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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/117_1726_rec_60pct.jpg"&gt;&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;En un d&#237;a como hoy, siendo ni&#241;o, era imposible convencerme de que el motivo de que fuese festivo no era mi cumplea&#241;os. Ni los regalos ablandaban mi enojoso empecinamiento. M&#225;s crecido, comprend&#237; la verdadera efem&#233;rides aunque, tambi&#233;n con el tiempo, s&#243;lo he conseguido frustrarme ideol&#243;gicamente al respecto.

 &lt;P align=justify&gt;Por eso hoy, ante la reiteraci&#243;n de la fecha, quiero dejar atr&#225;s ambas cosas: el desenga&#241;o emocional del ni&#241;o que se consideraba el centro del mundo y la decepci&#243;n de las convicciones que han visto como se ha mancillado el recuerdo de tanta lucha por la igualdad y la justicia.

 &lt;P align=justify&gt;Para hacer en parte realidad aquellos sue&#241;os, especialmente los infantiles, voy a valerme de este medio para darle forma a la ilusi&#243;n de la ni&#241;ez, fascinante por su espontaneidad y limpieza de sentimientos.

 &lt;P align=justify&gt;En aquella &#233;poca, surge, con toda su pureza, el amor como un fascinante embrujo que no entendemos, proveniente de alguien que nos lo induce: una ni&#241;a, una vecina que nos cuida, una maestra, estableci&#233;ndose un v&#237;nculo inexplicable para un ni&#241;o que se traduce en el motivo para comenzar a dibujar &lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;"corazones"&lt;/EM&gt; &lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;en el pupitre o escribir &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;"te quiero"&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt; en alguna pared del barrio. Es tan grande la euforia por lo que sentimos, que no dudamos en&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;"dec&#237;rselo a todo el mundo",&lt;/EM&gt; &lt;/STRONG&gt;sin temor al rid&#237;culo, due&#241;os de un poder que nos da alas.

 &lt;P align=justify&gt;Emulando al ni&#241;o que fui &lt;EM&gt;(pero que sigue vivo dentro de m&#237;), &lt;/EM&gt;me voy a valer de esta tecnolog&#237;a para expresar con la misma entrega e ilusi&#243;n, lo que siento por mi compa&#241;era, la verdadera, la definitiva; por lo tanto, la eterna.

 &lt;P align=justify&gt;Ella ha realizado, entre otros, el milagro de que mi cumplea&#241;os no quede enmarcado a un solo d&#237;a. Ella, Irene, es el regalo de la vida que me devuelve la alegr&#237;a infantil por una jornada especial, haci&#233;ndola trascender a todos los d&#237;as desde que la conozco. Podr&#237;a agregar mucho m&#225;s pero eso lo dejo para ma&#241;ana... para pasado ma&#241;ana... y ser&#225; entre ella y yo.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El regalo</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/Sin_asunto.png"&gt;&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Ya lleva un buen rato el cuerpo pidi&#233;ndole salir de la cama. Resiste pero no tiene voluntad para contradecirle. Hubiese preferido permanecer como antes de despertar: inerte, inmune a esa sensaci&#243;n de sentirse inerme. Por eso se inquieta, algo le est&#225; asediando. No puede reconocerlo, desconoce por qu&#233; le persigue.

 &lt;P align=justify&gt;Finalmente, obedece a aquel mandato. Va hacia el ba&#241;o y se lava la cara. Tampoco entiende por qu&#233; lo hace: odia esa bofetada fr&#237;a en el rostro; r&#225;pidamente, levanta la cabeza para escurrirse de esa h&#250;meda sacudida de la realidad. As&#237; es como tropieza consigo mismo que se sorprende al verle desde el espejo. Baja la mirada, no puede sostenerla ante esos ojos huecos, desnudos. Nunca es f&#225;cil ver el propio abismo.

 &lt;P align=justify&gt;Pero tambi&#233;n se defiende: tampoco tienen derecho a mirarle de ese modo. No hay nada peor que sentir la propia compa&#241;&#237;a como algo insoportable. No advierte que le perturba ser incapaz de disfrutar la oportunidad inmanente de estar bien... de ser.

 &lt;P align=justify&gt;Vuelve tras sus pasos. No habr&#225; desayuno, s&#243;lo se atiborrar&#225; con el techo de un dormitorio pintado por la matinal bruma esclarecida de la noche que, inevitablemente, se derrumbar&#225; en la hondura de la siguiente. Es un d&#237;a sin tiempo, de niebla donde vagan ausencias, p&#233;rdidas, desencuentros, deshojados recuerdos de otros d&#237;as, luminosos unos, de borrascas otros.

 &lt;P align=justify&gt;Se traiciona y sucumbe ante el rito de invocar. Errantes, las s&#250;plicas se vuelven mudos gritos disueltos en la inmensidad del oc&#233;ano de la memoria. Insiste: reclama por aquellas jornadas que ha disfrutado, conjura el exilio definitivo de las tempestades que ha provocado.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Por qu&#233; recuerdo todo esto?- se dice atado a un rinc&#243;n de la habitaci&#243;n. Desde aqu&#233;l v&#233;rtice, ve como va asomando un universo lejano: el terru&#241;o a&#241;orado del que todos provenimos, donde se gesta un futuro que s&#243;lo servir&#225; para tener un momento como hoy, un instante de nuestro tiempo gastado en pretender volver a &#233;l, a la infancia, &#233;poca en que los sue&#241;os no se adelantan, se viven a la par que acontece el presente.

 &lt;P align=justify&gt;Su mirada vuelve atr&#225;s, a aquel impreciso d&#237;a cuando comenz&#243; a construir el ma&#241;ana, sin imaginar que estaba dejando de ser ni&#241;o. As&#237; inici&#243; su partida de esa aldea natal a la que nunca volver&#237;a. Por eso, ahora, su coraz&#243;n se desgarra para cambiar el rumbo; atropelladamente, intenta ese retorno para recuperar aquel reino que dispuso a su aparente antojo y que s&#243;lo le ha valido para ser esclavo de su recuerdo.

 &lt;P align=justify&gt;-Nada es como pens&#233; que fuese- se reprocha... y se equivoca. Todo cuanto es de adulto se parece a lo que fue antes de serlo. Aquello que tiene o que ha desperdiciado es porque aquel ni&#241;o, un segundo antes de ponerse a pensar en c&#243;mo ser&#237;a cuando dejase atr&#225;s la infancia, muy probablemente, hubiese actuado de la misma manera que &#233;l, ya crecido. Sus motivos siguen siendo los mismos; cambian las circunstancias, los medios. Los aciertos se repiten, los errores se parecen. -Todos corremos detr&#225;s de lo que necesitamos y escapamos de lo que nos asusta- murmura en silencio.

 &lt;P align=justify&gt;-Sigo teniendo ese derecho-se consuela susurrante-: a intentar. Pero ahora, protagonista voluntario de sus actos, nada le exime de corregir lo que ha errado. Lo sabe, no hace falta que nadie se lo diga. Cu&#225;n duro le resulta ser sometido al propio juicio de las decisiones fallidas, de los da&#241;os provocados, m&#225;s cuando a&#250;n alberga la sombra de un ni&#241;o desterrado de su patria original empujado por hechos de los que no ha sido due&#241;o.

 &lt;P align=justify&gt;Siente fr&#237;o. La destemplanza del paisaje gris se ha metido en su cuerpo. Es un antiguo roc&#237;o que amortaja su alma. Le ha invadido el remordimiento de los errores, de aquellos que el ni&#241;o no hubiese cometido sino hubiese sido un cachorro desprotegido que se acercaba a su indiferente due&#241;o, no por el aspecto sino buscando su gesto.

