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31 Dic 2010

31 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 31 Dic 2010 - URL Permanente

Último día de este gran año!

Nos despedimos del viejo año con día de comprar, compras y más compras.
Nos levantamos a las horas estándar para nosotros. Es decir, algo tarde, pero no tanto. Desayunamos y la primera parada fue acá en el Calderón. Estuvimos en la tienda del estadio llevando recuerdos y regalos. Ro y yo vimos unos chapatitos bien monos para niños, casi bebés, como los que usa Fernando Torres. Lo malo es que de seguro, cualquier niño los deja de usar en tres meses, pero están muy muy monos. Yo me quería comprar mi playera del club, la oficial, pero en su lugar salí con la conmemorativa del centenario del año pasado, y con una de entrenamiento muy bonita, toda azul marino y con el escudo del lado izquierdo.
De ahí nos fuimos al Corte Inglés. Luego seguimos caminando y casi llegando a Ópera, vimos una tienda de antigüedades muy bonita que recuerdo que Ro dijo que le encantaría a su ma. Venden fonógrafos, teléfonos, candelabros que se ve que ya tienen muchos muchos años y ya tienen un buen recorrido de años en este mundo, casi casi todo el siglo pasado. La tienda en sí misma está muy bonita. Con una luz un tanto difusa, amarilla, obscura, queda perfecta para la madera color avellana que envuelve el local. Casi nadie entra y es triste que el Corte Inglés tenga como 500% más de clientes que una tienda así, pero así es esta sociedad que te enseña a desechar lo "viejo" y mantenerse joven y "nuevo", "actualizado" a toda costa. Que triste! Espero que la tienda dure mucho.
Siguiendo con las compras (lo cual no se si vaya contra lo que acabo de decir...mmm....), llevamos muchos regalitos y Ro se compró sus botas!
Cuando ya eran suficientes bolsas (y de tan diferentes lugares) como para que nos diera pena, las dejamos en el hostal de las mamás (ya hablaré del Alaska que vive ahí, ya hablaré de él...) y fuimos a comer al restaurante italiano en el que Ro y yo cenamos el primero de diciembre por nuestro aniversario. Es que ahí estaba Angelito con su mamá (Magaly quién sabe dónde andaba) así que nos unimos y luego nos lo llevamos y dejamos a las mamás.
Una situación que no he narrado, pero será hoy buen momento (quizá porque me compré un nuevo libro de él), es cuando Ángel y Ro fueron a buscar a Jesús Ferrero (mi profesor de la escuela de Letras, en noviembre) para pedirle un autógrafo. Yo no pude ir porque estaba con lo de la varicela, pero quería tanto su autógrafo, como el de Recaredo (situación de la que sí hablé y de como se puso medio punk). Lo fueron a buscar en la escuela de Letras, pero no lo hallaron. Les dijeron que sí tenía clase, y quizá estuviese en La Mayor. Alguno de los dos entendió mal o la persona que les dijo lo pronunció mal, el punto es que en primera instancia, ellos entendieron que Ferrero estaba en Nueva York.
–¿¡En Nueva York!? –alguno replicó.
–No, no, en La Mayor, el bar que está aquí en la calle Mayor
–¡Ah! –dijeron aliviados, ya que eso quedaba infinitamente más cerca.
Así que fueron los dos a buscarlo. Y sí, ahí estaba. Al fondo de la barra (o así recuerdo que me lo ha contado Ro) con una soledad tristísima. Tenía una caña y al acercarse, se dieron cuenta de que estaba algo bebido. Le explicaron quiénes eran y quién era yo, el varicelo, y dijo que sí me ubicaba (yo creo que en especial se acordaba de cuando me vio en Tomillo... Difícil no ubicarme entre puras señoras). Me autografió su libro de Las Trece Rosas, y nomás para presumir, transcribo lo que puso:
"A mi querido amigo Jorge le dedico este paseo por el amor y la muerte con el deseo de que te lleve tan lejos, como a mí me llevó. Con un abrazo fraterno" y su firma, donde se alcanza a leer Jesús y un garabato que será el Ferrero. La letra fue difícil de descifrar, pero puedo decir que guardo la dedicatoria con mucho cariño y agradecimiento por la misma. Tengo la esperanza de algún día poder decírselo en persona, y preguntarle si recuerda cuando dos mexicanos, un chaval y una chavala, le pidieron un autógrafo al fondo de la barra de La Mayor...
Regresando al 31, nos dormimos como dos horas. Luego nos fuimos a Sol. "En la Puerta de Sol, como el año que fue..." Había mucha gente. Nos tomamos algunas fotos los cinco viajeros en medio de la algarabía que cada vez se incrementaba. Estábamos sobre Preciados con una muy buena vista de Sol. Algunas personas llevaban sus uvas y su champán. Muchas luces por doquier. Platicamos del año y de lo que esperamos para 2005. Gracias a este año, uno de los más hermosos de nuestras vidas, de los que más hemos aprendido y madurado, gracias, gracias 2004.
A las 11:59, la expectativa, casi al máximo. Se fue al límite ya cuando empezó la cuenta regresiva, casi 2005, y lo celebraremos aquí, en Sol.
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30 Dic 2010

30 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 30 Dic 2010 - URL Permanente

Llegamos tarde al Thyssen. La puntualidad no es lo nuestro. De sobra ha quedado demostrado en este diario de viaje.

