16 Ago 2009

La columna olvidada de la Basílica Cisterna

Escrito por: danogor el 16 Ago 2009 - URL Permanente

En el cénctrico barrio de Sultanahmed se esconde en las proximidades de la Basílica de Santa Sofía de Constantinopla uno de los tesoros mejor guardados de Estambul: la Basílica Cisterna. Una vieja cisterna de la época bizantina de Justiniano en la que se experimenta una atmósfera mágica.

Fue construida bajo las ordenes del emperador Justiniano en el año 532 d.c. para abastecer a la ciudad en los momentos de sequía y para evitar que la población muriese envenenada si algún ejército enemigo contaminaba los principales canales de agua, una páctica muy habitual en aquellos años.

Hoy en día presume de ser la cisterna más grande de las que se construyeron en su momento. Su interior es un viaje a través del tiempo: hileras de columnas dibujan un horizonte de geométricas formas, tenuemente iluminadas y arropadas poor un suave hilo musical de fondo. Sólo dos columnas escapan de la monotoría de formas corintias y dóricas, las que emplean como base dos colosales cabezas de la gorgona Medusa.

Desde que se abríeran las puertas de la Basilica Cisterna al turismo, las columnas de Medusa han acaparado toda la atención de los viajeros, sin embargo, oculta en uno de los laterales de la despendencia se encuentra una columna anónima cuya historia y significado aun está por desvelarse. Una columnas esculpida con curiosos relieves que parecen representar lágrimas.

Puesto que no he encontrado una leyenda que aclare los orígenes de está colúmna de lágrimas solitaria, he decidido crear mi propia leyenda. Ahí va:

Antaño esta columna pertenecía a un importante templo levantado en el centro de Anatolía por el mismísimo Alejandro Magno. Los fieles acudían al templo para rezar y nació la costumbre de acariciar la columna para obtener fortuna. Miles de peregrinos se agolpaban frente a la columna para tocarla con sus manos y obtener la divina recompensa. Así fue durante muchos años.

Irrupieron los romanos e invadieron aquellas tierras. El templo fue destruido. Un día, Justiniano paseando por las ruinas observó la columna y se encaprichó de ella. Mandó que la llevarán a Constantinopla y la emplearan en alguna de las construcciones que se estaban llevando a cabo en la capital del Imperio Bizantino. En aquel momento se estaba construyendo la Cisterna y la columna quedó allí depositada y cubierta de agua.

No era una columna inerte. Las manos de los fieles que durante siglos habían acariciado su piedra habían dotado a la columna de alma. Cuando la columna se sintió abandonada en aquella cisterna comenzó a invadirle la pena y de su piedra comenzaron a brotar lágrimas adquiriendo su forma actual.

Hoy, la columna continúa embargada por la pena recordando los tiempos en que fue relevante y esperando que algún día vuelvan aquellos tiempos mejores.

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20 Jun 2009

¿Qué que debo llevar en la mochila?

Escrito por: danogor el 20 Jun 2009 - URL Permanente

Primer paso importante. Está claro que vais a estar un tiempo dependiendo de lo que metáis dentro de tu mochila y eso puede induciros a pensar que cuantas más cosas llevéis, mejor. Pues no, mal. Precisamente por tener que recorrer largas distancias con un exceso de peso en la espalda podéis llegar a tener problemas que enturbien vuestro viaje. Es importante que penséis que no vas a la Pasarela Cibeles, vais a hacer turismo mochilero, por eso tenéis que ser muy sensatos con la cantidad de ropa que os lleváis. Informaos de las temperaturas de los sitios a los que vais a viajar y en base a ello preparad sólo la ropa necesaria. Lo que nuestras abuelas denominarían ropa de quita y pon, es lo más práctico.

Un pequeño listado de lo imprescindible:

Ropa ligera: pantalones de hilo, faldas, camisetas, bañador, pantalones cortos, ropa interior… Si vais a destinos fríos, os recomiendo camisetas térmicas, que calientan y pesan poco, y forros polares de montaña.

Kit de aseo: En poco espacio se puede tender todo lo necesario para asearse. Lo primero es dar un besito de despedida a vuestro champús para pelos grasos, anticaída, cabello quebradizo y a al gel de baño con propiedades relajantes y demás moñadas. Os presento al jabón de glicerina, un clásico conocido por nuestros abuelos con ph 5.5 (neutro) y propiedades higiénicas excelentes, además con una pastilla tienes cubierto todo el viaje.

Una esponja pequeña nunca viene mal y para secarte lleva una toalla de manos de las pequeñas, te seca y no ocupa mucho. No os digo nada sobre peines, desodorantes, cepillo de dientes y esas cosillas mínimas para la higiene. Un consejo, elegid sólo las cosas que puedan entrar en una pequeña bolsa de aseo. Importante: llevaos unas chanclas finas para meteros en la ducha, los hongos siempre buscan nuevos huéspedes. No os olvidéis del papel higiénico.

Kit de lavandería: Está claro que si lleváis poca ropa tendréis que lavarla. Para eso os presento a otro viejo amigo de las abuelas: el jabón lagarto. Funcional y en algunos casos perfumado, ideal para vuestras necesidades. No tendréis la suavidad de Mimosín aromas pero tendréis la ropa limpia. Y os preguntaréis ¿dónde la seco? Pues fácil, llevaos una cuerdecita larga que pese poco para hacer colgar la ropa, en cuanto al tendedero, lo tendréis que improvisar sobre la marcha, ya se os ocurrirán ideas.

Kit de alimentación. Depende del presupuesto y del modo en el que vais a viajar. Si pensáis comer en restaurantes, saltaos este apartado, si os vais a buscar la vida os recomiendo que llevéis un camping gas que puede solucionaros la papeleta en más de una ocasión. Podéis llevar el aceite de oliva en una botella de plástico pequeña (las de Coca-cola de 50 cl son ideales) y la sal en un el clásico papel de aluminio. La cubertería corre de vuestra cuenta, aunque una navaja multiusos adecuada soluciona mucho, que lleve abrelatas y abrebotellas.

Botiquín. Si hay algo que se cumple en todos los seres humanos es que somos torpes. Las caídas, los tropiezos, la diarrea, los cortes, los mareos y el dolor de cabeza pueden aparecer a lo largo del viaje. Por ello es importante que llevéis seguro médico o tarjeta sanitaria europea y, además, algunos fármacos para paliar los efectos a corto plazo. Por eso es recomendable llevar paracetamol, Ibuprofeno (os recomiendo Espidifren), antihistamínicos, Fortasec (para la famosa diarrea del viajero) antigripales, betadine, vendas, esparadrapo, tiritas y, por supuesto, los fármacos especiales que necesitéis. Si vais a sitios donde el sol pega, es conveniente un protector solar.

