gusto estaba con la conversaci&#243;n.

 &lt;P align=justify&gt;Sin embargo, aquel hombre se sent&#243;, como para anticipar su ep&#237;logo; sus ojos hab&#237;an salido de aquella niebla emocional y me dijo: -Tendr&#225; que perdonar que haya pensado en voz alta pero intuyo, por lo que pudo haberle tra&#237;do hasta aqu&#237;, que sabr&#225; interpretar la huella que me ha dejado la compa&#241;&#237;a de mi amigo y que, espero, pueda servirle para sentirse mejor. Pero eso ser&#225; a partir de ma&#241;ana; a&#250;n queda bastante fuego y podremos descansar aqu&#237; hasta que amanezca.

 &lt;P align=justify&gt;-Gracias- le respond&#237;. -Sus palabras me han hecho olvidar los sinsabores de mi paseo.

 &lt;P align=justify&gt;Nos recostamos sobre la hierba y antes de desearnos un buen descanso, me dijo: &#191;Sabe?, todo esto que mi amigo me ense&#241;&#243;, lo hizo sin decirme una palabra, s&#243;lo con su ejemplo.

 &lt;P align=justify&gt;Call&#243; y descubr&#237; algo m&#225;s: qu&#233; placentero resulta dormirse mirando el fuego.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;El autob&#250;s frena bruscamente y la maniobra me sacude igual que al despertarme el bullicio de la ma&#241;ana primaveral amaneciendo, cargada del aroma h&#250;medo del aire. Al recuperar la marcha lentamente, me acuerdo como me invadi&#243; el asombro al encontrarme solo en aquel claro del bosque, semicubierto por hojas secas que me protegieron del roc&#237;o y sin rastros de aquel hombre. Pero lo que m&#225;s me dej&#243; perplejo fue ver que la reconfortante hoguera no era un rescoldo agonizante sino un f&#243;sil con mucho tiempo de abandono.

 &lt;P align=justify&gt;Desde aquel lugar pude ver una peque&#241;a aldea y el camino que me llevaba a ella. Comenzaba a cumplirse el dictamen de mi acompa&#241;ante nocturno que vaticin&#243; como, al d&#237;a siguiente, ver&#237;a todo distinto.

 &lt;P align=justify&gt;Me levant&#233; dolorido, sin distinguir entre los golpes o la incomodidad de haber dormido tendido sobre el terreno. Me dirig&#237;, entonces, hacia el caser&#237;o sumido en el mayor desconcierto de mi vida.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El amigo silencioso/4 de 5</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;-Yo hago algo parecido a lo suyo porque buscar es pasear con un motivo, si es que se hace tranquilamente, sin desesperaci&#243;n. Ud. es un hombre joven y puede que a&#250;n no lo vea de este modo pero nos pasamos la vida buscando: &#233;xito, dinero, una casa, un coche, cosas, cuando, en el fondo de la cuesti&#243;n, lo que deseamos hallar es reconocimiento, cari&#241;o.

 &lt;P align=justify&gt;-De esto &#250;ltimo nos damos cuenta generalmente cuando perdemos &lt;I&gt;"algo"&lt;/I&gt; muy valioso o la vida nos niega la posibilidad de estar con &lt;I&gt;"eso". &lt;/I&gt;No hablo de cosas sino de personas, de seres vivos.

 &lt;P align=justify&gt;Me llama la atenci&#243;n ver, a trav&#233;s de la ventanilla, las diferentes expresiones de los rostros de la gente, del mismo modo como fue cambiando el rostro de aquel hombre a medida que hablaba, pasando su mirada de mostrarse despierta, p&#237;cara, interrogante, a quedarse sin brillo, hueca, introspectiva, ausente.

 &lt;P align=justify&gt;-Yo tambi&#233;n viv&#237; siempre en la ciudad- reiter&#243;. &#8211; Esto de &lt;I&gt;"pasear con un motivo"&lt;/I&gt; me lo ense&#241;&#243; un amigo que hac&#237;a de buscar el sentido de su vida. Ten&#237;amos eso en com&#250;n, como lo podr&#237;a haber tenido con Ud. pero la diferencia estaba en que yo no sab&#237;a lo que quer&#237;a encontrar y &#233;l s&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Escuchando su relato contado en pasado, no fue necesario que aclarase que esa situaci&#243;n compartida hab&#237;a cambiado, que ese amigo ya no estaba con &#233;l.

