06 Mar 2011

Ahí, tú...

Escrito por: cronopioslamm el 06 Mar 2011 - URL Permanente

Me imagino encontrarte, cómo va a ser; dónde. Qué ropa vistes. Cuáles yo. Caminando por la calle levanto la mirada y justo en ese momento sales a un balcón y extiendes la sábana para colgarla del hilo precariamente sujeto. Apareces detrás de la ola blanca, la ola de algodón y de reojo me ves y sonríes. Tus ojos se vuelven más chicos porque tus mejillas suben, igual que tu mano izquierda; la derecha, aún sujeta a la sábana. Y no decimos nada, solo el gusto sonriso de vernos.

Otras veces te imagino a contracalle, al mismo paso que yo, mirando de frente, moviendo hacia un lado el fleco rebelde que rebota y apenas alcanza tus ojos otra vez. Y otra vez tu mano, porque tu paso siempre ha sido rápido. Te veo brillante hasta que giras a la derecha y te pierdes de vista y no me atrevo a cruzar e utilizo la excusa del semáforo y los autos para convencerme de que es mejor así.

Otras veces camino por una de las laterales; temeroso, doy rápidas ojeadas al camellón porque sé que hoy es domingo y estarás ahí ayudando a tu madre, detrás de alguno de los puestos, con las artesanías… me tiembla el respirar ante la aparición de ella, contestando algo a una pareja que ronda los cincuenta años, mientras otra que andará en sus treinta, se acerca; también otra señora, la más anciana de todos. Tu madre se pregunta dónde estarás porque son cinco personas, mientras yo me pregunto lo mismo porque son mis ojos, mis labios y manos, mi corazón que atender…pero no estás, tal vez me equivoqué y no es domingo, es sábado y es uno de esos quincenales que no libras en el trabajo; tal vez cuando yo comience a caminar por esta cuadra, sales corriendo, a buscar fraccionar un billete y regresarás cuando llegue a la esquina y sea demasiado tarde para mis ojos, mis labios y manos, mis cabellos y piernas, mi corazón…

Otras veces es súbito. Tú o yo, alguno sale de un local y casi choca con el otro, que justo pasaba por ahí. Lo violento de la aparición nos da unos segundos estupefactos para luego reírnos de nuestro asombro, y ahora sí el beso y platicar cómo hemos estado, sin lograr salir del todo de la sorpresa.

Pero mi favorito es cuando cruzo la calle, con el frío de finales de noviembre, y me acerco al Café París en la esquina. Yo doblo a la derecha, es de noche y dentro estás tú, sola, en uno de los asientos plásticos verdes, con un capuchino o un chocolate en la mesa, los cubiertos aún encima de la servilleta, esperando la cena que acaba de escribir la mesera y que ya entrega en la cocina. Tu mirada lejana hacia la ventana, no te permite verme cuando yo me detengo fuera, frente a ti; tu mirada está más allá, quizá imaginando un encuentro conmigo, o eso me gusta pensar. Es la misma mesa de nuestro último día. Pero ahora cambiará el significado de esa mesa porque ya reaccionas que hay alguien ahí, afuera, y te das cuenta de que soy yo. Me sonríes, la mano izquierda también me saluda y me dice, me invita a entrar mientras yo sonrío con los labios más sinceros y honestos que he tenido.

Hoy caminé por el camellón. Tomaba de mi mochila un libro del que leía un fragmento, marcado a lápiz. Hoy, una chica de falda larga y florida pasaba en dirección contraria, olí su fragancia, levanté la vista del libro, giré… Ahí, tú.

Laranjinha

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04 Ene 2011

04 Enero de 2005

Escrito por: cronopioslamm el 04 Ene 2011 - URL Permanente

Hace cuatro meses y dos días, dentro de un avión de Iberia, Ro y yo dormíamos la madrugada sobre el Atlántico. Yo traía mi reproductor portátil de cd´s. Una canción que se repitió y se repitió durante unas tres horas, fue la de Viento, de Caifanes. Tiempo, deténte muchos años, decía varias veces dentro de cada una de las canciones que medio escuché en ese lapso. Sí, ahora cuatro meses y dos días después, lo repito, vamos a regresar, pero tiempo, no lo olvides, deténte muchos años en estos meses, los mejores de nuestras vidas...

