20
Jun
2008
La despedida
Miré la hora en el inmenso reloj situado sobre la puerta principal de la vieja estación de tren, las 12 menos cuarto. Salí corriendo al interior de la estación intentando esquivar a todas las personas que salían. Algunos se detenían con el ceño fruncido y empezaban a exclamar improperios contra mí. Pero ni siquiera los oía, mi mente estaba puesta en conseguir llegar a la estación antes de que… bueno, antes de que él se fuera. Por fin llegué a donde salía el tren, su tren. Me paré en medio de la marea de gente y empecé a buscarlo entre las cientos de cabezas que se movían de un lado a otro. Estaba allí, lo presentía igual que lo había hecho tantas veces en las que lo buscaba con la mirada porque lo necesitaba y él estaba allí y, sin mediar palabra me decía lo que yo esperaba oír.
De repente lo vi. Estaba detrás de un grupo de ejecutivos vestidos de traje y corbata. Él los contemplaba distraídamente con los brazos cruzados y la maleta en el suelo, al lado de sus pies. Al verme se le iluminó la cara con esa expresión infantil de un niño frente a una tienda de caramelos. No pude hacer otra cosa que echarme a reír aunque en el fondo se me partía el alma porque aquella podía ser la última vez que veía esa mirada. Me acerqué a él y extendí los brazos para darle un abrazo, quizás nuestro último abrazo. Nos quedamos un rato así mientras la marea de personas seguía fluyendo a nuestro alrededor. Me aparté y empecé a notar que unas pocas lágrimas se habían escapado de mis ojos. Lo miré a los ojos que también empezaban a llenarse de lágrimas, le dije que lo quería, que había sido un gran amigo y que nunca lo olvidaría. Quería decirle más cosas pero las palabras, a diferencia de las lágrimas, no podían salir. El me miró con ternura y me respondió que también me quería, me secó las lágrimas de la cara y cogió la maleta. Nos dimos otro abrazo y se quedó observándome con tristeza, no se quería ir, pero tenía que hacerlo, era lo mejor para él. Entonces, ocurrió, se viró y caminó hacia el tren. Solo volvió la cabeza una vez para decirme con la mirada lo mucho que me echaría de menos. Y entonces subió al tren y se fue.
Andy
Podría decir que empecé este blog para denunciar lo que pasa a mi alrededor o porque creo realmente que a alguien le va a interesar lo que digo. Pero entonces estaría mintiendo. La verdad es que empecé este blog porque me gusta escribir y punto. Solo soy una estudiante, y como tal tengo muchas cosas que aprender.
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