06 Sep 2009

MI HISTORIA. TU HISTORIA.

Escrito por: Adrián Díaz el 06 Sep 2009 - URL Permanente

Hola TOCad@s!

Muchas veces, infravaloramos el poder de las historias. Nuestras historias son importantes. Nuestros ancestros ya lo sabían cuando se reunían alrededor de una estufa para contarse sus historias los unos a los otros.

El objetivo de este blog intermitente (os pido Disculpas por desaparecer de vez en cuando) fue contaros mi historia. Y escuchar las vuestras.

Durante este tiempo, he leído en vuestros comentarios historias que me han conmovido y que me han hecho llorar en algunos casos. Os mando ánimo a todos y os doy las Gracias profundamente por ese acto de honestidad y valentía. Sé que podéis vencer al t.o.c. si realmente así lo creéis. Y contar vuestra historia ya es un paso importante para hacerlo.

¿Mi historia? Apenas os he contado nada, ¿verdad?

Bueno... siempre fui un niño creativo y con una imaginación poderosa. Eso me hizo volar pero muy pronto empecé a mostrar síntomas de este trastorno. Y lo que en principio, todos creyeron que era un niño pesado, insistente y con ciertas rarezas desveló en su temprana adolescencia que tenía un problema que había pasado a dominarle.

Se lo dije a mi madre. Le dije que pasaba algo malo conmigo. Pensaba que estaba poseído o algo así. Pero afortunadamente mi primera cita con la psicóloga (que por cierto se llamaba Esperanza - Esperanza, estés donde estés ... GRACIAS por darme ESPERANZA y por todo lo demás) me hizo comprender que lo que me pasaba se llamaba Trastorno Obsesivo-Compulsivo y se podía curar.

Durante mi adolescencia, pasé mis años entre el Instituto y el despacho de Esperanza. Con altos y bajos. Faltaba los jueves a clase porque tenía las citas con ella. Intentaba llevar la cabeza bien alta al entrar en clase. Pero me sentía en el fondo como si me tuviera que avergonzar de algo. Como si no fuera tan bueno como los demás. Ciertos compañeros se encargaban de ayudarme a creer esto mediante insultos y "bromas pesadas". Pero les he perdonado, porque en realidad el responsable de aquella situación fui yo, que permití que así ocurriera y que casi acabé creyéndome sus palabras. En medio de todo esto, dejé de comer. Por alguna razón, tenía la necesidad de llamar la atención y creo que ésa fue la razón por la que dejé de ingerir prácticamente cualquier alimento. Creo que era mi manera de pedir ayuda desesperadamente. Para cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, mi estómago había encogido y mis fuerzas habían mermado bastante. Pero afortunadamente, y Gracias a la ayuda de Esperanza, salí bien de aquella situación.

Tras dejar el tratamiento cognitivo-conductual con Esperanza a los 18, me trasladé para estudiar la carrera de Arte Dramático. Durante esos años, muchos altos y bajos de nuevo. Pero sentía que estaba conectando conmigo mismo. Con lo que realmente deseaba hacer. Con lo que realmente soy. Y cada vez me sentía más libre. Después, una beca por la que luché mucho y que finalmente conseguí (GRACIAS, Fundación Séneca!) me permitió cumplir el sueño de estudiar Interpretación en Londres. Fue mágico. Una de las veces que he sentido que todo encaja, que todo es por una razón, y que estaba fluyendo con el Universo en el Camino que tenía reservado para mí.

Después, el Retorno a España. Madrid. Más altos y bajos. Sólo que los bajos cada vez fueron más bajos. Hacía años que no recibía tratamiento y mi toc se había apoderado de casi cada rincón de mi consciencia. No podía más. Desesperado, encontré ayuda en Atoc (el foro) y leí todo lo que pude sobre el trastorno. Libros, páginas web, manuales... Todo para comprender mi cerebro, para intentar desarmar los mecanismos de esta cruel enfermedad. Por primera vez y aconsejado por una psiquiatra, empiezo a medicarme. Desde entonces, la paroxetina es una de mis compañeras de viaje. Aunque espero poder prescindir de tomarla algún día no muy lejano.

