18 Ago 2008

Feliz Cumpleaños

Escrito por: Miguel Rodríguez el 18 Ago 2008 - URL Permanente

05 Ago 2008

El amor en nuestro tiempo

Escrito por: Miguel Rodríguez el 05 Ago 2008 - URL Permanente

- La verdad es que el amor no es todo en la vida, tal vez sea lo más importante. O tal vez ni siquiera llegue a ser importante.-

El hombre se incorporó en su silla y dijo asombrado: - ¿Cómo puedes hablar así de un sentimiento tan hermoso.-

- Porque es la verdad, es tal como te lo digo. Sólo piénsalo un poco y verás que tengo razón.-

El hombre escuchó la respuesta y sonrió condescendiente: - No lo creo, debes estar bromeando cuando piensas así.-

- Te digo que es verdad, sólo tienes que pensarlo tú mismo. Esto tiene su lógica. Mira, si el amor es, como tu dices, un sentimiento hermoso, entonces ¿porqué sufres cuando te enamoras?.-

El hombre encendió un cigarrillo, señal inequívoca de que estaba reflexionando su respuesta: -Eso es parte del sentimiento, amar es sufrir...a veces.-

- ¡Tú mismo lo has dicho! Si amar es sufrir, el amor no puede ser hermoso. ¿O es que a ustedes les gusta sufrir?

El hombre se reclinó en su silla y exhaló una bocanada de humo en un largo suspiro. Su poder de reflexión estaba funcionando al máximo: - No, pero el amor lleva al sufrimiento en cierta forma, de manera que...- El hombre no pudo terminar su respuesta pues se vio interrumpido.

- Eso es, el amor lleva al sufrimiento y, según entiendo, a la gente no le gusta sufrir. Por lo tanto el amor debe evitarse.

- Pero, ¿qué dices?.- el hombre aplastó su cigarrillo en el cenicero y se incorporó de nuevo. El tono de su voz iba subiendo.- El amor conlleva algo de sufrimiento, sí. Pero la intensidad y el gozo que produce éste sentimiento compensan cualquier sufrimiento.- Al final de la frase imprimió un tono suave a sus palabras.

- ¿Qué porcentaje de sufrimiento incluye el amor?. ¿El 10%, el 40%?.-

El rostro del hombre comenzó a encenderse al escuchar la pregunta: -¡No digas tonterías!. No puede hablarse de porcentajes. Cuando amas no te importa sufrir, sólo quieres disfrutar del amor en sí mismo.-

- Falso. Lo que dices es mentira. Cuando amas no quieres sufrir. Amas para ser más feliz.- fue la respuesta contundente.

El hombre se incorporó totalmente y encaró a su interlocutora en un último esfuerzo por reflexionar antes de responder: -Claro, pero no te importa lo que suceda con tal de amar. Ni siquiera importa si eres correspondido, porque... . - De nuevo vio interrumpida su respuesta:

- No es cierto, si te importa. Porque en el fondo lo que buscas es ser feliz, no sufrir. Lo que sucede es que de momento te dejas llevar por la corriente de tu instinto y no reflexionas... . -

Ahora fue el hombre quien interrumpió la respuesta. Algo se aclaró en el interior de su cabeza y comprendió por fin lo que estaba ocurriendo: - Pero ¿qué sabes tú del instinto?... . ¿Qué sabes del amor?... .¿Qué puedes saber de la vida?.-

La respuesta fue inmediata: - La vida es una manifestación material de la grandeza divina..-

De pronto el hombre perdió su estabilidad y su capacidad de pensar fríamente. Casi gritando respondió:- ¿Pero qué dices?. ¿De qué estás hablando?.-

- Eso fue lo que grabaste en mi memoria como tu definición de la vida. ¿Recuerdas?.-

El hombre perdió la paciencia ante la respuesta: - ¡Bah!. Como computadora de conversación eres un fracaso. En una discusión te sales por la tangente a la primera oportunidad. - El hombre apagó la computadora y se levantó visiblemente enojado. Mientras se alejaba iba murmurando para sí mismo: - Si hay algo que odio es que ésta maldita máquina me haga reflexionar con sus tonterías... .

Maneki Neko

Escrito por: Miguel Rodríguez el 05 Ago 2008 - URL Permanente

Maneki Nekko, Bienvenidos al Blog.