El día empezó con una gran lata para poder llevar las maletas. Ángel, Clau y Gabo nos ayudaron a llevarlas y también a mi madre, que regresó, igual hoy. Fuimos al aeropuerto, ya no hubo tiempo de nada más. Recuerdo que puse un pie fuera, la maleta de la mano, con sus rueditas tras de mí. Giré y puse un pie fuera de la casa, de casita. Creo que ahí para mí terminó el viaje. De todos modos, contaré que la terminal ya a punto de abordar el avión era amarilla, o es que había mucho sol. Que sí, un poco contento por regresar a México, pero muy triste por dejar Madrid. Me eché en todo el vuelo, el libro de Hay Algo Que No Es Como Me Dicen, el caso de Nevenka Fernández, concejal de Ponferrada, que acusó a su jefe, el alcalde, de acoso sexual y todas las injusticias que sufrió. Me gustó el libro y no vi la película tras película que pasaron en el avión.
Ro se mareó en el vuelo, y fue la última de todo el jumbo avión, en terminar de comer.
Nos tocaron los dos semáforos en verde y no tuvimos que abrir ninguna de las maletotas que traíamos. Ahí estaban los familiares. Hasta los papás de Gabo.
Casi no recuerdo este día. Me estoy dando cuenta que lo tengo bastante borrado de mi cabeza, supongo que eso pasa con experiencias no del todo buenas, y salir de Madrid, nunca puede ser bueno.
Gracias, sinceras, a mis amigos, con los que compartí este viaje.
Gracias, sobre todo a Ro, a Ella, por haber compartido, los hasta ahora, mejores momentos y meses de mi vida. El viaje no hubiese sido lo mismo sin ella, vamos ni siquiera hubiera habido viaje. Gracias, de todo corazón, sé que te lo he dicho varias veces, pero siempre podré decirlo una vez más: Gracias por estar ahí, literalmente día y noche, compartiendo conmigo, juntos de la mano, cada pisada y cada viento, el verano, el otoño y el invierno madrileño, gracias por hacer feliz, inmensamente feliz, el tiempo allá. Gracias por tu amor, tu amor a mí y tu amor a Madrid. Cada sonrisa y cada lágrima cuando recordamos esos meses, son un homenaje a nosotros, a la ciudad, a los momentos. La promesa de la Plaza de España, está hecha. El Puente de la Esperanza espera...
¿Qué he aprendido del viaje? Creo que aún no lo sé. De alguna manera tenía la esperanza de que al hacer este diario de viaje, pudiera entender algo, pero no, no lo sé, ya estoy más cerca de poder empezar a entender, pero no, aún no lo sé. Sé que me cambió, que me hizo madurar, pero aún no sé cómo o cuánto, aunque sé que es mucho, muchísimo. Algún día lo sabré...
Con qué momento quedarme. Tantos... la banca del parque de San Isidro; Ro y yo en el Prado, junto a Velázquez viendo a los perros en una agradable tarde de verano en septiembre; Saramago; el Tajo que es el Mar en Lisboa, el otoño en el Retiro; el desierto sobre un camello al atardecer; Van Gogh y su cuarto; y hasta ahí que si no reescribo todo el viaje y no, será tal vez el próximo septiembre, o dentro de diez, veinte años, cuando quizá ya sepa qué tanto aprendí, cuando el cristal me haga ver las cosas ya desde otra óptica.
Me faltó hablar de cuando hicieron Gabo y Ro la representación de Matrix, con Nea y el Agente Pérez, ya será cuando el próximo septiembre, o dentro de diez o veinte años, reescriba este diario de viaje. Alguna que otra situación, alguno que otro momento me habrá faltado.
Lo especial es que realmente cada día tuvo lo suyo, aún aquellos en que nos levantamos tardísimo y ni nos bañamos y despeinados sólo limpiamos la casa. Aún así todo era diferente y todo era especial, porque éramos nosotros dos ahí, viviendo un sueño del que habíamos platicado apenas dos años atrás.
La primera imagen de México: la cara, feliz, emocionada, alzando el cuello sobre las cabezas de desconocidos para poder vernos, de la mamá de Ro...

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03 Ene 2011

03 Enero de 2005

Escrito por: cronopioslamm el 03 Ene 2011 - URL Permanente

Hoy es nuestro último día en Madrid. Mañana regresamos a México.

–No me veas! –gritó Ro cuando regresé. Aunque lo único que vi fue la puerta del baño mientras se cerraba. No quería que la viera aún en pijama, a pesar de que ya era algo avanzado el día.
En la mañana, muy temprano, yo había ido a República de Argentina, a la Fundación Tomillo por última vez, para despedirme de Ángela. Fui y ella salió de la recepción, atendió luego una llamada y ya nos dimos abrazos de despedida y de buenos deseos y que quedaba pendiente un café para tomarnos y que le platicara de México. La promesa está hecha.
A lo largo del recorrido y en especial el hecho a pie, traté de distraerme de una punzada en el estómago queme acompañó durante todo el día. Siendo sincero, así ha sido desde hace dos días. El hecho de que ya sea Enero y ya sea otro año fue un golpe que mi hizo reaccionar de que el viaje ya estaba en sus últimos días, pero hoy ya es muy difícil hacer como que nada sucede, como que nada pasa y yo puedo regresar mañana. No, vine a despedirme de una buena persona que me ayudó a sentirme más integrado a esta ciudad. La angustia que gritaba desde dentro se hizo un poco más grande cuando salí y regresé calle arriba hacia el metro. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que pueda regresar? ¿En qué condiciones lo haré?
Quería ir a subirme a todas las estaciones. Hoy fui a la única que me faltaba. La 11. La de Plaza Elíptica hasta Pan Bendito. Sólo tres estaciones había en aquel año en esa ruta. Fui y cumplí: en el viaje, me subí a todas las líneas del metro.
Fue lo misma urgencia en el estómago, subiendo a los pulmones al salir de Urgel y subir por Rascón. No puedo evitar pensar en cosas como que va a ser la última vez de mi vida (a menos que haya circunstancias extraordinarias) en que a esta hora voy a subir por esta calle para regresar a mi casa, ya que mañana a esa hora estaríamos ya en el aeropuerto, o apenas saliendo, pero no de regreso a casa. Y cuando regrese a Madrid, quizá esta ya no será mi casa. Ya no, nunca más. No gano nada pensando esto, pero no puedo evitarlo, así también trato de disfrutar la subida, rampa por rampa, escalón por escalón, porque es la última vez que subiré de veintidós años por aquí para ver a Ro y salir con ella de la mano. Lo disfruto, sí, pero a la vez duele, y mucho. Realmente me gusta mi vida aquí con Ro...
Ella corrió a meterse al baño para bañarse y que yo no me diera cuenta que seguía en pijama.
Salimos y dimos un paseo por el parque. Exprimiendo cada paso por la gravilla, por la tierra arenosa, el pasto en este lugar que sí hemos considerado nuestro. Última visita a la fuente, estaba apagada y nos sentamos en la banca. En nuestra banca. Aquella que quedará, puedo decirlo para siempre en mi memoria como nuestra banca en Madrid y en la cual pienso con frecuencia si un día regresaremos a sentarnos en ella, con más años, la fuente apagada y de pronto que se prende, mientras recordamos aquel 2004, 2005, cuando aquí nos sentamos a disfrutar el invierno.
Caminamos hacia el cementerio que está detrás. Nunca habíamos ido. Vimos una tumba que literalmente, parece una iglesia. El lugar está tranquilo y es el cementerio que más paz me ha transmitido. Me serené un poco del desasosiego. Caminamos entre las tumbas y regresamos al parque. Vimos la cabeza monumental de Goya y una última ojeada a la banca. La fuente seguía apagada. Paso y paso, salimos. Que lindos recuerdos se quedan en este parque, que lindos recuerdos nos llevamos de este parque.
Subimos a pie una estación, a Oporto. Para decir que fuimos, no sólo a Lisboa. Nos bajamos en Callao y vimos a mi madre para comer. El elegido fue un restaurante de mariscos sobre Gran Vía, algo caro, pero delicioso, donde fue un espectáculo el ver cómo el camarero servía la paella. Comimos sopa, naranjadas, plato fuerte, postres. Fue mucha comida y muy, muy rica. Hasta nos felicitaron por habernos acabado todo.
Nos fuimos Ro y yo a pasear por la zona. A la Calle de Cucho, la de la Luna. Hay un póster ahí de una película que no vimos: Antes del Atardecer.
El día ya declinaba. No te vayas, día, no te acabes, que nos e termine el viaje. Recuerda que mañana ya no hay tiempo para pasear. Sólo ir al aeropuerto y listo, de regreso a México. Así que no te vayas, día, no te vayas... El tiempo se acababa y había tantos lugares por visitar una última vez: El Retiro, la estatua de Velázquez con los perros en el Prado, la placita frente al Reina Sofía, el restaurante italiano de la cena de aniversario, una última visita a Argüelles, la Plaza Mayor, Ópera, el Puente de la Esperanza, la chocolatería, la Puerta de Toledo y el otro abrigo que quizá siga ahí... No te vayas, día, no te vayas, tenemos tanto por hacer antes del atardecer, antes del amanecer...
Tomamos fotos de la Calle de la Luna. Nos metimos por unas callecitas con tiendas de chinos y lugares para revelar fotos, con taxis Audi y Mercedes Benz estacionados en las aceras.
Bajamos por Preciados hasta Sol con la escultura del oso y su madroño. Regresamos viendo las rebajas que ya comienzan y el mar de gente que las aprovecha. En gran Vía, nos metimos a un Starbucks y pedimos un café caliente. Bajamos calentándonos las manos a nuestro último lugar para visitar en este viaje: la Plaza de España.
Sentados frente al Quijote y la fuente, con la Jirafa a la derecha. Nos tomamos lentamente el café hablando y tratando de que no se nos quebrara la voz al pensar en qué momento fue el más emotivo y darnos cuenta de que es difícil elegir uno. Ya será el tiempo quien acomode todo y podamos decir, éste y éste, aunque también éste y éste, y éste, y éste, éste, y éste, son tantos...
Más fotos de la fuente con la noche de fondo y la luz que sale del agua. Promesa de que regresaremos, quién sabe cuándo, pero regresaremos a vivir aquí definitivamente. Algún día será. Esta promesa también está hecha...
Ya es tarde. Ya es hora de regresar a casita. A disfrutar el último regreso a nuestra casa en Madrid, a nuestra última noche juntos. Respiramos el aire frío, hasta nos gustó, a mí más que Ro, seguro, pero lo disfrutamos. Qué rápido se fue el día.
Jugamos chinazo con los demás. Las maletas ya están hechas. Quién sabe quién ganó. Nos alocamos todos al final. También es nuestra última noche aquí todos juntos. Ángel regresará en dos días, Gabo y Clau al final de la semana. Noche loca y divertida.
Luego a dormir, nosotros dos, juntos en Madrid. La promesa de la Plaza de España, está hecha...

