25 Mar 2008
La mar de mi mente.
Las resacas del mar, largas para el marinero, dejan un espectáculo difícil de olvidar. Las olas se suceden como necesitadas o enlazadas todas a la misma corriente, a la misma ola que pertenece a una sola, gigante. Vista en ese momento que estamos nosotros, espectadores singulares sobre el amplio horizonte, sobre unos ojos que se cubren igual de las lágrimas de un mar que llora como por la palma sedienta ante el abrasador cegamiento de un rayo de sol. La resaca nos puede dejar ciegos por un instante en que lo dulce y lo amargo, lo salado y lo propio se disuelve en un caudal enrojecedor. Pasar mucho tiempo con quien necesita estar solo es como vivir en un mar de resaca, como agitarse en el cemento de una inmensa ola ataviado tan solo de unas palabras. No son las palabras el lenguaje que entiende quien se ciega en su propio miedo o se obstina por vivir dormido un día a día plagado de nuevos momentos. Más quien no desea ser mas que quien fue ha de dejar de vivir en este mundo para atarse en las olas de una resaca que lleve a la lejanía desde donde se habla.
En el principio el mar cubría todo, como el amante desea acariciar a su amada. Los guiños de la luna hacen que bajemos la guardia dos veces en un mismo día, como el hijo que olvida quien es para ser la correspondencia de un paje, el letrero donde mirar o un surco para plantar el cerezo que no veremos, con los frutos rojos que no comeremos. En los juegos de la mente las palabras parecen tomar cuerpo desde una siesta que dura años, hasta un movimiento repetitivo y generador de las mayores de las tranquilidades. La placidez del mar en los días de otoño deja un poso de comida. Envenenar el mar con la porquería de los restos más preciados del hombre, sembrar una playa con la angustia de miles de animales muertos, dejar sin respirar bajo la negra capa del poso de nuestra propia necesidad y mentira, es un azote tan humano.
No puedo dejar de pensar, y no por ello se que estoy más vivo que quien no lo hará jamás. Los horizontes desde una barca parecen mas cercanos a medida que nos movemos, lo malo es que vistos desde la mente, puede que la barrera de los propios ojos nos limite el horizonte a una piedra inquebrantable. Al dar por terminados los diferentes oleajes en que nos hemos metido o en los que nos hemos visto llevados por una resaca o por otra, sacamos los pies del mar, dejamos secar la piel al roce del viento mientras circulamos por un desierto teniendo el oasis al lado. Es una de las paradojas del ser humano, preferimos negarnos a beber hasta ahogarnos en una resaca, un desierto de significados, de rostros sin cara, en definitiva una mente sin vida, una gota de sal seca al sol, caída en algún lugar de la playa..
Sobre este blog
Mejor mancharse de tinta que escupir al aire
hicamo1En las palabras dichas o calladas, escogidas en ocasiones, fruto del azar en otras, rodean la comunicación de todo cuanto hacemos. El lenguaje dice de quien somos de lo que nos arraiga a la tierra, de los ojos que no podemos mirar sin imaginar el rosto que los agrupa.
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