28 Feb 2008

Antología del talante (I)

Escrito por: Fernando Solera el 28 Feb 2008 - URL Permanente

Poco después de salir de Burgos, mis compañeros y yo nos percatamos de que un coche nos estaba siguiendo. Justo cuando entramos en León, los antidisturbios detuvieron nuestro autobús, para acto seguido desviarlo por la ciudad hasta llevarnos a una calle cortada. Allí lo dejaron inmovilizado sin permitirnos bajar del mismo. Al parecer, les ocurrió exactamente lo mismo a todos los autocares que salieron de distintos puntos de Castilla y León. Los únicos que pudieron llegar al mitin de Zapatero fueron unos compañeros de Soria. Estos funcionarios sorianos se le ‘escaparon’ a la Guardia Civil, debido a que llegaron en coches particulares. Tuvieron mucha mejor suerte, por tanto, que quienes estuvimos retenidos sin poder bajar del autobús ni para orinar. Cuando terminó el mitin de Zapatero y nos ‘soltaron’, nos dirigimos todos a poner una denuncia en las comisarias de León.

Éste es el testimonio relatado por una funcionaria burgalesa de justicia a quien, por razones obvias, mantendré en el anonimato. Ella, al igual que cientos de compañeros suyos, fueron retenidos ilegalmente el pasado 22 de febrero en León, por querer manifestarse en el mitin del PSOE. Ese día, las Fuerzas de Seguridad del Estado conculcaron, además, su derecho fundamental a la libre circulación por el territorio nacional (artículo 19 de la Constitución Española).

Ojo, porque estamos hablando presuntamente del secuestro durante varias horas de cientos de funcionarios castellano-leoneses. Es lo que tiene hablar tanto de Franco, de la extrema derecha y de la intolerancia, que al final le acabas cogiendo el gustillo a eso de coartar las libertades de los ciudadanos díscolos. Aunque, seguramente, si al campeón del talante democrático le preguntásemos por estos hechos, nos respondería que él no sabe nada. Como tampoco del pacto del Tinell y de la identificación del PP con la extrema derecha en el manual de los candidatos socialistas, como dijo el pasado miércoles en Antena 3.

Todos estos funcionarios que, como diría nuestro presidente, también son seres humanos, fueron acorralados por patrullas de antidisturbios sin que nadie les diera ninguna explicación. Según concluyeron después, las Fuerzas de Seguridad debían de conocer de antemano las matrículas de sus autobuses, pues éstos no llevaban ningún distintivo. De todo esto se deduce que el PSOE ya se atreve a actuar como en una dictadura, con policía política incluida. Y todo ello para confinar a unos trabajadores que querían protestar por sus precarios sueldos. Esto, queridos amigos del talante zapateril, es lo que les espera a quienes discrepen del régimen establecido, id tomando nota.

Pese a estas conductas tan totalitarias, aquí nadie va a levantar la voz, porque su masa está colosalmente adoctrinada. Tanto, que hasta podrían pasar unos días sin su ración de soma, sin escuchar su emisora o ver su informativo de siempre. No habría peligro alguno, pues la lección ya se la tienen muy bien aprendida. Pase lo que pase, seguirán apoyando ciegamente a este sujeto, aunque se demuestre inequívocamente que carece por completo de las buenas intenciones de que tanto presume, incluso con los trabajadores. Ya lo dice el refrán, aunque a lo mejor resulta que tampoco lo conoce.

Tras el relato de estos hechos, más propios de una dictadura que de una democracia, y de los que no se ha llegado a informar detalladamente en ninguna televisión nacional, faltaría más, me gustaría hacer una pregunta a la hinchada de Zapatero: ¿Qué habríais montado si esto mismo lo hubiese hecho el PP con un mitin de Aznar? Pero, para qué seguir, si está todo muy claro. Cuando sean “los nuestros”, todos calladitos. El PSOE, con su artillería mediática, pastorea muy bien al rebaño con la guerra de Irak, Aznar, Bush y lo rancio que es el PP. Y mientras, sus fuerzas de seguridad, a retener a los manifestantes a cientos de metros de su gran líder. Como en el mejor de los Estados totalitarios.