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02 Ene 2011

02 Enero de 2005

Escrito por: cronopioslamm el 02 Ene 2011 - URL Permanente

En la mañana pasamos por mi mamá, y fue otro día de compras.

Pasamos al Calderón y corrijo, ahora síme compré mi playera del equipo. La del Centenario. Eso pasó hoy y no en 204, como había escrito. De ahí nos fuimos al Rastro. Ro se compró unos patines hermosos, viejitos, y que son un arma contra cualquiera por el peso que tienen…pero están preciosos! Y que yo recuerde fueron algo baratos. Son una reliquia ya en este mundo de patines en línea y con diseños aerodinámicos! Estos son de esos que tenían las ruedas de dos en dos. Mi madre dice que con unos como esos, aprendió a patinar hace ya varios ayeres…

Ah! Antes habíamos desayunado casi enfrente del hostal, en un cafeteria a contraesquina de donde está le restaurante italiano. Fue un desayuno de los de aquí: breve, con café y pan, sin huevos ni jugo ni nada de eso que yo generalmente desayuno.

Nos encontramos con Angelito después de comer, después de lo del Ratsro (siento que estoy haciendo un caos cronológico, sera el nuevo año que no deja organizar mi cabeza…¿sera presagio? Mal presagio. Buen presagio. ¿?) y anduvimos paseando con él y con las mamas un poco. Regresamos con ellas al hostal y ahora sí, ahora sí voy a platicar del Alaska que vive ahí:

Es un Alaska de unos cinco años, según su dueña. El hostal está en un piso de un edificio típico de la zona de Callao en Madrid. Lo más fácil es subir or las escaleras, ya que el lugar está en el Segundo piso, así que no es mucho. Se gira a la derecha y ahí está la entrada. Primero la recepción. A la derecha ya hay cuartos y a la izquierda hay una salita con dos sillones y una television eternamente prendida la centro. Hay folletos de lugares de interés y la luz prendida, también eternamente. Más allá, ya están las habitaciones. Hay caudros impresionistas, en especial uno de un paisaje de mar que me gusta, y que para variar, ya olvidé el nombre y el autor y todo por no apuntarlo al momento, siempre pensando que podia hacerlo otro día que anduviese por aquí. Los cuartos son chicos, dos camas, una mesa de noche, un escritorio, una silla, dos, un silloncito, el baño, calefactor… Nada del otro mundo pero que sirve para el propósito de pasar aquí poco tiempo ya que lo importante es visitar a la ciudad.

Atrás de la recepción, se asoma un perro Alaska. Macho o hembra, no sé, no recuerdo. Se asoma y huele un poco, sale, va a la salita de la tele y se regresa y ve fijamente a su dueña. Recibe caricias y se nota que está más que acostumbrado a ver ir y venir personas. Pero lo mejor, de lo que realmente yo quería hablar, escribir de este perro, es de su ladrido.

