14 Feb 2011

SOBRE EL AMOR Y EL DESAMOR

Escrito por: ferran-gf el 14 Feb 2011 - URL Permanente

 

Por Ferrán Gonzalez

(Para Ursus, por el amor que irradia en cada palabra, en cada abrazo, en cada mirada...)

El amor y el desamor han acaparado desde tiempos inmemoriales las páginas de la Literatura. Sin perder el ánimo, empujados también por la necesidad, seguimos empeñados en descifrar las claves de algo tan común, tan cotidiano, y a la vez tan lleno de misterio.

Navegamos por el mar de la vida, a veces llevando firmemente el timón; en otras, en cambio, dejándonos arrastrar hacia donde el viento nos lleve, como si ya nada nos importara. Cuando el desamor se adueña de nosotros, perdemos definitivamente el rumbo y nos sentimos a la deriva, en pos de un naufragio, tan inevitable como necesario. Necesario? Quizás solo desde la soledad es posible resurgir nuevamente y vislumbrar nuestra tabla de salvación. Tambien desde la soledad , desde ese sentimiento de ausencia y abandono, han surgido los mejores poemas de amor que hayan podido escribirse. Viene a mi memoria, en este momento, una reflexión del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro: “La vereda del mundo es demasiado estrecha para andar acompañado. Sólo el peatón solitario llegará puntualmente a la cita”.

Hace unas semanas, hurgando en mi Biblioteca, tomé entre mis manos un libro de Carmen Martín Gaite: “El cuento de nunca acabar”. En uno de sus capítulos, bajo el nombre de “Amores de derribo”, Martin Gaite reflexiona sobre el amor y sobre cómo, a veces, de la convivencia en un mismo espacio de “nuestras historias viejas” con “historias viejas ajenas” puede surgir la ilusión de una historia nueva.

El otro dia fui a casa de Julia. Su marido Luis, había fallecido unos meses antes. En el comedor había un pequeño altar con sus velas encendidas y una foto de Luis rodeada de mariposas. La foto no era reciente. Tuvo que rescatarla del baúl de los recuerdos y, probablemente, la razón de este rescate era la necesidad de volver a los orígenes, para recuperar el recuerdo y para revivir el milagro de aquel amor que prendió y que el esfuerzo, el sacrificio y el respeto, lo hicieron perdurable. La habitación de Luis, que hacía tiempo dormía sólo a causa de su enfermedad, estaba todavía intacta. Vi en ella sus tableros de ajedrez, sus amadas Enciclopedias, sus libros de astronomía y filosofía, sus papeles y notas, todo ello bajo la atenta mirada de Albert Einstein cuya foto ocupaba un espacio central frente a su mesa.

Lo ví todo desposeído de vida. Nada comparable a los tiempos en que Luís, con su sola presencia, hacía que aquellos objetos , hoy sin vida, permanecieran atentos a cualquier gesto, a cualquier mirada, que les hiciera sentir que estaban allí para alimentar el espíritu de aquel hombre entrañable.

Martín Gaite traza una semejanza entre el momento en que una historia de amor se da por terminada y la sensación que nos invade cuando pasamos una y otra vez por aquella estancia vacía, silenciosa, de nuestro ser querido ausente.

¿Cómo se origina el amor? ¿Cómo se produce ese milagro? ¿Cuándo empieza a insinuarse hasta que fragua definitivamente? Martin Gaite nos habla de nuestra infancia, de aquella época en que, siendo niños, jugábamos a los cromos y los intercambiábamos hasta completar nuestro albúm. Los amantes se intercambian historias, las mezclan y elaboran entre ambos una memoria compartida.

Nos acercamos a alguien porque creemos adivinar que es el “interlocutor soñado” desde tiempos lejanos. Descubrimos en su mirada un deseo insaciable de conocer todos los detalles de nuestra vida y es, en ese momento, cuando creemos haber hayado la persona capaz de derrumbar aquella “muralla” hasta entonces infranqueable, abrimos nuestra caja de los recuerdos y le mostramos las fotos de nuestra infancia, nuestros papeles viejos, nuestras historias más divertidas, nuestras “heridas y emociones secretas”. Y entonces le comentamos: “Esto no se lo había contado nunca a nadie. ¿Cómo es posible que te lo esté contando a ti?

Rotas ya las murallas, aquellos cajones secretos que habían permanecido hasta entonces sin abrirse, se mezclan. Nuestros cromos se mezclan con los cromos del otro.

Pero, ¿qué pasa cuando el amor cesa? ¿Quién se atreve a retirar de aquella estancia silenciosa, los enseres y papeles viejos de nuestro ser querido? ¿Qué pasa cuando los cromos ya descoloridos han dejado de contarnos aquellas historias que en otra época nos contaban? No sabemos que hacer. Por un lado, las viejas historias, antaño deslumbrantes, se nos aparecen en cualquier momento y lugar. Por otro, nos hacemos un firme propósito: “Un dia de éstos me meto a ordenar, a tirar historias atrasadas, cromos viejos”. Pero nos resistimos a dar el paso.

¿Qué hacemos con aquellas “historias”, con aquellas “narraciones” que nacieron sólo para aquel amor ausente? Martin Gaite piensa que no hay que “renegar” ni “manosear” aquellas historias viejas. Tan sólo hay que recuperarlas desde otro plano distinto y hemos de contarnos aquella “historia” de otra manera. Algo así como “el cuento del cuento”. Por ello nos habla Martín Gaite de los “amores de derribo”, porque las historias pasadas no han de convertirse en basura, en material de derribo. Aquella historia vieja que nos está comiendo la vida, hay que verla con otros ojos. Hay que verla “como una flor bordada en un cañamazo lleno de flores y donde todavía quedan muchas por bordar”.

Para encontrar el hilo del nuevo amor hemos de hallar aquel espacio común en el que convivan nuestros trastos viejos con los nuevos y, fruto de esa convivencia, ilusionarnos con una historia nueva. Aquél náufrago nacido del desamor, ha de querer salvarse. Nadie podrá rescatarlo si él no hilvana con todos los elementos de su vida una nueva “narración” que le infunda la ilusión y el deseo de vivir.

No puedo sustraerme a la belleza del título de la obra de Martín Gaite: “El cuento de nunca acabar”. Recuerdo cuando mis padres me enredaban en un laberinto de historias que parecían no tener fin, intercalando la frase, “… y este es el cuento de nunca acabar”. No imaginábamos en aquel tiempo que el contar historias, el recuperar historias viejas, reelaborarlas y sabérnoslas contar de otra manera, podía insuflarnos tanto aliento de vida, cuando el desamor se nos apodera. Hemos de arriesgarnos, dar pasos adelante, enfrentarnos con lo imprevisible, aventurarnos en el laberinto de lo desconocido, incorporar nuevas historias, descubrir nuevos mundos. Sólo de esa forma, nuestro cuento no tendrá fin y nos devolverá a aquellos momentos mágicos en que, boquiabiertos, nos sumergíamos en aquella historia interminable.