Enlace con la denuncia presentada por todos los sindicatos en un juzgado de León

(Dedicado con cariño a quienes prefieren no ver lo que está pasando hoy en España. Va por vosotros, y que Dios os conserve la vista.)

06 Feb 2008

Los teleimitadores

Escrito por: Fernando Solera el 06 Feb 2008 - URL Permanente

Muchos niños son unos artistas imitando a sus padres, especialmente cuando éstos, en ausencia de sus esposas, les dicen cosas a las gachís que desfilan por la calle. Las niñas, a su vez, suelen divertirse jugando con los vestidos y los zapatos de sus madres, mientras prueban todos los potingues con que ellas se alicatan antes de salir. No obstante, también hay hijos que disfrutan con las cosas de mamá, aunque eso ya es otra historia. Sin embargo, cuando el vello comienza a despuntar en innombrables zonas de nuestra pecadora anatomía, empezamos a frecuentar la compañía de una caja que cada vez se ve mejor, pero cuyos contenidos, paradójicamente, son cada vez peores. Víctimas del influjo catódico, pronto sucumbimos a la tentación de imitar a los personajes de moda. Es entonces cuando los hijos dejamos definitivamente de emular a nuestros padres, y en un inequívoco síntoma de madurez, adoptamos como nuevo modelo de conducta a Paquirrín o Belén Esteban.

Probablemente sea éste el primer momento de la dura vida paterna, y que desgraciadamente suele coincidir con la crisis de los cuarenta, en que nuestros progenitores empiezan a plantearse si no hubiera sido mejor agenciarse un perro. Reconozco que debe de ser todo un trauma llevar a tus hijos a un colegio de pago, para que acaben repitiendo latiguillos de concursantes de Gran Hermano, de Aznar o de Carmen Sevilla. Pero como a los padres les tira la sangre, porque el chaval les recuerda al abuelo materno que murió en la batalla del Ebro, le ríen las imitaciones. Así, poco a poco, se van forjando esos sádicos imitadores que, a fuerza de latiguillos y movimientos corporales, intentan atraer la atención del respetable en cualquier reunión social, para sonrojo de quienes deciden no unirse al coro de Chiquitos de la Calzada.

Estas imitaciones, que no pasan de ser gracietas de tasca, tienen el único fin de provocar unas risotadas que resuenan tanto como un pensamiento en la oquedad de sus cabezas. Pero la situación se agrava cuando algunos de los miles de pirados que hay sueltos por nuestras calles, deciden imitar a psicópatas que han logrado su minuto de gloria en prime-time. Eso es lo que está ocurriendo de manera evidente con la violencia doméstica, cuyos casos crecen exponencialmente por tanta difusión televisiva. Aunque ahora lo que más se estila con diferencia, el último grito del mimetismo catódico entre los espectadores más degenerados, consiste en reclamar indemnizaciones a las víctimas de los atropellos automovilísticos, por los desperfectos causados en sus coches. Abrió la veda un iluminado riojano, y a los pocos días han surgido denuncias similares.

Éstas son algunas de las consecuencias más funestas de vivir, como se dice ahora, en la sociedad de la imagen, también llamada cultura de la imagen, con un par. Mientras en el siglo pasado nos hechizaba la televisión, ahora otra pantalla, la virtual de Internet, es la que goza de nuestro mayor cariño por contar con una audiencia potencial planetaria. Hoy, los seres humanos vivimos enganchados a una pantalla, fascinados por sentirnos protagonistas activos que interaccionan con otros seres necesitados del mismo protagonismo. Todo para acabar formando una comuna onanista que ha perdido el oremus.

