17 Ene 2008

El cine español

Escrito por: Fernando Solera el 17 Ene 2008 - URL Permanente

"Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español" (Antonio Gasset)

Según datos oficiales, el cine español ha perdido cinco millones y medio de espectadores en el último año. Un tercio del público que vio nuestras películas durante el 2006, se fue con las palomitas a otra parte en el 2007. Cabe destacar igualmente que sólo uno de cada ocho espectadores optó el año pasado por una producción nacional. La única cinta que sobresalió fue El orfanato, pues para encontrar la siguiente habría que descender hasta el puesto vigésimo quinto de la clasificación. O sea, la segunda división para los lectores del Marca.

El ministro de Cultura, por su parte, ha asegurado que “se ve más cine que nunca, pero se asiste menos a las salas, debido también a las nuevas tecnologías”. Es una manera ingeniosa, como gran poeta que es, de justificar el estrepitoso descalabro del cine español. O sea, que los parroquianos ya no acudimos a las salas a verle el culo a Elsa Pataki, o a ver a los buenos y a los malos durante la guerra civil y en la actualidad, porque preferimos descargárnoslas con el Emule y luego verlas en el portátil. Va a ser eso. Porque, probablemente, tú ahora mismo estés bajándote El ekipo ja o incluso Café solo o con ellas, ¿a que sí?. Ya que la SGAE ha decidido atracarnos con el visto bueno del Gobierno, los contribuyentes, al parecer, hemos optado por piratear obras patrias.

Tururú. Parafraseando la serie de Telecinco con el bucólico título Sin tetas no hay paraíso, podríamos afirmar también que “Sin talento no hay taquilla”. Los nacionales, mientras nos quitamos la pelusa del ombligo, estamos siempre dispuestos a tragarnos lo que nos echen por la tele, porque nos sale gratis. Pero si un sábado por la noche tienes que aflojar siete euros, porque quieres ver una película y no practicar en la fila de los mancos, te niegas a que te cuenten el mismo rollo de siempre. Chico conoce a chica, conflictos de pareja, militares con graduación poniendo los cuernos, hombres que salen del armario y mujeres que entran en un club de intercambios, guardias civiles persiguiendo a fugitivos con las tetas al aire... ¿O era al revés? Todo esto aderezado con unos diálogos normalmente ininteligibles porque no se vocaliza, porque la compleja construcción sujeto-verbo-predicado no ha terminado de germinar en la cabeza del sesudo guionista, o incluso por ambas razones.

Si no fuera porque, para sacarnos de dudas, los directores suelen tener la gentileza de incluir en el elenco a grandes estrellas del firmamento hispánico, como Fernando Tejero o Willy Toledo, uno podría llegar a sospechar que está viendo gore casero. Pero no: es el fruto intelectual de nuestros plañideros cineastas. Como sigan lloviéndoles los millones a estos ordeñadores de la ubre pública, mientras gente con verdadero talento se dedica a servir bravas y oreja, el cine español acabará estrenándose en los cineclubs rurales. Sería deseable, por el bien de lo que queda de nuestro séptimo arte, que muchos de nuestros subvencionados artistas se dedicaran, por ejemplo, al noble gremio de la fontanería. A lo mejor así descubrían su auténtica vocación.

26 Nov 2007

Cavando con Scorsese

Escrito por: Fernando Solera el 26 Nov 2007 - URL Permanente

Se acaba de presentar en Madrid la campaña publicitaria de Freixenet para las próximas fiestas navideñas. El clásico anuncio protagonizado por actores, cantantes o modelos, es sustituido por otros del director italoamericano Martin Scorsese, rodados en la capital del mundo, Nueva York. Según dicen, los directivos de la empresa catalana le han impuesto que no ruede escenas violentas, lo cual parece razonable, pues conociendo a este director no sería de extrañar que las gachís aburbujadas guardasen un revólver en el escote, junto al décimo de lotería. Sería apoteósico que Freixenet se enfrentase a su máxima competidora, Codorníu, contrarrestando su bucólica imagen de los fuegos artificiales en el castillo de Peralada con la contundencia del fuego cruzado entre burbujas en pleno corazón del Bronx.

