13 Dic 2007

Un pueblo es

Escrito por: Fernando Solera el 13 Dic 2007 - URL Permanente

Los niños de capital que pasamos por nuestra infancia conociendo un pueblo sólo por María Ostiz y su guitarra, nos quedábamos los fines de semana sin compañeros de juegos. Los viernes a las cinco, aquéllos que tenían pueblo recogían sus cosas en el colegio con gran celeridad, mientras en casa les esperaban con la merienda preparada, que se comerían ya en el coche para evitar la caravana. El R5 era el todoterreno de entonces, un bólido que cargaban con provisiones para una guerra, que no era la de Irak, aunque el domingo por la tarde tocase regresar, normalmente más cargados que a la ida. Y los lunes, en la vuelta al tajo escolar, los niños con pueblo nos contaban lo bien que lo habían pasado en los trigales, apedreando gatos y echando carreras con la bicicleta a la prima dos años mayor, flirteando cuando no conocían el significado de ese anglicismo. Ni falta que hacía.

Ahora, sin embargo, quienes no tuvimos pueblo debemos tirar de imaginación para intuir la infancia que perdimos. Quizá por eso, el pasado puente en un pequeño pueblo de Zaragoza, intenté mirar con los ojos del niño que fui todo aquello que entonces sólo veía en televisión: los riscos, los pantanos, la quema de rastrojos, el autobús de línea y los prestidigitadores del mondadientes. Así pude ver, por ejemplo, que el cielo del pueblo, de un pueblo, no es el de una gran ciudad, aunque compartan la misma luna y el mismo sol, y que un atardecer en el campo encierra más saber que la biblioteca de Alejandría.

Un pueblo es la rotación de objetos por sus casas, pues cualquiera tirado al contenedor aparecerá a la media hora en otra vivienda, en un fenómeno pionero de reciclaje que haría las delicias de nuestro reciclable presidente; los visillos que se corren cuando un coche aparca o dos lugareños se detienen a departir sobre el cambio de tiempo; mujeres en bata, redecilla y pantuflas en calles sin aceras ni semáforos; ancianos vigilando quién va, apostados en los enclaves estratégicos y armados con su gayata; y bares de horarios aleatorios con parroquianos que murmuran sobre los forasteros que han llegado a casa de los de Zaragoza. Algo así debe de ser la España profunda que no sale en los telediarios, ésa que no se preocupa del euribor o las hipotecas, de la cesta de la compra o de los debates, y que vive en un pequeño mundo donde son felices a su manera alcahueteando con maldad y sin ella, tan pronto emparejando al párroco con una beata como tachándolo de homosexual. Buena cantera para el Tomate.

Quizá mi mayor consuelo sea comprobar que los pueblos de la tele se parecen a los de verdad. En ellos también podemos encontrar a hombres que siempre han vivido rodeados de humedades y de las mofas de sus vecinos. Como Paco Rabal en Los santos inocentes, cada pueblo, no sólo el de Delibes, cuenta con algún hombre bueno en el sentido que le daba Machado, pero tonto para el conjunto del padrón municipal. El pueblo de mi pasado puente también tiene uno de ellos, quién sabe si un santo sin contabilizar por el Vaticano, que con un simple silbido consigue que acudan junto a él todos los gatos del lugar, que le rodean con el indescriptible cariño que sólo muestran los animales a quien saben que es bueno. Un hombre ya anciano que, aunque apenas puede ver, ha logrado que los ojos del niño que fui descubrieran, por fin, la belleza que perdieron por no saber lo que era un pueblo.

21 comentarios · Escribe aquí tu comentario

crguarddon dijo

Fernando al leerte he recordado una tarde de viernes a la salida del colegio, mi hijo pequeño (quizás tendría 5 ó 6 años, no recuerdo la fecha) me dijo:
-Mamá yo quiero un pueblo.
-Hijo tú ya tienes un pueblo -le dije.
-Es que yo quiero un pueblo con tomates...
El pueblo de mi criatura, era el de su padre, Palafrugell...nada más y nada menos...
Un beso, luego te vuelvo a releer.

elojoqueves dijo

Fernando, qué te digo de tu prosa?. En fin caballero, que escribe usted excepcionalmente bien. Tienes la jodida capacidad de crear atmósferas de cuento corto en tus post. De relato en comprimidos (uno a día, con suerte). Mucho en poco. Me ha encantado.
Carmen...de Palafrugell. Buen pueblo. Conocí Girona este verano. Me encantó. Deberías haberle dicho a ese hijo que ya pasa de los 20 que en aquel pueblo no había tomates, pero había mar. ¡Qué mar!
Un beso a los dos.

