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    <body>No uso hacer resoluciones de a&#241;o nuevo, pero si debiera comenzar ahora, mi primera resoluci&#243;n para este a&#241;o ser&#237;a leer todos los d&#237;as una p&#225;gina de las &#8220;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Meditaciones&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&#8221; de Marco Aurelio.
Muchos estudiosos consideran que en su esp&#237;ritu e ideas, las Meditaciones no son originales, pues derivan de la escuela filos&#243;fica denominada &lt;em&gt;Estoicismo&lt;/em&gt;, sin embargo, son el testimonio lucido de las metas y resoluciones que un estadista, &#8212;nada menos que el Emperador de Roma&#8212;, un ciudadano y un hombre profundamente consciente de sus limitaciones y de las de sus cong&#233;neres se fij&#243; como rumbo para su vida. Los escribi&#243; en griego, &#8212;como &#8220;Notas para mi mismo&#8221;&#8212; en su tienda de campa&#241;a, mientras viajaba y guerreaba tratando de reparar un imperio que hab&#237;a comenzado a desmoronarse. Consciente de la vanidad y futilidad del poder, sabedor que no era degollando a los b&#225;rbaros germanos que se deber&#237;a conseguir el honor y la posteridad, escribe &#8220;Alejandro de Macedonia y su mulero, una vez muertos, se convirtieron en lo mismo. O bien regresaron a las mismas razones del Universo, o se dispersaron de igual manera en los &#225;tomos&#8221;

He copiado, impreso con letras muy grandes y colgado sobre mi mesa la primera nota del Libro II: 

&lt;blockquote&gt;&#8220;Al amanecer, dite a ti mismo: me voy a tropezar con un indiscreto, un desagradecido, un insolente, un envidioso, un insociable. Todo esto les sucede por su ignorancia del bien y del mal. [&#8230;] no puedo sufrir da&#241;o por obra de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrir&#225; de verg&#252;enza; y no puedo enfadarme con un pariente ni odiarlo, porque hemos nacido para una tarea com&#250;n, como los pies, como las manos, como los parpados, como las hileras de dientes superiores e inferiores. De modo que obrar unos contra los otros va contra la naturaleza y es obrar negativamente enojarse y volverse de espaldas&#8221;&lt;/blockquote&gt;

Otro pensamiento muy apropiado par mi incapacidad de concentrarme: &#8220;&#191;Te descentran los accidentes exteriores? Proporcionate tiempo libre para aprender algo bueno y cesar de andar de la ceca a la meca. Todav&#237;a tienes que guardarte tambi&#233;n de otra distracci&#243;n, pues deliran tambi&#233;n los que se cansan de la vida a fuerza de actividad, sin tener una meta adonde dirigir todo su impulso y, en una palabra, su imaginaci&#243;n.&#8221;

&#191;Tiene alguien resoluciones que va dejando para ma&#241;ana y el tiempo pasa y no sabe como comenzarlas? Marco Aurelio nos dice claramente que debemos vivir &#8220;como si ya te fuese posible marcharte de la vida, as&#237; es preciso que hagas, digas y pienses cada cosa&#8221; despu&#233;s de todo como dec&#237;a su maestro Epicteto &#8220;somos un alma que sostiene un cad&#225;ver&#8221;

Me he preguntado si las Meditaciones son el producto de la resignaci&#243;n o la desesperaci&#243;n de quien sab&#237;a que su mujer lo enga&#241;aba abiertamente y que ten&#237;a preferencias abyectas para escoger sus amantes entre esclavos y gladiadores, y que Comodus, su supuesto hijo y heredero, no era m&#225;s que un pusil&#225;nime y bueno para nada salvo para las org&#237;as y los vicios s&#225;dicos y rijosos &#8212;en realidad no era hijo de Marco Aurelio, sino como toda Roma lo murmuraba era el producto de una noche de org&#237;as, de su abyecta esposa con unos gladiadores cubiertos de sangre despu&#233;s de las luchas&#8212;. Pero el &lt;em&gt;Verisimus&lt;/em&gt;, como Adriano lo llamaba por su legendaria honestidad, que hubiera podido con una simple orden eliminar a su infiel esposa y al hijo bastardo, decidi&#243; perdonar las afrentas y no dejarse manchar por la ignominia de la propia venganza. 

Rufus Fears, amigo de Mart&#237;n Bleuler, y gran clasicista y profesor en varias universidades en Estados Unidos, comentaba en la cena de fin de a&#241;o que, precisamente entre el pensar y actuar est&#225; la diferencia entre un pol&#237;tico y un intelectual, y que Julio Cesar o Trajano nunca hubieran escrito las Meditaciones, porque ellos estaban ocupados realmente en manejar el imperio y no en discernir si dar la orden de eliminar a alg&#250;n enemigo del imperio era moral o inmoral. 

Su comentario me apen&#243; mucho, pero no quise contradecirlo, especialmente porque me hab&#237;an invitado tan s&#243;lo por llenar un espacio en la mesa, y para mi entre todos los h&#233;roes romanos de los que se habl&#243; esa noche quedar&#225; Marco Aurelio como mi favorito, precisamente por su temple moral, por su obsesi&#243;n por la verdad, la honradez y la rectitud de esp&#237;ritu. Lo que est&#225; sucediendo ahora en el mundo es la obra de los &lt;em&gt;condottieri&lt;/em&gt;: de aquellos que creen que la &#8220;acci&#243;n&#8221; es lo &#250;nico que cuenta, especialmente cuando est&#225; asociada al enriquecimiento f&#225;cil y de procedencia dudosa.

Les deseo un feliz comienzo de a&#241;o.

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    <title>Mi resoluci&#243;n de comienzo de a&#241;o</title>
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    <body>Estimado &lt;del&gt;XXXXX XXXXX&lt;/del&gt;,

En esta &#233;poca de Navidad he querido hacer de nuestra sesi&#243;n semanal de an&#225;lisis algo especial, por ello le env&#237;o este peque&#241;o extracto de una de mis operas favoritas, y le cuento en pobres palabras las ideas y asociaciones que me provoca. Espero que estas l&#237;neas lo muevan a reflexionar y a compartir conmigo y, especialmente, con usted mismo sus experiencias sobre el amor.

Fogoso aprendiz de poeta, Alfredo Germont es joven e ingenuo. Desde hace un tiempo frecuenta la sociedad parisina, c&#237;nica, salaz e hip&#243;crita. En este mundo de satines y oropeles encuentra a Violeta Valery, bella de la noche y efimera reina de este mundo nocturno, Magdalena decimononica sin esperanza de encontrar a su redentor. Y sin embargo, como un milagro de Navidad, lo imposible sucede.

Sucede de manera s&#250;bita y violenta, como a Alfredo en La Traviata &#8220;un d&#237;a feliz me apareciste&#8221;. El amor: un esplendor, un fulgor enceguecedor. Milagro, don del cielo, encantamiento, obsequio suntuoso e inesperado, encandilamiento. S&#243;lo los artistas y quiz&#225; los amantes, presas del divino furor, logran decir de &#233;l algo que valga la pena. Porque es una gloria tan exaltante como un encuentro inesperado, como un azar favorable, como la inmensa felicidad de recobrar algo que se ha perdido: un dracma, un ni&#241;o (Evangelio de San Lucas, 15: 3-32), la salud, el &#8220;tiempo perdido&#8221; de Proust, y al mismo tiempo se es consciente que es un hecho nimio e insignificante: &#8220;La mayor felicidad que pueda dar el amor, es estrechar la mano por primera vez a la mujer que se ama&#8221; (Stendhal, &#8220;Del amor&#8221;). Es tan subitaneo el placer y la iluminaci&#243;n que quedamos sin aliento, agotados, radiantes. &#8220;Todos los d&#237;as se elevan claros y serenos para ellos&#8221; dice Racine, en su Fedra.

En franc&#233;s, se suele hablar de &#8220;&lt;em&gt;coup de foudre&lt;/em&gt;&#8221;: resplandor viv&#237;simo e instant&#225;neo producido en las nubes por una descarga el&#233;ctrica, pero tambi&#233;n repentino fuego o resplandor. Se alude aqu&#237; a su cualidad subitanea. En efecto, ocurre de manera imprevista, como cuando dicen las abuelas y las t&#237;as solteronas de modo figurado &#8220;matrimonio y mortaja del cielo baja&#8221;; est&#225; ah&#237;, acechando, silencioso, y de repente, el golpe que congela, que quita el aliento. Choque electrizante, violento pasmoso, y luego antes que la feliz v&#237;ctima se pueda recuperar, el fulgor, encanto, y despu&#233;s por un tiempo m&#225;s o menos largo, la ceguera. Irrupci&#243;n, conmoci&#243;n: el enamorado est&#225; perdido, no sabe lo qu&#233; le sucede, finalmente, penosamente, se da cuenta que est&#225; herido. Demasiado tarde: la sensaci&#243;n &#8212;el dolor de la llaga o felicidad del subitaneo extasis&#8212; se asemeja a la herida producida por una afilada hoja que s&#243;lo se nota por la sangre que de ella mana y que, m&#225;s tarde duele, se inflama, se infecta y muchas veces &#8220;jam&#225;s cicatriza&#8221;, como lo proclama el Parsifal de Wagner.