 &lt;P align=justify&gt;Cierra los ojos como si quisiera con los p&#225;rpados borrar las im&#225;genes de las carencias y las equivocaciones; implorando que su bajar y subir sea una m&#225;gica caricia que devuelva con su paso los colores a los grises, la sonrisa a los llantos derramados, el tacto de los abrazos lejanos... las alas al esp&#237;ritu quebrado.

 &lt;P align=justify&gt;Siente un trago inverso en la garganta. Algo quiere salir y no puede: un grito rec&#243;ndito de sentimientos ahogados. Se le ensancha la mirada buscando una l&#225;grima que no encuentra. La pena se convierte en un cerco del que no puede escapar. Se revuelve, gime. Dolorosamente, el hombre ha vuelto a ser ni&#241;o. Ha recuperado, al menos, su identidad aunque no pise su suelo. Su aliento agitado trata de atrapar el aire que le tranquilice. L&#225;nguidamente, su congoja suspira. -Todos han pasado, pasan y pasar&#225;n por esto- arbitra.

 &lt;P align=justify&gt;La calma seduce a la tormenta. Cabizbajo, se sienta en el borde de la cama. La ventana no dibuja nada, excepto un fantasma que flota afuera.

 &lt;P align=justify&gt;-No quiero verme as&#237;, perdido- pronuncia ante su reflejo. Ya no soy un ni&#241;o-admite-, todo el mundo se equivoca... &#8211;se consiente arrepentido-; si puedo flotar en esta niebla, tambi&#233;n puedo salir de ella. No quiero sentirme as&#237;, ni tan bueno ni tan malo... soy como cualquiera, con derecho a la misma cuota de cari&#241;o y capaz de pagar por ella con lo que llevo dentro... yo tambi&#233;n valgo...

 &lt;P align=justify&gt;Se acerca a la ventana y apoya la mano en el cristal donde se ha hundido su fantasma, retornando al mundo que lo ha creado. Sus dedos sienten el fr&#237;o de fuera. Una se&#241;al que contrasta con el calor de su vida.

 &lt;P align=justify&gt;La bruma de dentro se disuelve. Se da la vuelta y se sienta frente a una mesa. Vuelve a mirar hacia la ventana. La luz gris permanece y no cambiar&#225; hasta que anochezca. Eso ya no le inquieta. Le es suficiente con que sea su alma quien se despeja. Entonces, escribe:

&lt;I&gt; &lt;P align=justify&gt;PARA: A todo cuanto tengo y quiero

 &lt;P align=justify&gt;ASUNTO: ...sin asunto...

&lt;/I&gt; &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;Y retorna a s&#237; mismo, satisfecho de su encuentro... con lo que es, no con lo que deber&#237;a haber sido.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>Sin asunto</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Pudo escuchar como su compa&#241;ero se dej&#243; caer resoplando en la cama. Se dormir&#237;a r&#225;pido. No es su caso, no est&#225; nervioso, la excitaci&#243;n tiene otro origen. Se reclina en la cabecera de la cama y deja la luz encendida. En realidad, quiere permanecer despierto... quiere disfrutar lo que esta sintiendo.

 &lt;P align=justify&gt;-En la pr&#243;xima reuni&#243;n, me escuchar&#225;n. Ser&#233; consultado. Nada se har&#225; sin mi opini&#243;n-no deja de pensar.

 &lt;P align=justify&gt;Todo hab&#237;a estado programado desde hacia tiempo pero, dadas las circunstancias, era muy arriesgado. Tanto que no ten&#237;a fecha de ejecuci&#243;n, porque de eso se trataba, de ejecutar a alguien en nombre de una vieja reivindicaci&#243;n, tan vieja que sus motivos se diluyen enmara&#241;ados en una historia tergiversada por el tiempo, semejante a una leyenda terror&#237;fica que ya no se cuenta a los ni&#241;os y que su verdadero horror est&#225; en su pretendida vigencia impuesta por la fuerza, alentando una lucha insensata cuya &#250;nica y justa soluci&#243;n es el entendimiento proveniente del di&#225;logo entre las partes enfrentadas en ese conflicto que zozobra en unos reclamos desorientados. "Cosa de enclenques que se creen sabios, no hay mejor parlamento que aquel surgido de la acci&#243;n armada", esa es la opini&#243;n de los que revitalizan su empresa con la barbarie y que con ese insensato argumento pretenden revalidar un asesinato como una ejecuci&#243;n de castigo.

 &lt;P align=justify&gt;Pero &#233;l ni siquiera necesita estar de acuerdo con esto; simplemente, se comporta fiel a sus impulsos que le garantizaban su supervivencia. No es la coincidencia con los dem&#225;s lo que alimenta su fortaleza, &#233;sta proviene de su propia convicci&#243;n. Creci&#243; a pu&#241;etazos para ganarse un lugar en este mundo, hab&#237;a conseguido sobresalir no por capacidad sino por la temeraria frialdad para actuar en contra de cualquiera, aunque le fuese conocido. Esas cualidades le llevaron a aliarse con quienes hacen de la violencia una doctrina, una manera de interpretar la vida para dar rienda suelta a la nefasta bestialidad que llevan dentro, &#250;nico modo que conocen para expresarse, para sentirse seguros, conformes consigo mismos. Ellos le hab&#237;an buscado, los de la doctrina, los de la historia.

 &lt;P align=justify&gt;Se encuentra muy c&#243;modo as&#237;. De este modo, cree haber encontrado la raz&#243;n de su insensible vida. Poco que le interesan las ideas. &#8211;Lo que importa, es lo que puedes conseguir por ti mismo, con los medios que sean- ese es su lema, aprendido al rechazar todo sometimiento a la tolerancia y el respeto.

 &lt;P align=justify&gt;&#8211;La ley est&#225; en el poder que uno tiene- recit&#243;, absolutamente convencido, sonriendo con la mirada v&#237;vidamente fijada en un rinc&#243;n del techo. Se estaba felicitando por lo que hizo y de lo que ser&#237;a capaz de hacer. &#8211;No cualquiera sabe sacar provecho de esto- se dijo, mientras acariciaba la pistola que reposaba entre sus manos. -Vendr&#225; bien la fiesta de Manuel-imagin&#243; y se puso a especular sobre las ventajas que ahora dispondr&#237;a.

 &lt;P align=justify&gt;Pero unos fuertes golpes en la puerta le interrumpen. Empu&#241;a el arma. La habitaci&#243;n no tiene ninguna ventana. Mal asunto. Se siente atrapado pero no se amedrenta. Sale vociferando, apuntando hacia delante. No piensa, s&#243;lo act&#250;a. Cualquier animal acorralado har&#237;a lo mismo: mostrar los dientes... empu&#241;ar la pistola. Los golpes aumentan, ensordecen sus gritos, le rodean, le enceguecen, le amordazan...los golpes no cesan... s&#243;lo hay golpes...

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;Roberto se sacudi&#243; hasta quedar sentado en la cama. All&#237; tambi&#233;n resonaban unos golpes. La habitaci&#243;n estaba tenuemente iluminada. Las rendijas de la persiana semicerrada dejaban colar la luz de la ma&#241;ana. De repente, el vecino dej&#243; de martillar. Lo &#250;nico que escuchaba era el viejo reloj encargado de recordarle cada ma&#241;ana que debe ir a trabajar. Respir&#243; para cerciorarse de donde estaba. Su mirada se detuvo en un peque&#241;o bloc de papel que hab&#237;a dejado sobre la mesa antes de dormir.