Ahora... Acabo de cumplir 30 años. Estoy trabajando como actor y cuando vuelvo a mi pequeño pueblo, aquellos chicos del Instituto que me insultaban entonces, ahora me saludan con profunda admiración como si vieran a otra persona.

Mi carrera está despegando. Y quiero apostar por ella. Pero más aún, quiero apostar por mi Vida. Por hacer lo que siempre he querido. Por decir lo que siempre he deseado. Por ser el que siempre he soñado. El actor, el hombre, la persona que siempre he anhelado ser. Mi Vida está tomando (coincidiendo con este mi 30 cumpleaños) un giro sorprendente que me motiva, porque así lo he querido. Porque ahora es el momento. Ahora. Y es el momento de vencer el toc. Y de ser libre por fin de una vez por todas. Y es el momento de contar mi historia. De dejar de ocultarla bajando la cabeza como aquellos jueves en el Instituto. Porque mi historia puede ser un ejemplo de superación, que puede ayudar a muchos Tocados, igual que a mi me han ayudado muchas de vuestras historias. Por eso, es el momento de contarla con orgullo. Y que se oiga.

Gracias por escucharla.

pd.: por cierto, me encantaría conocer la tuya.

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10 Dic 2008

He descubierto la Causa de mi Trastorno Obsesivo-Compulsivo

Escrito por: Adrián Díaz el 10 Dic 2008 - URL Permanente

He pasado años echando balones fuera. Culpando con mi comportamiento rebelde a mis padres por mi trastorno. En silencio, pretendí hacerles creer que su forma de educarme era la causa principal de que yo desarrollara este desorden. Pretendí hacer creer a mi madre que su sobre-protección hacia mí, su personalidad obsesiva por la limpieza y su aferrada y supersticiosa visión de la religión católica habían tenido como resultado la aparición de esta enfermedad. Pretendí hacer creer a mi padre que su timidez al mostrar su cariño, sus exigencias hacia mí, y su rudeza y falta de tacto habían desembocado en este trastorno.

Años después, pasé a descubrir la Teoría de los Ganglios Basales. Tras estudiarla a fondo, me convencí de que la causa de esta enfermedad se encontraba en mi genética. En mi cerebro. Buen hallazgo. Y perfecta excusa. Hiciera lo que hiciera, tenía la justificación idónea para seguir enfermo, atascado, TOCado. Al menos, había dejado de culpar en silencio a mis padres, que por otro lado me han educado de manera entregada y afectuosa, por lo que me siento absolutamente Afortunado e infinitamente Agradecido hacia ellos. Las evidencias sugieren que las personas con TOC tienen una deficiencia de un neurotransmisor químico que se encuentra en el cerebro llamado serotonina...” Tras notar una mejoría considerable al iniciar un tratamiento con paroxetina -un medicamento que regula la recaptación de la serotonina- esta teoría pasó a ser absolutamente ratificada por mi propia experiencia. Y yo... seguía estando enfermo.

Ahora sé que el responsable de mi trastorno no fue mi educación, ni fueron mis padres. Tampoco es mi cerebro, ni ninguna defiencia neurológica. Quizá la tenga, y por eso, la paroxetina me ayuda en alguna medida. Seguramente todo lo relacionado con la serotonina sea cierto. Pero no es la causa de mi trastorno.. Ahora conozco conozco la verdad.

