Escrito por dario-manrique
12 Ago 2009 - Enlace
Martin Scorsese escribe sobre Woodstock (y II)
Esta es la segunda parte del texto escrito por Martin Scorsese sobre su experiencia como parte del equipo que filmó la película de Woodstock, cuando se cumplen 40 años de la celebración del festival. El director lo ha escrito como prólogo del libro "Woodstock: Three Days That Rocked the World". La primera parte de este texto se publicó en una entrada ayer.
Creo que ayudó -desde luego me ayudó a mí- que en momento tan temprano como la noche del viernes, la idea de que nos encontrábamos inmersos en algo más que un concierto de rock, de que era un evento histórico, nos asaltó a algunos de nosotros. Hacia el sábado noche, por usar el cliché, "el mundo entero estaba observando"; Woodstock estaba en la televisión y en el resto de la prensa. Creo que es posible que mucha de la gente entre el público quisieran subrayar el contraste entre esta congregación pacífica y los disturbios del año anterior en la convención demócrata de Chicago.
Pero nosotros, los cineastas, no las teníamos todas con nosotros. Sí, John Calley, parte del nuevo equipo de gerencia en Warner Bros, había acordado cubrir los costes de los alquileres de las cámaras y los rollos de película, una suma que luego recordaría como unos 15.000 dólares o, comentaba, "algo así como una comida en Las Vegas". También recordaría que, si nos hundíamos, podría recuperar esa modesta suma simplemente vendiendo lo que filmamos para futuros documentales. Pero la financiación para completar la película no estaba garantizada. (...)
Así que la película de Woodstock fue, en todos los aspectos, una apuesta arriesgada. Rodajes como este lo son la mayoría de las veces, pero ello era especialmente así en esos días, cuando los conciertos de rock no eran el género asentado que son ahora. Desde el principio se había hablado mucho -especialmente pro parte de Wadleigh, por lo que recuerdo- de usar mucho la pantalla dividida en la película. Había una sensación de simultaneidad en Woodstock, de que ocurrían muchas cosas a la vez, que se prestaba a esa aproximación. Se había alquilado un gran espacio sobre una sala de billares, también cerca de la calle 86, para proyectar en la pared el metraje en bruto. Se podía poner el material de seis o más cámaras sobre esa pared. Había algo visceralmente excitante en ello. Se convirtió en el sello estilístico de la película; más importante, al darle el mismo tiempo a las actuaciones y al público, Wadleigh podía recrear la experiencia por completo para el público del cine. No lo podría haber hecho con una película puramente lineal.
Había suficiente material para una película de siete horas, razón por la cual, en sus variadas encarnaciones de vídeo casero, Woodstock ha cambiado un poco de forma a lo largo de los años, sin traicionar a su esencia. Pero ha ocurrido algo más curioso en estos 40 años. Creo que sin la película, el concierto no bubiera sido más que una nota a pie de página en la historia cultural y social de los 60, representada por una foto en un libro, una línea o dos en los libros de historia. Lo que la película hizo, y continúa haciendo, es destilar la experiencia de Woodstock y, más importante, conservarla vibrante y viva. La nota a pie de página se ha convertido en un hito, la manera para mi generación de recordarnos quienes éramos entonces y de medir el camino que hemos recorrido desde entonces. También ha sido, de manera más significativa, una forma para las generaciones recientes de contactar con el caótico espíritu de los 60. O mejor, con una parte de ese espíritu: la parte más feliz.








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