El golpe, la llaga, la desaz&#243;n, la iluminaci&#243;n, el fuego: im&#225;genes inmemoriales y siempre recurrentes, eternamente nuevas como el mar. El choque provoca reacciones en cascada, llamados sentimientos, deseo, pasi&#243;n; es el impulso y la tensi&#243;n del amor y el deseo, ese esfuerzo (conato) que se transparenta por la impaciencia de los ojos, del coraz&#243;n, del oido, de todo el cuerpo, ese transporte por encima del espacio y el tiempo (ansiosos de apariciones, de cartas, atento al sonido del tel&#233;fono, la llegada de un mail, al sonido del SMS entrante en el mobil), esta concentraci&#243;n sobre un solo objeto, esta nostalgia de una Itaca de repente (o, finalmente) descubierta. 

Pero &#191;de d&#243;nde proviene esta atracci&#243;n hacia un ser que s&#243;lo un choque imprevisto hace descubrir como el bien, la patria, el centro de todo? Tocado, equivalente actual de &#8220;loco&#8221;. El impacto amoroso vuelve a alguien &#8220;loco&#8221; por alguien. El enamorado, como un loco, est&#225; tocado, manifiesta sentimientos inexplicables, de orden irracional o inconsciente, sufre sus emociones como si fueran corporales, y resiste mil martirios (a menudo injustificados), y se descubre victima de un choque, de una herida, recibida no se sabe de d&#243;nde o en qu&#233; momento, ni por qui&#233;n ni por qu&#233;, y que sin con raz&#243;n o no, pasa por su origen.

Inexplicable y por ende inefable, sino por los recursos l&#237;ricos de la poes&#237;a: im&#225;genes, figuras de estilo, met&#225;foras, juegos ret&#243;ricos y asociaciones de la imaginaci&#243;n, para los cuales todo amor que se quiere singular, excepcional, reconocible entre miles como un bella melod&#237;a, trata de salir de los lugares comunes, de las formulas buenas para todo y de los clich&#233;s que le imponen las costumbres, las leyes y las rutinas sociales. Un amor es absolutamente especial, idiom&#225;tico como un lenguaje. Nada menos exultante que un &lt;em&gt;&#8220;te amo&#8221;&lt;/em&gt; dulz&#243;n o un &#8220;te quiero&#8221; de tarjeta electr&#243;nica, encarnaci&#243;n inconsciente de un modelo convenido. Si es profundo, fuerte y verdadero, el amor inventa su lenguaje, a medida de su singularidad creadora, se hace artista, explora las seducciones infinitas del lenguaje y de sus formas, de los analisis literarios (cartas amorosas, cuentos, novelas, teatro, cine, representaciones en pintura, escultura: &#191;qu&#233; enamorado no tiene su obra fetiche?, sin olvidar, Becquer, Rousseau, Stendhal, Nietzche, Proust. 

Afecto, el amor es un problema vital, de orden sensible, est&#233;tico y po&#233;tico, no de conceptos. &#191;Por qu&#233; los filosofos se meten con &#233;l? &#191;No es el amor, por esencia, inefable y refractario a la conceptualizaci&#243;n?  Paradoja: en vez que la filosof&#237;a pueda explicar el amor, es &#233;l quien la fundamenta. Seg&#250;n Plat&#243;n, Spinoza, Schopenhauer, Nietzche y Freud, la filosof&#237;a no consiste solamente en el ejercicio de la raz&#243;n teorica procediendo por conceptos, sino que constituye tambi&#233;n una cierta forma de expresi&#243;n del deseo, es decir una cierta manera (perversa o rara) de amar, de &#8220;hacer el amor&#8221;, a&#250;n si habla de &#233;l por acercamientos, por negaciones, o trata de ir m&#225;s all&#225; para llegar a su verdad, a su sentido humano singular o absoluto trascendente &#8212;m&#225;s all&#225; de las ilusiones de las cuales se alimenta.

Proteico, sus formas y variaciones son infinitas: amor-pasi&#243;n de los amantes (el amor por excelencia), amor filial o parental, amor al arte, el amor por las cosas bellas, amor amistoso o &#8220;platonico&#8221;, amor hetero o homosexual, amor a Dios, de las mujeres, de los hombres o el amor de Dios, de los ni&#241;os o animales, el amor de &#8220;Saint-Simon por las espinacas&#8221; del cual nos cuenta Stendhal. &#191;D&#243;nde est&#225; la unidad conceptual del amor?

La declaraci&#243;n de amor que Alfredo le hace a Violeta ha terminado, pero nuestra discusi&#243;n sobre el amor queda abierta. &#191;Y usted, querido amigo y paciente, no teme enamorarse, una vez m&#225;s?

Cordiales Saludos,

Monteserrat Pi.

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    <title>Carta de Montserrat Pi: &#191;qu&#233; significa enamorarse?</title>
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Un personaje misterioso sentado en un pupitre escolar dibuja aves, con divertida expresi&#243;n. Divertida, pues esa sonrisa apenas esbozada en la comisura de los labios la asemeja a una emplumada Mona Lisa. El instrumento de cuerda que lleva colgado del cuello &#8212;como anta&#241;o las monjas portaban las llaves del convento&#8212;, acaso recuerda el arpa becqueriana:

&lt;blockquote&gt; &#161;Cu&#225;nta nota dorm&#237;a en sus cuerdas
como el p&#225;jaro duerme en la rama
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!&lt;/blockquote&gt;

Polydactila, ella misma es un ave, una lechuza, s&#237;mbolo de sabidur&#237;a, ambivalente personaje Ovidiano de las Metamorfosis, se llamaba Nyctimene y huye de la luz del d&#237;a y de los hombres por profunda verg&#252;enza de un crimen incestuoso. Parece decirnos este cuadro los ingredientes mismos de la creaci&#243;n: colores, m&#250;sica y conocimiento.

Lo he recibido esta ma&#241;ana. El mensajero de DHL, impulsado tal vez por morbosa curiosidad, insisti&#243; en que se trataba de una entrega personal y que deb&#237;a recabar la firma del receptor del env&#237;o personalmente. Lleg&#243; hasta la biblioteca acompa&#241;ado por Fritz y al verme sin la esperada camisa de fuerza o babeando como un energ&#250;meno, casi no pod&#237;a ocultar su decepci&#243;n. A trav&#233;s del pl&#225;stico con burbujas de aire que lo proteg&#237;a, lo he reconocido en seguida, y mi emoci&#243;n ha sido la misma de aquella ma&#241;ana luminosa en que lo contempl&#233; por primera vez en la Sala Carlos Pellicer, del Museo de Arte Moderno del D.F.

Podr&#237;a ser la celda de una cartuja &#8212;o, tal vez, ir&#243;nicamente&#8212; la eburnea torre en la que los artistas se encierran o &#8212;ay, a veces&#8212;, son encerrados. Pero la misteriosa artista, en pacifica concentraci&#243;n, entregada a su taumaturgico disfrute, dibuja aves, que cobran vida, merced la estelar luz que entra por una de las ventana y que m&#225;gicamente parece ser convocada por el triangulo de cristal que ella sostiene en la mano izquierda. El espectador o testigo de este pasmoso espect&#225;culo percibe la destreza y agilidad de la mano creadora, porque apenas si remonta el vuelo uno de ellos, otro est&#225; ya cobrando vida a&#250;n cuando no se le haya terminado de colorear la cola. Un tercero no ha tenido tiempo a&#250;n de abandonar su nido de creaci&#243;n y otro m&#225;s no se decide a marchar y picotea alg&#250;n mendrugo en el suelo del taller.

Sin refrenar su admirada curiosidad, y quiz&#225;s envalentonado por la concentraci&#243;n de la artista en su propio arrebato creativo, el espectador se invita al singular taller y constata las especiales maquinas y atrezos de esta nocturna operaria: a su diestra una suerte de retorta, conformada por dos ovos &#8212;aunque visto y considerado el resultado final de la artistica producci&#243;n podr&#237;an tambi&#233;n ser dos m&#225;gicos huevos&#8212; unidos por una valvula y sostenida en gracioso equilibrio por un tr&#237;pode.

La retorta es alimentada por una larga y sinuosa pipeta que se conecta con el exterior y que aporta maravillosa materia primera, ya que por prodigiosa alquimia vemos que de ella se destilan los colores b&#225;sicos y primigenios de la pintura: rojo, azul y amarillo, los cuales seg&#250;n los te&#243;ricos crom&#225;ticos del siglo XVIII &#8212;entre ellos Goethe&#8212;, pod&#237;an por sustracci&#243;n engendrar todos los colores del arco iris. Aunque una mirada m&#225;s lega y menos jactanciosa nos incline a pensar en la sangre, el agua y el oro, como los elementos b&#225;sicos que los alquimistas medievales utilizaban en su b&#250;squeda por la piedra filosofal. Una mezcladora a manivela permanece abandonada al fondo de la habitaci&#243;n, quiz&#225; mostrando una fase superada del proceso creativo. En el angulo dos prodigiosas botijas intercambian liquidos de manera aut&#243;noma.

Llevados por un ingenuo optimismo, hab&#237;amos pretendido caminar por la avenida m&#225;s larga del mundo, desde Coyoacan hasta el casco antiguo y despu&#233;s de apenas un par de horas debimos abandonar ahogados por la altura y el tufo inclemente de los coches. Y sin embargo, nuestro agotamiento se disip&#243; por encanto al ingresar al museo, y contemplar sus cuadros.

