15 Jun 2009

Seré un blog concursante en los 'Premios 20 Blogs'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 15 Jun 2009 - URL Permanente

Premios 20Blogs

10 Jun 2009

Descubriendo un nuevo mundo laboral

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 10 Jun 2009 - URL Permanente

El tiempo me ahoga. Ni siquiera tengo una imagen para poner aquí. Estoy en una pequeña pausa en mi adorado blog de 'El País de la Gominola'. Voy a abandonar el periodismo porque la crisis lo exige y porque el dinero es necesario para vivir. Y más en mí, que quiero vivir en Madrid. Los alquileres, por muchas ayudas que den, son caros. Y además, estas ayudas, sí, llegan, pero nunca llegan con puntualidad. Estos días me están formando. Y al mismo tiempo estoy sumido en la recta final de las clases de teatro, preparando lo que será nuestra gran muestra; obra de teatro, por lo que el tiempo y la ausencia de Internet me impiden escribir. Mil disculpas. Volveré a finales de junio de manera más asidua. Lo prometo.

Voy a ser teleoperador. Esa profesión tan extraña para mí, y que siempre he visto desde el otro lado el teléfono. No sé cómo será, si sé que cuando empiezas de nuevo en un trabajo, descubres lo diferentes que somos en esta vida. Lo sabes, pero cuando empiezas a conocer a gente por primera vez, entonces, esa sensación se engrandece. Es difícil unificar un grupo, porque sin duda, cada uno es de su madre y de su padre. Yo, sinceramente, para estas cosas me gusta ser reservado y dejarme descubrir poco a poco. No sé si cambiaré algún día.

Seguro que este nuevo trabajo traerá más de un post. No lo dudo. Las pequeñas anécdotas que me llegan durante el curso e formación, bien lo vale. Creo que pese a que no será la profesión de mi vida, va a ser toda una experiencia inolvidable y de la que voy a aprender muchísimo. Además, trataré de ganar dinero. Trabajaré para una gran empresa, y espero que a partir de ahora mis nóminas lleguen con puntualidad.

No sé si estoy o no saliendo de la crisis, pero veo una pequeña luz en la felicidad. Incluso Hacienda me devolvió dinero. Estoy creyendo que todo lo malo pasa y espero que este verano comience a escalar hacia esa montaña en el que la luz entra por mi mirada con mayor claridad.

Y por último, por cierto, Este año vuelvo a participar en Los Premios del diario 20 Minutos. En esta ocasión con dos blogs, 'El Hijo de Puta Cabrón' y 'El País de la Gominola'. Pronto os diré cómo votar.

Un abrazo y gracias por estar ahí

25 May 2009

La libertad literaria de los nombres

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 25 May 2009 - URL Permanente

Cada vez huyo más de los grandes nombres. No me suele gustar la literatura de los 'best-seller'. Huyo como huyo en ocasiones de la música empastada de los 40 Principales. Y no dudo que hay libros de gran interés literario entre las baldas más vistosas de los centros comerciales o librerías de renombre. E incluso intuyo que poco relación hay entre el 'marketing' que ejecutan las editoriales para vender un libro con el escritor. Sin embargo, enerva al lector. A mí al menos. Si hace unos meses hablaba del, a mi parecer, timo de Arturo Pérez Reverte con su mini novela 'Ojos Azules', hoy tengo que volver a escribir sobre un nuevo descubrimiento que me rasga más las vestiduras y me hiere el corazón. Quizá no haga amigos con estos textos, pero la última novela de Ray Lóriga, 'Los oficiales y el destino de Cordelia', de otras 70 páginas, por un precio de 19 euros, es un robo a mano armada. Más si comienzas a leer las primeras páginas.

La novela comienza en la página 11 y la fuente es grande, con márgenes amplios, capítulos cortos que nunca llegan al final de la hoja, y que en mi rápida lectura se llena de palabras que no dicen nada. De hecho, él mismo lo asegura con esa frase. Si pueden échenle un vistazo.

