07 Sep 2008
¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad y el matrimonio 'gay'?
Antes de abordar tan espinoso tema debo dejar claro que de ningún modo condeno al homosexual. Empero, deploro las actitudes de fanáticos religiosos, libertinos y políticos que en lugar de animar al homosexual, a la lesbiana o al bisexual a buscar ayuda profesional se burlan de ellos, les condenan al infierno o con argumentos huérfanos de sensatez les exhortan a seguir por el camino ancho y espacioso del descontrol sexual.
Por prejuicios irreligiosos o malas experiencias con legalistas religiosos muchos homosexuales rechazan que la Biblia tenga algo que ver con temas como la homosexualidad. Desconocen que la vida no se circunscribe solo a la mente y el cuerpo; a la materia, esto es. También ahí está presente el elemento espiritual. Para no parcializarnos y evitar sesgos en nuestra posición existencial es menester guardar un equilibrio o punto medio entre las tres dimensiones del ser humano: espíritu, alma y cuerpo. Quien toque temas como la homosexualidad, educación sexual, aborto, eutanasia, pena de muerte, cultivo de células madre, experimentos con embriones humanos o cualquier otro que atañe al ser humano no debe obviar las tres facetas de la persona a fin de no polarizarse. De ahí que a mí como cristiano me preocupen sobremanera posiciones miopes; ya sean fanáticas religiosas o tan “especializadas” y “científicas” que omiten la parte espiritual del ser humano.
Antes de analizar la homosexualidad a la luz de la Biblia es inevitable investigar con honestidad intelectual si ella tiene autoridad o no para aprobar o desaprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mientras desarrollemos el punto sobre la homosexualidad nos daremos cuenta si hay necesidad de abordar el asunto sobre el matrimonio homosexual, pues si la homosexualidad es bien vista por la Biblia, debe entenderse que acepta el matrimonio homosexual; si no, está de más hablar del tema.
Como recordaremos, hay quienes rechazan a priori que la Biblia sea la Palabra de Dios. Sus objeciones no nacen de una investigación honesta, sino que surgen de resentimientos de vieja data, prejuicios irreligiosos y presuposiciones filosóficas (esperar que alguien resentido, soberbio y prejuicioso admita su rencor, arrogancia e ideas preconcebidas es prácticamente imposible).
Hay corrientes de supuestos estudiosos de la Biblia, historia y arqueología que aseguran tener “evidencias” para “rebatir” el Libro de Dios. Al examinar tales “pruebas”, el genuino estudioso de la Biblia nota que son cual gran montaña que estremecida por dolores de parto quebranta rocas, cuartea la tierra y despide llamaradas y negro humo, mas da a luz un ratoncito. Son puro tilín, tilín y nada de paletas.
En nuestra primera obra El origen del sufrimiento... quedó demostrado que existe un sinnúmero de pruebas que confirman la inspiración divina de las Escrituras judeocristianas, y en este blog he publicado algunas partes de ese material con el título Biblia: ¿Palabra de Dios o un libro más?
Ahora bien, hay suficientes y genuinas evidencias históricas, naturalistas, arqueológicas, hermenéuticas y millones de experiencias espirituales para aseverar sin lugar a dudas que los sesenta y seis (66) libros que forman la Biblia fueron inspirados por Dios. Quien diga lo contrario no sabe de lo que habla y debería aprender a investigar con honestidad intelectual y no dejarse llevar por resentimientos o cantos de sirena de gente prejuciosa. (Es patético que la mayor parte de estos seudo intelectuales crean que por leer la Biblia de sopetón ya son teólogos y doctos en la materia)
Hay quienes transfieren sus limitaciones a Dios: “Si yo no puedo lograr que más de cuarenta personas de distintas nacionalidades y épocas diferentes se pongan de acuerdo para escribir un libro infalible, Dios tampoco puede hacerlo”. “Si yo no puedo crear el universo en seis días calendario, Dios no puede”. O, sin parpadear, afirman algo como esto: “Dios no existe porque yo no quiero que exista”. “El cielo es una creencia perversa”. (Este tío se fue al otro extremo de Bertrand Russell que consideraba que Jesús era inmoral por creer en el infierno) Y se inventan la religión llamada evolución, cuyo “santo” patrón es Darwin y cuyo libro sagrado es El origen de las especies. Los creyentes de la teoría de la evolución acusan a los cristianos de dogmáticos y fundamentalistas, pero ellos hacen igual o peor al oponerse a que el creacionismo sea impartido en los centros educativos como lo es el mito transformista.
Hagamos un paréntesis, la posición atea arriba citada es la antítesis del señalamiento filosófico de Miguel de Unamuno cuando escribió: “[...] Quiero que Dios exista [...], porque se me revela, por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la Historia”. Los ateos contemporáneos deberían analizar con honestidad intelectual los postreros días de Sartre, Camus, Kant y otros ateos y agnósticos. Cerramos el paréntesis.
Si las leyes I y II de la Termodinámica, la ley de la biogénesis y otros principios de la naturaleza hablaran, ¿qué gritarían a estos fanáticos del transformismo evolutivo? La teoría de la evolución tiene muy poca ciencia, pero sí cuenta con grandes dosis de metafísica. Algunos no creen en la Biblia y niegan a Dios no por falta de evidencias, sino que la rechazan a pesar de las evidencias. Entiéndase bien: hay suficientes evidencias naturalistas para demostrar la existencia de Dios; que escépticos, agnósticos y ateos no las quieran considerar y aceptar por resentimientos, amarguras, prejuicios parentales, condicionamiento y paradigmas es otra cosa. Precisamos recordarles que más pesa un gramo de sensatez que una tonelada de necedad.
Pues bien, ni la genética ni la biología ni la endocrinología ni la sicología, ni ninguna otra ciencia natural o social ha demostrado que se nazca homosexual. Quien diga lo contrario miente o desconoce el tema. Es más, basado en la infalible Palabra de Dios la Biblia puedo expresarte con total certeza que nadie jamás podrá probar tal disparate porque es una falacia. Un mito. De manera que no comas cuento de ciertos enunciados y escritos que oyes y lees por ahí.
Jung en su postulado del animus (masculino) y anima (femenina) sugiere que “cada hombre tiene dentro su Eva”, y cada mujer lleva dentro su Adán, con el cual deben “encontrarse” para ser funcionales. Es cierto que por factores temperamentales hay cualidades parecidas entre hombre y mujer. Mas eso no hace al hombre medio mujer ni a la mujer medio hombre. Somos diferentes y complementarios. Dios es Padre, no “nació mujer” ni Jesús es bisexual por amar mujeres y hombres. Ni fue el marido de María Magdalena. Es curioso que entre los que sostienen la tesis jungiana abunden los que defienden el estilo de vida homosexual o mantienen una relación contranatural. También llama la atención que haya mucha homosexualidad y bisexualidad en la profesión de ciertos sujetos que defienden la conducta homosexual o bisexual a capa y espada y etiqueten de homofóbicos a los que no comulgan con ellos. ¿Será casualidad? ¿O serán gavilanes polleros que gustan de jovencitos para iniciarlos en la homosexualidad? Por experiencia sé que en nuestras universidades hay muchos gavilanes polleros aun entre los docentes. De ahí que debamos cuidar a nuestros hijos. ¡Así sea!
En sicoanálisis se habla de “homosexualidad síquica” al sostener que los humanos poseen elementos bisexuales, pero dicha “bisexualidad” no es activa, sino fantaseada. “Una predisposición a la homosexualidad puede ser un factor constitucional”. No obstante, “nadie es completamente masculino ni femenino”. Desde luego, esto solo es un postulado (filosofía) como mucho de lo que se afirma en sicoanálisis, sicología y en otras disciplinas. Considero que esas fantasías sexuales suelen darse más bien en la niñez, cuando los impulsos sexuales no se dirigen exclusivamente hacia objetos heterosexuales, sino incluso hacia personas del mismo sexo, hacia uno mismo o hacia animales.
De igual modo, según la tesis freudiana las causas más comunes de homosexualidad son:
1) Las ligas excesivas del niño al padre del sexo opuesto, con el resultado que después los cónyuges potenciales son rechazados como indignos y la libido se dirige hacia personas de su propio sexo (un complejo de Edipo o de Electra irresuelto);
2) Sobrevaloración del pene (complejo de castración [en el varón], envidia del pene [en la niña])
3) Temor de un padre o figura paterna estricta y sin amor;
4) Celos hacia un hermano mayor;
5) Seducción homosexual durante la infancia. (1)
El consejero matrimonial Tim LaHaye en su libro Homosexualidad: lo que es, lo que hace y cómo superarla considera que los componentes para desarrollar una disposición homosexual son:
1) Temperamento melancólico [LaHaye considera que la mayoría de homosexuales son de temperamento melancólico].
2) Crianza tolerante en la niñez [¡Benjamín Spock fue el adalid de la permisividad! De él hablamos en ¡Paremos ya la maldad contra los niños!]
3) Inseguridad respecto a la identidad sexual.
