08 Dic 2008
Un domingo cualquiera en Gwanghwamun
Fotos de Alberto Lebrón, un gran amigo que se encuentra en Corea como corresponsal de Intereconomía.
Callejuela del Motel donde vivo. Mucha luz, fiesta por las noches, borracheras de ejecutivos agotados tras una larga jornada laboral y bastante buen rollo.
En Seoul se come bien. Hay mucho marisco para los amantes del mismo. Yo no lo soy. Este filetito de buey cuesta W25.000. Ahora son 13€. Hace un año, con el euro a W1.000, costaba 25€.
En otros restaurantes más típicos, tienes un fogón para calentar/cocinar tu propia comida. Cuando las mesas son tan bajitas, hay que comer descalzo.
Monumento erigido en honor al Rey Gojong. Data de 1904. Es el “kilómetro 0” de Corea, según me comentan.
El tipo que parece un samurai con las montañas al fondo es Yi Sun-sin. Fue almirante naval y vivió en el siglo XVI. Es una figura enormemente respetada por los coreanos al repeler la invasión japonesa del año 1592, cuyo objetivo último era preparar una ruta de incursión a China. El imperialismo japonés es muy anterior a la II Guerra Mundial y sigue marcando sus relaciones con los países vecinos. El almirante Yi logró derrotarlos dirigiendo los primeros buques del mundo con casco de hierro. Cada embarcación era conocida como buque-tortuga, o Geobukseon, debido a su peculiar diseño.
19 Nov 2008
La crisis en Corea
Os presento a Alberto Lebrón, un periodista y amigo, embarcado en una aventura muy peculiar: se encuentra en corea del sur, tratando de conseguir un visado que le permita trabajar en China como corresponsal. Nos cuenta su odisea (Texto y foto: Alberto Lebrón)
Mi moneda, el Euro, está hoy más devaluada (1€ = 1.685 Won). Sé que en España estamos a un trimestre de la recesión. Aún recuerdo la del 93. Mis padres se acababan de divorciar. Mi madre, con 28 años entonces (yo 10), trabajaba día y noche. Conoció pronto al que hoy es mi padre. Fueron tiempos duros, de paro sobre todo. Recuerdo que siempre tenía la video-consola de moda 2 o 3 años después. Pero la acababa teniendo. Nunca faltó de nada en casa. La crisis del 2008 tampoco podrá con nosotros. Es cíclica, como la gripe. Claro que muchos países africanos, algunos asiáticos y centroamericanos, no tienen vacuna. Yo lo tengo siempre presente. Con injusticia, es imposible la paz. Hay periodistas sabios que intentan decírnoslo. Un tal Vicente Romero (Informe Semanal TVE) por ejemplo.
Corea hizo bien los deberes. Tiene saneadas sus cuentas públicas y exteriores. Es decir, cuenta con dólares para pagar. Eso dice su gobierno, tampoco puede constatarlo aún. Pero los mercados especulan con que Seoul no podrá obtener financiación internacional. Esos dólares que tienes se van agotando mientras no van entrando otros nuevos. Cuando te quedas sin dólares tienes que pedir prestado. Eso significa que el Won debe ser devaluado. Y ello empobrece a la gente. El capital internacional dejaría de invertir en activos coreanos porque ya no serían tan rentables como otros. Por ejemplo, las importaciones de productos europeos, pagadas en wones, se encarecen. Y la empresa tampoco puede aplicar una subida de precios del 60% en un año, como está pasando ahora con esta moneda, que viene cayendo a esos niveles comparándola con euro, dólar, yen o yuan chino. Para relanzar la economía, tampoco puedes subir los tipos. Entonces el capital extranjero marcha a otros lugares donde lo remuneren mejor. Quedas entonces jodido, con tu moneda por los suelos, importando caro y exportando barato. No puedes elegir. Ello además mientras se recuperan inversión, empleo y consumo... un proceso doloroso en cualquier crisis. Y con un gobierno sin pasta, paga el ciudadano. De momento, los gobiernos se gastan nuestro dinero para ver si los bancos prestan y resucitar así al sistema anarcocapitalista.
¿Sabíais que quien inventó la imprenta fue Corea del Sur?... Sí, 200 años antes que Gutemberg En serio, hay que revisar los temarios. Ya amplío noticias. Traeré mucho sobre Corea fuera de lo económico, porque hay aspectos increíbles en este país que desconocía (y desconozco). Será los fines de semana, porque de lunes a viernes curro como un enano.
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24 Jul 2008
ASLAN, EL PÈQUEÑO LIMPIABOTAS KURDO
El pueblo Kurdo pertenece al reservado club de los sin tierra, o mejor, los sin patria. Su antiguo país, Kurdistán, desapareció hace centenares de años a causa de las intrigas históricas. Desde entonces, los kurdos luchan por conseguir un pedazo de tierra en la que poder crecer como nación. Por ahora, son considerados terroristas o ciudadanos de segunda en aquellos países en los que se divide la antigua Kurdistán: Siria, Irán, Irak y Turquía. Como le ocurrió al pueblo judío y ahora al palestino, estos "sin patria" son perseguidos, humillados y asesinados allá donde vayan pero bajo su piel Kurda late un corazón humano.
