13 Feb 2012

Coversación con el periodista y escritor Javier Valenzuela, uno de los grandes del periodismo en España, experto en el mundo árabe.

Escrito por: Antonio Gª Maldonado el 13 Feb 2012 - URL Permanente

Javier Valenzuela lleva más de treinta años en la cúspide del periodismo. Ha sido, entre otras cosas, director adjunto de El País, corresponsal de este diario en Beirut, Rabat, París y Washington. Como enviado especial ha cubierto acontecimientos en Irak, Irán, Israel, Turquía, Jordania o Egipto, entre otros países. Es, por eso, uno de los más reputados analistas internacionales del mundo árabe-musulmán, y sus crónicas sobre la primavera árabe tienen un amplio seguimiento. Es, además, autor del blog "Crónica negra".http://blogs.elpais.com/cronica-negra/

En 2010, unas semanas antes de que comenzara en Túnez la primavera árabe, publicó De Tánger al Nilo, una recopilación de sus crónicas sobre el norte de África, donde ya auguraba algunos de los escenarios que finalmente se dieron. Ahora publica una secuela de este libro, Crónica del nuevo Oriente Medio. Con él he conversado sobre la primavera árabe, la crisis en Siria, el papel de las mujeres en las estrenadas democracias árabes, el conflicto atómico iraní y el futuro del periodismo.

A.G. MALDONADO: Estas crónicas están también escritas al calor de los acontecimientos, pero con dos diferencias fundamentales respecto de las reunidas en su anterior libro sobre el mundo árabe, De Tánger al Nilo: la distancia física y la experiencia acumulada, muy marcada en la primera parte. ¿En qué se traduce esto en el nuevo libro? Además de las fechas, ¿hay un cambio de enfoque, e incluso de forma de ver al mundo árabe?

JAVIER VALENZUELA: Este libro tiene, en efecto, dos partes. Una, la segunda, es la continuación de De Tánger al Nilo, una recopilación de artículos y reportajes míos de los últimos 25 años sobre países de Oriente Próximo, escritos sobre el terreno y con las urgencias del periodismo. En ese sentido es la continuación del libro anterior, que, también a partir de textos escritos en “caliente” y en el lugar de los hechos, recorría el norte de África arrancando en Marruecos y deteniéndose en Egipto. Aquí entran en escena Turquía, Líbano, Siria, Israel y Palestina, Jordania, Arabia Saudí e Irán. Pero, en efecto, la primera parte es un ensayo escrito expresamente desde Madrid sobre la primavera árabe de 2011. El escribirlo desde la distancia y con relativa calma me ha permitido ser más analítico, ir más al fondo de las cosas, dejarme llevar menos por la espuma de los días. En ese sentido, mis dos conclusiones básicas son: 1.- Los árabes se han alzado por la libertad y la dignidad probando la identidad sustancial de aspiraciones de todos los seres humanos más allá de culturas, religiones y civilizaciones. Los impulsores de las revoluciones norteamericana y francesa del siglo XVIII tenían razón, aunque en Occidente muchos lo hayan olvidado: todos los seres humanos son iguales y portadores de los mismos derechos inalienables, como decía Jefferson en la Declaración de Independencia de Estados Unidos. 2.- No está escrito en ninguna parte, ni en las estrellas ni en ningún libro sagrado, que este combate democrático de los árabes vaya a triunfar o fracasar. Son ellos los que se han puesto a redactar de nuevo su historia, y un mínimo sentido de la fraternidad, y también del verdadero interés, debería llevar a los demócratas del resto del mundo a ayudarles a que ésta tenga un final feliz.

AGM: De Tánger al Nilo concluye con una crónica del discurso de Obama en El Cairo en 2008, y usted se preguntaba retóricamente si aquel hecho no tendría consecuencias, y vaya si las tuvo. Cuando se pregunta sobre Siria, ¿a qué conclusiones llega?