 &lt;P align=justify&gt;Levant&#243; su mirada del fuego y me observ&#243;, viendo que mi actitud ya no era distante sino que hab&#237;a puesto toda mi atenci&#243;n en sus palabras, olvid&#225;ndome de mi maltrecha condici&#243;n. Volvi&#243; a sumergirse en la danza de la hoguera y prosigui&#243; hablando.

 &lt;P align=justify&gt;-Un d&#237;a compr&#233; su amistad, por decirlo de alg&#250;n modo, y le invit&#233; a vivir conmigo. Desde aquel momento, nunca nos separamos y aprendimos a convivir. Con el tiempo, comenz&#243; a demostrar su car&#225;cter y, con ello, me exigi&#243; que, para equilibrar nuestro entendimiento, deb&#237;a respetarle, como &#233;l lo hab&#237;a hecho conmigo desde un primer momento. As&#237;, ambos fuimos sacrificando algo para contentar al otro, si es que quer&#237;amos estar juntos.

 &lt;P align=justify&gt;El autob&#250;s entra en un t&#250;nel y provoca una pausa del reconfortante calorcillo que me estaba regalando el sol; una fr&#237;a pausa similar a la que el hombre hizo, como si algo le hubiese cerrado la garganta, oprimiendo su voz. Salimos del t&#250;nel y me doy cuenta del impacto que me hab&#237;a causado su relato, ya que lo mantengo perfectamente en mi memoria.

 &lt;P align=justify&gt;-Pero ese sacrificio personal para mantenernos juntos- continu&#243; &#8211;fue mayor por parte de &#233;l que de la m&#237;a. Me he percatado de ello desde cuando &#233;l ya no est&#225; conmigo. Y no fue porque me abandonase o marchara tras algo mejor, sino porque tuvo que seguir a aquello que todos tendremos que seguir inevitablemente un d&#237;a. Adem&#225;s, estoy seguro que lo hizo en contra de su voluntad porque en la despedida hizo algo inusual: derram&#243; una l&#225;grima, llanto que nunca sabr&#233; si era por su pena de separarse de m&#237; o por ver como yo me encontraba ante su irremediable adi&#243;s.

 &lt;P align=justify&gt;Al verle cabizbajo, tuve claro que ese extra&#241;o estaba descargando el dolor por la p&#233;rdida de un amigo, probablemente el m&#225;s apreciado que tuviese. Me arrepiento de no haber preguntado siquiera c&#243;mo se llamaba pero me pareci&#243; m&#225;s oportuno permanecer callado y dar lugar al desahogo de sus palabras.

 &lt;P align=justify&gt;Levant&#243; la cabeza; su mirada hab&#237;a recobrado brillo pero no de vitalidad, era el de la pena contenida. Intent&#243; recomponerse, evocando algo agradable que le estimul&#243; a seguir cont&#225;ndome su historia.

 &lt;P align=justify&gt;-Mi amigo me ense&#241;&#243; muchas cosas y, espero, haberle retribuido de igual manera. Antes mencion&#233; que la mejor herencia que tengo de &#233;l es haber aprendido a saber qu&#233; busco, qu&#233; necesito encontrar. &#201;l me lo transmiti&#243; siendo simplemente como era: un esp&#237;ritu libre, ya que se dedicaba exclusivamente a lo que le sal&#237;a del coraz&#243;n, a seguir el impulso de sus latidos. Era aut&#233;ntico, puro y eso es la libertad: ser como se es. Esta &#250;ltima frase me la dijo clav&#225;ndome su mirada en la m&#237;a. Parec&#237;a que el fuego hab&#237;a pasado toda su fuerza a su mirada, tratando de convencerme con ello de que no pierda la oportunidad que tenemos, al estar vivos, de ser como somos.

 &lt;P align=justify&gt;-Era muy hermoso verle metido en su af&#225;n de hallar aquello que estimulaba su curiosidad. Ese af&#225;n, que no conoc&#237;a cansancio, s&#243;lo ten&#237;a un l&#237;mite: volver para estar juntos. Y esa es su segunda lecci&#243;n: la entrega incondicional que significaba para &#233;l la uni&#243;n de nuestro v&#237;nculo, a tal punto que &#233;l no dudaba en contraponerse a su instinto, a su esencia, para mantener constante el lazo de nuestra amistad. Su lealtad fue tan grande que &#233;sta se impon&#237;a a su sentido de libertad.