Quizá nos convendría echar la vista veintitrés años atrás, cuando no teníamos más que dos cadenas de televisión y triunfaban los ordenadores Spectrum de cassette. Fue entonces cuando los mozos de una aldea oscense, decidieron emular la historia de la película que acababan de ver en el bar del pueblo. Desde ese día, cientos de caravanas han atravesado nuestro país, logrando que mucha gente apague sus pantallas porque han vuelto a encenderse sus corazones. Solitarios cansados de chatear con el nick de Brad Pitt, con lo bonito que es llamarse Mariano y acariciar las noches en las nalgas nada virtuales de una mujer. Especialmente ahora que, pese a los obispos, sabemos que las pantallas te pueden dejar ciego, pero nunca las cosas del querer.

17 Ene 2008

El cine español

Escrito por: Fernando Solera el 17 Ene 2008 - URL Permanente

"Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español" (Antonio Gasset)

Según datos oficiales, el cine español ha perdido cinco millones y medio de espectadores en el último año. Un tercio del público que vio nuestras películas durante el 2006, se fue con las palomitas a otra parte en el 2007. Cabe destacar igualmente que sólo uno de cada ocho espectadores optó el año pasado por una producción nacional. La única cinta que sobresalió fue El orfanato, pues para encontrar la siguiente habría que descender hasta el puesto vigésimo quinto de la clasificación. O sea, la segunda división para los lectores del Marca.

El ministro de Cultura, por su parte, ha asegurado que “se ve más cine que nunca, pero se asiste menos a las salas, debido también a las nuevas tecnologías”. Es una manera ingeniosa, como gran poeta que es, de justificar el estrepitoso descalabro del cine español. O sea, que los parroquianos ya no acudimos a las salas a verle el culo a Elsa Pataki, o a ver a los buenos y a los malos durante la guerra civil y en la actualidad, porque preferimos descargárnoslas con el Emule y luego verlas en el portátil. Va a ser eso. Porque, probablemente, tú ahora mismo estés bajándote El ekipo ja o incluso Café solo o con ellas, ¿a que sí?. Ya que la SGAE ha decidido atracarnos con el visto bueno del Gobierno, los contribuyentes, al parecer, hemos optado por piratear obras patrias.

Tururú. Parafraseando la serie de Telecinco con el bucólico título Sin tetas no hay paraíso, podríamos afirmar también que “Sin talento no hay taquilla”. Los nacionales, mientras nos quitamos la pelusa del ombligo, estamos siempre dispuestos a tragarnos lo que nos echen por la tele, porque nos sale gratis. Pero si un sábado por la noche tienes que aflojar siete euros, porque quieres ver una película y no practicar en la fila de los mancos, te niegas a que te cuenten el mismo rollo de siempre. Chico conoce a chica, conflictos de pareja, militares con graduación poniendo los cuernos, hombres que salen del armario y mujeres que entran en un club de intercambios, guardias civiles persiguiendo a fugitivos con las tetas al aire... ¿O era al revés? Todo esto aderezado con unos diálogos normalmente ininteligibles porque no se vocaliza, porque la compleja construcción sujeto-verbo-predicado no ha terminado de germinar en la cabeza del sesudo guionista, o incluso por ambas razones.

Si no fuera porque, para sacarnos de dudas, los directores suelen tener la gentileza de incluir en el elenco a grandes estrellas del firmamento hispánico, como Fernando Tejero o Willy Toledo, uno podría llegar a sospechar que está viendo gore casero. Pero no: es el fruto intelectual de nuestros plañideros cineastas. Como sigan lloviéndoles los millones a estos ordeñadores de la ubre pública, mientras gente con verdadero talento se dedica a servir bravas y oreja, el cine español acabará estrenándose en los cineclubs rurales. Sería deseable, por el bien de lo que queda de nuestro séptimo arte, que muchos de nuestros subvencionados artistas se dedicaran, por ejemplo, al noble gremio de la fontanería. A lo mejor así descubrían su auténtica vocación.

