15
May
2013
En uno de esos barrios, cualquiera que sea...
He oído unos gritos, pero ¿cuántas clases de gritos has oído? Eran pájaros, tal vez vencejos. No, eran unos chavales de no más de doce años. Jugaban, como quien lo hace en un escaparate, donde ves la humanidad como característica, una más, de entre tantas otras que se tienen, como poseer ojos, tener boca o manos. Lanzaban las bolsas de heces de los perros llenas al aire, lo más alto posible, para reírse cuando caían al suelo. La resistencia de los plásticos permitía que pudiesen lanzar las mismas una y otra vez al cielo azul de la tarde. Sus risas extremadamente llamativas hacían de sus peripecias algo más público que su pequeño círculo de amistad. Si la bolsa caía sobre un coche aparcado, la risa era desbordante, si era cerca de otro viandante, miraban desafiantes la reacción, con seguridad no recibirían lo que ellos habían proyectado. A medida que se hacía más líquido el contenido, mayores eran las muestras de mimetismo animal.
Han terminado con su cargamento, los restos quedan encima de los coches, escurridos en las aceras, mientras se limpian unos sobre otros. Es raro ver quien no mire, como es raro ver en la mirada lo inútil que resulta hablar a quien no quiere oir.
07
Nov
2012
Estigma social
Hace no mucho en estas paredes desde las que escribo, figuraban nombres de exnovias/os, exmaridos/as y excuñadas con toda clase de descripciones a quienes se les deseaba o se les ofrecía innumerables muestras de desprecio con su número de teléfono incluido y algunas de sus virtudes: Marido impotente jodido por los cuernos 56545201000. Ese tipo de estigma era distinto al de los hijos/as de divorciados o viudos/as que hasta tenían sociedades y asociaciones donde poder conocer gente en su misma situación y compartir experiencias o simplemente recibir subsidios.
El estigma de los que tienen a una persona en la cárcel puede, seguro, depender del delito que ha cometido aquel y del lugar que ocupa en la sociedad. Nuestro banquero Conde ha mostrado siempre con orgullo sus cicatrices de celda, los numerosos amigos que ha hecho y el valor de aquella experiencia. Son no obstante los hijos/as del político, los que disfrutan de una cómoda estancia con becas en organismos dependientes del gobierno en países distintos al nuestro. “Tú eres el hijo del Lute”, dicen, y no “mira la hija del Camps”; “yo me case en Bodas Manuela y me costó el cubierto 80€”, a “me case en el Palau y me pagaron el cubierto todos los españoles con sus impuestos a 150€ el comensal”. ¿No hay estigma social en estar en un lugar y aprovecharse de ese estatus para los tuyos? La honradez, que se supone y no siempre se tiene, debe ser la nueva moneda de valor y cambio.
Me temo que me he liado un poco, pero lo que quiero decir es que en numerosas partes los padres se enorgullecen de sus hijos/as y al revés, pero en otras ser hijo/a de una persona que se ha beneficiado de su situación debería atraer más la atención. Cuando ves que las huelgas se convierten en encuentros donde hablas con otros de similares circunstancias te alegras, te relajas o te tensas. Tal vez sería hora de que en vez de quitarnos dinero por no acudir a nuestro puesto de empleo, se nos den posibilidades como palabras podridas para poder tirarlas a la fachada de la casa, del coche, del chalete del político/a que nos está más cerca. A unos les pilla cerca el de su pueblo, que puede ser tan malo como el mejor de los ministros en eso mismo. Creemos el estigma social a esta gente que está dejando en la calle a miles de personas, salvando bancos con nuestros ahorros y el de nuestros mayores, riéndose en nuestra cara, como diciendo “es lo que hay, tómalo que me lo quitan de las manos”.
Que no hay una alternativa clara política, vale. Pero que la rabia no la paguemos unos ciudadanos contra otros en huelgas dañinas para nosotros mismos. Pasemos a manchar, a publicar y empapelar cristales, a mirar de igual a igual a quien no es mejor que nosotros y no nos sirve para lo que le votamos. El estigma como clase iguala, publicita y hace reconocibles a aquellos que lo tienen. Es una de las pocas cosas que podemos hacer sin que nos detraigan más de lo que han hecho, pensemos a ese padre ladrón que tiene que escuchar de boca de su hijo qué le han llamado, la vergüenza social. Igualemos esa bajeza al que tiene que ir a un comedor social sin antes haberlo hecho, solo por el hecho de no tener qué comer. Es estigma pero de la dignidad que tienen, mientras que la vergüenza, que es igual, difiere en la digestión de quien se ve honrado y a quien no la tiene, ni tendrá. Sin vecinos, sin conocidos y con un reconocimiento del encono, tal vez saquemos un poco de yo frustrado, indignado que pide salir como un grillo en verano, muriendo por cantar aunque sea en la mano de su joven verdugo.