4) Experiencias sexuales durante la niñez [o seducción sexual durante la infancia. Por lo general es un adulto heterosexual quien daña al niño o adolescente. No olvidemos al gavilán pollero]
5) Interés prematuro en el sexo. [Exacerbado por los medios de comunicación, la pornografía o malas compañías]
6) Se masturba y tiene fantasías sexuales durante la juventud. (2)
LaHaye también habla de una fórmula existente para que un niño desee ser homosexual:
1) Una predisposición hacia la homosexualidad [Esto opera en la mente del niño]
2) Esa primera experiencia homosexual
3) Pensamientos homosexuales positivos y placenteros
4) Más experiencias homosexuales
5) Más pensamientos placenteros. (3)
Por su parte, el sicoterapeuta William Consiglio, fundador de los ministerios Esperanza que ofrecen apoyo a las personas que están triunfando sobre la homosexualidad, en su obra No más homosexual: estrategias prácticas para vencer la homosexualidad manifiesta que hay seis etapas del desarrollo homosexual:
1) Baja autoestima.
2) El vacío de género.
3) La atracción de género.
4) La atracción sexual.
5) El refuerzo homosexual.
6) La identidad homosexual (4)
Las obras de LaHaye y de Consiglio deberían ser leídas por padres, educadores, consejeros y homosexuales por ser directos y prácticos. Además de apoyar la posición de ayudar al homosexual o bisexual en lugar de condenarle y/o apoyarle a seguir en la falacia llamada “preferencia sexual”.
Por otro lado, ni Simon LeVay (con el Inah-3), ni Bailey y Pillar (con gemelos y otros hermanos), ni Dean Hamer (con marcas genéticas Xq 28), ni George Ebers (replicando el estudio de Hamer), ni George Rice et al, ni Harry Benjamin (con “glándulas endocrinas en desarmonía”) han hallado que haya algún gen ni otros factores determinantes en el comportamiento sexual.
Por el contrario, Robert L. Spitzer sostiene que la homosexualidad es una enfermedad (como lo es la lujuria, aunque no esté catalogado como tal) y puede curarse, y los homosexuales son capaces de ser “altamente heterosexuales” luego de una sicoterapia ofrecida en gran parte por agrupaciones religiosas. Yo diría cristianas.
Aunque los estudiosos aún no sepan qué determina la inclinación sexual de una persona, algunas investigaciones realizadas sugieren que hay factores biológicos, no una acción voluntaria. Yo me mantengo en la posición de que no se nace homosexual. Considero que no hay factores genéticos -ajenos a la voluntad del humano- que le lleve a decidir sobre su inclinación sexual. Mi tesis es sicosocial teniendo como sustento lo teológico. Para mí la homosexualidad depende básicamente de la relación con mamá y papá; o, en su defecto, con quien crió; del ambiente en que se ha criado la persona, y en si hay algún tipo de alteración en el desarrollo síquico y sexual a causa de la injerencia de los modelos de conducta observados por el niño o adolescente.
Algunos se creen sabiondos por haber estudiado una carrera en la cual -según el mito- “todos son científicos”. Pero en realidad poco o nada saben o entienden sobre la naturaleza humana y temas espirituales. (No comas cuento de que todos los que estudian ciertas carreras son “científicos”. Muchos en lugar de ser científicos son filósofos. Su ideología, resentimientos o creencias determinan su “ciencia”. O abrazan a un tío resentido como su patrón o ídolo. Al tocar temas religiosos o sobrenaturales pelan el cobre, pues ven la vida solo a través del conducto de su especialidad. Caen en la trampa de creer que lo saben todo, pueden entenderlo y explicarlo todo, o están autorizados para hablar o escribir de lo que ignoran. No son todos los que están, ni están todos los que son. Además, en El origen del sufrimiento... dijimos que desde los inicios del siglo XX cuatro descubrimientos naturalistas demostraron que las ciencias naturales son falibles y los pilares sobre los que descasaban tales ciencias fueron tambaleados y resquebrajados. Si no me lo crees, pregúntaselo a Heisenberg y a Gödel)
Puedo invertir años estudiando la Biblia y no parar de maravillarme de la riqueza, profundidad y sencillez de este Libro, y errar mis conclusiones porque todavía hay ojos vendados que no quieren ver la verdad. San Pablo es crítico y expresa que hay los que leen el Evangelio pero sus mentes están embotadas y sus ojos necesitan colirio para ver, porque “el hombre natural [gr. psuquikós] no capta cosas espirituales”.
Algunos con teología trocada afirman que la Biblia hoy no condena la homosexualidad como se hacía en el Antiguo Testamento. Eso es cierto en parte. Pero ocultan que la homosexualidad sigue condenada en la Biblia. Tal es su engaño, que ordenan homosexuales confesos como ministros de su “iglesia” homosexual porque es más fácil estar “cómodo” en la incomodidad que llamar a la gente a cambiar. Quien de veras tiene un encuentro con Cristo empieza a cambiar no por sí mismo, sino por el poder del Cristo resucitado. Tienen la desfachatez de asegurar que entre el rey David y Jonatán, hijo de Saúl, primer rey de Israel, hubo una relación no de amigos sino homosexual.
Cierto es que las palabras homosexualidad y homosexual no se hallan en los manuscritos originales de la Biblia, mas aparece Sodoma del cual se deriva el término “sodomita”, que en hebreo es cadésh, “devoto masculino (por prostitución) a la idolatría licenciosa: -sodomita, idolátrica”. (5) (Usado con permiso) En griego es arsenokoites (“los que se echan con varones”) de arsen, varón, y koite, cama, lecho, denotando asimismo la relación carnal”, o coito anal. (6) (Usado con permiso)
En la Biblia, la homosexualidad de hombre y mujer está muy connotada a la idolatría y al paganismo. No es de extrañar porqué muchos lugares donde sobreabunda la homosexualidad ha existido y existe gran fervor religioso idolátrico, aliado al subdesarrollo. ¿No te habla eso de países y ciudades latinos subdesarrollados o menos desarrollados que otros en América y Europa? Aunque algunos no lo crean, la homosexualidad siempre ha arruinado a los pueblos y a la persona más que cualquier otro pecado. En la antigua Grecia, muchos guerreros y filósofos eran homosexuales; el sexo contranatural, la prostitución y la religión pagana jugaban un importante papel en el mundo antiguo. Tanto que en los tiempos del Nuevo Testamento había las llamadas vírgenes vestales que no eran otra cosa que sacerdotisas prostitutas. El Imperio romano (y otras civilizaciones, ver Sexo: autocontrol o caos) cayó (cayeron) mayormente por la corrupción aunada a la perversión y homosexualidad de sus emperadores y ciudadanos. ¿Has notado el alto índice de suicidios o muertes “misteriosas” entre homosexuales y bisexuales? ¿Será que el descontrol en el sexo es un tipo de suicidio inconscientemente premeditado? Lo creo. ¿Podemos ver por qué en el Antiguo Testamento se condenaba a muerte al sodomita u homosexual? ¿Qué podemos decir del caso Sodoma y Gomorra que veremos más adelante? ¡Cuidado! No estoy instigando a nadie a linchar a los homosexuales. ¡Dios me libre de expresar tal aberración! Ellos necesitan ayuda y compasión, no nuestra lástima, condena ni alcahuetería.
Dios no condena a nadie a nacer homosexual ni condena al homosexual. Pero desaprueba la homosexualidad; al hombre afeminado (gr. malakos) que actúa y/o quiere ser mujer, y a la mujer marimacho que obra y desea ser hombre. Ojo, Dios aborrece la actitud, y el obrar, no a la persona.
Afirmar que la homosexualidad “es una preferencia sexual legítima, gobernada por genes y hormonas en respuesta a estímulos determinados” es brutal y anticientífico. Es solo una especulación con máscara de ciencias naturales. Hemos analizado que no hay factores genéticos ni hormonales que determinen la identidad sexual del sujeto. ¿Cómo puede ser la homosexualidad una “preferencia legítima” si no se determina a sí misma ni el sujeto es libre realmente de escoger? ¿Cómo es posible que sea “preferencia” (elección personal) si es “gobernada” por otros factores? Esta es solo una de las tantas contradicciones en que caen estos filósofos modernos que escriben en diarios y revistas. Analizan el tema de la homosexualidad con gafas relativistas y cientificistas. Con lupa homosexual.
Algo más: eso de “preferencia sexual legítima” es cuchillo de dos filos, porque puede ser usada por pedófilos para intentar justificar su aberración, diciendo que tener relaciones sexuales con un niño es una “preferencia sexual legítima”. ¡Pues él prefiere a los niños! ¡Cuidado como hablamos!