Para dormir. Lo básico es saco y esterilla. Si viajáis en verano hay unos sacos de 0 grados, que tienen el tamaño de un melón pequeño. Son los mejores para este tipo de viajes.

Aparejos varios. Hay que ser un poco boy scout. Así que algunos objetos no están de más:

- Cuaderno de bitácora. ¿No vais a escribir sobre lo que vais viendo?
- Un buen libro también acompaña durante el viaje.
- Baraja de cartas para jugarse quién friega los platos
- Linterna
- Candado para disuadir a los cacos
- Móvil y cargador
- Cámara de fotos
- Mini kit de costurero: aguja e hilos
- Mochila pequeña o bolso para cuando podáis dejar la mochila aparcada.
- Chubasquero, en ocasiones llueve.

¿Ya tenéis la mochila lista? Perfecto, entonces sólo queda una cosa. Subíos a una báscula y después pesad la mochila. Si el peso de ésta supera el 10% del vuestro, quitad cosas o vuestra espalda se resentirá. Si pesáis 60 kilos, vuestra mochila debe pesar 6 o menos.

Con esto vais servidos, al respecto de la documentación y el dinero, ni se os ocurra llevarlo en la mochila. Todo eso debe estar siempre con vosotros en una riñonera por ejemplo. Si se os ocurre algo más decídmelo, soy humano y yerro.

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05 Jun 2009

La mejor forma de visitar la Torre Eiffel de París

Escrito por: danogor el 05 Jun 2009 - URL Permanente

Dicen que París es la ciudad del amor. Para mí es la ciudad del frío seco en marzo y del olor a crepe.

La televisión se ha encargado de asociar la capital gala con su símbolo, la Torre Eiffel. Este coloso de hierro de 325 metros de altura y más de 7000 toneladas, fue levantado por Gustav Eiffel y su séquito de anónimos obreros, en 1889. La excusa para semejante derroche férreo, fue la conmemoración del centenario de la Revolución Francesa.

La idea no satisfizo las aspiraciones de la población gala que no llegó a simpatizar con el monstruo metálico. Por ello, las autoridades decidieron desmontar la Torre Eiffel en 1900, tras la Exposición Universal, que ese año acogía París.

Contra todo pronóstico, fueron los militares los que salvaron del monumento; descubrieron que la altura de la torre era un lugar excelente para colocar antenas y radios. Hecho, la Torre Eiffel quedó a salvo.

Cualquiera de arrastre sus pies por París está obligado a visitar al gigante de hierro, reconvertido en orgulloso símbolo de Francia. Ahora se cuentan historias más interesante y misteriosas sobre la Torre Eiffel. Bajo sus bases se construyó en la Segunda Guerra Mundial un bunker que recorre las entrañas de los Campos de Marte. Además, se pueden ver salas secretas, que no son más que la sala de máquinas.

La mejor forma de ver la Torre Eiffel

Cuando fui a París, lo que más me impresionó fue divisar la torre Eiffel desde Place du Trocadéro. Bajamos en la estación de metro de Trocadéro, dirigiéndonos hacia la plaza pegados a una línea de edificios que no permitían ver el horizonte. Al entrar en la plaza, se yergue imponente la Torre Eiffel, como un titán a punto de golpearte. En ese momento el cuerpo reacciona desencajando la mandíbula al tiempo que los ojos vibran en sus cuencas. Bueno, quizás me haya sobreemocionado, la cuestión es que resultan impresionante las vistas que ofrece la Plaza de Trocadero, con la Torre Eifel de fondo. Es foto que todo turista quiere plasmar con su cámara.

La mejor hora para ir a ver la Torre es al amanecer, debido a la afluencia de turistas. Con poca gente, tendrás que esperar menos tiempo si quieres subir al monumento. Otra modalidad, para los que no quieran invertir su dinero es subir 300 metros, es esperar a la hora mágica, la puesta de sol. El inmenso horizonte se va apagando como una llama moribunda, proyectando la esbelta sombra de la Torre Eiffel sobre los Campos de Marte. Cuando el último hilo de luz se extingue, la Torre Eiffel se ilumina ofreciendo una explosión de luz que recubre de belleza nuestra mirada…No sé que me pasa hoy, pero menuda pastelada acabo de escribir, qué asquito me doy. Lo que quiero decir es que al atardecer todo es más impresionante, y cuando se hace de noche, se ilumina la Torre Eiffel como si fuese una caseta de tómbola.

Mejor lo dejo aquí, no vaya a ser que me de por escribir empalagoso. Gavioootaas, gavioootaaas. ¡Feliz viaje!

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01 Jun 2009

Consejos sobre Edimburgo

Escrito por: danogor el 01 Jun 2009 - URL Permanente

ANTES DE IR

Lo más importante que os tenéis que llevar es el abrigo. Aunque ya te habrás informado, te recuerdo que no sólo hay frío, también humedad. Estaría bien que llevases algún abrigo con stopwind o alguna camiseta térmica.

TRANSPORTE:

Desde el aeropuerto, tienes dos posibilidades para ir al centro de Edimburgo: Taxi que es la opción más cara; autobús, la opción recomendable. El ticket de los autobuses cuesta 1 libra con veinte céntimos. Es muy importante que lleves dinero suelto porque los conductores no devuelven cambio, además, no sirve de nada protestar, es una costumbre aceptada por todos los autóctonos. A la hora de comprar los billetes de autobús tienes varias opciones: el ticket de ida, el de ida y vuelta y el pase de un día. El de ida y vuelta es muy útil porque te despreocupas de comprar un billete de vuelta para volver al aeropuerto. El Billete de un día cuesta dos libras y media, y te permite subirte a todos los autobuses que quieras durante un día. Está bien de precio pero Edimburgo se recorre a pie.

Taxis: No son muy caros y suelen ser buenos con los turistas. En la parte de atrás caben hasta cinco personas. Lo que te puede desorientar son el salto de tarifas, no te preocupes, todo va regulado por un taxímetro que se puede ver desde la mampara de protección.

PRIMEROS PASOS POR EDIMBURGO

El autobús te dejará en un puente, cercano a un centro comercial, que une las dos partes en las que se divide Edimburgo: New Town y Old Town. Una de las cosas que más llama la atención, aparte del frío, la humedad, y el musgo que trepa por las paredes de los edificios, es que los coches circulan por la izquierda. Hay que tener mucho cuidado con eso. Al principio confunde. Otra cosilla, los pasos de cebra no están pintados. Para ir a tu hotel, tienes que ir hacia la parte alta de la ciudad. Otra opción es ir al punto de información turística que queda cerca de la parada del 100. Allí puedes coger información sobre excursiones ysobre la ciudad.