02
Oct
2012
Tengo hinchada la razón.
Abrumarse por las palabras es complejo, sencillo es sentirse de ese modo por los hechos. Cuando los sentimientos vuelan para posarse en las miles y negras letras con que confeccionamos o diseccionamos el cotidiano vivir, este, lejos de recogernos en una cálida bruma, en ocasiones, nos sacude tan fuerte que obliga a romper las palabras con granadas. Me temo que la lírica, la prosa como poesía humilde que desgrana una experiencia necesita ahora, tal vez más que luego, la sobredosis de adjetivos, el mal logro de la ruptura.
He pensado durante un tiempo ciertos sueños. Imagino una reunión, que se convierte en manifestación, donde cada uno lleva un chaleco con una o dos palabras que hablan de lo que sabe hacer: obrero peón; médico dentista; ama de casa; estudiante secundaria; mecánico coches; profesor electricidad; enfermera geriatría; bombero torero (no, esto puede sonar a risa). Cada uno con su chaleco, reunidos en una gran plaza, paseando por una bella avenida. Cuando parece que estamos todos, hacemos un intercambio, jugamos a cambiarnos los chalecos a que el jubilado de banca sea ahora chofer ministerio, o la juez de menores se coloca el chaleco del maestro de primaria. Todos somos todo, somos las miles de profesiones que confeccionan un territorio, sea el que fuere, entre los miles de personas podemos fundar un pueblo, una ciudad, una autonomía o un estado. Lo que sabemos hacer y lo que somos. Disponemos de todo ello en gran parte por la herencia, por el trabajo de aquellos que en otra época trabajaron por y para ellos, por y para nosotros.
Llegados a este momento me detengo y no veo a ningún chaleco con político municipal político autonómico, político estatal, político nacionalista. La sorpresa es mayor si reconozco que tampoco los esperaba, pues muchos de ellos piensan en el ahora como fundamento de su ganancia. Me acerco a un grupo y les comentó si han visto por casualidad a alguien con uno de esos chalecos. Nos ponemos a buscarles y nada, no les encontramos. De esta forma, sentados en grandes grupos decidimos que voluntarios se propongan para llevar uno a uno todos los chalecos que han quedado sin venir. Un simpático monitor de gimnasio sale para llevar el chaleco político elegido, otro sale con el chaleco político autoproclamado, de forma que salen casi tantos políticos como saberes reunidos que estamos sentados en esa plaza. Es increíble, la descripción tan variopinta, la idea que hemos ido creando de este modo de hacer. El debate se reanuda y se ve que no podemos aguantar esta situación, si todos somos políticos y dejamos nuestro saber relegado, lo fundado se marchita y muere por inacción.
Cada uno de nosotros, con nuestro nombre, con la condición que tenemos y el saber que nos ocupa o en el que nos ocupamos, ya sea activo o con un poso más sedente, identificamos que eso que somos lo podría ser otro como lo somos nosotros si su historia y la nuestra fueran idénticas. Dado que esto es imposible, lo que hacemos al intercambiar los chalecos es un juego de funciones, no de personas, de representaciones de lo que entendemos conformar el tejido de la realidad social. Es la intrahistoria, esa parte que une el cotidiano del individuo con la realidad normalizada.
En esta imagen me centro, en la representación del todo que una sociedad funda, con su historia y su presente. Al mirar veo que puedo acercar la lupa para mirar más dentro y ver que esa unidad de sentimientos tan diferentes está siendo mal tratada, ignorada, engañada, apaleada. En un continuo cotidiano así, la frustración y desesperanza crece con rabia, con vigor. Sentirse manipulado, mentido reubica desde nuestro querer estar, participar, hasta ignorar el día día como espacio de significado.
