30 Oct 2007
La soledad del genio
En su infancia son felicitados por sus excelentes notas, suscitando a partes iguales envidias de sus compañeros y aplausos de sus profesores. Son como los demás críos de su edad, con ansias de juegos y diversión, de ponerse el tazón de leche por montera. Pero demasiado pronto descubren que los Reyes Magos son los padres, y que la vida no es como la soñaron en tantas tardes de lluvia, junto a su leal amigo imaginario. Esa portentosa imaginación, entonces, surcaba los cielos estrellados de las infinitas galaxias, cuando ellos todavía se sentían queridos. Volar era posible, pues en su vocabulario vital aún no habían irrumpido palabras como miedo o rechazo. Mientras, a los preocupados padres, les tranquilizaban con el diagnóstico de que el único problema del niño consistía en que era muy inteligente, por eso coleccionaba dieces como otros sellos.
Al llegar a la adolescencia, el superdotado comienza a sentir algo que no puede ni se atreve a explicar, pues no quiere seguir fomentando su imagen de rara avis, de inadaptado social. Él se sabe distinto. Ni mejor ni peor que los demás, simplemente distinto. Quizá es su portentosa inteligencia, su extraordinaria sensibilidad, su capacidad para ver un poco más allá. No lo sabría asegurar. Lo que sí sabe es que sólo tiene dos opciones: atentar contra su propia naturaleza saboteándose, optando por ser el más ciego entre los ciegos y así poder sobrevivir, o seguir siendo él mismo aun a riesgo de ser invisible para un mundo al que ama, pese a no ser correspondido. Desgraciadamente, la gran mayoría se decantan por la primera opción, pues las presiones sociales y familiares son demasiado fuertes como para atreverse a ser una isla en un océano competitivo que no entienden, porque las zancadillas, los peloteos y las envidias nunca formaron parte del universo del talento.
Siempre se dijo que es muy fina la línea que separa la genialidad de la locura pero, ¿cómo no van a volverse locos quienes sabiendo que pueden aportar tanto, son maltratados por una sociedad que rechaza todo aquello que no comprende? Ellos podrían escribir las mejores líneas para la historia de un país que, sistemáticamente, ha repudiado a muchos de sus mejores talentos. Esas dos Españas necias, ruines, envidiosas, que siempre disfrutaron más con la derrota ajena que con el éxito propio. A Soledad, a Mercedes, a Nicolás y a tantos otros superdotados de este reportaje, sólo les queda intentar recuperar la seriedad con que jugaban de niños, que decía Nietzsche, cuando todavía eran ellos mismos. Probablemente ésa sea la única fórmula para alcanzar su felicidad, aunque tengan que seguir jugando solos. Los locos de este lado siempre estaremos en deuda con ellos.
Sobre este blog
Desafinado
Fernando SoleraMadrid. 1975. Acuario. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones de titulación y articulista de vocación. Con escepticismo e ironía, y a veces mordacidad, intento mostrar mi visión de este mundo que nos ha tocado malvivir, pero del que nadie se quiere marchar.
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19 comentarios · Escribe aquí tu comentario
blasftome dijo
A mi me pasa lo mismo, pero por diferentes motivos. Por la edad, creo, he pasado a ser "Invisible para las mujeres", aunque sé que se arrepentirán.
janpuerta dijo
Dicen que un loco es un genio al cual aun no se le ha reconocido su merito. La linea es demasiado fragil, pero siempre uno se puede pasar al otro lado sin darse cuenta.
Una vez lei un cuento imaginario, donde los locos, eran de un color de piel diferente, asi nadie podria confundirlos ni condundirese entre ellos.
Blas... hay que usar mas desodorante de ese de la marca Axe, (en la tele he visto que hace milagros!)
Un abrazo a ambos
pat dijo
La sociedad deja solos a aquellos que son muy diferentes. Y cuando esa soledad llega desde la niñez, cuando uno todavía no tiene la personalidad forjada, donde uno aún no es capaz de ver ventajas en no ser una parte más de esa enorme masa que son los demás, de ver la riqueza y las posibilidades de esa diferencia (esa visión que los demás no tienen tampoco de ellos)... tiene que ser muy duro.
Luna dijo
Destilan tristeza tus palabras, Fernando, y mucha comprensión por los locos sabios solitarios, esos a los que nadie entiende ya desde la más tierna infancia. Pienso que les debemos mucho pues, sin ellos, este mundo sería gris, monótono, aburrido y estancado desde hace siglos. ¿No han sido personajes así los que, en su madurez, han dado grandes inventos a la humanidad o maravillosas obras artísticas?