TURISMO POR EDIMBURGO

Sin duda, lo más bello de Edimburgo es la Royal Mile, la avenida principal del Old Town que conecta el castillo con el Palacio de la reina. Pasear por allí supone viajar por un túnel del tiempo a la edad media, vivir una aventura en tiempos de príncipes, princesas y malvados sátrapas corrompidos por sus propias ambiciones. Hay algunas historias que van a intensificar tu gusto por la capital escocesa. Te recomiendo que comiences por el final del trayecto, es decir por el Palacio de la Reina. Del palacio, poco te puedo decir, bueno, que tiene una fuente muy chula en el centro del la plaza. Seguimos por la Royal Mile, encontramos un edificio muy vanguardista que se da de mamporros con la tónica general de Edimburgo, Es el Parlamento escocés, donde se dar de tortas los políticos escoceses. El diseño del edificio es de un arquitecto español, manda huevos.
Seguimos andando por la Royal Mile, a cada lado del paseo verás tiendas de artículos escoceses para turistas. No te molestes en comparar precios, todas las tiendas pertenecen al mismo dueño. Al tipo se le ocurrió hace un par de años vender faldas escocesas, gorras, boinas y sudaderas, y prosperó.

A estas alturas, tendrás la mandíbula desencajada de tanta belleza. Déjate llevar. Así, caminando, caminando, llegarás a una fastuosa catedral. Se trata de la catedral de Sant Giles. Frente a su pórtico principal hay una bonita fuente y a unos metros, un corazón de piedra en el suelo sobre el que tendrás que escupir para obtener suerte. Qué costumbre más extraña, ¿verdad? La costumbre de escupir la iniciaron los presos que iban a prisión, por el camino escupían sobre el corazón como muestra de su mala suerte. Ahora se recuerda ese gesto pero con un sentido totalmente contrario.

Si continúas avanzando, verás en la acera de la derecha una estatua donde suele tocar la aita un escocés, vestido con el traje regional. Un apunte sobre las faldas escocesas o kilt. La comenzaron a llevar los hombres porque llovía mucho, y de esta forma, evitaban mojarse los bajos de la ropa. La leyenda que reza que debajo de la falda no hay nada es cierta. Más fresco. Si te fijas bien, verás algún escocés vestido de esta guisa. Seguramente acuda a una reunión familiar (boda, bautizo) o a algún evento de etiqueta; el kilt es el traje de gala escocés. Además, verás que llevan un cinturón con un escudo, es el símbolo familiar, o mejor dicho, el símbolo del clan al que pertenece. ¿No te suena esto a Braveheart? ¡Liiiiiiiiibeeeeertaaaaaaaad!

Frente a la estatua del gaiteiro escocés, verás un bar haciendo esquina y un par de cabinas telefónicas. He de decirte que te encuentras en un lugar de ajusticiamiento público. En ese bar ahorcaban a los ladrones, pecadores y herejes. Seguro que un escalofrío recorrerá tus huesos cuando estés allí.

Seguimos por la Royal Mile, fíjate bien en pequeños pasadizos que se abren a los lados de la avenida, son los close, callejones. Ya que estoy hablando de esto, voy a contarte los secretos más oscuros de Edimburgo: desde la Royal Mile sale uno de los callejones más siniestros de la ciudad, el Mary King´s Close. Edimburgo, ciudad de misterios, de sombras, de leyendas y de fantasmas, fue arrasada en el siglo XVII por la peste bubónica. Tanta eran las personas que morían cada día de este mal que tuvieron que enterrar a los muertos en fosas comunes simplemente forrados con mantas pues la madera para los ataúdes se había acabado.

El Mary King’s Close, el callejón de Mary King, se convirtió en uno de los principales focos, seguramente por la pobreza, por el hacinamiento de sus habitantes y por lo fácilmente que esta plaga pasaba de unos a otros. Una vez la peste bubónica apareció en esta calle corrió como un reguero de pólvora. Las escenas que allí se vivieron pronto se tornaron desgarradoras. Cada día eran más los que aparecían tambaleándose por las calles con manchas negras sobre la piel, los ganglios terriblemente inflamados y el cuerpo cubierto de llagas dolorosas. Entonces, presas del miedo a un contagio masivo e imparable, las autoridades locales decidieron ir levantando muros que apartaran esta humilde calle del resto de los habitantes de la ciudad, y con ella a todos los enfermos de tan terrible y contagiosa enfermedad. Mary King’s Close terminó convirtiéndose en una serie de callejones oscuros subterráneos bajo las calles empedradas por las que paseaban despreocupados los que gozaban de buena salud. Y tanto trabajo tenían siempre los sepultureros que muchas de esas fosas ni siquiera eran profundas así que, debido a la natural putrefacción del cuerpo humano tras la llegada de la muerte, la contaminación del agua que por vía subterránea circulaba por la urbe era inevitable. Fueron pasando los años, Edimburgo siguió creciendo, y más muros se fueron levantando para mantener este lugar ya maldito fuera la construcción de una nueva y floreciente ciudad. Pero no pudieron borrarla de la memoria colectiva, ni evitar que toda una serie de historias sobre almas surgieran y se mantuvieran en el tiempo.

Con un poco de suerte te encontrarás ya en el patio que da pie al Castillo. Ha terminado el recorrido por la Royal Mile, eso sí, no te olvides de contemplar Edimburgo desde la altura del Castillo. Resulta una vista única.

No te aflijas pensando en la vuelta. Hay varias cosas que se pueden hacer desde el castillo. Si tienes suerte, la puerta del camino que baja hasta el jardín de Prince Street. Es un recorrido abrupto pero muy bello. Otra opción es encaminarte hacia el Grassmarket, una calle en la que también se procedía a ejecutar los condenados. Dejando atrás el perfil tétrico de Edimburgo, podrás avanzar desde esta calle a otra característica: Victoria Street. Es corta pero encantadora. Los colores de los edificios forman un crisol multicolor que recuerda a Amsterdam. Con ese abanico cromático es natural que los comercios que abren allí sus puertas tengan un corte vanguardista o vintage, dependiendo de la tienda. Por cierto, ya que estás en esta calle, ¿No te apetece ver el pub en el que Rowling comenzó a escribir la saga de Harry Potter? El bar se llama Elephant House y está en la calle George IV Bridge.

Otra de las calles que no te puedes perder es Cockburn Street. Es la calle alternativa de Edimburgo con tiendas muy especiales.

Supongo que a estas alturas estarás cansado de tanto andar, pues te recomiendo que te tomes una pinta en cualquiera de los bares que encontrarás bajando por North Bridge.

Cambiamos de tercio para marcharnos al New town. Las autoridades tuvieron la sapiencia de mantener, en la medida de lo posible, la tónica clásica de Edimburgo a esta parte de la ciudad. Es la zona de los negocios y las compras. La calle más importante es Prince St. Una gran vía a la escocesa. Tiendas de todo tipo se van diseminando por las fachadas de los edificios. Un consejo, no dejes que los escaparates te distraigan y contempla la belleza del castillo que podrás ver de frente, junto al monumento a Sir Scott, ennegrecido por el paso del tiempo pero, sin duda, de una belleza extraordinaria. Por cierto, Sir Scott fue un poeta que transcendió hasta héroe nacional.

