19 Nov 2009
La sombra del poder
Periodismo y los difíciles y complejos entramados del poder. En esa complicada unión (y más cuando el periodista y el político en cuestión tienen lazos de amistad), es en la que se mueve el argumento de La sombra del poder, un interesante thriller con Russell Crowe a la cabeza.
En esta adaptación de una miniserie de la BBC, Cal McAffrey, un periodista que trabaja para un diairo en crisis, tiene que cubrir un suceso que se saldó con la muerte de un ladrón de bolsos y un repartidor de pizzas en coma. Por otra parte, una joven periodista y blogger, encargada del blog del Capitolio (por aquí tendremos ese bonito vínculo de periodismo de papel y periodismo digital), cubre un posible escándalo político, a que el congresista Collins, interpretado por Ben Affleck, casado, ha terminado llorando ante las cámaras mientras anunciaba la muerte de una de sus ayudantes, lo que deja a la luz la relación sentimental que había entre ambos. Los dos periodistas terminarán vincuándose en una carrera por ser los primeros en publicar el máximo de información de estos dos acontecimientos, que resultan estar vinculados.
Una trama enrevesada pero que se va desmadejando con calma y sentido. La puesta en escena está a la altura de las circunstancias, e incluso se puede entresacar un homenaje al periodismo de siempre, que también es el de hoy. Los títulos de crédito finales, en los que se muestra todo el proceso de creación e impresión de un periódico, dan muestra de este homenaje al periodismo tradicional.
Puede que la concentración de acontecimientos termine convirtiendo la cinta en demasiado densa, pero es comprensible si se conoce la procedencia de la historia (es difícil condensar en una película de dos horas toda una miniserie televisiva). Pero no tenemos la sensación de perdernos en el entramado, sino que todo va quedando atado y bien atado. En conclusión, un interesante thriller de intriga a la altura de las circunstancias.
16 Oct 2009
La huella, comparaciones odiosas
Hace unos años, por cuestiones de azar, llegó a mí un DVD en cuya carátula estaba escrito La huella. Y al lado del título, los nombres de dos grandes de la interpretación: Michael Caine y Laurence Olivier. Sin dudarlo, durante el fin de semana lo metí en el reproductor y disfruté de algo más de dos horas de inquietante cara a cara interpretativo en medio de una historia de intriga, con mil recovecos y giros de guión que me sorprendieron y se quedaron grabados en mi memoria.

En 2007 miro la cartelera y me llevo una gran sorpresa: esa película que tanto me sorprendió en su momento ha vuelto renovada al cine. En lugar de Olivier y Caine, el duelo interpretativo será entre el mismo Caine (aunque en el papel contrario al que jugó en 1972) y Jude Law, juventud, frescura y maestría en la interpretación. La curiosidad me llevó a caer de nuevo en las garras de La huella, aunque sin poder librarme de las dudas que me impone cualquier remake.
La base de la obra de teatro de Anthony Shaffer se mantiene en la versión que en 2007 dirigió Kenneth Branagh, el duelo interpretativo sigue en cotas muy altas, por supuesto, pero se ha perdido algo. Los giros, los recovecos, los detalles del guión de 1972 se han quedado en el camino.
Un hombre llega a la casa de otro. Pronto sabremos la finalidad de la visita: pedir al dueño de la casa que conceda el divorcio a su mujer, amante del visitante, para que pueda rehacer su vida. Pero el dueño de la casa le propondrá un juego un poco peligroso: robarle unas joyas en lo que sería un crimen perfecto, sin rastro, robo con el que los dos saldrían ganando. Sin embargo, nada será lo que parece y las circunstancias se irán enredando para terminar en una especie de partido de tenis en el que no se sabe quién será el ganador hasta el último momento.
Excelentes interpretaciones, buena banda sonora y ambientación, buena dirección y juego de cámaras. Pero mejor no comparar con la versión de 1972. Las comparacones son odiosas, e inevitables, y el juego de Olivier y Caine tiene todas las de ganar.