Sólo para asegurarnos de que la lección había sido totalmente aprendida, Ro repitió lo del pato y el topo, salió muy bien. Ayer siguió practicando en la noche mientras yo me curaba la herida del chico rompecorazones de Ángel, y hoy el traba lenguas no significó ningún problema. ¿Cómo le habrá ido a la chava que ayer rió? ¿Ya le habrá salido?
Entramos al Thyssen y entre pintura y pintura, encontramos a las mamás. No vimos el museo a fondo, en sí fue bastante por encima, viendo las pinturas rápidamente, pero nos gustó, en especial, obvio, las pinturas de Van Gogh que había, aunque sí habrá que regresar en algún momento, en algún otro viaje porque si faltaron varias salas por mirar.
Comimos con mi mamá ahí afuera del Thyssen, donde hay un Vips. Nos va a quedar la duda si la cadena es igual a la que hay allá en México, aunque parece que no (por el logo, que es diferente y aquí todo es rojo y marrón contra naraja y blanco allá en México) puede que sí (porque el estilo, el concepto, parece el mismo, hasta tiene sección de revistas en la entrada para la espera, el formato de la carta -o menú- y hasta en el menú mismo vimos cierta similitud con el menú -o carta- de allá), pero lo más seguro es que quién sabe. Estuvo muy x, la verdad, pero más que nada lo que queríamos era tener algo en el estómago. Busqué la revista de ciclismo y la revista de corredores de enero, pero ya sé que más bien esas van a allegar hasta el quinto, sexto día de enero, cuando Ro y yo ya estemos de vuelta. (Algo que no había comentado en este diario, es que septiembre, octubre, noviembre y diciembre, he comprado, en los primeros días, estas revistas. La de ciclismo para enterarme todo lo que sucede en mi deporte favorito, aunque por los meses, no haya muchas noticias; y la de correr, para saber métodos de entrenamiento en ese deporte que también practico y que la idea es que corra el maratón de la Ciudad de México).
Paseamos por Sol un rato, hicimos compras y acompañé a Ro a que hablara a Cuerna en lo que mi madre descansaba en el hostal.
Nos vimos poco después de las cinco. Habíamos quedado por mail con Sandra para comer, tomar un café... A manera de agradecimiento por haber ido a verme cuando mi convalecencia de la varicela. Nos vimos en el metro Sevilla, en la línea roja, sobre la calle de Alcalá y rápidamente, al girar la cabeza a la izquierda encontramos la cafetería que me dijo.
No recuerdo bien la cafetería. Según yo nos sentamos en una mesa, casi al centro del espacioso local de suelo amarillo pálido. Mesas y sillas y gabinetes marrón muy oscuro nos rodeaban. Había fotos en las paredes de escenas madrileñas de los anos veinte, quizá un poco antes, luego de los treinta con la guerra, y los cuarenta. Estuvimos cerca de dos horas ahí con Sandra y su novio (ahora esposo), platicando de su calvario para que le revalidaran materias de medicina para poder ejercer aquí, hasta que lo logró. Una de las frases que no sé por qué se me quedaron más grabadas de la conversación (quizá porque yo acababa de leer la extensa biografía del Che, quizá porque a la distancia, me había nacido un súbito espíritu latinoamericano de lucha y revolución) fue la que dijo el novio (ahora esposo) de Sandra:
–Sí, pero la izquierda aquí en España es una izquierda de escritorio, de oficina.
Si acaso algunas palabras menos, eso fue lo que dijo el novio (ahora esposo) de Sandra. Y me imaginé al Presidente en su escritorio, como si no correspondiera ahí y tuviese que estar casi listo para la batalla, con fusil en mano, a punto de salir a la selva, a la jungla, a la sierra... ¿qué significa que sea lo que más recuerdo de nuestras dos horas ahí? No lo se, aún no lo se.
Salimos poco antes de las ocho, con más agradecimientos y saludos para mi primo (que en sí él es amigo de Sandra y por él la contactamos). Paseamos y compramos más cosas. Ahí estaba el segundo libro de los Alegatos de los Gatos, pero ya Ro está desencantada porque el que habla no es el gato, sino el dueño del gato, y al parecer lo más que leerá de ese libro, serán las primeras cinco páginas. Que breves fueron los alegatos de los gatos... Con los dueños no queremos alegar.
Al final, el día acabó con discusión (ya con gabo y Clau que regresaron, y Gabo hace como que lo de la mega discusión del 25 no pasó) acerca de la táctica de la señora Concha: hacer como que todo está perfecto en la casa y hacer que no está en su casa... Malos presagios para que nos devuelva los 700 euros de depósito. Malos presagios...

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29 Dic 2010

29 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 29 Dic 2010 - URL Permanente

Topo, totopo, topito, el topo toca el pito, si el pato se toca con el topo, a ... lo quito

Luego de repeticiones y repeticiones, Ro lo logró. Estábamos formados en la fila para entrar al Thyssen, era enooooooormeeeeeeee! Se salía del museo y había poco espacio para que los peatones caminaran por la acera. Cuando ya pasamos por las rejas negras, Ángel empezó con su juego del topo y el pato. Ro estuvo dale que dale repitiéndolo: no, nada, así no, que no, no, te falta, no, eso no va, así no, nada, no, que no, que no!, oh, ya casi, no, uy!, no, ya mero, ahí va, ya mero ya mero, ya te había casi salido, no, nada, venga, otra, no, eso...no!, no, nada... Luego de varios intentos, cuando aún estábamos fuera del recinto y la fla no daba muestras de avanzar:
–Topo, totopo, topito, el topo toca el pito, si el pato se toca con el topo, a golpazos lo quito!
Todos nos pusimos contentos... hasta la chava que estaba atrás de nosotros le dijo unas palabras de felicidad ya que ella también había sido testigo de las repeticiones, las repeticiones, las repeticiones, hasta que salió bien. Ella también se puso contenta y se rió.
Fue como una señal, el que ya saliera bien lo del Pato y el Topo, ya que seguíamos afuera del museo y adentro las multitudes también se veían monstruosas. Luego de deliberarlo rápidamente, Ángel, Ro y yo, decidimos salirnos de la fila.
Fuimos al zoológico! Está caro, en especial en comparación con el de allá de Chapultepec (en ese caso, está carísimo, es un robo el de acá!...) Pero valió mucho la pena, nos la pasamos muy bien viendo pingüinos, jirafas, panteras, el show de los osos, leones, vimos el espectáculo de los delfines (nadie se sentó en las primeras filas, ya que como es de esperarse en estos casos, los delfines van a mojar a la gente, pero con este frío, eso sería insoportable...aunque los delfines se portaron bien, sólo mojaron un poquito las primeras butacas), nos peleamos con una familia (los muy desdichados le estaban dando de comer a los animales cuando ahí al lado, justo al lado, había un letrero donde se pedía precisamente no hacer eso! Les reclamamos y el tipejo nos puso cara burlona y actitud de que n nos andáramos metiendo donde no nos llaman, pero Ro y yo estábamos muy enojados de que hiciera eso! Angelito tomó una posición anti-violencia y mejor votó porque ya nos fuérmaos y eso hicimos, también ellos, en direcciones opuestas... Pero sí nos enojamos! Que no manchen!), vimos a los tiburones y en general todo el zoológico.
El que merece un párrafo aparte, es el gorila: sentado un poco de lado, junto al cristal. Estábamos en una parte cerrada para nosotros los visitantes, como si fuera una cueva y los cristales daban al exterior donde, en este caso, se encontraba el gorila. Tenía un pelaje negro-grisáceo, que brillaba y a ratos era blanco, según cómo le diera la luz del sol y la viéramos desde el cristal. Se giró un poco a la izquierda, así estuvo un rato, viendo al frente y dando ojeadas a nosotros, un grupo como de quince personas que iban y venían, aunque nosotros tres nos manteníamos ahí, expectantes, maravillados del animal. Luego ya se giró completamente hacia nosotros. Sentado sobre su trasero, en el borde de su hábitat, con el brazo extendido podría tocar el cristal que nos separaba. Sus ojos nos veían, sus ojos a nuestros ojos, pasaban a otro, pasaban a otro visitante más, miraba sus manos, volteaba a su hábitat y regresaba a la posición frontal para volver a mirarnos. Sus pupilas a ratos se concentraban de seguro en su reflejo aunque no siempre, porque sí pasaba revista por sus invitados. Yo juro que en algún momento se me quedó viendo más tiempo del que les dedicaba a los demás. ¿Qué estaba pensando el gorila mientras me veía? Fueron unos cuantos segundos en que nos mantuvimos la mirada... Yo sé que no pensé en nada, sólo el momento. ¿Y él?...
Ya de salida, como aquí atardece muy temprano, nos fuimos con la bonita estampa de unas jirafas, unos bisontes y los árboles, la vegetación a los que ellos están acostumbrados. Si no fuera por el frío, uno podía mirar hacia el cielo, al morado, azul ,negro, violeta y rojo, con las hojas de las primeras ramas de lo alto de los árboles y hasta podría imaginar que estábamos en África... si no fuera por el frío...
Nos fuimos corriendo Ro y yo. Había una peli que nos había llamado la atención, se llamaba Roma. Ángel ya había quedado con su madre y su tía, así que él se fue con ellas. Ro y yo llegamos justo cuando la función había empezado, aún pasaban los crédito iniciales. Es raro... Es una peli que nos impactó, que yo puedo decir que está entre las cinco pelis que más me gustan, y no recuerdo en qué cine la vimos. También es raro... sólo la he visto una vez, es que es muy difícil conseguirla. Pero si alguien puede o sabe dónde conseguirla, será bueno: Roma, de Adolfo Aristaráin, con Juan Diego Botto y Susú Pecoraro. Que bonita y emotiva película, salimos en trance Ro y yo del cine. Contentos y emocionados por ver tan buen película sin saber mucho de qué iba: un periodista que visita a un anciano escritor, quien le empieza relatar su vida, los sesenta en Buenos Aires, los amigos, el amor y la relación que llevó con su madre, Roma. Vale muchísimo la pena esta bohemia película.
De regreso en casita, llegó Ángel y estuvimos jugando luchitas. Ánge no midió sus fuerzas y me pegó y sí me dolió...ahí acabó el juego.