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16 May 2010

TRISTANA: El fracaso de un espíritu indomable

Escrito por: ferran-gf el 16 May 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

Acabo de leer TRISTANA” de Benito Perez Galdós y no puedo apartar de mi pensamiento la imagen de esa mujer de fuerza arrolladora, símbolo de independencia y espiritu emprendedor. Tampoco puedo olvidarme de su fracaso.

En la España de 1892, el personaje galdosiano formulaba una declaración de principios que amenazaba con desestabilizar las estructuras del sistema burgués:

“Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; solo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar”

Esta “mujer nueva” aparece en la literatura occidental en las últimas décadas del siglo XIX en oposición a otra mujer, un “ángel del hogar”, que era el modelo de conducta de la mujer burguesa. Todo ello, en el marco de un sistema que, a través de la institución del matrimonio, ordenaba las relaciones económicas, sociales y de género sexual.

Tristana es acogida, a la muerte de sus padres, por Don Lope Garrido, un personaje trasnochado que se resiste a aceptar la decadencia de la nobleza. Con casi medio siglo a cuestas, alardeaba de “haber asaltado más torres de virtud y rendido más plazas de honestidad que pelos tenía en la cabeza”. Tristana se añadió muy pronto a esa larga lista de “sus batallas ganadas a la inocencia”.

Pero aquella muchacha que parecía resignada, empezó a mostrar en ocasiones que era capaz de sacar “los pies del plato”. Aquellos ojos, que todavía no sabían mirar al porvenir, fueron despertando poco a poco, originándose en ella no pocas confusiones. Aquella chiquilla, hasta entonces pasiva e irreflexiva, sin apenas ideas, fácilmente manejable, vió como su mente florecía y empezó a sentir en su alma, anhelos que ella no acertaba a descifrar. Y en ese punto, se enamora del joven Horacio.

Me he recreado numerosas veces en algunos pasajes de la obra que me han parecido deliciosos:

“… paseaban a pie largo trecho por los linderos de las tierras labradas y aspiraban con el aire las delicias de la soledad y plácida quietud, recreándose en cuanto veían, pues todo les resultaba bonito, fresco y nuevo, sin reparar que el encanto de las cosas era una proyección de sí mismos”

¿Hay acaso una forma más bella y delicada de mostrarnos a dos almas enamoradas?

Y cuando en sus conversaciones se intentaban explicar el cariño que se profesaban, hasta el punto de pretender hallar respuesta al misterio del amor, finalizaban siempre con el mismo propósito común:

“… exigirse y prometerse más amor, en desafiar la eternidad, dándose garantías de fe inalterable en vidas sucesivas, en los cercos nebulosos de la inmortalidad, allá donde habita la perfección y se sacuden las almas el polvo de los mundos en que penaron”.

La misteriosa autoridad que Don Lope ejercía sobre Tristana, tuvo que vérselas con el espíritu libre y el orgullo indomable de la ardorosa joven. Muy pronto reveló Tristana a su enamorado que no estaba para matrimonios:

“Yo te quiero y te querré siempre; pero deseo ser libre”

El amante Horacio no podía evitar su admiración por la joven, pero a pesar del contagio fugaz de su firmeza de ideas, en el fondo de su alma no comulgaba con aquellos ideales de independencia. Horacio “esperaba que su constante cariño y la acción del tiempo rebajarían un poco la talla imaginativa y razonable de su ídolo, haciéndola más mujer, más doméstica, más corriente y útil”.

Tristana, finalmente, cae en desgracia. Debido a una enfermedad acaba perdiendo una pierna. Su anhelo de independencia se esfuma. Esa caída en desgracia es el castigo que, de acuerdo con la moral de la época, merece esa mujer díscola.

Acaba casada con Don Lope, ejerciendo el rol de la mujer burguesa: “esposa, madre y moralizadora”. Todo vuelve a su cauce. Tanto Don Lope Garrido como Horacio, se aburguesan. Don Lope, símbolo del liberal romántico, que odiaba, al principio, el matrimonio y la Iglesia, acaba casándose con Tristana y yendo a misa con ella. El joven Horacio, liberal progresista de educación extranjera, se muda al campo, asociando la naturaleza al matrimonio y a la vida sedentaria.

El orden ha sido restaurado gracias al contrato matrimonial de Don Lope con Tristana. Ambos, no obstante, se resistían al principio. Él, por “añoranza de otro orden ya en extinción”; ella, “por ambición de uno nuevo todavía por llegar”.

El fracaso de Tristana nos deja sin respiración. Cuando parecía que ya estaba madura para escalar a lo más alto en su aspiración de libertad e independencia, acaba adoptando el rol tradicional de mujer “beata, casada y cocinera”. Como afirmaba Emilia Pardo Bazán, “Galdós nos dejó entrever un horizonte nuevo y amplio, y después corrió la cortina”.

En el trágico destino de Tristana han visto muchos el de la nación española en aquellos años de la Restauración: el abandono de los ideales y el aburguesamiento de una nación estancada y unos ideales liberales perdidos. Como dicen algunos críticos, justificándolo dentro de su contexto histórico, una derrota parcial, también, en la lucha por la emancipación de la mujer española.

Es más difícil de concretar la posición del autor-narrador de la historia. Galdós es un hombre contemporáneo de Tristana, crítico con la “estrechez de miras de la pequeña burguesía española”, pero a la vez, en lo que al papel de la mujer se refiere, sin librarse de los esquemas del sistema patriarcal.

Las ideas de Tristana, como decía Leopoldo Alas (“Clarín”), son las del alma española en un periodo de decadencia, un alma noble, bella, pero todavía débil. Su verdadera fuerza se ubica todavía en los espacios de la imaginación y de los sueños.

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Textos que recomiendo

CLARK, Zoila: “Benito Pérez Galdós y el aburguesamiento en Tristana”. Espéculo. Revista de Estudios Literarios.UCM. Núm.33.Año XI.Julio/Octubre 2006

BORDONS, Teresa: “Releyendo Tristana”. Nueva Revista de Filologia Hispánica. 41:2 (1993):471-487

ALAS, Leopoldo: “Galdós, novelista”. Ed. Adolfo Sotelo Vazquez.PPU.1991

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12 Abr 2010

DURERO (1471-1528): LA MELANCOLIA

Escrito por: ferran-gf el 12 Abr 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

Hace unos dias leía que el grabado “MELANCOLIA I” de Durero es una de las obras de arte que ha suscitado más comentarios e interpretaciones. Todos los intentos de aproximación han llevado a sensaciones de no poder superar jamás la distancia que nos separa del auténtico “sentido” del grabado. Acercarse, para cerciorarse de estar siempre demasiado lejos.

Muchos consideran “Melancolía I” una verdadera obra maestra, probablemente por esa dificultad en ser interpretada, por el misterio que la envuelve y porque después de casi 500 años sigue acumulando comentarios y opiniones.