 &lt;P align=justify&gt;-No pens&#233; que lo tendr&#237;a que usar tan r&#225;pido- se dijo. En la cubierta de cart&#243;n plastificado hab&#237;a escrito: "Apuntes para terapia". Hab&#237;a decidido hacerle caso a su psic&#243;logo respecto a tomar notas de lo que so&#241;ase inmediatamente al despertarse, especialmente para no olvidar los detalles de esos animales fant&#225;sticos o de los mundos existentes en sus sue&#241;os que recorr&#237;a en bicicleta.

 &lt;P align=justify&gt;&#8211;Influencia de los videojuegos- le hab&#237;a dicho el psic&#243;logo pero &#233;l se distra&#237;a m&#225;s con pel&#237;culas. Ten&#237;a reconocida la extra&#241;eza de sus sue&#241;os, por eso acept&#243; finalmente la recomendaci&#243;n de apuntar todo lo que recordase de esos encuentros y aquellos viajes. Pero esta vez hab&#237;a sido muy distinto. &#8211;Demasiado real- pens&#243; Roberto y reiter&#243;: -Lamentablemente real...

 &lt;P align=justify&gt;Se acomod&#243; colocando como respaldo las dos almohadas que usaba habitualmente para dormir y abriendo el bloc, con l&#225;piz en mano, se dispuso a describir su &#250;ltimo sue&#241;o. &#8211;No volver&#233; a dormirme pensando en las noticias del d&#237;a- se reproch&#243; silenciosamente-, pero, &#191;qui&#233;n puede dejar de hacerlo cuando se asesina en nombre de la libertad?

 &lt;P align=justify&gt;Mientras escrib&#237;a, advirti&#243; que no se sent&#237;a molesto consigo mismo por haber entorpecido su descanso de esa manera. Seguramente, no hab&#237;a sido el &#250;nico que se hab&#237;a dormido pensando en que una persona como &#233;l, como tantas, con amigos, familia, proyectos ahora inexistentes, fue arrebatada salvajemente de la vida por algunos que pregonan prepotentemente la defensa de una sinraz&#243;n que justifica un invento al que llaman patria, de una raza imaginaria que les enaltece, de una bandera y de una lengua que les distingue atribuy&#233;ndoles una orgullosa superioridad, todas supuestas diferencias que les encumbran y les autorizan a actuar de modo tan salvaje por esas causas irremediablemente p&#233;rdidas en la brutalidad de su irracionalidad.

&lt;/FONT&gt;





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    <title>Apuntes para terapia/ 2 de 2</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;&lt;IMG class=imgdcha id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/ApuntesParaTerapia.jpg"&gt;&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;El tercer hombre les esperaba con la puerta abierta. Los dos reci&#233;n llegados entraron r&#225;pidamente. Antes de que pudiesen decir algo, el anfitri&#243;n salud&#243;: - Para los vecinos soy Manuel.

 &lt;P align=justify&gt;- Hola, Manuel- fue la doble respuesta hecha casi al un&#237;sono pero las miradas fueron m&#225;s elocuentes. Ojos que se mov&#237;an en todas las direcciones, buscando sombras, destellos de otras miradas que les pudiesen seguir. La puerta que sujetaba Manuel, se cerr&#243; tras ellos. El primero en entrar fue directamente hacia la &#250;nica ventana que daba a la calle. No buscaba nada propio. El coche que les hab&#237;a llevado, estaba estacionado a 10 minutos de all&#237;. No importaba, si ten&#237;an necesidad de uno, usar&#237;an el de Manuel.

 &lt;P align=justify&gt;El segundo hombre no sent&#237;a curiosidad por nada. Estaba visiblemente cansado. Era el que hab&#237;a conducido todo un viaje que no fue especialmente largo pero s&#237; muy tenso. Escapar siempre es as&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Manuel les indic&#243; las habitaciones para dormir. Sin m&#225;s explicaciones, dedujeron donde estaba el ba&#241;o y la cocina. En la sala, poco hab&#237;a: una mesa con tres sillas, un televisor apagado en el suelo adosado a un rinc&#243;n y un amplio sof&#225; con una mesa donde se amontaban sin ning&#250;n orden mapas, tres libros y unos textos fotocopiados encuadernados muy sencillamente.

 &lt;P align=justify&gt;Los hu&#233;spedes llegaron sin equipaje. De lo que pudiesen necesitar ya se hab&#237;a encargado Manuel, adem&#225;s de alojarlos, obviamente. Se quitaron los abrigos y dejaron relucir parte del metal de las armas que llevaban pegadas al cuerpo. De eso no se desprendieron. Al due&#241;o de casa no le sorprendi&#243;. &#201;l tambi&#233;n ten&#237;a una similar debajo de la gruesa camisa abierta que la disimulaba. Al ver que sus nuevos compa&#241;eros se sentaban, les dijo que en la cocina hab&#237;a comida.

 &lt;P align=justify&gt;&#8211;Trae algo de beber- dijo el que parec&#237;a m&#225;s expectante-, hay que celebrar el &#233;xito. El que mejor conoc&#237;a la casa, actu&#243; sin cuestionar. Volvi&#243; y respondi&#243;: -Este es un buen licor de la tierra, de la nuestra. La aclaraci&#243;n estaba fuertemente recalcada por el idioma que empleaban. No era una jerga del oficio, el lenguaje identificaba el origen de los tres, como otros detalles que, aparte de las armas, les vinculaba al motivo por el que estaban all&#237;: formaban parte de un grupo con una tarea muy especial, muy meritoria para ellos, dignidad quebrada por la presencia insensata de las pistolas, absurda burla a la justificaci&#243;n de sus intenciones.

 &lt;P align=justify&gt;El que parec&#237;a so&#241;oliento, se&#241;al&#243;: -Vendr&#225; bien para descansar-.

 &lt;P align=justify&gt;-Sin pasarse- apunt&#243; Manuel. Duerman un rato, yo vigilar&#233;. Sirvi&#243; el licor, reparti&#243; los vasos y agreg&#243;: -Va por ustedes y ahora, por m&#237; tambi&#233;n. Salud.

 &lt;P align=justify&gt;- Salud- replicaron los otros y los tres apuraron el trago. A pesar del &#250;nico sorbo, supieron reconocer su calidad. El aguardiente era bueno, no quem&#243; sus entra&#241;as, otra cosa ard&#237;a dentro de ellos. &#8211;Una m&#225;s y la &#250;ltima- fue lo dicho silenciosamente al arrimar los vasos vacios a Manuel. &#201;ste no se neg&#243; a la petici&#243;n.

 &lt;P align=justify&gt;-Aqu&#237; estamos seguros-explic&#243;. Llevo varios meses organizando juergas cada 3 o 4 d&#237;as y los vecinos est&#225;n acostumbrados a ver gente extra&#241;a que luego desaparece. Ustedes no les van a sorprender. Anteayer hubo una y ma&#241;ana tendremos otra. Se quejar&#225;n un poco del ruido pero como es s&#225;bado, nadie les har&#225; caso.

 &lt;P align=justify&gt;Los otros, que esta vez paladearon la bebida, asintieron conformes. Si bien estaban preocupados, esa sensaci&#243;n ya no les molestaba, formaba parte de ellos, les manten&#237;a en alerta constantemente. &#8211;Para no perder de vista la meta- como sol&#237;an decirse los tres que hac&#237;an de su trabajo una labor de 24 horas.

