16 Jun 2008
De nuevo veo los ojos de adelfa
De nuevo veo los ojos de adelfa. Son engañosos. Me han dicho que se muere, que los frutos del tiempo debe recogerlos antes del final que se antoja próximo. Siempre que a la vida se le resta poder de fructificar buscamos un culpable, sea material cercano o un espíritu libre de los confines de nuestro mismo sufrimiento. La espera de un resultado anticipa una obra de ingeniería familiar: lo que era bueno y servia se convierte en digno de relegar siendo lo más deshabitual norma. El que no hacia su cama ni comía en casa se convierte en un hacendoso amo de sus feudos y la comida pasa a un secundario lugar entre los temas importantes del día. Prima la praxis, todo debe estar hecho o con la apariencia de estar. Es entonces cuando el ser humano que centraba su vida en esas labores ve frutos de su labor, los amargos son muchos, ni la comida es como la suya ni sabe que se podía hacer todo con tan poco esfuerzo dejando todo a gusto de la mayoría conformista hasta la exigencia. La satisfacción, de ver cómo se puede organizar una familia centrada en la cesión de las tareas del hogar al hado de llegar y que estuviesen hechas.
Los milagros de este modo se han sucedido en tantos hogares que el reparo del daño traía una nueva forma de entender el sufrimiento, paliativo de las labores. De nuevo se deja de lado lo fundamental, el sentido de ese hueco a llenar, que es una vida y su propio desarrollo. Me temo que hay una asignatura pendiente, la desnaturalización de la normalidad. Igual que no es normal para un paisano del pueblo más recóndito de esta piel de toro ver por sus calles una pareja de senegaleses vendiendo lo último de Bisbal en DVD, aprender a dejar de ser quien se es para ser recuerdo ha de ser algo que se aprenda, que se pueda preparar.
Nos hemos quejado con frecuencia de la frialdad de los médicos que en un pasillo desnudo nos comunica con una franqueza digan de estúpidos que aquello que ha centrado cariño, amor, ternura y cercanía se convertirá en breve en pasta para otros seres, menos animados. El decir es necesidad, hasta el cotilla lo sabe.
No nos diferenciamos mucho en el duelo de otros seres vivos, nos adaptamos a la nueva situación hasta su desenlace con la precariedad de quien ama por la fuerza de la costumbre. Cuando un día ves las escaras en carne sobre esos pechos que una vez te dieron de comer con las pústulas fijas, el amor en el sentimiento, eres capaz de girar todo en su centralidad.
Mi deseo es hoy el de comprensión, de solidaridad y ayuda próxima a estos y otros que han, como yo hice, descentralizar mi futuro en beneficio de quien me vio nacer durante la caída del pesimismo, de esa lluvia que empapa y hace llorar. El tiempo pasará y saldrá de nuevo el sol, la caducidad en que vivimos nos empuja, como esa mano invisible que nos sostuvo hasta vernos andar.
Sobre este blog
Mejor mancharse de tinta que escupir al aire
hicamo1En las palabras dichas o calladas, escogidas en ocasiones, fruto del azar en otras, rodean la comunicación de todo cuanto hacemos. El lenguaje dice de quien somos de lo que nos arraiga a la tierra, de los ojos que no podemos mirar sin imaginar el rosto que los agrupa.
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