Escrito por dario-manrique
25 Mar 2009 - Enlace
El final de las aventuras de Los Coronas allende los mares
Con esta entrada de resumen final se acaba el periplo de Los Coronas en el SXSW de Austin: cinco días de conciertos por doquier, la mayor concentración de música en vivo del planeta.
Epílogo y Recapitulación
Después de 17 horas de viaje, recién llegados a casa y sin dormir vamos con el resumen final.
Han sido unos días cojonudos en una ciudad que pese a tener cuatro veces menos habitantes que Madrid, tiene cuatro veces más locales de conciertos. Es una ciudad musical y de estudiantes lo que ayuda a que constantemente haya un ambiente que contagia, tanto en la calle como en los clubs. Comparando Austin con otras ciudades que hemos conocido anteriormente, es una mezcla entre Basilea o Lucerna en Suiza y una ciudad andaluza; con bastante marcha, buen clima –para un español–, mucha vegetación y espacios muy abiertos. La gente, comparado con Madrid, es muy amable en las tiendas y en los bares, sirva como ejemplo que los porteros cuando tratas de colarte –cosa que tratábamos de hacer constantemente– después de echarte la bronca se parten de risa y te recomiendan que no te pierdas el próximo concierto.
El público se desinhibe bastante con los grupos en directo, bailan, saltan y gritan para animar a las bandas, y cuando llegan las canciones lentas, sin cortarse un pelo, buscan a su pareja y se ponen a bailar juntitos y todo acaramelados.
Hemos dado siete conciertos en cinco días, unos delante de 20 personas y otros de 300, grabado en directo para una televisión, vendido y regalado todos los discos y camisetas que llevábamos; hemos hecho muchos contactos de todo tipo e invitado a más personas a nuestras casas de las que cabrían en dos meses – ojalá no se lo tomen muy en serio… Nos hemos comprometido con las She Creatures, Beau Soleil , Bill Kirchen y Hall Monitors a ponerlos en contacto con promotores españoles y que puedan venir a tocar por aquí -ojalá que esto sí se lo tomen en serio porque así podremos disfrutar de nuevo de sus conciertos.
Aparte de colarnos continuamente en la segunda casa de Steve Ray Vaughan en vida -el Continental Club- por la puerta trasera y hurgar en la basura y buscar dentro del buzón de la casa de un locutor de la KUT Austin FM, para asegurarnos de que vivía allí y poder dejarle uno de nuestros CDs (que finalmente recibió), hemos sido buenos y no hemos incumplido las leyes federales del estado de Texas. Hay que reconocer que algunos límites de velocidad y las típicas pirulas de prohibido-doblar-a-la-derecha nos costaban un poquito.
Y todo esto se lo debemos a la Fundación Autor , al ICEX y a Love To Art que nos han llevado allí a tocar delante de gente que no tenía ni idea de que existíamos y que quizás no vuelvan a oír a hablar de nosotros, pero que nos han hecho pasar un semana muuuuy buena en la que la música ha sido la protagonista a todas horas. Y por encima de todo nos ha venido muy bien para ser más conscientes de lo que damos de sí y de las posibilidades que tenemos de crecer y evolucionar con un público que no es el nuestro, y en unas situaciones en las que no hemos tenido a favor mas que toneladas de buen rollo,muchas ganas, nuestra experiencia y trabajo.
Salud y mucha música majos!!

Antes de volver nos pasamos por Antone’s Records, a cinco metros de la hamburguesería y diez del Sonnys. Es una tienda de discos de segunda mano – ¡¡¡vinilos!!!- mítica en Texas. Nos dejamos llevar y acabamos comprando docenas de discos; originales de Duane Eddy, Little Richard, Glenn Campbell, Ray Charles, Ventures, Manassas, Jerry Reed, … y cuando Loza – nuestro batería - va a pagar uno de los discos, resulta que el dueño de la tienda es quien toca la batería en ese disco!!! Nos sacamos fotos con él y nos lo firma. Es un disco instrumental de mediados de los ochenta llamado Big Guitars From Texas que fue una gran influencia de los Los Coronas en los comienzos. Ganó un Grammy por aquel disco. Al despedirnos nos damos las manos, a él le tiemblan. Es probable que el parkinson le haya obligado a dejar la batería. Qué cosas tiene la vida.
A pesar de este divertimento (que además es la única canción no instrumental del disco), Los Coronas no son un grupo de coña, sino uno muy serio, si por serio entendemos buenos, profesionales. En El último baile demuestran que incluso a un género bastante inmovilista como el surf aún se le pueden dar vueltas de tuerca. Así, suenan aires argentinos (en Libertwango) o, claro, hispánicos (Sangre y arena, Los rumbaleros), además de las más esperadas excursiones al spaghetti-western (Rancho Leone). También hay, incluso, un bonito medio tiempo (Calle Tesoro) y, mi favorita, Aguacalientes, que tiene un pulsante teclado en segundo plano de los que pocas veces se escuchan en el surf.