 &lt;P align=justify&gt;&#8211;La meta lo justifica todo- comentaban m&#225;s de una vez para darse &#225;nimos. Y eso era lo que hab&#237;a estado alegando interiormente, durante todo el viaje, el que no se manten&#237;a quieto. Lo hac&#237;a sin brusquedad: se levantaba, volv&#237;a a sentarse, otra vez se incorporaba. Sencillamente, no pod&#237;a permanecer inm&#243;vil. Probablemente, porque gracias a lo que hab&#237;a hecho, alguien ya no se mover&#237;a nunca m&#225;s. &#201;l era el autor del suceso que obligaba a los tres a estar all&#237;, bajo las condiciones de un juego macabro e indigno.

 &lt;P align=justify&gt;Manuel advirti&#243; su turbaci&#243;n. &#201;l ya hab&#237;a pasado por eso en situaciones similares pero que no hab&#237;an llegado al extremo de enfrentarse al objetivo. &#8211;Piensa demasiado- dec&#237;an los jefes, por eso, le encomendaron que se encargase de que no faltase nada para apoyar a sus otros dos compa&#241;eros. As&#237;, acostumbrado a la organizaci&#243;n y la previsi&#243;n, reiter&#243;: -Descansen, yo vigilo.

 &lt;P align=justify&gt;Entre todos, intercambiaron un abrazo de camarader&#237;a, fraternidad que s&#243;lo ellos entend&#237;an. Fuera de esas paredes, nadie les regalar&#237;a un gesto similar si supiesen lo que encubr&#237;an esas juergas y menos a&#250;n despu&#233;s de lo ocurrido. Manuel qued&#243; en la sala y el resto se meti&#243; cada uno en una habitaci&#243;n.

 &lt;P align=justify&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;



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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Despert&#243; sin sobresalto pero con una sorpresa: un p&#225;jaro canturreaba algo incomprensible detr&#225;s de la cortina. Esta vez con tranquilidad, la corri&#243; sin temor. Sab&#237;a lo que encontrar&#237;a: la nieve que el fr&#237;o proteg&#237;a y al &#225;rbol, con su esqueleto de brazos abiertos; en uno, un p&#225;jaro posado, en otro una hoja aferrada. La joven ri&#243; y dio un jubiloso giro sobre s&#237; misma. Pero unos pasos en la escalera, interrumpieron su euforia. &#8211;Es mi amigo pintor- pronunci&#243; interiormente. Corri&#243; hasta la puerta y al abrirla se encontr&#243; con la se&#241;ora encargada de la limpieza, quien le mir&#243; con tanta sorpresa como la de ella al no encontrar al anciano.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Qu&#233; hace Ud. aqu&#237;?- dijo la joven decepcionada por no hallar lo que buscaba.

 &lt;P align=justify&gt;La mujer le mir&#243; comprensivamente porque sab&#237;a de su enfermedad y se limit&#243; a responder amablemente: -Se&#241;orita, Ud. bien lo sabe... Y tenga buen d&#237;a- finaliz&#243; para proseguir con su labor.

 &lt;P align=justify&gt;Pero la desilusi&#243;n volvi&#243; a interrogar: -&#191;Y el pintor, por qu&#233; no est&#225; aqu&#237;?

 &lt;P align=justify&gt;La limpiadora pacientemente abandon&#243; sus trastos, se acerc&#243; a la joven y mir&#225;ndole con dulzura le cont&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-El pintor muri&#243; ayer. Le encontraron recostado junto a la puerta de su habitaci&#243;n, al borde de la escalera. Fue muy extra&#241;o, estaba muy fr&#237;o. En los bolsillos de su abrigo sobresal&#237;an unos pinceles y algunos tubos de pintura. Sin embargo, su rostro estaba en paz, casi con una sonrisa.

 &lt;P align=justify&gt;La joven, sorprendida y apesadumbrada a la vez, agradeci&#243; la explicaci&#243;n con un gesto y regres&#243; a su habitaci&#243;n. Al cerrar la puerta, qued&#243; enfrentando la ventana. Repentinamente, se llev&#243; las manos a la boca para sofocar un grito. Acababa de descubrir lo ocurrido: afuera, la g&#233;lida brisa mov&#237;a las delgadas ramas del &#225;rbol. S&#243;lo la hoja permanec&#237;a impasible. Era la &#250;ltima obra del viejo pintor.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;S&#243;lo he querido acercaros esta versi&#243;n respetuosamente adaptada por m&#237; de un cuento de O. Henry, seud&#243;nimo de William Sydney Porter, un maestro de los relatos breves. Tanto como si lo conocieseis o no, me ha parecido oportuno que lo disfrutaseis, por su referencia simb&#243;lica a la solidaridad humana, representada, en este caso, por un vecino pero que bien podr&#237;a ser a trav&#233;s de un amigo, un compa&#241;ero de trabajo. Que sirva esta historia para recordarnos c&#243;mo somos, qui&#233;nes nos rodean, la necesidad afectiva que tenemos y el valor que posee el disponer de esas personas.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El vecino/3 de 3</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Una vez m&#225;s la luz disolvi&#243; la oscuridad, aunque nadie lo advirti&#243; hasta que los fantasmas del temporal fueron reemplazados por un ir y venir de pasos en la escalera y el aullido urgente de una ambulancia que se apag&#243; precisamente en el portal del edificio. La joven de la planta baja se despert&#243; sin reparar en la ausencia de su tos. Estaba m&#225;s atenta al traqueteo de la escalera y al veh&#237;culo que manten&#237;a su motor en marcha afuera. De pronto, record&#243; la hoja, la &#250;nica que quedaba ayer por la tarde. Su gesto cambi&#243; tan r&#225;pido como cuando la niebla se adue&#241;a de una monta&#241;a. Su incertidumbre ya no era por lo pasaba detr&#225;s de la puerta de su habitaci&#243;n: estaba depositada en aquello que podr&#237;a encontrar del otro lado de la ventana. Mejor dicho, en aquello que no podr&#237;a encontrar.

 &lt;P align=justify&gt;Sali&#243; de la cama, se cubri&#243; con una manta y se enfrent&#243; a la cortina desplegada. Se aferr&#243; a ella con una mano sin deslizarla; estaba m&#225;s cerca del ruego que de la duda. Bruscamente, apart&#243; el burdo tel&#243;n y qued&#243; enceguecida por la transparente luz de la ma&#241;ana reflejada en la nieve amontonada junto a su ventanal, cubriendo el callej&#243;n que la separaba del &#225;rbol desnudo, casi pegado al pared&#243;n vecino. A pesar del deslumbramiento, sus ojos no parpadearon. A medida que el velo luminoso fue desvaneci&#233;ndose, la escena fue cada vez m&#225;s evidente: all&#237; estaba el raqu&#237;tico &#225;rbol. S&#243;lo compet&#237;a con el di&#225;fano d&#237;a el brillo dorado de la hoja que no hab&#237;a claudicado ante la tormenta. La joven exhal&#243; un breve gemido de alivio que se convirti&#243; en una sonrisa. Pero una sombra se le antepuso: -Pronto caer&#225;- pens&#243; amargamente y volvi&#243; a acostarse.