Palabras, las tuyas, de gran belleza y que incitan a la reflexión.
peliroja- dijo
Que desperdicio de talento con lo escasa que es la inteligencia y la sensibilidad en esta sociedad embotada en mediocridad que sufrimos y consumimos.
un sin sentido que da pena por ellos y por lo que perdemos como sociedad todos.
Un saludo
domingo-puerta dijo
Permitir que tanto talento se desperdicie y se pierda en el vacío es un crimen y una grave derrota para la Humanidad. Es verdaderamente dramático este suicidio asistido de la inteligencia que presenciamos día tras día. Y lo peor es que esta pérdida es irreparable.
canovas dijo
Se da la circunstancia de que los que yo he conocido siempre han ido por libres y echando en cara la calificación obtenida en distintas materias. También se ha dado el caso de que intentas acercarte a ellos y éstos, prefieren estar invisibles y comentar más bien poco. Así que, como supongo que hay de todo, aún sigo acercándome a aquéllos que son superdotados a ver si es posible que me encuentre con alguien más o menos cercano.
Saludos.
no-no dijo
¡Un post cargado de sensibilidad! Diría que estás cargado de hormonas femeninas... ;-) (es un halago, por si lo malinterpretas, ¿eh?)
Pienso que este sistema educativo, además, acrecienta las dificultades de los superdotados: es demasiado laxo y se persigue la uniformidad pero siempre por el mínimo; claro, hay que esperar al que va detrás para que no se frustre. Pero, para la sociedad, es muy negativo también que se frustren los que van delante...
Por otra parte, la vida en sociedad consiste en aceptar las diferencias: de los demás y... de uno mismo. Pienso que todos, de una manera u otra, nos sentimos distintos a los demás y "crecer" supone aceptar/se y querer/se por lo que son/somos, no por lo que consiguen/conseguimos.
¡Me encanta leerte!
wildest-dreams dijo
Teniendo en cuenta que los niños de corta edad son inopinadamente crueles, incapaces de calibrar el alcance de determinadas declaraciones, cuando uno es más gordo o más cabezón que los demás, y produciendo con ello grandes complejos en los tímidos y retraídos, cuando aparece el nuevo, que no conoce aún a nadie, y responde bien a dos preguntas del profe lanzadas al aire, acaba de convertirse en un blanco perfecto, imán de collejas y marginado potencial en los recreos.
De mayor, habiendo sido larga, constante y severamente puteado por sus congéneres, tiene grandes probabilidades de desarrollar un brillante trabajo de investigación, y de ser un jefe resentido que no reconoce el talento de sus subordinados, que, irónicamente, podrían ser algunos de los que le hicieron la vida imposible en sus tiempos mozos. Justicia poética, podría llamarse.
De todos modos vivimos unos tiempos en los que lo mediocre triunfa y lo que destaca es malo. No hay escala de grises. El que es diferente es parte del problema, no de la solución. Quizá deberíamos pararnos a pensar en lo bueno que sería dejar de catalogar todo.
david-fluxa dijo
todo lo que despunta se intenta podar. esta sociedad es como un jardín de estilo inglés.
para estar tranquilo, mejor ser normalito o hacer ver que lo eres...
muy buen post
una abraçada
Fernando Blázquez dijo
Evidentemente, el problema no está en ellos. Está en nosotros. Y constituye otro más de entre los miles de prejuicios que las mayorías 'endosan' a las minorías, sean cuales sean. Cambia 'superdotados' por 'homosexuales' o 'gitanos' y cambia también los adjetivos. Vale para cualquiera.
MaríaJosé GH dijo
Aceptar la diferencia es algo que aún está lejos de ser una realidad... Como bien dices, cuando son niños se les otorga demasiada confianza, como si no necesitaran premios por sus resultados académicos, como si fuera lo natural en ellos: obtener buenos resultados... La mayoría de estos niños, su inteligencia, se basa en una increíble capacidad de observación y análisis y de una rapidez en la resolución de problemas, de situaciones embarazosas. La inteligencia no tiene tanto que ver con el conocimiento como con la emoción. Son inteligentes porque captan las cosas, se emocionan con ellas, las ven al vuelo. Y se sienten rechazados porque la sociedad está acostumbrada a ensalzar a los mediocres, a los que parece que saben pero que no sienten nada... No sé. Es un artículo precioso. Ante todo se habla de personas, y a veces, cuando se habla de los superdotados, es como si sólo se hablara de sus cerebros, y no de su capacidad para sentir las cosas. Me ha encantado tu artículo, Fernando. Muchos besos!