Llegamos a Estambul desde Tesalónica tras más de catorce horas de viaje en un tren que avanzaba a paso de tortuga. El viaje mereció la pena, todo un mundo exótico se erguía ante nuestros ojos que maravillados contemplaban la grandeza de lo que el hombre ha hecho con sus manos.
El sol estaba poniéndose y sus últimos rayos acariciaban los edificios de la capital turca ofreciendo un espectáculo único; como si se tratase de la mano de Midas, allí donde se posaba un haz de luz solar, el material iluminado se convertía en oro. Para verlo mejor, nos desplazamos hasta lo alto del puente que cruza el Bósforo. Después de saciarnos de belleza visual y aprovechando que el estrecho que se abría camino bajo nuestros pies separaba el mundo occidental del asiático, quisimos saber cómo era Asia.
Caminamos durante una hora dejándonos encandilar por todo lo que veíamos. Llegamos una plaza en la que una vieja iglesia romana coronaba la cima de un ascenso interminable. Grupos de personas se diseminaban por la superficie de aquel lugar y un grupo de niños jugaba al fútbol con un viejo balón. Dejamos nuestras mochilas y nos unimos al grupo de niños, que de buen grado, accedieron a dejarnos jugar. Al rato, un niño de tez morena me dijo que quería unirse al juego; en lugar de contestarle, le pasé el balón. El dueño de la bola corrió a por su pelota, la recogió y nos dijo que el niño no podía jugar. -Es kurdo- nos dijo. Todos nos quedamos en blanco y dejamos de jugar para hablar con el pequeño kurdo.
-Me llamo Aslan que significa León- nos dijo el pequeño mientras cogía un cajón de limpiabotas -Los turcos no nos quieren porque somos de kurdistán y no tenemos país- Sentado sobre su cajón nos habló de lo dura que había sido su vida a su temprana edad. Aslan se ofreció de guía para mostrarnos el verdadero Estambul, lejos de los turistas. Le seguimos.
Estrechas callejuelas con gente sentada a la puerta de sus casas, viejas tiendas de alimentación, bares con personas tomando té y fumando en shisa. Aquello era la capital de Turquía. Aslan estaba emocionado, se agarraba a nuestras manos mientras paseábamos y bromeaba diciendo que éramos sus papás y sus mamás. Después de tanta caminata nos entró hambre y decidimos cenar en la margen del Bósforo. Nos sentamos en un chiringuito en el que servían Kebabs de pescado y Aslan se apartó para no molestarnos mientras comíamos. Nos partió el corazón. -Aslan, ¿Qué haces?, ¿Es que no quieres cenar con nosotros?- le preguntó Sergi. El joven León hizo una mueca de vergüenza pero finalmente se sentó con nosotros.
Este es Aslan hablando con Sergi
Con los estómagos llenos, dimos un último paseo por la ciudad. Delante de nosotros un coche de policía frenó bruscamente y un par de agentes salieron del vehículo en dirección a Aslan, que empezó a correr. Conseguimos agarrarle y le abrazamos. Con tono severo le preguntamos a la policía qué querían, y en el mismo tono nos respondieron que ese niño era un ladrón. Encolerizados le dijimos que estaba con nosotros y que no había robado nada; nos juntamos al pequeño limpiabotas kurdo que tenía los ojos fijos en el suelo. Los agentes, frustrados, nos advirtieron que tuviésemos cuidado y se fueron. Aslan nos abrazó.
Llegó la hora de la despedida y la pena nos inundó el pecho. Al día siguiente volvíamos a Europa, a nuestra cómoda vida de occidentales, en nuestras seguras casas mientras que el pequeño Aslan tendría que seguir peleando con su entorno para sobrevivir. Las lágrimas recorrían la cara de nuestro joven amigo que se resistía a marchar. Le cayeron decenas de besos y abrazos, y pequeños obsequios que llevábamos en los bolsillos. Regresamos al hotel en silencio pensando en Aslan.
Han pasado tres años desde aquello y muchas veces me pregunto qué habrá sido de aquel niño condenado a una vida dura simplemente por no tener nación. Me consuela saber que su inteligencia le sacará de todos los problemas en los que se meta, aun así, le deseo un futuro digno de ser vivido.
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El Mochilista
David Nogales
Cansado de la vida mongólica de los Fruitis, sobre todo, harto del agonías de Gazpacho, decidí recorrer mundo. Viajar me ha hecho descubrir muchas cosas que daba por hecho y eran completamente erróneas. He convertido mitos y leyendas en verdades y he deshecho prejuicios. Desde hace unos años soy adicto al viaje y necesito, cada cierto tiempo, salir con una mochila al hombro para descubrir un nuevo país.
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