 &lt;P align=justify&gt;Pas&#243; el d&#237;a atendiendo hipn&#243;ticamente a la persistente hoja. Si la debilidad le venc&#237;a, despertaba s&#250;bitamente para calmarse al encontrarse con la fiel compa&#241;&#237;a de esa frugal vecina. Por la tarde, sin abandonar su vigilancia, record&#243; al vecino pintor y, s&#243;lo por un momento, instintivamente, su mirada busc&#243; el taz&#243;n de caldo que le hab&#237;a dejado. Sent&#237;a hambre. Lo calent&#243; y bebi&#243; lentamente para no perder de vista a la hoja. Poco a poco, fue sinti&#233;ndose reconfortada. Hacia tiempo que esa sensaci&#243;n no era suya. Nuevamente su pensamiento pregunt&#243; por el anciano de arriba. Con esa nueva incertidumbre, advirti&#243; como ya casi no quedaba luz fuera. La hoja que se aferraba a la vida era casi invisible. La tap&#243; con la cortina y reconoci&#243; que, a pesar de su nefasto presagio, se sent&#237;a mejor, con deseos de descansar, de alejarse de ese pron&#243;stico adverso. Finalmente, se durmi&#243; apaciblemente despu&#233;s de festejar esa fr&#237;a pero luminosa Navidad con un taz&#243;n de buen caldo y la compa&#241;&#237;a de una resplandeciente hoja dorada.

&lt;/FONT&gt;

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    <title>El vecino/2 de 3</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;&lt;IMG class=imgdcha id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/croniteca/103626_ElVecino_200x300.jpg"&gt;Entr&#243; en la habitaci&#243;n que era toda su casa muy despacio, como si no quisiera importunar al vac&#237;o. Pero su buena voluntad pretend&#237;a no aumentar las quejas con que sus viejos huesos le azotaban por dentro, amotinados por el fr&#237;o del d&#237;a.

 &lt;P align=justify&gt;Apoy&#243; los cuadros sin enmarcar y le cost&#243; convencer a sus manos para que desarticularan su congelada postura, al menos lo suficiente como para soltarlos. A pesar de todo, acert&#243; a cerrar la puerta, m&#225;s por costumbre que para evitar la entrada del fr&#237;o. Era igual, su cuerpo no notaba la diferencia entre el g&#233;lido gris de afuera y la penumbra de dentro.

 &lt;P align=justify&gt;Camin&#243; deslizando los pies muy suavemente, sin ning&#250;n ruido. Era su forma m&#225;s &#225;gil de llegar hasta el hornillo donde descansaba el resto de un caldo que le promet&#237;a aliviar el hielo que se hab&#237;a enquistado en su cuerpo. Sin embargo, su &#225;nimo permanec&#237;a tibio.

 &lt;P align=justify&gt;-Cuando pase el temporal, algo se vender&#225;- se dijo mientras remov&#237;a el caldo que, con su aroma, hinchaba su entusiasmo. Los c&#237;rculos de la cuchara no le ayudaron a recordar cuando fue la &#250;ltima vez que una persona se interes&#243; por los cuadros que le acompa&#241;aban desde que hab&#237;a dejado de pintar y que expon&#237;a a diario en la calle, cerca de la habitaci&#243;n que era toda su casa en un viejo edificio de pocos vecinos.

 &lt;P align=justify&gt;Una tos interrumpi&#243; el vaiv&#233;n del utensilio en el caldo.

 &lt;P align=justify&gt;-La chica de abajo est&#225; peor- se&#241;al&#243; para convencer a sus huesos que, ni con el buen olor de la sopa, acallaban su ruinoso descontento.

 &lt;P align=justify&gt;Cuando consigui&#243; que estos dejaran de alborotar y el caldo era s&#243;lo un perfume que convert&#237;a al cuarto en algo habitable, el silencio de su cuerpo sin molestias le permiti&#243; prestar atenci&#243;n al rumor quebradizo de aquella vecina. Sus piernas m&#225;s entonadas le llevaron, ahora sin arrastrar los pies, escaleras abajo. Golpe&#243; amablemente la puerta anunci&#225;ndose con su nombre. La tos ces&#243; y una desgajada voz femenina le respondi&#243; invit&#225;ndole a pasar.

 &lt;P align=justify&gt;La habitaci&#243;n estaba casi a oscuras. Muy despacio se acerc&#243; a la cama donde estaba tendida una joven cuyo mal estado no imped&#237;a opacar su belleza natural. &#8211;La belleza de la juventud- se permiti&#243; pensar por un momento el viejo pintor.

 &lt;P align=justify&gt;-&#191;Puedo sentarme a su lado? &#191;Puedo serle &#250;til? &#191;Necesita algo?

 &lt;P align=justify&gt;La joven le mir&#243; dulcemente. -No se moleste, ya nada puede remediarme.

 &lt;P align=justify&gt;-Nada de eso- solt&#243; el anciano vecino y fingiendo una reprimenda, agreg&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-Tiene esto muy l&#250;gubre. As&#237; su esp&#237;ritu no puede recobrarse.

 &lt;P align=justify&gt;Dejando su silla r&#225;pidamente, probablemente porque los huesos estaban entretenidos con la sustancia del buen caldo, se acerc&#243; a la ventana para correr la cortina que la cubr&#237;a y sentenci&#243;:

 &lt;P align=justify&gt;-Ver&#225; como con un poco m&#225;s de luz se sentir&#225; mejor.

 &lt;P align=justify&gt;Tan pronto como el exterior qued&#243; descubierto, el rostro de la joven empalideci&#243; m&#225;s, como si en vez de luz hubiese entrado un fr&#237;o presagio. S&#243;lo se atrevi&#243; a murmurar: &#8211;F&#237;jese en el &#225;rbol, cuando pierda todas sus hojas, yo tambi&#233;n morir&#233;- murmur&#243;.

 &lt;P align=justify&gt;El pintor sacudi&#243; la tregua de sus huesos, reproch&#225;ndose la idea de iluminar la habitaci&#243;n. -&#191;De d&#243;nde ha sacado eso?- argument&#243;. -El &#225;rbol no morir&#225;, se dormir&#225; hasta primavera, s&#243;lo es eso.

 &lt;P align=justify&gt;-Mi aliento se va con sus hojas secas. Cuando no quede ninguna, me ir&#233; con ellas- insisti&#243;, para luego enmudecer, perdida en la contabilidad que hacia del contenido de las ramas sacudidas por el viento.

 &lt;P align=justify&gt;El viejo pintor no pudo evitar mirar hacia fuera y desear que la ventisca cesara. Se acerc&#243; a la joven, le acarici&#243; la frente y advirti&#243; la fiebre que le angustiaba m&#225;s que el n&#250;mero de hojas supervivientes. Con una sonrisa, le insinu&#243; que probara un taz&#243;n de su caldo, ese que hab&#237;a complacido a su desvencijada osamenta. Su enferma vecina agradeci&#243; y neg&#243; con la mirada. Una tos incipiente desarm&#243; su gesto. El anciano le arrop&#243; y crey&#243; mejor dejarle descansar.

 &lt;P align=justify&gt;-Volver&#233; m&#225;s tarde para servirle el caldo- anunci&#243;, despidi&#233;ndose. Al acercarse a la puerta, mir&#243; hacia la ventana: s&#243;lo quedaba una hoja. Sus ojos buscaron a la joven y not&#243; que ella tambi&#233;n se hab&#237;a fijado en el mismo detalle: s&#243;lo quedaba una hoja. Volvi&#243; para ocultar la escena con la cortina y, entonces, la joven pronunci&#243;: -Es lo mismo, con el vendaval que hay no sobrevivir&#225;, igual que yo-.