12 Jun 2008

Cuento III: El Perro, el Gato y el Ratón

Escrito por: Miguel Rodríguez el 12 Jun 2008 - URL Permanente

En la época de la creación, Dios pensó en crear una criatura pequeña, frágil, inteligente y entonces creó al ratón. Luego pensó que el ratón debería tener un amigo para que no se sintiera solo, pero tendría que ser un buen compañero. Como el ratón es inquieto, hiperactivo, nervioso; Dios creo una criatura que era lo opuesto: tranquila, observadora, segura de sí misma; creó al gato. La relación entre ambos se equilibraba perfectamente, se llevaban muy bien.... excepto cuando discutían acerca del hombre, aquella criatura extraña que Dios había creado recientemente. El ratón pensaba que no valía la pena ocuparse de él, era un habitante mas del paraíso. El gato en cambio consideraba que Dios tenía especial predilección por el hombre y que convenía estar cerca de él. Cuando Dios percibió aquellas diferencias, decidió crear a una especie de moderador que acabara con las discusiones del gato y el ratón. El perro fue entonces creado con características muy especiales: honestidad, fidelidad, paciencia, capacidad negociadora. Dios estaba satisfecho. Todo marchaba bien ya que el perro calmaba al ratón y convencía al gato de que Dios no tenía preferencias.
Un día el hombre encontró al perro y de inmediato lo atrajo su bondad, alegría, fidelidad. Entonces convenció a Dios de que lo dejara quedarse con él. Cuando el gato se enteró, corrió hasta donde estaba Dios y le pidió que le permitiera ser la mascota del hombre también (porque ya estaba seguro de que efectivamente, el hombre era el preferido de Dios). El Creador no estaba de humor para peticiones (llevaba 7 largos días creando y creando) así que le dijo al gato: "Si convences al hombre de que eres la mejor mascota, puedes quedarte con él". El gato enseguida se dedicó a seguir al hombre por todas partes, pegándose a sus piernas, subiéndose a su regazo, ronroneando seductor. El ratón que no comprendía cómo era posible que su gran amigo lo hubiera abandonado, se juró a si mismo que seguiría al hombre y viviría con él, aun sin su consentimiento. Desde entonces el ratón, el perro y el gato viven con nosotros tratando de ganarse nuestro reconocimiento, compitiendo y peleando entre ellos por nuestra atención.
Por supuesto que Dios, en su infinita sabiduría, permitió que la rivalidad existiera pensando: "Si no lo permito, ¿cómo van a crear a Tom y Jerry?"

Cuento II: Arcoiris

Escrito por: Miguel Rodríguez el 12 Jun 2008 - URL Permanente

Las nubes se visten de luto, porque piensan que el sol ha desaparecido para siempre. Cuando la tristeza es intensa comienzan a llorar. Algunas nubes se controlan un poco y solo sollozan quedamente con una llovizna que apenas mueve las hojas de los árboles. Otras, las que más amaron al sol, lloran abundantes, gruesas y frías gotas de lluvia y gritan su dolor con ensordecedores truenos y relámpagos cegadores. Cuando el sol se da cuenta de la pena que causa su ausencia, regresa lentamente: primero se asoma un poco y algunas nubes dejan de llorar, aunque aun no creen que él ha regresado. Poco a poco todas las nubes se dan cuenta y entonces dejan de llorar y, tímidamente, entre sus últimas lágrimas aparece una sonrisa: el arcoiris.

09 Jun 2008

Cuento I: El Amanecer

Escrito por: Miguel Rodríguez el 09 Jun 2008 - URL Permanente

Llega la luz avanzando lentamente.

La oscuridad se resiste y presenta batalla aferrándose a cada hendidura, a cada sombra.

Por un breve instante parece que nadie vencerá. La luz gana terreno por momentos, pero las sombras crecen alargándose y uniéndose en una sola.

Luego la oscuridad se escurre por los rincones que la luz no alcanza y termina por retirarse.

El día ha ganado esta batalla, pero la guerra no ha terminado. La noche solo se ha retirado para organizar un nuevo ataque.

09 Abr 2008

Hogar

Escrito por: Miguel Rodríguez el 09 Abr 2008 - URL Permanente

Mi hogar no es estas cuatro paredes,

no es la tierra donde enterré mi ombligo,

no es la tierra donde dormirán mis huesos,

no es el espacio ni el tiempo.

Mi hogar eres tú.

14 Feb 2008

Cuesta arriba

Escrito por: Miguel Rodríguez el 14 Feb 2008 - URL Permanente

Subiendo por la empinada calle veo al hombre llevando a cuestas un fardo enorme. Dando pequeños pasos avanza rápidamente un trecho y luego se detiene, deposita en el suelo su carga y se quita el maltratado sombrero para limpiarse el sudor con el pañuelo que lleva al cuello. Se sienta a descansar en el borde de la acera aprovechando la sombra que produce la alta columna de sombreros nuevos que ha venido cargando cuesta arriba, y que ha dejado en precario equilibrio frente a él.