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28 Dic 2010

28 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 28 Dic 2010 - URL Permanente

Feliz Cumple Ángel!

Nos despertamos retrasados, respecto a la hora en que habíamos quedado con las mamás. Ellas ya estaban el restaurante de El Corte Inglés cuando llegamos, ya tenían los jugos en la mesa, el pan, las servilletas algo usadas, el café y la primera parte del plato, devorada. La vista hacia Gran Vía estaba muy bonita, a lo lejos, la sierra. Más que desayunar, pasamos el tiempo tomando fotos y hablando sobre qué cosas estaban en qué lado, en especial la casa.
El desayuno no fue nada del otro mundo, más que nada, te cobran por la vista. Ah! Por cierto, nosotros estuvimos en la parte pegada a la ventana, entonces a vista era mejor y el sol no molestaba mucho, había algunas nubes que de vez en cuando lo dejaban salir. Y con el calorcito que se iba acumulando ahí dentro de los cristales, se sentía todo muy muy rico.
Hicimos tiempo paseando por Callao y fuimos con don Argüelles a que nos diera dinero.
Luego fuimos al cine de la Luna, a ver Los Increíbles. La vimos en inglés porque nomás no nos gustan con el doblaje de aquí. Nos arrancó varias risas y aún hasta ahora cuando llego a ver algo de ellos, lo primero que me viene a la mente es que esa peli, la ví en Madrid, en el cumple de mi amigo.
Saliendo de ahí, ya era bastante tarde. El restaurante elegido para la comida-cena del festejado, era hasta Ciudad Lineal, que para nosotros, en términos de México, era como ir hasta Neza.... Pero acá está más bonito. Llegamos algo antes y mientras estuvimos dando vueltas en un como centro comercial que ahora que lo recuerda, según yo tenía forma circular, era de varios pisos y en sí me recordó a lo que en México es Pericoapa: locales, no tiendas de metal, con sus cortinas de lo mismo para correr en la noche, chiquitos y donde en sí se puede encontrar de todo: peluches, móviles, películas, ropa... No importaba que Navidad ya hubiese pasado, las compras seguían al máximo, muchas niñas pijas, señoras con sus hijos, señores con los suyos, familias, niños pijos viendo a quién ligar... Todo esto encerrado en el complejo de cristales, el complejo circular por más que aquí se llame Ciudad Lineal.
Jamás habíamos estado allá y fue bueno ver qué había de ese lado de la ciudad. o compramos nada, mejor nos salimos y como según nosotros aún teníamos tiempo, nos fuimos a una vendimia callejera que había enfrente de la plaza, junto a una iglesia. Había productos de Perú principalmente. Había ponchos! Pero no me compré ninguno, como que me da pena por cómo me veían cuando yo anduve así en la calle hace ya algunos meses. Ro compró regalos para Chuleta, para Sebastián y con un tarjetazo, pagó el regalo de Hugo... Yo no compré nada, no traía mucho dinero, ni la cartera sin fondo que sólo se queda con las mamás.
A contra esquina de la vendimia y de la plaza circular, estaba el restaurante. Era uno que al parecer Ángel ya conocía de cuando anduvo viviendo acá. Principalmente vendían mariscos y estuvo muy muy rico. Las gambas capeadas, para mí fue lo mejor: Preparadas con el limón amarillo que aquí tienen, un poco crujientes y tomadas de la cola para poder devorarla toda. Lo único que le faltó fue un tanto de picante, pero me quedaré con las ganas de eso, porque aquí lo que me van a dar si lo pido, es Tabasco y eso no me gusta. Acabó el día temprano y las mamás ya estaban cansadas, así que las dejamos en su hostal de Callao. Angelito aún tenía ganas de hacer algo y nos fuimos caminando de ahí a Chueca. Los ojos de Ro y míos estaban pendientes por si acaso en algún lado de por ahí, al dar una vuelta, se aparecía María-Paola y así nos podía regresar los 60 euros que el quitó a Ro... Pero estaba o no la vimos. Dimos vueltas por ahí sin entrar a ningún lado, platicando y viendo a la gente, oyendo, hablando más entre nosotros. Recuerdo que había luna, no llena, pero ya muy cerca o es que así me quiero imaginar la escena de los amigos caminando por Madrid. Luego cuando ya las piernas lo reclamaron y el día del cumpleaños se acercaba a expirar, regresamos a casita. Buen día, Ángel, sé que lo disfrutó y eso es lo importante...
Feliz cumple Angelito!

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26 Dic 2010

27 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 26 Dic 2010 - URL Permanente

El tan merecido descanso, se tradujo a que nos levantáramos a las 2 de la tarde. Para efectos de México, eran las siete de la mañana así que nos quedaremos con ese horario como el oficial con el que nos levantamos.

