31 Dic 2010
31 Diciembre de 2004
Último día de este gran año!
30 Dic 2010
30 Diciembre de 2004
Llegamos tarde al Thyssen. La puntualidad no es lo nuestro. De sobra ha quedado demostrado en este diario de viaje.
29 Dic 2010
29 Diciembre de 2004
Topo, totopo, topito, el topo toca el pito, si el pato se toca con el topo, a ... lo quito
28 Dic 2010
28 Diciembre de 2004
Feliz Cumple Ángel!
26 Dic 2010
27 Diciembre de 2004
El tan merecido descanso, se tradujo a que nos levantáramos a las 2 de la tarde. Para efectos de México, eran las siete de la mañana así que nos quedaremos con ese horario como el oficial con el que nos levantamos.
25 Dic 2010
26 Diciembre de 2004
Despertamos en el autobús.
25 Dic 2010
25 Diciembre de 2004
El día de Navidad no empezó muy bien, pero acabó increíble...
24 Dic 2010
24 Diciembre de 2004
Muy temprano de nuevo, tomamos el “Renfe” francés…
Llegamos a Versalles. Me voy a arriesgar: Probablmente la foto, que más tengo presente, es la de Ro, con su abrigo blanco, de brazos abiertos, abarcando, dándonos la bienvenida a su Palacio… Me encanta, me encanta esa foto!
En Versalles uno se de cuenta del por qué se hizo la Revolución: tanta opulencia era realmente una ofensa contra la gente. Recorrimos todas sus estancias, vimos de nuevo la pintura de la Coronación de Napoleón, las habitaciones, la del Delfín (que fue motivo d einfinitas bromas no sólo hoy, sino inlcuso aún ahora…). El maravilloso Salón de los Espejos, estaba en reparación, así que sólo pudimos ver una tercera o una cuarta parte de él. Qué lástima!
Mi impresión fue que recorrimos lo suficiente como para que, juntado a todo lo que hemos visto estos días, ya no valoremos realmente lo que vemos. Ya perdimos creo, un poco la capacidad de asombro. Aún así, nos queda un buen recuerdo de Versalles y de lo bonito, opulento y, a mi juicio, exagerado que está.
(Hay una foto de Ángel, Gabo y yo, en los jardines… Ángel y Gabo está tomados de los guantes, jiji!)
No regresamos en el trenecito. De pasada vimos la Estatua de la Libertad. Estábamos muy cansado y yo incluso, llegué a dormirme en una parte del viaje de regreso a la capital.
De regreso fuimos a Ópera. Estuvimos imitando le sonido que hace el metro, una mujer diciendo:
–Opégaaaa….. ¡Óoooopegaaaaaa!
Hay compositores, bustos de compositores en la parte superior. Mozart está en el centro. Nos metimos al vestíbulo, pero no vimos mucho más. Para eso, hay que pagar. Además, creo que había un evento, entonces menos…
Nos fuimos Ángel, Ro y yo a Trocadero. Nos pusimos en una barda con la Torre Eiffel de fondo. Nos estuvimos esperando a que salieran los foquitos intermitentes en toda la torre para tomarnos fotos. En una, Ro y Ángel, la enmarcaron, tomados de la mano y en un pose muy graciosa, está linda también esa foto: están sentados, como cayéndose un poco hacia atrás, la mano izquierda de Ro y la derecha de Ángel extendida, viendo hacia arriba, y las otras manos, enlazadas; al fondo, la torre. Aplausos al fotógrafo, yo, que supo capturar el momento, jiji!
La última visita del día, antes de la cena de navidad, iba a ser a la iglesia del Sagrado Corazón, en Montmarttre. Sí fuimos, ahí estábamos, abajo, pero la spiernas, lueg de tanto caminar, en especial en el Palacio, se espantaron de ver la cantidad de escaleras que tendríamos que subir para llegar a ella. Se quejaron, patalearon, dijeron que no, que no y que no y al final ganaron. El cansancio ahora sí nos ganó. Además ya se sabe: siempre hay que dejar algo por hacer a donde vayamos, para tener aún más motivos para regresar.
Fuimos al hotel. Un nuevo integrante, que aún hoy me acompaña, se unió a mi vida: Ramiro!