No quiero estar errado, por eso os invito a leerla un poco en la librería. Y no es que esté yo en mi época más creativa. Porque con la crisis, mi necesidad urgente de trabajar, la posibilidad de tener que volverme a Bilbao y el teatro, me peleo con mi inspiración para escribir cada semana un nuevo capítulo de 'El Hijo de Puta Cabrón'. Y más peleo estos días con una futura novela (7 Balas) que no sé cómo saldrá.

Creo que ciertos escritores con un nombre establecido en el mercado tienen una facilidad sublime (Tal vez obligados por la editorial) para sacar al mercado, de vez en cuando, ciertos textos que les debería avergonzar. No todo vale en la literatura, y menos cuando tienes la posibilidad de dedicarte a ello en exclusiva. Que Alfaguara venda como novela los artículos de Javier Marías, publicados todos los domingos en El Semanal durante los últimos años, me decepciona. Me encanta Javier Marías, pero verle brillando en una balda principal y descubrir que sus páginas sólo esconden lo que ya leímos los domingos, me decepciona enormemente.

Y si deciden pasearse por una librería estos días, encontraran un libro oportunista de poemas de Antonio Vega, o la mejor novela del año según los lectores de 'Que Leer', que es el 'Juego del Ángel' de Carlos Ruiz Zafón. Hay títulos más interesantes, pienso yo. Desde la última de Saramago, hasta los cuentos de Juan José Millas. También me parece intrigante la última novela de Javier Cercas. Hay más, sólo es cuestión de bucear...

20 May 2009

Sentimiento rojiblanco frente al talonario azulgrana

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 20 May 2009 - URL Permanente

Lo viví. En 30 años de vida nunca he vivido algo igual. No estuve en Valencia para ver la final de la Copa del Rey de España, sino en Bilbao, donde nace el sentimiento del Athetic. Nuestra forma de ser, guste o no, es esa, y el pasado 13 de mayo brotó y alcanzó una magnitud sublime. Vizcaya era rojiblanca en cada uno de sus centímetros. Sólo había un sentimiento. Un éxtasis futbolístico que nadie nos podrá robar en la vida. Yo, en plena plaza del Arenal, donde las corrientes de aire se asfixiaban y el rojiblanco inundaba de color las calles, me vi ahogado por los cánticos, que sin duda, ponían la piel de gallina de pies a cabeza. Incluso al empedrado del suelo.

Soñamos media hora, pero soñamos y tocamos el cielo. Si al final el correctivo fue más que severo, fue porque el fútbol entiende más de dinero que de sentimientos.

Vestirse de rojiblanco, ondear una bandera del Athletic y cantar el himno del Athletic desde el corazón, arropado por cientos de miles de personas que sienten lo mismo que tú, es indescriptible.

No faltó kalimotxo. A la antigua usanza. En botellas de dos litros y mezcladas en plena calle. Así se ven los partidos del Athletic. Inmersos en el centro del Arenal mientras el Melendi animaba las horas previas al partido con su camiseta del Athletic, nosotros bebíamos y esperábamos más nerviosos un comienzo. El partido era a las diez. Nadie de los que estuvimos allí nos dimos cuenta de lo del Himno. Sólo nos importaba el partido; el fútbol; nuestro equipo; la posibilidad de ganar la copa.

Cuando el árbitro pitó el arranque del partido me sentí débil como una flor en otoño. Preso por mis nervios y por los de alrededor. Impotente por no ser el dueño del destino. Soñador. Y sin tiempo para pasar miedo llegó el gol. Cuando Yeste sacó el corner y Toquero remató de cabeza y el balón besó la red, explotó Bilbao. Y por primera vez en demasiado años, de júbilo y felicidad. Creo que nunca ha habido tanta felicidad junta. Fue una explosión de gritos, histeria, abrazos descontrolados, besos, más gritos y lágrimas. Jamás he celebrado un gol con tanta pasión. Hasta la afonía. "¡Ari, ari, ari, Toquero Lehendakari!"