03 Dic 2007

Amore grande, amore libero

Escrito por: Fernando Solera el 03 Dic 2007 - URL Permanente

Los espectadores de la serie Cuéntame estuvimos la noche del pasado jueves aguardando la muerte de Franco. Pese a que conocemos el final, no podemos evitar cierta expectación por un momento que, visto treinta y dos años después, presumía tantos cambios en nuestro fanático país, aunque todavía hoy la izquierda siga traficando con su cadáver (sutileza). Ese diecinueve de noviembre de 1975, víspera de la muerte del dictador, servidor contaba con nueve meses y trece días, y su única preocupación consistía en mamar cada tres horas. Tiempo habría de perder ese bendito pragmatismo en la política nacional e internacional, la bolsa de valores y de la compra, y escribir contracorriente lo que a muchos les jode leer. Entonces uno no tenía edad ni ganas de ocuparse de esos temas tan baladíes, y menos aún de estar pendiente de un documental de pingüinos en televisión. Porque según nos han contado en la serie, la difusión de un reportaje sobre tan elegantes animales fue la señal acordada entre los poderosos para conocer, antes que el populacho, que el guardián de occidente se había ido al otro lado, con el gracioso de Dios.

Los pingüinos hicieron entonces de teloneros de otro animal vestido de negro, el carnicerito de Málaga, quien gimoteó plañideramente la muerte del genocida, ante esa España de finales del setenta y cinco en blanco y negro. Un país que seguía sin poder ver la carne en color, salvo cruzando la frontera en un 1500. Los perdedores pecaban de pensamiento con la mujer del prójimo, mientras los vencedores tenían querida de apartamento y santa esposa de reclinatorio. Ya se encargaron de adoctrinar bien a los pobres españoles para que les bastara con su pan, su hembra y la fiesta en paz, como cantaron poco después los de Jarcha. Menuda letra. Aunque, bien mirado, tampoco hemos cambiado tanto, pues el espíritu de dicha canción sigue vigente: mi nómina, mi familia, mis caprichitos de fin de semana, y a los demás como si los operan. Mientras hoy el número de pobres crece paralelamente con los precios, nuestros políticos siguen lucrándose azuzando el odio entre nosotros, trabajadores amedrentados por un despotismo empresarial bendecido por los distintos gobiernos. Aunque al menos ahora podemos comprar preservativos de varios sabores en el Carrefour, y los homosexuales ya no son fusilados como Lorca o exiliados como Miguel de Molina.

En esta España levantisca del siglo XXI, como de muchos siglos atrás, nos queda el consuelo de que podemos amarnos sin necesidad de acabar en la Dirección General de Seguridad. Hoy, si nos quedamos ciegos, ya no es por tocarle una teta a la jamona de la vecina, sino por pasar demasiadas horas viendo porno en internet. Sin embargo, hace escasamente treinta y dos años, otras ubres, las del franquismo, eran apuradas por los gerifaltes del agonizante régimen, por si venían los rojos. Muchos de aquéllos se apresuraron entonces a llevar sus chaquetas a la tintorería y, los más avisados, las sustituyeron por una de pana. Y mientras, los españolitos solteros, casados o arrejuntados, bailaban inocentes en las azoteas y en los descampados, hartos de esperar a los pingüinos. Ansiosos por recordar qué se siente cuando el amor es grande y libre, como aquél que nos convidó a amar la vida por primera vez en el pecho de una mujer. Un amor que siempre será más fuerte que el odio y la muerte.

26 Nov 2007

Cavando con Scorsese

Escrito por: Fernando Solera el 26 Nov 2007 - URL Permanente

Se acaba de presentar en Madrid la campaña publicitaria de Freixenet para las próximas fiestas navideñas. El clásico anuncio protagonizado por actores, cantantes o modelos, es sustituido por otros del director italoamericano Martin Scorsese, rodados en la capital del mundo, Nueva York. Según dicen, los directivos de la empresa catalana le han impuesto que no ruede escenas violentas, lo cual parece razonable, pues conociendo a este director no sería de extrañar que las gachís aburbujadas guardasen un revólver en el escote, junto al décimo de lotería. Sería apoteósico que Freixenet se enfrentase a su máxima competidora, Codorníu, contrarrestando su bucólica imagen de los fuegos artificiales en el castillo de Peralada con la contundencia del fuego cruzado entre burbujas en pleno corazón del Bronx.

