Mañana miércoles se celebra en Barcelona, en L'Auditori (c/ Lepant, 150), un homenaje a Los Planetas por los 15 años de su primer disco, el Medusa EP. Bajo el nombre La leyenda de Los Planetas una serie de artistas cantarán temas del grupo granadino. Estará gente muy unida al grupo granadino, como sus paisanos Lagartija Nick, Morente o Lori Meyers, o Nacho Vegas. También los estupendos Tachenko o Clovis, grupo de Fino Onoyarte, productor del Super 8 mientras aún militaba en Los Enemigos.
Pocos grupos españoles merecen tanto un homenaje como Los Planetas, que se han labrado una muy íntegra reputación y un universo propio (nunca mejor dicho) a lo largo de sus siete discos. He de confesarlo: sí, soy fan. Algo tendrá de generacional -tenía 17 años cuando editaron el Super 8- pero los amigos de mi edad se reparten entre los que los adoran y los que los detestan sin paliativos (creo que Los Planetas no admiten términos medios).
No voy a tratar de convencer a nadie de que le gusten LP, pero sí me parece importante desterrar un mito que proviene de los primeros tiempos del grupo: que no se entienden las letras, que J masculla más que cantar. En los tres primeros discos sí es cierto que la voz estaba por debajo de la maraña de guitarras distorsionadas y había cierta dificultad en entender las letras, creo que era algo pretendido por el grupo, probablemente por estética y también algo por inseguridad de principantes. Recuerdo, por ejemplo, discutir por lo que cantaba J en el estribillo de Qué puedo hacer.
(¿"Siempre voy al Amador"? ¿"Al Armador"? En su versión, Sr. Chinarro dice "al asador", aunque creo que esto es invención suya, pues me contaron que había un bar llamado Amador en Granada).
Discusiones bizantinas aparte, lo de que "a J no se le entiende" cambió desde Unidad de desplazamiento (2000), y es importante porque lo longevidad y el éxito de LP (en el sentido de que siginifiquen mucho para mucha gente) tiene que ver con sus letras: potentes, sin tópicos, duras y -fundamental- en español. Entre tantísimas bandas que se pusieron a cantar en inglés en la efervescencia indie de principios de los 90, ellos decidieron hacerlo en castellano, y así han conseguido que esas letras toquen la fibra sensible del personal. Es curioso, porque un porcentaje importante de sus canciones tratan de drogas o del desamor enfocado como un tremendo resentimiento hacia el antiguo objeto amoroso, y yo personalmente no soy amigo de las drogas (más bien ellas no son amigas mías) ni he sentido ese odio profundo hacia ninguna ex, pero oigo esas letras y las hago mías.
Eso por la parte "literaria", por la musical la evolución de LP ha sido sorprendente pero también coherente. Del indie-rock oscuro de los comienzos, inspirado en Jesus & Mary Chain, Joy Division o Velvet Underground hasta el rock-distorsionado-aflamencado de La leyenda del espacio hay un trecho, pero no un salto al vacío. Escuchad en su myspace un tema como Alegrías del incendio, que se basa en el palo flamenco de las alegrías, pero tocado al estilo planetas.
En fin, voy acabando ya este ladrillo, no sin antes decir que hoy martes hay otra cita planetera, esta en Madrid: J va a estar en el ciclo de Radio 3 de Canciones desnudas que conduce Diego A. Manrique, mi señor padre, en La Boca del Lobo. Contaré qué tal ha estado a cambio de que alguien que haya ido al homenaje barcelonés haga lo propio.