Conversando sobre las pinturas de Hieronimus Bosch le habl&#233; de ella a la doctora Montserrat P&#237;, mi psicoanalista. Ella s&#243;lo la conoc&#237;a de oidas y se emocion&#243; mucho cuando en una de nuestras sesiones le dije que Remedios Varo era casi su paisana, pues hab&#237;a nacido en Angl&#232;s, cerca de Gerona, y qued&#243; encantada con la an&#233;cdota seg&#250;n la cual, Garc&#237;a M&#225;rquez le puso su nombre al personaje m&#225;s misterioso de &lt;strong&gt;Cien a&#241;os de soledad&lt;/strong&gt;, despu&#233;s de conocer sus pinturas, all&#225; en M&#233;xico, ciudad donde ambos hab&#237;an coincidido sin saberlo y donde Remedios hab&#237;a muerto cinco a&#241;os antes de que Garc&#237;a Marquez terminara su novela.

Ahora recibo una de esas maravillosas y car&#237;simas reproducciones que el Museo de Arte Moderno de M&#233;xico vende con certificado de copia art&#237;stica. Reconozco la fina caligraf&#237;a de la Montserrat, de trazos inseguros debido a la ceguera: &lt;em&gt;&#8220;La creaci&#243;n es una manera de sacarse los p&#225;jaros de la cabeza&#8221;&lt;/em&gt;, me escribe con una cierta iron&#237;a y al final me pone un emotic&#243;n de &#8220;gui&#241;ar el ojo&#8221;. Me gusta tocar la madera &#8212;&lt;em&gt;masonita&lt;/em&gt;, se llama seg&#250;n la breve descripci&#243;n que acompa&#241;a la reproducci&#243;n&#8212; sobre la que est&#225; pintada &#8220;&lt;em&gt;Creaci&#243;n de las aves&lt;/em&gt;&#8221;. No es muy grande, s&#243;lo 56x62 cm. Es tiempo de remover el cartel que hace publicidad al museo de arte de Basilea, &#8212;Pienso, mientras mentalmente calculo el espacio disponible en la &#250;nica pared libre de la biblioteca. 

No tengo a mano ning&#250;n libro sobre Remedios Varo o Leonora Carrington &#8212;amigas intimas y nombres que se pronuncian inseparables como Picasso y Bracque, como Verlaine y Rimbaud&#8212;, pero me prometo leer sobre ella, sobre ese furor atemporal de crear un mundo similar al del Bosco m&#225;s de mil a&#241;os despu&#233;s. Entender las palabras de Octavio Paz, sobre ella: &lt;strong&gt;Un verdadero artista no es un ser ejemplar: es un ser fiel a sus visiones.&lt;/strong&gt;.

&lt;div style="text-align: right;"&gt;Continuar&#225;&lt;/div&gt;

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    <body>Fue un d&#237;a de San Nicol&#225;s lluvioso y fr&#237;o. Varios pacientes recibieron consolas de v&#237;deo juegos y &lt;em&gt;sudokus &lt;/em&gt;electr&#243;nicos por parte de familiares y amigos, otros recibieron suntuosos paquetes de chocolates trufados. En general, hab&#237;a un ambiente festivo en el manicomio, y el Director Maynard permiti&#243; que se apagaran las luces una hora m&#225;s tarde.

Yo tambi&#233;n recib&#237; un regalo: me lleg&#243; por correo. Y aunque no me fue enviado por el anciano calvo de Patara, igualmente me ha dado mucho placer: se trata de un ejemplar del &lt;em&gt;&lt;strong&gt;El clavo en la pared&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; de nuestro conocido amigo &lt;a href="../jesusortega/posts" title="http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/posts" id="link_0"&gt;Jes&#250;s Ortega&lt;/a&gt;.

Y como se suele hacer con los juguetes que recibimos por reyes o navidad, yo gustosamente quiero compartir mi regalo con vosotros, a trav&#233;s de las notas que fui haciendo al hilo de la lectura.

&lt;h3&gt;La vida colgada de un clavo&lt;/h3&gt;
 &lt;img class="imgdcha" src="http://www.labibliotecaimaginaria.es/data/storage/attachments/5eb4532d2d8d7d6ae16f472547f4a038.jpg" id="img_3"&gt;&lt;img src="http://bp1.blogger.com/_IIKkWB93KIo/R9GQOzy30pI/AAAAAAAABFU/Pl-8vzrnlwM/s1600-h/El+clavo+en+la+pared.jpg" id="img_2"&gt;
Tiene algo menos que cien p&#225;ginas, y se lee como se ve una buena pel&#237;cula, sin sentirlo. Quiz&#225; una de Robert Altmann, para completar la comparaci&#243;n. Y quiz&#225; &#8212;para m&#225;s pelos y se&#241;ales&#8212; una de sus mejores producciones: &#8220;Short Cuts&#8221;, basada en el hom&#243;nimo libro de Raymond Carver.

Y es que &lt;strong&gt;El clavo en la pared&lt;/strong&gt; tambi&#233;n est&#225; compuesto de diez historias, no como en la pel&#237;cula, que no llegan a siete, sino como en el famoso libro de cuentos de Carver. Empero las historias del &#8220;Clavo en la pared&#8221; no est&#225;n entrelazadas y los personajes no se saltan de una historia a otra: aunque bien podr&#237;an hacerlo. Los diez cuentos de &#8220;El clavo en la pared&#8221; son historias soberanas y aut&#243;nomas, y cada uno de ellos deja al lector un rescoldo de sentimientos inolvidables respecto a lo que es la vida, el amor y el fracaso en ciertos momentos claves de nuestra existencia. 

En la narraci&#243;n que abre el libro, &lt;em&gt;El Zurdo&lt;/em&gt;, nos encontramos en el mundo de la infancia escolar: brutal y despiadada. La vida domestica tampoco es ideal: algo mejor que animales dom&#233;sticos, los ni&#241;os son tratados con cuidado, pero sin amor. Como era de uso en las escuelas de muchos paises civilizados hasta mediados de los cincuenta, ser un ni&#241;o zurdo es considerado un defecto y debe ser corregido, &#8220;atandole la mano izquierda, &#8212;Por tu propio bien&#8221;. Y sin embargo ese &#8220;defecto&#8221; se convierte en el punto de contacto e identidad entre dos hermanos, y que posibilitar&#225; ser solidarios.

&lt;em&gt;B&#233;same&lt;/em&gt; &#8212;de lejos mi favorito&#8212; es una bella y tr&#225;gica historia de amor. El lector asiste a ese momento de la vida de todo hombre, en que debe aceptar que ya no es un adolescente. De hecho, la historia es narrada por &#233;l: ese personaje an&#243;nimo con el que cualquier aprendiz a adulto sabr&#225; identificarse. Y es que ese filisteo, algo gordo y calvo, podr&#237;a ser cualquiera de los compa&#241;eritos de la escuela del barrio de la primera historia, veinte, treinta a&#241;os despu&#233;s. Su incapacidad de amar se focaliza en un gato sobre el cual va a desencadenar todas sus frustraciones y que lo arrastrar&#225; a rencontrar una soledad que nunca hab&#237;a abandonado. La hero&#237;na de esta historia es Razia, un personaje con reminiscencias de las &lt;em&gt;Mil y una noches&lt;/em&gt;, misteriosa como las arenas rojizas del Eufrates y que in&#250;tilmente trata de mostrar lo que es el amor a un ni&#241;o &#8212;encerrado en el cuerpo de un hombre&#8212; incapaz de reconocerlo. 

El cuento que da t&#237;tulo al libro y que es el central, es la historia de un hombre adulto, afincado en una vida gris, sin aristas. Bernardo es vendedor y uno de los mayores logros de su vida es haber vendido un coche diario durante un mes. Es un ente taimado y rencoroso, incapaz de devolver los gestos de afecto que Nieves, su compa&#241;era de viaje, le ofrece. En un d&#237;a de cielo azul ceruleo parte al encuentro de su madre, de su pasado. Y aunque el lector intuye el triste desenlace de la historia, no puede evitar seguir la debacle emocional de Bernardo, quien detr&#225;s de esa fachada de triunfador de medio pelo, es un vulgar yonki. Es en este cuento que aparece el clavo en la pared, que delata un cuadro o fotograf&#237;a ausente, pero que tambi&#233;n simboliza esa incapacidad de mostrar sus sentimientos, de abrirse a las relaciones humanas que los personajes de esta historia manifiestan y que son como el hilo rojo que sutilmente recorre las historias de este libro de cuentos.

Si volvi&#233;ramos al s&#237;mil con las pel&#237;culas de Altmann, &lt;em&gt;El perd&#243;n&lt;/em&gt; no es un cuento, es un flashback &#8212;una imagen de la vida en el pasado o futuro&#8212; de un exiliado que ha fracasado y que ronda bares de mala muerte en Bangkok pidiendo dinero a los turistas. All&#237;, en ese reino nocturno de crapula y mendicidad bufonesca se cruzar&#225; con su padre. Es un choque de miradas y sentimientos culpables que no comunican y que al explotar delante del lector dejan un extra&#241;o sentimiento de conmiseraci&#243;n. El t&#237;tulo y las palabras finales no develan tanto lo que sucede como lo que pudo haber sido entre esas dos l&#237;neas paralelas que desaparecen en la noche.