Semejante perro seguro tiene un ladrido imponente, fuerte, sonoro no sólo para los de este piso, sino para los de todo el edificio, en especial con cómo están los edificios construidos. Se hace mucho eco. Al parecer, ya le ha costado varios regaños a este Alaska la situación de su ladrido, así que ahora ya sólo lanza uno acorde al lugar donde se encuentra, uno que no moleste a los huéspedes porque ya le dijeron que huéspedes molestos equivale a menos dinero, y en el caso de él, eso equivale a menos corquetas y uno que otro juguete menos. Así que cuidado con los ladridos, que tu estómago o tu diversion se puede ver perjudicada.

Algo oyó, algo olió. Dio unos pasos fuera de mostrados. Se planto en sus cuatro patas. Tomó aire, y ahí va la cabeza hacia arriba y un poco hacia atrás… Pero cuando uno se esperaba un aullido conforme a su tamaño…no. Fue apenas un susurro de aullido, que sólo fue audible para los que estábamos ahí, quizá apenas para un señor en la sala. Quedamos maravillados con este perro que sabía acerca de la comodidad de los huéspedes, sabía que tal vez alguno dormía y pore so lanzaba estos aullidos totalmente medidos para causar el menor ruido posible. Qué educado perro que respetaba la tranquilidad del hostal! ¿Qué estará haciendo ahora ese perro? Ya más viejito, seguirá aullando muy bajo, pero con la comida y la diversion asegurados. Y esa es la historia del Alaska del hostal que casi no emitía ruido cuando ladraba y no olvidaremos…

Pasamos ya de noche los tres a por donas a Dunkin´. Cenamos eso sin chocolate del local, pero sí con Cola Cao con grumos imposibles…

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31 Dic 2010

01 Enero de 2005

Escrito por: cronopioslamm el 31 Dic 2010 - URL Permanente

....Feliz Año!!!!

Justo a las doce empezaron los cohetes y se prendió un letrero ahí en el edificio principal, en la Casa de Correos. Un letrero en verde que al recuerdo mío le parece que ganaba y perdía intensidad, es decir, que parpadeaba mientras nos deseaba un feliz 2005, o un feliz año 2005. Abajo, estaba el logotipo de la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2012. Y comenzaron los fuegos pirotécnicos...

Cohetes rojos, amarillos y verdes. Uno que otro azul, pero principalmente rojos, subieron chillando hasta muy alto, lo suficiente para que de seguro se vieran hasta la casa. Y ahí, arriba, muy arriba, desgajarse hacia todas direcciones sacando sus colores. una estela roja que culminaba en un punto incandescente blanco, para iniciar su descenso, breve, y extinguirse, apagarse para dar su lugar y protagonismo a otro cohete, otro, otro más que ya sube y así durante cuántos minutos que estuvimos ahí de cuello girado noventa grados para ver el espectáculo aéreo. Brindamos, nos abrazamos y nos deseamos un feliz año, quizá en el fondo sabiendo que difícilmente 2005 superará al ya extinto 2004, pero lo importante, es estar juntos...

Regresamos a casita justo antes de que ya cerraran el metro y después de pasar por una tienda de chinos donde compramos papitas para el hambre. Y adormir y a dormir...

Dormimos hasta muy muy tarde. Tanto, que salimos a eso de las cinco de la tarde, cuando ya estaba casi oscuro. Sólo salimos Ro y yo y como todo estaba cerrado, pues decidimos hacer la ciudad nuestra e ir a pasear.

Por el puente de la esperanza...

Un poco, no fue tanto el puente, sino que nos subimos al metro y fuimos a la estación "Esperanza" que en parte fue visita por la canción de la silla de Alejandro Sanz, como también por la de Manu Chao, donde se oye una voz que dice "Próximo estación: Esperanza" y luego ya le pregunta a su corazón que qué horas son...

El punto es que sí lo dijo así! Porque ya habíamos oído que lo voz usada por Manu Chao era la del metro de aquí. En fin, era uno de esos pequeños detalles del viaje que queríamos hacer. Toda la línea cinco hasta Diego de León, y ahí transbordamos a la 4, la marrón, 6 estaciones hasta Esperanza, algo lejos el trayecto, pero bueno, es de las cosas que uno hace cuando es primero de enero, y se está en Madrid...

Ya que andábamos en el norte, decidimos pasar al Bernabéu... luego vimos que no hacía tanto frío y que no habíamos paseado por la Castellana, así que decidimos bajar caminando. Vimos un Ministerio, enorrrrrrme y muy imponente. Bajamos por la acera derecha. Nunca habíamos paseado asó por aquí. Está bonito, se ve caro y está vacío, aunque eso es por el día, de seguro un día cualquiera está lleno de coches y de gente de traje de aquí para allá.

Seguimos avanzando, la muy bonita pareja paso a paso hacia abajo, hasta el Paseo de la Castellana se convirtió en Recoletos, ahí en la Plaza de Colón. No nos detuvimos mucho aquí, ya que en otra ocasión la habíamos visitado, aunque Ro revivió su visita a la Bibliolteca Nacional, cuando el Nóbel... El Café Gijón y el café El Espejo, estaban abiertos, pero otra vez no traíamos dinero para tomarnos algo caliente, así que nos seguimos de largo. Había foquitos de poste de luz a poste de luz y pasaba un coche, algunos segundos, varios, y luego otro. Personas de vez en cuando también, ya era de noche y seguíamos caminando en esta no tan fría primer noche madrileña de este año...

En Cibeles, Recoletos se convirtió en el Paseo del Prado. Esta zona sí ya era muy conocida por nosotros. Nos fuimos del lado de la banca de Velázquez, aunque hoy casi no había perros ni dueños. Nos detuvimos un poco en la banca a descansar, pero seguimos avanzando. La disyuntiva fue si íbamos a terminar el largo recorrido desde el Bernabéu hasta acá, en el Reina Sofía, o en Atocha. Decidimos mejor seguir la línea de la calle y entramos a Atocha. Ahí acabaría el recorrido a pie. Nos metimos en el metro, aunque ahora no pudimos saludar a Barcelona, nos fuimos a casita... (Lo de Barcelona se explica con que un día anterior, andábamos por aquí; justo en el andén, había una cámara y dos pantallas: en ua se veía el andén donde estábamos, y en la otra, se veía un andén en vivo desde Barcelona. Estuvimos ahí en lo que llegaba el vagón saludando y contestando saludos a la gente de Barcelona que hacía lo mismo que acá. La verdad, estuvo divertido, sólo que ahora que regresamos, ya no estaban las pantallas....)