Quien asegure que “se nace homosexual o lesbiana”, o que la homosexualidad no “puede ‘curarse’ con fórmulas espirituales o sicológicas” condena al sujeto al maldito yugo de deseos engañosos y extraviados; y, francamente, no sabe lo que asegura. (Para ser tan radical uno debería conocer las dos careas de la moneda. Mientras conozca una sola simple y llanamente habla de lo que desconoce. Está especulando. De ahí que el que dice que Dios no existe sea presuntuoso y arrogante) Sentencia, asimismo, al homosexual al inexorable sino que condena a Edipo a matar a su padre y a casarse con su madre, aun contra su voluntad. Más o menos es esto lo que quieren expresar: “Si naces con los genes y las hormonas equivocados, serás homosexual aunque no quieras”. ¡Pamplinas! ¡Basta de sofismas camuflados de ciencia! (Si el Dios bíblico actuara como el Sino mitológico de los griegos, te aseguro que yo lo habría abandonado hace muchos años. Si Dios hubiese condenado a Judas por el simple hecho de cumplir una profecía, ¿cómo se podría culpar a Judas de haberlo traicionado? Dios fuera injusto y malo por condenarlo a cumplir algo que el mismo Dios le había encomendado. La ignorancia es insolente)
El que a priori asevere tajantemente que Jesús no puede libertar y transformar a un homosexual es filosófica y científicamente irresponsable y adopta una posición muy subjetiva; peor aun, es un charlatán, ya que ignora la existencia de innumerables testimonios de ex homosexuales, ex lesbianas y ex bisexuales que testifican que en efecto Jesús liberta y cambia al homosexual, lesbiana o bisexual que con corazón contrito y humillado acude al Cristo resucitado. Lo que es imposible para cualquier ciencia natural o social, con todo y su conocimiento, métodos y drogas, lo hace Jesús en cuestión de segundos. ¿Imposible? ¿Mito? ¿Superstición? ‘Superstición’ llama el ignorante a su ignorancia. Si no lo creo, es mi problema y decisión, pero manifestar lo contrario sin investigar con honestidad intelectual es mera cháchara.
Como conflicto de identidad sexual que es, la homosexualidad es síntoma de la parte enferma del humano de la que hablo en El origen del sufrimiento..., que encierra conflictos. Pero los homosexuales y bisexuales no están solos, pues desde que caímos allá en el Edén todos estamos enfermos en el espíritu y en el alma. Nadie está libre de enfermedad espiritual y emocional. La mayoría no seremos homosexuales ni bisexuales, pero todos tenemos una pata coja y necesitamos ayuda espiritual o sicoemocional.
Un conflicto o lesión sicológica suele ser -como en otros trastornos de personalidad- el síntoma de una enfermedad, la punta del témpano. Vemos la punta, mas debajo (en el inconsciente y a veces en la sombra) hay un agudo problema, o un problema nuclear, que es un conflicto arraigado en la infancia cuya injerencia está presente durante todo el desarrollo de la personalidad, sobre todo en complejos y conflictos posteriores. Estamos acostumbrados (condicionados) a pensar que “enfermedad” es únicamente lo que se manifiesta en el cuerpo (gr. soma). ¡Cuánto cuesta al humano aceptar que está enfermo emocional y/o sicológicamente! Por negar el conflicto sicológico o emocional (punta del témpano) no resolvemos la mayor parte de problemas internos, hasta que revientan o se activa el circuito de abajo (del inconsciente) y perdemos la funcionalidad para valernos por nosotros mismos. Solo así empezamos a darnos cuenta de que tenemos un problema, creyendo equivocadamente que el problema nuclear empezó en ese momento. La verdad es que siempre estuvo ahí; pero ahora algo lo activó o desencadenó.
Vimos que nadie ni ninguna ciencia ha comprobado ni comprobará que se nazca homosexual. Hasta ahora, lo único que hay al respecto son especulaciones. Si el Creador hiciera nacer a alguien homosexual o lésbica, ¿con qué autoridad o moral condenaría la homosexualidad o lesbianismo en la Biblia? El Antiguo y el Nuevo Testamento en sus 66 libros condenan sin ambigüedad la homosexualidad del hombre y de la mujer. Quien afirme que la Biblia es “ambivalente” sobre la homosexualidad o “no condena” el lesbianismo, la desconoce o miente premeditadamente.
Desde que Dios instituyó el matrimonio (gr. gamo = boda) heterosexual y surgió la familia (gr. genos) humana, el matrimonio para ser matrimonio deberá realizarse necesariamente entre un hombre y una mujer. Sin esa fórmula esencial (hombre/mujer) cualquier otra “unión” es perversión del propósito primario del matrimonio; que es el nacimiento de hijos y el goce sexual de ese hombre con esa mujer.
Tan excelso y trascendental es el plan original del casamiento, que la Biblia lo compara con la sagrada unión entre Cristo y su Novia la Iglesia. En pocas palabras, en el matrimonio inicial Dios buscaba (y busca hoy) la unión no solo corporal y emocional de un hombre y una mujer; también la fusión espiritual de ambos. Que hoy matrimonios heterosexuales no cumplan dicho plan por equis o ye razón no justifica el “matrimonio” homosexual. Aun cuando no sea del agrado de algunos y otros transgredan normas, moral y ética, y contradigan a natura, el sano sentido común y la lógica por intereses políticos o personales, el matrimonio no es una invención humana. Por tal motivo -ya sea que case un “ministro” religioso, un juez o notario-, si la ceremonia no es entre un hombre y una mujer, no tiene ninguna validez ante los ojos de Quien estableció el matrimonio, y evidentemente dicha “pareja” vive en abierta fornicación contranatural. (¿Quieren “unirse”? Es decisión y problema de la “pareja” hacerlo. Pero que no busquen “derechos” donde no los hay. Y no utilicen algo tan sacro y loable como el matrimonio y/o la adopción de niños para intentar dar visos de legalidad o consentimiento divino a algo que de salida es aberrante. “[...] Al que haga tropezar a alguno de estos pequeños [niños] que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y que le hundieran en el fondo del mar”, expresa Jesús de aquellos que son piedra de tropiezo y de escándalo a los niños.)
El Creador hizo una Eva para Adán, un Adán para Eva con dos fines básicos ya mencionados: propagación de la especie y el placer sexual. Quien vea al sexo exclusivamente como medio de procreación está tan errado como aquel que lo considere simple goce de la carne. Tan pérfidos son ambos puntos de vista como lo es la más abyecta pornografía.
Entre los animales no hay conflictos de identidad sexual. Verdad es que en los pingüinos Humboldt hay relación entre machos. Y en medio de pingüinos hembras macacos se dan relaciones bisexuales. Mas, ambos casos ocurren por tácticas y cuestiones sociales, no por causas biológicas ni conflicto de identidad sexual. La conducta sexual animal es extremadamente instintiva, salpicada de estrategia de supervivencia, determinada por factores sociales; y en el humano además de instintiva es emocional y sicológica, con fuertes deseos inconscientes de propagación e inmortalidad. En los animales el instinto reproductor está orientado hacia un animal de sexo opuesto, aunque en cautiverio -al faltar estímulos de la vida silvestre- se provocan con mayor frecuencia conductas sexuales entre animales del mismo sexo, mas esto no es igual a la homosexualidad de los humanos, sino que es señal de que en la sexualidad animal también están presentes factores conductuales además de los reproductivos.
Ahora bien, supongamos que entre los pingüinos Humboldt y macacos hembras se dieran homosexualidad y bisexualidad por causas biológicas. Pregunto: ¿Sería lógico, sabio y sano que el ser humano se colocara al nivel de los animales en algo tan personal y sublime como lo es su sexo y vida sexual? Pienso que no. Con todo, la historia humana revela que la mayor parte de los humanos ha sido y es tiranizada por el sexo. Ello tampoco es excusa para relaciones homosexuales o bisexuales.
Cierto es que en el Antiguo Testamento se habla de “no te echarás con varón como con mujer [...]”, y no menciona directamente a la mujer en ninguno de los cinco pasajes donde se hace alusión a los sodomitas. Pero ello no significa que la práctica lésbica sea aprobada por Dios. Ni es ambigüedad como incorrecto es manifestar que Dios condena a la adúltera y no al adúltero, o que Jesús no condena el adulterio, tal como escribiera Bertrand Russell (Russell y otros filósofos no se percatan de que sus resentimientos les impelen salirse por la tangente y escribir disparates) Buscar la quinta pata al gato es intento fallido de desvirtuar el precepto bíblico y faltar a una ley de hermenéutica que enseña escudriñar otros versículos que sustenten un pensamiento antes de una formular doctrina.
Echando por tierra los argumentos de que “muchos de los acontecimientos relatados en el Antiguo Testamento pueden ser catalogados como mitos”, en 1989 Ron Wyatt descubrió las ruinas de Sodoma y Gomorra, destruidas por sodomía u homosexualidad. Sus habitantes eran tan pervertidos que intentaron abusar de los dos ángeles enviados por Dios a Lot para sacarlo a él y su familia de aquellas ciudades antes de la destrucción. Génesis 19 revela que la obsesión sexual de esos ciudadanos por los varones era tal que rechazaron el libertino ofrecimiento de Lot de darles sus vírgenes hijas, y a pesar de ser enceguecidos por los ángeles intentaron derribar la puerta para violar a estos dos varones.
Notemos algo que agrava la homosexualidad más que cualquier otro conflicto humano: pecados capitales condenados por la Biblia como el adulterio, incesto, prostitución infantil, trata de blancas y bestialismo generalmente no arruinan la identidad sexual del sujeto como lo hace la homosexualidad; a ello se debe la acentuada prohibición y maldición bíblicas a la homosexualidad. ¿Se equivoca Dios? ¡No!
¿Por qué Jesús no habló de la homosexualidad? Jesús no solo no enseñó de ella, sino que tampoco trató muchos temas que atañen a la Iglesia por dos razones principales: (a) Su misión consistió en rescatar y salvar “lo que se había perdido”; (b) Él no se relacionó directamente con la Iglesia, puesto que todavía no había Iglesia. La instrucción a la Iglesia la delegó a los apóstoles. (Cuando hablo de Iglesia hablo de la Iglesia cristiana fundada directamente por el resucitado Cristo histórico en el siglo I, no de la Católica nacida a finales del siglo V ni de las protestantes originadas en la Reforma).