Incluso, los cuentos fant&#225;sticos o menos realistas como son &lt;em&gt;La manzana de Neuman&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Gonadotropina&lt;/em&gt; revelan de pronto, el primero, un personaje obsesionado, sin sentimientos que tan s&#243;lo una fama dudosa recuperar&#225; para la historia. Y el segundo, un hombre desamorado, que teme afrontar, no su posible responsabilidad paterna, sino su capacidad de mostrarse solidario con su pareja. Son los cuentos m&#225;s breves de la serie, una o dos escenas transportados por las pinceladas certeras del narrador, en las cuales sus personajes se revelan de cuerpo entero para el lector.

&lt;em&gt;Los dedos del tiempo&lt;/em&gt; es una fascinante historia de amor que deja al lector con la nostalgia y el deseo de verla transformada en el cap&#237;tulo inicial de una larga novela. Braulio comete delitos de caballero: roba libros y durante una de sus andanzas encuentra una bella ladrona de libros. No hay comunicaci&#243;n humana entre ellos, una c&#225;mara silenciosa equidistante los sigue, mientras ellos perpetran sus eruditas fechor&#237;as. En ese silencio, sostenido por las miradas y el roce de los dedos h&#225;biles de los ladrones y del juego de los t&#237;tulos y autores podr&#237;a surgir la comunicaci&#243;n, una relaci&#243;n humana. Pero &#233;sta se frustra cuando la ladrona de libros es capturada y Braulio, no s&#243;lo no hace nada para socorrerla, pero inseguro de su propia capacidad se ensa&#241;a en su complice para salir indemne de la situaci&#243;n. El pasado remoto en el que se sit&#250;a el relato acrecienta ese sentimiento de soledad irreparable y arrepentimiento emocional que le queda al personaje.

&lt;em&gt;Sin querer&lt;/em&gt; es un t&#237;tulo con sibilina ambig&#252;edad, pues el lector queda con la duda de si lo narrado desde la voz del protagonista est&#225; sucediendo &#8212;o, quiz&#225;, ha realmente sucedido&#8212; o si se trata de la elucubraci&#243;n de una perversa fantasia. Pero no importa, pues lo que el cuento propone es la posibilidad de adentrarse en la interioridad m&#225;s profunda de un individuo refractario a la vida social o amorosa.

El t&#237;tulo del noveno cuento, &lt;em&gt;La segunda vez&lt;/em&gt;, &#8212;quiz&#225;s de manera velada&#8212; advierte al lector que visitar&#225; nuevamente el mundo infantil del narrador. De manera similar que en &#8220;Los dedos del tiempo&#8221;, en que los libros son una posibilidad de tender un puente fugaz entre dos seres humanos, ac&#225; la escritura de un texto escolar abre las posibilidades de reconocimiento social y comunicaci&#243;n para un ni&#241;o t&#237;mido y apocado, pero esa oportunidad no ser&#225; aferrada y un desconocido y terrible castigo se cierne sobre &#233;l.

&lt;em&gt;La lectora&lt;/em&gt; nos transporta al tiempo narrado de &#8220;Novecientos&#8221; de Bertolucci. Don Victor es una suerte de Quijote decimon&#243;nico, que vende tierras y ganado, y se encierra a cal y canto a escribir, como respuesta a una tragedia que el lector s&#243;lo intuye de lejos. La hija de la Ermita&#241;a, es la narradora de la historia y a trav&#233;s de sus ojos y de su discurso desordenado el lector es testigo de la debacle de un mundo de excesos aparentemente art&#237;sticos pero f&#250;tiles e improductivos. All&#237; tambi&#233;n el conocimiento y reconocimiento del amor llega demasiado tarde. 

Pero no debe pensar el lector de esta nota que ahora sabe de qu&#233; trata &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El clavo en la pared&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, pues los diez cuentos escritos por Jes&#250;s Ortega son mucho m&#225;s que las historias que relata. Hay en este pu&#241;ado de relatos una visi&#243;n del mundo que existe y se transmite a sus lectores gracias a la artesan&#237;a y &lt;em&gt;savoir faire&lt;/em&gt; de un narrador que conoce la profesi&#243;n milenaria de armar y contar historias. Nada menos.

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    <title>Mi regalo de San Nicol&#225;s</title>
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    <body>Son apenas veinte segundos, y sin embargo la impresi&#243;n en el oyente es de una duraci&#243;n casi insoportable. Es el sonido de un piano: afiebrado, obsesivo, casi infernal. Sin ser ruido, a&#250;n no es m&#250;sica &#8212;o, la es pero de una naturaleza primitiva&#8212;.  Tocado en octava, otorga un ambiente ominoso al ataque de la composici&#243;n: tresillos incesantes y urgentes que imitan un caballo lanzado al galope.

La voz del tenor irrumpe como una liberaci&#243;n, aunque el motivo del caballo a rienda suelta acompa&#241;ar&#225; de manera acuciante toda la canci&#243;n. Es una balada, sus personajes aparecen lejanos en el tiempo y en el espacio, y sin embargo &#233;l nos habla de ellos como si los tuviera delante.

Cuando su analista, el Dr. Gustav Maurer, lo presenta, miro a mi psiquiatra con descreimiento y luego con asombro. Pens&#233; que estaba en la c&#225;rcel, que hab&#237;a sido sentenciado a muchos a&#241;os de prisi&#243;n. 

La balada continua: azotado por el viento, un padre atraviesa la noche a caballo. Lleva un ni&#241;o, cuya voz angustiada y temerosa nos har&#225; saber que es el hijo de ese hombre que con contenido terror intenta tranquilizarlo y mantenerlo abrigado contra s&#237;. El ni&#241;o est&#225; asustado y esconde su rostro contra el pecho del jinete, &#8222;&lt;em&gt;&#191;Padre, no lo ves?, Es el rey de los Elfos&#8220; le dice. Es el rastro de la niebla, hijo mio.&lt;/em&gt;

Una voz impregnada de sospechosa dulzura, le habla al ni&#241;o: 
&lt;blockquote&gt;"&#161;Dulce ni&#241;o ven conmigo!
Jugar&#233; maravillosos juegos contigo;
Muchas coloridas flores est&#225;n en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas."&lt;/blockquote&gt;

&#201;l narra su versi&#243;n de los hechos, ampliamente difundidos por la prensa de la &#233;poca. El dolor que sinti&#243;, la frustraci&#243;n, la rabia que lo llev&#243; a lacerarse los brazos con un trozo de vidrio de botella. Le brillan los ojos, cuando nos cuenta de la decisi&#243;n que tom&#243;, de como la realidad se ensordeci&#243; como las noches en Georgia cuando cae la nieve y el mundo se vuelve silencioso. Del viaje de cuarenta y cinco horas en un cami&#243;n desde Ossetia hasta Zurich, sin dormir, sin comer, con una sola pregunta en la cabeza: &#191;Por qu&#233;?

Una y otra vez el padre trata de encontrar una explicaci&#243;n para las aprehensiones de su hijo: es el viento que entre las hojas mustias murmura:
&lt;blockquote&gt;"&#191;No vienes conmigo buen ni&#241;o?
Mis hijas te atender&#225;n bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullaran y bailaran para que duermas."&lt;/blockquote&gt;

El miedo del ni&#241;o crece hasta transformarse en verdadera angustia. Y el padre, tratando de encontrar una explicaci&#243;n "Hijo m&#237;o, hijo m&#237;o, claro que lo veo: brillan los sauces grises."

La balada ha terminado. Vitali termina de contar su historia, ha aprendido alem&#225;n perfectamente en estos a&#241;os. Konstantin de diez a&#241;os y Diana, su hermana, fueron seleccionados por sorteo. Uno de los padres pod&#237;a acompa&#241;arlos, claro, prefer&#237;an a la madre porque as&#237; ellas pod&#237;an ayudar a atender a los ni&#241;os. De todas maneras, yo no pod&#237;a, estaba trabajando en la nueva autopista. &#8212;Soy ingeniero. 

&lt;blockquote&gt;"Te amo; me encanta tu hermosa figura;
Y si no haces caso usare la fuerza."
"&#161;Padre m&#237;o, padre m&#237;o, ahora me toca!
&#161;El Rey de los Elfos me ha herido!"

El padre tiembla y cabalga mas aprisa,
Lleva al ni&#241;o que gime en sus brazos,
Llega a la alquer&#237;a con dificultad y urgencia;
En sus brazos el ni&#241;o estaba muerto.&lt;/blockquote&gt;

El accidente fue terrible, el Tupolev 154 de Bashkirian Airlines proven&#237;a de Espa&#241;a; de un campamento de verano. Entre la frontera Suiza y Alemana el avi&#243;n se encontr&#243; de pronto en la misma ruta que un avi&#243;n cargo de DHL. El controlador de tr&#225;fico estaba solo en la torre de control, parece que se hab&#237;a adormentado, le dio la orden de descender, &#8212;el sistema anticolisi&#243;n del avi&#243;n se&#241;alaba que deb&#237;a ascender&#8212;. El piloto ignor&#243; el mensaje de la maquina, sigui&#243; la voz de la radio, y setenta personas, sobre todo ni&#241;os, murieron. Kaloyeb fue el primer familiar en llegar al lugar del accidente en &#220;berlingen, un diminuto pueblo sobre el lago de Constanza. El mismo encontr&#243; a su hija bajo un &#225;rbol, parec&#237;a dormida, con un rasgu&#241;o en el rostro. Ten&#237;a cuatro a&#241;os.