17 Sep 2009
Viviendo a través de los otros
En los tiempos en que Alemania se dividía en dos, la República Democrática Alemana (comunista) y la República Federal Alemana (capitalista), todo el mundo era sospechoso. Nadie podía estar tranquilo. Había espías entre los vecinos, los aparatos de escucha llegaban a los lugares más insospechados. Nadie podía estar completamente seguro de que el de al lado no fuera del otro bando y estuviera a punto de delatarle.
A un oficial de la Stasi, la policía secreta del régimen comunista, le encargan el espionaje de una pareja sospechosa de pertenecer o tener contactos con el bando capitalista. El escritor y la actriz sospechosos son sometidos a un duro y cuidadoso seguimiento. Pero obsesionarse con algo no es bueno, y el capitán Gerd Wiesler termina obsesionándose con esta pareja en la distancia.
Premiada con el Oscar a la Mejor Película de Habla no inglesa en 2006, La vida de los otros fue la película alemana del año. Un compendio de factores se aunaron para que así fuera. No sólo el argumento y la representación del ambiente de opresión que se vivía en la época en Alemania, sino también las interpretaciones de los protagonistas, entre los que destaca Ulrich Mühe como ese oficial que termina viviendo su vida a través de la mirada de otras personas y que termina replanteándose todo en lo que creía. Además, las situaciones y personajes están inspirados en situaciones y personajes reales, por lo que se puede entender que en Alemania, algunos años después de que aquella división terminara, todavía haya muchas personas que se vean reflejadas en esta película.
Con ritmo, tensión, una historia interesante de intriga y suspense, y la gran actuación de su protagonista. Natural que todavía sea una de las mejores películas alemanas de los últimos tiempos.
16 Jun 2009
Drácula, de Bram Stoker
Empiezo a escuchar las recomendaciones, y Drácula, de Bram Stoker, la versión que de la novela sobre el vampiro más famoso de la historia dirigió Francis Ford Coppola, se encuentra en muchas de las listas de las mejores películas de la historia.
El objetivo era ser fiel a la historia original, al libro de Stoker, a la verdadera historia de ese príncipe, conde o lo que sea que, tras la muerte de la mujer que amaba, decidió pasarse al lado oscuro y dejar de luchar del lado del cristianismo. Basada en la historia de Vlad "el empalador", llamado así por la forma en que mataba a sus enemigos, la historia de Drácula se convirtió en un mito de la literatura romántica, gótica e incluso de aventuras.
Francis Ford Coppola se sirvió para su versión de un excelente Gary Oldman para sostener sobre sus hombros toda la fuerza de un personaje misterioso, aterrador y atrayente a partes iguales. Sin embargo, si lo que se pretendía realmente era una adaptación fiel al libro, la película queda lejos de conseguirlo. Coppola nos entretiene con las visiones eróticas que sufren los poseídos por la fuerza infernal de Drácula y sus vampiresas. Mucho erotismo, implícito y explícito, que no formaba parte de la historia original, mucho más encaminada a la historia de aventuras que al goticismo de Coppola.
Pero no podemos negar que, como película de vampiros con ambientación gótica, consigue lo que pretendía. La sangre corre a raudales del cuello de la joven Lucy. Winona Ryder y Keanu Reeves representan a la perfección la parejita inocente y un tanto atontada que termina cayendo en las redes del maléfico conde. Pero la palma, junto con la interpretación de Gary Oldman, se la lleva el siempre magnífico Anthony Hopkins como el profesor Van Helsing. Cierto, una vez más, no es como me lo imaginé al leer el libro, pero me gustó igualmente.
Visualmente es brillante e impactante, con una puesta en escena cuidada y una banda sonora espectacular, a juego con el resto de la película. Coppola consigue grandes logros en muchos aspectos de la película, pero, eso sí, es su propia versión del mito de Drácula, no la de Bram Stoker, por mucho que diga.