Cuando se observa la figura alada pensativa, con la mirada perdida en la lejanía, se inicia un viaje singular, un viaje que parece no va a terminar jamás. He reunido algunas informaciones que no pretenden otra cosa que incitaros a descubrir el misterio del grabado. Cuando os situéis ante él, percibiréis como os propone una aventura sin límites. En estos tiempos de mediocridad y superficialidad, el grabado de Durero nos permite navegar, sin movernos, hacia los confines del conocimiento.

¿Cuál puede ser el motivo de preocupación de esa figura alada? ¿cuáles sus pensamientos? Quizás pueda sernos útil una breve aproximación histórica.

En el siglo XV, la esfera humana sustituye a la esfera divina. Siendo el hombre el centro sobre el que todo gira, el destino estará en sus manos. Un hombre con capacidad de elección, capaz de decidir, con el don de elegir su destino, pero atenazado por una contradicción: su naturaleza es limitada,;duda acerca de cuál es la dirección correcta, está forzado a elegir su destino pero anda a ciegas. Quiere autoafirmarse pero se desenvuelve con inseguridad.

La, hasta entonces, negra melancolía será objeto de una mirada distinta por los humanistas italianos:

“ La negra melancolía ya no lo será tanto. El pésimo temperamento pasará a ser la mayor virtud, que permitirá ascender a las más altas cimas, aunque bajo la permanente amenaza de caer en la locura o en la muerte”

Y es bajo esta nueva mirada, que Saturno será el más elevado de los planetas. Los que nazcan bajo su signo “ caminarán por una estrecha cresta entre dos abismos”. Los que se mantengan en esa cresta serán, sin duda, seres que se situarán por encima de la común.

Algunos, según Rafael Argullol, han visto en “Melancolía I” la “síntesis de una determinada concepción de la creación artística que asociaba a los nacidos bajo el signo de Saturno, a los melancólicos, con el genio creativo”.

Pero vayamos al grabado de Durero.

Una figura alada que no vuela, un genio con alas que no va a desplegar. La figura se haya sentada, pensativa, preocupada, con la mirada hacia la lejanía.

¿No os parece que siente el dilema de sentirse incapaz de resolver un problema, al mismo tiempo que no es capaz tampoco de desecharlo?

Observad los instrumentos que hay a su alrededor. Son los instrumentos de un geómetra que, conociendo el valor de la medida y del peso, ya no está seguro de conocer las correctas dimensiones de las cosas. Durero fué tambien consciente, como la figura alada del grabado, de su limitada capacidad humana:

“... yo no se mostrar ninguna medida particular que se aproxime a la belleza suprema”

El geómetra alado está triste, porque a pesar de estar rodeado de todos sus instrumentos de trabajo, tiene la sensación de no llegar a nada. Esos pensamientos le atormentan.

Algunos vieron en la figura alada al artista dividido entre su deseo de contar y la imposibilidad o la falta de sentido de hacerlo, la posibilidad o no de la representación.

Para Argullol, en “Melancolia I” se dan cita “un nudo de tradiciones cruzadas que dan paso de la Edad Media al Renacimiento: el humanismo neoplatónico, el hermetismo, el esoterismo astrológico, la pasión por la geometría y la anatomía”.

Solo un conocimiento profundo de esas tradiciones permitiría aventurar una lectura más atinada de todo el simbolismo que encierra el grabado y, sin duda, nos ayudaría a interpretar el significado que encierra esa mirada triste, melancólica y perdida en la lejanía.

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09 Abr 2010

GRANADA: recuerdo de un viaje a Restábal

Escrito por: ferran-gf el 09 Abr 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

Durante años nuestra imaginación fue forjando aquel paraíso perdido y no pudimos contener la emoción de saber que estábamos a punto de abandonar este mundo, para adentrarnos en el reino de la poesía.

En aquel lugar, la calma constituía la savia vertebradora de la vida. Los perros dormían apaciblemente y nada alteraba aquel profundo sueño. Los pocos habitantes del lugar estaban leyendo a aquellas horas de la tarde. Algunos leían poemas. Otros, se refugiaban en los clásicos. Su mayor placer era deleitarse con la belleza de las palabras. Otros leían historias memorables que venían de países lejanos . Otros, sencillamente se recreaban en recordar tiempos pasados. Necesitaban nutrirse de historias para dar sentido a su existencia. Palabras bellas y bien hilvanadas, que explicaran de donde venían para tomar con firmeza las riendas de la vida aprendiendo del pasado. La idea de lo material se ahogaba rápidamente en aquel mar de espíritu en el que todos se hallaban sumergidos.

Tal era la impresión que tuvimos al entrar en Restábal. Era real? O acaso era nuestra propia imaginación? Lo cierto es que a poca distancia de la entrada del pueblo, cuando avanzábamos flanqueados por una hermosa arboleda, sentimos que aquel sublime recorrido era necesario acompañarlo del 2ª movimiento del Concierto nº 21 para piano y orquesta de Mozart. La fusión de aquel idílico paisaje con las notas pausadas del piano, serán siempre recordados como uno de los momentos más bellos y armoniosos que un humano puede llegar a vivir. Los árboles guardaban la misma distancia entre ellos. Parecían ejércitos bien formados que nos rendían los máximos honores. Y en aquel universo ordenado , pusimos nuestro broche de oro, haciendo coincidir la última nota del piano de Mozart con la entrada definitiva en aquel lugar sagrado.

Nada se movía a nuestro alrededor. Ni un solo habitante visible. Tan solo un perro, que hallándose en pleno sueño y advirtiendo nuestra llegada, entreabrió lentamente los ojos y volvió a cerrarlos. La vida seguía en aquel lugar un curso insospechado, indudablemente alejado del nuestro. En nuestro espíritu anidaba la intuición de que nos faltaba mucho trecho para alcanzar la sabiduría de aquel perro que sabía disfrutar de aquel momento de reposo sin que nada ni nadie lo alterara.

Habíamos planificado aquel viaje con aires profesorales, con convicciones inconfesadas de pertenecer a un mundo más culto y tras cruzar aquel umbral nos sentimos alumnos impotentes y desconcertados en pos de una maestria inalcanzable. Tal era nuestra frustración y nuestro asombro. Pero quien podía renunciar a aquel aprendizaje?

Avanzamos silenciosamente por las estrechas calles y observamos algunos muros pintados con frases. Probablemente la chiquillería, de naturaleza espontánea, tuvo la necesidad de expresar alguna reivindicación. Entrevimos aquel gesto como algo familiar. Quizá no había tanta distancia entre nuestros mundos. Pero he aquí que al leer las frases pintadas, nos sentimos como viajeros del espacio que pisan un planeta regido por otros cánones. Las pintadas eran breves retazos de poesías. En un lado, de Lope de Vega. En otros, de Calderón. Nos pareció divisar una suerte de rivalidad. Los partidarios de Lope y los partidarios de Calderón, defendiendo cada uno los matices del ingenio y de la belleza de las palabras.

Nos enamoramos rápidamente del lugar y nos planteamos la posibilidad de disponer de una vivienda permanente.

