Escrito por dario-manrique
07 Jul 2008 - Enlace
Rock in Rio: Eficiencia, comodidad y mercantilismo exacerbado
Finalmente, mi dilema sobre el Rock in Rio se resolvió y ayer fui a la última jornada (bien es cierto que no pagué, fui con invitación... por otro lado como un buen porcentaje de la gente que había: parece ser que los patrocinadores repartieron entradas a mansalva). Y lo disfruté.
Iba con bastantes prejuicios pero, quizá por eso mismo, tampoco tenía muchas expectativas. La primera impresión, nada más entrar, es de desagrado: tanto logo y tanto patrocinador echa para atrás. Estoy acostumbrado ya a que todos los festivales tengan marcas en su mombre, en sus escenarios y por todos los lados, pero esto era exagerado. En el gigantesco recinto de Arganda del Rey no había un hueco libre de publicidad, un metro cuadrado sin azafato/a repartiendo gorritos o cintas promocionales... Incluso sin contar con el centro comercial, los stands comerciales abundaban (el "chill out de El Corte Inglés", mi favorito)...
Una vez superado ese asquito, y concienciado de que estaba en un festival diferente a los que suelo acudir, la verdad es que era fácil disfrutar de la música. El recinto es enorme y muy cómodo: grandes extensiones de césped artificial, muchísimos urinarios y WCs bien colocados cerca del escenario, barras eficaces que servían rápido la comida o bebida, etc. Respecto al sonido, había leído de otros días que era escaso, pero ayer no lo pareció, los tres conciertos que vi sonaron nítidos.
El primero fue Café Tacvba, que hicieron un concierto menos torrencial de lo normal, seguramente porque tocaron la mitad de tiempo de lo que suelen. Aun así, dieron su particular lección de coherencia ecléctica, yendo con naturalidad del techno-pop de su último disco a los mexicanismos de Ingrata o El baile y el salón. Además, le pusieron humor, ganas y, en general, contagiaron disfrute.
Después le llegó el turno a Dylan. Me habían llegado opiniones de que esta gira estaba siendo mejor que las últimas. Reconozco que no me gustó en el Xacobeo de 2003: parecía desganado y me pusieron nervioso sus ansias por hacer irreconocibles las canciones (además, conocía mucho menos de su obra entonces). Ayer estaba suelto (¡sonrió varias veces!) y su banda sonó de cine, un festín de rock & roll añejo y blues. Reconocí unas cuantas canciones e incluso fui capaz de cantar algunas. Muy divertido. (La foto es de Miguel Ángel Sánchez)
Para finalizar, Franz Ferdinand, que dieron una actuación tan solvente como siempre: rotundos y enérgicos, levantaron a miles de personas con sus temas más conocidos e incluso con los de su nuevo disco, aún por publicar. Por cierto, me dijo un amigo que en TVE cortaban cuando el grupo iba a tocar las canciones nuevas, por miedo a que se piratearan y se subieran a Internet. Pelín cutre...
Rock in Rio se repetirá en 2010. Los datos de público (alrededor de 200.000 personas) están lejos del medio millón que pronosticaba la organización, pero no están mal. Y, pese a que mucha de la filosofía en la que se basa da bastante grima, en cuanto a organización se nota que llevan mucha mili. Espero que otros promotores de festivales hayan tomado nota de los asuntos positivos del Rock in Rio.

Caro preguntó al profesor si podían ir oyentes y le dijo que sí. Así que allí, en la Universidad Autónoma, me presenté hace dos viernes para la primera de las clases del escocés Robert Shepherd, un tipo muy inteligente, de verbo torrencial y cáustico. 