Durante media hora fuimos campeones de la Copa del Rey. Y en ese instante, se podía llorar. Nunca después

La derrota por 4-1 fue dura y amarga, pero razonable si se observa con detalle cada una de las plantillas. El equipo del Barcelona es mejor. De hecho, puede que sea el mejor equipo del mundo, mientras que el Athetic de Bilbao es un humilde equipo que pelea por sobrevivir en Primera División. Debo ser realista. Si bien, nosotros tenemos una filosofía muy distinta a la hora de elaborar un equipo, única en el mundo y que dificultará cada vez más nuestra supervivencia. Ya nadie se alimenta a través de los alimentos que le nacen en el huerto y comprando en los supermercados de barrio. Todos utilizamos las grandes superficies y tiramos de tarjeta de crédito y billetera para vivir, supuestamente, a un nivel superior.

No sé si volveremos a vivir algo similar. Con el Athletic de Bilbao la duda es más que evidente. Pero no hay duda que nadie nos va a quitar lo que hemos conseguido y vivido este año. Fue un orgasmo futbolístico y sentimental increíble.
Pero soñamos. Entre cánticos de "Athletic, Athletic",

HIMNO

Athletic, Athletic, Athletic eup!
Athletic, gorri ta zuria
danontzat zara zu geuria
Erritik sortu ziñalako
maite zaitu erriak

Gaztedi gorri-zuria
zelai orlegian
Euskalerriaren erakusgarria.
Zabaldu daigun guztiok
Irrintzi alaia:
Athletic, Athletic
zu zara nagusia
Altza Gaztiak

Athletic, Athletic,
gogoaren Indarra.
Aritz zarraren enborrak
loratu dau orbel barria.

Aupa mutilak!
aurrera gure gaztiak!
Bilbo ta Bizkai guztia
goratu bedi munduan
Aupa mutilak!
gora beti Euskalerria!
Athletic gorri-zuria
geuria.

Bilbo ta Bizkai guztiak gora!
Euskaldun zintzoak aurrera!

19 May 2009

Vivencias Inglesas: 'Amor sin palabras entendidas'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 19 May 2009 - URL Permanente

Era mi tercer día en Londres. Pedí un "coffe latte and a Muffin of chocolate, of course". Me habló. Me dijo varias frases que no entendí. Le dije "no", "Thank you" de esa manera tan sutil que lo dicen los ingleses. Ella rió al ver mi absurdo gesto. Después me sonrió. Guapísima. Morena, ojos verdes, con aire inteligente, sin esa voz femenina tan característica en Inglaterra. No sé si existe el amor a primera vista, pero creí que podría fraguarse en una cafetería de Lichfield, a las diez de la mañana, entre un vasco una inglesa, tal vez. Ella sin saber una sola palabra de castellano y yo con mi olvidado y mal pronunciado inglés de COU.

Y aunque era una verdadera locura, y sabía que escribiendo en esta misma libreta sólo estaba soñando, me gustó soñar.

Cuando aterrizó el café sobre mi mesa, junto a la magdalena, no pude por menos que mirarla embobado, decirle un escueto "thank you" y esperar el milagro. No volví a concentrarme. Desayuné mirando sus paseos, y cuando desaparecía esperaba paciente su aparición. Nos miramos tres veces y en esas tres y diez más maldije el idioma que tanto nos separaba.

Aquella noche soñé con ella y no puede evitar escaparme al día siguiente y desayunar en aquella misma cafetería. Lo hice solo, en el mismo sitio. Para lograrlo, estuve como un inútil helado de frío en la calle esperando que mi mesa quedara libre. Era de nuevo las diez de la mañana y ella seguía igual de radiante, poniendo cafés a señoras mayores.

Ofrecía las mismas sonrisas y su mismo inglés difícil de entender. Yo pedí mi idéntico "coffe latte" y por supuesto, "a Muffin of chocolate". Quise preguntarle su nombre, y estuve a punto de hacerlo cuando ella se acercó a recoger mi taza de café, vacía desde hacía largos minutos. Debió de preguntarme si había terminado o si podía recoger. Yo dije "yes, thanks". Le diría "yes" a todo. Estaba embobado, obsesionado con ella. ¿Enamorado hasta los huesos?". Mi cuerpo temblaba por ella, mi corazón se ahogaba acelerado y mi paladar se resecaba dejándome sin voz siempre que ella me miraba.