Es en las cartas paulinas del Nuevo Testamento donde hallamos la doctrina sobre la homosexualidad. San Pablo revela que en el pasado el hombre y la mujer “no tuvieron a bien reconocer a Dios y no le rindieron culto”, ni le temieron; pues “aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza [con otra mujer], y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus deseos lascivos, los unos hacia los otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres [...]”. (Romanos 1: 25-28) Si alguien pensaba que la Biblia no condena el lesbianismo, aquí está la respuesta.
Asimismo, es Pablo quien amonesta: “no se dejen engañar [...], ni los afeminados, ni los sodomitas [...], heredarán el reino de Dios. Y eso eran algunos de ustedes; mas ya han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús [...]”. (1ra Corintios 6. 9b-11) (Vocablos como: lavados, santificados, justificados, transformados y otros más no pueden ser entendidos por el escéptico, agnóstico y ateo; por consiguiente, el próximo paso es lo más cómodo: reírse de ellos y tratar de desvirtuarlos sin antes haber estudiado científicamente a través de la teología cristiana -no racionalmente- los millones de casos de personas que han vivenciado esa realidad en sus vidas. Dichos criticastros no son científicos, sino filósofos frustrados... y antirreligiosos resentidos. Además, son irrespetuosos al llamar “mentiroso” al apóstol Pablo que enseña que sí hay esperanza para el homosexual y la lesbiana. Es decir, sí hay una “fórmula” para cualquier tipo de pecado: creer y venir a Jesús)
Hay cristianos que creen que los homosexuales “no tienen salvación”, y los discriminan, juzgan y condenan al infierno. Usurpan el papel de Dios, que no les condena. San Pablo no dice que los homosexuales y bisexuales no tengan salvación. Advierte que no nos dejemos engañar por los que enseñan que se puede ser homosexual o lesbiana y gozar de la bienhechora mano de Dios. Y recuerda a sus lectores: “eso eran algunos de ustedes”.
Ya vimos que opuesto a lo que aseguran algunos “expertos” y “científicos”, sí hay esperanza para el homosexual, lesbiana o bisexual que quiera cambiar de estilo de vida. Eso de que la homosexualidad “es una preferencia sexual legítima, gobernada por genes y hormonas en respuesta a estímulos determinados” es cientificismo e ignorancia del poder de Dios obrando a favor del humano. Lo que es imposible para las ciencias naturales o sociales es posible para el omnipotente Dios de la Biblia, estimado amigo. Dios no condena al homosexual y al bisexual, pero les exhorta a venir a ese Cristo que perdona, sana la mente y emociones, sacia hambres de afecto, liberta, transforma y salva. Decir lo contrario, es hablar irresponsablemente de verdades desconocidas.
La sociedad se mofa y condena al homosexual o le aplaude para que continúe con su conducta antinatural, buscando derechos donde no los hay. Los políticos les apoyan por el simple hecho de querer ganar más votos y obtener el poder. Jesús invita al homosexual a venir a Él para ser lavado, santificado, justificado, libertado y cambiado por medio de Sus méritos obtenidos en la cruz romana. Sin haber sido homosexual ni bisexual, sé que cuando una persona rinde su vida a Jesús Él transforma su vida de tal manera que esa persona no es la misma, sin importar el conflicto sicoemocional que tenga. La vivencia de innumerables homosexuales, lesbianas y bisexuales regenerados por el Señor Jesucristo es más que suficiente para demostrar que quien tiene la última palabra no es el hombre mortal y falible que se cree dueño y portador de la verdad, sino Aquel que puede cambiar la vida de quien le busca con sencillo y contrito corazón.
Ahora bien, muchos homosexuales no quieren dejar su vida de placer desenfocado como muchos heterosexuales no desean abandonar su libertinaje sexual, pues ese es el camino fácil y cómodo de los mediocres que no se atreven a cambiar viejos y malos hábitos, aunque sean destructivos.
Por último, no olvidemos que sea como sea nuestra vida sexual, Jesús nos ama, nos acepta como somos; no nos condena y quiere perdonarnos y hacernos nuevas criaturas. ¡La decisión es nuestra!
Bibliografía
(1) James A. Russel y George L. Cantzlaar, Diccionario de psiquiatría, p. 147, Compañía Editorial Continental, S. A., México, 1972.
(2) Tim LaHaye, Homosexualidad: lo que es, lo que hace y cómo superarla, p. 64. Editorial Mundo Hispano, Estados Unidos, 1992.
(3) Ibid, p. 74
(4) William Consiglio, No más homosexual: estrategias para vencer la homosexualidad, pp. 82-85. Centros de Literatura Cristiana, Colombia, 1991.
(5) James Strong, Concordancia exhaustiva de la Biblia (Diccionario de palabras hebreas y arameas), p. 116, Editorial Caribe, Estados Unidos, 2002.
(6) W. E. Vine, Diccionario expositivo exhaustivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, p. 855, Editorial Caribe, Colombia, 2001.
(Nota: Todos los derechos de autor están protegidos por leyes internacionales. Prohibida la copia y transmisión de este material sin permiso escrito del autor)
05 Sep 2008
El engaño del evolucionismo
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Harun Yahya
LIBERARSE DEL PREJUICIO MATERIALISMO ININTELIGIBLELa fe de la que hablamos es la fe en la filosofía materialista, la cual alega que la materia existió eternamente y que no hay nada más que materia. El llamado "fundamento científico" de la filosofía materialista es la teoría de la evolución, a la que se defiende de manera obsecada para respaldar dicha filosofía. Cuando la ciencia invalida las pretensiones de la teoría de la evolución -y este es el punto a que se ha llegado a fines del siglo XX- entonces se busca distorsionarla de modo que siga sosteniendo los conceptos de la evolución con el objeto de mantener con vida el materialismo. Unas pocas líneas escritas por uno de los biólogos prominentes de Turquía, es un buen ejemplo que nos capacita para ver el juicio desordenado o perturbado que conduce a esa devoción ciega. Este científico discute la probabilidad de la formación por coincidencia del Citocromo-C, una de las enzimas más esenciales para la vida: "La probabilidad de la formación de la secuencia del Citocromo-C es igual a cero. Es decir, si la vida requiere una cierta secuencia, se puede decir que tiene la probabilidad de que se lleve a cabo una vez en todo el Universo. O bien algunas fuerzas metafísicas más allá de nuestra determinación habrían actuado en su formación. Aceptar esto último no es lo apropiado para el objetivo científico. Por lo tanto tenemos que ocuparnos de la primera hipótesis"(2). |
Este erudito encuentra "más científico" aceptar una probabilidad "igual a cero" antes que la Creación. De todos modos, de acuerdo con las normas científicas, si hay dos alternativas respecto a un hecho y si una de ellas tiene la probabilidad de llevarse a cabo "igual a cero", entonces la otra alternativa es la correcta. Pero el enfoque materialista dogmático prohibe la admisión de un Creador superior. Dicha prohibición conduce al erudito en cuestión -y a muchos ateos que creen en el mismo dogma materialista- a aceptar pretensiones totalmente contrarias a la razón. La gente que cree y confía en esos científicos también queda sojuzgada y deslumbrada por el mismo hechizo materialista y adopta la misma psicología insensible cuando lee sus libros y notas. Este punto de vista dogmático materialista es la razón por la que muchas personas prominentes en la comunidad científica son ateas. Quienes se autoliberan de ese deslumbramiento y esclavitud y piensan con una mente abierta, no vacilan en aceptar la existencia de un Creador. El bioquímico norteamericano Dr. Michael J. Behe, quien sostiene la teoría del "designio inteligente" --muy aceptada últimamente--, describe así a los científicos que se resisten a creer en la misma o en la "creación" de los organismos vivientes: "En los cuatro decenios pasados, la bioquímica moderna ha descubierto los secretos de la célula. Ello ha requerido que decenas de cientos de personas dediquen la mejor parte de sus vidas al tedioso trabajo de laboratorio. El resultado de esos esfuerzos acumulados en la investigación de la célula --la investigación de la vida a nivel molecular-- resulta un estrepitoso, claro, agudo grito de "¡designio!". El resultado es tan inequívoco y tan significativo que debe ser tenido como uno de los logros más grandes en la historia de la ciencia… Por el contrario, un silencio desconcertante, curioso, rodea toda la complejidad de la célula. ¿Por qué la comunidad científica no admite con vehemencia su descubrimiento sobrecogedor? ¿Por qué la observación de una creación con un propósito o intención es tratada con tantos miramientos intelectuales? El dilema es que si a una parte del elefante se la etiqueta como creada por un designio inteligente, la otra parte debe ser etiquetada (con el nombre del creador, es decir,) Dios"(3). Y lo que uno ve en las revistas, en la TV y en los libros hoy día, es la prédica de los científicos evolucionistas ateos. Todas las investigaciones científicas llevadas a cabo por los mismos les demuestran la existencia de un Creador. Pero se han vuelto tan insensibles y empecinados debido a la educación materialista dogmática que absorbieron, que siguen persistiendo en la negación (de lo evidente). La gente que rechaza constantemente los claros signos y evidencias del Creador, se vuelve totalmente necia. Atrapada por una ignorante autoconfianza provocada por su necedad, puede terminar incluso sosteniendo como virtual algo que es un absurdo. Un buen ejemplo de esto es el prominente evolucionista Richard Dawkins, quien dijo a los cristianos que no acepten los milagros, ni siquiera si ven que una estatua de la Virgen María extiende las manos hacia ellos. De acuerdo con Dawkins, "Posiblemente todos los átomos de los brazos de la estatua se mueven simultáneamente en la misma dirección, probabilidad bastante inconcebible pero posible"(4).
