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28 Sep 2007

Artículo de Susana Fortes (Otra vez las palabras)

Escrito por: glforcen el 28 Sep 2007 - URL Permanente

Ayer Susana Fortes publicaba en el país una columna. De nuevo las palabras. El valor de las palabras. Las palabras que explican el mundo.

Cafarnaún
El vocabulario encierra un código secreto en el que caben todas las probabilidades del misterio. Por eso no hay que extrañarse de que un poema pueda escribirse con las mismas palabras que un informe del Fondo Monetario Internacional. También las paredes de los faros están levantadas con piedras de la misma cantera que las cárceles y nadie se sorprende por ello.
Hay vocablos duros con aristas de mármol que sólo sirven para cuadrar un balance, pero hay otros tan cálidos que una desearía quedarse a vivir en ellos para siempre, como acurrucar, que suena a ovillo de lana y a mañana de domingo con desayuno en la cama. La vida se salva gracias a esas palabras pronunciadas cuando una va descalza por el pasillo con una bandeja, porque es ese vocabulario personal el que nos permite habitar el mundo a nuestra manera. Julio Cortázar llamaba glíglico a un idioma inventado que le servía para conversar con la Maga mientras caminaban por aquel París de Rayuela de cielo gris y puentes de plata. En Léxico familiar la escritora Natalia Ginzburg cuenta la historia de la Italia antifascista, en un lenguaje de andar por casa, cosido de bromas y voces que hilan el diario íntimo de una familia y que sólo puede ser entendido con toda su ironía en ese ámbito donde las palabras se ajustan al cuerpo como unos viejos vaqueros moldeados por muchos lavados. En mi casa, por ejemplo, cada vez que alguien va a meter la pata, se dice: cuidado con el manubrio, desde que un crítico literario me condenó al infierno por emplear mal ese término gallego en una novela. A Josep Pla le gustaba la palabra cafarnaún, que aunque no viene en el diccionario, encierra una sorna de mucho calado y puede servir tanto para describir el caos que vivió Barcelona con las tinieblas de Endesa como para contar el último capítulo de sus averías ferroviarias o el incendio del Vall d'Hebron. Hay gente que empieza a hablar de sabotaje, pero son personas que han visto demasiado cine negro.
El léxico tiene más que ver con las novelas de espías. Es una clave secreta, como el lenguaje de los faros, lleno de destellos con los que a veces intentamos explicarnos la vida, buena parte de la cual es, en verdad, inexplicable.

27 Sep 2007

Eso es ser hombre (parafraseando a Blas de Otero)

Escrito por: glforcen el 27 Sep 2007 - URL Permanente

Nombrar a dios

crearlo en un instante,

pidiendo, vehementes, que existiese,

que tenga voz,

y manos

y ternura

cuando el dolor desnuda

la impotencia

del que creyó que todo lo podía.

Nombrar la luz y que la luz

se hiciese.

Nombrar amor

y sentir en la nuca

la ardiente y ronca voz de los deseos

queriendo deambular por la cintura

Eso es ser hombre:

tener en la palabra

la vaga omnipotencia del que nombra

y el triste desengaño del poeta

08 Jun 2007

“Dios dio las palabras a los hombres para que puedan esconder sus llantos

Escrito por: glforcen el 08 Jun 2007 - URL Permanente

Lo dijo sonriendo con tristeza :

“Dios dio las palabras a los hombres

para que puedan esconder sus llantos”

y la sonrisa retornó a sus labios.


Pero eso no es lo que siempre nos contaron

ya sabéis : Al Principio, la Palabra

llegó a poder nombrar al Innombrable

y el hombre dijo luz, dijo tinieblas,

casa, león, pantera, corazones

niño, dolor, saliva y descendencia.


Era el principio y todo se estrenaba

y al nombrarlas las cosas se creaban

recién salidas de una mano nueva.


Fue después: los dolores compartidos,

el desamor lamiendo las almohadas,

la impotencia gritando en las mañanas

desgastaron las bocas que nombraban.


Entonces, sí, entonces como velos

las palabras buscaron sus guaridas

y ya la soledad se llama hastío

y decimos tibieza por olvido

y recordar por no decir nostalgia.


Tuvo razón el dios al regalarlas

supo que servirían para poco,

-para esconder el llanto- las palabras


Oído a una mujer africana en París: "Dios dio a los hombres la palabra para que pudiera esconder sus sentimientos"