No pude ir al día siguiente, pero sí un día más tarde. Era mi sexto día en Inglaterra. Sólo me quedaba uno en aquel país. De hecho, era mi último día en aquella cafetería. Estaba viéndola. Sólo podía pensar que iba a volverme a España sin decirle una sola palabra. Y peor aún: Sin besar esos labios que tan cerca de mí quedaban cuando posaba con delicadeza sobre la mesa mi "coffe latte and a Muffin of chocolate".

Al menos su nombre. Al menos oír su voz hablándome lejos del habitual tono que utilizaba para todos sus clientes. Ella me miraba, me sonreía. Quizá era sonrisa laboral, tal vez no me correspondía, pero no quería irme sin comprobarlo. Deseaba saber cómo era acariciar sus manos, pasear con ella por la calle, hablar, conocernos, tomar unas pintas, acabar besándonos... ¡Cómo sería besarla por primera vez! Me derretía al pensarlo. Y volver a besarnos. Y mirarnos enamorados, y hacer el amor en su casa diciéndole que por ella perdía mi vuelo a España; que me quedaba con ella porque estaba enamorado...

Sin embargo, me fui. No logré saltar la línea. Ni siquiera logré su nombre. Pagué, la miré hasta que tuve posibilidad, y caminé calle abajo sin poder ni querer quitármela de la cabeza. Todavía hoy, no puedo hacerlo. La veo con nitidez en mi imaginación. Tal vez el destino. ¿Puede un idioma evitar el amor?

06 May 2009

Vivencias Inglesas: 'Recopilando impresiones'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 06 May 2009 - URL Permanente

Inglaterra es distinto. Entiendo muchas cosas después de vivir allí durante una semana No todas. Pero sí muchas. Es un país en el que te sientes extranjero. Extrañamente me sentí más aún en México, pero Inglaterra es más raro si cabe. A mi parecer se aleja en exceso de Europa. Viven en esa isla, apartados del viejo continente, y creo que puede ser esa situación geográfica lo que les hace tan diferentes. Y no conozco ni la mitad de Europa, pero me atrevo a plasmar algunos hechos que apoyen esta opinión. Quizá puedan rebatirla, pero son mis hechos al fin y al cabo y con ellos me quedo para escribir estas sensaciones.

Conducir por la izquierda y colocar el volante a la derecha les hace ya muy distintos. Además, calculan la distancia en millas, lo que te hace dudar un poco del trecho real entre un sitio y otro.

Su idioma para mí, sin duda es bastante complejo. Es increíble lo distinto que se escucha según donde residas. Ocurre igualmente en España, lo sé. Es la riqueza de las culturas. Pero en Inglaterra se me acentuó esa complejidad. ¿Por qué escribir de una manera y pronunciar de otra? Sé que ocurre en muchos idiomas, pero realmente me fascina y me cabrea al mismo tiempo. Me sigue pareciendo demasiado confuso. En ocasiones, imposible. Será el desconocimiento. Seguro. Porque ellos han sido los que han dado nombre a un idioma que es la insignia de este planeta.

Me ha resultado curioso que los ingleses son fríos. Lo imaginaba, pero no tanto. Al menos son fríos los que yo he conocido. Distantes, sin nervio. Te dan la mano de forma neutra. Saludan con suavidad, sonrisa comedida y siempre con excesiva educación. Nadie se besa en las calles, no se abrazan, no gritan. Intuyo que Londres es otro mundo, pero no estuve el tiempo suficiente para descubrir la pasión desmesurada de las calles.

He de decir que en Inglaterra se come bien. Los críticos de la comida inglesa mintieron. A mi parecer, claro. Los supermercados son una maravilla y ofrecen una gran variedad de productos alimenticios. Precios, en muchas ocasiones, más baratos que en España. Calidad similar. He comido un salmón exquisito, setas en salsa deliciosas, bollería, natural e industrial, para chuparse los dedos, ¡Mmm! Y un queso 'cheddar' buenísimo, e incluso he podido preparar paella. Todo es cocinar.