Pero me temo que la máxima licencia que se permita pueda consistir en que el chico de la gorra nos dispare con el corcho de la botella en un ojo. Aun así, este director es el ideal para rodar anuncios de fechas tan familiares. Nadie como él ha trasladado al celuloide las tensiones que se viven en las familias por antonomasia: las de la mafia. No debemos olvidar que la navidad suele ser la culminación de un año de trifulcas porque la gente, en el fondo, no se puede ni ver. A pesar de ello, cuando el Corte Inglés inaugura en octubre las fiestas tú empiezas a patearte las tiendas, mientras te preguntas dónde hará las compras navideñas Zapatero, para atreverse a decirnos que la cosa de los dineros nos va muy bien. Hasta que una tarde de sábado, la visa te dice que ya no puede más, y acabas en una tienda de otra mafia, la china, comprando los regalos de la suegra y de otros familiares de similares afectos. Allí es donde constatas que este año los Reyes Magos sí que van a venir de Oriente.

Por fin, tras dos meses de agonía, llegan tan entrañables fechas en que nos acordamos con tristeza de quienes se marcharon. Y la suegra, a lo suyo, pretendiendo que tú también engroses esa nómina de difuntos, ofreciéndote unos huevos rellenos de nunca has sabido qué. Los papás, a su vez, se cruzan dardos envenenados presumiendo de las notas de sus niños, mientras chupan afanosamente cabezas de langostinos. Progenitores que son, sin duda, el mejor exponente del hampa. Pero no del inmortalizado tantas veces por Scorsese, sino de las asociaciones de madres y padres de alumnos víctimas del nuevo sistema educativo, de ahí la hache.

Al menos me consuelo pensando que este tierno retablo familiar debe de ser internacional, incluido el pobre cuñado basculándose una botella de cava o de garrafón, lo importante es olvidar. Seguramente sólo nos diferenciaremos en que, mientras en Alemania escuchan a Peter Alexander cantando Stille Nacht o en Estados Unidos a Frank Sinatra entonando White Christmas, aquí optamos por los peces en el río de Manolo Escobar. Pero lo importante es que, una vez más, volveremos a brindar porque el año que viene podamos seguir llevándonos a tiro limpio. Feliz navidad.

21 Nov 2007

Eye in the sky

Escrito por: Fernando Solera el 21 Nov 2007 - URL Permanente

Cuando te despides de ella entre lágrimas, te quieros y abrazos, y después aguardas a que su avión despegue, incumpliendo la promesa que le hiciste de marcharte con el último cruce de vuestras miradas. Cuando tras recorrer los escaparates de media ciudad buscando aquello que tanto le gusta, te decides a entrar en una tienda y pedir que te lo envuelvan para regalo. Cuando os dáis vuestro primer beso en su portal, intercambiando por fin algo más que el número de móvil. Cuando sacas dinero de un cajero y te dices que de salud y amor andas muy bien, gracias. O cuando te da un apretón y decides irte de putas por el centro de Madrid. Siempre están ahí, observándote. Son las cámaras de vigilancia, también llamadas de seguridad.

Saben que en el fondo eres bueno, que todos lo somos. Pero también un peligro en potencia. Nunca se sabe ni dónde ni cuándo puede surgir quien se atreva a atentar contra el orden establecido. Por eso hay que estar prevenidos y fiscalizan todos tus movimientos: lo hacen por tu bien. Sólo quieren que vivas tranquilo, como un gregario más, conforme y feliz con su hipoteca. Te han convertido en un código de barras que consume, siendo poco más que el paquete de garbanzos que te pasa la cajera por el lector. Pero a los garbanzos no les besan ni les dan la mano en las campañas electorales de nuestra democracia. Así que no te quejes, que ahora estamos mejor. Antes la gente temía al ojo omnisciente de Dios y de la Brigada Social, en aquellos tiempos lo mismo. Sin embargo, hoy sólo tememos a la hipoteca y el mobbing, que también brean lo suyo, no te vayas a creer. A eso, y a que en breve no nos podamos despedir dándonos el lote como el altísimo siempre ha mandado porque, además de sus fisgones vecinos, en breve un robot manchego pueda cortarte el rollo, o incluso apuntarse a un ménage à trois, siempre que no pierda aceite.