Vimos un portal entreabierto y nos asomamos para ver si habia vida. Parecía una panaderia. Se nos ocurrió que podíamos preguntar si algún vecino tenía alguna casa en venta. Ya dentro, esperamos un rato en silencio y vimos aparecer un hombre joven, vestido de blanco, con un libro de Esquilo, salpicado de harina.

Al preguntarle si sabía de alguien que vendiera una casa, el panadero se tomó unos segundos y nos contestó:

“Yo estoy ajeno a estas cosas”

Se disculpó y se retiró. Esquilo, el creador de la tragedia griega, predecesor de Sófocles, le reclamaba.

Nos fuimos mientras sonaban nuevamente las notas del 2º movimiento del Concierto 21 de Mozart, y concluimos que para volver era necesario estar más preparado. Aquel lugar solo era apto para espíritus elevados. Desde entonces, nuestra vida es una permanente preparación para el viaje definitivo. Restábal es, sin duda, nuestro paraiso perdido.

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04 Abr 2010

VALLE-INCLÁN: La noche de Max Estrella

Escrito por: ferran-gf el 04 Abr 2010 - URL Permanente

Como viene siendo tradición desde hace 13 años, unos cientos de madrileños participaron a finales del pasado mes de Marzo en la Noche de Max Estrella, siguiendo la peregrinación del protagonista de Luces de Bohemia por los escenarios que describió Ramón del Valle-Inclán en su célebre obra. En esta edición, los organizadores homenajearon, en el centenario de su nacimiento, a Miguel Hernández, que fue, con permiso de Valle-Inclán, el protagonista de la noche.

A decir verdad, aparte de los cientos de madrileños, habia dos catalanes, mis amigos Alex y Marta, que no quisieron perderse el evento y me han hecho llegar esta breve reseña que os adjunto:

Volvió la noche de Max Estrella a las calles de Madrid que Valle-Inclán hizo escenario de la más grande de sus obras, Luces de Bohemia. Y lo hizo en el año en que se conmemora el nacimiento del también poeta y dramaturgo, Miguel Hernández. Un Miguel Hernández que, como el héroe de don Ramón, Max Estrella, vivió sueños y prisiones en Madrid.


Como cada año, la marcha comenzó en el Pretil de los Consejos-Calle Mayor, 84, frente a casa Ciriaco-, donde situó Valle Inclán la cueva de Zaratustra, inicio del peregrinaje de Max Estrella. Y culminó ante el Ateneo. Allí cerró la andariega marcha el defensor del pueblo, don Enrique Múgica.


Comprometidos estudiosos del autor de “El rayo que no cesa” estuvieron en la noche de Max Estrella. Desde el catedrático y poeta Jorge Urrutia –abriendo la noche en Zaratustra- hasta el secretario General de la Asociación Colegial de Escritores, Andrés Sorel (ha publicado una biografía de Hernández recientemente) – en la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes-, pasando por el Director de la cátedra Miguel Hernández –en la Casa de Correos-.

En el recorrido, Jesús Miranda de Larra estuvo con el crítico Enrique Centeno junto a la casa en la que vivió y murió su antepasado Mariano José de Larra.

Ante las casas de Calderón y Lope, Natalia Menéndez, directora del festival de teatro de Almagro, se rindió tributo a la vida y obra del sabio Luciano García Lorenzo. En la Buñolería –Chocolatería San Ginés-, la Taberna de PicaLagartos, el Café Colón y el Callejón del gato –Las Bravas y sus Espejos-, los escritores, manifestaron su admiración por Valle y por el poeta de Horihuela los periodistas y dramaturgos Ramón Irigoyen, Rosana Torres, Liz Perales, Manuel Gómez y Chatono Contreras.

Y, antes de finalizar en el Ateneo, donde su presidente, Carlos París, sucesor de Valle-Inclán, recibió a la procesión de bohemios, que llegaban de la Plaza Santa Ana, donde se concilió a Lorca con Hernández, con la anuencia de Calderón, ante el frontispicio del Teatro Español, el Partenón Teatral.


En el Círculo de Bellas Artes, final de partida, se procedió a una representación teatral en la que se hizo participar al público del esperpento de la ya habitual Carola Eskarola.

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22 Mar 2010

TRISTÁN E ISEO: Un cuento de amor y de muerte

Escrito por: ferran-gf el 22 Mar 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

No les faltaba razón a los diversos narradores de la leyenda de “Tristán e Iseo”, cuando anunciaban que aquel hermoso cuento de amor y de muerte, perviviría en la memoria mientras existiera el mundo.

Y es que el amor pasional más grande de toda la literatura occidental es el que existía entre aquellos amantes, que, entre grandes alegrias y penas, se amaron y murieron el mismo dia, él por ella y ella por él.

“Tristán e Iseo” sigue hoy sobrecogiendo después de tantos siglos, gracias a la belleza que destila el relato, a su simbolismo, al misterio, a la magia y a la pasión sin medida que encierra aquel amor humano imposible.

Nuestro héroe, ésta vez, llega al mundo en medio de la tristeza. De ahí su nombre. Y en poco tiempo, conoce todas las artes que convienen a un caballero. Tan solo le falta ya buscar tierras lejanas. El lector, llegado a este punto, está ya ansioso por iniciar el viaje, ávido de aventuras, igual que su héroe. Desea acompañar a Tristán mientras éste atraviesa los bosques y vadea los rios de aguas profundas. El lenguaje del relato te va envolviendo en un mundo mágico y mítico del que ya es imposible escapar.

En los confines de Cornualla, Tristán se detiene y alguien le dice, que el rey Marcos habita, según la época del año, la ciudad hechizada de Tintagel, la que desaparece dos veces al año, una en invierno y otra en verano y se hace invisible, incluso para los del lugar.

No quiero desvelaros el argumento del relato ya que restaría atractivo a aquellos que quisieran aventurarse a leerlo. Pero sí diré, que se trata de una maravillosa fábula, atravesada por elementos mágicos. Es la historia de un amor pasional que se rige por reglas propias y que quiebra la moral y las convenciones de una época. Tristán e Iseo no están dispuestos a dejar encerrar su conducta dentro de esos rígidos esquemas.

El amor surge de forma repentina y no es el resultado de su libre elección. Surge en el momento en que beben un filtro mágico, que, por encima de la voluntad, de los deberes y de la razón, los mantendrá, tras numerosas aventuras y desventuras, permanentemente enamorados.

Pero cuando surge el amor, se da la degradación del héroe y del vasallo. Acaso son incompatibles?

El heroe y el amante están en contradicción. No hay entre ellos armonía. El hombre entra en conflicto con la sociedad y fracasa. Tristán e Iseo sufren la angustia de vivir el conflicto entre sus obligaciones y su amor, pero éste es más fuerte que las leyes, que la moral y que la vida misma.