La psicología de los incrédulos ha existido a lo largo de la historia. El Corán la describe así: Aunque hubiéramos hecho que los ángeles descendieran a ellos, aunque les hubieran hablado los muertos, aunque hubiéramos juntado antes ellos todas las cosas, no habrían creído, a menos que Dios hubiera querido. Pero la mayoría son ignorantes (6:111). Como lo aclara ese versículo, el pensamiento dogmático de los evolucionistas no es original ni peculiar de ellos. En realidad, lo que sostienen los científicos no es un pensamiento científico sino una ignorancia preservada desde la época de las comunidades paganas más incivilizadas. La misma psicología se define en otro versículo del Corán: Aún si les abriéramos una puerta del cielo y pudieran ascender a él, dirían: "Nuestra vista ha sido enturbiada nada más, o, más bien, se nos ha hechizado" (15:14-15).
Michael Behe: Un silencio desconcertante, curioso, rodea toda la complejidad de la célula. ADOCTRINAMIENTO EVOLUCIONISTA EN GRAN ESCALA
Como se indica en los versículos citados antes, una de las razones para que la gente no pueda ver las realidades de su existencia es un tipo de "hechizo" que le impide razonar. Es el mismo "encantamiento" que subyace en la aceptación mundial de la teoría de la evolución. El hechizo al que nos referimos es un condicionamiento adquirido por medio de la enseñanza o adoctrinamiento. Las personas están expuestas a un adoctrinamiento tan intenso respecto a lo correcto de la teoría de la evolución, que a menudo ni siquiera se pueden dar cuenta de la distorsión existente. Ese adoctrinamiento crea un efecto negativo en el cerebro y anula la capacidad de juicio. El cerebro que se encuentra bajo esa situación de modo continuo, eventualmente empieza a percibir realidades no como son sino como le han sido enseñadas. Este fenómeno se puede observar en otros casos. Por ejemplo, si uno es hipnotizado y se le hace entender que la cama donde yace es un auto, después de la sesión de hipnosis sigue con esa percepción. Lo supone muy lógico y racional porque realmente lo percibe así y no duda que está en lo cierto. Ejemplos como el anterior, que exhiben la eficiencia y la fuerza del mecanismo de adoctrinamiento, son realidades científicas verificadas por incontables experimentos informados en la literatura científica y que se encuentran en los libros de texto de psicología y psiquiatría. La teoría de la evolución y la visión del mundo materialista que se apoyan en esos conceptos, se impone sobre las multitudes de seres humanos por medio del adoctrinamiento. Quienes continuamente están absorbiendo la enseñanza de los criterios evolucionistas en los medios de comunicación, en las fuentes académicas y en los principios "científicos", no pueden darse cuenta que la aceptación de la teoría de la evolución es algo que en realidad va en contra de los principios básicos de la razón. Y los científicos también caen presa de este adoctrinamiento. Son cada vez más los jóvenes que ascienden en sus especialidades científicas adoptando la visión materialista del mundo. Encantados por ese hechizo, muchos científicos evolucionistas siguen buscando la confirmación erudita de las pretensiones irracionales y anacrónicas del siglo XIX, las cuales han sido refutadas desde entonces por las evidencias científicas. Existen otros mecanismos adicionales que fuerzan a los científicos a ser evolucionistas materialistas. En los países occidentales, un científico tiene que observar algunas pautas para recibir reconocimiento académico, ser promovido o que sus artículos sean publicados en revistas científicas. La regla número uno es la aceptación íntegra de los criterios evolucionistas. Este sistema conduce a los científicos a que inviertan toda la vida y carreras científicas en función de la creencia dogmática. Esta es la realidad presente detrás de la afirmación "la evolución es aún aceptada por el mundo de la ciencia". Si a la teoría de la evolución se la mantiene viva no es porque tenga valor científico sino porque es una obligación ideológica. Muy pocos de los científicos conscientes de este hecho pueden arriesgarse a señalar que el rey está desnudo. En las demás partes de este libro revisaremos los descubrimientos de la ciencia moderna, que condujeron al colapso de la creencia evolucionista y a la exhibición de claras evidencias de la existencia de Dios. El lector será testigo de que la teoría de la evolución es en realidad un engaño puesto al descubierto por la ciencia a cada paso, pero que es sostenido para ocultar el hecho de la Creación. Es de esperar que los lectores consigan deshacerse de ese hechizo que ciega las mentes y las incapacita para juzgar, de modo que puedan reflexionar serenamente sobre lo que se dice en este libro. Si el lector de despoja de ese encantamiento y piensa de manera clara, libre y desprejuiciada, descubrirá rápidamente la verdad cristalina. Esa verdad inevitable, demostrada también por la ciencia moderna en todos sus aspectos, es que los organismos vivientes no pasaron a existir por casualidad sino como un resultado de la Creación. El ser humano puede observar fácilmente el hecho de la Creación al considerar cómo existe él mismo, cómo paso a existir a partir de una gota de agua u observando la perfección de todo lo viviente.
2 Ali Demirsoy, Kalitim ve Evrim (Inheritance and Evolution), Ankara: Meteksan Publishing Co., 1984, p. 61.
3 Michael J. Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996, pp. 232-233.
4 Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, London: W. W. Norton, 1986, p. 159.(Nota: Con este y un artículo de mi autoría que publicaré en el futuro cerraré el círculo sobre el origen de la vida según la teoría de la evolución y el creacionismo)
(Fuente: Libro El engaño del evolucionismo de Harun Yahya
http://www.harunyahya.org/other/evolucionismo/evoluc01.html )
03 Sep 2008
Periodistas asesinados en Colombia suman 125 en los últimos 13 años, según la SIP
Foto: Fernando Ariza / EL TIEMPO
Ricardo Trotti (i) y Enrique Santos (d), director de Libertad de Prensa y primer vicepresidente de la SIP, respectivamente, durante la Conferencia Judicial 'Combatir la Impunidad'.
Por el asesinato de Sierra, asesinado en 2002 en Manizales, fue capturado Luis Fernando Soto Zapata, quien resultó en menos de 6 años fuera de prisión, luego de que se le hubiera condenado a 14 años de cárcel.
Mario Iguarán afirmó que en este proceso hay impunidad, porque no se logró determinar ante la justicia quiénes fueron los actores intelectuales del crimen.
En el mismo encuentro, el presidente de la Corte Constitucional, Humberto Sierra, afirmó que los procesos de los periodistas deben tener consideraciones especiales para la justicia, porque "los atentados contra los comunicadores impactan el derecho fundamental a la libertad de expresión".
La Sociedad Interamericana de Prensa también denunció durante el encuentro, desarrollado en la Cámara de Comercio de Bogotá, que en los últimos 20 años se han asesinado 344 periodistas en América.
Con respecto a los comunicadores colombianos, aseguró que se ha comprobado que 57 de los 125 han sido asesinados por razones de oficio.
Enrique Santos, vicepresidente de la SIP y codirector de EL TIEMPO, informó que se han impuesto condenas a 16 autores materiales y 2 más a los autores intelectuales en crímenes de periodistas.
Santos enfatizó que mientras la impunidad continúe, seguirán los asesinatos a los informadores. Sobre este tema el Fiscal General de la Nación aseguró que la Ley de Justicia y Paz ha contribuido a esclarecer algunos asesinatos como ocurrió con José Emeterio Rivas, Martín Duarte y Alfonso Parada.
RECTIFICACIÓN: eltiempo.com reportó erróneamente que el número de muertos era de 1285, cuando la cifra es de 125.
(Fuente: El Tiempo de Bogotá.
El origen de la vida según el creacionismo y otros puntos de la teoría de la evolución (II)
Pues bien, tal perfección, exactitud y complejidad de las leyes que sustentan el universo y la vida en el planeta nunca podrán ser frutos de la casualidad ni de una pretendida necesidad de ser por ser simplemente, mas sí de una causalidad que trasciende el razonamiento humano, que los apegados a lo meramente material se empeñan en negar, aunque lo vean con sus ojos. Mientras muchos científicos son conducidos a Dios a través de su trabajo, otros se tiran algún tipo de ácido para no ver y quieren echarnos tierra para que tampoco veamos. Bien lo afirma George Hanson al asegurar que “las dificultades para creer pueden ser grandes”, pero “lo absurdo de no creer es mayor”.