No te olvides de tener a mano el plano. Busca un riachuelo que fluye por el New Town. Junto al Museo Escocés de Arte Moderno, nace un camino precioso que bordea el río (También hay un cementerio de los que ponen los pelos como escarpias pero no es en el que yace David Hume). Termina en un barrio rico que tampoco te puedes perder. Esto no viene en las guías pero te aseguro que impresiona. Por cierto, no te asustes si crees haber visto a Harry Potter, los niños visten unos uniformes de colegio muy peculiares.

Las dos cimas de Edimburgo merecen ser vistas: Una es el Arthur´s sit. Dice la leyenda que desde allí vio el rey Arturo cómo sus tropas doblegaban a las huestes escocesas. Se trata de un volcán que ya no está activo, lo reconocerás porque se ve desde el palacio de la Reina. Es la cima más alta y presenta una superficie horizontal. Desde allí puedes ver Edimburgo como si se tratara de una maqueta a escala. El ascenso es duro pero merece la pena.

La segunda de las cimas es la de Calton Hill, donde podrás ver la otra cara de Edimburgo y la cima de Arthur´s sit. Allí hay un monumento nacional a Atenas, un pequeño Partenón sin terminar. Al bajar esta cima estarás cansada. En la calle regent hay un pub que se llama Regent con muy buen ambiente. Puedes tomarte ahí un refrigerio. Otra opción es ir al cementerio de Calton Hill donde está la renombrada tumba de David Hume.

DÓNDE Y QUÉ COMER

No podemos negarlo, venimos del país con la mejor cocina del mundo, cualquier peculiaridad culinaria extranjera jamás hará sobra a la rica cocina española. Concretamente, la cocina escocesa, es un ejemplo de lo que no se debe hacer nunca con unos fogones y una cazuela. Como en todas partes, los escoceses tienen su plato típico, en Edimburgo se llaman Huggies, un combinado parecido a la morcilla acompañado de puré de patata y crema de verdura. Otro de los bombazos gastronómicos de Edimburgo es el Fish and Chips. Un nombre exótico para bautizar lo que viene siendo un filete de pescado Pescanova con patatas fritas. Lo curioso es que a los escoceses les encanta este plato.
La parte más clave es elegir el lugar donde celebrar la pitanza. Te voy a recomendar un lugar imprescindible. Está en la calle George St. y se llama Standing Order. Lo peculiar de este garito es que fue otrora el banco nacional de Edimburgo y ahora se ha convertido en un bar –restaurante lujoso pero económico. Aquí puedes degustar los famosos haggies al tiempo que te remojas los labios con una pinta de cerveza. No te olvides de cotillear todas las habitaciones del bar, no puedes dejar de ver la fastuosa caja fuerte de la última sala.

En esta zona de George St. Hay infinidad de restaurantes de todas las nacionalidades: italianos, griegos, españoles, chinos, árabes, pakistaníes…¡Anda! Me acabo de acordar de una curiosa excursión gastronómica. Si vas por South Bridge hasta Nicolson St por la acera de la izquierda verás un Lidl. Para ahí y dirígete a la acera de enfrente por el paso de peatones que está en un cruce. Sigue de frente por la calle que sale perpendicular a Nicolson St, dejando atrás el Lidl verás un callejón y un cartel que dice “cocina de la mezquita”. ¡Sorpresa! Te acabo de lleva a una mezquita árabe donde venden comida para comer allí, pasando frío y calamidad, o bien para llevar (puede ser un buen plan para cenar en el hotel) es comida árabe y pakistaní con muy buen precio. Además, puedes tomarte una pinta en cualquiera de los bares de la calle (El de la puerta roja es más agradable y típico)

SALIR DE COPAS

Edimburgo es la ciudad en la que se escribió el Dr Jekyll y Mr Hyde. No es casual. Esta historia es una alegoría de la vida de los escoceses. Por la mañana son tranquilos, respetuosos y amables pero por la noche se convierten en borrachos dispuestos a sacar los puños por cualquier cosa. Es digno de ver. Anécdotas a parte, la noche edimburguesa es muy interesante. Los bares y pubs están en cualquier esquina del barrio viejo. Lo que se suele beber es cerveza en pinta a un precio que va desde las tres libras a las cuatro. Si no quieres dejarte tu sueldo, no trates de tomar copas. De hacerlo te sentirás estafada porque para beber una copa normal debes pedir una doble. Ahí lo dejo. Estamos en Edimburgo, la capital de Escocia, lo suyo ya que has viajado hasta allí es ir a pubs en los que toquen música folck en directo: tipos con gaitas, tabores y flautas, al más puro estilo celta. Para esto te dejo una lista de los mejores sitios:

El pub Royal Oak de Infirmary Street es el lugar idóneo para ver a algunos de los grandes nombres de la música folclórica entonando canciones o marcando el ritmo. Whistlebinkies en South Bridge tiene grupos todas las noches hasta las tres de la mañana. También puedes ver a los artistas folclóricos que tocan regularmente en Sandy Bell’s de Forrest Road, o en Hebrides Bar de Market Street y en Biddy Mulligan’s de la plaza de Grassmarket. De todos, el más recomendable es el Sandy Bell´s.

Si lo que buscas es una noche más glamourosa, pega un salto al New Town y recorre la calle George St. Es la zona vip de Edimburgo. Allí puedes visitar el Opal Lounge donde acuden famosos y adinerados, algo así como el palacio de Gabiria o la Joy Eslava en Madrid. Otras opciones son el Sygn de Charlotte Lane es un bar con tendencia minimalista o el Oloroso de Castle Street con unas vistas increíbles del castillo de Edimburgo.
Con todo lo que tienes que hacer, no me voy a enredar más en la noche, eso sí, te digo que en la mayor parte de los garitos te dejan pagar con tarjeta y suelen cerrar a las tres o a la una.

DETALLES

Si compras dos cosas y sueles usar las manos para remarcar que quieres dos, nunca muestres las uñas, haz el símbolo de victoria, si lo haces levantando el dedo índice y el anular mostrándoles las uñas, le habrás dicho: que te jodan, es lo mismo que cuando nosotros enseñamos el dedo del medio, ya sabes.

En Edimburgo no hay pájaros, hay cuervos, termina siendo algo normal aunque al principio asusta.

No olvides que puede lloverte en cualquier momento, lleva un chubasquero siempre.

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27 May 2009

Información sobre Meteora

Escrito por: danogor el 27 May 2009 - URL Permanente

Los primeros moradores de aquel paraje fueron monjes anacoretas que en el siglo XI se desplazaron hasta Meteora para sentirse más cerca del creador, comenzaron viviendo en cuevas. Los monasterios de Meteora fueron levantados en el siglo XIV para evitar los saqueos de turcos y albaneses.

