28 Ago 2008
—¿Te puedo acompañar a casa? II El desenlace
Madridejos, provincia de Toledo.
Esto es la segunda parte del relato del post anterior. Este es el enlace:
Enlace al principio del relato
El título del post es: "En 1975, tres chicas se liaron a tortas en una riña sangrienta por un chico, en la plaza del pueblo de Madridejos, Toledo".
Te recuerdo que, lo que estás leyendo, fue verídico, y que he decidido dar los nombres reales.
Disfruta en la lectura.
II El desenlace
Un día ocurrió algo que nunca podré olvidar. Yo era muy espabilado para mi edad, viviendo en un pueblo, y muy apuesto, andaba con la cabeza alta, por eso algunas chicas me tiraban los ojos a su paso por la calle. Corría el año 1974, en el final del otoño. Yo estoy seguro, aún, de que aquello fue preparado por las chicas mayores amigas de la pandilla con la que salía.
Iba tan tranquilo por la calle un sábado por la tarde, en el arroyuelo cerca de la plaza, cuando un trío, de ellas, las mayores (de dieciséis a dieciocho años), me llamó; las había visto y sólo pensaba saludarlas al pasar junto a ellas; pero, me acerqué a ver qué querían. Nos pusimos a hablar amigablemente en corrillo, mas un instinto me hizo fijarme especialmente en Mari; una chica rubia, muy echada para adelante, la cabecilla de la pandilla, a pesar de tener sólo diecisiete años recién cumplidos; tenía los ojos algo quisquillosos al mirarme. Entonces, ocurrió algo que nunca sabría decirme cómo ocurrió realmente. Mari ya estaba mirando hacia ese lugar, atrás en oblicuo a mi izquierda viniendo de la acera. Una de las chicas estaba diciendo en ese momento que me iban a presentar a una chica que era muy guapa y que quería conocerme.
Cuando, de pronto, ocupando el espacio de la calle delante de mis ojos, apareció una ladrona de la belleza. Todo lo demás se deshizo a mi alrededor. Nos presentaron, el contacto de mis labios en su mejilla me llegó hasta los dedos de las manos, y más. Sus ojos, que no eran ojos sino bolitas de un negro hermoso con un halo resplandeciente a todo su alrededor, su faz, jugoso faz, su figura, su silueta..., con dos lunas de Venus picoteando un jersey azul..., sus curvas en la cintura, y las montañas de la Luna... Recordé en las dimensiones de un tiempo raro que me habían dicho que se llamaba Petri; entonces oí su tono de voz, sin palabras... porque no había habido tonos antes que el suyo, antes todo había sido silencio... Hubo un momento, que miré a mi alrededor, en la conversación la voz cantante la llevaba ella... Las otras habían desaparecido, lo agradecí y lo temí a la vez. Entonces me di cuenta que estábamos quedando para vernos al día siguiente, por la tarde. Para cuando quise reaccionar, nos decíamos adiós... Andando, no me atreví a mirar atrás, aquello, desde que mis amigas me llamaron, había sido un sueño. No había ocurrido realmente.
El caso es que al día siguiente, salimos de paseo los dos. Al día siguiente también. Y al otro y al otro...
Petra (Petri), era unos meses mayor que yo; en altura, sin tacones medíamos poco más o menos igual. Y, palabras textuales de ella... era campestre. Que no era del todo cierto, eso lo eran sus padres, ella cosía en un taller de costura.
El único problema que yo creía que tenía con Petri, era que ella no soportaba esperarme en la puerta de la biblioteca día tras día... y no salía. Yo trabajaba entonces en un almacén de materiales de construcción, del cual salía a las siete de la tarde. Quedábamos a las ocho, en la puerta de la biblioteca. Pero las ocho... se hacía las ocho y diez... Luego, las ocho y cuarto. Y media...
Por esto, se creó un tipo de enfado en nuestras conversaciones. Pero la cosa no fue a menos.