Los curas, cuando entonces, se encargaban de comunicar a los padres de la chica que el mozo que la rondaba les iba a hacer abuelos en pecado. El sacerdote era el Jorge Javier Vázquez del pueblo, que invitado a una buena mesa se pasaba por el badajo el secreto de confesión. Con razón había más matrimonios, pues muchos llegaban al altar con el cañón de una escopeta apuntando mismamente a la quinta dorsal. Ahora en cambio, en nuestra sociedad de la imagen, la parroquia se ronda en el diario de Patricia, a veces con consecuencias funestas. Además, los curas salen a la calle pancarta en mano, mientras que los obreros ya no se manifiestan ni el primero de mayo, pues prefieren pasar el puente en el atasco, limitándose a rogarle a su virgen, si es que todavía queda alguna, que se queden como están. Menos mal que por la gracia de Dios, hace treinta y dos años que el vigía de occidente ya no está para suplantarlo.

30 Oct 2007

El diario no hablaba de ti

Escrito por: Fernando Solera el 30 Oct 2007 - URL Permanente

Hoy dice el periódico que Zapatero ha inaugurado un nuevo socavón en Barcelona, que ha ganado en su campo el Madrid, y que unos mártires han sido beatificados en Roma. Que la cesta de la compra está por las nubes, que dos individuos chantajean a la reina de Inglaterra, y que la mujer de un doble argentino del Dioni será presidenta. Pero nada decía el diario de hoy de la ignorancia occidental de los jóvenes ni de la sabiduría oriental de los jubilados; de los emigrantes que aquí comen frijoles y allá oyen pasodobles; de los inquietos suburbanos y los sedados peatones; de los viajeros que escriben para quienes dejaron su mochila en tierra; de los ojos de aquéllos que nos revelan su universo mirando por los demás; de las mujeres que desnudan su alma llanera para seguir siendo las reinas.

Hoy dice la radio que una ginecóloga retrasa la regla a su paciente para no cambiarle la cita, que Juande Ramos se ha ido a Inglaterra por siete millones de razones anuales, que el primo de Rajoy se ha hecho más famoso que el de Zumosol, y que al pensador de Rodin lo han visto por Málaga meditando. Pero nada decía el programa de hoy de la isla que somos ni de la que nos fuimos; del libro de reclamaciones para que nos devuelvan el mes de abril; de los odios heredados por quienes se les paró el reloj con Gatica; de los mensajes de amor y hambre que atraviesan el Atlántico; de quienes se arrean con astas de banderas, azuzados por políticos que embisten sus escuálidas carteras; de los muertos de risa y los vivos que dan pena; de los saludables hipocondríacos y los enfermos que pronto dejarán de serlo, si no salen antes corriendo.

Hoy dice el diario que los kamikazes causan 158 accidentes al año, que en Madrid han instalado cientos de chirimbolos, que unos españoles han sido detenidos en Chad, y que han soltado al menor que le partió la cara a un madero. Pero nada decía el diario de hoy de los que viven bajo la F de Franco o la de Felipe, ni de los que se levantan con Francino o Federico; de los que critican la televisión pero la ven mejor apagada; de los sacapuntas de la actualidad y los sacacorchos del poder; de los ingeniosos con chispa sin necesidad de achisparse; de las frustraciones contadas por escritores que nunca serán frustrados; de los excluidos de la calle pero no de nuestros corazones. Hoy, igual que ayer, como siempre, el diario no hablaba de ti.

27 Oct 2007

Las palabras

Escrito por: Fernando Solera el 27 Oct 2007 - URL Permanente

Un senador del PNV va a solicitar a la Ministra de Educación que en todas las escuelas españolas se impartan el catalán, el euskera, el valenciano y el gallego. El responsable de tan brillante idea responde al nombre de Javier Maqueda tanto en Cataluña, Euskadi, Comunidad Valenciana y Galicia como en una tienda de Todo a cien. Al parecer su única pretensión es conseguir un compromiso serio del Gobierno Central con el plurilingüismo. Quizá dentro de una década hayamos logrado que nuestros jóvenes no sepan hablar en cinco lenguas distintas. A eso lo llamo yo educar a la ciudadanía. No sabrán hablar, pero ayudarán a cruzar a las viejecitas y llamarán señor magrebí a los oriundos de Marruecos.