El paso del tiempo y, sobre todo, los resultados devastadores de la Segunda Guerra Mundial acabaron con numerosos monasterios. En la actualidad, sólo seis de ellos continúan siendo habitados por monjes o monjas: el Monasterio de San Nicolás, el de San Esteban, el Monasterio de la Santísima Trinidad, el Monasterio de la Transfiguración (Gran Meteoro), el de Rousanou y el de Varlaam.

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Información de los monasterios

Precio: la entrada tiene un precio simbólico. Se exije vestir pantalones largos para los hombres y faldas largas para las mujeres. El los monasterios prestan ropa para la visita.

Los templos cierran sus puertas una o dos veces por semana, es recomendable consultar los horarios.

Monasterio de San Nicolás, teléfono 2432-022375: Es el primero en encontrarse en el trayecto desde Kastraki a Meteora. El Katholikon, dedicado a San Nicolás, es una iglesia de forma cuadrada construida a principios del siglo XVI. Fue decorada por el pintor cretense Theophanis Strelitzas o Bathas, en 1527. Horario: 9.00-18.00 (cerrado en invierno).

Monasterio de San Esteban, teléfono 2432-022279: Es uno de los monasterios más accesibles, ya que no requiere subir largos tramos de escaleras. Pequeña iglesia rectangular dedicada a San Esteban, fue construida a mediados del siglo XVI y decorada en 1545 aproximadamente. El Katholikon, que rinde homenaje a San Charalambos, fue construido en 1798. El viejo refectorio del convento es utilizado como museo. Horario: 9.00-13.00 / 15.00-17.00 (invierno) y 9.00-13.00 / 15.20-18.00 (verano). Cierra los lunes.

Monasterio de la Santísima Trinidad, teléfono 2432-022220: Difícil de alcanzar. El visitante tiene que cruzar el valle y subir hasta lo alto de la roca. Fue construido sobre 1475 y decorado en 1741. El pequeño skeuophylakeion fue añadido a la iglesia en 1684. Horario: 9.00-12.30 / 15.00-17.00 (invierno) y 9.00-12.30 / 15.20-17.00 (verano). Cierra los jueves.

Monasterio de la Transfiguración, teléfono 2432-022278: El Gran Meteoro es el más grande de los monasterios. La iglesia Katholikon, dedicada a la Transfiguración, fue erigida a mediados del siglo XIV y decorada entre 1483 y 1552. El viejo monasterio es usado como museo. Horario: 9.00-13.00 / 15.00-17.00 (invierno) y 9.00-13.00 / 15.20-18.00 (verano). Cierra martes y miércoles.

Monasterio Rousanou, teléfono 2432-022649: Dedicado también a la Transfiguración, aunque rinde homenaje a Santa Bárbara. Fue fundado a mediados del siglo XVI y decorado en 1560. Horario: 9.00-13.00 / 15.00-17.00 (invierno) y 9.00-17.50 (verano). Cierra los miércoles.

Monasterio Varlaam, teléfono 2432-022277: El Monasterio de San Varlaam es el segundo en tamaño, después del Gran Meteoro. La iglesia rinde homenaje a los tres Obispos. Fue construido hacia 1541 y decorado en 1548. El viejo refectorio es usado como museo. En el norte de la Iglesia se puede admirar el parekklesion de los Tres Obispos, construido en 1627 y decorado en 1637. Horario: 9.00-13.00 / 15.00-17.00 (invierno) y 9.00-13.00 / 15.20-18.00 (verano). Cierra jueves y viernes.

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26 May 2009

¿Qué documentos debo llevar en un viaje?

Escrito por: danogor el 26 May 2009 - URL Permanente

Cuando se va a hacer un viaje es imposible quitarse de la cabeza lo que se va a ver y a hacer en el país que visitemos. Buscamos información sobre destinos turísticos, zonas de interés, transporte por el país, lugares en los que dormir, etc. Luego, cuando estamos en el aeropuerto a punto de embarcar, nos dicen que nuestro pasaporte está caducado y tenemos que ir corriendo a la comisaría para sacarnos uno nuevo. Estoy seguro de que más de uno se ha quedado en tierra por ese motivo. Yo lo he vivido, aunque afortunadamente era un viaje a un país de la UE y sirvió el DNI.

Voy a hacer un listado de los documentos que se deben llevar antes de salir de viaje, nunca está de más:

DNI: fuera de España, el Documento de Identidad es válido en todos los países de la zona Schengen. Puede sustituir al pasaporte en Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, República Checa, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumania, Suecia y Suiza. Antes de nada, mira bien cuándo caduca.

Pasaporte: imprescindible si tienes pensado salirte de la lista de países de la zona Schengen, aunque seguramente lo sepas, se saca en las comisarías. Si no has hecho los deberes y te ves sin pasaporte antes de embarcar, las comisarías de los aeropuertos, abiertas 24 horas, pueden hacerte el favor pero sólo lo hacen en caso de urgencia. Lo mismo de antes, mira cuándo caduca.

Visado: imprescindible cuando quieres salir fuera de la Unión Europea a países con los que España no tenga acuerdos en este sentido. Para sacarlo tendrás que desembolsar una cantidad de dinero, que como todo, varía según el país. Lo puedes sacar en el consulado del país en España, aunque si vas a ir contratando los servicios de una agencia de viajes es probable que lo gestionen ellos mismos. Cada país impone sus propias normas para la obtención del visado, pero de eso ya te informarán cuando vayas a sacártelo.

Tarjeta sanitaria europea: Si vas a viajar a la zona Schengen, no vas atener ningún problema en este sentido. Basta con que acudas a cualquier Centro de Atención e Información de la Seguridad Social del Instituto Nacional de la Seguridad Social. Allí te tramitan la Tarjeta Sanitaria Europea que te permite obtener los servicios de salud fuera de España.

Seguro Médico: muy recomendable y, en muchas ocasiones, imprescindible para sacarte el visado. Para no pillarte los dedos es conveniente un seguro amplio que incluya hospitalización y repatriación, sale más caro pero a tus familiares les dejarás más tranquilos. Antes de Obtener el seguro, infórmate en el Instituto Nacional de la Seguridad Social sobre los posibles convenios entre España y el país al que vas a viajar.

Carnet de conducir internacional: Si tener pensado ponerte al volante en el país al que viajes, debes sacarte el carnet de conducir internacional para aquellos países que están fuera de la zona Schengen. Se tramitan en la Jefaturas Provinciales y Locales de Tráfico.

Carnet de alberguista internacional: Todo mochilero debe llevar su carnet de alberguista internacional para poder dormir en los albergues. Puedes sacártelo en la mayor parte de los albergues de International Hostelling, pero más vale prevenir que dormir en la calle.