Lluís dijo
muy bien escrito, muy bueno el tema y muy bien su trato. Cierto es que en este pais sólo resurge lo mediano y mediocre, el problema es que la preparación intelectual ya no vale nada, ciertos valores:el desparpajo, el físico, la suerte incluso, (unidos al enchufismo y otras cosas oscuras) sustituyen cada vez más los auténticos, los citados en el artículo del mundo. Un saludo, hay que ser superdotado sin aparentarlo, un poco triste si es la verdad.
Jesús dijo
No se que decirte, pero hasta que se demuestre lo contrario, la inteligencia es peligrosa.
Fernando Solera dijo
Blas: Que no te quepa la menor duda. Aunque me consta que más de una de La Comunidad está encantada contigo.
Janpuerta: Es muy fina la línea que separa la genialidad de la locura, efectivamente.
Pat: La sociedad es muy dura con todo aquél que es diferente. Si para colmo es un fuera de serie, apaga y vámonos.
Luna: Mis palabras no son tristes, sino los hechos. No se puede tratar así a gente con tanto talento. No andamos sobrados de inteligencia en nuestro país.
Pelirroja: Es exactamente eso que tú dices, un desperdicio.
Domingo: Es irreparable, sí, pero algo habría que hacer, porque insisto, no andamos sobrados de talentos.
Más tarde sigo respondiendo vuestros comentarios, amigos...
elisa- dijo
Ni me imagino lo duro que tiene que ser tener un don para algo y ser "condenado" por ello, se empieza con la incompresión y el aislamiento y poco y poco eres un paria... lo que podrían aportarnos esas personas!!! Un beso, fernando
Fernando Solera dijo
Canovas: De todo hay en la viña del señor, pero está claro que con los años acaban siendo marginados, al menos muchos de ellos, por la sociedad. El reportaje que aparece enlazado es una dura muestra de ello.
No-no: Totalmente de acuerdo con tu reflexión, sobre todo con lo de que te encanta leerme ;-)
Wildest-dreams: Efectivamente, etiquetamos demasiado, como si fuera tan fácil. Los seres humanos somos demasiado complejos como para catalogarnos de una manera concreta. Por cierto, me ha gustado lo de la justicia poética. Aunque desgraciadamente muchas veces llevan las riendas los más lerdos.
David: Me ha gustado la metáfora de que esta sociedad es como un jardín inglés. Muy buena.
Fernando: Existen prejuicios contra todo lo diferente, es verdad. Aunque en mi opinión otro gallo nos cantaría si la gente verdaderamente inteligente tuviese un mejor puesto en la sociedad. Me imagino que es una quimera pensar en un mundo más justo que no discrimine, pero habrá que intentarlo.
En un rato sigo...
Fernando Solera dijo
María José: Has captado el mensaje a las mil maravillas. Estas personas seguramente gozan de una sensibilidad extraordinaria, la cual les hace diferentes e insoportables ante su entorno. Ven más que los demás y eso, amiga mía, nuestra sociedad no lo soporta.
Lluís: Suscribo tu reflexión, porque creo que en el fondo es muy triste que se queden en la cuneta estas personas, mientras muchos idiotas son nuestros jefes, sin saber hacer la o con un canuto. Pero claro, influyen mucho más los factores que acertadamente citas.
Jesús: La inteligencia es peligrosa, sobre todo para aquéllos que mandan, obviamente.
Elisa: Tienen un gran don y a la vez una gran responsabilidad, quizá demasiada sobre sus hombros, y si no encuentran apoyos, pueden acabar echándose a perder.
Un abrazo muy agradecido para todos.
Pepa dijo
Desde pequeñitos empiezan a sufrir en el colegio la incomprensión y zancadillas de sus compañeros. Lo describes muy bien. Los padres han de estar atentos para hablar mucho con ellos, hacerles entender lo que les pasa, ayudarles a desarrollar estrategias que les sirvan para seguir creciendo sin sufrir, porque tienen sensibilidad superior y sentimientos como todo el mundo.
Y de mayores, también siguen necesitando estrategias para sobrevivir, porque en el trabajo y en la sociedad siguen existiendo los envidiosos mediocres que son como un lastre que se agarra a la camiseta y no deja avanzar. Y no es que quieran acompañar en el camino, lo que quieren a veces es sencillamente tirar de uno hacia atrás ó hundirlo.
Para no perder la inocencia ni la bondad natural tan importantes para seguir desarrollando las magníficas capacidades de que están dotados.
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