Escrito por dario-manrique
24 Nov 2008 - Enlace
Más reflexiones sobre el cierre de La Riviera
El post que escribí el viernes al calor del cierre de La Riviera ha provocado bastantes comentarios que me apetece (re)comentar.
Parte de la discusión derivó a si hay una escena o no musical en Madrid y si hay garitos para que grupos emergentes o primerizos toquen. No tiene nada que ver con lo que hablaba en esa entrada, pues un grupo que empieza ni puede ni debe tocar en una sala tan grande como La Riviera (¿ cómo la llenaría?), pero aún así creo que sí existen lugares para ello: La Boite, El Juglar, la Caracol, el Moby Dick, el Barracudas, La Escalera de Jacob, Siroco, etc, son sitios adecuados para conciertos pequeñitos. Ahora, lo que apuntaba Alicia de lo caro que resulta alquilarlos es harina de otro costal, pues puede suponer un enorme riesgo para el grupo en cuestión. Pero de eso tengo poca información.
Yo me refería a la pobreza cultural de que no puedan venir ciertos grupos internacionales a Madrid o de que ciertos artistas españoles consagrados y con poder de convocatoria pierdan la oportunidad de tocar en un recinto así. Sidonie fueron los primeros, pero a ver qué pasa con las actuaciones programadas de Ferreiro o Muchachito Bombo Infierno. Por cierto, pude hablar con Axel, batería de Sidonie tras su concierto "improvisado" en Joy Eslava, y pese a la euforia del final de gira me contó que estaban jodidos por la obligada reducción: de haber podido meter a dos mil y pico personas que estuvieran cómodas pasaron a tener a unas 1.000 como piojos en costura...
Me parece injusto comparar la situación madrileña con la de Londres, Chicago o Berlín. Ojalá tendamos a eso (¡Dios, en el verano de 2007 me vi en Berlín cuatro conciertos de artistas internacionales a un precio medio de menos de 10 € cada uno!), pero el poderío del negocio de la música en esos países está fuera de nuestro alcance. Yo me conformaría con tener uno o dos recintos parecido a los Zenith franceses, salas modulares que en función del concierto varían su capacidad de unos cuantos cientos de espectadores a unos miles. Pero incluso valdría con tener un equivalente a la Razzmatazz barcelonesa, que alberga tres salas de aforo variado. De hecho, ya hace años que se rumorea que Sinnamon va a abrir un Razz en Madrid, y todo apuntaba a que iba a ser este otoño (artistas como los Teenagers o Annie habían publicado en sus webs fechas en el "Razzmatazz de Madrid"), pero no llega a hacerse realidad.
Respecto a las licencias, por supuesto nadie quiere que se repita una tragedia como la de la República Cromañón en Buenos Aires, pero no es menos cierto que conseguir permisos para discotecas/salas de concierto es tarea casi imposible en Madrid. Bien está que se vele porque estos garitos cumplan las medidas de seguridad, pero creo que en muchos casos se trata de excusas: una discoteca "hace feo" en el barrio y suele ser molesta, y es peor para el Ayuntamiento tener en contra a una asociación de vecinos que al (desorganizado) público nocturno.