La misma noche que Vitali Kaloyeb descendi&#243; del cami&#243;n que lo transport&#243; de Berlin a Zurich se dirigi&#243; a Kloten, cerca del aeropuerto de Zurich, toc&#243; a la puerta del controlador que hab&#237;a provocado el accidente, y luego de una breve discusi&#243;n le enterr&#243; un cuchillo de cocina de catorce cent&#237;metros en el estomago y luego camin&#243; hasta la estaci&#243;n de polic&#237;a del aeropuerto y se entreg&#243;.

Parece que su conducta en prisi&#243;n ha sido ejemplar y le ha valido una liberaci&#243;n anticipada por buen comportamiento y est&#225; siguiendo esta biblioterapia por indicaci&#243;n del juez que orden&#243; su puesta en libertad y su psiquiatra tratante. Las copias que nos han repartido, donde se explica c&#243;mo Herder tradujo el &#8222;&lt;em&gt;Rey de los Elfos&lt;/em&gt;&#8220; del danes, y como Goethe modific&#243; la historia introduciendo una sola voz y remplazando a las damas del bosque, quedan abandonadas sobre las mesas. 

Vitaly ha dejado de hablar y el piano insoportable suena de nuevo.

&lt;object style="border: 0pt none ; margin: 0pt; background: transparent none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;" width="353" height="132"&gt;&lt;embed  src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=d32832a" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;

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    <title>Goethe o la oscuridad del dolor</title>
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    <body>Seg&#250;n la lista de participantes, debe ser de Barcelona. El autor que le ha tocado para su sesi&#243;n de biblioterapia es &#8220;San Juan de la Cruz&#8221;, pero presenta su ponencia en un franc&#233;s impecable. Se sonroja un poco cuando nos cuenta que la traducci&#243;n al franc&#233;s es de ella y que ha partido de la traducci&#243;n de Gaultier de 1620. Traducidos al franc&#233;s, los versos de San Juan tienen una musicalidad similar a la de los parlamentos de Racine: la misma pasi&#243;n, la misma voluptuosidad contenida, los mismos intentos de insanas fugas. Ella nos habla de los m&#225;gicos 999 versos que componen la obra total del poeta carmelita. Nos habla de sus encarcelamientos y sus fugas en medio de la noche. De c&#243;mo su obra fue censurada por su propia congregaci&#243;n y s&#243;lo se public&#243; treinta a&#241;os despu&#233;s de su muerte. Nos cuenta tambi&#233;n de las pol&#233;micas sobre ciertos versos de la &#250;ltima estrofa, que a&#250;n ahora son objeto de violentas disputas, entre los carmelitas espa&#241;oles y franceses.

Se llama Andrea L. y debe tener menos de treinta a&#241;os, sus grandes ojos son de un color verde oscuro e intenso, como las hojas del pino navide&#241;o, que de forma completamente extempor&#225;nea decora la sala que ocupamos. Cuando habla, sus manos finas parecen dirigir una orquesta invisible: a la derecha los arcos, m&#225;s all&#225; los vientos, al fondo las percusiones. Y as&#237;, poco a poco, Andrea L. nos va deshilvanando su historia personal, mechada con citas de la poes&#237;a de San Juan y otras de Sor Juana y de Santa Teresa, tambi&#233;n nos habla de Thomas Kempis y Bossuet. Acababa de recibir su doctorado, por la Blanquerna, en Filosof&#237;a Cl&#225;sica, con una tesis de t&#237;tulo imponente, &lt;strong&gt;Preguntas nuevas sobre Aristoteles y su influencia en La Maquina de Ram&#243;n Llull&lt;/strong&gt;. Fue por ese entonces cuando le sobrevino el cataclismo interno y no pudo dejar de llorar por varios d&#237;as. Encerrada en su piso del Monistrol de Montserrat, jam&#225;s hab&#237;a llorado tanto, no pod&#237;a comer, sufri&#243; una conjuntivitis, hubo riesgo de deshidrataci&#243;n. &#8212;No a causa del llanto o las lagrimas. Sonr&#237;e, otra vez con el rostro arrebolado. Sino porque la melancol&#237;a me imped&#237;a comer o beber. Algo dentro de m&#237; hab&#237;a dejado de funcionar. Sab&#237;a que algo se hab&#237;a roto, pero no sab&#237;a qu&#233;

Su voz es pausada, sus afirmaciones terminan en una ligera forma interrogativa, que mantiene a los que la escuchamos absortos en sus palabras: abandonar la enfermedad mental, la noche &#8212;ella la llama as&#237;&#8212;, significa salir de s&#237; mismos, abandonarse, para a partir de lo m&#225;s profundo de esa noche y buscar el encuentro con Dios: cauterio para su herida. &#8212;Yo tambi&#233;n he sufrido, dice. Yo tambi&#233;n me he sentido sola y perdida en la mitad de la noche, entre bosques y espesuras, he tratado de buscar esa almunia florida de la que San Juan habla. S&#233; que tengo mucho camino por recorrer, hasta sentir nuevamente &#8220;el aire de la almena&#8221;. Le brillan los ojos, cuando habla de ello: mantener ese blog dedicado a la defensa de las mujeres v&#237;ctimas de la violencia domestica, tambi&#233;n le ha ayudado. Sonr&#237;e con autoironia cuando nos habla del origen de sus problemas: &#8212;Es inveros&#237;mil, dice. Se van a re&#237;r, nos advierte. Cuando finalmente nos lo dice, nadie entiende de qu&#233; se trata.

&lt;img style="vertical-align: middle;" src="http://www.wga.hu/art/d/duyster/clowns.jpg" width="598" height="436"&gt;

&#8212;Sufro de Coulrofobia.
&#8212;No se preocupen, sonr&#237;e. Yo tambi&#233;n busqu&#233; en el Diccionario y la palabra no existe. En Google sin embargo hay unas cien mil entradas entre ingl&#233;s y castellano. El art&#237;culo, en espa&#241;ol, de la &lt;em&gt;Wikipedia &lt;/em&gt;lo estamos redactando conjuntamente con la doctora P&#237; de Barcelona, mi analista. No ha podido asistir, porque perdi&#243; la coincidencia en Par&#237;s. La coulrofobia es la fobia o miedo irracional a los payasos. Las causas de la coulrof&#243;bia no son claras aunque la mayor&#237;a de los pacientes coinciden en que lo que m&#225;s les aterroriza de los payasos es el maquillaje excesivo, a menudo acompa&#241;ado de la nariz roja y del color extra&#241;o del cabello, y el hecho que ocultan su verdadera identidad.

Durante la pausa de caf&#233;, evito hablar con Andrea L, a&#250;n si quisiera preguntarle sobre la M&#225;quina de pensar de Llull. No creo que salir de la locura, sea como encontrar a Dios, creo que si yo encontrar&#225; a Dios o cualquiera de vosotros lo hiciera se volver&#237;a realmente loco. Hace unos d&#237;as aprend&#237; &#8212;me lo explic&#243; el Dr. Bleuler&#8212; que el &lt;em&gt;Delirium Tremens&lt;/em&gt; no es causado por exceso de alcohol, como yo cre&#237;a, sino por falta de &#233;l. Algo as&#237; es la locura, cuando nos falta, deliramos.

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    <title>Creer en Dios y temerle a los payasos</title>
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    <body>Fue un personaje singular, comprometido con las causas justas pero que sabiamente eligi&#243; el exilio antes que entregarse a luchas facciosas tan comunes en la &#233;poca en que le toc&#243; vivir. Organizador de luchas de gladiadores, poeta, y &#8212;si debi&#233;ramos prestar o&#237;dos a los cotilleo de la &#233;poca&#8212;, pederasta a sus horas. A contra corriente de los h&#225;bitos de la Roma Imperial, en que los ricos hu&#237;an a sus lujosos cortijos en cuanto pod&#237;an, era &#233;l un urbanitas irredento que jam&#225;s abandon&#243; su casona sobre el monte Quirinal, y que prefer&#237;a el frondoso  y salvaje bosque original en vez de jard&#237;n. Su &#250;nico y &#8212;mi ver&#8212; m&#225;s admirable lujo fue que jam&#225;s se escuch&#243; en su mesa otra voz que la de un lector y como cuenta su bi&#243;grafo siempre &#8220;se preocup&#243; de ofrecer a sus invitados el placer de la lectura combinado con el de la buena mesa&#8221;.

Se llamaba Titus Pomponius, tambi&#233;n llamado, el Atico, y si debi&#233;ramos atribuirle a alguien la invenci&#243;n de las listas de libros que felizmente ha azolado nuestras bit&#225;coras en los d&#237;as pasados, ser&#237;a a &#233;l. Quien tenga en su lista de favoritos a Cicer&#243;n lo conocer&#225;, pues el &#8220;&lt;em&gt;De amicitia&lt;/em&gt;&#8221; le est&#225; dedicado.

Porque Titus Pomponius es considerado el primer editor profesional de la literatura occidental. En su austera propiedad, trabajaba un equipo de copistas y traductores (el mismo era un experto en griego, de ah&#237; su sobrenombre&#8212; y adem&#225;s manten&#237;a tertulia en una de las vias principales de Roma. M&#225;s que una tienda, era un lugar de encuentro para poetas, intelectuales y patricios desocupados, quienes llegaban a discutir de las &#250;ltimas novedades literarias y colgaban sus listas de libros favoritos en la puerta de su local. Y estoy seguro que de haber existido Internet en su &#233;poca habr&#237;a mantenido un Blog literario.