Y la verdad es que la causa de mi trastorno, el único responsable de mi T.O.C. soy Yo. Es duro de decir, y aún más de aceptar. Pero es la verdad. En algún momento de mi niñez, creé (por supuesto, de manera inconsciente) ese Universo (¿perfecto?) en el que todo está en orden, alineado, limpio y simétrico. Ese Universo donde no cabe el número 6, ni los números que lo contengan. Ese Universo donde yo –por alguna razón- me erigía como salvador de mis congéneres, pero también como responsable de las desgracias futuras que pudiesen ocurrir a mi alrededor. Un Universo donde lavarme las manos siete veces más significaba que a mi madre no le ocurriría nada al coger el coche o que todos llegaríamos sanos y salvos a la hora de la cena. Un Universo bastante cruel… ¿os suena a tod@s? ¿A que sí?

Ver esto fue como una especia de Iluminación Espiritual. Fue duro. Pero también liberador. Porque empezó a brotar en mí la esperanza indeleble para liberarme de las mismas cadenas que me impuse tiempo atrás. De la pesadilla que me ha mantenido cautivo durante todos estos años. Después de todo, como dice el Proverbio Chino, quien ha creado una puerta y un cerrojo, también ha hecho una llave. Al ponerme a mí mismo como responsable de mi propia realidad, de mi manera –hasta ahora- bastante patológica de ver el mundo, me pongo a mí mismo también como absoluto responsable de mi curación. Y creo que ningún medicamento, ni ningún tratamiento me pudiera conducir a una liberación absoluta sin ser capaz de ver esto.

Espero que mi humilde y personal revelación os ayude de algún modo. Y quizá os anime a discernir el grado de responsabilidad que ejercéis (inconscientemente, por supuesto) sobre vuestro t.o.c. Vuestra Responsabilidad sobre vuestro Bienestar y sobre vuestra Vida. Da vértigo ver todo esto. Pero el conocimiento nos hace libres.

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18 Oct 2008

Yo y las Pastillas

Escrito por: Adrián Díaz el 18 Oct 2008 - URL Permanente

Hola, TOCad@s,

Cómo estáis? Estoy saliendo de mi última recaída. Bueno, la verdad es que no tengo muy claro si estoy entrando o saliendo de ella, jeje. Lo cierto es que últimamente estoy más ansioso que de costumbre. La medicación que tomo desde más de un año (paroxetina) parece no hacer tanto efecto como antes y es, especialmente en estos casos, cuando me planteo si es realmente una buena idea seguir tomándola.

Cierto es que cuando empecé a tomar paroxetina (asesorado por una psiquiatra de la Seguridad Social) noté, aproximadamente a las 3 semanas del comienzo del tratamiento, una mejora increíble. Pero también es cierto que proporcionalmente a esa mejoría comencé a experimentar ciertos efectos secundarios que a veces me sacan de quicio: somnolencia extrema, insomnio, estados de tristeza injustificados, desarreglos sexuales…

Todo ello provoca que me plantee la posibilidad de acudir a la psiquiatra de nuevo para pedirle que me ayude a dejar la medicación, porque si estoy mal con respecto a mis obsesiones y compulsiones, ¿qué sentido tiene llevar encima la pesada carga de los efectos secundarios de un medicamento? La cuestión es que sabiendo de buena tinta que Paroxetina es muy eficaz (generalmente) en su función de inhibir mis obsesiones y compulsiones, tengo miedo de sufrir una recaída de forma brusca. ¿Sería capaz yo sólo, sin ayuda de las pastillas, de vencer definitivamente el t.o.c.?