 &lt;P align=justify&gt;El envejecido pintor, arrepentido de su decisi&#243;n, fue cubriendo el hueco acristalado mientras observaba como el viento parec&#237;a ponerse en su contra y a favor de tan triste expectativa. S&#250;bitamente, el tamborileo de la nieve sobre el oculto ventanal, acentuaba la determinaci&#243;n del temporal. Efectivamente, la Nochebuena se acercaba estremecedoramente impulsada por la tempestad de nieve. Las rachas de viento se colaban con sus silbidos por los rumorosos rincones del edificio que, en lugar de provocar la vigilia, s&#243;lo acentuaba su escasez: el edificio dorm&#237;a, refugi&#225;ndose, como un caracol en s&#237; mismo, escapando de antiguos temores que intentaban confundirse con el sue&#241;o anticipado de los vecinos, una sorda t&#225;ctica parecida a una liturgia torpe que pretend&#237;a invocar la pronta despedida de esos hu&#233;spedes no deseados, cuya presencia no hab&#237;a manera de evitar. As&#237;, nadie prest&#243; atenci&#243;n a los quejumbrosos huesos del pintor ni al d&#233;bil y constante carraspeo de la joven enferma.

&lt;/FONT&gt;

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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;El peque&#241;o poblado estaba rodeado por fincas muy cuidadas que reflejaban el buen trabajo de sus habitantes. Ahora, mirando por la ventanilla del autob&#250;s, mientras se adentra en la ciudad atravesando esa zona indefinible, mezcla de lo urbano y lo rural, me invade la nostalgia por dejar un mundo que me hizo ver las profundas diferencias existentes con el que estoy acostumbrado a deambular y que me hacen a&#241;orar lo que he dejado atr&#225;s.

 &lt;P align=justify&gt;El recuerdo del encuentro con los lugare&#241;os me produce una leve sonrisa, ya que al atravesar las huertas y los campos donde, a pesar de lo temprano que era, ya estaban trabajando, provoqu&#233; tal efecto que les hizo abandonar sus tareas a causa de mi apariencia. Me dirig&#237; al que estaba m&#225;s pr&#243;ximo a mi senda y salud&#225;ndole con naturalidad, le pregunt&#233; si ten&#237;a que caminar mucho para llegar hasta la carretera que me llevase a la ciudad. Se acerc&#243; y me respondi&#243; con otra pregunta: -&#191;No necesita Ud. otro tipo de ayuda?

 &lt;P align=justify&gt;Me mir&#233;, me apoy&#233; en un cerco para aliviar mi propia carga y le dije: -Bueno, ya que es tan amable, &#191;tendr&#225; algo que me sirva de desayuno?

 &lt;P align=justify&gt;Llam&#243; a otro hombre de nombre Juan y su voz reson&#243; en la hondura donde se asienta el pueblo, en medio de la serran&#237;a. Por supuesto, no s&#243;lo se acerc&#243; Juan sino una media docena m&#225;s de aldeanos, aportando cada uno algo de beber o de comer. Me qued&#233; con lo se parec&#237;a m&#225;s a mi acostumbrada manera de salir del ayuno matinal y, mientras me ocupaba de meterlo en el cuerpo, mi anfitri&#243;n me pregunt&#243; algo que me pareci&#243; escuchar la noche anterior: -&#191;Qu&#233; hace Ud. por aqu&#237;?

 &lt;P align=justify&gt;Esta vez opt&#233; por ser discreto sin salirme de la verdad y respond&#237; abiertamente: -Ayer estaba muy agobiado por mi trabajo y necesitaba un descanso. Me pareci&#243; que lo m&#225;s indicado para ello era dar un paseo y decid&#237; hacerlo por el monte, ya que vivo en la ciudad. Como es la primera vez que lo hago, no calcul&#233; bien el recorrido, se hizo de noche y me perd&#237;. Al amanecer, fue sencillo dar con el pueblo pero no s&#233; como volver a la ciudad desde aqu&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Todos se miraron, c&#243;mplices para juzgar mi torpeza y el paisano llamado Juan dijo alegremente: -Pues tuvo suerte, a juzgar por el estado en que ha llegado. Especialmente porque por all&#237; arriba no hay nadie excepto nosotros cuando es temporada de caza.

 &lt;P align=justify&gt;A&#250;n no s&#233; como pude disimular mi estupor al o&#237;r que en lo alto de la sierra nunca hay nadie. Reaccion&#233;, para desatar mi curiosidad mezclada con el asombro, preguntando: -&#191;C&#243;mo puede ser que nadie ni siquiera pasee por un lugar con tan buen paisaje?

 &lt;P align=justify&gt;El hombre que hab&#237;a llamado a Juan tom&#243; la iniciativa para responder. &#8211;Tenemos la suerte de que aquello s&#243;lo sea un lugar para conejos, zorros y jabal&#237;es, aunque hubo un tiempo que un hombre y su perro acostumbraban a andar por all&#237; los fines de semana.

 &lt;P align=justify&gt;El resto de los vecinos asintieron y Juan, de evidente talante jovial, agreg&#243;: -&#191;A qui&#233;n se le puede ocurrir tener un sabueso en la ciudad? Pues, a ese hombre se le hab&#237;a antojado ese perro, "por lo bonito", como nos explic&#243; la primera vez que lo encontramos, esper&#225;ndolo mientras el animal se desahogaba tras un rastro.

 &lt;P align=justify&gt;-Pero, Juan,- intervino otro de los paisanos &#8211;admitamos que el perro era muy bueno en lo suyo, con ese ladrido que llenaba el monte, aunque el due&#241;o fuese un in&#250;til para emplearlo.

 &lt;P align=justify&gt;Juan sigui&#243; con sus comentarios con m&#225;s respeto. &#8211;Es verdad; lo cierto es que est&#225;bamos todos deseando que el hombre apareciese los domingos de caza para disfrutar del perro.

 &lt;P align=justify&gt;-No crea Ud.- dijo mi primer interlocutor &#8211;que nos re&#237;mos de los que vienen de la ciudad. Nosotros establecimos un acuerdo con aquel hombre: &#233;l paseaba dentro del coto, durante la caser&#237;a, y nosotros nos benefici&#225;bamos de los rastros que el sabueso marcaba. As&#237;, &#233;l disfrutaba mucho de ver a su perro desarrollar su instinto de aquella manera.

 &lt;P align=justify&gt;Todos quedaron callados. Apresur&#233; el fin de la generosa vianda y me atrev&#237; a preguntar: -&#191;Y qu&#233; ha sido de ellos?

 &lt;P align=justify&gt;Uno que no hab&#237;a dicho nada hasta el momento, respondi&#243;: -Hace m&#225;s o menos un a&#241;o, una ma&#241;ana de temporal, nos lo encontramos mientras busc&#225;bamos una vaca perdida y nos dijo que acababa de enterrar a su perro all&#237; arriba. Se despidi&#243; de nosotros porque ya no volver&#237;a m&#225;s, como era habitual hacerlo. Nos se&#241;al&#243; donde estaba la tumba, como si pidiese permiso para dejar al animal muerto all&#237; y no lo hemos vuelto a ver.

 &lt;P align=justify&gt;Juan volvi&#243; a participar animosamente. &#8211;Lo raro fue que esa noche pudimos ver, desde aqu&#237;, una hoguera cercana al lugar donde el perro est&#225; enterrado. Pero es algo que no ha vuelto a ocurrir.

 &lt;P align=justify&gt;Yo no sal&#237;a de mi estupor, mal ocultado al quedarme callado y boquiabierto. Vi&#233;ndome as&#237;, uno de ellos me pregunt&#243;: -&#191;Se encuentra bien?; si quiere, podemos llevarle a la ciudad.