Este sueño se parece a ese otro en el que el lobo felicita a los corderos por ser como son, blancos, tiernos, fáciles de llevar hasta donde esa representación del mal quiere. A mí no me gusta ser llevado donde una y mil veces digo que no quiero llegar, ni ir. Desde la desigualdad en el juicio por el mismo acto, hasta la injustificante camadería entre poderes interesados, la sociedad en que vivo creo que ha dicho basta. Es insensato tirar un petardo desde una ventana, sin mirar si pasa alguien, sin querer mirar si alguna persona puede resultar dañada, es insensato dar a la palabra insensato otro significado dentro del que tiene. Tanto el uso como el desgaste de los significados están tipificados en el tiempo de cansancio. Situar a un numeroso grupo capaz ante una situación no querida dura y otra no justificada es peligroso, tanto como tirar un petardo por una ventana, pero aquel humo no se apaga y su ruido ensordece.
Tengo hinchada la razón.
02
Oct
2012
Ves, me duele al pegarte.
Abrumarse por las palabras es complejo, sencillo es sentirse de ese modo por los hechos. Cuando los sentimientos vuelan para posarse en las miles y negras letras con que confeccionamos o diseccionamos el cotidiano vivir, este, lejos de recogernos en una cálida bruma, en ocasiones, nos sacude tan fuerte que obliga a romper las palabras con granadas. Me temo que la lírica, la prosa como poesía humilde que desgrana una experiencia necesita ahora, tal vez más que luego, la sobredosis de adjetivos, el mal logro de la ruptura.
He pensado durante un tiempo ciertos sueños. Imagino una reunión, que se convierte en manifestación, donde cada uno lleva un chaleco con una o dos palabras que hablan de lo que sabe hacer: obrero peón; médico dentista; ama de casa; estudiante secundaria; mecánico coches; profesor electricidad; enfermera geriatría; bombero torero(no, esto puede sonar a risa). Cada uno con su chaleco, reunidos en una gran plaza, paseando por una bella avenida. Cuando parece que estamos todos, hacemos un intercambio, jugamos a cambiarnos los chalecos a que el jubilado de banca sea ahora chofer ministerio, o la juez de menores se coloca el chaleco del maestro de primaria. Todos somos todo, somos las miles de profesiones que confeccionan un territorio, sea el que fuere, entre los miles de personas podemos fundar un pueblo, una ciudad, una autonomía o un estado. Lo que sabemos hacer y lo que somos. Disponemos de todo ello en gran parte por la herencia, por el trabajo de aquellos que en otra época trabajaron por y para ellos, por y para nosotros.
Llegados a este momento me detengo y no veo a ningún chaleco con político municipal político autonómico, político estatal, político nacionalista. La sorpresa es mayor si reconozco que tampoco los esperaba, pues muchos de ellos piensan en el ahora como fundamento de su ganancia. Me acerco a un grupo y les comentó si han visto por casualidad a alguien con uno de esos chalecos. Nos ponemos a buscarles y nada, no les encontramos. De esta forma, sentados en grandes grupos decidimos que voluntarios se propongan para llevar uno a uno todos los chalecos que han quedado sin venir. Un simpático monitor de gimnasio sale para llevar el chaleco político elegido, otro sale con el chaleco político autoproclamado, de forma que salen casi tantos políticos como saberes reunidos que estamos sentados en esa plaza. Es increíble, la descripción tan variopinta, la idea que hemos ido creando de este modo de hacer. El debate se reanuda y se ve que no podemos aguantar esta situación, si todos somos políticos y dejamos nuestro saber relegado, lo fundado se marchita y muere por inacción.
Cada uno de nosotros, con nuestro nombre, con la condición que tenemos y el saber que nos ocupa o en el que nos ocupamos, ya sea activo o con un poso más sedente, identificamos que eso que somos lo podría ser otro como lo somos nosotros si su historia y la nuestra fueran idénticas. Dado que esto es imposible, lo que hacemos al intercambiar los chalecos es un juego de funciones, no de personas, de representaciones de lo que entendemos conformar el tejido de la realidad social. Es la intrahistoria, esa parte que une el cotidiano del individuo con la realidad normalizada.
En esta imagen me centro, en la representación del todo que una sociedad funda, con su historia y su presente. Al mirar veo que puedo acercar la lupa para mirar más dentro y ver que esa unidad de sentimientos tan diferentes está siendo mal tratada, ignorada, engañada, apaleada. En un continuo cotidiano así, la frustración y desesperanza crece con rabia, con vigor. Sentirse manipulado, mentido reubica desde nuestro querer estar, participar, hasta ignorar el día día como espacio de significado.
