05Ago, 2008
48 horas

Escucho una voz que pronuncia nombres y edades. Primero los nombres y después las edades: un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, un nombre completo y después la edad, etc.
Así durante 48 interminables horas. El último nombre ya no lo escucho, no lo pienso, no lo siento… ya no creo.
48 horas seguidas, ininterrumpidas, con la misma voz.
Eso es lo que dura la cinta grabada con los nombres de los niños, víctimas del holocausto durante
Yad Layeled (Memorial Infantil) es un espacio en donde se enciende, en plena oscuridad, las luces de la memoria al millón y medio de niños (judíos y no judíos) que murieron durante el régimen nazi. De fondo, un locutor narra sin interrupciones sus nombres y sus edades. Del primer al último niño en ser mencionado, hay dos días de distancia.
Yo no estuve en ese lugar. Sólo sé que la memoria tiene memoria y que también sabe recordar lo que no se ha vivido en carne propia. “Memoria histórica” creo que la llaman.
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