Carnet internacional de estudiante: te permite obtener descuentos en transportes, alojamientos, entrada en museos, etc. Se obtiene en los Servicios de Juventud de las Comunidades Autónomas.

Si se os ocurre algún documento más, si encontráis algún error o se os ocurre algún consejo, por favor, dejad un comentario que si algo bueno tiene Internet es poder modificar la información.

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25 May 2009

La Pedriza, un buen lugar para perderse

Escrito por: danogor el 25 May 2009 - URL Permanente

A escasos 5o kilómetros de Madrid se ubica la Pedriza, el mayor sistema granítico de Europa. Se trata de un espacio natural salpicado de riscos, arroyos y praderas, localizado en la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama, a los pies del municipio madrileño de Manzanares del Real. Uno de los enclaves preferidos de senderistas, montañeros y escaladores que los fines de semana se convierte en un hervidero de domingueros en busca de aire puro.

Los curiosas formaciones rocosas ofrecen al visitante un paisaje espectacular y único. La tranquilidad puede respirarse a medida que se avanza hacia el interior del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, un espacio que suministra a Madrid el oxígeno que le roban los gases derivados de la actividad humana.

Me escapo con frecuencia la Pedriza, cuando mi cuerpo y mi mente me piden un respiro y mi bolsillo, mi administrador personalizado, me dice que no es buen momento para realizar grandes gastos. Aquel fin de semana de marzo debíamos haber ido a un remoto pueblecito de Guadalajara pero la falta de autobuses nos obligó a rediseñar los planes. La Pedriza, quedaba cerca y nos ofrecía varias rutas para disfrutar del monte.

Comenzamos a recorrer el PR-1, siguiendo las marcas blancas y amarillas, que arrancan desde Manzanares. El cominezo de la ruta es suave y sosegado, paralelo al curso del río Manzanares. Paulatinamente, los accesos se van haciendo más angostos y empinados, como los buenos vinos, la ruta mejora con el tiempo. Cuando me planto en el campo, me asilvestro, y pierdo la noción del tiempo, de modo que soy incapazaz de ofrecer referencias temporales.

Tras un tiempo indeterminado, la ruta se hizo muy complicada. Llevaba años yendo a la Pedriza y nunca había llegado hasta ese punto de la ruta. El sendero no estaba definido y las marcas blancas y amarillas eran cada vez menos visibles. Además, literalmente, había que escalar para continuar. Después de años yendo a la Pedriza, después de haber recorrido senderos de muchos bosques, me encuantro con que la mejor ruta que he hecho en mi vida, la tenía en la "parcela de mi casa", en la Pedriza. Disfruté como un enano encaramándome a las rocas y ascendiendo por un estrecho camino entre dos enormes masas de granito.

P1020755

Subido en lo alto de la montaña de piedra, divisé el horizonte, a los lejos se observaba la Capital, Madrid, presidida por los cuatro rascacielos de Plaza de Castilla, y ataviada con una horrible boina negra tejida con el humo de la polución. Tras unos minutos de descanso, iniciamos el descenso.

Como la aventura tiene que buscarse, decidimos volver al pueblo recorriendo otro sendero distinto para ver un paisaje nuevo, mala idea. No conocíamos el camino y, sin saberlo, en lugar de haber iniciado el descenso, estábamos recorriendo una nueva ruta. El sol estaba planeando esconderse y, para máyor dramatismo, comenzó a llover. Caminamos un buen trecho sin ver ni oír a nadie, la sensación de estar perdidos acudió a nuestra mente. Recordé entonces la historia de dos amigos, que se perdieron en la Pedriza y fueron rescatados por un ermitaño.

La luz menguaba y seguíamos sin saber dónde nos estaban llevando nuestros pies. Llevabamos un demasiado tiempo sin podernos orientar. Por suerte, escuchamos voces y corrimos a su encuentro. Se trataba de un grupo de senderistas. Les preguntamos cómo se iba a Manzanares, se miraron entre ellos y nos dijeron que ibamos en sentido contrario (maldije mi sentido de la orientación en silencio). Como nos vieron un poco exhaustos, nos ofrecieron la posibilidad de ir con ellos hasta una de las salidas y completar el resto del trayecto hasta el pueblo en la cómoda plaza trasera de un coche. Mi cuerpo se amotinó, y aceptamos de buen grado la invitación.

P1020737

En el trayecto les hablamos de nuestros amigos perdidos y la historia del ermitaño. La casualidad quiso que aquel grupo de senderistas conociese al anacoreta, Iñaki, y que justo antes de encontrarnos hubiesen estado en su cueva tomándose un tentenpié. El mundo es un pañuelo, pensé.

LLegamos hasta los coches e iniciamos la vuelta a casa, mientras nos contaban la leyanda del Cancho de los muertos, el punto desde el que observé Madrid.

Aquel día dormí como un niño chico, dando gracias a la suerte providencial por habernos enviado aquel grupo de senderistas. No era la primera vez que me perdía en el campo, ni la primera vez que alguien me rescataba pero me daba rabia haberme perdido en el monte que más veces he visitado. Eso sí, la próxima vez iré con más ciudado.

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02 Mar 2009

Paredes blancas

Escrito por: danogor el 02 Mar 2009 - URL Permanente

He necesitado un tiempo de respiro, ya he tomado aire.
Este relato de ficción, basado en hechos reales, va para mis amigos de Guadalcanal.
¡Un abrazo a todos!

Dicen en Guadalcanal que la tierra que se extiende bajo este pueblo sevillano fue pisada otrora por los primeros hombres. Dicen que moros y cristianos se batieron a muerte ante los muros de la Iglesia de Santa María de la Asunción. Dicen que su nombre navegó por el mar para posarse sobre una de las islas Salomón y bautizar célebres batallas de hombres contra hombres. Todo eso dicen a los viajeros, que como yo, han arrastrado sus pies hasta este enclave de paredes blancas.

Los tiempos han cambiado y el pueblo también. Nada escapa ya a la aldea global gobernada por ese poderoso caballero. Sin embargo,las gentes de Guadalcanal conservan leves matices del pasado; sólo hacen falta unas horas para comprobar que el tiempo responde a otros parámetros en esas tierras.

Los jóvenes que conocen la historia del pueblo se jactan de ser grandes bebedores, y hasta en esto se encuentran vestigios del pasado: hasta Cervantes habló del vino de Guadalcanal. Hoy, sin embargo, se prefieren las mezclas de licor y refresco, más acordes con los tiempos que corren.

Soy testigo privilegiado de las costumbres de la juventud, es más, las he padecido. Es tradición en verano salir de “Gira” (realmente nunca vi escrita la palabra), que dicho de otra forma, consiste en ir a un cortijo y dar rienda suelta a los placeres del alcohol y la pitanza para rendir culto a ese Dios pagano, Baco.