 &lt;P align=justify&gt;Volvi&#243; a apartar sus ojos de las llamas, deposit&#225;ndolos sobre los m&#237;os y me dijo profundamente: -Es una verdadera lecci&#243;n de amor: dejar de lado los propios intereses para estar con quien se est&#225; bien.

 &lt;P align=justify&gt;Mi pensamiento se interrumpe al pasar el autob&#250;s por una obra en la calzada de la carretera, del mismo modo que lo hab&#237;a hecho aquella frase, pronunciada en medio de la noche, bajo el reparo del bosque, s&#243;lo iluminado con una hoguera y dicha por alguien que no sab&#237;a quien era, ni de donde proven&#237;a ni que hac&#237;a en ese lugar. Observo a la gente a mi alrededor y recapacito en, incluy&#233;ndome, si somos capaces de darnos cuenta del contenido de aquel mensaje.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Mi brazo tropez&#243; con el cuerpo de aquel visitante que se alej&#243; r&#225;pidamente, evitando que le tocase, poniendo distancia preventivamente. Eso me dio confianza, me incorpor&#233; como para sentarme pero lo hice con mucha dificultad, porque es m&#225;s f&#225;cil decir que no me dol&#237;a a tratar de explicar como todo el cuerpo protestaba por su situaci&#243;n.

 &lt;P align=justify&gt;Tras mis quejosos movimientos, aquel ser se distanci&#243; m&#225;s y qued&#243; p&#225;lidamente iluminado por la luna: era un perro, de orejas tan largas que casi se las pisaba a pesar de no tener poca estatura. Me miraba fijamente y su aspecto era casi transparente por la gris&#225;cea luz nocturna. Se volvi&#243; y entonces descubr&#237; que hab&#237;a aterrizado en un sendero, ya que se alej&#243; unos metros, hasta que volvi&#243; a detenerse, mir&#243; hacia atr&#225;s en mi direcci&#243;n, quedando esperando como si quisiera que le siguiese.

 &lt;P align=justify&gt;El autob&#250;s se mueve alegremente por la carretera del mismo modo que yo lo hice detr&#225;s de aquel perro, una vez que consegu&#237; ponerme de pie sin que un tobillo, una rodilla, la cintura o el cuello no me dijesen que lo hiciera con cuidado.

 &lt;P align=justify&gt;Seguimos as&#237; un tiempo, aunque yo no pod&#237;a alcanzarle a causa de su r&#225;pido paso corto. &#8211;Claro, t&#250; tienes cuatro patas y te resulta m&#225;s f&#225;cil moverte- protest&#233; a la vez que trataba de acelerar mis pies ya que el animal, sabiendo que le segu&#237;a, iba muy decididamente con un rumbo elegido pero, para m&#237;, incierto. Admito que, del mismo modo que el conductor del autob&#250;s, ese perro me llevaba por un camino seguro.

 &lt;P align=justify&gt;Al poco rato, dobl&#243; a la derecha, le imit&#233; y ya no volv&#237; a verle m&#225;s. Me sent&#237; nuevamente perdido, a pesar de haber quedado en un claro del bosque muy bien iluminado. As&#237;, hice otro descubrimiento: lo bien que se puede ver de noche tan solo con la luz de la luna.

 &lt;P align=justify&gt;Vi que ten&#237;a dos caminos para elegir y mientras trataba de deducir cu&#225;l era el correcto, en el fondo de uno de ellos me pareci&#243; ver un resplandor, que llam&#243; mi atenci&#243;n. Pens&#233; que pod&#237;a ser la luz de una casa y segu&#237; a trav&#233;s de ese sendero.

 &lt;P align=justify&gt;A medida que avanzaba, aquella luz se volv&#237;a m&#225;s roja y cambiaba de forma, como si un viento inexistente la moviera. Se trataba de una hoguera. Al acercarme, vi que all&#237; hab&#237;a un hombre sentado entretenido con el fuego que, al ruido de mis pasos, dej&#243; su meditaci&#243;n, me mir&#243; sin sobresalt&#243;, como si estuviese esperando pero con asombro me pregunt&#243;: -&#191;Qu&#233; le ha pasado?

