09 Jul 2008
El día del Inventario
Dedicado a todos los empleados inadaptados de las grandes estructuras comerciales.
Cuando hasta la música más celestial suena a sentencia condenatoria, cuando ves que cada desnivel de las calles o cada pequeño escalón son un sutil empujón más hacía el cadalso entonces es cuando estás preparado para la última estocada. El último paso hacia la muerte de todo tipo de afirmación identitaria o del sufijo auto- o de la primera persona del singular y la entrada a otra dimensión de mecánico aletargamiento domesticado, una supervivencia física del cuerpo pero una suerte de coma psíquico del individuo. Estos eran los destellos de cruda lucidez que aún resplandecían en las horas previas al día del inventario.
Antes había existido todo un trabajo previo de anulación existencial y de conversión a los dogmas de fe corporativos, una tarea erosiva y constante en la que participaban hasta los esbirros conversos que estaban, como yo, en el último puesto de la infranqueable escala jerárquica. Qué extraordinaria labor habían realizado con el contradictorio y superficial heavy de la sección de enfrente, el enamorado de Satán; cómo declamaba orgulloso la felicidad de su mundo inconformista de los años ochenta. En especial cuando a diario nos martilleaba con su tema “Queremos juerga” de Obús, su exabrupto predilecto de inconsciente desinhibición con el que compensaba alegremente el encierro y el sometimiento que pesaba sobre nosotros. El tiempo transcurría allí como en un abyecto nirvana atemporal en el que el imperceptible pero continuo y regular parpadeo de los tubos fluorescentes te hacía poner en cuestión la existencia de los días y las noches y de la rotación de los planetas: sólo existía un espacio y un tiempo y estos eran únicos, imperecederos, perfectos y sintéticos, todo ello bajo la apariencia de un inacabable bucle ochentero.
En estas circunstancias la muerte, no por metafórica menos destructiva, era sólo una consecuencia natural. Estaba instrumentada por un rito iniciático decisivo tras el cual era imposible salir indemne. Se llama el día del inventario. Una sencilla herramienta emisora de un fino y aparentemente inofensivo rayo láser, complementada por un estridente y letal pitido, esta era el arma demoníaca con la que íbamos a autolesionarnos a lo largo de todo el fatídico día: daños cerebrales irreversibles que nos deparaban un dócil porvenir semivegetativo.
Ya estaba preparado para la cámara de gas.
Sin embargo todo transcurrió con la sencillez y la limpieza de una guillotina. Puede que fueran horas o lustros, miles o millones de sonidos agudos, pero desde el primer pitido aprehendí que no importaba. Había ocurrido.
En el instante en que la altísima autoridad, con su bendición, nos invitó a que partiéramos a nuestras casas o allá a dónde se nos reclamara, yo ya era un cachorrito necesitado de la manada. No me hubiera incomodado permanecer a su lado, de hecho me parecía lo más natural, pero acaté desorientado su designio. Sólo en el momento en el que me alejé de la magnética protección de aquellas paredes realicé que era un hombre vencido y al mismo tiempo todavía un superviviente. Tal vez existiera alguna esperanza al fin y al cabo. Aún corría la sangre por mis venas. Quedaba una remota posibilidad perteneciente a los dominios de lo inescrutable de que este autómata despertara; por medio del azar o a través de una enmarañada combinación de la voluntad, de la psique y de una reacción química inesperada. O eso era lo que pretendían que pensara.
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Pablo CeperoEspacio de crónica, crítica y análisis dedicado principalmente al cine pero en el que también caben otras manifestaciones culturales.
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- El día del Inventario 3 comentarios Pablo Cepero Ruben Gaizka
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Gaizka dijo
Ese pablo!! jajaja que crack!!! muy guapo lo que has escrito e!!
"En el instante en que la altísima autoridad, con su bendición, nos invitó a que partiéramos a nuestras casas o allá a dónde se nos reclamara, yo ya era un cachorrito necesitado de la manada." jajajajja
Ruben dijo
Dios... tas fatal XD
(hola!!! cuanto tiempo!!!)
Es una especie de teoria de la deconstruccion de Derrida mezclada con algun tipo de teoria freudiana... ya paso yaXD
Me ha encantado, mucho en serio.
Asi que a cuidarse y escribe alguna mas!! (por ejemplo los dias de listados de oferta XD)
Pablo Cepero dijo
No me esperaba que mis compañeros de fatigas fueran a leer el relato de esta experiencia que también fue la suya. Gracias por vuestros comentarios y espero sobre todo que no os sintais identificados. ¡Resistid valientes!
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