Es en este punto donde arranca la historia, centrada en el paradigma Guadalcanalense, personificado en la figura de Samuel: Moreno de ojos pequeños, gruesa porte y estandarte de las viejas costumbres, las cuales defiende con un fino hilo de voz. Precisamente fue en el cortijo de este Fuellador, donde experimenté toda la pasión que derrocha este rincón de paredes blancas.

La liturgia de la “gira” arrancó temprano. Danzas rituales al son de las melodías del verano, foros de actualidad alrededor del barril de cerveza y ejercicios aeróbicos en la alberca del cortijo. La mañana transcurre amena, abriendo camino a la tarde, marcada por la sagrada hora de la pitanza. Las crepitantes brasas de la barbacoa dan el pistoletazo de salida para la vorágine: la mesnada del regodeo se afana en recobrar las fuerzas a base de chorizos, pancetas y jugosos filetes de cerdo emparedados entre dos rebanadas de pan. Samuel, nuestro hombre, necesita recuperar mucha energía y da buena cuenta de lo que sobre el fuego se cocina.

La zambra continúa hasta que el sol se esconde sonrojado por la vergüenza ajena que le genera cuanto ve. De nuevo, las brasas iluminan los ojos hambrientos y exhaustos de las huestes de Dionisos que salivan en torno al fuego. La noche se convierte en aliada silenciosa. Sólo la luna y algunas aves nocturnas son testigos del declive. Agotado el barril de pisto, los jóvenes se aferran a las mezclas con refresco mientras danzan frenéticamente al son de melodías electrónicas. En el ambiente flota el denso humo de los vegueros del buen humor que no hace más apresurar el desenlace del evento.

De madrugada, la batalla ha terminado para muchos. Soldados derrotados yacen en el suelo; sólo unos pocos permanecen aun en pie a la espera de lo que pueda acontecer; las parejas se retiran a rincones discretos donde poder expresar libremente su pasión, lejos de las miradas escrutadoras.

Sentado sobre una piedra, Samuel parece lamentarse, algo en su interior le está devorando las entrañas. Sus ojos, inyectados en sangre, están fijos en algún punto, más allá de lo mundano. Se levanta con firmeza para dirigirse a los supervivientes.

-¿Queda algo de comer?- Pregunta con un agudo hilo de voz. El grupo mira en derredor sin encontrar algo que llevarse a la boca. Manuel, con desasosiego, se sumerge a toda prisa en la oscuridad de la noche sevillana, desapareciendo del cortijo.

Pasaron veinte minutos. Nadie sabía con exactitud el paradero de nuestro hombre y comenzaron la cávalas fúnebres. Temerosos por la salud de su amigo, fueron en su busca. Los olivos del cortijo formaban un denso mosaico que enturbiaba la visión. De súbito, se escucharon unos gritos desesperados que se acercaban, tras el mosaico de olivos. Una silueta surgía de las sombras con una bulto inquieto en las manos. Era Samuel que portaba un cochinillo vivo. Ante la estupefacción del grupo, Manuel argumentó que tenía hambre. Colocó al lechón sobre un tocón de madera y lo sacrificó.

El fuego volvió a iluminar la madrugada. Nuestro homo Guadalcanalensis cocinó aquel pobre animal para echar el cierre de la velada. El día había sido largo y a ciertas horas y en ciertas condiciones, la gula eclipsa a la regia moral. De este modo, hasta los más puritanos se unieron al banquete.

El término de la “gira” recordaba al final de los largometrajes de los irreductibles galos; faltaba Asuranceturix, aunque su ausencia fue cubierta, con creces, por el hilo melódico que emanaba del cassette.

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23 Dic 2008

Nunca saltes de un tren en marcha...¡o sí!

Escrito por: danogor el 23 Dic 2008 - URL Permanente

Acabábamos de visitar la acrópolis de Atenas y nos habíamos cansado de ver ciudades. Los madrileños envidiamos las ciudades costeras porque la playa es una gran desconocida que visitamos sólo en período estival. Decidimos darnos un chapuzón en el Mediterraneo. El gran problema es que no conocíamos la geografía griega y no teníamos ninguna referencia de playas. En realidad, no nos preocupaba la idea de no saber dónde ir. Decidimos subirnos a un tren y bajarnos en la primera estación en la que se viese playa.

Pendientes del paisaje, con la nariz pegada al cristal del tren, vimos una preciosa playa rodeada por un cinturon de montañas. Henar se puso nerviosa, cogió las mochilas y se dirigió a la puerta del tren. - ¡Vamos ahí, que es una playa chulísima! -. El tren se detuvo en un apeadero frente a la exótica playa. Sin pensarlo, Henar abrió la puerta y saltó. Yo asomé la cabeza y comprobé que nadie se bajaba. Aquello no era una estación, el tren se había detenido por casualidad pero no para que nadie se bajara. Traté de avisar a Henar pero ya era demasiado tarde, el tren había arrancado. Me puse nervioso sin saber muy bien qué hacer, si saltar o ayudar a Henar a subir. Finalmente extendí la mano para que subiera pero el tren iba cogiendo velocidad y encima yo estaba en miad de la puerta, estorbando.

Comenzamos a chillarnos el uno al otro: yo decía que subiera, ella que bajara. Henar desistió y vi como se quedaba atrás. En medio segundo pensé en en lo desastroso que sería separarnos. Casi sin pensarlo, me coloqué la mochila y salté del tren. En las películas esto siempre sale bien. En la vida real, saltar de un tren en marcha supone darse un golpe contra el suelo. ¡Plaf! justo ahí fueron a parar mis huesos. Levanté la vista y vi a Henar corriendo hacia mí mientras gritaba -¡Falta una mochila!-. ¡Mierda!.

Menos mal que no viajábamos solos, la suerte se nos había acoplado desde que aterrizamos en Milán. Por la puerta del tren se asomó una mano haciendo gestos y acto seguido nuestra mochila salió volando yendo a parar al suelo. Luego una cara morena se asomó sonriendo mientras gesticulaba diciendonos: menos mal que me he dado quenta que si no...

Estábamos sanos y salvos, pero ahora estábamos perdidos. Miramos enderredor en busca de un cartel o algun tipo de información que nos dijera dónde nos encontrábamos y cómo podíamos salir de allí. Nada de nada. Allí sólo había dos vías de tren y mucha gravilla. Como no teníamos nadie para desahogarnos, nos tiramos los trastos el uno al otro. Yo la recriminaba que no tenía que haberse tirado. Ella que la tendría que haber ayudado a subir. Al final nos sentamos en un escalón para pensar.