Cerramos la noche, ya no hablando del 2004, sino del 2005, platicando sobre nuestro futuro, y cuando regresemos, ya a vivir de fijo...

Muy lindo día para empezar el año.

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31 Dic 2010

31 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 31 Dic 2010 - URL Permanente

Último día de este gran año!

Nos despedimos del viejo año con día de comprar, compras y más compras.
Nos levantamos a las horas estándar para nosotros. Es decir, algo tarde, pero no tanto. Desayunamos y la primera parada fue acá en el Calderón. Estuvimos en la tienda del estadio llevando recuerdos y regalos. Ro y yo vimos unos chapatitos bien monos para niños, casi bebés, como los que usa Fernando Torres. Lo malo es que de seguro, cualquier niño los deja de usar en tres meses, pero están muy muy monos. Yo me quería comprar mi playera del club, la oficial, pero en su lugar salí con la conmemorativa del centenario del año pasado, y con una de entrenamiento muy bonita, toda azul marino y con el escudo del lado izquierdo.
De ahí nos fuimos al Corte Inglés. Luego seguimos caminando y casi llegando a Ópera, vimos una tienda de antigüedades muy bonita que recuerdo que Ro dijo que le encantaría a su ma. Venden fonógrafos, teléfonos, candelabros que se ve que ya tienen muchos muchos años y ya tienen un buen recorrido de años en este mundo, casi casi todo el siglo pasado. La tienda en sí misma está muy bonita. Con una luz un tanto difusa, amarilla, obscura, queda perfecta para la madera color avellana que envuelve el local. Casi nadie entra y es triste que el Corte Inglés tenga como 500% más de clientes que una tienda así, pero así es esta sociedad que te enseña a desechar lo "viejo" y mantenerse joven y "nuevo", "actualizado" a toda costa. Que triste! Espero que la tienda dure mucho.
Siguiendo con las compras (lo cual no se si vaya contra lo que acabo de decir...mmm....), llevamos muchos regalitos y Ro se compró sus botas!
Cuando ya eran suficientes bolsas (y de tan diferentes lugares) como para que nos diera pena, las dejamos en el hostal de las mamás (ya hablaré del Alaska que vive ahí, ya hablaré de él...) y fuimos a comer al restaurante italiano en el que Ro y yo cenamos el primero de diciembre por nuestro aniversario. Es que ahí estaba Angelito con su mamá (Magaly quién sabe dónde andaba) así que nos unimos y luego nos lo llevamos y dejamos a las mamás.
Una situación que no he narrado, pero será hoy buen momento (quizá porque me compré un nuevo libro de él), es cuando Ángel y Ro fueron a buscar a Jesús Ferrero (mi profesor de la escuela de Letras, en noviembre) para pedirle un autógrafo. Yo no pude ir porque estaba con lo de la varicela, pero quería tanto su autógrafo, como el de Recaredo (situación de la que sí hablé y de como se puso medio punk). Lo fueron a buscar en la escuela de Letras, pero no lo hallaron. Les dijeron que sí tenía clase, y quizá estuviese en La Mayor. Alguno de los dos entendió mal o la persona que les dijo lo pronunció mal, el punto es que en primera instancia, ellos entendieron que Ferrero estaba en Nueva York.
–¿¡En Nueva York!? –alguno replicó.
–No, no, en La Mayor, el bar que está aquí en la calle Mayor
–¡Ah! –dijeron aliviados, ya que eso quedaba infinitamente más cerca.
Así que fueron los dos a buscarlo. Y sí, ahí estaba. Al fondo de la barra (o así recuerdo que me lo ha contado Ro) con una soledad tristísima. Tenía una caña y al acercarse, se dieron cuenta de que estaba algo bebido. Le explicaron quiénes eran y quién era yo, el varicelo, y dijo que sí me ubicaba (yo creo que en especial se acordaba de cuando me vio en Tomillo... Difícil no ubicarme entre puras señoras). Me autografió su libro de Las Trece Rosas, y nomás para presumir, transcribo lo que puso:
"A mi querido amigo Jorge le dedico este paseo por el amor y la muerte con el deseo de que te lleve tan lejos, como a mí me llevó. Con un abrazo fraterno" y su firma, donde se alcanza a leer Jesús y un garabato que será el Ferrero. La letra fue difícil de descifrar, pero puedo decir que guardo la dedicatoria con mucho cariño y agradecimiento por la misma. Tengo la esperanza de algún día poder decírselo en persona, y preguntarle si recuerda cuando dos mexicanos, un chaval y una chavala, le pidieron un autógrafo al fondo de la barra de La Mayor...
Regresando al 31, nos dormimos como dos horas. Luego nos fuimos a Sol. "En la Puerta de Sol, como el año que fue..." Había mucha gente. Nos tomamos algunas fotos los cinco viajeros en medio de la algarabía que cada vez se incrementaba. Estábamos sobre Preciados con una muy buena vista de Sol. Algunas personas llevaban sus uvas y su champán. Muchas luces por doquier. Platicamos del año y de lo que esperamos para 2005. Gracias a este año, uno de los más hermosos de nuestras vidas, de los que más hemos aprendido y madurado, gracias, gracias 2004.
A las 11:59, la expectativa, casi al máximo. Se fue al límite ya cuando empezó la cuenta regresiva, casi 2005, y lo celebraremos aquí, en Sol.
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30 Dic 2010

30 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 30 Dic 2010 - URL Permanente

Llegamos tarde al Thyssen. La puntualidad no es lo nuestro. De sobra ha quedado demostrado en este diario de viaje.

