11 Feb 2008
Crónica desde Vista-Alegre
Me he propuesto -con permiso de la gripe que me invade- asistir durante esta campaña electoral a un acto especialmente simbólico de cada formación política mayoritaria. De esa forma, intentaré acercar a esta Comunidad las diferencias sustanciales que encuentre en el ambiente, en los discursos, en las formas, los mensajes o la ilusión; y ya de paso saciar así una curiosidad personal por conocer las tácticas de arenga a los suyos del Partido Socialista y el Popular. Conocer a alguien en casa puede decir mucho (o poco de él).
Y para comenzar -con permiso de los domingueros-, uno de los actos seguramente más emotivos de cada campaña electoral: el mítin del PSOE en el Palacio de Vistalegre, en Carabanchel (Madrid). Emotivo por lo que significa para el partido desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó a la Secretaría General, pero también por el claro esfuerzo que los militantes vuelcan en él, considerando ya a Vistalegre un talismán para sus victorias.
El primer "descubrimiento" que debería sorprender a un novato en estas lides es que los actos políticos de esta magnitud no comienzan cuando aparece el líder político voceando, sino mucho antes. A las nueve y media de la mañana, en la línea 5 de MetroMadrid se me ocurría el argumento para un chiste de las viñetas de La Comunidad (digo argumento que no chiste, disculpando mi escaso sentido del humor). Los vagones del Metro estaban a tope de matrimonios de mediana edad, sentados uno tras otro y alguno de pie; demasiados para un domingo a esas horas. Un par de ellos iban acompañados de sus hijos, tal vez veinteañeros como yo. Estaba claro adonde iban, pero nadie se atrevía a lanzar la primera piedra hasta que un hombre comentó en voz baja -pero no suficiente- "y luego dirán que con nosotros se rompe la familia". Provocó una sonora carcajada general, y arrancó ya el ambiente festivo. El amigo que me esperaba en la parada de Vistalegre me confesó que durante su viaje tuvo exactamente el mismo pensamiento.
El primer elemento chocante al salir al exterior fue la cantidad de gente que inundaba la calle, no porque yo considere que el PSOE no tiene esa capacidad de movilización, sino porque eran poco más de las 10 de la mañana, a una hora del arranque oficial. Alguien parecía empeñado en derribar mi arraigado mito de la "puntualidad española", y en efecto tendría ocasión de comprobar que todo el acto estuvo perfectamente organizado y que cada cosa llegó a su tiempo.
Según fuimos acercándonos a la plaza -con permiso de la parada para el café- surgían autobuses y grupos de personas muy animadas, sin faltar por supuesto los "perseguidores de periodistas" a los que les encanta hacer sus pinitos televisivos. En éso, unas señoras de León -la tierra del candidato- parecían tener mucha soltura.
En el interior no esperaba lo que encontré. Todas las entradas colapsadas en la parte inferior. En la parte superior nos tuvimos que dar una carrerita para al final colarnos por uno de los accesos, y a duras penas. Entramos justo al límite para poder ver el acto en directo, y aún faltaban más de veinte minutos para las once de la mañana. El lugar con que nos tuvimos que conformar para estar sentados fue el espacio entre una barra-barandilla y la última fila de asientos, con toda una tropa presionando desde atrás -de hecho acabé el acto de pie y casi en suspensión-. Pero, en todo momento, y a pesar de que según supimos después quedó tanta gente fuera como dentro, el compañerismo y la buena educación que se respiraba era ejemplar: ni un sólo enfado. Todo era perdón, disculpe, lo siento... ¿quiere sentarse usted? A mi lado hicimos hueco a un hombre que tendría más de ochenta años y que se había levantado a las cuatro de la mañana para venir desde León. Estaba cansado y aturdido, pero profundamente emocionado.
Desde el punto de vista organizativo he de darle un 9,5 al equipo de José Blanco. No esperarían una afluencia tan amplia, pero en todo caso los que se quedaron fuera pudieron seguir el acto desde pantallas. Tal vez el único error fue la repetición de la participación de 'Els Comediants', que diseñaron su "espectáculo intermedio" de manera muy similar al que ya ofrecieron en el mítin previo a las autonómicas del pasado año. Ayer a los congregados les apetecía especialmente escuchar a los suyos, y tengo la impresión de que hubiese dado igual eliminar todo el colorido de banderas, pantallas, los vídeos que conocemos, músicas, lemas y entretenimientos varios para sustituirlos por un sólo atril y las palabras de un líder: la militancia socialista estaba motivada, con ganas. En todo caso, el acto resulto emotivo, aunque con cierto tufillo a campaña americana donde nada se ha dejado a la casualidad.