Si Pomponius Atico fue el inventor de las listas librescas, fue Philo de Bizancio quien en su libro &#8220;De las siete maravillas&#8221; dio inicio a una de las listas m&#225;s famosas y cambiantes de la historia y que estoy seguro muchos recuerdan a&#250;n haber tenido que memorizar en la escuela. Hacer listas parece ser inherente a nuestra cultura, la raz&#243;n m&#225;s obvia es el mecanismo mnenm&#243;nico de la lista.

Las listas literarias est&#225;n seguramente ligadas con los cat&#225;logos, y las bibliotecas p&#250;blicas. Fue durante el renacimiento temprano que Petrarca, poeta y bibli&#243;filo (editor de las cartas de Cicer&#243;n a Pomponio), quiso legar su biblioteca a la ciudad de Venecia, pero por desgracia a su muerte sus libros se desperdigaron, llegando hasta nosotros s&#243;lo las listas de sus libros. 
Otra famosa lista libresca de la cual forzosamente tengo que acordarme, es la del donoso escrutinio de la biblioteca del Quijote que hiciero el cura y el barbero. Escena visionaria llena de emoci&#243;n y tragedia en la historia universal del libro.

La lista literaria m&#225;s discutida y que mayor revuelo caus&#243; en todas las universidades del mundo fue la publicada por el pretencioso Harold Bloom en su libro &lt;strong&gt;El canon occidental&lt;/strong&gt; hace unos quince a&#241;os. La lista inicial de Harold Bloom era de veintis&#233;is escritores &#8212;a quienes &#233;l consideraba la esencia de nuestra cultura occidental&#8212;, y las malas lenguas cuentan que sus editores le ofrecieron un mill&#243;n de dolares si expand&#237;a la lista. Menos controvertida, y m&#225;s humilde en sus pretensiones, la &lt;em&gt;Biblioteca Personal&lt;/em&gt; de Borges, compuesta por cien t&#237;tulos que habla de los libros, los cuales "le proporcionaron dicha y que le gustar&#237;a compartir" con sus lectores.

No he podido sustraerme a la emoci&#243;n y osad&#237;a de perpetrar una lista de lecturas y tambi&#233;n ante la amable invitaci&#243;n de varios de vosotros. He le&#237;do la mayoria de las listas publicadas, con admiraci&#243;n, sorpresa y en algunos casos con emocionada gratitud. La m&#237;a es una m&#225;s que ofrezco con humildad y amistad a Isabel Perez del Pulgar, Nuria Millet, Karmen y Blas Martinez quienes en los d&#237;as pasados amablemente me han invitado a jugar.

Hacer esta lista, ha sido una especie de introspecci&#243;n, un intento, seguramente vano, de entender un poco porque soy como soy. Mi criterio no pod&#237;a ser que cronol&#243;gico, pues mis primeros libros fueron los que m&#225;s me han marcado. Algunos se convirtieron en compa&#241;eros de toda la vida, otros quedaron all&#237; en el fondo de mi memoria macer&#225;ndose y seguramente corrompiendome el alma.

&lt;strong&gt;Las mil y una noches.&lt;/strong&gt; En su versi&#243;n infantil y muy pronto gracias a mi abuela en una bell&#237;siama edici&#243;n de tapas rojas en dos tomos. El miedo y la maravilla combinadas y la navegaci&#243;n en ese meandro de historias seguramente fue lo que m&#225;s atrajo de ni&#241;o.

&lt;strong&gt;Memorias de una pulga&lt;/strong&gt;. Novela pornogr&#225;fica que le&#237; a los diez a&#241;os y que seguramente es el origen de todos mis problemas emocionales. La le&#237; seguramente sin entenderla pero maravillado de esa pulga que sigue las aventuras enrevesadas de un convento de curas rijosos y ni&#241;as y monjas insaciables.

&lt;strong&gt;Juan Salvador Gaviota&lt;/strong&gt;, de Richard Bach, era la edici&#243;n de mi hermana, y se lo rob&#233; para leerlo encerrado en el ba&#241;o durante horas. La soledad, la b&#250;squeda. Seguramente termin&#243; de da&#241;arme el poco cerebro que me hab&#237;a dejado el libro anterior.

&lt;strong&gt;Don Quijote.&lt;/strong&gt; El martirio de mi ni&#241;ez, mi padre me hizo transcribir muchos cap&#237;tulos como ejercicio de caligrafia. Tambi&#233;n mi primera humillaci&#243;n, porque cuando le cont&#233; a mi madre que ya pod&#237;a leer, ella me quit&#243; el libro y me dijo &#8220;A ver cuentame, de que trata el libro&#8221;.

&lt;strong&gt;El lobo estepario.&lt;/strong&gt; Herman Hesse. El libro que le hizo creer a un adolescente que pod&#237;a ser alguien diferente de quien era.

&lt;strong&gt;La Divina Commedia.&lt;/strong&gt; Dante Aligheri. Libro que se debe prohibir a ni&#241;os menores de doce a&#241;os, sobre todo con las ilustraciones de Dor&#233;. Lo robaba de la biblioteca solo para ver las ilustraciones. 

&lt;strong&gt;La piel de zapa.&lt;/strong&gt; Novela m&#225;gica de Balzac, sobre la maldici&#243;n de los deseos.

&lt;strong&gt;La educaci&#243;n sentimental.&lt;/strong&gt; Flaubert. La &#250;nica historia de amor que no puedo leer sin llorar.

&lt;strong&gt;El jugador&lt;/strong&gt;. Dostoyevski. Como hacer del vicio de jugar una virtud para destruirse.

&lt;strong&gt;Historia del Coraz&#243;n&lt;/strong&gt;. Vicente Aleixandre. Quien me reconcili&#243; con la poes&#237;a y me convenci&#243; que una historia de amor puede ser contada en poemas.

&lt;strong&gt;Diccionario Cr&#237;tico Etimol&#243;gico&lt;/strong&gt;. Pascual Corominas. Tan maravilloso como las Mil y una noches.

Los libros anteriores me fueron dados por la vida y el azar, si pudiera hacer una lista de libros que fueron como mujeres que vi pasar y me gustaron y que aprend&#237; a amar y a entender, para poder gozar de ellas, mi lista ser&#237;a:

&lt;ul&gt;&lt;li&gt;La Divina Commedia &#8211;. Un &#225;rbol de historias maravillosa sobre el amor, la fantas&#237;a y 1000 a&#241;os de literatura
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;El Fausto &#8211; Primera Parte - Historia de amor con final obvio
 &lt;/li&gt;&lt;li&gt;F&#225;bula de Polifemo y Galatea - Poes&#237;a pura para pintores
 &lt;/li&gt;&lt;li&gt;Poes&#237;a &#8211; Ungaretti - El dolor hecho poes&#237;a
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;El Doctor Faustus &#8211; Thomas Mann - M&#250;sica y filosof&#237;a hecha novela
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Tristan e Isolda &#8211; Beroul - La m&#225;s bella y apasionante historia de amor
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Rubaiyat &#8211; de Omar Khayyam &#8211; Erotismo hecho palabras, que resiste cualquier traducci&#243;n
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Entre la realidad y el deseo &#8211; Cernuda - La mejor poes&#237;a moderna en espa&#241;ol
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Cantos &#8211; Leopardi - Melancol&#237;a dolorosa hecha im&#225;genes 
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Ensayos - Octavio Paz &#8211; De quien aprend&#237; a pensar y razonar&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
No puedo olvidar a Titus Pomponius quien fue especial hasta en la forma de su muerte, pues fue el primer paciente que eligi&#243; morir por eutanasia. Se dejo morir de hambre para evitar alimentar a la enfermedad que lo postraba.

PS

Invito a hacer sus listas o dejarlas ac&#225; a:
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Demonicus Imprimatur - del Blog &lt;a href="http://psicodelirium.wordpress.com/" title="http://psicodelirium.wordpress.com/" id="link_0"&gt;Psico Delirium&lt;/a&gt;  &lt;/li&gt;&lt;li&gt;Paco Nadal&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Remedios de &lt;a href="http://www.floresenelatico.es/index.htm" title="http://www.floresenelatico.es/index.htm" id="link_0"&gt;Flores en el &#225;tico&lt;/a&gt; &lt;/li&gt;&lt;li&gt;Eduardo Montagut Contreras&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Pat&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Patricia de Souza - del blog &lt;a href="http://palincestos.blogspot.com/" title="http://palincestos.blogspot.com/" id="link_0"&gt;palincestos&lt;/a&gt; .
&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;


&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;a title="free web stats" href="http://www.statcounter.com/" target="_blank"&gt;&lt;img style="width: 37px; height: 13px;" src="http://c.statcounter.com/4127158/0/1de2cca2/0/" alt="free web stats" border="0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;</body>
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    <nicetitle>el-meme-los-libros-su-inventor-y-yo</nicetitle>
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    <title>El "meme" de los libros, su inventor y yo</title>
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    <body>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);"&gt;Remember that I am thy creature; I ought to be thy Adam, but I am rather the fallen angel, whom thou drivest from joy for no misdeed.&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;

&#8212;Porque aqu&#237;, a diez kil&#243;metros del centro de Ginebra en lo que ahora es un coto de exclusividad para ultra millonarios, banqueros y petroleros &#225;rabes, Lord Byron pas&#243; casi dos a&#241;os recibiendo y departiendo con otros escritores e intelectuales ingleses, escribiendo la primera versi&#243;n de &lt;em&gt;Childe Harold's Pilgrimage&lt;/em&gt;, el drama g&#243;tico &lt;em&gt;Manfred&lt;/em&gt;, y el poema &lt;em&gt;The Prisoner of Chillon&lt;/em&gt; y escandalizando a los pacatos ginebrinos, muchos de los cuales llegaron a pagar para observarlo desde el Hotel Inglaterra &#8212;del otro lado del lago&#8212; con un telescopio. El Dr. Charcot cuenta m&#225;s an&#233;cdotas pero yo he dejado de escucharlo y pienso m&#225;s bien en el libro que me ha tocado leer.

