15 Dic 2008

Jesús sana al hijo de un noble: San Juan 4: 43-54

Escrito por: J. Enrique Cáceres-Arrieta el 15 Dic 2008 - URL Permanente

Jesús sana al hijo de un noble

4:43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea.
4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
4:45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
4:46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
4:47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.
4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.
4:49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
4:50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
4:51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
4:52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
4:53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
4:54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.

[En minutos comento el pasaje]

Fuente: http://www.iglesia.net/biblia/libros/juan.html

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

J. Enrique Cáceres-Arrieta dijo

Luego de dos días de estar con los samaritanos, el Señor Jesús fue a Galilea, lugar donde el Maestro llevó a cabo gran parte de Su magno ministerio. De ahí que muchos pensaban que Jesús fuese galileo, entre ellos Pilato. (San Lucas 23: 6)

Al llegar a Galilea, los lugareños le recibieron, pues habían visto los milagros y prodigios que Jesús había hecho en Jerusalén. No obstante, recordemos que Jesús “no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos; y no necesitaba que nadie le explicara nada acerca del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre”. (San Juan 2: 23, 24)

Estando el Señor Jesús en Caná de Galilea, donde había convertido el agua en excelente vino, según el organizador de la fiesta de bodas a la cual fue invitado el Maestro, su madre María y los discípulos de Él, un oficial del rey Herodes Antipas, gobernante de Galilea y Perea, le rogó a Jesús que fuese a su casa y sanara a su moribundo hijo.

Jesús le contestó, “si no ves señales y prodigios, no crees”. Pareciera que Jesús fuese rudo y hasta grosero con este hombre, pero el Maestro sabe en qué terreno pisa, pues nos conoce a todos. Con la mujer sirofenicia (cananea) fue bastante crudo, mas Él sabía que la fe de esta mujer era a prueba de misiles. Por ello Él exteriorizó su admiración por la fe de la mujer y le concedió lo que pedía. (San Mateo 15: 21-31)

La respuesta de este padre de un hijo moribundo fue simplemente: “Señor, desciende antes que mi hijo muera”. Tal vez otro hubiese pensado o expresado: “¿Qué se cree este Jesús? Vengo a pedirle un milagro y me sale con esta pasmosa indiferencia, y duda de mi fe”. Insisto, Jesús nos conoce y sabe hasta dónde puede probar nuestra poca, mediana o mucha fe.

Ahora bien, aunque la fe la trataremos más a fondo en otra oportunidad, cabe preguntar ¿de dónde surgió la fe de este oficial del rey? ¿En qué se fundamentaba la fe o la convicción de este hombre de que Jesús podía sanar a su hijo a punto de morir? La fe de él y la de todo creyente en Cristo Jesús en los tiempos en que el Hijo de Dios anduvo entre nosotros venía a la vida por haber oído y/o visto los milagros y prodigios del Señor Jesús. Multitudes seguían al resucitado Cristo histórico porque buscaban una sanación. Y la fe de los cristianos modernos y alejados de los hechos por dos mil años viene a la vida por haber oído o leído sobre los hechos de Jesús ocurridos en espacio y tiempo reales.

Dicho de otro modo, la fe hoy viene por oír o leer los hechos narrados por los que fueron testigos oculares de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús o consultaron fuentes de primera mano. Dicho sea de paso, tales hechos se escribieron unos 50 ó 60 años D. C. Esa es una de las imposibilidades de que tales hechos se hubiesen mezclado con elementos mitológicos con creen eruditos y teólogos liberales. Algunos para no aceptar los hechos reales son capaces de inventar y abrazar cualquier tipo de creencia por muy disparatada que sea.

El apóstol Juan escribe que el hombre creyó lo que Jesús le había dicho sobre su hijo, “Ve, tu hijo vive”, y se fue a casa. Al llegar, sus siervos le aseguran que su hijo vive. “Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre”. (Alguien dirá que solo era una fiebre, y que con el tiempo y pocos cuidados hubiese sanado. Pero el que narra el hecho aquí comentado afirma que esa era una fiebre de las que matan, pues el chico estaba moribundo. Además, ¿cuántos niños mueren de una fiebre mal cuidada? Temo que no pocos. Asimismo, una fiebre es síntoma de una infección, y esta puede ser mortal, más en un pequeño)

Cuando el oficial de Herodes Agripa oyó las palabras de sus sirvientes, supo que esa era la hora en que el Maestro le había dicho: “Ve, tu hijo vive”. La reacción de él y de toda su familia cercana fue hacerse cristianos, empezando con el padre y terminando con el hijo sanado.

Ante los hechos y evidencias reales, lo más sensato es aceptarlos y seguir investigando. Pero ya sabemos que el humano cree lo que quiere y le conviene. Y hay quienes ponen estándares de prueba tan elevados que ninguna evidencia es suficiente. Esto es, no creen por falta de prueba, sino que no creen a pesar de las pruebas y evidencias reales. ¡Cosas y casos veredes, Sancho!

jose conde carpo

jose conde carpo dijo

ASI SON ALGUNOS CRISTIANOS QUE NECESITAN VER UN MILAGRO PARA CREER Y NO BUSCAN AL AUTOR DE ESOS MILAGROS. "BIENAVENTURADO EL QUE CREE SIN HABER VISTO."

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El blog de J. Enrique Cáceres-Arrieta

Soy periodista. Mis pasatiempos preferidos son leer, escribir, investigar. Creo en el respeto a las ideas (creencias) y filosofía (cosmovisión) de los demás, pues las ideas se refutan con ideas y hechos reales, no con irrespeto ni insultando a los que no piensan igual que yo. No respondo críticas destructivas ni irrespetos. Pero agradezco muchísimo las críticas constructivas y nutritivas. Parafraseando a Benito Juárez, diríamos: El respeto al pensamiento ajeno es la paz.

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