Y con éste ambiente, los políticos en campaña. Todos los discursos previos al de Zapatero fueron casi miméticos. Tanto Tomás Gómez, el Secretario General de los socialistas madrileños, como Fernández de la Vega y Manuel Cháves se limitaron a lanzar duras críticas al Partido Popular, cada uno orientándolas a su electorado. El primero se llevó su mayor aplauso al pronunciar una frase similar a ésta: al Partido Popular no le importa hacer campaña con cualquier cosa, incluso si es a costa del sufrimiento de enfermos terminales del Hospital de Leganés. Algo en ése sentido repitió el candidato de la Junta de Andalucía, reconduciendo el tema al apoyo a la investigación biomédica, que se ha convertido en uno de sus estandartes políticos. Por su parte, la Vicepresidenta del Gobierno "dio caña" con el trasvase del Ebro y la división que, por éste y otros temas, invaden al PP. Pero en general, los tres escenificaron un "más de lo mismo", orientando sus discursos a desmontar el argumentario del Partido Popular y a recordar la posición del PSOE en los grandes asuntos de actualidad. Lo curioso a la par que novedoso es que todo ese rosario de críticas e ironías ácidas consiguieron enmarcarse en el lema de precampaña: la mirada positiva. Lo que arrancaban entre el público asistente no era odio ni furia, sino ganas por conseguir la victoria para la gestión socialista y no la derrota para la oposición, combinando magistralmente la defensa frente al adversario con la explicación de la gestión y la esperanza en el futuro de las medidas y propuestas que se aportan en ésta campaña socialista.
Pero hubo una sorpresa con nombre propio: Pedro Solbes. Su participación fue la nota a destacar. Acostumbrados como estamos a ver al Ministro de las sesiones de control parlamentarias, serio, sobrio y casi soporífero; todos nos sorprendimos al encontrar un Solbes campechano, directo y chistoso. Sobre todo chistoso. Los comentarios sobre su oponente popular, Manuel Pizarro, recogiendo perlas del tipo "he venido a un mercado para conocer cómo es ésto" provocaron las risas y aplausos de las gradas, casi asustadas cuando vieron salir al Vicepresidente económico. Él mismo inicio su intervención tranquilizando: "no voy a leer los presupuestos", y alcanzó su punto máximo ridiculizando de nuevo al número dos de la lista de Rajoy que "para comprobar el estado de la inflación" decidió "comprar cerezas en el mes de febrero". Solbes preguntó "¿cuántos de vosotros habéis comido cerezas éste mes a entre 20 y 30 euros el kilo?". Afirmó que el mercado del que hablan los socialistas es "el del barrio, la galería, el 'super' al que vamos en familia..." y que el único mercado que conocen los dirigentes del Partido Popular es "la bolsa de valores de Nueva York". Por último, un anuncio: "la economía española no se hunde". Anuncio que dijo "es bueno para todos los españoles y malo para el PP", que centra sus preocupaciones en la cita electoral. Acusó a los populares de hacer política como aquel que tenía el reloj parado porque así "acierta dos veces al día". Desde luego, Solbes despuntó y sorprendió, se ganó al público y le dio una gran y carismática subida a su imagen.
Una de las cosas más importantes que se pueden aprender al hacer este miniejercício 'periodístico' es lo dificil que debe resultar seleccionar un titular en actos como éste, o recoger en un minuto de televisión lo más destacado de sesenta. Al final, el resultado está siempre cargado de injusticia. Ayer, la intervención de José Luis Rodríguez Zapatero fue todo un ejemplo, digna de ver desde la primera hasta la última palabra.
El Presidente se creció. Sobre sí mismo, sobre los demás compañeros y sobre el panorama político. Como siempre en estos casos, Zapatero salió sin papeles, sin guión, mostrando las ideas que emanaban de su cabeza. Fue contundente, despierto y hábil a la hora de entregarse al público para al final conseguir el efecto inverso: tener a su público entregado.
Combinó a la perfección todo lo que sabe hacer bien: el talante positivo y la sonrisa con la capacidad de emocionar cuando toca temas de gran trascendencia social. Y sabía a quién se estaba dirigiendo desde un primer momento: "Este partido recorre los cuatro puntos cardinales de España y desemboca aquí para unir nuestra diversidad, para unir nuestras lenguas, nuestros distintos acentos, para unir en una gran convocatoria de esperanza por el progreso y la libertad en España tras el 9 de marzo. Y esa convocatoria, además, es una convocatoria que la hacemos para defender la alegría, con una mirada positiva, con una vista alegre, con una mirada alegre, la alegría de la España de la libertad, de la España del progreso y de la España de la democracia que hemos conseguido entre todos".
Las menciones a su admirado Felipe González fueron constantes, que volvió a demostrar que cuenta con el favor y la admiración de los socialistas de siempre, capaz de nublar a cualquier líder para arrancar un aplauso a su favor. Detrás mía y durante todo el acto, dos hombres, creo que también leoneses, comentaban lo que iba sucediendo. En uno de esos aplausos al ex presidente uno aseguró: "qué poder que tiene si quisiera". Y efectivamente, es probable que no tenga poder ante la sociedad española, pero desde luego sí que lo tiene en el PSOE.