Hicimos las labores de la casa, que con el viaje, hacía rato que no la limpiábamos. Rcordad que antes de irnos, el plan era lavar y trapear, situación que no sucedió porque nos quedamos de flojotes.
Medio desayunamos y fuimos a Caprabo. Para Ángel, es una gran experiencia ir a Caprabo, como para todos nosotros, Caprabo es lo mejor, amamos Caprabo, compren en Caprabo!
Luego ya con muchas bolsas y con mucha comida (porque tampoco había), ya barrimos y trapeamos todo. Angelito nos ayudó y como acá Ro y yo ya somos muy duchos para eso de la movida de muebles de la casa, pues lo hicimos en un tiempo récord.
Descansamos (sí, volvimos a descansar, es muy cansado ir a Caprabo, regresar con las bolsas por la super cuesta de Rascón y luego barrer y trapear). Comimos y salimos a ver a las mamás ya cuando todo estaba oscuro.
Fuimos con ellas a la FNAC. Si ayer habíamos visitado Sol y la Plaza y la Ópera... Cómo era posible que no hubiesen visitado aún la FNAC? Imperdonable, simplemente, imperdonable...
El punto es que con sus carteras sin fondo, ahora ya no solo fuimos a ver libros, sino ahora sí fuimos a COMPRAR libros. Ro salió con uno de fotos de perros y por fin, por fin, salió con su libro de los Alegatos de los Gatos, donde supuestamente un gato (que no sé por qué ahora creo que se llama Bruno...No, se llama Remo, acabo de checar en internet...) narra sus experiencias en la casa de su dueño. Esperemos que a Ro le guste mucho, porque resulta que hay una segunda parte... Por cierto, no ha leído la segunda parte de Azteca....
Ya de salida no había muchos planes. Las mamás habían ido a pasear en la tarde y ya se querían ir a dormir. Nos dispararon la caja de sandwiches varios quevenden ahí en Callao, en Rodilla. O algo así se llama el lugar, o por lo menos, según yo, eso se lee desde fuera en su muy estilizado nombre que tienen colgando con luz verde a la entrada del local. Es muy extraño que un local de emparedados se llame Rodila, pero en fin, si una pizzería se llama como un juego de mesa (o como un escritor uruguayo), una marca deportiva se llama como una deidad griega, una tienda de muchas cosas se llama El Corte Inglés, y un gato llamado Remo puede contar en primera persona (o eso creíamos) sus andanzas gatunas... por qué no se va a llamar Rodilla una tienda de emparedados?
Pedimos una caja con muchos, y de variados sabores. Están chiquitos, y con el estomaguito que nos cargamos Ángel y yo, pues no van a durar mucho, así que Ángel dijo:
–Ravioles!
Estuvimos de acuerdo y entramos al super del Corte Inglés ahí en Callao, en el último piso. Ángel eligió los ravioles que acompañarían a los sandwiches y nos fuimos a casita.
(Que no se me olvide contar del perro del hostal!... Pero es que hoy no lo vimos)
Llegamos acasita. La Parrillita hizo lo mejor que pudo. Lenta, pero segura, calentó los ravioles que nos supieron muy ricos, acompañándolos con queso, con los Rodilla, y con agua de naranja o mango, alguna de esas, quizá mate...
Mañana es cumple de Ángel!

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25 Dic 2010

26 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 25 Dic 2010 - URL Permanente

Despertamos en el autobús.

Ya eran cerca de las siete de la mañana cuando yo me desperté totalmente. Ro veía por la ventana los campos nevados y los coches avanzando con sus intermitentes. Aún faltaba más viaje, a pesar de que supuestamente íbamos a llegar a Madrid a las seis, siete de la mañana. Lo positivo era que ya estábamos de vuelta en España, pero todavía sin mucha idea de qué parte.
En la madrugada nos habían despertado cuando, de nuevo, estuvimos en Montpellier. Nos bajamos un poco (creo que solo me bajé yo, hacía mucho frío y cero nieve) aunque sea para decir que había pisado ahí. Luego un poco más adelante, la policía francesa, en el cruce fronterizo, hizo una inspección. Sacamos nuestros pasaportes pero no nos los pidieron, solo a una pareja y a un señor que según yo, por su físico y lo que hablaban, eran como rusos. Los bajaron, estuvimos detenidos un ratito y luego le dijeron al del bus que ya no subiría. Quién sabe que fue de esos pasajeros que ya no volvieron al viaje...
El bus a ratos avanzaba lento. Ya no por la nieve, que aquí no había, sino más bien por el tráfico que se había acumulado por las fiestas y los días de vacaciones que todos aprovechan para salir. Pero en general, el viaje ya fue más fluido.
Empezamos a ver los letreros que ya indicaban cada vez con más frecuencia, la dirección hacia Madrid; la nieve desapareció y nos sentimos ya más aliviados porque eso significaba ya estar más cerca de casita.
A las doce y media del día, entramos a la estación de autobuses. Un viaje que originalmente debía llevar dieciséis horas, nos llevó veintidos. Pero no importó. Conocimos la nieve, y eso compensó por mucho, las seis horas extras de viaje.
Llegamos a casa a dormir. Estábamos cansadísimos. Aunque Ro un poco menos, ya que fue al Rastro antes de que recogieran los puestos, a eso de las cuatro de la tarde.
Ángel y yo nos levantamos y bañamos (cada uno por su lado) y fuimos, con Ro, a por las mamás y la tía de Ángel a Barajas. Había una cierta duda en nosotros de si su vuelo sí había despegado, por eso de la nieve, pero sí, de hecho ya llevaban un rato esperándonos, como media hora. Les dijimos que se nos había hecho tarde por la dormida y por el metro que no pasaba y luego no encontrábamos la sala de llegada. Pero ya, aquí estaban.
Para mayor comodidad, nos fuimos en taxi y fue buen aelección ya que si no, no hubiéramos podido ver uno más de los momentos mágicos de este viaje: nieve en Madrid. Cuando cruzábamos por una calle muy cerca de Tomillo, por República de Argentina, de pronto empezaron a caer copos, tímidos, lentos de blanco sobre la calle, amarillo ámbar por las farolas ya prendidas en esta bebé noche, copos sobre el parabrisas, aquí y allá se juntaban lentamente, luego un poco más conforme el taxi avanzó y bajaba hacia el centro. Duró una, dos cuadras. En algún momento el taxista tuvo que usar el limpiaparabrisas. La nieve cesó. Pero sí, habíamos estado en Madrid nevando. Nieve en Madrid.
El conductor nos dijo que hacía muchos, muchos años que no caía nieve aquí.
Se quedaron en un hostal en Callao, a media cuadra de donde nosotros nos habíamos hospedado en septiembre, donde estaba la chavala que cantaba de su mamá y de la carnicera. Conocimos al perro Alaska que ahí vivía, aunque aún no hizo su show de los aullidos, eso fue luego y luego será contado.
Ya que las mamás traen una cartera sin fondo (no tanto, pero en comparación con nuestros fondos monetarios, sí), fuimos a comer con ellas (repito: para efectos de espacio, "las mamás" se refiere a la mía, a la de Ángel y a la tía de Ángel) al Museo del Jamón. Desde hace tiempo que le tengo ganas a un bocadillo con huevo, así que hoy era el día... Pero no se pudo, ya que sólo lo dan de desayuno.
Las llevamos al paseo de rigor para el que visita la ciudad por primera vez: Callao, Sol, Plaza Mayor y Ópera con Palacio y Catedral. Sólo fue por fuera, para que se dieran una idea de la ciudad. Ya habrá más días.
Las dejamos en su hostal y regresamos a casita, tres viajeros, muy amigos, subiendo por Rascón al calor del hogar en este Madrid que sí, hoy fue, durante una, dos cuadras, un Madrid nevado...