Ramiro es un precioso perrito Beagle que ya había visto yo en una tienda una cuadra antes de nuestra casa en Madrid. Es como un supercito, donde te encuentras desde peluches, hasta cosas de cocina. El perrito me encantó. Tiene cara de que no rompe un plato, pero es bien travieso. Nos dimos los regalos de navidad y mi regalo de parte de Ro fue el beagle. Le puse Ramiro por un comercial que había visto con un beagle coqueto hace tiempo en México. Estoy feliz, feliz, feliz, con mi perrito. (Aún ahora, es mi adoración y lo quiero much a pesar de la lata que da). Por cierto, es de peluche.
Fuimos a las Galerías Lafayette por fuera y ya para la cena de Navidad, fuimos a un restaurante italiano. Definimos la cena como un “BIG-BIG teatro”, ya que a la tía de Ángel se le subió un poco el acohol, Clau lloró por su familia en México, y Ángel decidió salirse a vagar por París, solo, sin avisar a nadie, en fin…
Feliz Navidad!
23 Dic 2010
23 Diciembre de 2004
Hoy ha sido uno de los días más largos e intensos de todo el viaje.
Yo fui el primero en despertar y bañarme. A las seis dieciséis de la mañana, ya estaba en la regadera. Entre que cada uno se bañaba y tuvimos el frugalísimo desayuno continetal que daba en el hotel, al cuarto para las nueve de la mañana ya estábamos en la taquillas del Louvre. Cuando abrieron las puertas, sólo había una pareja enfrente de nosotros que oficialmente, fueron los primeros en entrar al museo ese día.
Rápido, vimos un mapa y ocn lo que medio me acordaba, fuimos a la zona donde estaba la Mona Lisa.
Ahí, impactante, como la Torre Eiffel, algo que sólo ves en fotos, en videos. Ahí estba, bajo su cristal anti reflejante de alta seguridad. Cuando llegamos a la sala, no había nadie y en el tiempo que estuvimos ahí, sólo recuerdo a un japonés tomando fotos y a otra pareja ya grande que merodeaba el lugar. Nos tomamos y le tomamos fotos a placer. Cuando yo me fui a una sala contigua, me quedó otra estampa más que será inolvidable: la pintura me quedaba fuera de vista, ya que estaba de lado; y así, de perfil, Ro con su saco claro, con una pierna doblada, recargada sobre el barandal, una ligera sonrisa y los ojos ensoñados, admirando la obra de Leonardo. Qué imágen…
Seguimos el breve recorrido del museo. Vimos la Victoria Alada y las grandes pinturas de la sala que está con las paredes rojas: La Barca de la Medusa, La lIbertad Guiando al Pueblo de Delacroix, y la Coronación de Napoléon, entre muchas otras como una que me impactó de una cahav dormida teniendo pesadillas, con un demonio y un caballo alocado. Esa me perturbó…
Bajamos y vimos la Venus de Milo. No faltaron referencias a la Venus de Milo de jalea de Homero. Lo malo es que por la hora, ya el museo estaba más concurrido y aquí sí tuvimos que sortear paseantes para verla, y luego tomarnos fotos.
Salimos y más fotos, ahora en la entrada del museo, donde está la pirámide y con vistas a todo el conjunto del museo.
Cruzamos el río. Más recuerdos de hace un año: estar sentado en una banca, arriba del Sena, en el vernao parisino, oyendo a Shakira con Estoy Aquí, pensando dónde estaba en ese momento Ro, queriendo estar ahí con ella…
Llegamos a Orsay. Otro de los grandes puntos del viaje y otro al que quería regresar, ahora con Ro. Pasamos casi de largo por la parte baja. Subimos y el recorrido comenzó a ser má slento conforme los impresionistas pasaban lista. Ro se emocionó mucho con los cuadros de Monet con la joven en el campo, protegida por su sombrilla. Le tomé fotos con la pintura.
No recuerdo quién está antes, pero el punto es que una sala antes de Van Gogh, Ro vio a lo lejos las pinturas con las inconfundibles plastas y colorido. Allá fue. Cuando la alcancé, ya estaba admirando el cuarto de Vincent. Me emocionó tanto estar ahí con ella… Vimos al Doctor Gachet, la Noche Estrellada dobre el Ródano, su cuarto como ya dije, una iglesia en Auvers Sur Oise… Toda la sala rodeados de pinturas de Vincent. Nos tomamos fotos con muchas de ellas, y sin duda, fue el lugar en el que más nos tardamos. Es increíble pensar que Vincent estuvo sentado frente a esas pinturas, las tocó, con su pincel, con sus manos quizá… fue mágico, realmente mágico.
