12 Jun 2008
Cuento III: El Perro, el Gato y el Ratón
En la época de la creación, Dios pensó en crear una criatura pequeña, frágil, inteligente y entonces creó al ratón. Luego pensó que el ratón debería tener un amigo para que no se sintiera solo, pero tendría que ser un buen compañero. Como el ratón es inquieto, hiperactivo, nervioso; Dios creo una criatura que era lo opuesto: tranquila, observadora, segura de sí misma; creó al gato. La relación entre ambos se equilibraba perfectamente, se llevaban muy bien.... excepto cuando discutían acerca del hombre, aquella criatura extraña que Dios había creado recientemente. El ratón pensaba que no valía la pena ocuparse de él, era un habitante mas del paraíso. El gato en cambio consideraba que Dios tenía especial predilección por el hombre y que convenía estar cerca de él. Cuando Dios percibió aquellas diferencias, decidió crear a una especie de moderador que acabara con las discusiones del gato y el ratón. El perro fue entonces creado con características muy especiales: honestidad, fidelidad, paciencia, capacidad negociadora. Dios estaba satisfecho. Todo marchaba bien ya que el perro calmaba al ratón y convencía al gato de que Dios no tenía preferencias.
Un día el hombre encontró al perro y de inmediato lo atrajo su bondad, alegría, fidelidad. Entonces convenció a Dios de que lo dejara quedarse con él. Cuando el gato se enteró, corrió hasta donde estaba Dios y le pidió que le permitiera ser la mascota del hombre también (porque ya estaba seguro de que efectivamente, el hombre era el preferido de Dios). El Creador no estaba de humor para peticiones (llevaba 7 largos días creando y creando) así que le dijo al gato: "Si convences al hombre de que eres la mejor mascota, puedes quedarte con él". El gato enseguida se dedicó a seguir al hombre por todas partes, pegándose a sus piernas, subiéndose a su regazo, ronroneando seductor. El ratón que no comprendía cómo era posible que su gran amigo lo hubiera abandonado, se juró a si mismo que seguiría al hombre y viviría con él, aun sin su consentimiento. Desde entonces el ratón, el perro y el gato viven con nosotros tratando de ganarse nuestro reconocimiento, compitiendo y peleando entre ellos por nuestra atención.
Por supuesto que Dios, en su infinita sabiduría, permitió que la rivalidad existiera pensando: "Si no lo permito, ¿cómo van a crear a Tom y Jerry?"
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