Este sueño se parece a ese otro en el que el lobo felicita a los corderos por ser como son, blancos, tiernos, fáciles de llevar hasta donde esa representación del mal quiere. A mi no me gusta ser llevado donde una y mil veces digo que no quiero llegar, ni ir. Desde la desigualdad en el juicio por el mismo acto, hasta la injustificante camadería entre poderes interesados, la sociedad en que vivo creo que ha dicho basta. Es insensato tirar un petardo desde una ventana, sin mirar si pasa alguien, sin querer mirar si alguna persona puede resultar dañada, es insensato dar a la palabra insensato otro significado dentro del que tiene. Tanto el uso como el desgaste de los significados están tipificados en el tiempo de cansancio. Situar a un numeroso grupo capaz ante una situación no querida dura y otra no justificada es peligroso, tanto como tirar un petardo por una ventana, pero aquel humo no se apaga y su ruido ensordece.
25
Sep
2012
Más, miénteme más..
Leía hoy uno de esos artículos donde se dice qué es lo mejor para la sociedad en que vivo y cómo llegar a ser mejores en la actuación de mi realidad. Lo cierto es que soy un buen profesional, reconocido por mis supervisores, que tal vez no por mis superiores. He formado un curriculum largo, con una formación continua en diferentes ámbitos. No engaño, digo la verdad y soy comprometido.
Dicho todo esto, me siento estafado. Me siento engañado por un plantel de políticos que se ocupan de lo suyo, de sus dietas, de sus salarios, de sus primos y conocidos. Veo que me han robado miles de euros de mi bolsillo en nombre de la solidaridad que van destinados a ejemplificar el despilfarro, el cachondeo del ocultamiento y la farsa de los que piensan por mí. No lo necesito. Me valgo día a día para tomar decisiones tan serias como las de otros como para que los representantes de lo público se atribuyan saber qué es lo que me conviene y cuál me perjudica. No es cierto que piensen en mí, es más bien que pensando en sus intereses deben manejar los míos como los de miles de ciudadanos. Siempre se entendió que no era bueno poner a la zorra a cuidar las gallinas. Está claro quién somos las gallinas pero el papel de zorra se diluye entre tantos, “yo no era competente en eso”, “a mi me llego viciado el tema”.
No he visto todavía un ejemplo de sinceridad por parte de estos representantes. Es más si se les pilla hacen todo lo posible por retener el sueldo que cobran de lo público. Si eres alcalde, retienes tu acta de concejal, si eres diputado, entonces nada, que digan lo que quieran que seguro quieren lo que tú retienes con tanto esfuerzo. He oído tantos mensajes sobre lo mismo desde tantos intereses que hasta han intentado enterrar lo objetivo, lo cierto desde la honradez. Si cuestiono la información durante tiempo ya sea desde un aspecto u otro, puedo dejar mal trecha toda noticia, toda información. Son muchas las opiniones, numerosas las actitudes de gentes con ganas e intereses bien distintos. Si hay que vivir bien se vive, si es acosta de otros también o más. Tener quien te oiga y ser altavoz de otros te lleva a cobrar deudas y cobrar sueldo.
SI he de temer, lo haré con tiempo. No deber favores y mirar con la cabeza alta ya no dice más que la estatura que tienes. La honradez se paga, pero lo malo es que se paga con el despido y de finiquito, las orejas de burro.
21
Sep
2012
De nuevo
Sin dejar de mirar con los ojos desde el cielo, he visto como las aves circulaban en busca de presa. Más allá, más arriba, empujo el batir para ascender por las corrientes cálidas. De todo lo que veo hago acopio, tengo ira, rabia, luz, besos… Tengo la vida más plena que pueda nadie tener entre las plumas que me elevan al esfuerzo le sigue la recompensa, al cebo la plenitud.
Si, no, tal vez, quién sabe. Lleno la garganta de fases sin salida, las respuestas más inmediatas sobran encima de cualquier tiempo, que nos ocupa, nos tiene, me tiene preso. Hoy me he levantado como quien no quiere seguir mucho más allá de donde le llevan sus cortos pasos. La pereza es el movimiento más titánico entre tanto genio, el ave sigue vigilando, altivo, atractivo.