Los pubs han sido mi otro gran enamoramiento. Sin humo, tranquilos, en los que poder beber pintas de cerveza mientras mantienes una amena conversación, ríes o simplemente escuchas. Por supuesto, sólo hasta las 11 de la noche, porque los pubs en los que yo estuve aún cierra a esa fatídica hora. Suficiente debido al horario inglés. A esa hora ya no entran más cervezas. ¿O sí?

Los ingleses son distintos. No olvidemos que hay que pagar en libras, aunque creo que, si con el tiempo la moneda sigue devaluándose, podrían cambiarse al euro. ¿No creen? Por otro lado, también son distintos en su voz nasal y aguda, sobretodo entre las mujeres. Y eso que muchos ciudadanos, de ambos sexos, poseen unos físicos enormes. Y en el caso de las chicas más jóvenes destacan por su escasa ropa, su excesiva juventud y maquillaje. Esto último lo vi en ciertas noches, pero nunca se puede generalizar, ¿verdad?

Debo decir que en siete días he viajado en autobús, coche, mini-bus, tren y avión. Ha sido increíble. Repetiré. Sólo me disgustó el escaso esfuerzo que los ingleses hacen porque les entiendan los turistas.

Sólo queda un capítulo de mis Vivencias Inglesas, y espero que os enamore, porque es el más sentido.
Un abrazo a todos y gracias.

05 May 2009

Vivencias Inglesas: 'Shopping'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 05 May 2009 - URL Permanente

Inglaterra no es caro. No al menos en las zonas en las que yo he estado. En Lichfield hay productos que, respecto a España, son sorprendentemente más baratos. El único pero o problema radica en la maleta. Ésta siempre tienen un límite, y en mi caso, volando con una compañía de bajo coste y sin facturar (La facturación cuesta 30 euros) más aún. Pese a todo, hay compras que no se pueden evitar. No me dejé llevar por la tentación todo lo que quisiera, pero me he prometido volver en un futuro. Cuando la crisis no me ahogue y pueda facturar la maleta. Espero que la libra no se recupere entonces.

No hay duda que lo barato de muchos productos para los españoles viene justificado por la igualdad que existe hoy en día entre la libra y el euro.

Me sorprendió de nuevo, aunque ocurre en muchos países (lo vi en México), que los mismos productos en idénticos envases tuvieran nombres distintos. Un desodorante tan conocido como 'Axe', en Inglaterra mostraba su otro nombre en letras mayúsculas: 'Lynx'. Por supuesto, mucho más barato.

No obstante, una de mis mayores sorpresas estuvo en un formato de pasta de dientes. Si existe en España, por favor, díganme dónde. En Lichfield y seguramente que en el resto del país, vendían la pasta de dientes en un bote como los de espuma de afeitar. ¡Genial! ¡Divertido! Si bien, me abstuve de comprarlo.

Sí me compré una camiseta con la imagen de la 'carta de ajuste'. De color negro. Por 5 libras. ¡Genial! No pude resistirme. Y como he empezado a jugar a frontenis me hice con dos raquetas de iniciación. No son de gran calidad, pero valían 9,80 libras. Esta compra me obligó a modificar mi maleta de vuelta y hacerme con un equipaje de mano algo más amplio. No fue difícil. La más cara y con las medidas acordes al vuelo, 12 libras. ¡Increíble!

En el mercado de la plaza de Lichfield me hice con un pantalón gris para mi obra de teatro 'Largo viaje hacia la noche'. Los pantalones grises con cinturón me salieron por 8 euros. Me faltó llevarme una de las camisas que vendían en un supermercado del centro urbano, donde compré la camiseta. Todas peleaban entre las 3 y 6 libras, pero finalmente no me decidí. En este supermercado los precios eran excesivamente baratos. Una camisa con corbata, 'muy aceptable', costaba 6 libras.

Sentí impotencia con los libros. Me invadió la rabia y me maldije por no saber leer inglés. Los libros antiguos te esperan impacientes en numerosas librería. Puedes conseguir títulos de autores que aún no están en España. Incluso de algunos que tal vez nunca estarán. No pude evitar hacerme con el libro de Ryu Murakami, '69'.