Quizá lo que persigan nuestros próceres sea que los votantes ignoren que sus políticos son unos impresentables, como si creyésemos ahora que no lo son. Y qué mejor forma de conseguirlo que académicamente, demoliendo un sistema educativo tras otro y, por si quedase algo en pie, dinamitarlo con un plurilingüismo regional. De seguir así, no sería de extrañar que acabemos comunicándonos mediante un tam-tam con bluetooth de serie. Aunque mientras Bill Gates no invente otra cosa, las personas tendremos que apañarnos con las palabras para comunicarnos. Palabras que además son, por suerte o por desgracia, las únicas herramientas de que disponemos actualmente para pensar. La libertad de cualquier ser humano, incluso de un español, depende en gran medida de que pueda articular razonamientos por sí mismo. Y para ello es indispensable que domine a la perfección la lengua con la que piensa, que normalmente suele ser la materna.

Hoy, se estila mucho que nos quejemos de lo mal que está la televisión, pero las audiencias no engañan, como el algodón y el Predictor. Es de suponer que alguien verá Gran Hermano, Escenas de Matrimonio y las salsas de distintas colores que no se cortan ni con ácido clorhídrico. Para más inri, los programadores televisivos esgrimen en su defensa que ellos sólo le ofrecen a la audiencia lo que ésta pide. Pero lo que no dicen es que la clase política tiene un interés desmedido por lograr que la gente sólo sirva para ver el rebaño de Gran Hermano y escuchar el corral del Koala. Fauna toda ella que, por cierto, me pregunto si no hablará en alguna lengua muerta. Aunque aquí lo único que importa, al final, es que el buen ciudadano repita lo que le dice su radio cada mañana, mientras se afeita o depila el bigote, como quien recita la tabla del tres.

19 Oct 2007

La Cañada Real

Escrito por: Fernando Solera el 19 Oct 2007 - URL Permanente

Desde hace décadas la miseria al por mayor crece entre incineradoras, vertederos y escombreras. Los parias de la tierra que genera Madrid suelen acabar en el mayor terreno ocupado ilegalmente de toda España. Allí no existe la propiedad privada, ni los impuestos, ni tan siquiera los concejales. Como no todo iban a ser buenas noticias, la Cañada ha acabado siendo el mayor hipermercado de la droga de toda la Comunidad de Madrid, con decenas de narcos que se han instalado en chalets a tutiplén. La pacífica ciudad sin ley de antaño se ha convertido en la mayor concentración de drogadictos por metro cuadrado del país, como consecuencia del desalojo del poblado de las Barranquillas.

Según denuncia la Gerencia de Urbanismo, cada tres días surge una vivienda nueva en la Cañada. Pero la propia Administración, paradójicamente, es quien más incumple la ley. Al parecer estaría prohibido que unos 4.000 camiones la atraviesen diariamente o que se pueda verter nada allí. A mediados de los noventa la Comisión Europea calificó la Cañada Real como “un delito ecológico sin precedentes en el continente”. Y nosotros, ciudadanos de a pie, podríamos calificarla también como “el poblado de la injusticia”, y no sólo porque allí se incumpla la ley cada minuto.

Los informativos en televisión están poniéndose las botas con las espectaculares imágenes que están grabando a diez kilómetros del Pirulí. Probablemente alguno de los talentos de TVE que está recortando la plantilla, pero no su propio sueldo, esté planteándose suprimir la corresponsalía en Oriente Medio, que sale por un pico. Bastaría con mandar a la Cañada a Agustín Remesal con el abono transportes y un casco quitamultas, que de la ambientación ya se encargan los lugareños y la policía. La violencia está siendo el gran reclamo para los medios de comunicación, pues vende más una pedrada de moro que una china de hachís.