He de reconocer que con Petri aprendí algo que, con otra persona no sé cómo lo hubiera conseguido: el jugar con chicas de manera que fuera lo más normal del mundo, y, además, en la plaza, delante de toda la gente. Yo me he criado en un mundo obtuso; en un colegio interno de solo chicos, si bien, había monjas para atendernos y chicas de la limpieza. El único acercamiento compartido con una chica antes había sido sólo a través de María Luisa; pero María Luisa y yo pasábamos los ratos hablando, (en la calle o en su casa) cogidos de la mano y mirando a las nubes; tal vez me quería sólo para ella, porque, si bien tenía amigas, nunca llegamos a jugar con ellas; sólo estábamos un rato, luego nos íbamos los dos solos.
Con Sagrario también fue distinto: tampoco jugábamos porque nos juntábamos en pandilla, los chicos y las chicas por separado; en los juegos ellas jugaban en sus juegos y nosotros en los nuestros, aunque estuviéramos unos al lado de los otros y nos mirábamos y reíamos.
Pero, Petri los primeros días me vigilaba, si veía que me cortaba; me cogía de las manos, empezaba a hacer unos gestos, muecas con la cara; me empezaba yo a reír, se reía ella, y, sin darme cuenta, al cabo de un rato estaba jugando, correteando en un conjunto donde, a lo mejor había cuatro chicas y, un chico que era yo. Luego lo pensaba y me quedaba alucinado pero comprendía que me lo pasaba muy bien.
Nuestras broncas con lo de la biblioteca fue subiendo de tono. Ya me quedaba hasta cerca de las nueve, o más. El conocimiento que adquiría ahí dentro todo mi ser, era irresistible. Y un día, en una discusión en la que ella levantó la voz; me enfadé y le dije que, lo que pasaba era que los libros me gustaban más que ella.
Se quedó pálida. Los ojos como platos parecía que se le fueran a salir de las órbitas y dejó la boca abierta un largo rato. Pegó un pisotón en el suelo y se dio media vuelta pero no se fue.
El mayor incidente que tuvimos por esto, Petri y yo, fue un tiempo después, creo que al principio de la primavera del 75. Y es uno de esos recuerdos que a veces se me vienen a la mente como una anécdota de las que nos ocurren pocas veces en la vida. Un día, cansada de esperar, Petri entró en la biblioteca, toda cabreada…
Absorbido en las proezas de los químicos, que hacían extraños símbolos con fórmulas en el papel para hablar de la vida... percibí que una silueta se acercaba muy deprisa hacia mi mesa... En la biblioteca se andaba despacio, para no molestar... Esos tacones... Levanté un poco la vista... pantalones de pana en marrón oscuro, ajustados, jersey azul de pico... esa cintura... esa melena negra, el pelo suelto... la presura en el andar dejó a Petri ante mi mesa... La miré a la cara, era la chica más guapa de todo el mundo entero. Sus pequeños ojos negros echaban chispas. Se cruzó de brazos, pegando un pisotón. Soltó:
—¡¡Quéé!!
Sin saber qué hacer, bajé lentamente la mirada y la cabeza hacia la protección del libro.
Es posible que pasara un segundo o dos antes de que ella explotara... No recuerdo todo lo que oí, sólo algo...
—¡¡Pero tú te crees!! ¡Pero eres tonto! ¡Si son libros! ¡Mira, mira! —pegaba manotazos cada vez más fuertes al libro! —¡Si son libros! ¡Qué vas a sacar de aquí!...
En uno de los manotazos conseguí pillarle la mano y la miré con la mayor intención de calma posible...
—Petri...
—¡¡Pero eres tonto!! ¡Si son libros!! ¡Mira, mira! ¡Qué vas a conseguir con esto! —su furia fue a más, el libro lo tiró contra el suelo y daba patadas a la mesa —¡¡Mira, mira!! ¡¡Si son libros!! ¡¡Es que no lo ves!! ¡¡Si son libros!! ¡¡Qué vas a conseguir con esto, si no sirven para nada!! ¡¡Pero si son libros, es que no lo ves!!...
La bibliotecaria hizo su aparición, entonces me levanté y rodeando la mesa, intenté calmarla. Pero, aunque conseguí llevarme a Petri, aún muy enfurecida, me llevé una bronca muy grande.
Para apaciguar un poco las aguas, los próximos días a las ocho en punto estaba en la puerta de la biblioteca, entonces ella me regalaba una esplendorosa sonrisa con ojos radiantemente hermosos. Nos íbamos de paseo y, he de reconocer que pasamos unos días muy felices; fue en esos días, cuando, donde no nos veía nadie, nos cogíamos de la mano más cariñosamente, y paseando procurábamos encontrar un rinconcito donde no nos molestara nadie.