Pero me temo que la máxima licencia que se permita pueda consistir en que el chico de la gorra nos dispare con el corcho de la botella en un ojo. Aun así, este director es el ideal para rodar anuncios de fechas tan familiares. Nadie como él ha trasladado al celuloide las tensiones que se viven en las familias por antonomasia: las de la mafia. No debemos olvidar que la navidad suele ser la culminación de un año de trifulcas porque la gente, en el fondo, no se puede ni ver. A pesar de ello, cuando el Corte Inglés inaugura en octubre las fiestas tú empiezas a patearte las tiendas, mientras te preguntas dónde hará las compras navideñas Zapatero, para atreverse a decirnos que la cosa de los dineros nos va muy bien. Hasta que una tarde de sábado, la visa te dice que ya no puede más, y acabas en una tienda de otra mafia, la china, comprando los regalos de la suegra y de otros familiares de similares afectos. Allí es donde constatas que este año los Reyes Magos sí que van a venir de Oriente.

Por fin, tras dos meses de agonía, llegan tan entrañables fechas en que nos acordamos con tristeza de quienes se marcharon. Y la suegra, a lo suyo, pretendiendo que tú también engroses esa nómina de difuntos, ofreciéndote unos huevos rellenos de nunca has sabido qué. Los papás, a su vez, se cruzan dardos envenenados presumiendo de las notas de sus niños, mientras chupan afanosamente cabezas de langostinos. Progenitores que son, sin duda, el mejor exponente del hampa. Pero no del inmortalizado tantas veces por Scorsese, sino de las asociaciones de madres y padres de alumnos víctimas del nuevo sistema educativo, de ahí la hache.

Al menos me consuelo pensando que este tierno retablo familiar debe de ser internacional, incluido el pobre cuñado basculándose una botella de cava o de garrafón, lo importante es olvidar. Seguramente sólo nos diferenciaremos en que, mientras en Alemania escuchan a Peter Alexander cantando Stille Nacht o en Estados Unidos a Frank Sinatra entonando White Christmas, aquí optamos por los peces en el río de Manolo Escobar. Pero lo importante es que, una vez más, volveremos a brindar porque el año que viene podamos seguir llevándonos a tiro limpio. Feliz navidad.

23 Nov 2007

Luz

Escrito por: Fernando Solera el 23 Nov 2007 - URL Permanente

Cuentan los eruditos del séptimo arte, que cuando Gene Kelly interpretó en Cantando bajo la lluvia uno de los números musicales más célebres nunca filmados, lo hizo con cuarenta de fiebre. Además de valorar que el hombre no lo hizo nada mal, deberíamos de constatar que fue el sí de la chica que le ponía pastueño, lo que le provocó semejante estado de euforia. Son precisamente esa clase de emociones las que logran que nos sintamos vivos. Aquéllas con que nos desaparecen, repentinamente, las artritis, las jaquecas, y hasta las jodidas almorranas. Son ocasiones en que te sientes tan feliz, que hasta te atreverías a emular a Fred Astaire, a Ginger Rogers o, ya venido muy arriba, a la mismísima Esther Williams en Escuela de sirenas. Pero lamentablemente son momentos muy efímeros, porque enseguida vuelves a sentirte culpable por lo que no hiciste, y a preocuparte por lo que puedas hacer.

Supongo que Luz también habrá experimentado en su vida esos instantes en que uno cree que fue feliz, interrumpidos siempre prematuramente por una llamada inoportuna o por la factura con la reunificación de deudas. Hasta que llega un día de tantos y te dicen, “Oiga, mire, que tiene usted la larga enfermedad”. Entonces se paran todos los relojes, hasta los suizos. Y cuando el paciente ha pasado las diversas etapas anímicas tan estudiadas en los tochos de psiquiatría, sólo le queda una: vivir. No piensa si realmente la enfermedad será larga o corta. Sólo piensa en vivir. Y vivir es vivir el presente, pues el pasado ya pasó y el futuro quién sabe. La vida es hoy, es ahora. Luz lo ha querido dejar muy claro en su nuevo disco, con el título del primer sencillo que ya suena en todas las radios: Sé feliz.

