20 Oct 2008
Aristoteles: filosofo y viejo verde burlado
Este fin de semana la biblioteca no funcionó debido al inventario anual. A diferencia de otros años, el director Maynard decidió no dejar participar a los pacientes de nuestro manicomio: en inventarios anteriores muchos libros desaparecieron o fueron encontrados en los diferentes retretes del instituto, especialmente los de lingüística y crítica literaria, otros de psiquiatría fueron encontrados en la cocina ¿roídos?. Y a muchos les faltaban páginas de ilustraciones, dejándolos prácticamente inutilizables. Esta vez, durante dos días tres recias matronas en uniforme blanco y guantes de papel han controlado que los catálogos y las existencias concuerden.![]()
De resultas de esta actividad, tengo varias pilas de libros sin clasificar que andaban perdidos por los anaqueles de la biblioteca pero que no están en el catalogo. La mayoría son tratados médicos de dudoso interés para un lector de nuestros días, como las “Terapias de baños de asiento para la curación de las migrañas femeninas” del Dr. Manuel Leroy, Basel, 1895. o el “Estudio Clínico y evaluación del Enema como terapia contra las bilis negras o la llamada Melancolía”, Dr. Rudolf Mueller, Berlin, 1875. Sobre la pila más alta, hay una nota del mismísimo Maynard en la que me ruega encarecidamente de aplicar mucho cuidado en esta delicada tarea de leer, indexar, catalogar todos estos libros. Así, que decido dejar tan delicada tarea para más adelante y cojo uno de los libros con menos paginas y con un título que me llama la atención: “El Lai de Aristoteles” publicado por la Socidedad Rouennaise de Bibliofilos en 1900, es una edición curada por el Profesor Antoine Heron.
El “Lai de Aristoteles” gozó de una enorme fama iconográfica durante los siglos XIV y XV y hasta casi finales del Renacimiento, y no precisamente por su calidad literaria. De hecho, no hay noticia de Henri d’Andeli, en la antología de Martin de Riquer, “La lirica de los trovadores”. Los 645 versos pareados, escritos en torno al 1250, cuentan una anécdota sobre Aristoteles, sobre su pupilo, Alejandro el Magno, y la bella y voluptuosa esposa de este último llamada Phyillis.
Alejandro, a ojos vistas descuida sus tareas de emperador y alumno, llega tarde a las reuniones de gabinete con sus generales o se retira apuradamente antes de concluirlas. Tampoco participa en las fiestas orgiásticas organizadas en honor de los Satrapas que vienen a rendirle pleitesia. Esta situación al inicio divierte e intriga, pero luego termina por preocupar, a Aristoteles, maestro y guru del histórico personaje. Al inquirir en la corte por las razones que disturban la concentración de su alumno, Aristoteles es informado que se trata de Phyllis, la esposa de Alejandro, la que lo reclama a su lado y a la que Alejandro nada sabe negar. El filosofo peripatetico decide tomar cartas en el asunto y se dirige a la casa de Alejandro y solicita ser recibido por Phyillis.
—No sabe Usted señora que los serios trabajos del Estado reclaman la mayor atención de su esposo. ¿Por qué usted le impide ocuparse de ellos? Le increpa Aristoteles.
—Mi querido Aristoteles, le responde Phyillis, sabe usted de la manera desaforada y mucha veces libidinosa en que terminan esas reuniones de estado. No me interesa que Alejandro malgaste las energias de su juventud en esos negocios.
—¿Y qué me dice, de las clases a las que Alejandro parece ya no dedicar el mismo interés que antes?
—Alejandro aprende conmigo muchas y deleitables cosas sobre la naturaleza femenina y la manera en que ésta se transforma para alcanzar el máximo placer y por ende según usted la mayor sabiduría y bondad. Respondióle Phyillis con una mirada llena de provocación, y el Estagirita no pudo evitar uos ramalazos de placer que le hicieron enrojecer.
—Y Bucefalo —el famoso caballo del emperador— he escuchado que Alejandro ya no lo cabalga y lo tiene muy abandonado.
—Oh, maestro. Suspiro la bella Phyillis. Si usted supiera lo que hace Alejandro con el caballo, me otorgaría la razón de no dejarlo acercase a ese animal.
—¿Qué es lo que hace? Por los astros, decidmelo y quizá pueda yo intervenir y hacerlo entrar en razón. Respondió el filosofo.

—No puedo decírselo, tengo que mostrárselo. Pero no aquí, en el jardín.
