14 Jul 2008

La llamada

Escrito por: Andy el 14 Jul 2008 - URL Permanente

Miré a la calle desde la ventana donde estaba asomado. Varias personas paseaban tranquilas en aquella tarde de domingo, con demasiada pereza, demasiada lentitud para el vertiginoso ritmo de la ciudad, pero al mismo tiempo con las caras tranquilas y felices de los que disfrutan saboreando cada minuto, cada segundo. Yo los observaba desde detrás de la ventana con las manos en los bolsillos y una expresión neutra e impasible alojada en mi cara. Mis ojos estaban fijos en un punto que no veía pero que me permitía concentrarme en la imagen de conjunto de aquel paisaje urbano, analizando cada uno de los detalles y ninguno al mismo tiempo. Unos padres paseaban a su hija pequeña, la niña parecía que acababa de aprender a andar y sus padres la seguían acompasando su ritmo al de ella, inseguro y lento pero eficaz. Una pareja avanzaban abrazados sin ninguna prisa como si pretendieran que el tiempo se detuviera en aquel instante y les permitiera pasarse el resto de sus vidas abrazados como estaban, muy pegados el uno al otro, su respiración lenta y la sonrisa placentera en los labios. Un hombre caminaba con los hombros caídos y la mirada clavada en el suelo como si intentara descubrir algo en el suelo de gravilla, entre las hojas que habían sido desprendidas de los arboles. Todo esto lo observaba yo, asomado a la ventana con las manos en los bolsillos y una expresión neutra. De algún modo, sentía que los estaba espiando, que estaba asomado a unas vidas que no me pertenecían y que nada tenían que ver con migo. Pero no podía hacer otra cosa. Inmóvil y petrificado, solo podía mirar otras vidas para olvidar que no estaba viviendo la mía, para no ver como pasaba el tiempo en vano y para mitigar el dolor de un vacío que me llenaba por dentro.

El hombre que seguía buscando algo en el suelo con la mirada, ralentizó su paso, ya de por si lento y levantó la cabeza. Al principio pensé que estaba mirando al cielo, quizás pronunciando una súplica que lo salvara del tono gris que envolvía su figura. Pero me equivoqué, me equivoqué porque sus ojos no parecían grises sino verdes, intensos y luminosos, como los ojos de un niño. Además no estaba mirando el cielo, sino a mí. El observador observado pensé, un comentario tan absurdo y completamente inútil que lo rechacé enseguida de mi mente. Pero aquella mirada me hizo moverme, retrocedí un paso y luego otro hasta que tropecé contra la cama y me tumbé sobre ella. Allí estaba seguro, seguro del mundo y de aquella mirada tan profunda pero al mismo tiempo me sentía en peligro porque el torrente de ideas y pensamientos que había logrado postergar mientras me asomaba a la vida de otros iba subiendo, desde la suela de mis zapatos donde con gran esfuerzo los había mandado, subiéndome por las piernas y dejando un desagradable cosquilleo y luego pasando por mis entrañas y mi columna hasta explotar en mi cerebro. Viré la cabeza y allí estaba la causa de todos mis problemas. Mi móvil me miraba desafiante y burlándose en silencio de mi, de mi vida y de todo. “Es algo que tenía que pasar” la voz de ella todavía sonaba cercana y fuerte. No era algo que tenía que pasar, no si tú no lo hubieras querido. “Lo siento” dijo ella antes de colgar con su voz dulce que a mí me había sonado tan amarga.

Me levanté de un golpe. No lo sentía, no lo sentía en absoluto; porque si lo hubiera hecho no hubiera cortado aquella relación. Cogí el móvil y me quedé mirándolo. El seguía burlándose de mí, en silencio y sin hacer ruido pero a mí me dolía igual. Me acerqué a la ventana. El hombre de ojos verdes ya no estaba allí, ni los padres que seguían a su hija ni la pareja que avanzaba abrazados, habían sido remplazados por otras personas.Abrí la ventana y arrojé el móvil lo más lejos que pude, apuntando a los arboles que había más allá del paseo y una sensación de libertad me invadió en lo más profundo de mi ser. Respiré una bocanada de aire como si en varios días no lo hubiera hecho. Entonces bajé para pasear por el camino, para no seguir siendo el observador impasible que se asoma a las vidas de los demás sino una persona que se mueve y respira, una persona que está viva.

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Podría decir que empecé este blog para denunciar lo que pasa a mi alrededor o porque creo realmente que a alguien le va a interesar lo que digo. Pero entonces estaría mintiendo. La verdad es que empecé este blog porque me gusta escribir y punto. Solo soy una estudiante, y como tal tengo muchas cosas que aprender.

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