13 Sep 2008
Mujeres que trabajan y niños que se sienten solos.....como siempre
Antes de nada, permitídme que inicie el artículo saludando a los amigos que durante este tiempo se ausencia en el blog, os habéis ido poniendo en contacto conmigo para ver qué pasaba: no pasaba nada: trabajo, gratificante trabajo que no me dejaba el tiempo suficiente para estar con vosotros de una manera seria y continuada.Como a mí me gusta. Vamos a ver si ahora la cosa se puede organizar y cumplo mis autopromesas para el inicio de curso. Veremos
A mi regreso de las vacaciones, en el primer País Semanal que llegó a mis manos, me encontré con una serie de cartas, la mayoría de ellas indignadas, con un artículo de Javier Marías -siempre provocador- sobre las mujeres que ejercen de tales. Ya sabéis, madres, esposas abnegadas, chantajistas emocionales y un poquito brujas. Hablo de oídas porque, como os digo, yo estaba fuera del país cuando se publicó el artículo y no lo leí. Podía haberlo recuperado pero, os confieso que no lo hice.
Entre las cartas que respondían a ese artículo hubo una que me molestó de una manera especial. Una mujer que reivindicaba su derecho a elegir quedarse en casa y hacer de lo que alguien llamaría "mujer-mujer" y que acababa con una frase que señalaba con cuánta envidia la miraban otras mujeres cuando ella, orgullosísima, paseaba con sus hijos por los que había dejado su profesión.
Ayer, todos los medios hablaban de que uno de cada cuatro niños se sienten sólos cuando llegan a casa y, por supuesto, tras esas estadísticas, casi todos los medios, también los llamados progresistas, hablaban de la incorporación de la mujer al trabajo y de lo que eso significaba en las famílias y en los niños más concretamente.
Y ya no he podido más. Y de ahí el título. ¿Qué quiere decir eso de la incorporación de la mujer al trabajo? La mujer ha trabajado siempre. La mujer, incluso en el pueblo más perdido del tercer mundo trabaja y trabaja y trabaja..... y los niños, también los del tercer mundo se tienen que espabilar porque su madre, que los ama profundamente no puede dedicarse el día a decirselo. A ellos, a esos niños, les basta con que su madre les haga la comida, se preocupe por ellos cuando están enfermos, les acaricie por las noches, para saber, para estar seguros de que son queridos. Porque el amor de una madre tiene muy poco qué ver con jugar con ellos a la wii o comprarles la última innovación de mcdonals...
No señores, la mujer en el mundo occidental no se ha incorporado al trabajo lo que ha hecho es INCORPORARSE AL TRABAJO REMUNERADO. Se ha incorporado a la independencia personal y afectiva, a la capacidad de decidir y sobre todo a la capacidad de dirigir su vida sin necesidad de deberle nada a nadie. Y eso debería ser un avance incuestionable e incuestionado porque eso es, posiblemente, uno de los avances más importantes del siglo que ha acabado.
Por supuesto eso exige cambios. Exige que aquellos trabajos que se han realizado siempre y que no son remunerados sean, ahora, compartidos. Exige que no haya tareas de unos y de otros. Exige que los niños, esos príncipes del guisante, incapaces de decidir nada por ellos mismos, tomen también responsabilidades en su día a día. Exige, en definitiva, que la familia se convierta en una colectividad afectiva en la que cada uno asume sus responsabilidades porque estar juntos no tiene que ver con unas condiciones de vida resueltas sino con la decisión de compartir la existencia.
Eso es duro, claro. Para los hombres, por supuesto, pero también para muchas mujeres incapaces de reconocerse en un papel en el que ya no sono imprescindibles. En el que no valen por lo bien planchadas que tiene las camisas el marido sino por lo que son capaces de compartir con él. Eso supone una revolución que muchas mujeres no están dispuestas a iniciar porque toda revolución implíca vértigo.
Pero no me vengan con milongas: esa mujer orgullosa de haber sacrificado su carrera por cuidar a sus hijos ¿estaría dispuesta a que mañana su marido decidiera que él también va a ser más feliz ejerciendo de padre que aguantando al cabrón de su jefe? ¿En que consiste la libertad de elegir cuando sólo algunos, en este caso algunas pueden elegir? Y no me digan que una madre es una madre, cuando estamos exigiendo a nuestros hombres que asuman la paternidad responsable ¿Para unas cosas sí y para otras no?
Y no me propongan, por favor, un sueldo para el ama de casa ¿No se dan cuenta que eso sería, finalmente, fosilizar un estado de cosas? ¿No se dan cuenta que eso sería acabar con la independencia? ¿ Quién se atrevería a "pedir ayuda" al marido, cuando llegara del trabajo si está cobrando por hacer eso? ¿Cuántos maridos tendrían la excusa perfecta:hazlo que para eso te pagan?
La mujer tiene que seguir trabajando como lo ha hecho siempre. Pero cobrando por ello. La família debe convertirse en una comunidad afectiva en la que todos aportan su grano de arena, desde el mayor al más pequeño. Los niños deben saber que el mundo no es perfecto y que muchas veces nos sentimos solos y nos aburrimos y que mañana será otro día y que cuando lleguen los padres en vez de estar todos como imbéciles mirando la tele haremos la cena juntos y nos reíremos e inventaremos cuentos..
Todo menos elegir quedarse en casa para convertirnos en el angel del hogar, atadas económica y afectivamente a unos seres a los que de esta manera también quitamos su libertad porque hemos basado la relación en un chantaje. Posiblemente inconsciente, pero no por ello menos cruel.
25 Oct 2007
Octubre en casa
Octubre es, en mi casa, tiempo de encuentros y celebraciones. En pocos días, la semana que viene, mis dos hijos, él y ella, cumplen años.
Los dos, por circunstancias diferentes, están a punto, uno más que otro, de tener que tomar decisiones. De cambiar opciones de vida. De volar, en definitiva.
No siempre estamos de acuerdo. De hecho, muchas veces hemos estado en desacuerdo y todavía lo estamos. Pero siempre he tenido un profundo respeto por su manera de tomar decisiones. Por su forma de afrontar la vida. Respeto y admiración porque los dos han sido valientes y me demuestran día a día que están dispuestos a seguir siéndolo.
Admiro de mis hijos sus convicciones, aunque no sean las mías. Su voluntad de ser ellos mismos, aunque no coincida con la idea preestablecida que yo pudiera tener de ellos. Su capacidad para luchar por lo que desean.
Estoy orgullosa de ellos y, sobre todo, los admiro. Que es lo más que se puede decir de una persona. Aunque sean tus hijos.
Hace unos pocos años, cuando ella estaba pasando un momento difícil, recordé el famoso poema de Goytisolo y me hubiera encantado haberlo escrito yo. Se lo envié.
Hoy quiero repetirlo. Para los dos. Porque es lo que yo hubiera querido decirles si hubiera sido capaz. Es lo que quiero decirles todos los días. Todos las horas. En las buenas y en las malas.
Donde Goytisolo pone Julia, que ellos pongan sus nombres. Que se lo aprendan. Y que lo pongan en práctica.
PALABRAS PARA JULIA
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
J.A. Goytisolo
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