02 Abr 2008
León, Felipe llamas a tu cola.
Quizás hayas averiguado ya que lo importante emigra, con la misma velocidad con que estamos seguros de no perder ese instante, inmortalizar esa lágrima que jamás podrá ser sustituida, recoger entre las manos un cabello tan dorado, tan puro envoltorio de belleza, o cerrar un arrepentimiento sin haber abierto otra herida. La realidad es que es así, es cierto que eso no sucederá, pero también es cierto que volverá a pasar, tal vez con otro dolor, con otro amor; tal vez cuando no estés preparado o cuando has estado organizando todo con tanto cuidado que es imposible que no suceda. Decir obviedades es cargar el tiempo de botellas con mensajes de piedra, más recaemos con tan suma facilidad que parece sencillamente normal que en un entierro se diga que la vida es así o que la prueba de tu amor sea un te quiero como jamás lo hice.
En momentos de turbación es bueno sentarse unos instantes, si se puede cerca de un río o a la orilla de mar. Pasar momentos o mejor dejando que los momentos pasen por ti, estar, como sentimiento de adhesión calma. Alguna lectura dice que hay personas que se miran al espejo, recomponen su rostro frente a sí mismo, identificando lo que es más propio de él que su cuerpo, sus ojos, el pensamiento de verse reflejado. Jugar con la parsimonia no está hecho para todas las cabezas, algunas se pierden en ella, otras la desdoblan como un reloj en el desierto del lirismo, pero ojo, igual que la soledad para el asceta es una maravilla, para otro puede ser perder un tiempo de ocio gratuito. Igual que hay drogas legales y otras no tanto para dormir el sueño de la originalidad en un mar de gestos o en la absoluta voluntad del equilibrio, !cuidado¡ la mente es un territorio con leyes poco precisas.
No me muevo en el mundo de lo relativo como chicle de todos los sabores, de todas las bocas, no. Por gracia o desagracia parece que lo que entendemos por vida hace que ahora leas estas letras e hizo que alguien las escribiera, las pensara, juntando ideas ligables o no. Movidos en el mundo de lo aparente donde bello va con bello y al fuego le encantan nuestros bosques, diferenciar lo mediato del fin, pervertir nuestra madurez de inocencia o saltarnos una dieta tal vez, solo tal vez, nos acerque a un razonable equilibrio. La enajenación que no la locura, es hoy un deporte al que nos apuntamos si nos interesa. Depender de la opinión banal o no, que se pueda tener sobre nosotros, aleja o acerca ese querido equilibrio, que puede no ser querido, pero congruente en su locura. Cuando cambié los pantalones del niño de unos amigos al hacerse pis no le dije loco, ni enajenado, le dije: enano saca la cola al bajar los calzoncillos no hagas pis con ellos en la cintura. A lo que me contestó: no llegaba.
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Mejor mancharse de tinta que escupir al aire
hicamo1En las palabras dichas o calladas, escogidas en ocasiones, fruto del azar en otras, rodean la comunicación de todo cuanto hacemos. El lenguaje dice de quien somos de lo que nos arraiga a la tierra, de los ojos que no podemos mirar sin imaginar el rosto que los agrupa.
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