No ha habido un amor ni un destino tan desgraciado como el de Tristán e Iseo. La muerte era la única culminación posible de aquel amor tan apasionado:

“Por la noche, de la tumba de Tristán surgió una viña que se cubrió de hojas y ramas verdes. Sobre la tumba de Iseo creció un hermoso rosal de una semilla traída por un pájaro salvaje; las ramas de la viña pasaban por encima del monumento y abrazaban el rosal, mezclando sus flores, hojas y racimos con los capullos y las rosas. Y los antiguos decían que éstos árboles enlazados habian nacido de la virtud del filtro y eran símbolo de los amores de Tristán e Iseo, a quienes la muerte no habia podido separar”.

Asi acaba este hermoso cuento de amor y de muerte. Quizá no lo creáis, pero cuando acabé de leer la última línea y cerraba el libro, hallándome en mi cama, me di cuenta de que mi compañera Esther, ya dormida, tenía sus piernas entrelazadas a las mías. No recuerdo noche más plácida que aquella.

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01 Mar 2010

STEFAN ZWEIG: Momentos estelares de la humanidad

Escrito por: ferran-gf el 01 Mar 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

En la vida de cada persona hay instantes sublimes que permanecen en nuestra memoria y que solemos recordar con frecuencia. Tambien en la Historia se dan esos instantes. Nos lo recordaba Stefan Zweig en su extraordinaria obra, “Momentos estelares de la humanidad”.

Tenía yo 16 años cuando mi profesora de Literatura nos encargó la lectura y comentario de dos obras: una de ellas era “La perla” de Jhon Steinbeck y la otra, los “Momentos estelares…” de Zweig. Éstos títulos han quedado grabados en mi memoria, con toda seguridad, por tratarse de mis primeros libros de “adulto”. Me sonrio ahora cuando recuerdo la forma en que acometí dicha tarea. Iba por la calle con mi libro de Stefan Zweig recién comprado, en dirección a un parque cercano a mi casa y me senté en un banco junto a un pequeño estanque. Allí inicié la lectura. Recuerdo mis gestos, tratando de parecer más mayor de lo que realmente era, en un afán por ingresar de forma urgente en el club de la gente culta. Quería desterrar definitivamente de mi vida las “chiquilladas” y empezar a preocuparme por cosas serias. Me sentía responsable no solo de mi destino, sino del de toda la humanidad, y ello exigía un rostro grave y suspiros de preocupación.

Han pasado 35 años desde entonces y confieso abiertamente que mi recuerdo de aquellos “Momentos estelares…” es muy vago e impreciso. Han sido varios los momentos en que he querido volver a leer la obra de Zweig. Y por fin llegó la ocasión, cuando hace escasos días apareció el libro ante mis ojos en una de mis frecuentes visitas a librerías.

Preso de la emoción, trasladándome en el tiempo a aquel banco del parque, he leído la primera de aquellas “miniaturas históricas”, referida a Cicerón y he experimentado el placer de contemplar la historia desde una óptica un tanto alejada de los rígidos parámetros culturales con los que he crecido. Yo, que sólo creía que el curso de la historia era el resultado exclusivo de las interrelaciones de grandes estructuras, políticas, sociales, ideológicas y, fundamentalmente, económicas, he descubierto , gracias a Stefan Zweig, que tras este entramado, fluye la vida de personas concretas que con sus decisiones han orientado los hechos de la historia en una dirección determinada.

Hay instantes decisivos en los que puede desatarse una guerra o que pueden ser claves para una paz duradera. El destino, influido por la evolución de las grandes estructuras, está a veces en manos de alguien con capacidad para cambiarlo.

A semejanza de los genios que aparecen de forma aislada entre millones de personas e influyen en el destino de la humanidad, hay instantes sublimes, decisivos, en los que la historia podía haber seguido otro curso. Se trata, como decía Zweig, de los momentos estelares, “resplandecientes e inalterables como estrellas”

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14 Feb 2010

Conversaciones sobre SHAKESPEARE

Escrito por: ferran-gf el 14 Feb 2010 - URL Permanente


Por Ferrán González

El dia amaneció soleado. Esta semana, en el Colegio, nos habían puesto algunas tareas. Entre ellas, teníamos que leer una breve obra llamada “Hamlet” de W.Shakespeare, para hablar de ella en clase a la semana siguiente. Tambien había que averiguar algo sobre el autor. Mis amigos me habían propuesto ir a la Biblioteca para que dicha tarea resultara menos fatigosa, pero yo necesitaba concentrarme y decidí buscar algún lugar tranquilo para leer el libro. Les dije que ya me reuniría con ellos más tarde para buscar cosas sobre Shakespeare.

A pocos minutos de casa había un parque. Encontré poca gente. Me acomodé bajo uno de los árboles y tras unos minutos de sosiego, abrí el libro. Había una brevísima introducción en la que hablaba del autor, pero apenas se limitaba a decir que era uno de los mayores genios de la literatura universal. No daba más detalles de su vida, ni tampoco explicaba cómo se había convertido en un genio. Indudablemente, tendría que reunirme con mis amigos en la Biblioteca para conseguir más información sobre Shakespeare.

En ese momento, un hombre muy mayor avanzaba hacia mí apoyándose en un bastón y se dirigía al único banco libre del parque que se hallaba a pocos metros de donde yo me hallaba. Resoplé, y pensé que ya no podría gozar de la tranquilidad y el aislamiento que necesitaba para abordar la lectura.

El señor me hizo un gesto con la cabeza de arriba hacia abajo y yo le correspondí bajando la mía. No intercambiamos palabra alguna. Sólo me faltaba en ese momento un pesado con ganas de hablar!!.

Seguí con mi lectura, pero no pude evitar contemplar cómo el señor mayor sacaba un libro de una bolsa y se disponía también a iniciar su lectura. Nos cruzamos las miradas y por un instante sentí la curiosidad de saber qué libro leía. Intenté concentrarme nuevamente en mi tarea, no sin observar, que el señor, con su mirada intermitente, parecía sentir la misma curiosidad que yo.

Para satisfacer su curiosidad, levanté ligeramente el libro hasta asegurarme que el hombre podía leer el título. El hombre se apercibió del gesto y se sonrió. Desde su banco, dijo mirándome fijamente… “Momentos estelares de la humanidad” de Stefan Zweig, y tú?

Con voz algo trémula, le contesté: “Hamlet” de W.Shakespeare.

¡Oh… Shakespeare….. el más grande!!!

De pronto, sentí un impulso interior que hizo que me levantara con rapidez y me empujó hacia donde se hallaba aquel hombre. Porqué ha dicho usted eso? – le pregunté; porqué es el más grande? He leído que es uno de los mayores genios de la Literatura Universal… pero poco más…

El hombre, sorprendido por el gran interés de aquel joven, cerró su libro, y me dijo:

-Puedo hablarte, si lo deseas, del gran Shakespeare. Pero se tratará sólo de mi opinión. Es preciso que leas sus obras,que te conmuevas, que notes sus efectos… Aunque es difícil que conozcas lo que Shakespeare pensaba, gracias a él se te abrirán caminos que jamás imaginabas. Él conseguirá que pienses y dudes … como nunca antes lo hiciste. Si buscas la “verdad” te equivocaste de autor. Él solo te ayudará a reflexionar sobre muchos aspectos de la vida.

