18 Nov 2008
El misterio de la pintura vacía

Abiertas, las puertas ofician de bisagra entre la doméstica intimidad que se ofrece al ojo del espectador del cuadro y la mirada del indiscreto visitante que se apresta a ingresar en una casa respetable del Siglo XVII. La inevitable sorpresa se la lleva el espectador, pues al asomarse a la realidad del cuadro, que por artificio trompe l’oil se revela tras la representación de la puerta, descubre un recinto familiar misterioso, signado por la ausencia de sus habitantes.
Los cambiantes diseños en el embaldosado delimitan los diferentes ámbitos sociales: el público, con un recibo decoroso mas no ostentoso, un espacio intermedio que podría ser la salida a un patio interior, tenida cuenta la luz que lo distingue y el espacio privado con un embaldosado en blanco y negro, resabio de un viaje a Sevilla del dueño de la morada o del pintor. La representación de los mismos ha sido dividida en una serie de planos hábilmente separados por un juego de luz y perspectiva. Así, el ojo del espectador pasa del claroscuro del recibidor, al intenso fulgor del espacio de distribución, a una luz mitigada que ilumina la habitación que se adivina la central. En la pared del salón, cuelgan dos pinturas, pero sólo una capta la atención del espectador otorgándole profundidad a la representación y creando una perspectiva vertiginosa en el espectador, pues el cuadro visible sobre la pared a su vez representa una habitación: un aposento en el que se desarrolla una escena domestica, quizá entre una madre y un niño. Lo que deja adivinar al espectador que tras la oportuna pared o en alguna parte de este lar abierto la verdadera intimidad resta protegida.
Como ante todo ambiente que encontramos inesperadamente vacio, el espectador, el visitante —y usted también, casual o asiduo lector, si se ha interesado en desentrañar este aparente misterio— no podemos evitar poblar, completar, animar este espacio pulcro y ordenado pero que enigmática y hasta inverosímilmente se muestra abandonado.
Y esta vez el espectador, con la mirada atenta, acompaña al indiscreto visitante que se devuelve sobre sus pasos y reinicia una inspección con mirada escrutadora y se contiene para no exclamar con voz queda y en el vacío un Hola solitario.
El recibidor que invita con modestia pero muy atento a las prácticas bien burguesas de la limpieza, muestra a un lado una oronda escoba de retama casi como anfitriona del hogar. A su lado cuelga un delantal, curiosamente suspendido en lo que se podría imaginar un colgador para el capote del dueño de la casa, o la capa de la señora.
El salón o quizá comedor —aunque no es redundante informar al observador que esos habitáculos no se independizaron hasta bien entrado el siglo XVIII—, está amoblado con enseres domésticos de una cierta suntuosidad: una mesa cubierta con un mantel labrado y que termina con una ostentosa cenefa de raso. Si el indiscreto visitador se decidiera por el osado gesto; al tiento, probablemente la silla forrada en cuero revelaría una cierta temperatura, pues es licito intuir que el libro abierto que yace abandonado boca abajo —si cabe el símil— y cuya lectura ha sido interrumpida con una brusquedad voluntaria estaba siendo leído por su ahora ausente lector o lectora. La vela apagada al desgaire y a medio consumir sobre el candelero de plata da cuenta del tiempo transcurrido.
Y el observador se pregunta: Por qué el manojo de llaves ha quedado abandonado, colgando de la cerradura de la puerta. Qué urgencia tan acuciante, tan pertinaz ha hecho que el ama de llaves o el patrón de la casa (o, ambos) abandonen la seguridad del hogar y —como si dijéramos al escape y a la carrera— desaparezcan de la línea de fuga y provoquen este enigmático vacío. Y por qué esas pantuflas, —o tratándose de los países bajos, más bien, galochas— yacen ahí en medio de todo, al garete y quién es su dueño.
Ralf me cuenta que en el Siglo XIX, al cuadro se le añadieron un gato, una niña sentada, una fecha y la firma —falsa— de Pieter de Hooch, otro gran pintor del círculo de Vermeer. Pero que luego en sucesivas restauraciones han sido cuidadosamente borrados. Poco después me pregunta —con una sonrisa socarrona— ¿Qué crees que están haciendo los personajes que no se ven? Retrocedo ante la reproducción de Van Hoogstraten que Ralf ha colgado en su habitación y sonrío pensativo. ¿Y usted?
Un bibliotecario especial
La Biblioteca del Manicomio
Declarado DementePor suerte o por desgracia veo el mundo desde una atalaya algo particular, un manicomio. Que nadie troque en tragedia o queja estas notas escritas desde los bajos fondos de la vida.
Oficialmente soy un loco más de esta casa, pero al mismo tiempo soy bibliotecario de ella en mis ¿horas de cordura?; no sé por cuanto tiempo pueda serlo, pero disfruto el tiempo que me quede.
Epigrafes
Demencia (Del lat. dementĭa).
1. f. Locura, trastorno de la razón.