Aristoteles, intrigado, la siguió al jardín — Dígame, Phyillis, por favor. Maestro, me faltan las palabras, respondió ella. Si usted me ayudara a representar la acción quizá sería más fácil. Tome usted el papel de Bucefalo, lo incitó Phyillis con dulzura y voz seductora.
El gran filosofo decidió sacrificarse en aras de la verdad y el bien de su pupilo, y sin dudarlo se arrodilló y desde la posición canina le pidió a Phyillis, —Señora, se lo imploro, muéstreme ahora.
—Maestro, ¿está usted seguro que quiere que se lo demuestre?
—Señora mía, se lo imploro. Dijo el honorable filosofo. No puede ser, mi señor. Le faltan los aderezos, no puedo mostrarle.
Aristoteles convino entonces de dejarse poner unas riendas y una silla de montar, por las doncellas de Phyllis.
Luego Phyillis, con presteza, se sentó sobre los riñones del autor de la Metafísica y lo estaba realmente cabalgando. Finalmente, la dama sonriente se sentó sobre el filosofo y dijo triunfante
Así va quien amor lo guía
Maestro ocioso me sostiene
Así quien lo entretiene
Y entre los árboles sus doncellas reían tan fuerte que llamaron la atención de Alejandro que por ahí pasaba.
Aristoteles, en ese momento, se dio cuenta del ardid del que había sido objeto. Y decidió darle una lección a su pupilo.
—Querido discípulo, le dijo, cuídate de las mujeres bellas y voluptuosas, e imagina el poder de los encantos femeninos si un viejo sabio como yo puede caer en ellos.
Me pregunto si este texto es el origen de esa estirpe de personajes femeninos que hacen perder la cabeza a los hombres como Carmen, Violeta, Nana, Lolita y especialmente Lola —representada espectacularmente por la Dietrich—.
Un bibliotecario especial
La Biblioteca del Manicomio
Declarado DementePor suerte o por desgracia veo el mundo desde una atalaya algo particular, un manicomio. Que nadie troque en tragedia o queja estas notas escritas desde los bajos fondos de la vida.
Oficialmente soy un loco más de esta casa, pero al mismo tiempo soy bibliotecario de ella en mis ¿horas de cordura?; no sé por cuanto tiempo pueda serlo, pero disfruto el tiempo que me quede.
Epigrafes
Demencia (Del lat. dementĭa).
1. f. Locura, trastorno de la razón.
2. f. Med. y Psicol. Deterioro progresivo e irreversible de las facultades mentales que causa graves trastornos de conducta.
Real Academia Española ©
“En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”.
Quijote, Capitulo I
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
San Juan de la Cruz
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
isaperezdelpulgar dijo
"Las malas mujeres" que obnubilan las mentes de los cabales hombres...........y necios por muy aristotélicos que sean. Bueno , uno de los tipos de mujer del panorama masculino entre la santa madre, la víbora y la puta. Pero, querido Demente, ya sé que solo es literatura.........................me gusta su lectura y esos finos hilos de humor que deja caer entre lineas.
Un cordial saludo
PD; De entre los personajes femeninos nombrados me quedo con Lola en la imagén de la Dietrich. Por cierto tuvo un trístisimo final (la Dietrich)
glico-liKo dijo
DD, es genial, me produce la mejor de mis sonrisas.
“Aristóteles lo dijo y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas se mueve: la primera,
por el sustentamiento, y la segunda era
por conseguir unión con hembra placentera.
Si lo dijera yo, se me podría tachar,
Más lo dice un filósofo, no se me ha de culpar.
De lo que dice el sabio no debemos dudar,
Pues con hechos se prueba su sabio razonar”
Saludos.
Jesús Ortega dijo
Ja ja ja
Y Eva y Lilith y Dalila (en la Biblia)
Y Cleopatra
Y Lana Turner en la primera versión de "El cartero siempre llama dos veces"
Y Barbara Stanwick en "Perdición"
Y la Albertine de Proust
Y Silvie de Gerard de Nerval
Qué bueno, DD.
Más, queremos más.
Firmado: tus insaciables lectores
elefanteblancoster dijo
Este cuento en torno a Aristóteles, que nos narras tan espléndidamente, muestra muy bien como pensamiento y sentimiento, o razón y sensación, van siempre unidos, queramos reconocerlo o no, y por mucho que queramos separarlos.
Gracias y un abrazo.
Feliza Sex dijo
El poder femenino.... temedle!!!
erika dijo
donkijote d la mancha,lord of the ring,ect...
sediciones dijo
curiosa locura la suya... ¿acaso esta anécdota tiene que ver algo con la suya?
curiosearé algunas de las entradas antes de esperar a que me responda.
Un saludo y gracias por el relato.
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