La crisis me retuvo y evité comprarme un mp3 Philips de 4Gb por 25 libras, un paraguas de madera para mi escena 'Singing in the rain', por 4 libras, una mochila para mi ordenador, e incluso un ordenador MAC (sin ñ ni acentos) por 700 libras. Lo que no pude evitar fue gastar todas las libras que me restaban en el aeropuerto. La película de La pequeña Miss Sunshine en versión original por supuesto y el disco original de The Kooks. Volveré de compras a Inglaterra.

30 Abr 2009

Vivencias Inglesas: 'Mis vivencias inglesas'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 30 Abr 2009 - URL Permanente

Lo más maravilloso de todo viaje es la gente que vive en el país al que viajas. Sus costumbres, su forma de ser y actuar. Su mirada, su manera de hablar. Tienes que traerte contigo en la maleta alguno de los recuerdos de las personas que allí viven. Algo te tiene que calar, más allá de las fotografías que te haces sonriente junto a los monumentos, símbolos o lugares más emblemáticos de la ciudad. Viajar a un lugar y no convivir con los ciudadanos que allí viven, en cierta medida, no es viajar. Intercambiar ese sentimiento, tan distinto, y aprender los unos de los otros, hacen el viaje demasiado superficial. Yo no hubiera sentido Inglaterra de la misma manera si no hubiera conocido una familia 'tipycal english'.

El título de este pequeño 'Cuaderno de viaje' vino motivado por el día que llegué a Lichfield, un pueblo situado al norte de Birmingham en el que pasé la mayor parte de mis vacaciones inglesas. Allí me azotaron las vivencias.

En Lichfield aflora la vegetación por todas las esquinas. Me siento en el País Vasco. La humedad me permite respirar y soy feliz. La vegetación invade con valentía la carretera, las casas son bajas, los vehículos continúan con su conducción inversa, y los pubs ingleses se hacen más tradicionales. Tal vez es la Inglaterra profunda. Una forma de vida distinta a lo visto hasta ahora en Londres. Una vivencia inédita.

Me adentro en una zona residencial de cuento. Casas iguales, garaje, coche fuera, jardín y vuelta a empezar. Todas las casas se repiten. Las calles aparecen limpias. Hay una excesiva ausencia de gente. La humedad persiste, la vegetación te invade y las carreteras parecen recién asfaltadas. Es el escenario del 'Show de Truman'. Relaja y te hace olvidar cualquier estrés. Respiro con fuerza. Sonrío y consigo olvidarme de la crisis. Mi crisis. ¡Me encanta!

Es el día de los huevos de Pascua en Inglaterra. Una tradición en la que los padres esconden en un jardín huevos de chocolate a sus hijos. Los pequeños tienen que buscarlos. Cada niño lleva una cesta de un color que le indica el color de los huevos que debe buscar. El premio: comerse los huevos de chocolate. Y yo tengo la fortuna de vivir todo esto en una familia inglesa. Muchos niños y demasiadas conversaciones en inglés para mi desacostumbrado oído. Me parecen las dos de la tarde, me estoy tomando una 'Budweiser', y son las 11.30 de la mañana. Horario inglés.

El colmo del surrealismo me invade, a mi parecer, en la comida 'buffet', mezcla española e inglesa. Tortilla de patata y albóndigas peleando con el queso cheddar, las salchichas o el puré de patata, así como el pollo cortado en tiras, al estilo pavo. Tras servirse en el comedor, todos nos trasladamos al salón, zona recreativa de los pequeños, y en consecuencia, invadida por miles de fichas de 'Lego'.

Sentados en el sofá, sillón, silla o suelo, con el plato sobre las piernas, y en un ambiente señorial, salvo por los juguetes de los niños, comemos con suma sobriedad. El banquete es sereno, educado, sin estridencias. Y al mismo tiempo extraño. Vuelan las frases en inglés entre unos y otros, luego las risas. Y yo con sonrisa de estúpido pregunto, "¿Qué han dicho?". Nada sobresale de la norma establecida. Todo es demasiado correcto y siempre se incluye "por favor y gracias". "Please" and "Thank You". La hospitalidad es de sobresaliente. Sin duda, vivo un momento único, distinto y valioso. Así viven y son los ingleses. Necesito una pinta, please...