11 Jun 2009
Terror con la cámara al hombro
Ese aire experimental que tienen las películas que se ruedan con la cámara al hombro suele gustar. Y si la película pertenece al género del terror, el resultado es mucho más efectivo. Ya habíamos visto películas con este mismo estilo, como la sumamente inquietante El proyecto de la bruja de Blair, en la que internet y el boca oreja hizo que se difundiera como la pólvora, o la más reciente Monstruoso, con un Nueva York destruido por un extraño monstruo que no deja nada en pie.
En España no podíamos ser menos. Pero también aportamos nuestro punto original y diferente. [REC], dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza, huye de los espacios abiertos y lleva la cámara a la escalera de un bloque de pisos, con un vecindario la mar de variopinto en el que una extraña enfermedad se está extendiendo rápidamente. Pronto sabremos que no se trata de una enfermedad, sino de una especie de virus que infecta los cuerpos humanos y hace que ataquen a los demás, en una actitud antropofágica realmente curiosa.
En Sitges triunfó, los Goya reconocieron su valía, y el público acudió a las salas para demostrar que, cuando se hace cine inteligente y bien hecho, da igual que sea español o estadounidense, la gente va a verlo. Ha llegado a cruzar fronteras, con remake estadounidense, Quarantine. Incluso ya circula en internet el trailer de la segunda parte, [REC]2.
Una película inquietante, con trazas de humor negro, que anima a ver la segunda parte y hace que tengamos todavía fe en que hay futuro para el cine, español o de la nacionalidad que sea.
15 Dic 2008
Obsesión por un asesino
Se la ha calificado de obra maestra. Igual es pasarse un poco, pero podríamos decir que es una muy buena muestra de cine de intriga, un thriller bien desarrollado y bien planteado. No nos extraña que detrás de Zodiac esté la mano del mismo director de Seven y El club de la lucha, David Fincher.

Es el caso sin resolver por antonomasia. Basada en el caso real de un asesino que se responsabilizó públicamente de 13 víctimas usando a los medios de comunicación para ello. Se hacía llamar Zodiac y no tenía un patrón claro de comportamiento, simplemente mataba por matar.
La película arranca muy bien, sigue a buen nivel y termina mejor. Tiene ciertos momentos en que el ritmo baja algo, pero es necesario para retomar fuerzas. El elenco protagonista saca lo mejor de ellos: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo y, sobre todo, Robert Downey Jr., hacen interpretaciones memorables en sus papeles de dibujante, policía y periodista a los que el caso de Zodiac les llevará algo más que tiempo: toda su vida.
Zodiac es una película oscura, en la que hay que estar atento para no perderse detalle o si no puede que no vuelvas a encontrar sentido a nada. Pistas que despistas, otras demasiado sencillas como para que sean correctas, pero lo son... Pero más importante que atrapar o no al asesino es ver cómo esa persecución se convierte en obsesión y termina llevándose por delante la vida de varias personas, y no sólo las que Zodiac asesinó, sino también las de estos perseguidores incansables de su pista y a los que la sociedad termina tomando casi por locos.
Empezamos en un ambiente oscuro y tétrico y no saldremos de él, hundiéndose cada vez más los personajes en el fango. Demasiadas pistas, demasiadas líneas de investigación, demasiadas personas involucradas en el caso. Nos quedaremos con una sensación agridulce, pero es la que corresponde. Sin embargo, podemos estar contentos por haber visto una gran muestra de cine del de verdad.
15 Nov 2008
Otra de acertijos y crímenes
Las historias sobre misteriosos acertijos que nos llevan a resolver crímenes o misterios ocultos en los anales de la historia han florecido por doquier en los últimos años. Tanto la literatura como el cine se ha aprovechado de los acertijos, series numéricas y juegos matemáticos para hilar historias cada cual más inverosímil.