Parece que nada ocupa el lugar que se deja libre, a miles de coches les siguen las ruedas que giran sin saber donde rozan, se precipitan al inmenso desierto. No volverán a ocupar mi corazón las tribulaciones, dejaré el espacio holgado para que se adapten las paredes de mi estómago en su peculiar digerir lo que existe. Sin voluntad no hay recompensa, o la recompensa que tiene se expresa una vez en la locura.
Sonreír desde que se es joven pues los años dan más dientes, más piel. Hoy, tal vez, quién sabe, no debí volar tan alto. La presión me dejo sin oir, el mareo ocupó mi pensamiento.
18
Sep
2012
Vota, vota,
Para introducir una propuesta consistente en el actual sistema político español, lo primero es tener cabida. Tal como está diseñado este sistema hay lugar, ejemplos tenemos con Ciudadans, o UPyD. El populismo entendido como reclamar lo gañan que todo pueblo tiene en su histórico, que puede ir germinando en otro tipo de partidos está también presente dentro de los partidos más votados actualmente. No deja de ser curioso como desde diferentes ámbitos se nos dice que todo marcha fatal, que la culpa es de los políticos, bueno de la “casta” política. El término “casta” quiere traer a la mente un concepto milenario de poderes donde las diferentes “castas” se dividían el desarrollo normal de la sociedad y el quehacer de sus habitantes. La casta religiosas y la política se entendían asociadas en lo mágico y quimérico, mientras la casta militar y la gobernante son las que piensan lo mejor para sus ciudadanos, desde con quién hacer pactos y casamientos hasta a quién hacer la guerra y cómo debía ser esta.
¿La religión o lo religioso y lo político han ido siempre de la mano? NO. Lo que ocurre es que estamos ante una tendencia calvinista de lo social. Desde el ámbito protestante calvinista sí hay una íntima unidad de esos dos espacios, en cuanto al objeto, que es la creencia. Que alguien nazca en la familia Borbón le da derecho a ser princesa pero si es Martínez, igual también pero de su casa. Lo religioso pasa por esa necesidad muy humana de creer que esto que vivo no puede ser lo único, aunque si lo real del ahora mismo. De esa confusión nacen las mayorías de las sectas.
Estoy sinceramente comprometido y convencido que necesitamos creer pero también lo estoy de que no en personas sin honra. Esto sí que es antiguo y no viene representado por ningún grupo o casta, son valores universales de fidelidad a la palabra dada, honradez en el discurso o sinceridad en los actos que se muestran. La filosofía está llena de pensadores de todas las corrientes. La defensa del propio espacio de pensamiento hacía sombra con la realidad en que se vivía y fueron varios de ellos mal entendidos, llevados a la muerte o expulsados hasta de sus estados o nación de origen. Sin embargo hay núcleo de pensamiento universal, que se leen en cualquier país del mundo en cualquier idioma, con el mismo respeto y objetividad de lo tratado. Son espacios intocables pues dicen “verdades categóricas y universales”.
No es que necesitemos un gobierno de pensadores, que también, pero sobre todo necesitamos esos valores universales que son entendibles en cualquier idioma, en cualquier lugar del mundo. Es esa identificación con el que me gustaría que me representara por ser y vivir de ese modo. En los deportes parece que está sucediendo esa identificación. Es el lugar donde se está cultivando esa honradez, se valora el esfuerzo en competencia y al final ser mejor. Sentirse uno más de esos colores, de tal selección, de tal deportista es ser de los “tuyos”. Esta especial relación, muy cuidad por la “casta” política y religiosa con rendiciones florares o salidas al balcón cerca de estos símbolos, hace como por unos polvos mágicos, una especie de transferencia de lo representado a todo el entorno en ese momento. Pero hay un peligro en esto, que conocen bien los que hoy detentan el poder político. El hoy existe, el mañana no. ¿Es más Armstrong ahora, con la condena por dopaje, con los miles de kilómetros ganados contaminados en su honradez? El sabía lo que hacía, lo hacía para ganar que era de lo que vivía. Lo mismo hacen nuestros políticos, mienten para vivir de ello. La diferencia está en que vivir como político no te hace distinto en tus vacaciones donde tus vecinos te ven con sus ojos y hablan de ti con sus bocas, con sus palabas; mientras, Armstrong se pasaba el verano montado en una bici, pedaleando y ensañando los dientes.