Mientras descansa, observa el trecho que ha caminado calle abajo y luego voltea a ver el que le falta para llegar a la parte alta. Un viento suave agita su camisa abierta, mientras él acomoda las tiras de piel de sus desgastados huaraches. El hombre revisa las amarras que sostienen en su lugar los sombreros y las ajusta un poco. Una ráfaga de viento amenaza con derribar su carga. El hombre se pone de pie para sostenerlos y, como si esa hubiera sido la señal esperada, con un movimiento de brazos y un giro de cintura, se coloca el bulto en la espalda nuevamente. Un último ajuste de cuerdas para equilibrar la carga y se pone en marcha para continuar cuesta arriba.

Los sombreros nuevos se bambolean al ritmo de los pasos del hombre que ahora tiene que protegerse del sol de la tarde bajo su maltratado sombrero.

26 Dic 2007

Del otro lado

Escrito por: Miguel Rodríguez el 26 Dic 2007 - URL Permanente

El río humano fluye con lentitud por los estrecho pasillos que, como amplio delta, se dividen y subdividen por el centro comercial. El calor de los cuerpos caminando juntos contrarresta el frío de la tarde invernal. Todos siguen el ritmo establecido como si se tratara de un acuerdo consensuado previamente. Observan las mil mercancías que compiten entre sí para captar su atención, y cada centavo disponible en sus bolsillos. Eventualmente alguien se detiene para preguntar por un precio deteniendo el avance de la masa que empuja pugnando por seguir. El comprador potencial que ha bloqueado el flujo de otros compradores, revisa desde todos los ángulos el artículo que pretende adquirir. Pregunta una vez mas por el precio, tal vez con la esperanza de que el vendedor reconsidere el monto. Por fin, después de intercambiar opiniones con su acompañante, se decide a deshacerse de una generosa porción de su presupuesto para compras. Completada la transacción, el comprador se reincorpora al flujo de gente que continúa su lenta marcha.

Aquí y allá se repite el proceso en incontables ocasiones. El dinero cambia de manos al igual que las mercancías. Se compran ilusiones, momentos de felicidad efímera, conciencias agobiadas, perdones, olvidos premeditados y arrepentidos, abandonos pasados y futuros, indiferencias. Se los encuentra en todas las tallas y colores, con o sin accesorios, caros o económicos según las necesidades del comprador.

En uno de los incontables locales que integran el centro comercial, una chica permanece sentada del otro lado del mostrador. Los productos que ofrece no llaman la atención del interminable tiovivo de cuerpos sin rostro que desfilan sin detenerse. Ella por su parte, hace rato que dejó de prestar atencion a las operaciones mercantiles. Su vista y su pensamiento se encuentran fijos en un punto muy lejano a todo ese ajetreo.

Tal vez ella misma necesite adquirir algún sucedáneo de la felicidad. O tal vez solo desee no recibir como regalo de Navidad, alguna de las mil mercancías que pretenden reemplazar al amor.

14 Dic 2007

El dueño de la calle

Escrito por: Miguel Rodríguez el 14 Dic 2007 - URL Permanente

Temprano por la mañana hace su última ronda por el barrio antes de irse a descansar. Recorre lentamente las aceras deteniéndose aquí y allá para escuchar los sonidos de los vecinos que comienzan su día.

Podría caminar con los ojos cerrados sin tropezar pues lleva en la memoria cada desnivel, cada grieta, cada árbol a lo largo de su ruta.

También recuerda los sonidos y olores particulares de cada rincón del barrio. Tiene registrados los horarios y movimientos de todos los vecinos. Sabe, por ejemplo, que la vecina de la esquina sureste sale antes de las 6 y no regresa hasta el mediodía; que los chicos cruzan el parque a las 7:30 rumbo a la escuela (por eso evita el área a esa hora), que la tienda abre a las 8 o que después de las 9 puede tomar una siesta pues ya pasó el ajetreo matutino.

Aunque todo el mundo lo conoce nadie repara en él. Lo consideran parte del paisaje urbano, como el viejo auto que lleva años oxidándose frente al domicilio de su propietario en espera de ser reparado. A él no le importa, sigue su paso con actitud arrogante ignorando a los demás.
A pesar de que ya hace tiempo que pasaron sus mejores años, de vez en cuando aún corre detrás de algún intruso sospechoso, sólo para mantenerse en forma.

Termina por fin su patrullaje y se encamina con paso lento a ocupar uno de sus lugares favoritos para descansar. Antes de irse a dormir se queda inmóvil por un instante mirando a lo lejos, mueve las orejas intentando ubicar el orígen de un sonido que solo él puede escuchar. Oteando el frío aire invernal emite un gruñido ronco y luego estalla en una serie de ladridos para advertir a cualquiera que pueda dudarlo, que él es el único dueño de la calle.

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