Luna

Luna dijo

Entrañable y hermoso tu artículo. Tus palabras huelen a las tardes de verano que pasaba en el pueblo de mi padre durante mi niñez y adolescencia. Por unos minutos, me he sentido transportada a esos lugares de amplios espacios, inmensos horizontes y nubes rojizas por la presencia del viento. Momentos esos que jamás olvidaré y a los que retorno en los momentos angustiosos con los que, en ocasiones, me enfrenta la vida. Para mí son el refugio de mi alma, de mis sentimientos, me dan paz, y me confirman que en todos los sitios hay tontos sabios, o pobres ricos, pero esos son los que más ventaja nos llevan. Ellos han descubierto ya la esencia de la vida.

Me alegro de que también tú hayas descubierto lo que un pueblo ofrece gratuitamente: el encuentro con uno mismo.

crguarddon dijo

Jajaj afortunadamente con el tiempo, ese hijo descubrió todo lo que hay en aquellas latitudes. Qué mar...ojo, que mar...y qué ricos los tomates, los que venden las payesas los domingos por la mañana en el mercado.
Un beso Fernando por tu espacio abierto, y otro para ti ojoqueve.
Ya te releí Fernando, y eso...qué prosa.... Un placer.

Luisín

Luisín dijo

Yo ya sabía lo que era un pueblo pero leyéndote he descubierto lo que es un articulista. No me extraña que te pongan por las nubes Fernando.

pat

pat dijo

Genial! Un beso

(PD: yo tenía el pueblo de mis abuelo, pero soy uno de esos niños raros a los que no les gustaba ir...)

janpuerta dijo

Un gran post. Evocador de grandes recuerdos. No para de funcionarme el disco duro mental. Creo que se ha vuelto loco!.
Un abrazo

janpuerta dijo

Por cierto Fernando, la imagen de tu cabecera es genial!

blasftome dijo

¡Ahí, te quería yo ver, Fernando!, perdiendo tus sentimientos por un pueblo, por unas raíces "terruñeras". Yo soy de uno de esos pueblos que tan bien evocas. Habiendo nacido en uno, no me siento autorizado a cambiar ni una coma.
¡Hasta en las cabeceras te supero en edad!. No me extraña que ni siquiera cuando seas mayor quieras, "a lo mejor, parecerte a mí".

arco dijo

Magnífico ¿Que decirte distinto de los elogios que ya has recibido? es un excelente realato. Demuestras una muy fina sensibilidad y un manejo más que notable de la lengua. Saludos.

Lluís dijo

Claro, cambiar Madrid por eso debe ser algo importante, aunque me cuesta creer que no lo hayas vivido antes.Los pueblos son otra cosa, el tiempo avanza a otro ritmo y la gente se preocupa de otros menesteres, que, por suerte, no son llegar tarde al mcdonalds ni si todavía estará la hora azul en marcha. Aparte de que la gente suele ser más amable (nunca se debe generalizar pero a mí así me lo parece) aquí en mi tierra (Valencia o Alicante) suponen además pequeños reductos de realidad histórico-valenciana, los únicos sitios en donde se guardan las raices, las fallas no eran antes así, aquí todo ha cambiado, la cultura está manipulada.En los pueblos todavía se habla mi lengua, en Valencia ya no saben ni lo que hablan.

Eso de que hay más sabiduría que en la biblioteca de Alejandría es una verdad como un templo, creo que todos deberíamos cambiar de aires de vez en cuando y ver otras realidades, otros mundos diferentes, los de ciudad tienden a sentirse únicos y que va! nunca sabrán apreciar un pedazito de tierra labrado con orgullo. Te refieres a "El camino" por cierto? Ahí si que se ve lo que es un pueblo sin ninguna duda, mejor descritos imposibles, un abrazo Fernando!

domingo-puerta dijo

Yo soy también un "sin pueblo" y todos los viernes, cuando era un tierno infante, se me ponían los dientes largos al saber que muchos de mis amiguitos se marchaban a la campiña. Lo más parecido a un pueblo que he tenido es Fuentelcésped, en Burgos, donde una de mis tías tenía una casita y donde he pasado algún que otro verano cuando tan sólo era un mozalbete. El olor a leña y a la quema de rastrojos lo llevo todavía pegado a mi memoria como si fuera ayer. ¡Hmmm! Una gozada.

david-fluxa dijo

Fernando Solera no escribe... acaricia las palabras. las peina, hace trenzas con los términos y pone dulzura en los verbos. se nota que disfruta con este oficio que es hacer cosquillas sobre el papel.
Pocas veces lo digo: este post es de lo mejordito que he leido últimamente.
palabra de pueblerino.
una abraçada

Anónimo

Anónimo dijo

Genial,Fernando...Gracias.

Antonio Rodríguez Rubio.