 &lt;P align=justify&gt;Tuve ganas de contestarle del mismo modo, ya que su apariencia tambi&#233;n era muy rara. Ten&#237;a el pelo crecido, algo desordenado, y su color rojizo se confund&#237;a con el blanco de algunas canas. Ten&#237;a la piel curtida, t&#237;pica de aquellos que pasan mucho tiempo al aire libre. No era un hombre joven, tampoco un anciano. A pesar de estar sentado, pude adivinar que su contextura no era d&#233;bil, sin llegar a ser muy alto.

 &lt;P align=justify&gt;Al no obtener respuesta, me mir&#243; fijamente un momento, como si adivinase en mis ojos todo lo sucedido y me dijo serenamente: -Venga, si&#233;ntese cerca del fuego para calentarse, a ver si consigue sentirse mejor-.

 &lt;P align=justify&gt;A pesar de que el hombre no mostr&#243; se&#241;as para desconfiar de &#233;l, me sent&#233; sin decir palabra y acerqu&#233; mis manos al fuego, mirando a mi alrededor para intentar descifrar d&#243;nde estaba. Me ofreci&#243; algo de beber, con un gesto sin hacer preguntas. Supongo que notar&#237;a lo desvalido que me encontraba; entonces, sac&#243; unas nueces del bolsillo del pantal&#243;n y me dijo: -Est&#225;n muy buenas, los acabo de recoger. Acept&#233; su sencilla ofrenda, ya que verla puso en evidencia lo vac&#237;o que estaba mi est&#243;mago; por lo tanto, aquellas nueces me parecieron un banquete que devor&#233;, callado, observando como los &#225;rboles formaban una c&#250;pula natural, pintada de rojo por el fuego, que aumentaba la sensaci&#243;n de abrigo. Excepto la hoguera, all&#237; no hab&#237;a nada que demostrase que ese era un sitio habitado. A&#250;n, despu&#233;s de todo lo ocurrido y mientras s&#243;lo deseo llegar a mi casa y reconfortarme con un largo ba&#241;o caliente, pienso en d&#243;nde vivir&#237;a aquel extra&#241;o.

 &lt;P align=justify&gt;Cuando vio que ya hab&#237;a consumido aquella cena tan natural y mi sucio rostro reflejaba satisfacci&#243;n, mi silencio fue quebrado por su voz, tranquila pero profunda, como si sus palabras proviniesen de otro lugar y no de s&#237; mismo: -&#191;Qu&#233; estaba haciendo por aqu&#237;, antes de que le ocurriese lo que le ha provocado su estado actual?

 &lt;P align=justify&gt;No ten&#237;a ganas de contarle a un extra&#241;o por qu&#233; hab&#237;a ido a parar a ese lugar, especialmente porque me pareci&#243; que le interesa m&#225;s saber c&#243;mo yo hab&#237;a dado con &#233;l. &#8211;S&#243;lo paseaba, hasta que se hizo de noche y me perd&#237;.- le contest&#233;, creyendo que as&#237; contentar&#237;a a su curiosidad.

 &lt;P align=justify&gt;Volvi&#243; a meter la mano en el bolsillo, sac&#243; m&#225;s nueces, como si all&#237; tuviese una provisi&#243;n interminable. Me las ofreci&#243;, me negu&#233; con un gesto de haber tenido suficiente y, mientras jugaba con ellas entre las manos, solt&#243;: -Qu&#233; suerte haberme encontrado, &#191;no? Lo digo porque puedo ayudarle a volver. Ya ver&#225; ma&#241;ana qu&#233; sencillo es regresar. Lo que le preocupa hoy, ma&#241;ana ser&#225; muy f&#225;cil de resolver.

 &lt;P align=justify&gt;Sus frases m&#225;s que reconfortarme, me intrigaron porque era evidente que detr&#225;s de sus palabras hab&#237;a algo que no pod&#237;a ni puedo entender ahora que lo recuerdo. Pero no me atrev&#237;a a hacerle ninguna pregunta y me limit&#233; a responderle con una sonrisa de manifiesto agradecimiento.

 &lt;P align=justify&gt;Eso pareci&#243; animarle a seguir hablando: se recost&#243; de lado, me mir&#243; a los ojos y comenz&#243; a hacerlo marcando las frases con una pausa, sin prisa, para compartir algo que llevaba dentro y que quer&#237;a dejar salir, como sus nueces misteriosamente inagotables.