Pero la tontería, o la incomprensión de esto tan extraño a lo que llamamos vida, nos traía incidencias.
Un día, mejor dicho: una tarde, salí a las ocho, y Petri no estaba. Miré un poco por la plaza. No me molesté en estudiar las miradas de la gente. Contento como un niño que vuelve a sus juguetes, volví a mis libros.
En algún momento miré hacia la puerta, por si ella se asomaba. Pero me sumergí en mi lectura.
He de reconocer que me sentí feliz por haberme quedado hasta las diez... Diez y diez pasadas marcaba el reloj grande sobre una de las estanterías. La bibliotecaria era simpática normalmente conmigo, mas ese día su mirada era esquiva. Lo achaqué al cansancio. A esa hora, solo dos personas más, de entre veinticinco a treinta y cinco años, un hombre bien trajeado y una mujer vestida normal, en distintas mesas, se levantaban y tras depositar los libros en su sitio abandonaban la biblioteca, diciendo adiós a la bibliotecaria. La plaza parecía desierta a la luz de unas escasas farolas, el cielo despejado enseñando sus puntas luminosas. Al dejar la plaza, un chico algo mayor que yo, con el hombro apoyado en la esquina me clavaba la mirada. Continué caminando, pero ya pensando. ¿Ocurría algo? Tenía la sensación de que la gente no me miraba de la misma manera que siempre lo hacía.
Y la respuesta la tuve al día siguiente. Pero en ese mundo sin luces, obtuso, la gente no habla. Ni tus propios amigos. La gente balbucea. Te miran indirectamente como si debieras saberlo. Me tuve que enterar sacando trozos de un lado y de otro y juntando piezas. Aquella tarde, unas dos horas antes de mi hora en la biblioteca, en la plaza hubo sangre. Y pelos y uñas. En una sangrante pelea entre adolescentes.
Sin yo saberlo porque la gente no habla. Sagrario llevaba tiempo intentando convencer a Petri para que me dejara en paz. Esa tarde, la esperó en la plaza, con su amiga Inmaculada, porque ella era más delgada y más baja que Petri.
Cuando Petri llegó, primero, por las buenas, le dijo que me dejara. Ella dijo que no. Y Sagrario le soltó un guantazo con todas sus fuerzas... entonces se enzarzaron las tres.
Ese tipo de peleas en el pueblo, y más sabiendo por lo que son, más aún siendo chicas, la gente ignorante no se atreve a separarlas... fue brutal, pero la gente inculta y salvaje del pueblo, se quedó mirando sin hacer nada.
Poco más o menos, los siguientes veinte días no se atrevieron a salir de casa para que la gente no viera lo que se habían hecho. Pero, yo, entonces el único del pueblo que estaba dormido y no se había enterado de nada, me enteré de todo.
¿Por qué la gente no habla cuando tiene problemas? Además, en este caso, si Sagrario hubiera hablado con toda franqueza conmigo, no sólo me hubiera despertado del hechizo de Petri, sino que lo hubiéramos arreglado con buenos modos... O, si no ella, alguien; una amiga suya o un chico de la pandilla, que es como se hace muchas veces en estos casos... «Mira, que, Sagrario, a lo mejor quiere salir contigo...»
Sagrario y yo, desde que ocurrió lo de Petri, sí hablamos alguna vez, pero ella se me mostraba distanciada, con mirada recelosa, y yo (hipnotizado o tonto) no sabía por qué. Alguien me lo tenía que haber dicho.
El caso es que, a partir de ese día, mi postura con Petri cambió de forma notable. Un día, un domingo por la tarde de paseo, le hice un desprecio delante de todo el mundo, rechazándola y dejándola sola... Era tarde, pero yo a la que quería era a Sagrario. No me había dado cuenta, y de nada servía mirar atrás ahora. Poco a poco entre Petri y yo todo se fue enfriando y dejamos de salir.
No sé si Sagrario me hubiera perdonado, creo que sí, pero mis padres, con sus propios problemas, decidieron que ya no querían estar en Madridejos. Nos fuimos a Madrid, a Leganés.