Philip Gold es asertivo al aseverar: “Einstein señaló: ‘Dios no juega a los dados’. Y estaba en lo cierto, Dios juega Scrabble”. ¿Qué te parece? Ese infinito y por ende inexplicable Dios es revelado en el Antiguo Testamento. Pero, es en el Nuevo donde Su imagen (aspecto, personalidad) se ha dado a conocer mediante el Señor Jesucristo. (San Juan 14: 8, 9) Esto es, como es Espíritu, Dios es invisible, mas el rostro visible de Dios es Cristo Jesús, así lo escribe san Pablo. (Colosenses 1: 15)
Fred Hoyle, quien ha escrito bastante contra el teísmo y el cristianismo, escribió, sin embargo, en cuanto al fino ajuste de helio, berilio, carbono y oxígeno necesarios para hacer posible la vida en el planeta azul: “Un superintelecto ha estado ‘jugando’ con la física, además de la química y la biología”. ¿Qué tal? ¿Qué dicen de esto los ateos? Pues que nada de eso habla de Dios y que ellos sí tienen pruebas de la “inexistencia” de Dios. ¡La gran flauta! No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Robert Griffiths, galardonado con el premio Heinemann en física matemática, afirma: “Si necesitamos un ateo para un debate, voy al Departamento de Filosofía. El Departamento de Física no sirve para mucho”. ¿Ves? Los ateos suelen ser filósofos aunque tengan doctorado en física, química, biología, etc. El ateísmo es una posición meramente filosófica. No tiene ningún fundamento científico. Por tanto, eso de ateísmo científico o ateo intelectualmente satisfecho es puro cuento chino. Y los físicos ateos son muy pocos.
El astrofísico Robert Jastrow, agnóstico confeso, describe de la mejor forma lo que les pasó a sus colegas al medir el cosmos:
“Para el científico que ha vivido por su fe [ciega] en el poder [falible e incierto] de la razón, la historia termina como una pesadilla. Ha escalado las montañas de la ignorancia [para algunos esas “montañas” están representadas por las enseñanzas bíblicas], está a punto de conquistar el pico más alto, y cuando se está incorporando sobre la última roca lo saluda una banda de teólogos que han estado sentados allí por siglos”. (23) (Las negritas son mías)
¿Será que nos podemos imaginar el bochorno experimentado por estos científicos de ciencias naturales al percatarse de que sus colegas de ciencias teológicas han sabido por siglos lo que ellos recién acaban de descubrir? ¡Eso es demasiado devastador para el ego de muchos científicos convencionales! Con sobrada razón no pocos intentan dar cualquier tipo de explicaciones, por absurdas que sean, con tal de quitar a Dios en el origen del universo y la vida inteligente. ¡Qué desgaste de energía!
En cuanto al mucho conocimiento, ¿sabes qué pienso? A veces es mejor ser ignorante (o por lo menos pasar por ignorante y evitar una discusión, para así ganarla como escribiera el motivador Dale Carnegie), puesto que la mucha letra ensoberbece al ser humano, lo hace necio, y la necedad le embrutece. Ya envalentonado, el humano tiende, incluso, a minimizar a Dios por su incapacidad de entenderlo y explicarlo, ignorando que al Altísimo solo se lo entiende y llega por medio del resucitado Cristo histórico y la fe que no es suicida ni ciega. “El justo por su fe vivirá”, escribió el profeta Habacuc. (Habacuc 2: 4) En ¿Qué es fe? defino la fe bíblica, término muy distorsionado por creyentes e incrédulos.
Una de las explicaciones más desafortunadas e ingenuas en cuanto al origen y continuación de la vida puede ser leída en el best seller! The Selfish Gene (El gen egoísta) de Richard Dawkins, fanático de los genes, al asegurar que “nosotros, al igual que otros animales [él y otros más se creen animales], somos máquinas creadas por nuestros genes”. Lo que nunca explica científicamente -sí filosóficamente- es quién creó los genes; de dónde salieron. Se apoya en filosofía para hacer declaraciones dogmáticas que cataloga “científicas”. Si los humanos somos simples máquinas, cualquier aberración contra esa máquina está plenamente justificada.
Dawkins añade: “Ellos [genes] están en ti y en mí; nos han creado, cuerpo y mente; y su propia preservación es la causa racional de nuestra existencia”. Al igual que otros ateos, Dawkins rinde culto a la creación y la materia en lugar de darlo al Creador. Estos señores suelen ser panteístas, deístas y absolutistas. Las palabras de este cientificista es lo más irracional que he leído y él lo califica “racional”; y sus admiradores (muchos ateos filosóficos) lo llaman a él “científico”, se “deleitan” en sus libros “científicos” y lo citan como un “científico” que cuestiona las creencias religiosas.
“Esos duplicadores -sigue Dawkins- vienen de muy lejos. Ahora tienen el nombre de genes, y nosotros somos sus máquinas supervivientes”. (24) ¿Será que dichos genes vienen de París, donde decían venían los bebés? ¿Los traerá la cigüeña? ¡Qué clase de “biología” tan regia la de este biólogo! No sé si llorar o simplemente sonreír por la cantidad de disparates que inventan los ateos con tal de intentar sacar a Dios del escenario del origen de la vida y del universo. Es tan fenomenal el esfuerzo que hacen y el descomunal desgaste de energía, que terminan haciendo el ridículo. “Creyendo ser sabios, se hacen necios”, escribe san Pablo.
El tío especula pero no demuestra nada. En efecto, hasta el Sol de hoy nadie -incluido Dawkins- ha podido explicar cómo se duplica un gen. Por tanto, el planteamiento de Dawkins carece de respaldo científico como suele ocurrir con otras afirmaciones suyas y los enunciados de otros darvinistas ateos. Tengamos en cuenta que la mayor parte de planteamientos de los darvinistas y neodarvinistas son puras especulaciones indemostrables en el laboratorio. Con filosofía escamotean el hecho que cuando un gen se duplica no obtiene una nueva proteína con nuevas propiedades. Se obtiene la misma proteína que antes. Y ese es un gran inconveniente.
John Bryant, biólogo celular y molecular, asevera: “En particular, es un fracaso tratar de entender que genes, proteínas y alguna compleja estructura pueden tener más de una función, o que una proteína u otro componente se convierta en otra para cumplir una nueva función”. (25)
¿Ves? Solo filosofando, en novelas, poesías y canciones es posible y divertido imaginar cosas y construir castillos y casas en el aire como dice la canción La casa en el aire del maestro Rafael Escalona, pero la realidad es otra. Bien lo expresa William Lane Craig: “Hay dos tipos de explicaciones para el origen del universo: científicas y personales. [...] Las explicaciones científicas explican un fenómeno en términos de ciertas condiciones iniciales y leyes naturales, las cuales declaran cómo esas condiciones iniciales evolucionaron para producir el fenómeno bajo consideración. En contraste, las explicaciones personales explican las cosas en término de un agente y la voluntad de ese agente”. (26) Y hay quienes llaman “científicas” a sus subjetivas y filosóficas explicaciones. La verdad es otra.
En la literatura evolucionista encontrarás vez tras vez científicos que hablan y describen sistemas biológicos entrelazados y complejos, y dicen crédulamente: “¿acaso no es maravillosa la forma por medio de la cual la selección natural dispuso todo esto?”. Mas el cómo ocurrió siempre estará ausente. ¿Será que todavía están buscando los eslabones perdidos? Pierden el tiempo porque no existen.
Si quienes especulan son tan berracos y les asiste la razón, pues que demuestren científicamente lo que aseguran tan dogmáticamente en sus “geniales” artículos y literatura evolucionista. Que expliquen cómo fue posible tanta maravilla hoy conocida. Pero resulta que la hipótesis darvinista es insostenible científicamente en muchas de sus dogmáticas declaraciones. Y no pocas veces el evolucionista argumenta en ignorancia: como no sabe cómo surgió la vida, entonces concluye que fue por medio de la “selección natural, ayudada por variaciones aleatorias”, contradiciendo a Darwin, que no creía que la naturaleza diera brincos repentinos. Usar términos científicos no es hacer ciencia ni hace científico el argumento.
¡Qué paupérrimo concepto del humano tienen Dawkins y otros “hombres de ciencia”! Conforme a su sesgado y “racional” pensamiento, somos meros animales y máquinas (¿robots?, ¿humanoides? ¿cyborgs?) en supervivencia gracias a los genes. Creen que al mezclar ficción con ciencia la ficción automáticamente se convierte en ciencia. Al leer ciertas obras y revistas “científicas” en cuanto al origen de la vida y del universo, dan ganas de romper en llanto. Lo peor es que libros como estos son ¡éxito de librería! e influyen en gran manera en la conciencia de muchos por la mal ganada fama de algunos “científicos”. Y no te extrañes que alguno gane el Nobel escribiendo ciencia-ficción. Mi abuela dice: “Cría fama y acuéstate a dormir”. Salomón y san Pablo atribuyen el éxito de ciertas obras a la insatisfacción del ojo y del oído de ver y oír; y a la “comezón” de leer u oír “novedades”. (Eclesiastés 1: 8b; 2da Timoteo 4: 3)
Ahora bien, noto que muchos rehuyen atribuirle a Dios las obras, leyes y bellezas de la naturaleza, y en su lugar dicen: la “Naturaleza es sabia”. Para ellos, la naturaleza es Dios; Dios es la naturaleza o los dos son sinónimos; son panteístas. O se inclinan por el deísmo. La cuestión es que, a mi juicio, no quieren ser catalogados de religiosos si afirman que todo lo hizo Dios, o quieren vender la imagen de ser científicos, no fanáticos religiosos, ignorando que fanatismo y absolutismo hay tanto en la religión como en la ciencia convencional. Paradigmas hay en una u otra orilla, y, además, la evolución es un mito religioso vendido por los filósofos del naturalismo ateo como si fuera ciencia. La teoría de la evolución es un fetiche para muchos; su dios en lugar del Dios de la Biblia.