Bajo ese ambiente prebélico más propio de Gaza que del extrarradio de una capital europea, subyacen dos dramas ante los que solemos mirar hacia otro lado. Por una parte la pobreza, pues sus habitantes son la escoria de una sociedad que pretende depurarlos junto a una incineradora. Y por otro la delincuencia y la drogadicción, consecuencia directa de la citada miseria. Aun así, sus desesperados habitantes están dando a todos los telespectadores una sobrecogedora lección de solidaridad. Un concepto que para ellos todavía conserva intacto su auténtico significado. Nosotros podemos seguir votando a la presunta izquierda, leyendo El País o Público, declarándonos progresistas e insultando a Bush y a Aznar. Pero mientras la indigencia siga creciendo en nuestras cloacas, suplico que ningún hipócrita me hable solemnemente de igualdaz o solidaridaz, que cambio de canal.

17 Oct 2007

La carta de ajuste

Escrito por: Fernando Solera el 17 Oct 2007 - URL Permanente

Cuando en España se hacía televisión, la carta de ajuste era la cortinilla catódica tras la que se cocinaba a fuego lento una programación que paliaba la precariedad de medios con ilusión y talento. Igual que hoy, que estamos llevando el ecologismo a tal grado de sofisticación, que reciclamos la basura para convertirla en televisión, como dijo Woody Allen. En aquellos tiempos de carta de ajuste y UHF, los peques éramos facturados a la cama con Calimero (y los más tarras con la familia Telerín). Nunca acabé de entender por qué entonces los mayores se quedaban hasta el final de la emisión, si siempre acababa igual: los acordes del himno nacional acompañando unas imágenes sin calcinar de la bandera española y la Familia Real.

A medida que la democracia fue abriéndose paso entre Tejeros y Rumasas, TVE aumentó sus horas de programación, para regocijo de los adoctrinadores de masas y cabreo de quienes veían las teles por detrás. No debemos olvidar que la paulatina desaparición de la carta de ajuste complicó la tarea de los servicios de asistencia técnica, pues fue creada para facilitar el trabajo a quienes por cambiar un condensador del viejo Telefunken te cobraban 12.000 pesetas de las de entonces y la voluntad. Ahora, los nuevos ventanos de diseño y extraplanos, como nuestros culos y nuestras almas, son tan inteligentes que se ajustan solos, aunque se averían igual. La única gran ventaja es que ya no hace falta hacerse un braguero en una ortopedia de la calle Carretas tras transportar uno de ellos.

Como actualmente se está imponiendo la TDT para ver frituras de basura en diferido, podrían habilitar un canal temático que emitiese permanente la carta de ajuste. Acompañada musicalmente por la programación de Radio Clásica o incluso de Radio Taxi, sería sin duda lo mejor de la parrilla televisiva española. Aunque me imagino que acabarían interrumpiendo a Tchaikovski o Camela, intercalando anuncios de aparatos domésticos de gimnasia o de cremas estéticas de baba de caracol, vendidos por gente que si dejase de sonreír se le saltarían todos los puntos.

Otro Sabina nos cantaría si lográsemos encontrar nuestro manual de instrucciones, perdido entre las facturas del gas y del taller del coche. Descubriríamos alborozados que si recuperamos la ilusión, jamás expirará nuestra garantía. Bastaría con resetear las programaciones automáticas de nuestras mentes, para volver a disfrutar como espectadores de la vida y sus días. Podríamos ver nuevamente la belleza, con su infinidad de brillos, contrastes y colores, sin necesidad de ser ajustados por nuestros servicios técnicos en la Seguridad Social. Pero si seguimos abiertos veinticuatros horas, como un vulgar cajero automático, será imposible el milagro. Hasta la caja más tonta necesita un descanso.

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Desafinado

Madrid. 1975. Acuario. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones de titulación y articulista de vocación. Con escepticismo e ironía, y a veces mordacidad, intento mostrar mi visión de este mundo que nos ha tocado malvivir, pero del que nadie se quiere marchar.

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