2. f. Med. y Psicol. Deterioro progresivo e irreversible de las facultades mentales que causa graves trastornos de conducta.
Real Academia Española ©
“En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”.
Quijote, Capitulo I
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
San Juan de la Cruz
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17 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Blas Martínez dijo
Quizá los habitantes de esta casa, como los personajes de la Casa Tomada de Julio Cortázar, han huido al oir un ruido, el que he hecho yo, visitante indiscreto, al abrir la puerta.
Me gusta mucho este análisis iconografico tan literario.
Un saludo.
NuriaNómada dijo
He entrado en esa habitación, y he mirado el titulo del libro. ¿Sabes cuál era? El "Elogio de la locura" de Erasmo de Rotterdam.
Luego he oído ruidos extraños, se me ha caido la palmatoria al suelo, y asustada porque me sorprendieran he salido en silencio respetuoso. No puedo decirte más. Me hipnotizas.
Una historia literaria para tu espléndida descripción pictórica. Felicidades, hermano demente.
isaperezdelpulgar dijo
Existen tres planos paralelos en perspectiva, uno de tras de otro. Yo estoy situada frente a la primera puerta que es la pantalla del ordenador, la cual abre a la otra puerta de entrada al espacio pictórico. Entre ambas entradas está su voz y sus ojos, los cuales se han transformado en el objetivo de una cámara y utilizando el zoom escruta cada rincón de cada habitaculo, al tiempo que su voz hipnotizadora describe con precisión cada elemento observado, haciendonos participes directos de una intromisión de la privacidad de otro tiempo.
Que brillante demencia.
Un cálido saludo.
rafaelcanaris dijo
Pues yo, apreciado Demente, sugiero que los personajes ausentes están inmersos en otros cuadros; no en vano es una instantánea seca, paralizada en el tiempo, no corre una brizna de aire, no cae una mota de polvo, todo permanece silente, afantasmado, sumergido en una belleza fría, marmórea, algo congelada. Me llama la atención el cambio de luz entre los dos espacios. La vela está efectivamente apagada, pero se ve la sombra de la silla y propone que entra luz por alguna ventana.
Asimismo me llaman la atención los diferentes estados y calidades de las telas mostradas: el onduloso y acucuruchado paño colgado a la izquierda en constraste con el paño casi misal que cubre la mesa de la vela y el libro. (Me da en la nariz que es un libro de Horas o parecido, de corte eclesiástico, las cubiertas negras, el grosor más o menos... aunque bien pudiera ser ese Elogio que citan arriba).
También yo presiento cierta sevillanía, el suelo (he pisado ajedrezados idénticos en Sevilla), esa luz octubrina, ese efluvio que emana el cuadro...
Bueno, poco más se puede decir a lo que tu ya has dicho. Excelente escritura, gran ojo observador, y un criterio único para suministrar estos posts. Felicidades.
Valdemar Canaris
Jesús Ortega dijo
Buenos días, DD.
Los excelentes comentadores (y amigos) ya han dicho muchas cosas interesantes. La elección de la obra, fina-fina. Tu descripción, como siempre, first class.
No sabía o no recordaba que los salones se independizaron como espacios propios en las casas en el siglo XVIII. Pero claro: el hogar burgués. Aunque en la pintura flamenca del siglo XV yo juraría haber visto salones (el del "Matrimonio Arnolfini" de Jan Van Eyck, ¿te acuerdas?).
Es curioso: Blas se fue a la "Casa tomada" de Cortázar, Nuria se introdujo en el cuadro y te echó un guiño con Erasmo de Rotterdam, Isabel traduce la percepción a la mirada contemporánea y Valdemar disecciona la imagen con su prosa exquisita.
A mí me intrigan las llaves. Ocupan un lugar central en el cuadro. Indican que algo se está haciendo o se ha dejado a medio hacer en el salón. Indican que algo ha sucedido o está a punto de ocurrir. Tiempo suspendido. Sí, ya sé que las llaves son el emblema de lo cotidiano. Pero unas llaves dejadas en una puerta son siempre la promesa de alguna historia. Quién se encarga de esas llaves, ¿la criada o la señora? ¿Por qué las ha olvidado ahí? Tal vez algo está sucediendo detrás de la puerta, algo que no debe verse, tal vez una cita secreta con algún amante, porque el marido estará en la lonja haciendo negocios, es media mañana, la hora de las mujeres, y los zuecos en el suelo indican tal vez que hay un invitado que no es de la casa...
elefantefor dijo
Para empezar te cuento que todo lo que escriba en este comentario se quedará corto respecto a lo que he vivido, sentido y reflexionado gracias a las obra que nos ofreces y las palabras que ha provocado en ti y que generosamente nos regalas.