24 Abr 2009

Vivencias Inglesas: 'Chinatown and Pubs'

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 24 Abr 2009 - URL Permanente

Comer en Londres, a un precio asequible y lejos de las grandes cadenas alimenticias de este planeta, me pareció fácil. Demasiado sencillo. Al menos para satisfacer mis gustos culinarios. De hecho, para agrandar mi apetito. No supe cómo, o tal vez sí, pero me perdí por las coloristas callejuelas de Chinatown, un barrio de Londres en el que los restaurantes orientales (chinos, japoneses, tailandeses, coreanos...) ofrecían sus peculiares menús por todas las esquinas. Y a precios razonables. Más ahora que la libra y el euro van casi de la mano. Ademas, hay que añadir que, en su interior, los clientes son en su mayoría ciudadanos orientales, lo que da mayor confianza si cabe. Lo digo por eso que dicen que nunca se ve a un chino comiendo en un restaurante chino. En Londres sí.

Sin duda, no hay restaurante que no atraiga. Cuesta decidirse. Uno desea adentrarse en todos, sin miedo, y probar los innumerables platos que ofrecen.

Desde unos tallarines hasta un buen plato de sushi. Finalmente opté por unos noodles bañados en salsa picante, que en mi caso vinieron a ser unos fideos regordetes con verdura y pollo. Servidos en un recipiente de plástico de enormes dimensiones. Deliciosos. Con bebida, el precio final fue de 6 libras. The Coke, 0,70. Era un restaurante, por supuesto. En pleno centro de Londres, en Piccadilly Circus.

Debo decir que la calle Piccadilly Circus me decepcionó. Es amplia, estaba cortada por una manifestación, también he de decirlo, y me recordó a las calles céntricas de Madrid más ricas. Personas como yo no podemos hacer nada en ese tipo de calles, más que atravesarlas. La plaza de Piccadilly es el centro turístico por excelencia con sus pantallas gigantes al más puro estilo Tokio. Sin embargo, no es para despegar la mandíbula. Un sitio de foto obligada, por supuesto, pero como lo es Sol o el Tío Pepe.

Con las horas echándose encima, y sólo restando la visita al enrome Hyde Park, llegaba el momento más deseado. Tomarse una gran pinta de cerveza. Las famosas pintas de cerveza inglesas, y en un pub inglés, por supuesto. Los pubs son auténticos. Sus parroquianos ingleses beben en estado puro. Una decena de grifos por barra y apenas hay botellas con alcoholes superiores. Las hay, pero en menor medida. Nadie toma copas; cubatas; pelotazos. ¿Para qué habiendo cerveza?

En los pubs, apunten, aunque creo que es de sobra conocido, no se puede fumar. Y dentro huele a limpio. Y siento decirlo, pero se agradece. Hay alcohol pero no hay una cortina de humo atravesándote la piel. Y más aún, en algunos pubs no permiten la entrada a niños, ni siquiera con los padres. No es un sitio idóneo para ellos.

En este punto seguimos por detrás de los ingleses. En lo del tabaco por supuesto, porque el Gobierno estableció una cobarde Ley que ha dejado total libertad a los bares. Y en lo de los niños más si cabe, porque hay padres que sumergen a sus pequeños en espacios increíblemente contaminados por el humo del tabaco.

Más adelante hablaré de las pintas, pero ya os digo hoy que hay que tomar las cervezas locales de Inglaterra. Probar esas cervezas con menos burbujas, tostadas, no tan frías como las habituales. También hay frías, pero esas se pueden tomar en España. Las inglesas son una experiencia distinta. La Pedigree sabe deliciosa, y la Landlord extraordinaria.