Por un lado, pensé yo, si escucho a este hombre no hará falta que vaya a la Biblioteca. Parece que sabe mucho sobre este personaje. Por el otro, aquellas palabras estaban despertando en mi una curiosidad que iba mucho más allá de un simple trabajo de colegio.

Por favor,hábleme de Shakespeare- le comenté.

El hombre juntó con fuerza sus labios , miró hacia el cielo,recordó todas las veces que su alma se estremeció con aquellos personajes literarios y empezó a hablar:

Muchas veces me he preguntado, cómo una persona de apariencia corriente, amable, campechana en el trato, nada engreída, podía poseer tanto talento. Los genios acostumbran a responder a otro perfil. Poseen un carácter más fuerte y suelen ser en exceso vanidosos.

Shakespeare escribió para todos los públicos. Descubrió la belleza de los pequeños recuerdos y de las cosas humildes de cada vida. De hecho, la gente siempre ha percibido que les estaba representando a ellos mismos en la escena. Se sienten identificados con sus dudas, con sus pasiones, con sus dramas..

¿Sabes porqué los personajes de Shakespeare son tan grandiosos?

Lo son, porque son más libres. Lo son, porque con palabras profundas crean un mundo y te ayudan a comprenderlo.

Pero no busques en las obras las ideas politicas o religiosas de Shakespeare. No las encontrarás. En ese distanciamiento, en esa independencia, se halla precisamente parte de su grandeza.

Quizás un dia, jovencito, si llega a gustarte Hamlet, leas otra de sus obras: “Julio César”. Me viene a la memoria una escena maravillosa. Después de la muerte de César, personaje que hemos admirado hasta ese momento por su fuerza, se presenta Bruto y explica porqué le ha matado. Cuando leas su explicación, pensarás... tiene toda la razón! hizo bien en matarle! Pero después aparece Marco Antonio y dice que no, que Bruto ha cometido un atropello. Y entonces cambiarás de opinión y te pondrás del lado de César. Entretanto te preguntarás, ¿Y que demonios piensa Shakespeare?, pero verás que Shakespeare no está presente. Y tambien comprobarás como en tu interior se ha puesto en marcha una especie de mecanismo que te va a permitir reflexionar sobre lo que está sucediendo. Shakespeare tiene la cortesía de desaparecer, te proporciona un abanico de posibilidades y provoca un terremoto en tu interior, dejando que cada cual piense lo que se le ocurra.

No te parece maravilloso?

  • Ya tengo ganas de leer Hamlet!

  • Esto mismo te pasará si algún dia tienes la oportunidad de leer “Macbeth”.

En sus obras no podrás encontrar una ideologia concreta, pero sí lo que la politica significa para las personas. Verás cómo las personas cambian, cómo se transforman sus vidas debido a la ambición, al miedo, a los resentimientos...

El secreto de Shakespeare reside, en parte, en esa independencia de la que te hablé. No sé si me estas siguiendo...

  • Si, claro. Es que no acierto a decir nada. Tengo mi cabeza tan llena de ideas y tan desordenadas...

  • ¿Alguna vez has hablado mientras estabas solo? ¿Te has escuchado a ti mismo?

  • Si, claro, muchas veces...

  • Verdad que te ha servido para reflexionar, para poner tus ideas en orden y para decidir cómo ibas a actuar, lo que ibas a hacer o a decir?

  • Claro. La verdad es que lo hago a menudo. Pero yo creo que eso lo hace casi todo el mundo..

  • Pues tienes que saber, que los personajes de Shakespeare se oyen a si mismos. Mira el libro que tienes entre tus manos. Nada menos que “Hamlet”. De entre todas las obras de Shakespeare, ésta quizás es la más representativa de ese “oirse a sí mismo”. No te pierdas ninguna de esas reflexiones y observa la capacidad de los personajes para cambiar. Shakespeare nos ofrece la lección poética de cómo hablar con nosotros mismos.

    Sin duda es el más sublime de la historia. Algunos dicen que los genios solo son posibles en determinadas situaciones o contextos. Yo no lo creo. Algo ayuda la época, pero por muchas energias sociales que tengan lugar en un momento dado, el poder de crear es un don de un individuo.

    Por cierto, alguna vez oíste hablar de Freud?

  • Me suena que fué el que inventó el psicoanálisis....
  • Bueno... eso es lo que todo el mundo dice. Pero el propio Freud comprendió que antes que él, Shakespeare habia reconocido y explorado la psique humana. Las obras de Shakespeare fueron un antecedente de Freud.
    Bien, no quiero aburrirte más. Me estaré haciendo pesado. Quizás podamos continuar hablando cuando hayas leído “Hamlet”.
    Bueno, olvidaba decirte que además Shakespeare ha alcanzado muchos de los límites del lenguaje. Verás que sus palabras te abrirán perspectivas nuevas, incluso más allá de lo humano. Y te darás cuenta, de que gracias a esas múltiples perspectivas, podrás analizarte y juzgarte tú mismo.
    Jovencito, empieza a leer Hamlet. Debo volver a casa.

Agradecí a aquel hombre el tiempo que me habia dedicado y nos despedimos. Sin darme cuenta, iba hablando solo y escuchándome a mi mismo. Ya no tuve tiempo de ir a la Biblioteca, y ni siquiera habia empezado a leer el libro, pero nunca mi alma habia explorado límites como los que aquel hombre me hizo descubrir.

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06 Feb 2010

LA ESPAÑA DE “GALDÓS” Y DE “CLARÍN”

Escrito por: ferran-gf el 06 Feb 2010 - URL Permanente

Por Ferrán González

Muchos sitúan el año 1885 como el punto de arranque de una etapa brillante de la cultura española. Etapa que se prolongaría hasta 1936, año en que se inició la Guerra Civil y que como todos ya sabéis supuso un triste final para aquella etapa dorada. Alrededor de 50 años, en los que España entró definitivamente en la contemporaneidad, en los que cada vez más, la colectividad fue alcanzando su protagonismo en la historia.

La Dictadura supuso un auténtico genocidio cultural. Tristemente , las generaciones que la han padecido no pudieron evitar aquella perniciosa influencia. Intentaron adueñarse de nuestras conciencias, dirigiendo nuestros pensamientos . En muchos casos lo consiguieron. En otros, hubo mayor resistencia pero la falta de libertades condicionó el acceso a la verdadera cultura. Hoy, a causa de todo ello, estamos llenos de carencias y probablemente en nuestra mente todavía no hayamos podido eliminar totalmente los virus de aquella maldita época.

Quizás una de las formas de liberarnos progresivamente es irnos adueñando de nuestro propio destino, poco a poco, volviendo la vista atrás y volviendo a entroncar con aquella etapa dorada, que no debió de haberse truncado.