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21 Mar 2008

Lo que de verdad importa

Escrito por: Adrián Díaz el 21 Mar 2008 - URL Permanente

La otra noche, decidí darle una nueva oportunidad a la serie de Tele 5 Sin tetas no hay paraíso, de la que ya había visto algún trozo antes sin que hubiera despertado en mí mucha simpatía. Lo que experimenté ahora fue bien diferente. Sin tetas no hay paraíso me enganchó, del principio al fin. No porque el guión me pareciera bien escrito y la historia convincente –que lo son- sino porque sorprendentemente uno de los protagonistas tiene TOC. Lo que me dejó clavado en el sofá hasta el fin del episodio y, para más inri, provocó que me perdiera un capítulo de Anatomía de Grey (que prometía ser muy interesante), fue ese personaje (Torres creo que se llama) que vive inmerso en una pesadilla que muchos conocemos muy bien: el trastorno obsesivo-compulsivo. Torres, aparecía en un piso de diseño, lavándose las manos cada dos por tres. Su casa, pulcramente ordenada hasta el exceso, su traje, su mirada, nos dejaban ver desde el principio que vivía preso en una existencia obsesiva llena de sufrimiento. “Ese personaje es obsesivo-compulsivo”, le dije a mi compañero de piso. Para él no era evidente. Pero yo reconocí la naturaleza de Torres desde que lo vi en la primera secuencia gracias en gran parte al talento del actor que lo interpreta (Armando del Río, mi más sincera Enhorabuena).

Me planteo: “¿Estamos ante lo que parece una puerta abierta del mundo de la ficción a plantear temas diferentes y que nos interesan?”. La oferta informativa actual bien sea vía Internet, radio, prensa o a golpe de mando a distancia, es interminable. Cantidad mucha. Pero… ¿calidad? Horas de imágenes en televisión son copadas por los romances de Ana Obregón, las exnovias de Paquirrín, los escarceos y fraudes acaecidos en Marbella… Los políticos pasan meses –años mejor dicho- discutiendo, lanzando acusaciones por doquier, y a veces creando más conflictos que los que verdaderamente resuelven.

Insultar vende. La prensa del corazón vende. El porno vende. La violencia vende. Entonces, ¿dónde queda en nuestra vida lo que de verdad importa? Me niego a tener que quedarme hasta las tantas de la madrugada para ver Redes. Me niego a que sea tan complicado encontrar historias como la mía en la pequeña pantalla. Me niego a aceptar que sea imposible encontrar información que me ayude a evolucionar en mi lucha con este problema. Todos vemos la televisión principalmente para no sentirnos solos. Pues bien, yo no me siento menos solo viendo a Britney Spears desfasando en un concierto y a Kate Moss esnifando cocaína. No me siento menos solo presenciando los debates de Supervivientes, los momentos privados de unos cuantos bailarines, las jornadas televisadas de Gran Hermano ni, por supuesto, escuchando las paridas del Conde Lequio de turno. Pan y Circo lo llamaban los romanos. Ahora se llama televisión. Y nos ha succionado el cerebro manteniéndonos inconscientes de lo que hay alrededor nuestro, a cambio de un poco de entretenimiento.

Yo me siento menos solo cuando mi alma se siente acompañada, cuando encuentro algo por lo que merece la pena realmente esperar los minutos de la publicidad. Como la otra noche. La televisión es una gran herramienta. La ficción es una gran dimensión. Usemos ambas como es debido y nos sorprenderemos cuando nos demos cuenta de donde podemos llegar. Y a los de Sin Tetas no hay paraíso, Gracias.

Por favor, visitad mi otro blog: http://diariodeuntoc.blogspot.com/

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03 Mar 2008

La enfermedad de la que nadie habla

Escrito por: Adrián Díaz el 03 Mar 2008 - URL Permanente

Hola, soy Adrián, tengo 28 años y padezco un trastorno obsesivo compulsivo (t.o.c.) desde que tengo uso de memoria. Una enfermedad que padecen más de un millón de español@s , cuyos síntomas pueden presentarse a cualquier edad y producen generalmente una importante discapacidad hasta tal punto que la O.M.S. la incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes y entre las 5 enfermedades psiquiátricas más discapacitantes.

Llegados a este punto, me pregunto... ¿por qué nadie habla de una enfermedad que afecta directamente a más de un millón de personas -entre las que me incluyo- en nuestro país?