Seguimos y vimos a Toulouse y a Degas. Había pinturas hechas en pastel, que para presrvarlas tenían que ser vistas cona luz bajísima. Vimos a Manet también. Pero por nuestros gustos, la visita se la llevó Van Gogh, quizá más que Leonardo, incluso.
Comimos unos sandwiches en la cafetería del museo. Allá estaba el Sena, con sus barquitos llenos de turistas paseando. El clima a estas horas está soportable. Aunque tenemos que estar cargando ropa, ropa y más ropa para cuando baje la temperatura y comience el frío.
Fuimos luego al cementerio de Pere Lachaise. Nos bajamos una estación de mtero antes y fue ahí cuando nos dio la impresión de que si teníamos que definir a París con un color, éste sería el gris. Ro:
–París es gris. El piso es gris. Las calles son grises. Hasta el cielo es gris!
Camino al cementerio, nos detuvimos en una tienda de discos. Todos se adelantaron y nos fuimos solos Ángel, Ro y yo.
Ver a Jim Morrison aquí es fácil: para encontrar su tumba, sólo tienes que seguir el flujo de gente y llegarás. Visitamos al rockero. Muchas flores y pintas en las tumbas adyacentes con ilusiones a él. La mamá de Ángel como que no entendía muy bien qué hacíamos ahí pudiendo ver a Chopin, pero si fue algo especial para mi madre, para Ángel y para mí.
Con la ayuda del mapa, fuimos al norte del cementerio y visitamos a Oscar Wilde. La tumba está llena de besos, de labios rojos en homenaje espontáneo y lindo al escritor. Ro puso su beso y Ángel también. La tumba está muy rara: parece un azteca a punto de emprender el vuelo. De los datos “curiosos”: murió un treinta de noviembre, el mismo día del aniversario de Ro y yo, en 1900…
El siguiente punto de visita fue Notre Dame. Antes de entrar: fotos! La que más recuerdo es la de Ángel, Gabo y yo. Entramos y recorrimos toda la iglesia. Lo que más me gusta de ella, es el coro, de madera y con pasajes grabados. La imresión que me dio fue que no causó tanta impresión o más bien ya no teníamos cabeza para regsitrar todo lo que andábamos viendo desde ayer. La verdad, no tengo muchos recuerdos de esa visita…
Pero sí me acuerdo que cuando salimos, nos fuimos los cinco y mi mamá a comer-cenar a un restaurante muy cerca de ahí. Teníamos vista de la Catedral y el frío se nos quitaba con unos fogones a los que se les podía regular el fuego que emanaban. Nos pusieron dos a los lados y ahí comimos. Yo, algo que llevaba mucho queso, pero no era Fondue. El que se llevó las palmas, más que el chef porque todo estaba muy rico, fue el mesero. Muy agradable y risueño. Nos tomó una foto y todo. Nos dejó un muy bonito recurdo del restaurante.
Pasamos al Hotel de Ville. Y Ro se subió al mega carrusel que hay ahí. Caminamos de l mano por los Campos Elíseos hasta llegar al Arco del Triunfo. Ahí la más emocionada era mi madre, ella historiadora, imaginando tantas escenas de la Historia Mundial que habían sucedido ahí. Lo que recuerdo es su frase emocionada, acerca de la sgeunda guerra mundial, diciéndo incrédula:
–Es que te imaginas lo que ha de haber sido estar aquí, cuando los nazis desfilaban, con la ciudad tomada?
Es un caos cruzar al Arco. Como es en una glorieta, tienes que sortear a los coches, gente que ya quiere llegar a sus casas y apenas y respetan el hecho de encontrarse alrededor de un monumento tan visitado por turistas.
Dejamos a mi madre en el hotel, ya con el de Ángel y su tía. Discutimos ahora sí (o más bien fue Ángel, como chivo expiatorio por ser el único que habla francés) con el de la recepción, quien se quejó de que fuéramos tantos en una sola habitación. Nos dijo que el límite eran cuatro y que nosotros, al ser cinco, teníamos que estar en dos habitaciones. Los precios eran elevados, así que más bien se usó el hecho de que no nos entendíamos bien, para dejar todo así, aunque nadie quedó conforme. El recepcionista, por pensar que éramos unos gandallas al no respetar el número de huéspedes permitidos por habitación, nosotros, por pensar que el recepcionista era un gandalla por querernos cobrar una habitación de más por sólo una persona extra (no sé por qué no nos podían dar una cama de más… igual y porque no cabía… el cuarto era muy chiquito y la cama abarcaba mucho!)