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25 Dic 2010

25 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 25 Dic 2010 - URL Permanente

El día de Navidad no empezó muy bien, pero acabó increíble...

Ángel, Ro y yo, habíamos hecho planes de levantarnos muy temprano para que nos diera tiempo de desayunar y salir a pasear ya sea, ahora sí al Sagrado Corazón, o caminar por los Campos Elíseos. No pudimos hacer ninguna de las dos. La razón? Nos peleamos con Gabo y Clau!
En sí nadie le dijo a los otros acerca de sus planes, pero Gabo y Clau habían dicho que se iban a levantar antes que nosotros. Así que yo me levanté muy bombín tempranito al baño. Ví a Gabo y Clau dormidotes. Cuando ya estaba la regadera con el agua cayendo y yo estaba por quitarme la pijama, que en eso me toca Gabo. Me pregunta si me voy a bañar y le contesto que sí. Me dice que si se puede meter él y luego Clau que porque ya se les hizo tarde y tienen que tomar su autobús a Bélgica. Yo le dije que nosotros nos íbamos a bañara para aprovechar las horas que nos quedaban en París, que ellos habían dicho que se iban a levantar antes y que ahora ellos por flojos pues se tenían que esperar a que nosotros, empezando por mí, sí nos levantamos a la hora que habíamos dicho. La situación no cambió mucho, sólo que se despertaron los demás. A Gabo se le hacía increíble mi falta de empatía por el hecho de que al parecer no entendiera que el meterse quién a bañar primero estaba fuera de la discusión: eran ellos, porque ya se les había hecho tarde. A mí no me sacaba de que eso era su culpa, y nosotros íbamos a conocer menos de París porque a los muchachitos se les pegaron las sábanas.
En mi vida había visto a Gabo tan enojado: Llegó un punto en que literalmente no podía hablar. El pobre de Ramiro estaba como espantado, ya no sabía dónde meterse y de seguro andaba pensando, a qué familia vine a parar? Gabo respiraba y soltaba una palabra, respiraba y soltaba otra, así hasta que completó una frase, no recuerdo si hasta temblaba, pero no me sorprendería que sí lo estuviera haciendo. Estaba encabronadísimo. Al final, pues nos tuvimos que aguantar a que se bañaran. Yo ya ni pude dormir, de lo molesto y de lo impactado de ver a Gabo así y del ruido que para variar, hizo Clau al bañarse, al vestirse, al poner su maleta, al irse... Creo que de hecho ni nos despedimos, yo me hice el dormido...
Con esto ya perdimos cerca de una hora, hora y media. Y si de por sí el tiempo con el que contábamos no era muchos (como una hora, hora y media) pues eso ya hizo imposible para nosotros tres, que nos fuéramos a pasear. Nos bañamos, arreglamos nuestras cosas y desayunamos el plato continental. Nos fuimos a la estación de autobuses, ya no veríamos nada más de París: Regresábamos a Madrid.
A las 14:30 de la tarde, el bus salió de la estación. Suspuestamente, iba a ser un viaje de 16 horas, así que debíamos de llegar a Madrid a eso de las 6:30 de la mañana del 26. Ajá...
Ángel quería que un chico guapo se sentara junto a él. De pronto, que entra un 40 muy poco agraciado físicamente, se acerca al asiento vacío junto a Ángel, se acerca, se acerca...y pasó de largo. Estábamos un poco atrás de la mitad del autobús. Al final, le tocó un chavo bastante buena onda con quien estuvo platicando una buen aparte del viaje, y vaya que hubo tiempo para eso...
Ya en la noche, comenzó a nevar. Un poco. Luego seguimos avanzando y en la penumbra de los campos oscuros, la carretera iluminada por los faroles de los coches y las de calle, se veía una nevada hecha y derecha por todos lados. Eso hizo que el bus avanzara muy lento en algunos tramos. Comimos-cenamos a las ocho de la noche en un lugar donde no había nieve, pero conocimos a Roxana Fibras, una chica que estudiaba prepa abierta en Cuerna, vivía en Madrid, regresaba de unos días en París y se iba a Barcelona, cualquier parecido con nuestra Ro, pura coincidencia... Esto muy loco eso. Un deja vú extraño nos dejó como sensación haberla conocido...
Nos dormimos un rato luego de que el bus casi no avanzara y a la media noche, nos detuvimos en una tienda. Fue mágico: Estaba nevando!!! Era la primera vez que Ro y yo (no sé si Ángel) veíamos nevar. Nos bajamos todos emocionados (los únicos, ya que todos los del bus venían algo fastidiados por el viaje y por la nieve) y estuvimos jugando pisando la nieve, dejando nuestras huellas, humedeciendo totalmente nuestros tenis, calcetines y pies, viendo a contraluz de las farolas los copos caer y caer. Para nosotros, que jamás habíamos visto nevar, fue mágico, fue inolvidable. Ángel siguió platicando en la tienda con su nuevo amigo, pero Ro y yo no quisimos desperdiciar un solo momento de poder estar en la nieve. La tocamos, la sentimos, la pisamos. Nos tomamos unas fotos bellísimas con unas sonrisotas y la nieve cayendo por todos lados. Fue la cereza, la dulcísima cereza gigante a nuestro gran viaje a París: conocer a la Nieve. Qué momento, blanco momento cayendo y mojándonos, qué momento juntos, riendo y pisando fuerte, dejando huella en la nieve...
Fuimos los últimos, para estirar al máximo la nieve, en subimos emocionados sin parar de ver la ventana y el paisaje blanco. Creo que cualquiera que nos vio, se dio cuenta de que era la primera vez que estábamos en la nieve. Hasta que caímos rendidos. Esto va para largo, el bus casi no avanza, mucho tráfico, y hermosa, mucha, bellísima nieve...