Sólo para asegurarnos de que la lección había sido totalmente aprendida, Ro repitió lo del pato y el topo, salió muy bien. Ayer siguió practicando en la noche mientras yo me curaba la herida del chico rompecorazones de Ángel, y hoy el traba lenguas no significó ningún problema. ¿Cómo le habrá ido a la chava que ayer rió? ¿Ya le habrá salido?
Entramos al Thyssen y entre pintura y pintura, encontramos a las mamás. No vimos el museo a fondo, en sí fue bastante por encima, viendo las pinturas rápidamente, pero nos gustó, en especial, obvio, las pinturas de Van Gogh que había, aunque sí habrá que regresar en algún momento, en algún otro viaje porque si faltaron varias salas por mirar.
Comimos con mi mamá ahí afuera del Thyssen, donde hay un Vips. Nos va a quedar la duda si la cadena es igual a la que hay allá en México, aunque parece que no (por el logo, que es diferente y aquí todo es rojo y marrón contra naraja y blanco allá en México) puede que sí (porque el estilo, el concepto, parece el mismo, hasta tiene sección de revistas en la entrada para la espera, el formato de la carta -o menú- y hasta en el menú mismo vimos cierta similitud con el menú -o carta- de allá), pero lo más seguro es que quién sabe. Estuvo muy x, la verdad, pero más que nada lo que queríamos era tener algo en el estómago. Busqué la revista de ciclismo y la revista de corredores de enero, pero ya sé que más bien esas van a allegar hasta el quinto, sexto día de enero, cuando Ro y yo ya estemos de vuelta. (Algo que no había comentado en este diario, es que septiembre, octubre, noviembre y diciembre, he comprado, en los primeros días, estas revistas. La de ciclismo para enterarme todo lo que sucede en mi deporte favorito, aunque por los meses, no haya muchas noticias; y la de correr, para saber métodos de entrenamiento en ese deporte que también practico y que la idea es que corra el maratón de la Ciudad de México).
Paseamos por Sol un rato, hicimos compras y acompañé a Ro a que hablara a Cuerna en lo que mi madre descansaba en el hostal.
Nos vimos poco después de las cinco. Habíamos quedado por mail con Sandra para comer, tomar un café... A manera de agradecimiento por haber ido a verme cuando mi convalecencia de la varicela. Nos vimos en el metro Sevilla, en la línea roja, sobre la calle de Alcalá y rápidamente, al girar la cabeza a la izquierda encontramos la cafetería que me dijo.
No recuerdo bien la cafetería. Según yo nos sentamos en una mesa, casi al centro del espacioso local de suelo amarillo pálido. Mesas y sillas y gabinetes marrón muy oscuro nos rodeaban. Había fotos en las paredes de escenas madrileñas de los anos veinte, quizá un poco antes, luego de los treinta con la guerra, y los cuarenta. Estuvimos cerca de dos horas ahí con Sandra y su novio (ahora esposo), platicando de su calvario para que le revalidaran materias de medicina para poder ejercer aquí, hasta que lo logró. Una de las frases que no sé por qué se me quedaron más grabadas de la conversación (quizá porque yo acababa de leer la extensa biografía del Che, quizá porque a la distancia, me había nacido un súbito espíritu latinoamericano de lucha y revolución) fue la que dijo el novio (ahora esposo) de Sandra:
–Sí, pero la izquierda aquí en España es una izquierda de escritorio, de oficina.
Si acaso algunas palabras menos, eso fue lo que dijo el novio (ahora esposo) de Sandra. Y me imaginé al Presidente en su escritorio, como si no correspondiera ahí y tuviese que estar casi listo para la batalla, con fusil en mano, a punto de salir a la selva, a la jungla, a la sierra... ¿qué significa que sea lo que más recuerdo de nuestras dos horas ahí? No lo se, aún no lo se.
Salimos poco antes de las ocho, con más agradecimientos y saludos para mi primo (que en sí él es amigo de Sandra y por él la contactamos). Paseamos y compramos más cosas. Ahí estaba el segundo libro de los Alegatos de los Gatos, pero ya Ro está desencantada porque el que habla no es el gato, sino el dueño del gato, y al parecer lo más que leerá de ese libro, serán las primeras cinco páginas. Que breves fueron los alegatos de los gatos... Con los dueños no queremos alegar.
Al final, el día acabó con discusión (ya con gabo y Clau que regresaron, y Gabo hace como que lo de la mega discusión del 25 no pasó) acerca de la táctica de la señora Concha: hacer como que todo está perfecto en la casa y hacer que no está en su casa... Malos presagios para que nos devuelva los 700 euros de depósito. Malos presagios...

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29 Dic 2010

29 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 29 Dic 2010 - URL Permanente

Topo, totopo, topito, el topo toca el pito, si el pato se toca con el topo, a ... lo quito