Nos fuimos lso cinco viajeros al Moulin Rouge de nuevo. La última visita del día, fue una sex shop a la que nos metió Angelito.
22 Dic 2010
22 Diciembre de 2004
Llegamos a París!
A eso de las doce y media de la tarde, el bus entró en la central de autobúses de París ( o una de las que hay). El viaje no empezó del todo bien, ya que nos enojamos con Clau y Gabo, ya que se tardaron una hora viendo lo de sus boletos: ellos no se van a regresar a Madrid al término de este viaje francés, se van a seguir a Bélgica. Y entre que iban y venían y las filas que había perdimos una hora. En algún punto estábamos Ángel, Ro y yo, ya en la parte que conecta la estación con le metro, viendo a todos los paseantes ir y venir.
–Está viejo, feo y sucio! –dijo Ro en su impresión del metro francés. La gente, al contrario de mi opinión de ellos, le pareció simpática.
Yo no, yo estoy un poco aterrado de estar aquí, mi idea de los franceses es de gente que te ve feo cuando les hablas en inglés (se entiende... pero es el único idioma con el que me puedo comunicar aquí!). Lo bueno de esto es que Angelito viene con nosotros y él sí sabe hablar el idioma, así que desde ahora digo que la frase más utilizada estos días va a ser:
–Angelito, qué dice?
Frase que acabría traumando a Ángel.
Por fin Gabo y Clau aparecieron ya con sus problemas de tickets resueltos. Hubo algo de recelo en Ro y en mí por el hecho de que ya en estos días va a ser cumple de Ángel; nos va a tocar en Madrid, apenas regresando, y aún sabiendo esto, Clau y Gabo prefirieron irse. Un amigo es un amigo! A lo que seguramente ellos contestarían: Pero Europa y el viajar es Europa y viajar! Así que ya nos ahorramos discusiones que al final, no van a llegar a nada, pero no comenzó bien el viaje.
La dirección del Hotel decía: Chemin Vert, número ciento veintialgo. Así que nos pusimos a revisar el caótico mapa del metro de París, vimos donde estaba Chemin Vert y seguimos la ruta que teníamos que tocar. Que me acuerde, no tuvimos que transbordar ni una sola vez. El metro, por cierto, además de lo establecido por Ro, está carísimo.
Salimos a Chemin Vert contentos porque ya estábamos en la calle del hotel y sólo habría que caminar un poco y dejar ahí las mochilas… Pero no! Sucede que salimos en la parte donde empieza la calle, y dado que nosotros íbamos hasta el número ciento veintialgo, pues la caminata fue bastante larga. A eso hay que sumarle que cuando íbamos a la mitad, empezó a chispear, que cuando llegamos algo cansados a la dirección, se había convertido a una ligera lluvia, pero ya, ahí estábamos y ahí, también, estaba la mamá de Ángel, Magaly (su tía)… y mi mamá. Arriba de la escalera, a punto de bajar, luego de meses de no verla ahí estaba mi madre, muy contenta de verme y yo, lo admito, algo reacio, aún ahora que ya no podía hacer nada, de que estuviera ahí.
Nos quedamos los cinco (Ángel, Clau, Gabo, Ro y yo) en la misma habitación. Aquí no hubo problemas todavía, ya que el recepcionista no se daba cuenta de que planeábamos quedarnos en una misma habitación, más personas de las que estaban permitidas por el reglamento del hotel. Eso fue después.
Uno de los momentos que más recordaré de nuestra estancia en París, fue cuando íbamos todos en el metro, camino de la Torre Eiffel. Los únicos que veíamos hacia el lado izquierdo del vagón, éramos Ángel y yo. Los demás, por alguna extraña razón de cómo se sentaron o iban parados, tenían la vista hacia el lado derecho. En una de esas partes del metro donde vas por casi arriba de la ciudad, donde se ven increíbles vistas, apareció la Torre. Ahí, luego de que unas casas cuyos tejados nos impedían la vista se fueran, apareció la Torre Eiffel. Yo recordaba de un año antes mi primera impresión de verla. Es increíble. Uno a lo que algo está acostumbrado a ver en fotos, en la tele, en pinturas, y de pronto, pum, está ahí, en vivo, frente a tus ojos. Ángel también la había visto, así que no fue tanta nuestra sorpresa cuando la vimos. Sólo quedaba visible para nosotros por lo que he comentado acerca de las perspectivas que todos teníamos. Le dije a Ro:
–Mira –. Señalando con la cabeza a sus espaldas.
