17 Ene 2008

La ley de Bode; LA DISTANCIA A LOS PLANETAS

Escrito por: da-go-agu el 17 Ene 2008 - URL Permanente

No se trata en absoluto de una ley se parece más a un truco y a uno que tampoco funciona siempre. Y no la inventó Bode. Pero la ley de Bode, que así se llama, ha jugado un papel importante en el descubrimiento de asteroides e incluso de planetas.

La inventó Johann Daniel Titius (1729-1796), un profesor de matemáticas de Wittenberg que tradujo un libro del naturalista suizo Charles Bonnet en el que el autor se ocupaba de la inspiración divina del orden natural. Para ilustrar las tesis de Bonnet, Titius —corrector no deseado— agregó un párrafo acerca de los planetas en el que mostraba que sus distancias al Sol se atienen a una fórmula constante cuando se miden en unidades astronómicas (una unidad astronómica [UA] es igual a la distancia que hay de la Tierra al Sol). La fórmula opera de este modo: comenzando la serie de números por el 0, agregue 3 y en adelante vaya duplicando la cifra. Así se obtiene 0-3-6-12-24-48, etcétera. Agréguese 4 a cada uno de estos números, divídase el resultado por 10 y se obtendrá la siguiente progresión: 0,4 - 0,7 - 1,0 - 1,6 - 2,8 - 5,2 - 10,00 - 19,6 -38,8.

Es notable que los siete primeros números de la última columna, interpretándolos como unidades astronómicas, describen aproximadamente la distancia entre el Sol y cada uno de los planetas conocidos, con una excepción: quedaba un hueco sin llenar a 2,8 UA.

Cuando Titius publicó su traducción del libro de Bonnet, Contemplation de la Nature, esta fórmula, junto con el resto de libro, cayó en el olvido, donde hubiera seguido de no ser por la atención que le prestó Johann Elert Bode (1747-1826), un astrónomo alemán con un toque populista. En 1772 Bode publicó la segunda edición de una introducción a la astronomía escrita por él e incluyó esta fórmula, sin mencionar a Bonnet o Titius. También él estaba preocupado por el hueco a 2,8 UA y propuso que se iniciara la búsqueda de un planeta a esa distancia.

Nueve años después William Herschel descubría Urano a 19,18 UA, una distancia tan aproximada a la predicha por la fórmula que parecía confirmar su veracidad. Escribiendo sobre el descubrimiento tres años después de anunciarse, Bode acabó por reconocer sus fuentes y reiteró su convencimiento de que algo debía haber a 2,8 UA del Sol, en el espacio vacío entre Marte y Júpiter.

Tenía razón. El 1 de enero de 1801 Giuseppe Piazzi descubrió Ceres, el primero y mayor de los asteroides que giran alrededor del Sol, a unas 2,77 UA, cerquísima de lo que establece la ley de Bode.

Los astrónomos utilizaron afanosamente la ley de Bode para localizar Neptuno, pero éste demostró ser una anomalía dentro del sistema, estando significativamente más cerca de lo esperado. Sin embargo, Plutón estaba a la distancia predicha cuando se descubrió en 1930.

Sería difícil encontrar en la actualidad un científico que considere la fórmula de Bode una ley inmutable de la naturaleza. Y sin embargo tampoco ha sido tajantemente descalificada. Por razones que nadie sabe explicar, no ha sido mala predictora. Sí la ley parece abominablemente matemática (como le pareció a Hegel, quien se opuso a sus implicaciones filosóficas), puede que sea tranquilizante saber que Bode, cuyas especulaciones sobre este asunto eran fundamentalmente kantianas, no sólo la consideraba predictora de las distancias de los planetas, sino también de la espiritualidad de sus habitantes; de ahí que los marcianos fueran más santos que los terrícolas, quienes a su vez estaban más cerca de Dios que los venusinos.


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En este espantoso abismo, matriz de la naturaleza y tal vez tumba, no de mar, ni tierra, ni aire, ni fuego, sino de todos juntos en sus fecundadoras causas confusamente mezclados, y al que debe combatirse siempre, a menos que aquel que todo lo hace y puede, ordene sus oscuras materias y cree más mundos, en este espantoso abismo, el cauteloso demonio se detuvo al borde del infierno y miró un momento, considerando su viaje..

JOHN MILTON, El paraíso perdido, libro II

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