 &lt;P align=justify&gt;A pesar de mi perplejidad, pude responder que no hacia falta y tras recibir las indicaciones necesarias para proseguir, agradec&#237; la amabilidad y me fui caminando hasta la carretera. Al alejarme del caser&#237;o, surgi&#243; espont&#225;neamente una pregunta que hice a viva voz: -&#191;Est&#225;is recogiendo nueces? No fue necesaria escuchar la respuesta ya que sus risas, mezcladas con la frase "...en primavera...", lo dec&#237;an todo. Me escond&#237; entre mis hombros, hasta la parada del autob&#250;s, que casi estuve a punto de perder al hallarme tan cohibido por los comentarios de aquellos hombres.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;Ya estoy dentro de la ciudad y mi viaje pr&#243;ximo a finalizar. Recapacito en c&#243;mo me encontraba al comenzar esta andadura y pienso en la manera de aprovechar esta historia de amistad para recomponer mi relaci&#243;n con mi novia, recuperar a mi enfadado amigo y decirle a mi jefe que no se preocupe que, si me deja trabajar tranquilo, todo estar&#225; listo en fecha.

 &lt;P align=justify&gt;Me preparo para bajar y me sacudo tierra seca de mi maltrecha ropa, deseando que no ocurra lo mismo con todo lo que acaba de suceder. Para asegurarme de ello, me prometo dos cosas: primero, interpretar la vida de otro modo, a trav&#233;s de la riqueza de las relaciones humanas y, segundo, no olvidar la imagen fugaz de aquel perro que me sac&#243; de mi desesperada situaci&#243;n, gui&#225;ndome hasta dar con un hombre que me ha hecho reflexionar sobre lo que somos y quisi&#233;ramos ser.

 &lt;P align=justify&gt;Como despedida, miro por &#250;ltima vez por la ventanilla de mi asiento y trato de percibir entre la gente solitaria quien puede llevar la pena de haber perdido a un amigo semejante al de aquel hombre. He aprendido lo incompleto que puede estar nuestro coraz&#243;n si nunca ha recibido el amor de un perro; incluso, al observar a algunas personas acompa&#241;adas por uno, me doy cuenta que aburrida puede ser la imagen de alguien que no est&#233; acompa&#241;ada por la silueta de uno de estos nobles animales.

 &lt;P align=justify&gt;Mientras recorro el pasillo del autob&#250;s hasta su puerta, tengo el amargo de sabor de una inc&#243;gnita: &#191;cu&#225;l ser&#237;a el nombre del amigo silencioso de aquel extra&#241;o hombre que conoc&#237; tan misteriosamente?

 &lt;P align=justify&gt;El camino hasta mi casa me pone de frente al perfil cercano del monte y me pregunto si, alguna noche, desde aqu&#237;, ser&#233; capaz de ver brillar una hoguera. Para mi consuelo, al menos, tengo la certeza de que all&#237;, dos esp&#237;ritus disfrutan juntos de la libertad.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;Al suavizarse otra vez el camino, vuelvo a mis recuerdos.

 &lt;P align=justify&gt;-Siempre sent&#237; una sana envidia hacia &#233;l- dijo t&#237;midamente -porque ve&#237;a que &#233;l pose&#237;a algo que yo no ten&#237;a: la certeza de saber para que estaba en este mundo, ya que se dedicaba a lo suyo sin dudas; simplemente lo hac&#237;a, sin cuestionamientos, sin importar el esfuerzo, aun con el riesgo de no obtener nada con ello. Su mayor recompensa estaba en el placer de hacerlo.- Mir&#243; hacia la techumbre de los &#225;rboles, ensangrentada por el resplandor del fuego y como si pudiese ver m&#225;s all&#225; de ese tejado de hojas, agreg&#243; reflexivamente: -&#191;Cu&#225;ntos de nosotros podemos tener esa suerte, al menos por una vez, de actuar con la misma convicci&#243;n?

 &lt;P align=justify&gt;Mi silencio en aquel momento fue un t&#225;cito permiso para que siga hablando. Ahora, de vuelta a mi realidad cotidiana, la lucidez que empleo para recordar todos estos detalles es similar al deseo que sent&#237;a por seguir escuch&#225;ndole.

 &lt;P align=justify&gt;El hombre suspir&#243; como si hubiese hallado algo que le produjera alivio. Hizo un gesto como para disculparse por haber despachado discurso tan emotivo y, tras una pausa, continu&#243; haci&#233;ndome part&#237;cipe de sus elucubraciones.

 &lt;P align=justify&gt;-Supongo que Ud. tendr&#225; un amigo que signifique lo que acabo de expresar, a quien reconocerle el m&#233;rito de estar junto a Ud. no s&#243;lo para lo bueno sino tambi&#233;n para lo malo.

 &lt;P align=justify&gt;Manifest&#233; mi acuerdo con un movimiento de cabeza y prosigui&#243;: &#8211;Y en lo malo no s&#243;lo implica ante las circunstancias de la vida, sino ante nuestra imperfecci&#243;n que, en m&#225;s de una ocasi&#243;n, no sabemos ocultar.

 &lt;P align=justify&gt;Volv&#237; a reconocerle la exactitud de sus palabras con una sonrisa, demostr&#225;ndole adem&#225;s, cu&#225;n a gusto estaba con la conversaci&#243;n.

 &lt;P align=justify&gt;Sin embargo, aquel hombre se sent&#243;, como para anticipar su ep&#237;logo; sus ojos hab&#237;an salido de aquella niebla emocional y me dijo: -Tendr&#225; que perdonar que haya pensado en voz alta pero intuyo, por lo que pudo haberle tra&#237;do hasta aqu&#237;, que sabr&#225; interpretar la huella que me ha dejado la compa&#241;&#237;a de mi amigo y que, espero, pueda servirle para sentirse mejor. Pero eso ser&#225; a partir de ma&#241;ana; a&#250;n queda bastante fuego y podremos descansar aqu&#237; hasta que amanezca.

 &lt;P align=justify&gt;-Gracias- le respond&#237;. -Sus palabras me han hecho olvidar los sinsabores de mi paseo.

 &lt;P align=justify&gt;Nos recostamos sobre la hierba y antes de desearnos un buen descanso, me dijo: &#191;Sabe?, todo esto que mi amigo me ense&#241;&#243;, lo hizo sin decirme una palabra, s&#243;lo con su ejemplo.

 &lt;P align=justify&gt;Call&#243; y descubr&#237; algo m&#225;s: qu&#233; placentero resulta dormirse mirando el fuego.

 &lt;P align=justify&gt;

 &lt;P align=justify&gt;El autob&#250;s frena bruscamente y la maniobra me sacude igual que al despertarme el bullicio de la ma&#241;ana primaveral amaneciendo, cargada del aroma h&#250;medo del aire. Al recuperar la marcha lentamente, me acuerdo como me invadi&#243; el asombro al encontrarme solo en aquel claro del bosque, semicubierto por hojas secas que me protegieron del roc&#237;o y sin rastros de aquel hombre. Pero lo que m&#225;s me dej&#243; perplejo fue ver que la reconfortante hoguera no era un rescoldo agonizante sino un f&#243;sil con mucho tiempo de abandono.

 &lt;P align=justify&gt;Desde aquel lugar pude ver una peque&#241;a aldea y el camino que me llevaba a ella. Comenzaba a cumplirse el dictamen de mi acompa&#241;ante nocturno que vaticin&#243; como, al d&#237;a siguiente, ver&#237;a todo distinto.