El óleo abre una puerta hacia la intimidad y extrañeza de una casa de forma tal que nos incluye en él, en ella, nos invita a pasar, a recorrerla, a la par que nos veda la posibilidad de saber más, nos dice que su sugerencia es infinita a la vez que cerrada. Tus palabras, en un paralelismo con la obra que es difícilmente igualable, nos permiten penetrar en todos los ofrecimientos que la pintura nos regala, pero además no deja cerrado el campo de tal forma que no podamos sentir o vivir sus matices más allá de tus palabras, sino que ellas nos sitúan en su interior y nos dejan allí para que podamos desarrollar aún más, si cabe, nuestras propias sensaciones despertadas por tu texto.
Tu recorrido por las luces de la obra es tan intenso y esclarecedor como si pudiéramos sentir de golpe la iluminación que se produjo en la Europa del siglo XVIII con la Ilustración.
Respondo a tu pregunta aunque no vaya dirigida a mi: los personajes que no se ven sonríen escondidos y aliviados ante tu llegada y se alegran de que nos hayas permitido entrar de esta forma en su casa, asomarnos a sus secretos y mucho más.
Muchas gracias y un fuerte abrazo.
Declarado Demente dijo
Ja, Ja, ja, Bravo!!
Estimado Jesús,
Tenías que ser tu calenturienta mente de escritor de historias pecaminosas y salaces la que descubriera de primera intuición lo que a mi me tomó varías horas creerle a Ralf y a sus libros y catálogos de Historia del arte. Hay por lo menos un cuadro más de Hoogstraten que se ocupa del mismo motivo (la escoba dejada a un lado y la criada conversando en una habitación).
Lo que no queda claro y ningún crítico se atreve a adelantar son los verdaderos protagonistas: si los libertinos son el patrón y la criada, un visitante y la criada, o como tú dices quizá la esposa.
Blas, Nuria, Isa y Rafel vuestras alternativas narrativas seguramente le interesara a Tamsin Pickeral, quien es la marchanda que le ha vendido la reproducción a Ralf. El original de este cuadro se encuentra en el Louvre.
Saludos Insanos y un abrazo,
DD.
ammeg02 dijo
interesantes recorridos leo por aquí, yo para rizar el rizo, voy a aportar una hipertextualidad reciente que se me aparece así de pronto y, más descarada, entra en la alcoba y crea el vacío con un borrado torpe... saludos
Cástor Olcoz dijo
Me asombra tu prosa inestinguible, tu forma minuciosa de
descubrir y describir la realidad y la fantasía, presentes en
cualquier espacio por complejo o simple que se ofrezca a una
rápida mirada. En el texto de hoy (a mi modo de ver) fluye idéntica
riqueza y fecundidad semejante a lo que uno descubre al leer
a Prouts. Si esto se aprecia en un tema inexistente, en cierto
modo, como es "El misterio de la pìntura vacía", ¿qué no serás
capaz de intuir y ver en los diálogos de la gente, en la intención
oculta a medias en nuestros pensamientos y palabras?
Un cordial saludo.
LICO dijo
Hola admirado demente:
Quizá el misterio esté en el dueñ@ de las llaves....
Un post estupendo, como siempre.
Saludos
isaperezdelpulgar dijo
Querido Demente te paso el testigo del meme de libros.
Insanos saludos
Javier Kavowski dijo
Tanta llave me sugiere desconfianza, la escoba brujería. ¿Están reunidos detrás de la puerta ensayando para un buen auto de fe? Me encantaría. Un hermano pródigo heteronímico y cainita.
Uve dijo
Era él quien estaba leyendo ese libro... más que leyendolo, mirándolo, porque no perdía de vista el pasillo, ese pasillo que llevaba a una "ella" que se encontraba seguramente barriendo con esa escoba... ahí estaba lo importante, eso que estaba llamando la atención de él...
Y siguieron cada uno desarrollando se acción, hasta que algo les empujo a dejar todo rápido, y esconderse tras esa puerta...
lástima que la dejaron abierta... espero que la mujer que aparece en el cuadro, no les pillara xDD
Saludos!
NuriaNómada dijo
Querido demente, me interesaría mucho saber cuáles son los libros que marcaron tu exquisita sensibilidad. Yo ya lo he hecho, ya sabes del amor de esta otra demente por los libros, espero que recojas mi testigo.
Daemonicus Imprimatur dijo
Sin duda, se trata de uno de los documentadísimos casos de abducción-sin-retorno, tan abundantes y publicitados desde que Spielberg trató el fenómeno OVNI.
Cabe la posibilidad de que el hombre del saco introdujera a toda la familia en su "atillo" y se los haya comido cocinados en un exquisito potaje.
Dado el estado de la investigación, no se puede descartar ninguna posibilidad.
remedios dijo
Pues yo creo que a los personajes se les hizo tarde y salieron corriendo para llegar a su hora a posar para Veermer...
Encantada de conocerte Declarado Demente, a partir de ahora pasaré por tu biblioteca con frecuencia, que me ha parecido de lo más interesante.
Saludos
Daemonicus Imprimatur dijo
Perdón por dejar cojo el "hatillo"...
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