 &lt;P align=justify&gt;-Si le he preguntado que hac&#237;a antes de llegar no es para meterme en sus cosas sino porque me parece que Ud. no es de aqu&#237;; quiero decir, que ni vive ni trabaja en la sierra, por lo tanto, ser&#225; Ud. de la ciudad.

 &lt;P align=justify&gt;Recuerdo como s&#243;lo asent&#237; con la cabeza, sin pronunciar palabra, ya que me daba cuenta de c&#243;mo su perspicacia avanzaba para indagar en mis gestos o para encontrar en mi lastimoso aspecto una prueba del hecho que me hab&#237;a llevado a encontrarle.

 &lt;P align=justify&gt;-No tema, aqu&#237; s&#243;lo se pierde &#233;l que quiere perderse y no hay forma de pasar inadvertido para la gente que habita estos montes. Por el modo de decirlo, me demostr&#243; que &#233;l no se consideraba dentro de esas personas.

 &lt;P align=justify&gt;-Yo tampoco soy de aqu&#237;- prosigui&#243;, dejando una peque&#241;o vac&#237;o entre su siguiente frase. -Si bien me hallo en este lugar, igual que Ud., siempre he estado en la ciudad; entonces, estar&#225; de acuerdo conmigo en que no es usual que nos crucemos justamente aqu&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Estaba claro lo que pretend&#237;a pero, del mismo modo que cuando sub&#237; al autob&#250;s, disimul&#233; mi situaci&#243;n aparentando una normalidad absoluta. Me limit&#233;, entonces, a decirle que se trataba de una gran casualidad.

 &lt;P align=justify&gt;El efecto de mi respuesta aviv&#243; m&#225;s su inter&#233;s y, ya directamente, sin rasgo de preocupaci&#243;n, dijo: -Me gustar&#237;a saber como lleg&#243; a encontrarme.

 &lt;P align=justify&gt;Qu&#233; inc&#243;modo que me sent&#237;. R&#225;pidamente pens&#233;: -No tengo nada que ocultar, no he hecho nada malo. Sin embargo, opt&#233; por no mencionar el suceso del perro que hab&#237;a desapareci&#243; tan misteriosamente como me despert&#243;, si es que hab&#237;a quedado inconsciente al caerme.

 &lt;P align=justify&gt;-Es como si el viento me hubiese empujado hasta aqu&#237;- le contest&#233;. Y para ser m&#225;s convincente, agregu&#233;: -No puedo decir que me gui&#243; la intuici&#243;n, ya que es la primera vez en mi vida que hago una caminata por un monte.

 &lt;P align=justify&gt;-Eso es m&#225;s que evidente- replic&#243; &#8211;no s&#243;lo por su estado sino porque el viento se mueve hacia donde Ud. vino. Eso podr&#237;a ser &#250;til para alguien que, para llegar aqu&#237;, utilizase su olfato.

 &lt;P align=justify&gt;Me sent&#237; el mayor mentiroso del mundo por no mencionar al perro pero mi silencio pretendi&#243; corroborar mi argumento.

 &lt;P align=justify&gt;Lo m&#225;s extra&#241;o de aquel hombre no era su apariencia o el motivo que le reten&#237;a all&#237; sino la sensaci&#243;n que transmit&#237;a de que &#233;l sab&#237;a c&#243;mo hab&#237;a llegado a encontrarle pero necesitaba confirmarlo. Dibuj&#243; una peque&#241;a sonrisa sin malicia, demostrando que, a pesar de mis explicaciones, ten&#237;a todo muy claro.

 &lt;P align=justify&gt;Mientras apoyo la cabeza en el asiento, recuerdo su callada complicidad y como, una vez m&#225;s, sac&#243; nueces de su bolsillo sin fondo aparente. Esta vez, en lugar de ofrec&#233;rmelas, reserv&#243; la peque&#241;a raci&#243;n para s&#237; mismo. Ahora me doy cuenta que, en realidad, estaba preparando el relato con el que sigui&#243; hablando.