Zapatero hizo un discurso propiamente socialista y muy de izquierdas, rescatando sus grandes valores. Seguramente se tratará de una estrategia de confrontación ante el giro ultraderechista del PP (que acaba de sumar una más mientras escribo ésto, al anunciar la rebaja de la edad para ir a la cárcel en menores de edad). Pero en Vistalegre acertó, recordando casi las principales hazañas del partido desde la fundación de Pablo Iglesias hasta los dos gobiernos de la democracia.
Hubo una parte muy significativa del discurso, que reproduzco a continuación, en la que Zapatero reivindica sus principales características como político: "Mirada positiva y altura de miras también en la oposición, porque durante 4 años que lideré la oposición siempre estuve al lado del Gobierno, apoyando al Gobierno del PP en los temas de Estado, en la lucha antiterrorista, porque para mí España y la libertad están por encima de las ambiciones políticas pequeñas y mezquinas. Cuatro años en la oposición -os acordaréis que me pedíais dales caña-, sin insultos, sin descalificaciones, haciendo propuestas y alternativas, porque cuando se está en la oposición también se puede mantener la altitud de miras, el compromiso con España, la defensa de la democracia y la capacidad de colaboración en temas de Estado.
Por eso, podemos afirmar con orgullo, en nombre de millones y millones de españoles, que somos el partido central de la democracia en España desde la transición y el que ha hecho la mayor contribución a la convivencia, a la libertad y al desarrollo económico y social. El partido central de la democracia. Siempre con altura de miras, siempre con mirada positiva, siempre dispuestos a arrimar el hombro, siempre con la mano tendida y siempre teniendo plena confianza en la sociedad española, en sus mujeres y hombres, en los trabajadores, en los empresarios. Siempre tuvimos esa actitud constructiva y ahora oigo algunas cosas que tengo que comentar. ¿Sabéis quienes son aquellos que siembran la incertidumbre, el temor, el desconcierto hacia nuestro futuro económico? Son aquellos que han tenido siempre segura su vida y su bienestar material. Ésos son los que siembran la incertidumbre. Ahora van a los mercados aquellos que han tenido indemnizaciones multimillonarias".
El Presidente hizo un recorrido a través del "no me callo" por aquellas actitudes que desde el Gobierno quiere combatir: la xenofobia, el machismo, la precariedad laboral, los problemas de los jóvenes -especialmente la vivienda-, la homofobia, la exclusión, el rencor, la falta de compromiso con la naturaleza, el estilo en la vida pública para la que reclamó "más educación"... Me quedaría con ese titular: "ni me callo ni me enfado".
Zapatero acabó su discurso con una llamada al voto especialmente emotiva y personal: "Se gana cuando se siente lo que piensas. Cuando transmites tus ideas, cuando vuelcas todo, tus sueños, tus esperanzas, tus energías, lo que has trabajado y estás dispuesto a trabajar por tu país, desinteresadamente, con honestidad, defendiendo nuestra dignidad y defendiendo siempre a España y a los españoles como he hecho estos cuatro años cada día de mandato que me han otorgado los ciudadanos".
Durante estos últimos cuatro años he seguido al Presidente -como al resto de líderes- en sus discursos, entrevistas, debates parlamentarios... y puedo afirmar que ayer en Vistalegre pude conocer al Zapatero más grande como orador, como socialista, como Presidente y como candidato. Firme en sus ideas, convencido y convincente y con una gran capacidad de liderazgo y confianza. Personalmente, mi imagen sobre él subió enormemente, y también mi imagen sobre las capacidades del Partido Socialista y las formas de sus militantes, que derrocharon "mirada positiva". Ni siquiera nombraron a sus rivales. Si acaso, se escuchó algo sobre un cenizo y una tal Doña Cuaresma.
Espero que mi fiebre no me haya hecho perder el sentido común, y que el resultado final de ésta apreciación global y personal sobre el mítin socialista haya sido al menos coherente. Otro día, os contaré cómo se lo monta el Partido Popular.
Saludos y feliz campaña (ánimo, ya queda menos).

Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza Fernández
21 años. Estudiante. Vocación de periodista. Apasionado de la política. De izquierdas. Socialdemócrata. Ecologista a mi manera. Lector de lo escrito, hasta de los botes del champú. Amante de la música, de toda. Soy feliz montado en una bici. Dejo de serlo con la injusticia, social o personal. Coherente con mis ideas y crítico siempre, conmigo o con otros. Directo y sin hipocresías. Sin complejos, tampoco para rectificar si es necesario. Encantado de aprender. Mostoleño, madrileño, galego, andaluz. Español. Ciudadano del mundo; junto a las personas siempre, junto a las banderas nunca.
Bienvenido a mi pequeño cuaderno.
jorgebfernandez@gmail.com
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