16 Abr 2008
La política y los blogs: sorpresas, reflexiones y una petición
La nueva Ministra de Igualdad, Bibiana Aído -a la que usted conocerá como "la flamenquita" si es lector de medios rancios- también es 'bloguera'. O mejor dicho, tiene un blog.
Lo es, según cuenta ella misma, desde un mes antes de las elecciones "para difundir los mensajes de la campaña, pero también para recoger impresiones y debatir con los internautas a través de los comentarios". Promete además seguir haciéndolo (como se le ocurra no cumplir empieza bien).
He estado ojeando el blog y su currículum y no tengo nada que objetar. Como política e incluso como persona, quiero decir. Ya sé que algunos fósiles históricos han pasado hace días a evaluar su tarea como Ministra, pero perdonen que no me sienta yo un alumno tan aventajado y capaz.
Sin embargo he encontrado algo en la página de la nueva responsable de Igualdad del Gobierno que me ha llamado la atención y sobre lo que quiero hacer una consideración personal y general. Se trata de este durísimo vídeo, un corto que parte con la buena intención de denunciar los malos tratos contra las mujeres -que por cierto algunos cerdos con plumilla parecen querer fomentar estos días- y advertir sobre la importancia de los menores en ese entorno, la educación y la capacidad de asimilación de los niños de aquello que ven y viven en su hogar.
Iba a escribir sobre ello ayer, justo después de observar las imágenes, pero por vinculación personal he preferido esperar a hoy, sin verlo de nuevo. Yo no soy psicólogo, ni sociólogo, ni nada que acabe en logo. Yo no he hecho inteligentes y avispados estudios sobre ningún tema, ni tengo ninguna autoridad científica. Si tengo, sin embargo, autoridad moral de sobra para invitar a quien esté leyendo esto a una pequeña reflexión, también a la Ministra de Igualdad.
Muchas veces hablamos de los malos tratos, físicos o psicológicos, o de la violencia en cualquier entorno social como algo alejado: existe, está ahí y lo denunciamos; pero lo hacemos con ese deje de quien piensa "a mí no me va a tocar", como quien dice "van a morir 57 personas en la carretera este fin de semana, pero yo no voy a ser una". Ciertos temas son siempre tratados como una realidad ajena, pensando que es una cuestión minoritaria que sí, llevamos con mucho dolor: los 5 minutos que suponen leer las noticias del día.
Sin embargo, la madre del motorista que se dejó la vida contra un 'quitamiedos' -qué extraña perversión- cuenta a cada una de las víctimas de la carretera como a su propio hijo. No quiero ni imaginar qué siente una mujer que sufre malos tratos viendo el Telediario de las 9, viendo a ese locutor que se está dirigiendo al público general pero que no piensa que ella está ahí, sentada en el sofá de su casa mirando a la puerta de reojo porque, precisamente, ya son las nueve. No quiero ni imaginar qué sentirá viendo los programas vespertinos que se detienen y sacuden cada pequeño y escabroso detalle. Pienso también en ese adolescente que llega a su casa y escucha lejanamente una noticia sobre cierta paliza grabada con un teléfono móvil y colgada en Internet. Así, podría señalar multitud de casos en los que la sociedad y los medios se zambullen en una indecente y fría insensibilidad.
Igualmente, y es aquí donde quería llegar, está muy de moda -porque nos van mucho las modas- afirmar que la niña o el niño harán aquello que vean en sus padres como si de un espejo se tratase. Entonces, acudiendo a una nueva sucesión de hechos probados, guardamos en otra indecente galería frases como: si tú lees, ellos leen, dice el Gobierno; si vive con dos maricones de mierda, el niño será un maricón de mierda, dicen algunos iluminados sobre la posibilidad de adopción en parejas gay; si un niño ha sufrido malos tratos...
No pienso seguir. A veces me avergüenza el género animal al que pertenezco, dotado de una maravillosa capacidad emocional. Para lo que quiere. Igual que nadie al hablar piensa en que esa mujer y ese adolescente existen, nadie piensa que esos niños también existen, son reales. ¡O sí, reales! Tal vez usted conozca alguno, avispado lector que pensaba poder afirmar cualquier cosa con la misma contundencia que un "porque yo lo valgo". Tal vez lo conoce y no lo sabe. Tal vez no lo sabe porque es ese niño que está en el parque jugando con los demás y al que llaman rarito... pero nadie se pregunta por qué puede ocurrir semejante cosa. Es simplemente el puto rarito que tiene que existir para dar variedad cromática a la vida. Tal vez uno de aquellos sea ahora su compañero de trabajo. Tal vez se haya cruzado con uno en un carrito empujado por una señora con exceso de maquillaje. Tal vez. Tal vez le está escuchando a usted, señor reportero, mientras habla como quien se dirige a la pared. Tal vez ese niño esta noche ponga la tele y un inteligentísimo estudioso de despacho de vaya usted a saber qué le diga que no sólo es un pobre desgraciado por tener que sufrir las hostias de su madre, o las que él mismo recibe de rebote, o las que le dan sus compañeros, o los insultos y el maltrato psicológico que le van destrozando por dentro, sino que además es un potencial hijo de la gran puta. Y el que se lo diga se va a quedar tan a gusto, como el que se despereza por la mañana y es lo último inteligente que hace en su jornada.
Yo quiero sin embargo ver más allá en esos niños o esos adolescentes. No sólo un incomprensible fracaso escolar, o un maldito gay, o un introvertido rarito. Veo dos cosas enormemente sencillas, pero muy complicadas: personas con necesidad de ayuda de toda la sociedad y, tal vez, un futuro médico, o un futuro político, o un futuro periodista, o un biólogo, o al cartero de mi barrio, o al camarero más amable de mi restaurante favorito, o por qué no, a mi futura pareja, o a la de mis posibles futuros hijos. Gente que nos rodea que precisa una segunda oportunidad, un empujón sin violencia hacia la luz, y menos pseudointelectual 'tocapelotas'.
Por ello, y sin que desde aquí vaya a tener más trascendencia, quiero encomendar a la Ministra de Igualdad una tarea importante: sensibilizar a la sociedad empezando por sensibilizar al Gobierno. Un país, la sociedad que lo sostiene, no está compuesta de datos estadísticos, está compuesta de personas con sentimientos, con historia, con luchas personales y con derecho a ser respetados, a la oportunidad de hacer una vida normal sin etiquetas y a no tener que aguantar la basura mediática y vecinal que tanto gusta a este país de morbosos horteras carentes de escrúpulos. Y de todo esto, las mujeres ministras sabéis un rato.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza Fernández
Conduzco mis pasiones perdido entre la oscuridad de la política y la inmensidad de un periodismo difuso, luchando contra el tiempo y el ser.
Cuando llegue el día de emprender la marcha, tendré que decidirme por un camino que complete los sueños de un claro destino: aquel lugar que llene mi cuerpo por dentro para resultar constructivo por fuera. Pero antes, he de resolver el gran enigma: ¿cuándo hacerse mayor?, ¿qué es ser mayor?, ¿y cómo se hace?
Jorge Barraza Fernández: jorgebfernandez@gmail.com
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