A diferencia de la torre de Babel que pretende llegar al cielo, y que merced a la intervenci&#243;n divina queda inconclusa o a los fallidos intentos de pacto diab&#243;lico del Doctor Fausto, la culminaci&#243;n de los a&#241;os de estudio e investigaci&#243;n son para Victor Frankenstein a la vez &#233;xito y derrota monumental. Porque ese cuerpo apol&#237;neo con lustroso cabello negro y perfecta dentadura, se levanta como un L&#225;zaro remendado, parchado a base de los ideales m&#225;s nobles de la ilustraci&#243;n y los fragmentos de cad&#225;veres que la revoluci&#243;n francesa ha producido. Agon&#237;a y limite viviente entre lo humano y lo divino, el monstruo de Ingolstadt se yergue como met&#225;fora y reflexi&#243;n sobre el acto mismo de la creaci&#243;n humana moderna.

&lt;img class="imgizqda" src="http://accel6.mettre-put-idata.over-blog.com/1/13/84/52//gericault-limbs.jpg" id="img_0" height="281" width="343"&gt;Su primer gesto sensible &#8212;como el Ad&#225;n de Miguel Angel&#8212; es tender la mano a su creador, pero su amago de sonrisa y sus primeros incoherentes sonidos son repudiados por un padre vano y superficial, que ve en ese v&#225;stago sin nombre tan s&#243;lo una monstruosidad, &#8220;que ni siquiera Dante hubiera podido imaginar&#8221;. Y sin embargo, la fealdad de esa especial creatura no es extraordinaria: la piel amarillenta, que transluce las venas y las arterias, es caracter&#237;stica de los sifil&#237;ticos y gonorreicos que abundan en la Europa de inicios del Siglo XVIII, los ojos acuosos que transparentan hasta las mismas blanquecinas fosas oculares, son propios de los alcoh&#243;licos enloquecidos por el el ajenjo y el aguardiente casero.

El edificio del manicomio ginebrino de Bellevue es una copia cabal del nuestro: una villa de planta palladiana pero de atenuada exuberancia gracias a la formaci&#243;n calvinista del arquitecto que las construy&#243; a inicios del siglo dieciocho. Gran cancela de hierro de dos hojas, patio empedrado, y rodeadas de un discreto bosque jard&#237;n. La gran diferencia con la nuestra, es la vista imponente sobre el lago de Ginebra, otra no menos importante es su vecindad con la famosa &lt;strong&gt;Villa Diodati&lt;/strong&gt;, situada en el n&#250;mero 9 de, anta&#241;o &lt;em&gt;Chemin de Ruth&lt;/em&gt;, ahora calle Byron.

La sesi&#243;n de biblioterapia de este fin de semana ha iniciado: somos seis pacientes de otros tantos centros psiqui&#225;tricos los seleccionados para el experimento. Cada uno de los seis pacientes ha debido leer un libro,  y deber&#225;n hablar de &#233;l. El principio de la biblioterapia es simple, bastante antiguo y parejamente desconocido: sus inicios datan de la segunda guerra mundial, cuando los soldados heridos y mutilados tardaban mucho tiempo en recuperarse y algunas lecturas m&#225;s o menos edificantes les eran propuestas y en algunos casos aplicadas para sobrellevar la carga de la recuperaci&#243;n de sus lesiones. Los textos de rigor de la &#233;poca eran &#8220;El libro de Job&#8221; o el ensayo de Carlyle sobre los h&#233;roes. 

Cu&#225;ntas interrogantes morales en la mano tendida de Frankenstein y en el rechazo de su creador.  Esa fealdad, que quiz&#225; pueda ser le&#237;da como nuestro pecado original y que es monstruosamente transmitida al objeto de la creaci&#243;n. Pero esa fealdad es tambi&#233;n el testimonio de la imperfecci&#243;n e incapacidad de la ciencia e inteligencia humanas.  Y esa misma fealdad no es acaso el monumento a la hybris de pretender &#8220;conseguir el conocimiento que busca adquirir su dominio y transmitirlo contra los enemigos elementales de nuestra raza&#8221;, es decir la busqueda del poder de la inmortalidad.

&lt;img class="imgdcha" src="http://accel6.mettre-put-idata.over-blog.com/1/13/84/52//gericault-heads.jpg" id="img_1" height="239" width="315"&gt;Y empero, ese bastardo, mezcla de la alquimia y ciencia moderna, y que en la novela aparece tildado de horrible, de grotesco, y aborrecible reclama y exige su derecho a la vida y a la felicidad, por el s&#243;lo hecho de estar vivo. C&#243;mo no reconocer en estas exigencias la base de nuestra legalidad postmoderna, la jurisprudencia de las &#8220;&lt;strong&gt;class actions&lt;/strong&gt;&#8221; americanas. Las discusiones sobre el estado providencia y la responsabilidad que le compete para proteger a sus ciudadanos, pues el monstruo moderno claramente lo dice: &#8220;Yo soy tu creatura, a la cual est&#225;s unido por v&#237;nculos disolubles s&#243;lo por la muerte de uno de nosotros&#8221; y m&#225;s adelante: &#8220;Recuerda que soy tu creatura; deber&#237;a ser tu Ad&#225;n, pero soy m&#225;s bien el angel ca&#237;do, que t&#250; echaste de la gloria sin culpa alguna&#8221;.

En 1816, a&#241;o de escritura de la primera versi&#243;n de la novela, su autora, Mary Shelley apenas hab&#237;a cumplido diecinueve a&#241;os y viv&#237;a &#8220;apestada&#8221; de la sociedad victoriana, por vivir en el pecado con su prometido, Percy Shelley &#8212;uno de los poetas mayores del romanticismo ingl&#233;s&#8212;. Ir&#243;nicamente, eran los Shelley quienes realmente viv&#237;an en el esc&#225;ndalo hippie &#8220;&lt;em&gt;avant la lettre&lt;/em&gt;&#8221; que los ginebrinos le atribu&#237;an a Byron, pues Percy Shelley se hab&#237;a declarado adepto del &#8220;amor libre&#8221;, abandonado su mujer y dos hijos, y conviv&#237;a con la casi adolescente Mary y su media hermana Claire, quien&#8212;un a&#241;o m&#225;s joven que Mary&#8212; se hab&#237;a hecho amante de Byron en Londres y los hab&#237;a convencido de visitarlo en Ginebra.

En unos minutos terminar&#225; su presentaci&#243;n el paciente de Zurich. Ha hablado de &#8220;Acto de F&#233;&#8221; de Elias Canetti y del amor desmedido por los libros. Despu&#233;s hablar&#233; yo de nuestro parecido con el monstruo del Dr. Frankenstein.  Deseadme suerte!

El viento helado de Noviembre trae la m&#250;sica de Samuel Barber desde la Villa Diodati.

&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;a title="free web stats" href="http://www.statcounter.com/" target="_blank"&gt;&lt;img style="width: 37px; height: 13px;" src="http://c.statcounter.com/4127158/0/1de2cca2/0/" alt="free web stats" border="0"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;</body>
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    <title>Yo el monstruo: mi sesi&#243;n de biblioterapia</title>
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    <body>&lt;img class="imgcen" title="http://www.wga.hu/art/h/hoogstra/corridos.jpg" href="http://www.wga.hu/art/h/hoogstra/corridos.jpg" src="http://www.wga.hu/art/h/hoogstra/corridos.jpg" id="img_0" height="807" width="551"&gt;

Abiertas, las puertas ofician de bisagra entre la dom&#233;stica intimidad que se ofrece al ojo del espectador del cuadro y la mirada del indiscreto visitante que se apresta a ingresar en una casa respetable del Siglo XVII. La inevitable sorpresa se la lleva el espectador, pues al asomarse a la realidad del cuadro, que por artificio &lt;em&gt;trompe l&#8217;oil&lt;/em&gt; se revela tras la representaci&#243;n de la puerta, descubre un recinto familiar misterioso, signado por la ausencia de sus habitantes.