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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;&lt;IMG class=imgdcha id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/103608_ElAmigoSilencio_200x150.jpg"&gt;Me siento en la parte trasera del autob&#250;s para estar seguro de no llamar la atenci&#243;n y dejar de sentirme profundamente rid&#237;culo, no tanto por mi apariencia sino por como la hab&#237;a adquirido.
 &lt;P align=justify&gt;Acurruc&#225;ndome en el rinc&#243;n derecho, comienzo a relajarme y, mirando por la ventanilla sin horizonte fijo, trato de recordar como me sent&#237;a 24 horas atr&#225;s, ya que, en este momento, mi estado de &#225;nimo era muy diferente, verg&#252;enza aparte.

Ayer por la ma&#241;ana estaba peleado con el mundo: un trabajo extra que estaba haciendo, se hab&#237;a vuelto agobiante; obligado a terminarlo contra reloj, se le sumaban 2 d&#237;as de mal dormir y peor comer, situaci&#243;n que, en lugar de favorecer, empeoraba mi crispaci&#243;n con todo y con todos.

Estaba enfadado con mi novia que no comprend&#237;a el esfuerzo que estaba realizando ante este encargo de mi jefe hecho en forma personal; mi mejor amigo, en vez de apoyarme, me ri&#241;&#243; por darle demasiada importancia a algo que s&#243;lo es material; adem&#225;s, mi jefe, viendo mi predisposici&#243;n a dar lo mejor de m&#237; para llegar a buen t&#233;rmino, aprovechaba para sumar m&#225;s detalles al proyecto que deb&#237;amos entregar en 48 horas. As&#237;, incapaz de tener las cosas en su lugar, fui perdiendo el control y mi capacidad de trabajo fue desvaneci&#233;ndose hasta abandonarme, dej&#225;ndome improductivo, enojado conmigo mismo e imposibilitado de entender por qu&#233; las personas m&#225;s cercanas afectivamente estaban molestas conmigo. Vi&#233;ndome en un foso sin salida, atin&#233; a encender el televisor para conseguir que cualquier cosa borrase mis amargos pensamientos que, en realidad, era uno solo: querer acabar el trabajo pero sin saber c&#243;mo.

Mientras im&#225;genes y sonidos pasaban delante de m&#237;, me llam&#243; la atenci&#243;n un anuncio publicitario de un lugar de monta&#241;a que supuestamente ofrec&#237;a un sitio id&#243;neo para el descanso. &#8211;Eso es lo que necesito- exclam&#233; en ese momento. Ahora, mientras ya he dejado de estar pendiente de mi aspecto que dej&#243; tan perplejo al pasaje del autob&#250;s, me r&#237;o interiormente, pensando cu&#225;n desquiciado estaba para haber decidido en ese momento seguir el ejemplo de la propaganda y, sin m&#225;s y con lo puesto, salir caminando muy entusiasmo hacia la sierra cercana a la ciudad con la convicci&#243;n de que as&#237; renovar&#237;a mis fuerzas.


 &lt;P align=justify&gt;A pesar de la subida permanente del camino, mis &#225;nimos no flaquearon: el sol del mediod&#237;a, tibio con la primavera cercana, se manten&#237;a frente a m&#237; y me guiaba hacia el interior de la peque&#241;a pero abrupta serran&#237;a. Me refrescaba en las fuentes que encontraba en el camino, alejado de la carretera principal, para entretenerme con la algarab&#237;a de los p&#225;jaros y dejarme seducir por el perfume de la tierra a&#250;n h&#250;meda por el roc&#237;o matinal. Para asegurar mi paso, me adue&#241;&#233; de una rama, perfecta para usarla como bast&#243;n. Recordando esto, compruebo otra vez, lo fuera que estaba de la realidad para actuar como lo que hice, ya que era la primera vez que me met&#237;a en semejante excursi&#243;n a un lugar que no conoc&#237;a, ya que jam&#225;s hab&#237;a salido de la ciudad, excepto para ir a otra.

 &lt;P align=justify&gt;Desv&#237;o mi mirada de la ventanilla hacia el interior del autob&#250;s y descubro a una se&#241;ora ya mayor se hab&#237;a dado la vuelta para mirarme, con algo de compasi&#243;n en sus ojos. Le sonr&#237;o y le hago un adem&#225;n para demostrarle que estoy bien para que no se preocupe por m&#237;. No es para menos: tengo raspaduras en el rostro, mis manos estaban ara&#241;adas por la maleza, la ropa, adem&#225;s de h&#250;meda, est&#225; rasgada en varias partes; en fin, estoy sucio de tierra y hierba; pero supongo que lo m&#225;s sorprendente para los pasajeros es que ten&#237;a dinero para pagar el viaje.