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24 Dic 2010

24 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 24 Dic 2010 - URL Permanente

Muy temprano de nuevo, tomamos el “Renfe” francés…

Llegamos a Versalles. Me voy a arriesgar: Probablmente la foto, que más tengo presente, es la de Ro, con su abrigo blanco, de brazos abiertos, abarcando, dándonos la bienvenida a su Palacio… Me encanta, me encanta esa foto!

En Versalles uno se de cuenta del por qué se hizo la Revolución: tanta opulencia era realmente una ofensa contra la gente. Recorrimos todas sus estancias, vimos de nuevo la pintura de la Coronación de Napoleón, las habitaciones, la del Delfín (que fue motivo d einfinitas bromas no sólo hoy, sino inlcuso aún ahora…). El maravilloso Salón de los Espejos, estaba en reparación, así que sólo pudimos ver una tercera o una cuarta parte de él. Qué lástima!

Mi impresión fue que recorrimos lo suficiente como para que, juntado a todo lo que hemos visto estos días, ya no valoremos realmente lo que vemos. Ya perdimos creo, un poco la capacidad de asombro. Aún así, nos queda un buen recuerdo de Versalles y de lo bonito, opulento y, a mi juicio, exagerado que está.

(Hay una foto de Ángel, Gabo y yo, en los jardines… Ángel y Gabo está tomados de los guantes, jiji!)

No regresamos en el trenecito. De pasada vimos la Estatua de la Libertad. Estábamos muy cansado y yo incluso, llegué a dormirme en una parte del viaje de regreso a la capital.

De regreso fuimos a Ópera. Estuvimos imitando le sonido que hace el metro, una mujer diciendo:

–Opégaaaa….. ¡Óoooopegaaaaaa!

Hay compositores, bustos de compositores en la parte superior. Mozart está en el centro. Nos metimos al vestíbulo, pero no vimos mucho más. Para eso, hay que pagar. Además, creo que había un evento, entonces menos…

Nos fuimos Ángel, Ro y yo a Trocadero. Nos pusimos en una barda con la Torre Eiffel de fondo. Nos estuvimos esperando a que salieran los foquitos intermitentes en toda la torre para tomarnos fotos. En una, Ro y Ángel, la enmarcaron, tomados de la mano y en un pose muy graciosa, está linda también esa foto: están sentados, como cayéndose un poco hacia atrás, la mano izquierda de Ro y la derecha de Ángel extendida, viendo hacia arriba, y las otras manos, enlazadas; al fondo, la torre. Aplausos al fotógrafo, yo, que supo capturar el momento, jiji!

La última visita del día, antes de la cena de navidad, iba a ser a la iglesia del Sagrado Corazón, en Montmarttre. Sí fuimos, ahí estábamos, abajo, pero la spiernas, lueg de tanto caminar, en especial en el Palacio, se espantaron de ver la cantidad de escaleras que tendríamos que subir para llegar a ella. Se quejaron, patalearon, dijeron que no, que no y que no y al final ganaron. El cansancio ahora sí nos ganó. Además ya se sabe: siempre hay que dejar algo por hacer a donde vayamos, para tener aún más motivos para regresar.

Fuimos al hotel. Un nuevo integrante, que aún hoy me acompaña, se unió a mi vida: Ramiro!

Ramiro es un precioso perrito Beagle que ya había visto yo en una tienda una cuadra antes de nuestra casa en Madrid. Es como un supercito, donde te encuentras desde peluches, hasta cosas de cocina. El perrito me encantó. Tiene cara de que no rompe un plato, pero es bien travieso. Nos dimos los regalos de navidad y mi regalo de parte de Ro fue el beagle. Le puse Ramiro por un comercial que había visto con un beagle coqueto hace tiempo en México. Estoy feliz, feliz, feliz, con mi perrito. (Aún ahora, es mi adoración y lo quiero much a pesar de la lata que da). Por cierto, es de peluche.

Fuimos a las Galerías Lafayette por fuera y ya para la cena de Navidad, fuimos a un restaurante italiano. Definimos la cena como un “BIG-BIG teatro”, ya que a la tía de Ángel se le subió un poco el acohol, Clau lloró por su familia en México, y Ángel decidió salirse a vagar por París, solo, sin avisar a nadie, en fin…

Feliz Navidad!

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23 Dic 2010

23 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 23 Dic 2010 - URL Permanente

Hoy ha sido uno de los días más largos e intensos de todo el viaje.

Yo fui el primero en despertar y bañarme. A las seis dieciséis de la mañana, ya estaba en la regadera. Entre que cada uno se bañaba y tuvimos el frugalísimo desayuno continetal que daba en el hotel, al cuarto para las nueve de la mañana ya estábamos en la taquillas del Louvre. Cuando abrieron las puertas, sólo había una pareja enfrente de nosotros que oficialmente, fueron los primeros en entrar al museo ese día.

Rápido, vimos un mapa y ocn lo que medio me acordaba, fuimos a la zona donde estaba la Mona Lisa.

Ahí, impactante, como la Torre Eiffel, algo que sólo ves en fotos, en videos. Ahí estba, bajo su cristal anti reflejante de alta seguridad. Cuando llegamos a la sala, no había nadie y en el tiempo que estuvimos ahí, sólo recuerdo a un japonés tomando fotos y a otra pareja ya grande que merodeaba el lugar. Nos tomamos y le tomamos fotos a placer. Cuando yo me fui a una sala contigua, me quedó otra estampa más que será inolvidable: la pintura me quedaba fuera de vista, ya que estaba de lado; y así, de perfil, Ro con su saco claro, con una pierna doblada, recargada sobre el barandal, una ligera sonrisa y los ojos ensoñados, admirando la obra de Leonardo. Qué imágen…

Seguimos el breve recorrido del museo. Vimos la Victoria Alada y las grandes pinturas de la sala que está con las paredes rojas: La Barca de la Medusa, La lIbertad Guiando al Pueblo de Delacroix, y la Coronación de Napoléon, entre muchas otras como una que me impactó de una cahav dormida teniendo pesadillas, con un demonio y un caballo alocado. Esa me perturbó…

Bajamos y vimos la Venus de Milo. No faltaron referencias a la Venus de Milo de jalea de Homero. Lo malo es que por la hora, ya el museo estaba más concurrido y aquí sí tuvimos que sortear paseantes para verla, y luego tomarnos fotos.

Salimos y más fotos, ahora en la entrada del museo, donde está la pirámide y con vistas a todo el conjunto del museo.

Cruzamos el río. Más recuerdos de hace un año: estar sentado en una banca, arriba del Sena, en el vernao parisino, oyendo a Shakira con Estoy Aquí, pensando dónde estaba en ese momento Ro, queriendo estar ahí con ella…

Llegamos a Orsay. Otro de los grandes puntos del viaje y otro al que quería regresar, ahora con Ro. Pasamos casi de largo por la parte baja. Subimos y el recorrido comenzó a ser má slento conforme los impresionistas pasaban lista. Ro se emocionó mucho con los cuadros de Monet con la joven en el campo, protegida por su sombrilla. Le tomé fotos con la pintura.