Antonio Rodríguez Rubio. dijo

Fernado: El artículo en cuanto a lo literario, muy bueno.
Mi pueblo, cuenta con 4.300 habitantes. Te aseguro que no tiene nada de eso que has contado.
El tedio es lo que pasa por las vidas de los niños. ¿Acaso no llega la videoconsola a los pueblos?. Ignoro si en eso publecitos del interior con 100 vecinos pasa lo que dices, pero lo que comentas, pertenece a un tiempo que ya no es. El R5 todo-terreno, no es el coche de ahora. Ahora hay coches más amplios y que en un momento te pones en El Corte Inglés o el Carrefour.
Cuando veas las parabólicas en los tejados de un sitio, olvida todo eso que has comentado.
En la "sociedad del bienestar", se ha perdido mucho. Demasiado, diría yo. La felicidad hoy la da la posesión de cosas materiales, cosas como: amistad, mano tendida del vecino, ayuda, etc., ya no es lo que se lleva. En el tiempo que comentas, había en mi zona muy pocos recursos económicos y mucho de ignorancia. Pues bien: Se decía que a la parturienta y para que se recobrara, había que darle caldo de gallina, te aseguro que siempre hubo una gallina para ese caldo, aunque la parturienta fuera pobre se solemnidad. Como no había ambulancias, era el vecino que dispusiera de un medio de locomoción rápido el encargado de prestar ese servicio, hoy ya no; al vecino le dices que te acerque al médico que te encuentras muy mal y te contesta que no puede, que tiene prisa (prisa de ir al bar las más de las veces, porque al bar y por cerca que esté, se va en coche).
Se nota que eres de asfalto.

Neurotransmisores

Neurotransmisores dijo

Es curioso, los del pueblo quieren ir a la ciudad y los de la ciudad ir al pueblo.

canovas dijo

Pues yo, que soy de pueblo, me encuentro ahora en ciudad. Tengo que decir que puestos a elegir no sé, la ciudad como que te consume más pero en el fondo tienes mil cosas a las que asistir y/o hacer. Pero cuando llevas un cierto tiempo no sé, echas de menos ir al pueblo y poder ver algunos cientos de miles de olivos, sentir el gallo o los tractores por la mañana... Saludos.

elisa- dijo

Un post precioso Fernando, yo soy de una ciudad pequena pero la vida en mi infancia era como en un pueblo y hay que ver lo bien que nos lo pasábamos yo y mi hermano corriendo por las fincas y explorando los alrededores... Un beso.

Fernando Solera dijo

Carmen: Jejejeje. Los niños son la leche. Otro beso para ti.

Elojoqueves: Me encanta que me veas con tan buen ojo ;-)

Luna: Más que un comentario has escrito un post, muy hermoso, por cierto, con el que no puedo estar más de acuerdo.

Luisín: Muchas gracias, hombre, pero honradamente creo que los hay mucho mejores, sin ir más lejos en esta Comunidad.

Pat: Siempre he pensado que eras un poco rarita :O) Otro para ti.

Jan: Muchas gracias, aunque lamento que se te haya disparado el disco duro. Por cierto, me alegro de que te guste la foto que, aunque no es de muy buena calidad (año 81 u 82), sirve para ilustrar un poquito este blog.

Fernando Solera dijo

Blas: Por lo que veo tú conoces los pueblos mucho mejor que yo. Un amigo mío mexicano me dijo una vez algo sobre los pueblos pequeños que me impresionó mucho: "Pueblo chico, infierno grande".

Arco: Muchas gracias.

Lluìs: Hasta hace pocos años lo que sabía de los pueblos era lo que veía por la tele. Probablemente tengas razón en que nuestra esencia está allí. En cuanto a Delibes, creo que en varias de sus obras ha descrito como nadie lo que es un pueblo. Entre otras, claro está, El camino.

Domingo: Lo que nos hemos perdido, amigo.

David: Caso de que seas un pueblerino, lo eres en el mejor sentido de la palabra. Muchas gracias por los inmerecidos elogios. Otro abrazo para ti.

José Alberto: A ti.

Fernando Solera dijo

Antonio: Muchas gracias por tu opinión. Como dice mi mujer, soy más de ciudad que los semáforos. Desgraciadamente.

Neurotransmisores: Si por mí fuera y tuviera algo con que ganarme la vida en un pueblo, me iba de Madrid mañana mismo con los ojos cerrados.

Roberto: Yo creo que el futuro está en los pueblos. De hecho, mucha de nuestra tercera edad se está volviendo al pueblo, tras vender sus pisos en grandes capitales.

Elisa: Es que entre un pueblo grande y una ciudad pequeña tiene que haber pocas diferencias, digo yo.

Gracias a todos por vuestra amabilidad, una vez más. Besos para ellas y abrazos para ellos.

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Sobre este blog

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Desafinado

Madrid. 1975. Acuario. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones de titulación y articulista de vocación. Con escepticismo e ironía, y a veces mordacidad, intento mostrar mi visión de este mundo que nos ha tocado malvivir, pero del que nadie se quiere marchar.

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