Siento verdadera admiración por aquellas personas que empujaron con fuerza hacia el porvenir. Estas personas encontraron resistencias. Cada coyuntura es testigo de fuerzas de diverso signo. Unas, se aferran a viejos valores. Otras apuntan hacia lo nuevo. Unas, se aferran al mantenimiento de los privilegios de las minorías. Otras apuntan hacia una participación cada vez más colectiva en los destinos de la sociedad y hacia mayores cotas de libertad.

Quiero centrarme en esta breve aportación, en la España de aquel final de siglo y de forma especial, en dos grandes escritores, Benito Perez Galdós y Leopoldo Alas “Clarín”, que representaban fielmente unos valores que iban en la dirección de la historia; que apuntaban, como dijimos antes, hacia el porvenir.

Manuel Tuñón de Lara dedicó su vida al estudio de la Historia Contemporánea española. Escribió en 1970 una obra con el nombre, “Medio siglo de cultura española,1885-1936”. Obra rigurosa, como todas las de Tuñón de Lara, en la que Cultura y Sociedad se analizan en su inevitable relación. Todo ello combinado con relatos sencillos, citas literarias, en las que podemos ver reflejadas las ideas, pasiones, frustaciones y sueños de una época. Sin duda, observaréis que mis palabras se hallan impregnadas de la lectura de ésta obra de mi admirado historiador.

Cuesta creer que España tuviera en 1885 un 71% de analfabetos. Pero así era. A pesar de que la minero-siderurgia vasca y el textil catalán, acumulaban ya 90.000 obreros en Barcelona y 20.000 en Bilbao y periferia, España era un país eminentemente agrario, con estructuras de producción antiguas.

Era la España del caciquismo y de la oligarquía. El fenómeno oligárquico era el resultado de la alianza de las clases dominantes del viejo régimen con la alta burguesía. El sistema de partidos turnantes se convirtió en un “parlamentarismo de ficción” y ello condujo a una paralización del desarrollo español.

Y en esa España, Galdos y Clarín representaron el sentido y los valores de la burguesía liberal. De aquella burguesía que estaba a disgusto con el viejo régimen. La obra de ambos, partiendo de aquella realidad, se sitúa en un horizonte que permite divisar a lo lejos otro porvenir distinto. Muy distinto al que expresan y representan Campoamor, Echegaray, Nuñez de Arce…

Galdós no se situó jamás en la trayectoria de aquel sistema político y social anacrónico. Jamás se identificó con aquella burguesía que estaba pactando con la aristocracia bajo el manto del sistema político de la llamada Restauración. “Fortunata y Jacinta”, “Lo prohibido”, la serie de los “Torquemada”, dan buena cuenta de todo ello.

Fortunata y Jacinta

No tenía Galdos todavía una visión absolutamente clara sobre el porvenir, pero lo que si se puede afirmar con rotundidad es que no se identificaba con aquella corriente paralizadora de la historia.

Afirma Tuñón de Lara que Galdos “fue siempre popular”. No es posible comprender la segunda etapa de su vida y de su obra, sin detenerse en la primera. Galdós comprendió más tarde que se había llegado a una coyuntura en la que el “motor propulsor” no era ya la burguesía, que “perdió el tren”, sino el cuarto estado , aliado a la fracción burguesa. Era la única posibilidad de mirar hacia el mañana.

La base popular en la que se sustentaba Galdós fué reflejada maravillosamente por Gregorio Marañón:

“¿Cómo hubiera podido llegar a esa maravillosa aptitud de mostrarnos la patética intimidad de los héroes y, a la vez, el rango heroico de los tenderos de la Plaza Mayor si no hubiera sido, como fué, el hombre que discutía las crisis políticas con su portero; que se paraba durante horas en un paseo departiendo con los niños; que se interesaba en sus largos viajes por el mundo del teatro por el tramoyista oscuro tanto como por la actriz triunfante; que vivió la existencia cotidiana de muchos hogares de la clase media, compartiendo sus gustos o sus pasiones, desmenuzando sus actores uno a uno, desde el Pipaón, reventando de vanidad y de influencia, hasta la criada, que le abría la puerta y que conversaba con él, mientras los señores llegaban, como un igual?”

Según Tuñón de Lara, “Galdós ha hecho una elección fundamental: está con los hombres, con todos los hombres, los sencillos y los que no lo son, los que tienen mando o influencia y los que carecen de ellos, los que brillan y los oscuros; ha optado por los hombres y no por las élites”

Las “Dos Españas” ya se perciben en su obra (primeras series de los “Episodios Nacionales”, “Doña Perfecta”, “Gloria”, “La Familia de León Roch”). Una España de “tradición, fanatismo, intolerancia, rutina mental” y otra España de “progreso, cientifismo y liberalismo”. Desde que en 1808 España entra en la contemporaneidad, ambas Españas luchan por tener la hegemonía ideológica de la nación.

Galdós apostó claramente por valores nuevos. En relación al tema de “la mujer”, en “Tormento”(1884), la protagonista Amparo rompe con los valores morales vigentes. Más adelante, en “Tristana” se plantea a un nivel más elevado, la independencia de la mujer respecto del hombre y aunque finalmente Tristana fracasa, seguirá apostando a lo largo de los siguientes años por valores opuestos al “orden establecido”.

Tambien nos plantea Galdos una nueva concepción del “honor”. El honor ya no se relaciona con el “qué dirán”, con el estar deshonrado ante los demás. El honor del que nos habla Galdós es el honor como valor moral, como “honradez”.

En cuanto al “anticlericalismo” con el que a veces se caracteriza a Galdós, hay que decir que él no era un enemigo de la religión, pero si fue enormemente crítico con la Iglesia de su tiempo y especialmente con el aprovechamiento que las clases altas hicieron de la religión con fines egoístas.

LEOPOLDO ALAS “CLARÍN” se alza también,como escritor urbano (aunque de provincias), como portavoz de la conciencia crítica sobre la “España oficial”.

“La Regenta” es la crítica más profunda de la sociedad española a escala provincial en los años que siguieron a la Restauración de los Borbones. Vetusta (Oviedo) se convierte así en el centro de su análisis. Penetra en los estratos dominantes, el clero, la nobleza, los caciques, la administración, a través de unos personajes de los que conocemos hasta los más intimos secretos de su comportamiento.

La Regenta

Se habla también de “La Regenta” como libro “anticlerical”. Clarín, como Galdós, no es enemigo de la religión, pero sí de la Iglesia y de su utilización político-social. La religión a la que ataca Clarín es aquella en que Ana de Ozores (protagonista de “La Regenta”) había sido educada por su aya, Doña Camila:

“Doña Camila entendía el cristianismo como la geografía o el arte de coser y planchar; era una asignatura de adorno o una necesidad doméstica. Nada le dijo (a Ana) contra el dogma, pero jamás la dulzura de Jesús procuró explicársela con un beso de madre”.