No sé por qué, pero tengo entre ceja y ceja que no pocos evolucionistas en realidad no creen en la teoría de la evolución (o la aceptan por la falacia del argumento ad populum), aun con los más recientes parches para intentar salvarla. Pero, como ya emprendieron ese camino desde hace años, y sus familiares, amigos, conocidos y ¡colegas! saben que su posición ha sido simiesca, el ego (parte del intelecto, sus ¡neuronas! Para evolucionistas y otros fanáticos racionalistas la razón es la luz que les guía de la mano a la “verdad” de la ciencia convencional con el objeto de disipar la oscuridad de las “seudo ciencias”) les dicta el camino a seguir, diciéndoles: “¡No seas loco! Ya todo el mundo sabe que crees en la teoría de la evolución. Además, ello te da halo de científico. ¿Te imaginas el alud de burlas y epítetos que suscitarás en tu contra si aceptas públicamente la ‘irracionalidad’ de los creacionistas? ¡Serás el hazmerreír de todos! Te expulsarán del gremio de los inteligentes y hombres de ciencia y te quemarán vivo en la plazoleta del mercado público. Peor aún, periodistas, fotógrafos y camarógrafos publicarán y comentarán tu insensata muerte a través de todos los medios del planeta. ¿Tienes idea lo que acarrearía que tu foto aparezca en diarios y revistas ‘científicas’, y que tu imagen en vivo sea difundida a través de la Red y de todas las televisoras del mundo civilizado? Piensa muy bien lo que ello significaría para ti y tu familia. Y, sobre todo, para tu prestigio de hombre de ciencia”. Por tal razón y más, estos “evolucionistas” y algunos escépticos del darvinismo no se atreven a pagar el precio de nadar contra la corriente de la falsa ciencia darviniana. Indudable es que hay otros convencidos (muchos con ego enajenado) de las monerías de Darwin, y hablarles de un Creador es “insultarles”; son tan intolerantes y patanes como el más obtuso fanático religioso. Al publicar mis escritos antievolución me he topado con varios que no argumentan sino que insultan y piden pruebas irracionales; más allá de la verdadera ciencia natural. Mas, insisto, los evolucionistas o neodarvinistas por convicción son minoría. La teoría y el ateísmo se están quedando solos.
No olvidemos que desde hace varios años no pocos evolucionistas son escépticos de ciertas declaraciones del evolucionismo indemostrables en el laboratorio. Más, en la actualidad existen tres grupos evolucionistas, a saber: (1) Los neodarvinistas ortodoxos, leales a la selección natural; (2) Los que sostienen la estabilidad de las especies a lo largo de toda su vida, tal como propone el paleontólogo Stephen Jay Gould en la teoría del equilibrio puntuado, pero con considerables cambios adaptativos originados, según se cree, en breves momentos y en lugares muy limitados; y (3) Quienes creen en la evolución tomando lo que les parece más conveniente de las dos posiciones anteriores.
Pues bien, me quito el sombrero ante aquel que después de investigar sin economizar esfuerzos (léase examinar exhaustivamente los puntos a favor y en contra) y honestidad intelectual está convencido de lo que cree. (Respecto a las personas de convicción aunque estén equivocadas) Mas siento gran pena por aquel que por odios, traumas, prejuicios y fanatismo herencia de padres incrédulos vive con anteojeras para no escrutar y explorar corrientes de pensamiento contrarias a lo que ha creído toda la vida. Y, debo manifestarlo, por desgracia, la primera actitud (la científica) está en vías de extinción. Lo que abunda hasta el hastío son gentes prejuiciosas, amargadas, dogmáticas y soberbias cerradas de mollera. Son intolerantes y fanáticos racionalistas o cientificistas. ¿Puede catalogarse actitud “científica” que yo solo lea obras de autores que apoyan mis paradigmas y resentimientos por enarbolar creencias reduccionistas de que ya existe un cuerpo de verdad y lo demás es superchería? ¿O de que cualquier hipótesis o teoría que conduzca a Dios no es científica? ¿Y exclusivamente estudie y examine las evidencias (muchas veces aparentes) de lo que creo, mas no me tome el trabajo de analizar responsablemente las serias pruebas que revelan lo contrario? ¿O no cuestionarme a mí mismo si las evidencias en contra pesan más que las que están a favor? Tal proceder es propio de resentidos, fanáticos, prejuiciosos, arrogantes y deshonestos intelectuales, no del auténtico científico. Un verdadero hombre de ciencia jamás repudia ideas controversiales y teorías alternativas, pues busca la verdad. En este sentido, el evolucionista o el neodarvinista no alcanza un nivel científico real y se revela como falso científico porque cierra automáticamente su mente a todo hecho contrario a sus creencias o convicciones. Por desgracia, como ya señalara, es lo que más abunda en el ámbito del mito evolucionista.
No considero que un científico sea solamente quien vive metido de cabeza en un laboratorio o estudió ciencias naturales y/o sociales. En rigor, científico es todo aquel que busca la verdad con persistencia y con las exigencias de rigurosidad y objetividad propias de quien ama, honra y respeta la verdad, aunque sea contraria a lo aprendido, sus presuposiciones, conflictos emocionales, paradigmas e intereses. Siento decirlo: la mayor parte de pensadores seculares y no pocos librepensadores religiosos son deshonestos intelectuales en cuestiones concernientes a la religión, teología y fe en Cristo. Retienen lo que les conviene, mas desechan la verdad comprometedora.
En cuanto al fin para el cual estamos aquí en la Tierra, creo que así como cada uno de los cambios, estaciones y movimientos de nuestro planeta tiene un propósito bien definido, y así como hacemos muchas actividades con una razón establecida, Dios ha creado al humano con un Plan bien determinado. Dice la Biblia que luego de crear la luz, los cielos, la Tierra, la hierba verde, hierba que diera semilla, árbol de fruto, el Sol, la Luna, las estrellas, seres vivientes en las aguas, aves que volaran sobre la Tierra, los grandes monstruos marinos, todo ser viviente que se mueve en las aguas, toda ave con alas, seres vivientes en la tierra, ganado y todo animal que se arrastra sobre la tierra, “entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra’”. (Génesis 1: 3-26)
Dios creó al hombre y a la mujer para que todas sus necesidades espirituales, emocionales, mentales, afectivas, amorosas, biológicas y corporales fueran cubiertas; y, además, disfrutaran de todas las bendiciones que Dios había colocado a su alcance. En otras palabras, Dios nos creó para que viviéramos cerca de Él y nada nos faltara. Con Él lo tengo todo, sin Él me falta todo. En su pirámide de necesidades del ser humano, Abraham H. Maslow (1908-1970) habla de necesidades fisiológicas (alimentación, agua, aire), necesidades de seguridad (seguridad, protección contra el daño), necesidades de aceptación social (afecto, amor, pertenencia, amistad), necesidades de autoestima (autovalía, éxito, prestigio), necesidades de autorrealización (dar lo que uno es capaz, autocumplimiento). Nótese que Maslow no habla de necesidades espirituales. Se ciñe a necesidades naturales o humanas.
Después de ayunar cuarenta días como preparación a su magno ministerio, Jesús tuvo hambre. Y el diablo lo tentó: “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. (San Mateo 4: 3) Jesús le respondió con unas extraordinarias palabras dadas por Dios a Israel allá en el desierto: “No solo de pan vivirá el hombre, sino [también] de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (San Mateo 4: 4; Deuteronomio 8: 3)
Ojo, con todo y que Jesús es el máximo líder religioso no desestima el alimento natural pan. Le da su importancia. Pero añade un sino que es -según el Diccionario- una conjunción adversativa utilizada “para contraponer un concepto afirmativo a otro negativo anterior”. Y el “también” debe ser agregado para denotar que además del pan el humano vive de la Palabra de Dios. Si no utilizamos el “también” parecería que el ser humano no vive de pan, sino solo de la Palabra de Dios. Parafraseando a Jesús, manifestaríamos: “El pan no es solo el alimento necesario para sustentar la vida de la especie humana, sino que también precisa de la Palabra de Dios”. Y es aquí donde fallamos tanto creyentes como incrédulos: o le damos extremada (ojo, escribo extremada: si es extrema, es mala) importancia espiritual a lo religioso, descuidando otras cosas; o nos polarizamos afanándonos -al extremo de enfermar y morir estresados- por el pan. Jesús habla de un equilibrio entre el pan y la Palabra de Dios. Desde luego, esto no desvirtúa la verdad de que la mayor necesidad humana es espiritual. Mas no justifica que subestimemos las necesidades naturales.