Un alto en el camino para leer 4 millones de parados

Escrito por: Daniel Diez Crespo el 24 Abr 2009 - URL Permanente

Tratamos de tocar fondo, pero nuestros pies aún siguen suspendidos en el aire. Me siento como en mar adentro, cuando buceas buscando el fondo y nunca llegas. Siento este parón, pero debo hacer un alto en el camino en mis 'Vivencias inglesas' para tratar de buscar el fondo en el que se sumerge España. Escalofriantes cifras las que me han despertado hoy. Me hacen ver que no soy tan negativo como creía. Por desgracia, cada día me cuesta mucho más plasmar un optimismo en mi rostro. Sufro demasiado en Madrid; Y lo sufro físicamente; Estrés por la preocupación extrema de un futuro incierto. Lo sé. Sobrevivo, pero sé que, o llega un milagro en el que no creo, o me tendré que volver a Bilbao y abandonar varios de mis sueños. Roto por una crisis que azota sin piedad.

Estamos en cuatro millones de parados. Y no hace ni unas semanas cuando me escandalizaba porque éramos 3 millones. La tasa está en el 17,36%. Y lo peor, es que creo que seguiremos creciendo.

Las empresas están siendo demasiado egoístas y están poniendo sus intereses por encima de todos los ciudadanos. Igualmente los bancos, que al fin y al cabo son empresas. Nadie está mirando por el país. Cada uno está salvando su propio culo y así nos va. No tengo la menor duda. Alguien me decía hace poco que para ser empresario debes ser mala persona. Tiene razón. Los empresarios no pueden tener sentimientos, ni conciencia. Habrá excepciones, pero los triunfadores son pequeñas copias del señor 'Burns' de los Simpson. Y la CEOE propone abaratar los despidos. Vamos por buen camino.

La cifra es 4.010.700, la más alta de la historia registrada en este país. El incremento es escalofriante: 802.800 personas entre enero y marzo. No obstante, estas últimas personas, en la mayoría de los casos, tendrá un tiempo de paro. Yo soy de los primerizos, de los que se vio sumido en la crisis en octubre. Hoy no tengo paro y debo mendigar de lo que tengo ahorrado y de cualquier trabajo que surja. El problema es que no surge. No llaman para nada.

El Gobierno está en K.o. técnico. Sus previsiones se han hecho añicos. Solbes auguraba una tasa de paro de 15% a finales de año. Estamos en 17% y sin pisar aún el ecuador de 2009. ¡Uff! Sin duda, el gancho de esta mañana provocado por los datos del paro ha sido de órdago. Están noqueados. Algunos dirán que más, pero hay que ser objetivos. Estas cifras no van a provocar elecciones anticipadas ni una moción de censura. Creo.

¿Salida? No lo sé. La habrá. Pensar que la tasa de paro es la más alta desde el cuarto trimestre de 1998, cuando se alcanzó el 17,99%. El total de desempleados es el más elevado desde 1976, primer año del que se tienen datos, según publica El País. Si se salió entonces, ¿por qué no ahora? Aunque, amigos, creo que la enfermedad será larga y dolorosa. Ojalá que la próxima vez que escriba no sea para hablar de 5 millones de parados.

Ánimo y un abrazo a todos los que estamos sufriendo...

Bienvenido a...

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EL PAÍS DE LA GOMINOLA

Ser periodista, ser escritor, ser un hombre ya de 30 años que llegó de las vascongadas hasta la capital, y que está a punto de entrar en la crisis de los treinta, no creo que sirva de nada para explicar sobre qué va a tratar este blog. No sé hacia donde derivará cada una de las letras que trataré de escribir a diario. Por eso, os invito a descubrirlo.
EL PAÍS DE LA GOMINOLA es un azote a todas aquellas personas que esquivan la realidad, que la pintan a su modo, que la disfrazan o que simplemente huyen de ella. Es un azote gordo a todos aqellas personas que viven en la mentira. Es el momento de afrontar cada uno de nuestros actos, y creo que a través de mis textos trataré de desenmascaras las injusticias, sin importar el tamaño ni las consecuencias.
No soy un superhéroe. Soy Daniel Diez, y sólo quiero escupir lo que en mi opinión me parecerán textos reales. No nos podemos alimentar sólo de gominolas.

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