A través del personaje de Ana, vamos conociendo los condicionamientos sociales que tenía la mujer en aquella época. Clarín explica y defiende el derecho al amor, un derecho del que Ana no podía gozar:

“Tenía veintisiete años, la juventud huía; veintisiete años de mujer eran la puerta de la vejez, a que ya estaba llamando… Y no había gozado ni una sola vez de esas delicias del amor de que hablan todos, que son el asunto de comedias, novelas y hasta de la historia… ¿Dónde estaba ese amor? Ella no lo conocía. Y recordaba, entre avergonzada y furiosa, que su luna de miel había sido una excitación inútil, una alarma de los sentidos, un sarcasmo, en el fondo…”

Esta era la situación de miles y miles de mujeres. Clarín tuvo la valentía y la precocidad de adelantarse más de medio siglo a su tiempo.

Vetusta

Galdos y Clarin retrataron como nadie aquella España arcaica y contribuyeron a fomentar nuevos valores que apuntaban al porvenir. Pero el mayor placer al leer sus obras es comprobar como toda esa capacidad de retratar y de crítica, es posible efectuarla , deleitándonos con una forma de narrar de indudable belleza y calidad.

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26 Ene 2010

MOZART: Inmersión y vuelo del ángel

Escrito por: ferran-gf el 26 Ene 2010 - URL Permanente




Por Ferrán González

Quiero proponeros un viaje por el maravilloso océano de los sonidos. Es requisito imprescindible, aceptar que no pisaremos tierra firme. El aire, el agua y, a veces el fuego, serán nuestro punto de apoyo. Tenéis que estar dispuestos a sumergiros en profundidades dramáticas, para luego, emerger como lo haría un ángel que, con amor hondo, vuela a lo más alto para contemplar el paso de la vida.

Esta propuesta, en realidad, es la que nos hace Rafael Argullol en su breve artículo “Inmersión y vuelo del ángel” de su Enciclopedia del Crepúsculo.

Antes de que viváis esta experiencia, quiero narraros que es lo que sintió Argullol. Yo todavía no he iniciado el viaje. Quiero hacerlo con vosotros de forma simultánea, con aquellos que lo deseen, para luego comentar la experiencia.

Para Argullol, el movimiento final de la Sinfonía 41 Júpiter de Mozart, es uno de los momentos más prodigiosos de la historia de la música. “Todo” está en ese final maravilloso. Ésta sinfonía forma parte de un tríptico que incluye la nº 40 y la nº 39, llamada “Canto del Cisne”.

Estas sinfonías están envueltas de cierto misterio y están consideradas piezas excepcionales en las que Mozart podría habernos legado lo más íntimo. Compuso las tres sinfonías en un solo verano (1778).

Resulta inevitable relacionar al Mozart de estas tres sinfonías, con el Beethoven de la siguiente generación, pero veamos los matices que encuentra Argullol al comparar a ambos genios.

La voluntad de grandeza de Beethoven se expresa a través de una arquitectura sólida que se eleva hasta el cielo desde unos cimientos firmes en la tierra. A mayor altura, mayor fortaleza , hasta llegar a la Novena sinfonía.

Y la sinfonía Júpiter de Mozart? En realidad, la sinfonía 41 es sólo Jupiteriana en su extensión. Si Júpiter es el dios del trueno y la descarga y simboliza un arte duro y patético…. Donde se halla Júpiter en la sinfonía 41?

La catedral que edifica Mozart es tan alta y poderosa como la de Beethoven, pero sus cimientos no están en la tierra. Aire, agua y, a veces, fuego son los elementos de apoyo. Es una arquitectura grandiosa pero ligera y transparente.

Es “la catedral imaginada por un duende que aparece y desaparece por la finísima línea que une y separa el ámbito de los sentidos y la región inexpresable a la que llamamos espíritu”.

Goethe decía que este tipo de genios estaban tocados por el “daimon”, por un espíritu demoníaco del que estaban poseídos. No es que fueran diabólicos, pero Goethe les otorgaba tanto poder creativo, que se situaban al margen de lo comprensible.

Argullol lo percibe de otra forma distinta. Cuando escucha la sinfonía le viene la imagen de un ángel:

“ … un ángel que teje la arquitectura musical mediante la inmersión y el vuelo, un ángel que se sumerge en profundidades dramáticas pero que, en formidable contrapunto, siempre emerge de nuevo, dispuesto para el vuelo de los sentidos con un gozo absolutamente contagioso que llega a la plenitud en el movimiento final de la sinfonía Jupiter”.

En la sinfonía 40, Mozart escribe una de las páginas más trágicas de la historia musical. Con un tono contenido, “el testimonio del acecho de la muerte se encuadra en una delicada serenidad melancólica”. Es por esa razón, que Argullol no puede evitar , mientras escucha esta sinfonía, contemplar simultáneamente el grabado de Durero, “La melancolía”. El tiempo, la muerte, la inconstancia, la perfección, las pasiones humanas…..

“Mozart, como Durero, convierte la oscuridad en luz. Incierta, pero luz”

He buscado el grabado de Durero para que lo contempléis mientras suena esta sinfonía.




Antes de sumergirse en la nº 40, el Ángel ha emprendido el vuelo en la nº 39 (Canto del Cisne). Suele creerse que el canto del cisne es el último homenaje a la belleza ante la cercanía de la muerte. Argullol prefiere otra versión y es aquella en la que “la insuperable perfección de su canto es la manifestación del gozo mismo que provoca el final del trayecto de la existencia” .

Si notáis cierta ingravidez al escucharla no os alarméis. Disfrutad de ello.

Como decía al principio, la sinfonía Júpiter “convierte en sonido la conciencia del ángel que se ha sumergido y ha volado situándose, por fin, en un suntuoso tiempo de repliegue desde el que contempla, con amor hondo, el paso de la vida”.

La sinfonía 41 Jupiter es el mayor canto de cisne de la historia de la música.

Nadie como Mozart ha expresado la cercanía del derrumbe con tanto gozo y tanto amor por la existencia.

Os dejo con las sinfonías. Buen viaje.

(Os pongo los enlaces de las 3 sinfonias para aquellos que quieran escuchar el tríptico completo. En todo caso, la nº 41 Júpiter es la que constituye el eje central de la narración)

SINFONIA 41 JÚPITER

http://www.youtube.com/watch?v=noAPeUlOjfc

http://www.youtube.com/watch?v=prJ83R0Ev_8

http://www.youtube.com/watch?v=UdpNf_1VXwg

http://www.youtube.com/watch?v=yRUlzJn8UeU

SINFONIA 39

http://www.youtube.com/watch?v=5FqZgxydYT0

http://www.youtube.com/watch?v=1Br91sZkca0

http://www.youtube.com/watch?v=QsSulfTeGrM

http://www.youtube.com/watch?v=gZoSR8d41Zg

SINFONIA 40

http://www.youtube.com/watch?v=sZHKJQdB_Ng

http://www.youtube.com/watch?v=Td-He4q83uA

http://www.youtube.com/watch?v=eRHx4j6cYQw

http://www.youtube.com/watch?v=_vJPjUqWjjg

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FRASES PARA LA REFLEXIÓN

"... como el mundo de los tejados, el silencio y los tránsitos inesperados que es el reino de la literatura"

GUSTAVO MARTIN GARZO