No recuerdo quién está antes, pero el punto es que una sala antes de Van Gogh, Ro vio a lo lejos las pinturas con las inconfundibles plastas y colorido. Allá fue. Cuando la alcancé, ya estaba admirando el cuarto de Vincent. Me emocionó tanto estar ahí con ella… Vimos al Doctor Gachet, la Noche Estrellada dobre el Ródano, su cuarto como ya dije, una iglesia en Auvers Sur Oise… Toda la sala rodeados de pinturas de Vincent. Nos tomamos fotos con muchas de ellas, y sin duda, fue el lugar en el que más nos tardamos. Es increíble pensar que Vincent estuvo sentado frente a esas pinturas, las tocó, con su pincel, con sus manos quizá… fue mágico, realmente mágico.

Seguimos y vimos a Toulouse y a Degas. Había pinturas hechas en pastel, que para presrvarlas tenían que ser vistas cona luz bajísima. Vimos a Manet también. Pero por nuestros gustos, la visita se la llevó Van Gogh, quizá más que Leonardo, incluso.

Comimos unos sandwiches en la cafetería del museo. Allá estaba el Sena, con sus barquitos llenos de turistas paseando. El clima a estas horas está soportable. Aunque tenemos que estar cargando ropa, ropa y más ropa para cuando baje la temperatura y comience el frío.

Fuimos luego al cementerio de Pere Lachaise. Nos bajamos una estación de mtero antes y fue ahí cuando nos dio la impresión de que si teníamos que definir a París con un color, éste sería el gris. Ro:

–París es gris. El piso es gris. Las calles son grises. Hasta el cielo es gris!

Camino al cementerio, nos detuvimos en una tienda de discos. Todos se adelantaron y nos fuimos solos Ángel, Ro y yo.

Ver a Jim Morrison aquí es fácil: para encontrar su tumba, sólo tienes que seguir el flujo de gente y llegarás. Visitamos al rockero. Muchas flores y pintas en las tumbas adyacentes con ilusiones a él. La mamá de Ángel como que no entendía muy bien qué hacíamos ahí pudiendo ver a Chopin, pero si fue algo especial para mi madre, para Ángel y para mí.

Con la ayuda del mapa, fuimos al norte del cementerio y visitamos a Oscar Wilde. La tumba está llena de besos, de labios rojos en homenaje espontáneo y lindo al escritor. Ro puso su beso y Ángel también. La tumba está muy rara: parece un azteca a punto de emprender el vuelo. De los datos “curiosos”: murió un treinta de noviembre, el mismo día del aniversario de Ro y yo, en 1900…

El siguiente punto de visita fue Notre Dame. Antes de entrar: fotos! La que más recuerdo es la de Ángel, Gabo y yo. Entramos y recorrimos toda la iglesia. Lo que más me gusta de ella, es el coro, de madera y con pasajes grabados. La imresión que me dio fue que no causó tanta impresión o más bien ya no teníamos cabeza para regsitrar todo lo que andábamos viendo desde ayer. La verdad, no tengo muchos recuerdos de esa visita…

Pero sí me acuerdo que cuando salimos, nos fuimos los cinco y mi mamá a comer-cenar a un restaurante muy cerca de ahí. Teníamos vista de la Catedral y el frío se nos quitaba con unos fogones a los que se les podía regular el fuego que emanaban. Nos pusieron dos a los lados y ahí comimos. Yo, algo que llevaba mucho queso, pero no era Fondue. El que se llevó las palmas, más que el chef porque todo estaba muy rico, fue el mesero. Muy agradable y risueño. Nos tomó una foto y todo. Nos dejó un muy bonito recurdo del restaurante.

Pasamos al Hotel de Ville. Y Ro se subió al mega carrusel que hay ahí. Caminamos de l mano por los Campos Elíseos hasta llegar al Arco del Triunfo. Ahí la más emocionada era mi madre, ella historiadora, imaginando tantas escenas de la Historia Mundial que habían sucedido ahí. Lo que recuerdo es su frase emocionada, acerca de la sgeunda guerra mundial, diciéndo incrédula:

–Es que te imaginas lo que ha de haber sido estar aquí, cuando los nazis desfilaban, con la ciudad tomada?

Es un caos cruzar al Arco. Como es en una glorieta, tienes que sortear a los coches, gente que ya quiere llegar a sus casas y apenas y respetan el hecho de encontrarse alrededor de un monumento tan visitado por turistas.

Dejamos a mi madre en el hotel, ya con el de Ángel y su tía. Discutimos ahora sí (o más bien fue Ángel, como chivo expiatorio por ser el único que habla francés) con el de la recepción, quien se quejó de que fuéramos tantos en una sola habitación. Nos dijo que el límite eran cuatro y que nosotros, al ser cinco, teníamos que estar en dos habitaciones. Los precios eran elevados, así que más bien se usó el hecho de que no nos entendíamos bien, para dejar todo así, aunque nadie quedó conforme. El recepcionista, por pensar que éramos unos gandallas al no respetar el número de huéspedes permitidos por habitación, nosotros, por pensar que el recepcionista era un gandalla por querernos cobrar una habitación de más por sólo una persona extra (no sé por qué no nos podían dar una cama de más… igual y porque no cabía… el cuarto era muy chiquito y la cama abarcaba mucho!)

Nos fuimos lso cinco viajeros al Moulin Rouge de nuevo. La última visita del día, fue una sex shop a la que nos metió Angelito.

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22 Dic 2010

22 Diciembre de 2004

Escrito por: cronopioslamm el 22 Dic 2010 - URL Permanente

Llegamos a París!

A eso de las doce y media de la tarde, el bus entró en la central de autobúses de París ( o una de las que hay). El viaje no empezó del todo bien, ya que nos enojamos con Clau y Gabo, ya que se tardaron una hora viendo lo de sus boletos: ellos no se van a regresar a Madrid al término de este viaje francés, se van a seguir a Bélgica. Y entre que iban y venían y las filas que había perdimos una hora. En algún punto estábamos Ángel, Ro y yo, ya en la parte que conecta la estación con le metro, viendo a todos los paseantes ir y venir.

–Está viejo, feo y sucio! –dijo Ro en su impresión del metro francés. La gente, al contrario de mi opinión de ellos, le pareció simpática.

Yo no, yo estoy un poco aterrado de estar aquí, mi idea de los franceses es de gente que te ve feo cuando les hablas en inglés (se entiende... pero es el único idioma con el que me puedo comunicar aquí!). Lo bueno de esto es que Angelito viene con nosotros y él sí sabe hablar el idioma, así que desde ahora digo que la frase más utilizada estos días va a ser:

–Angelito, qué dice?