Los cambiantes dise&#241;os en el embaldosado delimitan los diferentes &#225;mbitos sociales: el p&#250;blico, con un recibo decoroso mas no ostentoso, un espacio intermedio que podr&#237;a ser la salida a un patio interior, tenida cuenta la luz que lo distingue y el espacio privado con un embaldosado en blanco y negro, resabio de un viaje a Sevilla del due&#241;o de la morada o del pintor. La representaci&#243;n de los mismos ha sido dividida en una serie de planos h&#225;bilmente separados por un juego de luz y perspectiva. As&#237;, el ojo del espectador pasa del claroscuro del recibidor, al intenso fulgor del espacio de distribuci&#243;n, a una luz mitigada que ilumina la habitaci&#243;n que se adivina la central. En la pared del sal&#243;n, cuelgan dos pinturas, pero s&#243;lo una capta la atenci&#243;n del espectador otorg&#225;ndole profundidad a la representaci&#243;n y creando una perspectiva vertiginosa en el espectador, pues el cuadro visible sobre la pared a su vez representa una habitaci&#243;n: un aposento en el que se desarrolla una escena domestica, quiz&#225; entre una madre y un ni&#241;o. Lo que deja adivinar al espectador que tras la oportuna pared o en alguna parte de este lar abierto la verdadera intimidad resta protegida.

Como ante todo ambiente que encontramos inesperadamente vacio, el espectador, el visitante &#8212;y usted tambi&#233;n, casual o asiduo lector, si se ha interesado en desentra&#241;ar este aparente misterio&#8212; no podemos evitar poblar, completar, animar este espacio pulcro y ordenado pero que enigm&#225;tica y hasta inveros&#237;milmente se muestra abandonado.

Y esta vez el espectador, con la mirada atenta, acompa&#241;a al indiscreto visitante que se devuelve sobre sus pasos y reinicia una inspecci&#243;n con mirada escrutadora y se contiene para no exclamar con voz queda y en el vac&#237;o un &lt;em&gt;Hola &lt;/em&gt;solitario.

El recibidor que invita con modestia pero muy atento a las pr&#225;cticas bien burguesas de la limpieza, muestra a un lado una oronda escoba de retama casi como anfitriona del hogar. A su lado cuelga un delantal, curiosamente suspendido en lo que se podr&#237;a imaginar un colgador para el capote del due&#241;o de la casa, o la capa de la se&#241;ora.

El sal&#243;n o quiz&#225; comedor &#8212;aunque no es redundante informar al observador que esos habit&#225;culos no se independizaron hasta bien entrado el siglo XVIII&#8212;, est&#225; amoblado con enseres dom&#233;sticos de una cierta suntuosidad: una mesa cubierta con un mantel labrado y que termina con una ostentosa cenefa de raso. Si el indiscreto visitador se decidiera por el osado gesto; al tiento, probablemente la silla forrada en cuero revelar&#237;a una cierta temperatura, pues es licito intuir que el libro abierto que yace abandonado boca abajo &#8212;si cabe el s&#237;mil&#8212; y cuya lectura ha sido interrumpida con una brusquedad voluntaria estaba siendo le&#237;do por su ahora ausente lector o lectora. La vela apagada al desgaire y a medio consumir sobre el candelero de plata da cuenta del tiempo transcurrido.

Y el observador se pregunta: Por qu&#233; el manojo de llaves ha quedado abandonado, colgando de la cerradura de la puerta. Qu&#233; urgencia tan acuciante, tan pertinaz ha hecho que el ama de llaves o el patr&#243;n de la casa (o, ambos) abandonen la seguridad del hogar y &#8212;como si dij&#233;ramos al escape y a la carrera&#8212; desaparezcan de la l&#237;nea de fuga y provoquen este enigm&#225;tico vac&#237;o. Y por qu&#233; esas pantuflas, &#8212;o trat&#225;ndose de los pa&#237;ses bajos, m&#225;s bien, galochas&#8212; yacen ah&#237; en medio de todo, al garete y qui&#233;n es su due&#241;o.

Ralf me cuenta que en el Siglo XIX, al cuadro se le a&#241;adieron un gato, una ni&#241;a sentada, una fecha y la firma &#8212;falsa&#8212; de Pieter de Hooch, otro gran pintor del c&#237;rculo de Vermeer. Pero que luego en sucesivas restauraciones han sido cuidadosamente borrados. Poco despu&#233;s me pregunta &#8212;con una sonrisa socarrona&#8212; &#191;Qu&#233; crees que est&#225;n haciendo los personajes que no se ven? Retrocedo ante la reproducci&#243;n de Van Hoogstraten que Ralf ha colgado en su habitaci&#243;n y sonr&#237;o pensativo. &#191;Y usted?

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    <title>El misterio de la pintura vac&#237;a</title>
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    <body>En el barullo, los agentes de la polic&#237;a y los enfermeros me hacen preguntas como si yo fuera parte del personal y no un paciente. Claudia, la m&#233;dico portuguesa de la ambulancia, en un rapto de celo profesional, me reporta todo el tratamiento que le han aplicado a la paciente, sobre una de las mesas en las que normalmente se sientan doce pacientes y un enfermero-celador. Para controlar el cuadro de excitaci&#243;n psicomotriz se le indic&#243;: flunitrazepam dos ampollas intramuscular, haloperidol una ampolla intramuscular y diazepam una ampolla intramuscular. Al parecer, ella hab&#237;a ca&#237;do presa de espasmos cuando el servicio de v&#237;deo vigilancia la traslad&#243; a la enfermer&#237;a del manicomio, demasiado peque&#241;a para dar cabida a todo el personal que se convoc&#243; al llamar a urgencias.

Ha intentado suicidarse. En las &#250;ltimos d&#237;as o semanas, quiz&#225; nunca lo sepamos &#8212;aunque tampoco importa&#8212; acumul&#243; pastillas de alprazolam y esta tarde despu&#233;s de la comida las ingiri&#243;. El servicio de urgencias del hospital cantonal despach&#243; una ambulancia y le han practicado un rescate digestivo. Denominaci&#243;n pol&#237;ticamente correcta del &#8220;lavado g&#225;strico&#8221; que est&#225; fuera de uso, como me lo explica una de las enfermeras del servicio de urgencias. Tambi&#233;n me corrige cuando le hablo de intento de suicidio: me mira con condescendencia y usa la palabra &#8220;autoeliminaci&#243;n&#8221;.

A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar cada vez m&#225;s pr&#243;xima. El sonido llega deformado al refectorio de la casona manicomio, ahora improvisada en sala de primeros auxilios. Apenas son las cinco de la tarde, pero la penumbra del atardecer vuelve amenazadores y siniestros a los &#225;rboles del parque-jard&#237;n

Me han tra&#237;do de vuelta los libros que Riva V. estaba leyendo: &lt;em&gt;Obras &lt;/em&gt;de Cioran en la edici&#243;n Quarto de Gallimard y uno de nuestros tesoros bibliogr&#225;ficos: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Las penas del joven Werther&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, en la edici&#243;n de Leipzig de 1775. No tiene un gran valor comercial, como r&#225;pidamente lo constat&#243; Ralf hace algunas semanas, pero s&#237; cr&#237;tico: es la edici&#243;n que Goethe hizo copiar a mano y en base a la cual revis&#243; y corrigi&#243; hasta redactar la edici&#243;n definitiva del Werther, tal como se le conoce hoy en d&#237;a. Lo m&#225;s notable de esa edici&#243;n son los versos de Goethe que serv&#237;an de ep&#237;grafe al libro. Disculpad mi seguramente imperfecta traducci&#243;n. 

&lt;blockquote&gt;Todo joven a&#241;ora as&#237; amar
Toda doncella ser amada as&#237;
Ay, el m&#225;s sagrado de nuestros deseos,
&#191;Por qu&#233; brota de &#233;l tan amargo dolor?

T&#250; lo lloras, t&#250; lo amas, alma querida,
Salva su memoria de la ignominia;
Mira, su esp&#237;ritu te saluda desde su infierno:
&lt;em&gt;Se un hombre y no me sigas.&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;

&lt;img title="&amp;quot;http://www.flickr.com/photos/kicey/57348907/" href="%22http://www.flickr.com/photos/kicey/57348907/" class="imgizqda" src="http://farm1.static.flickr.com/25/57348907_22a3c017d0.jpg" id="img_0" height="367" width="245"&gt;Entre las p&#225;ginas del Werther encuentro una fotograf&#237;a de Riva, seguramente un autorretrato, en clave ir&#243;nica. Es s&#243;lo una suposici&#243;n, claro, pero que de pronto me revela una certeza. Esta fotograf&#237;a en oposici&#243;n a mis recuerdos, les lleva una ventaja: es ella, y al contemplarla mi memoria no podr&#225; deformarla, su materialidad escapa a la usura de mi descripci&#243;n.

Ning&#250;n texto me puede dar esta certeza. Es el infortunio (o, m&#225;s bien, volubilidad) del lenguaje: no poder autentificarse. El sino del lenguaje est&#225; ligado a esta impotencia, o, para expresarlo de manera positiva: el lenguaje es por naturaleza ficcional: para tratar de convertir el lenguaje en no-ficcional, necesitar&#237;a una maquinaria enorme: debo invocar la l&#243;gica, o, en su defecto a un juramento. Pero la fotograf&#237;a, ella no inventa: del sujeto de la misma, &#8212;en mi caso, Riva V,&#8212; podremos siempre decir por lo menos que existi&#243;.

Si alg&#250;n d&#237;a alguien encuentra esta fotograf&#237;a robada entre mis libros quiz&#225; pueda saber que su historia y la m&#237;a no fueron inventadas. 

A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar cada vez m&#225;s pr&#243;xima.



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