En Madridejos se quedó una parte muy importante de mi corazón; Sagrario y yo no volvimos a vernos. Su voz era rota, como cuando acabas de coger un resfriado, su mirada... era la mirada de las hadas, de los ángeles, de la naturaleza personificada, de la luz, de la vida... Ella, que era lo que más me interesaba: ella, y no solamente su cuerpo, era la joya más grande que mi espíritu había conocido hasta entonces en mi vida... y me quedé sin ella...

Cinturón Licix, marzo de 2008__
Sobre este blog
Cinturón licix, relatos de un mundo que no entiendo
daneel-olivawwHola, amigos. Soy un interrogante confuso en un mundo perdido que no entiendo.
En el mundo que nos ha tocado vivir, se suceden momentos que o bien nos llaman poderosamente la atención, o, a veces nos son difíciles de comprender. Este blog lo voy a dedicar exclusivamente a escribir relatos, bien de hechos ya ocurridos, como serán los primeros, o bien como una manera de pintar este mundo tan raro que no entiendo. Me gusta pintar, pintar con letras, y a eso me dedico.
También soy uno de tantos escritores noveles que esperan una mínima oportunidad sentados en el bordillo de la acera enfrente de la editorial. Por ello, dedico un abrazo a mis compañeros.
Espero que disfrutes leyendo.
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
GATITA dijo
por dios daniel, me paartes el corazón, que relato tan duro, no se por que me da en la nariz que has sufrido mucho, y no me atrevo a preguntarte si eres feliz ahora, pero me gustaria que lo fueras
Besitos
GATITA dijo
por cierto, no soy un angel, que va.
daneel-olivaww dijo
Querida amiga Sapito, qué alegría volver a verte por aquí. Te digo, no sé si has leído los dos, porque este post es la segunda parte del anterior, con el título:
En 1975, tres chicas se liaron a tortas en una riña sangrienta por un chico, en la plaza del pueblo de Madridejos, Toledo.
Por tu manera de responder, creo que sí, que has leído los dos.
Mira, hace poco le decía a un amigo, también aquí en el mundo digital, que la palabra "sufrimiento" no entra en el diccionario oficial de mi vida. Que yo nacía para ser muy feliz.
Es cierto que la vida, según parece, no me quiere y me trata de manera injusta, pero lo voy llevando. Y si bien es cierto que una posición social estable en la vida ayuda mucho en la felicidad de las personas... Yo, también tengo mis ratos de felicidad.
Mil gracias por tus enriquecedoras palabras.
Bueno, pues si no eres un angel...
"Eres una maravilla en este universo, por el simple hecho de haber nacido"
Besos.
celia-lor dijo
Daneel guapisimo, me has transportado a la adolescencia, leyendo esos inicios con Sagrario, esas sensciones especiales , esas miradas complices, ese día a día , poco a poco. Luego lo de Petri, dominante pero hermosa, en el fondo tu historia es la de muchos, que se quedan encandilados con el exterior y al final descubren lo que es realmente importante. Supongo que en los recuerdos de Sagrario y Petri también estas tu. Me encanta visualizar tus relatos, es tremenda la manera en que envuelves en palabras parajes y sentimientos, y una visualiza mucho y pocos consiguen que lo haga con tanta fuerza. Bicossss.
daneel-olivaww dijo
Hola, Celia, qué tal...?
Muchísimas gracias. Este es uno de los recuerdos que me han perseguido desde que ocurrió. A veces lo veo como si volviera a repetirse. Uno comete errores en su vida. Yo me dejé engañar por la silueta de Petri, y debido a ello perdí lo más hermoso que ha mi ententer había nacido en este mundo.
Pues, sabes... De Sagrario no he vuelto a saber nada. Pero a Petri la volví a ver unos años después de aquello..., cuando salí de la mili. Imáginate lo que supuso para que... debido a ello estuve siete días sin comer. Tan solo me alimenté con un poco de agua.
A veces, incluso los recuerdos duelen.
Un beso.
GATITA dijo
donde andas daniel? estoy esperando para leer algo nuevo.
Besitos
glhoria dijo
DANIEL UNA BONITA HISTORIA DE TU ADOLESCENCIA.ME RECUERDA A LA MIA PROPIA O A LA DE MIS HIJOS. UNA DULCE MANERA DE RECORDARLA TIENES.
UN BESO GLORIA
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