Pasamos la vida en trabajos que aborrecemos, aguantando a gente que no vale ni para tomar por #!!@&, etc., etc., postergando para mañana lo que nos gustaría hacer hoy. Pero el mañana nunca llega. Y aunque los libros de sabiduría nos aseguren que sólo hay dos formas de crecer espiritualmente, el entendimiento y el sufrimiento, raro es el caso de quien despierta de la primera manera y no de la segunda. Probablemente por ello Luz nos exhorte ahora a que seamos felices, abandonando nuestra vida tóxica. Quizá, el secreto de vivir no consista más que en sentir esas emociones que nos acercan a lo que llaman felicidad. En que saques a la pista de una puñetera vez a la vida, y así, amarraditos los dos, por fin podáis bailar a la luz de la música de tus sueños, aunque tú no seas Gene Kelly ni Hollywood la España de Zapatero. Pero está en ello.

15 Nov 2007

Alfredo Landa

Escrito por: Fernando Solera el 15 Nov 2007 - URL Permanente

Persiguió suecas en Torremolinos y un futuro mejor en Alemania. Fue mariquita de día y ligón de noche, novio decente en el pueblo y Rodríguez trasnochado en la capital. Sufrió las humillaciones de un terrateniente y disfrutó la gloria de una quiniela de catorce. También fue militar en distintas plazas, delincuente de poca monta, cura de buen corazón, gasolinero y detective privado, así como otros muchos personajes de los gremios más variopintos. Para la historia y el Espasa ha dejado todo un género, el landismo, con esas guiris que por mucho que les gritásemos no entendían lo que les decíamos, pero sí lo que pretendíamos. Aprendimos con él que ellas sólo querían sol y manzanilla, y que de tocarles algo únicamente podrían ser las castañuelas, y olé. Si un día revisásemos en orden cronológico su vastísima obra cinematográfica, podríamos comprobar cuánto hemos cambiado: de la España del boom turístico de los sesenta a la del boom inmobiliario del siglo XXI. Menuda ostia nos vamos a dar.

Pese a ser uno de los más grandes, se nos ha retirado sigilosamente. Como esos silencios con los que ha expresado tanto en el final de su grandiosa carrera, él, que en sus comienzos era tan dado a hablar y gesticular. Pero cuando alguien logra llegar a la cumbre, descubre atónito que las palabras no eran necesarias para expresar las emociones que forman parte de nuestro inconsciente colectivo. Una mirada, un beso, una caricia, un guiño, una sonrisa... pueden decirlo todo sin decir nada. Nuestro cine ha acabado hallando en él a uno de sus mejores ancianos, que como ya nadie los escucha porque chochean, se acaban especializando en silencios, sin duda mucho más sabios que las palabras de quienes les hacen callar. En esto, también ha sido un maestro.

Cuando suba al escenario para recoger el Goya de Honor por toda su carrera, estarán siendo homenajeadas las 133 películas en que participó, así como toda una época de nuestro cine y, por tanto, de nuestras vidas. Recordaremos la España que fuimos y en la que hoy no queremos reconocernos pues, a pesar de todo, estamos mejor que entonces. Su homenaje lo será también a un país que fue aprendiendo a vivir como este genial cómico a actuar: de manera autodidacta, a trompicones, timoratamente, intentando caer de pie con suerte desigual. Varias generaciones hemos reído y llorado con sus personajes tiernos y viscerales, aunque actualmente pocos admitan seguir haciéndolo, pues ahora todos somos de arte y ensayo en versión original. Hoy, ya sólo nos queda darle las gracias por haber sabido entendernos tan bien, por interpretarnos con un cariño que jamás le podremos devolver, y por haber dedicado toda su vida a hacer menos infeliz la de los demás.

Sobre este blog

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Desafinado

Madrid. 1975. Acuario. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones de titulación y articulista de vocación. Con escepticismo e ironía, y a veces mordacidad, intento mostrar mi visión de este mundo que nos ha tocado malvivir, pero del que nadie se quiere marchar.

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