Los crímenes de Oxford, la última de Álex de la Iglesia, es otra más dentro de esta tendencia. Como le ocurre a estas historias, son películas o libros entretenidos, que enganchan al espectador o lector, que juegan con el punto a su favor de hacerte pensar que eres más inteligente (sobre todo cuando vas entendiendo los acertijos que se proponen e incluso si sabes la respuesta de alguno de ellos). Pero no va mucho más allá.
Tiene puntos a su favor: estrellas internacionales (Frodo en una película española), ambientada en una ciudad extranjera y lejos del suelo patrio, grandes campañas de publicidad por el nombre de los actores y del director... Pero sigue teniendo las carencias de este tipo de películas.
Da igual que, como espectador, intentes averiguar quién será el asesino: la respuesta seguro que es mucho más enrevesada de lo que puedas llegar a imaginar, y puede ser cualquiera sólo con introducir al final algo que se nos había ocultado (como ocurre aquí). Aunque algunos la tacharon de "demasiado comercial", no sé si esto es un punto a su favor o en contra. Hablamos de cine español. El que una película española llegue a ser "comercial" es algo a su favor, seguro. Pero también es verdad que, por su argumento y, sobre todo, por los diálogos, llega a cansar en algunos momentos.
Entretenida, sí. Pero poco más.
25 Oct 2008
El perfume, sin olfato
No hay nada más difícil de describir que un olor. No tenemos suficientes palabras para hablar sobre olores, y por eso terminamos obviando que en la literatura y en el cine también hay olores, que los personajes y las ciudades que se describen tienen un olor particular, como todo. El perfume, además de contar la historia de un asesino, se adentra en ese difícil mundo de los olores. Por eso es difícil imaginarse en toda su amplitud lo que el libro de Patrick Süskind nos cuenta.
Y lo mismo sucede con la versión cinematográfica de este conocidísimo libro. El cine, hasta el momento y salvo algunos raros experimentos, tampoco es capaz de reproducir olores. Por lo que una película y un libro que llevan por título El perfume tienen de partida un difícil handicap: jugar con los olores en dos mundos, el literario y el cinematográfico, que obvian este sentido.
El perfume nos cuenta la historia de un asesino, un ser sin olor pero con el don de detectar y distinguir todos los olores del mundo. Su obsesión será captar el mejor olor del mundo para él: el de las vírgenes, un perfume con el que logrará dominar el mundo a través del placer. Para lograr capturar ese olor, debe ponerse a las órdenes de los mejores perfumistas y aprender sus secretos para obtener la esencia de las cosas. Hasta que lo consigue y empieza a sembrar el pánico entre las jóvenes del lugar y sus padres.
En resumidas cuentas, ese es el argumento de El perfume, un libro que admira muchísima gente y que a mí no me terminó de convencer. Y la razón es sencilla: historias de asesinos hay muchas, y mejores. La que podía ser la ventaja de esta historia es que da primacía a un sentido poco habitual, el del olfato. Pero por alguna rara razón, los olores no me llegaron. No conseguí meterme en ese mundo apestoso, de olores fuertes y mareantes y de aromas delicados en el que se mueve Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista.
La versión cinematográfica es muy fiel a la literaria, quizá demasiado. Un final similar (aunque mucho mejor descrito y más gráfico en la novela, que no necesita mostrar para que veamos; la representación de la escena final de la película fue incluso descrita por algunos críticos como "al borde del ridículo"), un actor protagonista adecuado, actores de renombre para conseguir el lado comercial de esta producción europea… Pero me volvió a pasar lo mismo, no termino de conectar con ese quinto sentido, sigo oliendo mis palomitas y mi coca-cola, no los olores de los perfumes de la película.