¿Qué palabra ha salido de la boca de Dios? ¡La Biblia! ¡Cuánto nos afanamos por intentar llenar nuestros vacíos existenciales con pan! Pero el espíritu no come ni se sacia con pan, sino con la Palabra de Dios y con Jesús en el corazón. No hablo de ser religioso; religiosos hay muchos y existen más religiones de las necesarias, mas la vida de no pocos religiosos no les ha sido transformada. (Quien de veras tiene un encuentro con el resucitado Cristo histórico cambia, aunque otros cambios se den etapa por etapa) Se trata de saciar nuestra sed espiritual con el Agua de la Palabra de Dios, y el hambre con Jesús, Pan espiritual de vida. Solo Él satisface la sed y hambre espirituales. “Yo soy el pan de la vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. (San Juan 6: 35) (¡Cuidado! Jesús ni el Evangelio hablan de comer literalmente a Cristo; se trata de un simbolismo para enseñar una verdad espiritual. El dogma de la transustanciación surgió 1.215 años después de instituida la Iglesia y su cuerpo doctrinal. Para ahondar sobre simbolismo y otras figuras literarias en la Biblia sugiero repasar el apartado “Hermenéutica especial” del capítulo 2)
Dos cosas son imprescindibles para saciar nuestra sed y hambre espirituales: Acudir al llamado que hace Jesús a través de su Palabra la Biblia y postrarse a los pies de Jesús. Jesús lo sabe todo, pues toca las dos necesidades naturales más apremiantes del ser humano: sed y hambre, saciables con agua y pan. Eso es importante sin pasar por alto lo más importante como es alimentar el espíritu con Jesús y la Biblia. Desde luego, habrá quienes cuestionen mi afirmación de que solo Jesús y la Biblia sean los únicos capaces de saciar necesidades espirituales. A lo largo de los siguientes capítulos sustentaré esa verdad.
A pesar de todo lo expresado arriba, ¿para qué fuimos creados por Dios? ¿Será para sufrir y pasar necesidades? ¿Será que “el propósito principal de la vida del hombre es resolver problemas” como dijera Luigi Barzini y me recordara una joven señora? Permíteme expresarte lo que pienso al respecto. Creo que fuimos creados por Dios para que mantuviéramos un idilio con Él. ¿De qué habló? Nuestro Creador nos hizo para sostener un romance con nosotros. Bueno, si suena sacrílego digamos que Dios desea tener una relación ágape con nosotros. (El Nuevo Testamento habla de que la Iglesia es la Esposa del Cordero. El cristiano forma parte del Cuerpo de Cristo que es la Novia que contraerá nupcias con el Señor Jesús, quien es el Novio) Dios quiere que le amemos como Él nos ha amado y nos ama. “¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo no nato? Aunque ellas se olviden, yo no me olvidaré de ti”. Porque “con amor eterno te he amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia”. “He aquí que en las palmas de mis manos te tengo tatuada [o]”. Por tal razón, puedo asegurar con certeza que “aunque mi padre y me madre me abandonasen, con todo el Señor me recogerá”. (Isaías 49: 15; Jeremías 31: 3; Oseas 11: 4; Isaías 49: 16; Salmos 27: 10)
La máxima expresión del amor de Dios por nosotros es revelada por medio de Jesús en San Juan 3: 16: “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no perezca, sino que tenga vida eterna”.
¿Qué hace el que ama? ¡Entrega el corazón! Si da el corazón, lo da todo. (Quizá alguien exprese que los transplantes de corazón invalidan tal afirmación. No obstante, el corazón sigue siendo el asiento físico de los sentimientos y emociones del alma inmaterial) Jesús nos amó de tal manera que estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros. De modo que cuando amamos a Dios como Él quiere que lo amemos le damos nuestro corazón, la adoración y reverencia que busca de nosotros. Dios espera de nosotros sus criaturas un espíritu que le adore, un alma que le bendiga y un cuerpo que le glorifique. Nuestro Creador desea que le honremos en nuestro ser entero: espíritu, alma y cuerpo. (San Juan 4: 23, 24) Cuando vivimos sintonizados en la frecuencia de Dios, es decir, mantenemos el idilio que Él quiere mantener con nosotros, hallamos la razón eterna para vivir, el amor, felicidad, gozo y paz que tanto hemos buscado. En el momento en que le doy a Dios mi corazón o cumplo el papel por el cual me creó, Él automáticamente me recompensa llenando mis vacíos existenciales, carencias de amor, afecto, paz, gozo y demás elementos del fruto de su Espíritu, que nadie más me puede dar. “El fruto del Espíritu [de Dios] es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe [fidelidad], mansedumbre, dominio propio [templanza]”. (Gálatas 5: 22, 23) También vienen las cosas materiales como añadidura. (San Mateo 6: 33)
¿Sabes qué creo? Considero que Dios puede sanarnos de traumas, sentimientos de abandono y rechazo, y proporcionarnos el afecto, cariño y amor que no recibimos de niños. E, incluso, puede curarnos de cualquier enfermedad corporal. Pero no suele ocurrir porque el mundo sigue bajo el dominio del pecado adámico y vivimos afanados y enraizados en un estilo de vida netamente materialista. El mundo moderno nos distrae y lleva a ocuparnos de cosas importantes pero no vitales para el sano desarrollo del ser. Ojo, ni el mundo ni el sistema político son culpables de tal situación; solo yo soy responsable de mi bienestar espiritual. Aclaro, no he dicho que al vivir entregados a Dios los problemas no vendrán y seremos inmunes al dolor o enfermedades. Pero viviremos sobre las circunstancias.
Veamos la historia de la humanidad: desde la caída de Adán y Eva, el humano camina de espaldas a Dios e intenta con su propia razón, fuerza y conocimiento resolver sus problemas existenciales. Los resultados son más que alarmantes. Como nunca, hoy los consultorios médicos, sicológicos y pastorales están más atestados de gentes con graves conflictos espirituales, mentales, emocionales, corporales y existenciales. Se cree que un diez por ciento de la humanidad vive recluido en salas siquiátricas. Otro diez por ciento es “normal”, y el ochenta por ciento restante vive con conflictos emocionales y/o mentales. Todos tenemos algún tipo de conflicto. Unos estamos mejores; otros, peores. Por lo general, el que piensa que está mejor está más mal.
Ya entramos en el tercer milenio, y en lugar de resolverse los problemas de inequidad, hambre, enfermedades curables y miseria en niños y ancianos, estos aumentan cual bola de nieve nacida de una avalancha que desciende de manera amenazante sobre una impotente población que la mira aterrorizada. Los organismos internacionales dedicados a la salud (OMS), alimentación (FAO), infancia (UNICEF) y demás están atónitos por las cifras tan desalentadoras.
(Unos 200 millones de niños menores de 5 años padecen síntomas de malnutrición extrema, cifra que aumenta en tiempos de escasez, hambres y conflictos sociales. Según algunos estimados, la desnutrición es una causal importante entre los que determinan, cada año, la muerte aproximada de 13 millones de niños menores de 5 años por enfermedades e infecciones evitables, según informa la FAO. Aproximadamente cada ocho segundos muere un niño de hambre en el mundo, mientras pocas familias “nadan” en millones de dólares y otros perecen por indigestión; después algunos soberbios e incrédulos acusan a Dios de las desigualdades e injusticias provocadas por el corazón malo del ser humano. ¡Qué cómodo es culpar a otros!)
Dejémonos de engaños, el humano no tiene respuesta para los agudos problemas de la humanidad. El humanismo sin Dios es un rotundo fracaso. Si en toda nuestra historia no hemos podido resolver los problemas que nos aquejan, ¿podremos lograrlo ahora cuando muchas cuestiones en lugar de mejorar se han agravado? ¡No nos mintamos más! Sin ánimo de ser profeta de mal agüero, toca reconocer que el humano no tiene la solución para dichos problemas. No ha encontrado la solución desde que caímos de la gracia de Dios. ¿Será que es tiempo de regresar al Dios de la Biblia? Lo creo. Dios a través de su Hijo Jesucristo nos brinda una solución clara y sencilla. Tan sencilla y clara es, que nos parece idiota. De ello hablaremos más adelante.
Pues bien, Dios nos creó para que lo amáramos sobre todas las cosas y así halláramos nuestra felicidad, pero esa felicidad plena solo está en Él que nos conoce mejor que nadie porque nos creó. Mentalicémonos con esta verdad: Dios no nos hizo para sufrir; ni siquiera para morir; pero, el sufrimiento y la muerte surgieron a raíz de un acto que alcanzó y arrastró a la humanidad entera, conduciéndola -a través del túnel de la desesperanza- al abismo sin fondo de la muerte, miseria y sufrimiento.
La Biblia describe cómo creó Dios al hombre y la mujer: “Entonces Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente; mas para Adán no se halló ayuda idónea”. (Génesis 2: 7, 20) Antes de que Dios soplara en las narices de Adán, era un simple muñeco de arcilla; luego de soplar Dios su “aliento de vida”, el hombre fue un ser viviente único. (Al estudiar el mapa genético de una persona, los estudiosos hallaron que “en el nivel genético somos individuos mucho más únicos” de lo que se creía) Único porque Dios lo creó con Sus “manos”. Lo hizo a su imagen y semejanza; es decir, con espíritu, alma y cuerpo, de los cuales el espíritu (conciencia, intuición y comunión) ni el razonamiento lo tienen los animales. (Al crear Dios al hombre y la mujer los hizo directamente con Su “aliento de vida”. Lo demás lo creó con Su palabra) Ya afirmamos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin ser tres. El ser humano no es un animal más de la creación. No es tampoco un animal racional. Es un ser único en la creación. Único porque Dios lo creó directamente con su “aliento de vida” (su Espíritu) y a su imagen y semejanza, no hizo lo mismo con los animales.
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