El otro día, después del concierto de Brendan Benson, hablaba con un amigo de esos temas semi-existenciales tipo "qué he hecho con mi vida hasta ahora". Él, en plan radical, decía que básicamente éramos unos mierdas, que estamos ya en los 30 y no hemos hecho más que trabajar día a día, para otros y sin poder sentir que hayamos hecho nada especialmente creativo o de lo que sentirnos orgullosos. Ponía el ejemplo de Bob Dylan, que a los 25 años ya había revolucionado el folk en cuatro álbumes y estaba ya de vuelta, dándole un revolcón al rock con la Santísima Trinidad del Bringing It All Back Home, Highway 61 y Blonde on Blonde...

Un par de días después tuve que meterme de lleno en la vida y obra de Jimi Hendrix para un artículo en Rolling Stone, y me acordé de esa conversación que había tenido entre cervezas. Este año se cumplen cuatro décadas de la muerte de un Hendrix que se fue a la tumba con 27 primaveras, tiempo en el cual le dio tiempo a:
-Reinventar el sonido y la forma de tocar la guitarra eléctrica, redefiniendo con ello el blues y el rock.
-Editar cuatro álbumes que hoy se consideran cuatro obras maestras (yo tengo mis dudas con el último, el Band of Gypsys).
-Estar presente en los eventos que definieron a toda una generación, fechas históricas como Monterey, Woodstock o Isle of Wight.
-Montar, de su propio bolsillo (le costó 1 millón de dólares de la época), los Electric Ladyland en Nueva York, primeros estudios de grabación profesionales diseñados por y para una estrella del rock.
-Dejar grabadas cientos de horas de música, filón en el que han ido picando los herederos, sacando cosas regularcillas, pero también de mucha calidad como este nuevo Valleys of Neptune, que iba a ir en un quinto disco que nunca se llegó a acabar.
Además, en el aspecto extramusical, Hendrix tuvo tiempo a experimentar con todas las drogas que se le pusieron delante, conocer bíblicamente a docenas (o centenas) de bellas hembras, tener dos hijos (que se sepa) y vivir en al menos cinco ciudades de tres países diferentes, etc etc etc.
¿Brutal, no? Sí, pero la trampa, creo yo, está en compararse con genios/mitos de la estatura de Dylan o Hendrix: es injusto, pues es imposible estar a la altura de lo que hizo gente como ellos.
LOS ENGAÑOS DEL 'EDADISMO'
Además, las cosas han cambiado mucho en estos últimos 40 años. Las etapas vitales se han alargado, y los tránsito de una a otra se atrasan. Ahora con 30 aún se es "joven" y se puede llevar una vida casi de adolescente.
Mi amigo, siguiendo en su línea radical, decía que no tiene el mismo mérito que un grupo de tíos/as de 28 años hagan un buen disco a que lo haga uno de 18, y ponía de ejemplo de lo primero a La Bien Querida (que ha debutado ya cumplidos los 30) y de lo segundo a The XX o Arctic Monkeys. A mí eso me parece una soberana chorrada. Sí es cierto que se puede uno maravillar de un logro temprano -pienso en el tristemente fallecido Alex Chilton, que grabó con 16 años la gloriosa The Letter con sus Box Tops- o incluso ser más benevolente perdonando los errores de unos adolescentes que se meten por primera vez en un estudio, pero valorar la música por la fecha de nacimiento de sus autores es absurdo.
Por ello mismo, y en el otro extremo, dada la extensión de nuestra esperanza de vida alguien de 65 años no tiene porqué ser considerado un anciano: con 15 o 20 años de vida por delante deberíamos pensar que aún hay tiempo para hacer más cosas que ir al parque a dar de comer a la palomas. Basta ya de caricaturizar como abuelos gagás a los Stones, Paul McCartney o Bob Dylan, por decir algunos. Mientras mantengan el nivel en sus conciertos y grabaciones, ¿qué más da si han entrado en la tercera edad o en la cuarta?
¿Qué opináis vosotros? ¿Os echa para atrás la senectud en los rockeros? ¿Os atrae la deslumbrante juventud de otros? ¿Os parece imprescindible saber la edad de un artista para valorar el mérito de su obra? ¡Contesten, participen! Entretanto yo voy a regodearme en mi treintañera burbuja de inactivo confort viendo a Alex Chilton cantar The Letter con los 16 años más talluditos que haya visto nunca...