18
Sep
2012
Crisis, de nuevo
Estoy escuchando y oigo lo mismo. Hace 40 años se les decía a los de entonces que escuchaban que había una crisis, ya fuera económica, de valores o política. Es cierto que las circunstancias, esto es todo lo que nos rodea cambia. Hay cosas que mejoran como pueden ser las elementos con que hacemos las acciones cotidianas de la vida más cómoda, y sencillas. Eficacia y acabado ha traído cosas viejas al recuerdo. Si la eficacia era importante tanto como la durabilidad, la crisis del consumo trajo la necesidad de roturas, del desgate. Dentro de este apartado están todas esas cosas que he llamado “mejoras para lo cotidiano”.
Al continuar con mi discurso, veo que el hablar se ha convertido en algo prescindible. El uso masivo de la nueva tecnología nos permite comunicar cosas de forma inmediata, satisfacer la necesidad de que “me oigan”, aunque sea en unos cuantos caracteres básicos. No es entonces el uso de la razón, mediante el pensamiento reflexivo, la herramienta que usamos, no. Es la manifestación. Manifestarse es una forma de pronunciamiento donde se diluye lo que digo entre lo que dicen cientos. La fuerza que tiene es por la masa, el volumen como instrumento de presión de personas que se llevan en ese acto. La manifestación como pronunciamiento tiene dos vertientes claras, la personal yo me manifiesto a favor o en contra; y la grupal, la de la masa que puede llenar una calle o juntarse frente a una fachada con consignas más o menos pegadizas, más o menos acertadas. Es necesario ver que el salto debe ser de la manifestación individual a la grupal; del pensamiento mío reflexivo al de un grupo que ha hecho lo propio y coincidiendo agrupa más gente que hace más volumen, más masa. A esta idea regresaré más tarde dando la importancia que tiene la reflexión personal en toda manifestación. De no ser así nos quedamos en la primera y breve intuición, “donde van voy”.
Quedo demostrado hace años que el conocimiento por intuición es muy raro y peligroso, debiendo siempre ir acompañado de la deducción empírica, de la praxis que de refuerzo a la teoría.
La manifestación individual tiene una duración a razón del propósito. En muchos casos son simples adhesiones a proyectos ya plasmados y reflexionados. Cuando la manifestación es un conjunto reivindicativo suele cambiar, tanto por el motivo que se han unido como por la forma de ejercer su derecho a libremente decir lo que quieren.
Dicho todo esto, no se puede confundir una manifestación con el final de un discurso, no es esta la razón de aquello. Al finalizar una manifestación, en ocasiones, se lee o un personaje “líder” conocido anfitriona con su oratoria al gentío que acompañó la manifestación. Pero no se acaba dicha congregación de gente en el discurso, no el esto el cierre de aquella. Más bien debería ser al revés, primero quien dice el discurso centrando todos los aspectos que se quieren destacar, luego la manifestación. De esta manera, cada individuo se unen a la manifestación por todos o algunas de las ideas que creen les aglutina en esa masa.
11
Mar
2012
De camino en un banco
El sol de esta primavera adelantada, instalada en Madrid hace que los amantes del astro salgan como lagartijas. Son miles las personas que hoy pasean por las calles, se concentran en las plazas o asisten a convocatorias de todas las clases.
Imagino que vivir en una ciudad, en uno de los miles de barrios de esta urbe no deja indiferente al venido de fuera, al acogido por decir algo. En uno de esos innumerables medio parques que hay, junto a un barco con cuerdas y accesos de colores juega un perro tras una cuerda. La sonrisa del crío que mira la persecución se cruza con la mirada fija, latente del abuelo que ocupa su sitio, entre los reposa brazos y la cachava.
Las velas de lo barcos que pensamos surcando los mares de tierra, el juego de un pirata de tres o cuatro años nos vive dentro, al resguardo de los años y con la figura del tiempo lastrando nuestra ropa. Somos más que vida, cercanos a las figuras inmóviles del amago de árbol. Junto a mis pies un tronco ha roto el cemento que obligaba a sus raíces. La fuerza de sus años, como la pereza de quien mira con ojos de sabio, golpea unas aceras artificiales o carceleras.