Frase que acabría traumando a Ángel.

Por fin Gabo y Clau aparecieron ya con sus problemas de tickets resueltos. Hubo algo de recelo en Ro y en mí por el hecho de que ya en estos días va a ser cumple de Ángel; nos va a tocar en Madrid, apenas regresando, y aún sabiendo esto, Clau y Gabo prefirieron irse. Un amigo es un amigo! A lo que seguramente ellos contestarían: Pero Europa y el viajar es Europa y viajar! Así que ya nos ahorramos discusiones que al final, no van a llegar a nada, pero no comenzó bien el viaje.

La dirección del Hotel decía: Chemin Vert, número ciento veintialgo. Así que nos pusimos a revisar el caótico mapa del metro de París, vimos donde estaba Chemin Vert y seguimos la ruta que teníamos que tocar. Que me acuerde, no tuvimos que transbordar ni una sola vez. El metro, por cierto, además de lo establecido por Ro, está carísimo.

Salimos a Chemin Vert contentos porque ya estábamos en la calle del hotel y sólo habría que caminar un poco y dejar ahí las mochilas… Pero no! Sucede que salimos en la parte donde empieza la calle, y dado que nosotros íbamos hasta el número ciento veintialgo, pues la caminata fue bastante larga. A eso hay que sumarle que cuando íbamos a la mitad, empezó a chispear, que cuando llegamos algo cansados a la dirección, se había convertido a una ligera lluvia, pero ya, ahí estábamos y ahí, también, estaba la mamá de Ángel, Magaly (su tía)… y mi mamá. Arriba de la escalera, a punto de bajar, luego de meses de no verla ahí estaba mi madre, muy contenta de verme y yo, lo admito, algo reacio, aún ahora que ya no podía hacer nada, de que estuviera ahí.

Nos quedamos los cinco (Ángel, Clau, Gabo, Ro y yo) en la misma habitación. Aquí no hubo problemas todavía, ya que el recepcionista no se daba cuenta de que planeábamos quedarnos en una misma habitación, más personas de las que estaban permitidas por el reglamento del hotel. Eso fue después.

Uno de los momentos que más recordaré de nuestra estancia en París, fue cuando íbamos todos en el metro, camino de la Torre Eiffel. Los únicos que veíamos hacia el lado izquierdo del vagón, éramos Ángel y yo. Los demás, por alguna extraña razón de cómo se sentaron o iban parados, tenían la vista hacia el lado derecho. En una de esas partes del metro donde vas por casi arriba de la ciudad, donde se ven increíbles vistas, apareció la Torre. Ahí, luego de que unas casas cuyos tejados nos impedían la vista se fueran, apareció la Torre Eiffel. Yo recordaba de un año antes mi primera impresión de verla. Es increíble. Uno a lo que algo está acostumbrado a ver en fotos, en la tele, en pinturas, y de pronto, pum, está ahí, en vivo, frente a tus ojos. Ángel también la había visto, así que no fue tanta nuestra sorpresa cuando la vimos. Sólo quedaba visible para nosotros por lo que he comentado acerca de las perspectivas que todos teníamos. Le dije a Ro:

–Mira –. Señalando con la cabeza a sus espaldas.

Recuerdo que aún no era de noche. Pero había nubes y ya estaba empezando el atardecer, así que el cielo era entre azul rey y gris. Lo dije lo suficientemente alto como para que los demás me oyeran. El punto fue que todos al unísono voltearan y vieran la Torre. La expresión de júbilo y contento fue para enmarcarla. Todos abrieron la boca y los ojos y exclamaron “Ah!” o “Mira!”. Los pasajeros franceses con los que compartíamos vagón, sonrieron y un señora recuerdo que le dijo algo a Ángel, que dentro de mi muy rudimentario francés, entendí y medió risa. Ángel le contestó y ella también se rió. No recuerdo ninguna de las palabras. Me emocionó mucho sobretodo ver la alegría de Ro de estar ahí, en París, juntos, viendo la Torre Eiffel.

No fuimos directo a ella. Primero comimos-cenamos en un restaurante italiano. Algo rápido, ya que todos queríamos subir.

Fuimos y para nuestro alivio, el frío y la neblina al parecer ahuyentaba a los turistas. Sí había gente, pero no tanta. Subimos y medio se nos olvidó el frío: Estábamos arriba de la Torre Eiffel, que periódicamente brillaba luces por todo su cuerpo, se veía muy bonita. También en la parte baja, estaba la publicidad de la candidatura de la ciudad para los Juegos Olímpicos de 2012.

La neblina no dejaba ver bien. A veces se iba y dejaba huecos por donde alcanzábamos a ver toda la ciudad iluminada. Ya era de noche. Nos tomamos unas fotos donde se nos ve muy contentos y muy abrigados, contra la reja y abajo, algunas luces de la ciudad. Hermosa vista de París de noche.

Vimos la historia de la construcción y recorrimos los cuatro lados. ¿Cuánto tiempo estuvimos? Yo doría que una media hora hasta allá arriba.

Bajamos por los dos o tres cambios de elevador que hicimos de subida y decidimos seguir la travesía del día: fuimos al Moulin Rouge.

Desde el inicio de nuestra relación, el Moulin Rouge, por la película, fue algo especial para Ro y para mí. Nos gustaba ver la película e incluso fuimos a verla al cine cuando la re estrenaron por su nominación en los Óscares. Fue muy especial estar ahí. La entrada, el molino, todo rojo, un espectacular a nivel calle, blanco, a un lado. El camellón, la noche en el distrito de Montmartre. Sí, hubo una foto como esas que habíamos visto en los carteles de Nicole Kidman y Ewan McGregor besándose con el molino de fondo. Sí, Ro y yo nos besamos, en primer plano, con el Molino, al fondo, el Bal du Moulin Rouge, girando. Cumplí una promesa que me había hecho a mí mismo, afortunadamente, muy pronto: un año antes, cuando visté el Molino, me prometí que volvería en algún momento, con Ro, y que nos tomaríamos una foto bajo él. Creoq ue nunca había dicho esto. Pero así fue. Así se cumplió. Aquí estamos. Bajo el Moulin Rouge…

Regresamos ya en metro al hotel. Todos a dormir apretados en una sola cama. Mañana, será otro muy intenso día…

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Cronopios!

Somos cuatro estudiantes de la carrera "Literatura y creación literaria", impartida en la cultural Casa Lamm. Nos esforzamos en nuestros textos, no sólo con la esperanza de convertirnos en escritores, sino porque las palabras significan una pasión para nosotros.
Esperamos que les guste lo que lean aquí. Los comentarios siempre serán bien recibidos (mientras no le falten al respeto a nadie).
Hemos decidido publicar bajo seudónimo para poder participar en concursos de literatura sin tener problemas por la difusión virtual de los mismos.

Saludos!

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