10 Ene 2008

Maquillaje Caduco

Escrito por: Norberto Rodríguez Colman el 10 Ene 2008 - URL Permanente

Envejecer no es echar barriga ni llevar el pelo blanco. Ni mantenerse joven es repetir una y otra vez lo que antaño formaba parte de un descubrimiento.

Es posible que los tintes para el pelo puedan disimular con cierta naturalidad nuestras canas y los gimnasios le den una segunda oportunidad a nuestro aspecto. Incluso un buen corte de pelo puede dar esquinazo al paso del tiempo durante una mirada fugaz, pero esto es en cuanto a lo visible, lo externo. ¿Y qué pasa con nosotros por dentro?

No existe maquillaje alguno (al menos de momento) que pueda disimular la falta de frescura, la escasa naturalidad en nuestro comportamiento o esa incipiente falta de flexibilidad para comunicarnos con el resto. Y esos son los síntomas de la verdadera vejez, la inevitable, la auténtica, la que no se puede esconder.

Comenzamos a envejecer cuando somos incapaces de reconocernos recogiendo una rama del suelo como cuando éramos niños. No son las canas, es el acartonamiento y la falta de interés por comprender el punto de vista de quien tenemos en frente lo que nos delata, y ese caprichoso comportamiento en el cual evitamos cuestionarnos lo más mínimo.

En ocasiones intentar mantenerse joven se limita exclusivamente a tonificar los músculos, esconder esas canas y surtirse con algo de ropa fashion mientras nos atiborramos de buen House y unos cuantos discos de Chill Out en nuestras estanterías, a la par que pedimos cita para hacernos la cera y retocar esas cejas.

Con el tiempo nuestro aspecto avanza pero nuestras ilusiones retroceden, la escala de prioridades cambia y lo superfluo se impone sobre las cosas realmente importantes. ¿Cuándo fue la última vez que lo has pasado francamente bien?

Las colas frente a las discotecas o las terrazas de moda no logran esconder lo evidente, que somos muchos, que estamos tan cerca los unos de los otros que casi se cruzan nuestras conversaciones, y sin embargo, nos encontramos a años luz los unos de los otros.

Y es que el mercado está fatal. Los treintañeros tenemos verdaderas dificultades para dar con alguien medianamente interesante y que no se pase hablando de su vida como si tuviese ya un pie en la tumba o que por el contrario se limite a un par de experiencias más allá del día que lo parió su madre.

Alguien que se siente en tu mesa y lance un interrogante, por el contrario, merece toda la atención posible. ¿Quién está por la labor de cuestionar nada a nadie si somos incapaces de cuestionarnos algo a nosotros mismos?

Se mantiene el espíritu joven cuando no se intenta aparentar lo que en ocasiones resulta evidente : que te dejaste el sueldo y las pagas extras en la gafas de sol, el pantalón y las zapatillas, para tirarte después más de dos horas hablando de tu reciente y mega divertidísimo viaje a Ibiza. Aburridísimo, predecible y vacío.

La obsesión de muchos por mantener el aspecto ideal, hace que lo más interesante de conocer a alguien se pierda en las aguas de la memoria y convierta una conversación prometedora en las anécdotas del gimnasio (si las hubiera) o los sitios visitados el último fin de semana.

Descuidamos descaradamente nuestra psique en beneficio de nuestro aspecto y el resultado final se asemeja más a una persona aburrida y repetitiva, que a alguien joven, dinámico y con algo medianamente interesante por compartir.

En estos días en que apenas nos regalamos tiempo para la improvisación, cada día que pasa se asemeja más a una road movie urbana donde el tiempo corre muy a prisa, y nosotros aún más rápido tras las gafas de 200 euros, sin darnos cuenta que vamos camino de estrellarnos contra el más patético de los muros.

Si ya probaste las drogas que querías probar y conociste o te desencontraste con cuantas situaciones se te han puesto a tiro, deberías mantener esa ilusión o sentido del riesgo, pero sin repetirte. Cuando alguien con treinta años mantiene el ritmo que inició a los veinte, ya no es ilusión, ni riesgo ni descubrimiento. Es rutina y vejez, y ante un caso así, ni el más joviales de los aspectos podrán evitar que habrás la boca y no salga nada que valga la pena escuchar.

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

domingo-puerta dijo

Como sigas sacudiendo conciencias y metiendo el dedo en la llaga como lo haces, amigo Norberto, más de uno va a despertar y se va a mirar al espejo para observar la imagen que éste le devuelve y muy probablemente no le guste lo que vea. Dices verdades tan poderosas y contundentes en cada uno de tus artículos que duelen. Quizá así, sacudidos por el dolor y avergonzados por sabernos descubiertos, reaccionemos.

Norberto Rodríguez Colman dijo

Amigo Domingo, te leo cada mañana, e insisto en que tienes un don para despertar interés, escribes de forma clara, cálida y directa. Disfruto mucho. Respecto a mi, supongo que soy víctima de muchas lecturas insatisfechas y situaciones para huir. Tienes un concepto bastante bueno de lo que hago, y eso no tiene precio, de verdad, gracias. Pero... lo cierto es que haciendo un repaso a las cosas publicadas, el resultado es casi una ivitación a echar un mal polvo, comerse un caramelo amargo. Aún así, creo que son positivos, pero la verdad es que uno cuando se mira al espejo, quiere encontrar algo bonito, aunque sea mentira.

candidopinolago dijo

Hola Norberto, acabo de descubrirte y tienes mucha razón en lo que escribes. Yo también soy un treintañero, jajaja, pero intento cultivar mente y cuerpo, no con gimnasios pero sí me gusta cuidarme un poco, pero sobre todo hay que cuidar la mente, mantenerla fresca y activa para no envejecer o, por lo menos, envejecer dignamente que es de lo que se trata, no?¿ Jejeje. un saludo y te seguiré leyendo. Abrazos desde Galicia!!!

María José Rodríguez Colman

María José Rodríguez Colman dijo

Hola Norberto! Hoy descubrí este blog y la verdad es que me gustó mucho tu nota, muy interesante y debo ademitir que coincido mucho con lo que decís. También pienso que cada persona como individuo se esta planteando un poco estas cuestiones que comentas y que consecuentemente habrá un cambio, entonces el cambio individual se convertira en un cambio global. No puede demorarse mucho más que ocurra un cambio de conciencia global y que los estándares y prioridades de las personas se reacomoden. Bueno además de esto que comento te quería comentar que mi apellido también es Rodríguez Colman, esto me llamo la atención porque hasta ahora no había conocido a nadie que tuviera mi mismo apellido. Soy de Argentina y en este momento estoy viviendo en Lleida haciendo un doctorado en Ciencias Médicas Básicas. Bueno cuando puedas comentame si vos tenés familia en Argentina, quién sabe quizás seamos parientes lejanos! Todo lo mejor para vos y para la gente que lee el blog! Ma. José! MI DIRECCION DE MAIL ES: rodriguezcolman@hotmail.com

Victoria_CPA dijo

Me gustó tu planteamiento, además creo que uno tiene que ir a más siempre... ¡qué es eso de mantener el mismo rietmo de 20 a 30! Es un sentimiento increíble - el autosuperarse cada día.. es algo que no tiene límite, y si lo tuviera - muy pocos lo habrían alcanzado. Yo soy de los que no paran nunca y no pienso cambiar. Saludos

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