Luego de repeticiones y repeticiones, Ro lo logró. Estábamos formados en la fila para entrar al Thyssen, era enooooooormeeeeeeee! Se salía del museo y había poco espacio para que los peatones caminaran por la acera. Cuando ya pasamos por las rejas negras, Ángel empezó con su juego del topo y el pato. Ro estuvo dale que dale repitiéndolo: no, nada, así no, que no, no, te falta, no, eso no va, así no, nada, no, que no, que no!, oh, ya casi, no, uy!, no, ya mero, ahí va, ya mero ya mero, ya te había casi salido, no, nada, venga, otra, no, eso...no!, no, nada... Luego de varios intentos, cuando aún estábamos fuera del recinto y la fla no daba muestras de avanzar:
–Topo, totopo, topito, el topo toca el pito, si el pato se toca con el topo, a golpazos lo quito!
Todos nos pusimos contentos... hasta la chava que estaba atrás de nosotros le dijo unas palabras de felicidad ya que ella también había sido testigo de las repeticiones, las repeticiones, las repeticiones, hasta que salió bien. Ella también se puso contenta y se rió.
Fue como una señal, el que ya saliera bien lo del Pato y el Topo, ya que seguíamos afuera del museo y adentro las multitudes también se veían monstruosas. Luego de deliberarlo rápidamente, Ángel, Ro y yo, decidimos salirnos de la fila.
Fuimos al zoológico! Está caro, en especial en comparación con el de allá de Chapultepec (en ese caso, está carísimo, es un robo el de acá!...) Pero valió mucho la pena, nos la pasamos muy bien viendo pingüinos, jirafas, panteras, el show de los osos, leones, vimos el espectáculo de los delfines (nadie se sentó en las primeras filas, ya que como es de esperarse en estos casos, los delfines van a mojar a la gente, pero con este frío, eso sería insoportable...aunque los delfines se portaron bien, sólo mojaron un poquito las primeras butacas), nos peleamos con una familia (los muy desdichados le estaban dando de comer a los animales cuando ahí al lado, justo al lado, había un letrero donde se pedía precisamente no hacer eso! Les reclamamos y el tipejo nos puso cara burlona y actitud de que n nos andáramos metiendo donde no nos llaman, pero Ro y yo estábamos muy enojados de que hiciera eso! Angelito tomó una posición anti-violencia y mejor votó porque ya nos fuérmaos y eso hicimos, también ellos, en direcciones opuestas... Pero sí nos enojamos! Que no manchen!), vimos a los tiburones y en general todo el zoológico.
El que merece un párrafo aparte, es el gorila: sentado un poco de lado, junto al cristal. Estábamos en una parte cerrada para nosotros los visitantes, como si fuera una cueva y los cristales daban al exterior donde, en este caso, se encontraba el gorila. Tenía un pelaje negro-grisáceo, que brillaba y a ratos era blanco, según cómo le diera la luz del sol y la viéramos desde el cristal. Se giró un poco a la izquierda, así estuvo un rato, viendo al frente y dando ojeadas a nosotros, un grupo como de quince personas que iban y venían, aunque nosotros tres nos manteníamos ahí, expectantes, maravillados del animal. Luego ya se giró completamente hacia nosotros. Sentado sobre su trasero, en el borde de su hábitat, con el brazo extendido podría tocar el cristal que nos separaba. Sus ojos nos veían, sus ojos a nuestros ojos, pasaban a otro, pasaban a otro visitante más, miraba sus manos, volteaba a su hábitat y regresaba a la posición frontal para volver a mirarnos. Sus pupilas a ratos se concentraban de seguro en su reflejo aunque no siempre, porque sí pasaba revista por sus invitados. Yo juro que en algún momento se me quedó viendo más tiempo del que les dedicaba a los demás. ¿Qué estaba pensando el gorila mientras me veía? Fueron unos cuantos segundos en que nos mantuvimos la mirada... Yo sé que no pensé en nada, sólo el momento. ¿Y él?...
Ya de salida, como aquí atardece muy temprano, nos fuimos con la bonita estampa de unas jirafas, unos bisontes y los árboles, la vegetación a los que ellos están acostumbrados. Si no fuera por el frío, uno podía mirar hacia el cielo, al morado, azul ,negro, violeta y rojo, con las hojas de las primeras ramas de lo alto de los árboles y hasta podría imaginar que estábamos en África... si no fuera por el frío...
Nos fuimos corriendo Ro y yo. Había una peli que nos había llamado la atención, se llamaba Roma. Ángel ya había quedado con su madre y su tía, así que él se fue con ellas. Ro y yo llegamos justo cuando la función había empezado, aún pasaban los crédito iniciales. Es raro... Es una peli que nos impactó, que yo puedo decir que está entre las cinco pelis que más me gustan, y no recuerdo en qué cine la vimos. También es raro... sólo la he visto una vez, es que es muy difícil conseguirla. Pero si alguien puede o sabe dónde conseguirla, será bueno: Roma, de Adolfo Aristaráin, con Juan Diego Botto y Susú Pecoraro. Que bonita y emotiva película, salimos en trance Ro y yo del cine. Contentos y emocionados por ver tan buen película sin saber mucho de qué iba: un periodista que visita a un anciano escritor, quien le empieza relatar su vida, los sesenta en Buenos Aires, los amigos, el amor y la relación que llevó con su madre, Roma. Vale muchísimo la pena esta bohemia película.
De regreso en casita, llegó Ángel y estuvimos jugando luchitas. Ánge no midió sus fuerzas y me pegó y sí me dolió...ahí acabó el juego.

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28 Dic 2010

28 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 28 Dic 2010 - URL Permanente

Feliz Cumple Ángel!

Nos despertamos retrasados, respecto a la hora en que habíamos quedado con las mamás. Ellas ya estaban el restaurante de El Corte Inglés cuando llegamos, ya tenían los jugos en la mesa, el pan, las servilletas algo usadas, el café y la primera parte del plato, devorada. La vista hacia Gran Vía estaba muy bonita, a lo lejos, la sierra. Más que desayunar, pasamos el tiempo tomando fotos y hablando sobre qué cosas estaban en qué lado, en especial la casa.
El desayuno no fue nada del otro mundo, más que nada, te cobran por la vista. Ah! Por cierto, nosotros estuvimos en la parte pegada a la ventana, entonces a vista era mejor y el sol no molestaba mucho, había algunas nubes que de vez en cuando lo dejaban salir. Y con el calorcito que se iba acumulando ahí dentro de los cristales, se sentía todo muy muy rico.
Hicimos tiempo paseando por Callao y fuimos con don Argüelles a que nos diera dinero.
Luego fuimos al cine de la Luna, a ver Los Increíbles. La vimos en inglés porque nomás no nos gustan con el doblaje de aquí. Nos arrancó varias risas y aún hasta ahora cuando llego a ver algo de ellos, lo primero que me viene a la mente es que esa peli, la ví en Madrid, en el cumple de mi amigo.
Saliendo de ahí, ya era bastante tarde. El restaurante elegido para la comida-cena del festejado, era hasta Ciudad Lineal, que para nosotros, en términos de México, era como ir hasta Neza.... Pero acá está más bonito. Llegamos algo antes y mientras estuvimos dando vueltas en un como centro comercial que ahora que lo recuerda, según yo tenía forma circular, era de varios pisos y en sí me recordó a lo que en México es Pericoapa: locales, no tiendas de metal, con sus cortinas de lo mismo para correr en la noche, chiquitos y donde en sí se puede encontrar de todo: peluches, móviles, películas, ropa... No importaba que Navidad ya hubiese pasado, las compras seguían al máximo, muchas niñas pijas, señoras con sus hijos, señores con los suyos, familias, niños pijos viendo a quién ligar... Todo esto encerrado en el complejo de cristales, el complejo circular por más que aquí se llame Ciudad Lineal.
Jamás habíamos estado allá y fue bueno ver qué había de ese lado de la ciudad. o compramos nada, mejor nos salimos y como según nosotros aún teníamos tiempo, nos fuimos a una vendimia callejera que había enfrente de la plaza, junto a una iglesia. Había productos de Perú principalmente. Había ponchos! Pero no me compré ninguno, como que me da pena por cómo me veían cuando yo anduve así en la calle hace ya algunos meses. Ro compró regalos para Chuleta, para Sebastián y con un tarjetazo, pagó el regalo de Hugo... Yo no compré nada, no traía mucho dinero, ni la cartera sin fondo que sólo se queda con las mamás.
A contra esquina de la vendimia y de la plaza circular, estaba el restaurante. Era uno que al parecer Ángel ya conocía de cuando anduvo viviendo acá. Principalmente vendían mariscos y estuvo muy muy rico. Las gambas capeadas, para mí fue lo mejor: Preparadas con el limón amarillo que aquí tienen, un poco crujientes y tomadas de la cola para poder devorarla toda. Lo único que le faltó fue un tanto de picante, pero me quedaré con las ganas de eso, porque aquí lo que me van a dar si lo pido, es Tabasco y eso no me gusta. Acabó el día temprano y las mamás ya estaban cansadas, así que las dejamos en su hostal de Callao. Angelito aún tenía ganas de hacer algo y nos fuimos caminando de ahí a Chueca. Los ojos de Ro y míos estaban pendientes por si acaso en algún lado de por ahí, al dar una vuelta, se aparecía María-Paola y así nos podía regresar los 60 euros que el quitó a Ro... Pero estaba o no la vimos. Dimos vueltas por ahí sin entrar a ningún lado, platicando y viendo a la gente, oyendo, hablando más entre nosotros. Recuerdo que había luna, no llena, pero ya muy cerca o es que así me quiero imaginar la escena de los amigos caminando por Madrid. Luego cuando ya las piernas lo reclamaron y el día del cumpleaños se acercaba a expirar, regresamos a casita. Buen día, Ángel, sé que lo disfrutó y eso es lo importante...
Feliz cumple Angelito!