 &lt;P align=justify&gt;Me levant&#233; dolorido, sin distinguir entre los golpes o la incomodidad de haber dormido tendido sobre el terreno. Me dirig&#237;, entonces, hacia el caser&#237;o sumido en el mayor desconcierto de mi vida.

&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>El amigo silencioso/4 de 5</title>
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    <body>&lt;FONT size=2&gt; &lt;P align=justify&gt;-Yo hago algo parecido a lo suyo porque buscar es pasear con un motivo, si es que se hace tranquilamente, sin desesperaci&#243;n. Ud. es un hombre joven y puede que a&#250;n no lo vea de este modo pero nos pasamos la vida buscando: &#233;xito, dinero, una casa, un coche, cosas, cuando, en el fondo de la cuesti&#243;n, lo que deseamos hallar es reconocimiento, cari&#241;o.

 &lt;P align=justify&gt;-De esto &#250;ltimo nos damos cuenta generalmente cuando perdemos &lt;I&gt;"algo"&lt;/I&gt; muy valioso o la vida nos niega la posibilidad de estar con &lt;I&gt;"eso". &lt;/I&gt;No hablo de cosas sino de personas, de seres vivos.

 &lt;P align=justify&gt;Me llama la atenci&#243;n ver, a trav&#233;s de la ventanilla, las diferentes expresiones de los rostros de la gente, del mismo modo como fue cambiando el rostro de aquel hombre a medida que hablaba, pasando su mirada de mostrarse despierta, p&#237;cara, interrogante, a quedarse sin brillo, hueca, introspectiva, ausente.

 &lt;P align=justify&gt;-Yo tambi&#233;n viv&#237; siempre en la ciudad- reiter&#243;. &#8211; Esto de &lt;I&gt;"pasear con un motivo"&lt;/I&gt; me lo ense&#241;&#243; un amigo que hac&#237;a de buscar el sentido de su vida. Ten&#237;amos eso en com&#250;n, como lo podr&#237;a haber tenido con Ud. pero la diferencia estaba en que yo no sab&#237;a lo que quer&#237;a encontrar y &#233;l s&#237;.

 &lt;P align=justify&gt;Escuchando su relato contado en pasado, no fue necesario que aclarase que esa situaci&#243;n compartida hab&#237;a cambiado, que ese amigo ya no estaba con &#233;l.

 &lt;P align=justify&gt;Levant&#243; su mirada del fuego y me observ&#243;, viendo que mi actitud ya no era distante sino que hab&#237;a puesto toda mi atenci&#243;n en sus palabras, olvid&#225;ndome de mi maltrecha condici&#243;n. Volvi&#243; a sumergirse en la danza de la hoguera y prosigui&#243; hablando.

 &lt;P align=justify&gt;-Un d&#237;a compr&#233; su amistad, por decirlo de alg&#250;n modo, y le invit&#233; a vivir conmigo. Desde aquel momento, nunca nos separamos y aprendimos a convivir. Con el tiempo, comenz&#243; a demostrar su car&#225;cter y, con ello, me exigi&#243; que, para equilibrar nuestro entendimiento, deb&#237;a respetarle, como &#233;l lo hab&#237;a hecho conmigo desde un primer momento. As&#237;, ambos fuimos sacrificando algo para contentar al otro, si es que quer&#237;amos estar juntos.

 &lt;P align=justify&gt;El autob&#250;s entra en un t&#250;nel y provoca una pausa del reconfortante calorcillo que me estaba regalando el sol; una fr&#237;a pausa similar a la que el hombre hizo, como si algo le hubiese cerrado la garganta, oprimiendo su voz. Salimos del t&#250;nel y me doy cuenta del impacto que me hab&#237;a causado su relato, ya que lo mantengo perfectamente en mi memoria.

 &lt;P align=justify&gt;-Pero ese sacrificio personal para mantenernos juntos- continu&#243; &#8211;fue mayor por parte de &#233;l que de la m&#237;a. Me he percatado de ello desde cuando &#233;l ya no est&#225; conmigo. Y no fue porque me abandonase o marchara tras algo mejor, sino porque tuvo que seguir a aquello que todos tendremos que seguir inevitablemente un d&#237;a. Adem&#225;s, estoy seguro que lo hizo en contra de su voluntad porque en la despedida hizo algo inusual: derram&#243; una l&#225;grima, llanto que nunca sabr&#233; si era por su pena de separarse de m&#237; o por ver como yo me encontraba ante su irremediable adi&#243;s.

 &lt;P align=justify&gt;Al verle cabizbajo, tuve claro que ese extra&#241;o estaba descargando el dolor por la p&#233;rdida de un amigo, probablemente el m&#225;s apreciado que tuviese. Me arrepiento de no haber preguntado siquiera c&#243;mo se llamaba pero me pareci&#243; m&#225;s oportuno permanecer callado y dar lugar al desahogo de sus palabras.

 &lt;P align=justify&gt;Levant&#243; la cabeza; su mirada hab&#237;a recobrado brillo pero no de vitalidad, era el de la pena contenida. Intent&#243; recomponerse, evocando algo agradable que le estimul&#243; a seguir cont&#225;ndome su historia.

 &lt;P align=justify&gt;-Mi amigo me ense&#241;&#243; muchas cosas y, espero, haberle retribuido de igual manera. Antes mencion&#233; que la mejor herencia que tengo de &#233;l es haber aprendido a saber qu&#233; busco, qu&#233; necesito encontrar. &#201;l me lo transmiti&#243; siendo simplemente como era: un esp&#237;ritu libre, ya que se dedicaba exclusivamente a lo que le sal&#237;a del coraz&#243;n, a seguir el impulso de sus latidos. Era aut&#233;ntico, puro y eso es la libertad: ser como se es. Esta &#250;ltima frase me la dijo clav&#225;ndome su mirada en la m&#237;a. Parec&#237;a que el fuego hab&#237;a pasado toda su fuerza a su mirada, tratando de convencerme con ello de que no pierda la oportunidad que tenemos, al estar vivos, de ser como somos.

 &lt;P align=justify&gt;-Era muy hermoso verle metido en su af&#225;n de hallar aquello que estimulaba su curiosidad. Ese af&#225;n, que no conoc&#237;a cansancio, s&#243;lo ten&#237;a un l&#237;mite: volver para estar juntos. Y esa es su segunda lecci&#243;n: la entrega incondicional que significaba para &#233;l la uni&#243;n de nuestro v&#237;nculo, a tal punto que &#233;l no dudaba en contraponerse a su instinto, a su esencia, para mantener constante el lazo de nuestra amistad. Su lealtad fue tan grande que &#233;sta se impon&#237;a a su sentido de libertad.

 &lt;P align=justify&gt;Volvi&#243; a apartar sus ojos de las llamas, deposit&#225;ndolos sobre los m&#237;os y me dijo profundamente: -Es una verdadera lecci&#243;n de amor: dejar de lado los propios intereses para estar con quien se est&#225; bien.

 &lt;P align=justify&gt;Mi pensamiento se interrumpe al pasar el autob&#250;s por una obra en la calzada de la carretera, del mismo modo que lo hab&#237;a hecho aquella frase, pronunciada en medio de la noche, bajo el reparo del bosque, s&#243;lo iluminado con una hoguera y dicha por alguien que no sab&#237;a quien era, ni de donde proven&#237;a ni que hac&#237;a en ese lugar. Observo a la gente a mi alrededor y recapacito en, incluy&#233;ndome, si somos capaces de darnos cuenta del contenido de aquel mensaje.

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