Recuerdo que aún no era de noche. Pero había nubes y ya estaba empezando el atardecer, así que el cielo era entre azul rey y gris. Lo dije lo suficientemente alto como para que los demás me oyeran. El punto fue que todos al unísono voltearan y vieran la Torre. La expresión de júbilo y contento fue para enmarcarla. Todos abrieron la boca y los ojos y exclamaron “Ah!” o “Mira!”. Los pasajeros franceses con los que compartíamos vagón, sonrieron y un señora recuerdo que le dijo algo a Ángel, que dentro de mi muy rudimentario francés, entendí y medió risa. Ángel le contestó y ella también se rió. No recuerdo ninguna de las palabras. Me emocionó mucho sobretodo ver la alegría de Ro de estar ahí, en París, juntos, viendo la Torre Eiffel.
No fuimos directo a ella. Primero comimos-cenamos en un restaurante italiano. Algo rápido, ya que todos queríamos subir.
Fuimos y para nuestro alivio, el frío y la neblina al parecer ahuyentaba a los turistas. Sí había gente, pero no tanta. Subimos y medio se nos olvidó el frío: Estábamos arriba de la Torre Eiffel, que periódicamente brillaba luces por todo su cuerpo, se veía muy bonita. También en la parte baja, estaba la publicidad de la candidatura de la ciudad para los Juegos Olímpicos de 2012.
La neblina no dejaba ver bien. A veces se iba y dejaba huecos por donde alcanzábamos a ver toda la ciudad iluminada. Ya era de noche. Nos tomamos unas fotos donde se nos ve muy contentos y muy abrigados, contra la reja y abajo, algunas luces de la ciudad. Hermosa vista de París de noche.
Vimos la historia de la construcción y recorrimos los cuatro lados. ¿Cuánto tiempo estuvimos? Yo doría que una media hora hasta allá arriba.
Bajamos por los dos o tres cambios de elevador que hicimos de subida y decidimos seguir la travesía del día: fuimos al Moulin Rouge.
Desde el inicio de nuestra relación, el Moulin Rouge, por la película, fue algo especial para Ro y para mí. Nos gustaba ver la película e incluso fuimos a verla al cine cuando la re estrenaron por su nominación en los Óscares. Fue muy especial estar ahí. La entrada, el molino, todo rojo, un espectacular a nivel calle, blanco, a un lado. El camellón, la noche en el distrito de Montmartre. Sí, hubo una foto como esas que habíamos visto en los carteles de Nicole Kidman y Ewan McGregor besándose con el molino de fondo. Sí, Ro y yo nos besamos, en primer plano, con el Molino, al fondo, el Bal du Moulin Rouge, girando. Cumplí una promesa que me había hecho a mí mismo, afortunadamente, muy pronto: un año antes, cuando visté el Molino, me prometí que volvería en algún momento, con Ro, y que nos tomaríamos una foto bajo él. Creoq ue nunca había dicho esto. Pero así fue. Así se cumplió. Aquí estamos. Bajo el Moulin Rouge…
Regresamos ya en metro al hotel. Todos a dormir apretados en una sola cama. Mañana, será otro muy intenso día…
Sobre este blog
Cronopios!
cronopioslamm
Somos cuatro estudiantes de la carrera "Literatura y creación literaria", impartida en la cultural Casa Lamm. Nos esforzamos en nuestros textos, no sólo con la esperanza de convertirnos en escritores, sino porque las palabras significan una pasión para nosotros.
Esperamos que les guste lo que lean aquí. Los comentarios siempre serán bien recibidos (mientras no le falten al respeto a nadie).
Hemos decidido publicar bajo seudónimo para poder participar en concursos de literatura sin tener problemas por la difusión virtual de los mismos.
Saludos!
Acuarela, Laranjinha, St. Patrick y Hada Urbana.
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