JV: Lo que empezó en Siria, en línea con lo de Túnez y Egipto, como un combate democrático contra una satrapía se está convirtiendo en una guerra sectaria y en un conflicto regional. Con su resistencia sanguinaria y la ayuda de Moscú, y gracias también a la pasividad de la comunidad internacional, los Asad están logrando llevar el conflicto al terreno sectario y regional que deseaban. La posibilidad de una libanización o balcanización de Siria es cada día más elevada. Por eso urge una acción enérgica de la comunidad internacional, diga lo que diga Moscú, a favor de la caída de los Asad y el comienzo de un proceso de reconciliación nacional y transición democrática. Esta fórmula, la buena, puede evaporarse antes del comienzo de la primavera.

AGM: Si Irán se quedara sin su aliado árabe, ¿existe la posibilidad de que huya hacia delante con su programa atómico? ¿Nos acercaría esto a un escenario de guerra?

JV: Al revés, creo que una pronta caída de los Asad a través de una fórmula de reconciliación y democratización podría alejar el fantasma de una guerra contra Irán. El régimen de los ayatolás, que ya está en lo más bajo de su legitimidad interior y su prestigio regional desde su creación por Jomeini, quedaría aún más débil y aislado, lo que haría posible la única solución seria al problema de su programa nuclear: una primavera persa que instaure en ese país una democracia. Las democracias, con o sin armas nucleares, no se hacen la guerra entre sí. No hay más que repasar la historia desde el final de la II Guerra Mundial.

AGM: ¿Cuáles posibilidades reales de que la primavera árabe se extienda más allá del mundo árabe y triunfe en Irán?

JV: Lo seguro es que un ataque israelí y/o estadounidense a Irán reforzaría, paradójicamente, al régimen de los ayatolás. Les permitiría apelar a la unidad sagrada en torno tanto al nacionalismo persa como al islam chií agredidos desde el exterior. Reforzaría su legitimidad interna y les permitiría relanzar sus alianzas regionales a través de la Siria de los Asad, el Hezbolá libanés, el Hamás palestino y la mayoría gubernamental chií de Irak. Sería para ellos un verdadero regalo de Alá. En cambio, si se les aísla política y económicamente, el descontento de la población iraní seguirá subiendo como la espuma y veremos repeticiones aún más masivas de las protestas que ya tuvieron lugar en Teherán en el verano de 2009. Irán estuvo a punto de ser un país independiente y democrático con Mosadegh a comienzos de los años 50, pero un golpe de Estado organizado por la CIA, Operation Ajax, lo impidió. Es decir, en el alma contemporánea persa hay un fuerte deseo de democracia.

AGM: ¿Le preocupa la situación de la mujer en los recién estrenados Gobiernos y Parlamentos tunecino y egipcio. ¿De la mujer en general en el mundo árabe que se ha levantado pidiendo democracia?

JV: Lo importante no es que me preocupe a mí, lo importante es que les preocupa a las mujeres combatientes de esos países y a muchos de sus compatriotas varones que son verdaderos demócratas. Las mujeres tuvieron un papel importante, de primer orden, en las luchas que derrocaran a Ben Alí y Mubarak, pero pronto aparecieron movimientos que querían relegarlas de nuevo a los tradicionales papeles secundarios. Luego, el triunfo de islamistas más o menos moderados en elecciones razonablemente libres en Marruecos, Túnez y Egipto no fue, en absoluto, una buena noticia para la causa de la igualad de géneros en el norte de África y Oriente Próximo. El caso de la chica del sujetador azul maltratada por los esbirros de la Junta Militar egipcia que sustituyó a Mubarak es paradigmático. Pero esas mujeres, y los hombres que las apoyan, no se han rendido en absoluto. Siguen luchando. Hay partido. En todo caso, yo tengo clarísimo que no podrá hablarse de una democracia mínimamente razonable en ese universo si no hay igualdad de géneros. Pero sé que ese es un combate larguísimo, un combate que ni tan siquiera está terminado en nuestro mundo occidental.

AGM: En el caso de Túnez o Yemen, se ha concedido de facto o de iure la impunidad a sus exdictadores. ¿No es esto un paso en falso de la primavera árabe?