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26 Dic 2010

27 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 26 Dic 2010 - URL Permanente

El tan merecido descanso, se tradujo a que nos levantáramos a las 2 de la tarde. Para efectos de México, eran las siete de la mañana así que nos quedaremos con ese horario como el oficial con el que nos levantamos.

Hicimos las labores de la casa, que con el viaje, hacía rato que no la limpiábamos. Rcordad que antes de irnos, el plan era lavar y trapear, situación que no sucedió porque nos quedamos de flojotes.
Medio desayunamos y fuimos a Caprabo. Para Ángel, es una gran experiencia ir a Caprabo, como para todos nosotros, Caprabo es lo mejor, amamos Caprabo, compren en Caprabo!
Luego ya con muchas bolsas y con mucha comida (porque tampoco había), ya barrimos y trapeamos todo. Angelito nos ayudó y como acá Ro y yo ya somos muy duchos para eso de la movida de muebles de la casa, pues lo hicimos en un tiempo récord.
Descansamos (sí, volvimos a descansar, es muy cansado ir a Caprabo, regresar con las bolsas por la super cuesta de Rascón y luego barrer y trapear). Comimos y salimos a ver a las mamás ya cuando todo estaba oscuro.
Fuimos con ellas a la FNAC. Si ayer habíamos visitado Sol y la Plaza y la Ópera... Cómo era posible que no hubiesen visitado aún la FNAC? Imperdonable, simplemente, imperdonable...
El punto es que con sus carteras sin fondo, ahora ya no solo fuimos a ver libros, sino ahora sí fuimos a COMPRAR libros. Ro salió con uno de fotos de perros y por fin, por fin, salió con su libro de los Alegatos de los Gatos, donde supuestamente un gato (que no sé por qué ahora creo que se llama Bruno...No, se llama Remo, acabo de checar en internet...) narra sus experiencias en la casa de su dueño. Esperemos que a Ro le guste mucho, porque resulta que hay una segunda parte... Por cierto, no ha leído la segunda parte de Azteca....
Ya de salida no había muchos planes. Las mamás habían ido a pasear en la tarde y ya se querían ir a dormir. Nos dispararon la caja de sandwiches varios quevenden ahí en Callao, en Rodilla. O algo así se llama el lugar, o por lo menos, según yo, eso se lee desde fuera en su muy estilizado nombre que tienen colgando con luz verde a la entrada del local. Es muy extraño que un local de emparedados se llame Rodila, pero en fin, si una pizzería se llama como un juego de mesa (o como un escritor uruguayo), una marca deportiva se llama como una deidad griega, una tienda de muchas cosas se llama El Corte Inglés, y un gato llamado Remo puede contar en primera persona (o eso creíamos) sus andanzas gatunas... por qué no se va a llamar Rodilla una tienda de emparedados?
Pedimos una caja con muchos, y de variados sabores. Están chiquitos, y con el estomaguito que nos cargamos Ángel y yo, pues no van a durar mucho, así que Ángel dijo:
–Ravioles!
Estuvimos de acuerdo y entramos al super del Corte Inglés ahí en Callao, en el último piso. Ángel eligió los ravioles que acompañarían a los sandwiches y nos fuimos a casita.
(Que no se me olvide contar del perro del hostal!... Pero es que hoy no lo vimos)
Llegamos acasita. La Parrillita hizo lo mejor que pudo. Lenta, pero segura, calentó los ravioles que nos supieron muy ricos, acompañándolos con queso, con los Rodilla, y con agua de naranja o mango, alguna de esas, quizá mate...
Mañana es cumple de Ángel!

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Cronopios!

Somos cuatro estudiantes de la carrera "Literatura y creación literaria", impartida en la cultural Casa Lamm. Nos esforzamos en nuestros textos, no sólo con la esperanza de convertirnos en escritores, sino porque las palabras significan una pasión para nosotros.
Esperamos que les guste lo que lean aquí. Los comentarios siempre serán bien recibidos (mientras no le falten al respeto a nadie).
Hemos decidido publicar bajo seudónimo para poder participar en concursos de literatura sin tener problemas por la difusión virtual de los mismos.

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