 &lt;P align=justify&gt;La tarde anterior mi aspecto a&#250;n no hab&#237;a sufrido tal transformaci&#243;n. Durante toda la caminata, s&#243;lo ten&#237;a un pensamiento, una meta: llegar al punto m&#225;s alto del monte y ten&#237;a que ser ese d&#237;a. Lo consegu&#237; al promediar la tarde y me encontraba tan feliz que no exist&#237;a ni el hambre o ni la sed. La ausencia de viento permit&#237;a disfrutar de los colores del atardecer sobre el mar, no tan lejano desde esa altura, con la ciudad casi a mis pies, rodeado de una soledad llena de p&#225;jaros, flores primerizas y por un tiempo que parec&#237;a detenido en aquel estanque enrojecido por la despedida del sol.

 &lt;P align=justify&gt;Advert&#237;, de repente, que estaba anocheciendo. Con las primeras estrellas, fue desapareci&#243; el encanto que me hab&#237;a secuestrado y regres&#233; a mis agobios, aumentados ahora porque dudaba si sabr&#237;a encontrar el camino de regreso.

 &lt;P align=justify&gt;Comparo esa situaci&#243;n con la actual, en la calidez del autob&#250;s, con la fr&#237;a caricia de la noche que inevitablemente me fue cubriendo. Para infundirme valor, me dije: -Siempre es m&#225;s f&#225;cil bajar que subir. La rama que oficiaba de bast&#243;n era una gu&#237;a perfecta: con ella evit&#233; pedruscos, baj&#233; desniveles, pude pasar sin tropiezos un peque&#241;o arroyo; de ese modo, fui ganando confianza y el hambre fue estimulando el paso, haci&#233;ndome olvidar de las precauciones. En realidad, no ten&#237;a idea de d&#243;nde estaba pero como manten&#237;a la sensaci&#243;n de descender, seguro que as&#237; llego a la carretera y alg&#250;n coche me recoger&#225; para llevarme a la ciudad, pens&#233;. Paulatinamente, mis pies se trababan con arbustos, ramas me daban en el rostro o una rodilla se golpeaba con alg&#250;n tronco.

 &lt;P align=justify&gt;De pronto, mi improvisado bast&#243;n no encontr&#243; apoyo y, al no soltarlo, me arrastr&#243; detr&#225;s de &#233;l; sent&#237; como ca&#237;a, hasta golpearme de lado contra algo sobre lo que rod&#233;, a pesar de que arbustos y piedras quer&#237;an detenerme.

 &lt;P align=justify&gt;Nunca sabr&#233; cuanto dur&#243; mi avalancha. En medio de la oscuridad y sintiendo como mi cuerpo era golpeado y lastimado, eso me pareci&#243; eterno. Pero, tan s&#250;bitamente como hab&#237;a comenzado, acab&#243;: qued&#233; tendido de espaldas y mis manos pudieron advertir la alfombra de hierba mojada sobre la que hab&#237;a quedado tumbado. No tuve voluntad de incorporarme y, ahora, mirando al vac&#237;o a trav&#233;s de la ventanilla, puedo recordar como cerr&#233; los ojos deseando dormir para despertarme en mi cama, pretendiendo con ello que esa pesadilla quedase atr&#225;s.

 &lt;P align=justify&gt;El ruido del tr&#225;fico me secuestra del recuerdo, del mismo modo que aquella noche algo m&#225;s suave y sin sacudirme, me devolvi&#243; lentamente a la realidad de mi desventura. Pod&#237;a o&#237;r una respiraci&#243;n, olfate&#225;ndome, que se acercaba muy despacio hacia mi cara. Sent&#237; miedo porque aquello no me pareci&#243; humano y vaya a saber que alima&#241;a nocturna comenzaba a reconocerme como una presa. Sent&#237; un sudor muy fr&#237;o en mi cuerpo. Sin embargo, el temor fue cediendo al advertir que aquella presencia sin identificar estaba tratando de saber qu&#233; era lo que hab&#237;a encontrado. No s&#233; como se me ocurri&#243; levantar una mano para tantear a mi invisible vecino; mientras, mis ojos se acostumbraban a la oscuridad que contrastaba con los retazos de luz de luna que se escurr&#237;a por entre los &#225;rboles.
&lt;/FONT&gt;

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