Cuando los libros y el cine puedan reproducir olores, podremos jugar con ellos para hacer viajar al lector y al espectador a mundos pasados, lejanos y llenos de sensaciones. Hasta entonces, El perfume se me queda cojo. Una buena historia, quizá, pero no me llega a cautivar.
10 Sep 2008
El experimento
En 1971, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford llevaron a cabo un estudio psicológico de la respuesta humana a la cautividad: 24 hombres fueron divididos en prisioneros y guardianes con el fin de simular las condiciones que se dan en una cárcel y ver la respuesta de sus comportamientos. A la semana, el experimento tuvo que ser cancelado porque se había ido de las manos: sadismo, tortura, motines..., todo valía.
El conocido como "Experimento de la cárcel de Stanford" era una fuente de inspiración inevitable para el cine, y su versión cinematográfica llegó con la película alemana El experimento.

La idea es la misma: unos hombres participan en un experimento, la mayoría de ellos para conseguir algo de dinero, pero todo empieza a torcerse cuando uno de los guardias digamos que se toma demasiado en serio su papel. Y lo que tenía que ser algo voluntario, tranquilo y una forma fácil de ganar dinero se convirtió en un verdadero Guantánamo. Aunque la norma principal para los guardias era que no podían usar la violencia física, hay muchas otras formas de controlar una situación. Ellos deciden hacer uso de la humillación.
Aunque el tema daba para una gran película donde se reflejara eso de que "el hombre es un lobo para el hombre", una de las bases de este experimento, la cinta introduce temas al margen (¿qué pinta la novia del protagonista en todo esto?), recuerdos del exterior y una imagen final que sobran. El ambiente que se crea es agobiante, sí, pero a ratos, y sobre todo a base de gritos, insultos y vejaciones, con elementos que sobrarían si no fuera por su utilidad narrativa posterior (como una caja negra que el director del experimento introduce para que no se use, lo que es un sinsentido, y en la que los carceleros meten al protagonista poco después). Y todo se termina justificando mediante la locura de uno de los carcerleros. No, esa no era la idea.
En cualquier caso, aunque no sea todo lo que pudo haber sido, es una muestra de que el cine europeo tiene cosas que decir, y que lo intenta.
29 Abr 2008
La angustia del insomnio
"¿Puede alguien despertar de su peor pesadilla... cuando no está dormido?" Esa era la frase de presentación de una película agobiante, angustiosa, tétrica, que juega con los límites del terror obsesivo y psicológico: El maquinista . Un operario de máquina en una fábrica no puede dormir desde hace casi un año, lo que se refleja también en su aspecto físico. Pero lo más preocupante es cuando empieza a ver cosas que parecen no ser reales, que van y vienen, que aparecen y desaparecen. Cosas y personas. ¿Qué es real y qué no? ¿De quién te puedes fiar? ¿Se está volviendo loco? ¿Los locos son los demás?
Con una ambientación en la que todo invita a echarse a temblar, sin sustos ni escenas demasiado desagradables (salvo las lógicas excepciones que se pueden
esperar de este tipo de filmes), la cinta consigue que esa sensación de inseguridad que da lugar al miedo cale hasta los huesos del espectador, tanto como en el protagonista de la historia, Trevor Reznik, un Christian Bale totalmente irreconocible (¿cómo pueden ser la misma persona estas dos imágenes?). Ver a todo un Batman convertido en un saco de huesos no deja de impresionar a lo largo de toda la película. Sin duda, la película gira en torno a su actuación y su personaje, por eso que el esfuerzo mereciera la pena.
Lo mejor y más destacable de la película, a parte de la actuación de Bale, es esa atmósfera que se crea, con un color, un ritmo y una banda sonora totamente acordes con la historia que se narra. El insomnio no es más que una excusa para narrar el tormento de la conciencia, la sensación de ser basura y no servir para nada. Pero todo esto sólo tiene sentido al final.
Más que miedo, angustia, que es peor. Ese es el mayor logro de El maquinista.
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