Tras unos minutos los dos llegamos a la misma conclusión: no hay mal que por bien no venga. Al fin y al cabo, nos encontrábamos a unos metros de la playa y un baño nos vendría muy bien. Más tranquilos comenzamos a caminar por el pueblo. La gente nos miraba como si fuésemos bichos raros. Supongo que les sorprendería ver a dos extranjeros por allí. Nos dirigimos a la comisaría para que nos orientaran. Una vez allí, el agente que nos atendió no sabía nada de inglés. Nos preocupamos un poco. No sabíamos ni el nombre del pueblo y lo que es peor, no sabíamos cómo regresar a Atenas.

Continuamos andando por el pueblo. Nuestra tercera compañera, la suerte fue a pedir ayuda a unos chicos que estaban tomándose un refrigerio en el porche de su casa. Uno de los chavales se levantó de la silla y vino hacia nosotros. En un inglés confuso nos preguntó de dónde éramos.- de España- le contestamos. Al chico le pareció genial poder intercambiar unas palabras con unos españoles. Aprovechando la tesitura le preguntramos dónde estábamos y cómo podíamos regresar a Atenas. Al parecer, habíamos llegado a un sitio que se llama algo parecido a Nepamoy y había un tren de vuelta a Atenas a las ocho de la tarde. Eran las tres, así que disponíamos de varias horas de playa. Agradecimos al chico la información y nos fuimos hacia la playa.

Con tantas emociones nos entró sed. Además, necesitábamos algún sitio para ponernos los bañadores. Vimos un bar y entramos. Desde la puerta se escuchaban gritos y risas: ambiénte de bar. Al pasar por la puerta todo el bar se quedó mudo. Nos observaban como si nunca hubiesen visto a unos mochileros. Nos sentamos en la barra y pedimos dos cervezas. Uno de los camareros vino y nos preguntó en inglés de dónde éramos. Tras responderle se dirigió en griego a la audiencia del bar y cuando calló todo el mundo volvió a la normalidad, retomando la conversación que mantenía antes de nuestra aparición. Uno de los clientes comenzó a charlar con nosotros. Nos dijo que no llegaban muchos turistas al pueblo. Él era marinero, se dedicaba a la pesca. Hablamos un rato de su trabajo y finalmente me ofreció trabajo como pescador. Le dije que me lo pensaría. Terminamos nuestras cervezas y nos despedimos del bar.

Como dos niños ilusionados, nos dirigimos a la playa. ¡Por fin!. Llegamos a una preciosa costa rodeada de montañas. Era un mar interior poco profundo y con una temperatura deliciosa. Dejamos nuestras mochilas sobre la arena, extendimos las esterillas y corrimos al agua. Magnífico y justo chapuzón aquel.
Parecíamos dos cachorros jugando en el agua.

Cansados de agua, nos tumbamos sobre las esterilla para observar el horizonte. Henar tras pensar un rato me dijo - Es increible, hace un rato estábamos al borde del colapso, perdidos, cabreados y sin saber qué iba a ser de nosotros. ¡Y ahora mira! Tomando el sol en una playita preciosa -. Le respondí sonriendo -Al final nos ha salido bien eso de saltar del tren, ¿eh? -

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10 Dic 2008

El amuleto bosnio de la suerte

Escrito por: danogor el 10 Dic 2008 - URL Permanente

Era muy temprano y el sol bañaba de luz las calles de Sarajevo. Aún no había comenzado oficialmente al día. Acabábamos de llegar a una ciudad fantasma: pocos se atrevían a deambular por sus calles. Estábamos cansados por el viaje en tren y pensamos que la mejor opción era tomarse un café caliente.

Nos sentamos en la terraza de un bar y bebimos en silencio. A esas horas no hay grandes conversaciones y es preferible ahorrar energía. Aunque nadie lo dijo, todos teníamos ganas de conocer este lugar azotado por la guerra y la sinrazón. Apuramos un último sorbo de café y comenzamos a andar sin rumbo fijo.

Las calles del centro de Sarajevo son estrechas y están flanqueadas por pequeñas casas bajas. Los comercios inauguraban un nuevo día sin demasiada prisa. Nos llamó la atención una vieja mezquita parapetada tras una férrea verja oxidada. Al parecer nadie visitaba ya ese templo. Enfrente, un viejo de ojos cristalinos nos miraba con interés. Se acercó a mí y cogiéndome del brazo me dijo -Lucky- . El anciano señalaba un hatajo de colgantes dispuestos en el suelo sobre un pañuelo rojo. Los collares se esparcían caprichosamente por el pañuelo simulando un ovillo de diminutas serpientes. Eran trozos rectangulares de cuero con un símbolo blanco en el centro. Me gustó. Sin preguntar el precio pedí al anciano que me diera dos colgantes de la suerte. Con paciencia, el anciano comenzó a deshacer en nudo que unía los amuletos.

Me puse un colgante y dí el otro a Henar. El rectángulo de cuero era blando, como si tuviese algo por dentro, sin embargo era una pieza cerrada.

Pasaron un par de años y el colgante comenzó a agrietarse por un lateral. Un hueco permitía ver una diminuta pieza blanca en el interior. La curiosidad me pudo y abrí el cuero para ver qué era. Envuelto en plástico, parecía un pequeño libro con el mismo símbolo que aparecía dibujado en el cuero. ¡Menuda sorpresa! Era una hoja de papel cuadrada de unos 20 centímetros. En cada pliegue había escrito algo en árabe. Me recordó a las chuletillas de la universidad. Me quedé con la duda de saber qué era lo que decía.

El destino es un genial confidente. Mientras compraba en una tienda marroquí de Madrid, el dueño se fijó en el colgante de Henar y le preguntó algo en árabe. No le entendimos así que retomó la frase en castellano: Esto te va a dar suerte. Después de dos años y medio de intriga, aquel marroquí nos desveló qué era lo que teníamos alrededor del cuello: es un amuleto que suelen llevar los musulmanes. Antigüamente, cuando los viajes se ralizaban a pie o en carro, los musulmanes tenían la costumbre de leer fragmentos del Corán para que Alá protegiese a los viajeros. Dentro de nuestro colgante estaban esos párrafos del Corán escritos
con letra diminuta. Nuestro collar se revalorizó.

Desde entonces, aunque no soy creyente, siempre llevo ese colgante. Cada vez que viajo, lo primero que hago antes de hacer el equipaje es colgarme al cuello el amuleto protector. Puede que no sea útil pero mientras yo crea que lo es, todo lo demás carece de importancia.

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El Mochilista

Cansado de la vida mongólica de los Fruitis, sobre todo, harto del agonías de Gazpacho, decidí recorrer mundo. Viajar me ha hecho descubrir muchas cosas que daba por hecho y eran completamente erróneas. He convertido mitos y leyendas en verdades y he deshecho prejuicios. Desde hace unos años soy adicto al viaje y necesito, cada cierto tiempo, salir con una mochila al hombro para descubrir un nuevo país.

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