JV: No, no lo creo. Era el único modo de evitar sangrías mayores… y hablo de derramamiento de sangre en el sentido más literal de la expresión, no en el literario. Hay veces, véase el caso de España, en que, por correlación de fuerzas, no es posible una transición democrática sin un pacto de la oposición con sectores del viejo régimen y, en consecuencia, con algún tipo de impunidad. En el caso español, el problema está en que aquel pacto y aquella impunidad se han cronificado en las décadas siguientes como amnesia y como desprecio a las víctimas de los asesinados por la dictadura. Y eso nunca es de recibo: por mucho que una transición se pacte y asuma cierta impunidad no debe sacralizar el olvido ni negarle reparación a las víctimas. En Suráfrica, tras el apartheid, lo hicieron muy bien: no hubo represalias contra el antiguo régimen racista pero sí un proceso de restablecimiento de la verdad y dignificación de las víctimas.

Periodismo

AGM: ¿Cuál cree que es el camino para superar la crisis del periodismo y que sigan encargando y publicando reportajes? A veces uno tiene la impresión de que libros como este, de compilación de artículos y crónicas publicadas por usted en El País y elpais.com, serán más difíciles de hacer, pues existe esa tendencia a utilizar cada vez más asépticos teletipos de agencias y se prescinde de los corresponsales.

JV: El oficio de corresponsal y enviado especial está hoy en serio riesgo de extinción, sin duda alguna. Y no solo porque la crisis lleva a los medios a ahorrar en esta parcela particularmente costosa de su producción periodística. También porque a los corresponsales se les exige ahora cantidad y no tanto calidad. Deben hacer una producción incesante (constantes actualizaciones en páginas web, Twitter, Facebook, blogs, ediciones convencionales en papel, radio o televisión), lo que les quita tiempo y energías para buscar temas propios y trabajarlos a fondo en el lugar de los hechos, hablando con todos los testigos posibles y documentándose al máximo. Este frenesí fuerza en demasiadas ocasiones a los corresponsales y/o enviados especiales a trabajar en base a un copy & paste más o menos refrito. Lo que, por supuesto, merma no solo la calidad del material enviado por esos corresponsales y/o enviados especiales, sino su misma función. ¿Para qué están allí, en Cairo, Washington o Pekín, si tienen que trabajar encerrados en una oficina o una habitación de hotel, permanentemente conectados a Internet y las teles por satélite, para satisfacer la voraz demanda de lo último, que con frecuencia no es lo duradero e importante, de sus redacciones centrales? Ese trabajo de la “rueda del hámster” perfectamente puede hacerse desde las redacciones centrales, ahorrándose viajes y estancias en el extranjero, así que a los corresponsales y enviados especiales se les está quitando su mismísima razón de ser. Es, por cierto, un monumental error. El ser humano siempre tendrá una sed extraordinaria de historias originales y bien contadas, y el que se las sepa ofrecer será el que triunfará.

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Despachos de letras

Actualidad internacional a través de crónicas, reportajes, biografías o memorias ya editadas (o que lo serán en breve) que me permitirán hablar de qué ocurre en el mundo a través de los libros, las letras. He ahí la primera parte de la explicación del nombre del blog. La segunda guarda relación con el propio oficio del periodismo (eso de enviar despachos) y con un pequeño guiño a una de las grandes crónicas sobre Vietnam, Despachos de guerra, del periodista americano Michael Herr,donde comienza con un críptico: "Vietnam fue lo que tuvimos en vez de infancias felices". Espero que sea este un lugar donde encontrar libros de documentación y análisis sobre la actualidad, porque aunque no creo que toda repetición histórica sea una farsa, es indiscutible que los acontecimientos diarios tienen todos un origen, unas causas, y que dichas causas y dicho origen casi siempre tienen un gran cronista detrás. Que dicha realidad tenga remedio, es tarea de políticos, sociedad civil, economistas y astrólogos. Estos dos últimos, de una fiabilidad parecida. De momento, empecemos por analizarla.

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