El futbolista David Beckham declaró en una entrevista que se siente preso a causa del TOC que padece, con especial obsesión en el orden, la limpieza y la simetría. No es que piense que las personas famosas deberían hacer público algo que pertenece a su vida privada, pero qué duda cabe que en estos casos -como en el outing- una acción como ésta ayuda claramente a normalizar algo que es percibido por gran parte de la sociedad como escandaloso, extraño o enfermizo. El prestigioso programa 20/20 de la ABC News dedicó un episodio a este tema hace años creando un claro impacto social. Muchos enfermos, que nunca habían hablado de su problema con nadie, se sintieron aliviados al poder poner nombre a lo que les había atormentado durante años y se decidieron a pedir ayuda profesional, algo muy importante sobre todo teniendo en cuenta que un individuo con TOC espera de media entre siete y doce años antes de decidirse a hacerlo.

La considerada por muchos psiquiatras e investigadores actuales como una enfermedad mental fascinante, es concebida por gran parte de la sociedad como una ristra de excentricidades y rarezas voluntarias. Por ende, los propios TOCados (como nos solemos llamar en los foros de internet) la vivimos en general (yo la experimento así muchas veces, no lo negaré) como algo de lo que avergonzarnos.

Sin embargo, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo ha cosechado gran atención e interés por diversos profesionales de la medicina, especialmente en los últimos años.

A estas alturas, los que no estén familiarizados con el término se estarán preguntando qué es el TOC, de dónde viene, como afecta al día a día de una persona impidiendo por lo general llevar una vida normal y qué es lo que provoca que su curación sea un objetivo tan deseable pero que requiera de tanta determinación y esfuerzo.

Pues bien, el TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) es un síndrome psiquiátrico perteneciente al grupo de los trastornos de ansiedad que se caracteriza por la presencia de Obsesiones (ideas, pensamientos o imágenes recurrentes y persistentes que no son experimentados como producidos voluntariamente y que son vividos como repugnantes y sin sentido) y Compulsiones (conductas repetitivas y ritualizadas, diseñadas para alejar el mal que se "evoca" con la obsesión). Los que habéis visto El Aviador o Mejor Imposible (dos películas muy recomendables en mi opinión) ya tenéis un par de referencias desde el mundo del celuloide.

Por otro lado, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo ha cosechado gran atención e interés por diversos profesionales de la medicina, especialmente en los últimos años.

No se sabe mucho de las causas de TOC, aunque hay varias teorías la respecto (factores genéticos, neuroquímicos, inmunológicos, neuroanatómicos y también está la denominada hipótesis de los ganglios basales) pero consideraciones unánimes afirman - y así lo siento yo también - que en el cerebro se crean unas especies de conexiones neuronales que hacen de éste un cerebro diferente al de un individuo sin TOC y que son, en cierta medida, responsables de la supervivencia del trastorno. Basándome en este punto, creo que existe la posibilidad de que independientemente de la medicación que se tome o la terapia con la que se trabaje, no se provoquen cambios sustanciales en la persona y en su conducta a menos que se modifiquen estas conexiones cerebrales.

Aquí viene la buena nueva: Un experimento realizado recientemente por Jeffrey Schwartz, neuropsiquiatra de la Universidad de California con personas que padecía T.O.C. ha abierto nuevos caminos a la curación. Schwartz, budista y practicante de la meditación, quiso -según un artículo de Ángela Boto- comprobar el potencial terapeútico de ésta. Siguiendo la idea de lo que se conoce como meditación consciente, es decir, observar lo que ocurre en el interior sin juzgar, enseñó a sus pacientes a separarse de su enfermedad; a observar sus síntomas con la parte más lúcida de ellos mismos reconociendo que sólo eran manifestaciones de su trastorno.

Como la propia periodista titula su artículo, Querer es poder. Tenemos nuevas técnicas y caminos a nuestro alcance. El Cambio es posible. La Curación es posible. Pero el primer paso para cambiar es la Aceptación. Aceptación individual. Aceptación social.

Y en este punto, es donde me pregunto... ¿por qué no se habla de esta enfermedad en España?

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