Estoy sentado, acompañando el tiempo que transcurre entre aquí y allí, entre tus ojos y mi silencio. Rompo como todos los días sin viento un suspiro entre mis manos, mi cuello holgazán despereza un ladrido, y levanto con fuerza el horcajo, mi sarmiento poblado de sangre. Todas las venas que me llenan están tensas de nuevo al ver que miras, como siempre haces, la delgada muñeca en que te cuelga un viejo recuerdo llamado reloj. La mancha plateada asoma entre los reflejos de chapado a oro. La voz tenue que desgañitas a la hora de cenar es un suave lamento, de nuevo al infierno de una casa no querida, ni es tuya ni la quieres, eres rea de ese pavimento, del gris, del cemento.
Hoy, de nuevo te escribo, lo hago como siempre que te hecho de menos, que es el tiempo tu mensaje y mis latidos, mis latidos las manillas de un clavel que prendido a la solapa de tu abrigo llevas desde que el tiempo mató las flores, que nacen otra vez sin mi pecho.
27
Jun
2011
De tanto mascar me he mordido el labio
De tanto mascar la goma que llevo por lengua me he mordido el labio donde reposo las palabras. Últimamente apreto tanto las muelas al masticar mis pensamiento que he conseguido dolores hasta una hernia en el hinchado hiato. Me han dicho, el doctor que entiende de estos síntomas que me tome más tiempo en desarrollar una misma idea, que tal vez peco de genial. Entre la mirada pálida de mi perro y las grajeas que venden en el herbolario tendré para mañana la novela de mil hojas, que son sucesiones de hormigas unidas por la necesidad, el instinto y el poder.
El sol cae, corrigiendo los pasos en busca de las pocas sobras, mi gorro azul y blando ladeado a la izquierda cubre parte de mi oreja. Aunque evito pasar, el reflejo de los escaparates me devuelve mi imagen que de modo furtivo azota la correa. Si pudiese apagar el sol con un ladrido, habría fundido los fusibles de tantas veces como este chucho ladra, que al coche, que a la señora, al niño y al abuelo. No respeta ni la edad, ni el género solo la osadía.
Ato la correa en un banco frente al café. Miro su mirada pasando cerca de la barredora que atrona con su paso las colillas de pitillos que han tirado la nueva ley del uso y disfrute del tabaco. No pasan quince minutos antes de que me presente de nuevo a recoger la correa, el perro no está. Miro a los lados, nada. Oigo su ladrido, arreando la aspiradora, ladra al cepillo, se pelea con las escobas. Casi al final de la calle se gira, me mira la mirada y desaparece, sin correa, con correa, me quedo sensato otros quince minutos. Tal vez vuelva.
hicamo1
En las palabras dichas o calladas, escogidas en ocasiones, fruto del azar en otras, rodean la comunicación de todo cuanto hacemos. El lenguaje dice de quien somos de lo que nos arraiga a la tierra, de los ojos que no podemos mirar sin imaginar el rosto que los agrupa.
Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons. Todos los textos aquí publicados son de exclusivo uso en este Blog. Se prohibe cualquier publicación en cualquier medio, escrito o electrónico de imágenes y textos, ya que son propiedad intelectual. Puede solicitar su autorización por correo electrónico indicando el uso y mencionando la fuente.
Últimos Comentarios
- Vísperas de mucho, hambre para todos. 3 comentarios islam en videos hicamo Videos
- En uno de esos barrios, cualquiera que sea... 1 comentario islam en videos
- De tanto mascar me he mordido el labio 1 comentario Andrea Bermudez
- Morir vestido de Prada...en cualquier ciudad 1 comentario Helenacomite
- Gracias maestro 3 comentarios hicamo1 envoltura daniela
Tags
Ídolos
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Archivos
- Mayo 2013
- Abril 2013
- Marzo 2013
- Febrero 2013
- Enero 2013
- Diciembre 2012
- Noviembre 2012
- Octubre 2012
- Septiembre 2012
- Agosto 2012
- Julio 2012
- Junio 2012
- Mayo 2012
- Abril 2012
- Marzo 2012
- Febrero 2012
- Enero 2012
- Diciembre 2011
- Noviembre 2011
- Octubre 2011
- Septiembre 2011
- Agosto 2011
- Julio 2011
- Junio 2011
- Mayo 2011
- Abril 2011
- Marzo 2011
- Febrero 2011
- Enero 2011
- Diciembre 2010
- Noviembre 2010
- Octubre 2010
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
- Enero 2009
- Diciembre 2008
- Noviembre 2008
- Octubre 2008
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007
- Septiembre 2007
- Agosto 2007
- Julio 2007









1 comentario