08 Ene 2009
Terror bueno, terror malo...
Los profetas de ahora, como los de otrora, claman por la verdad del dios que les emplea, y confrontan entre ellos en los púlpitos, torres o plazas de este tiempo, que son la radio, la tele y los periódicos. Andan a la gresca, defendiendo unos a tirios y otros a troyanos; unos a judíos y otros a mahometanos.
Hay en Occidente una batalla paralela a la que siega la vida de tantos, allá en el extremo y extremado Oriente. Esta lucha de aquí es incruenta e indolora pero feroz, por cuanto se pretende aniquilar dialéctica y conceptualmente al adversario. Se argumenta con frases envueltas en saña y odio viejo que se escupen encima de las que el otro opone, también embebidas en resabios antiguos. Hay un frente donde se mata y se muere, y unas trincheras virtuales desde las que se dispara con razones a favor de unos y en contra de los otros. Soldados y oradores. Actores y críticos. Terror y retórica. Bombas y razones. Horror y demagogia.
Este cronista ocasional, que no ha encontrado tiempo para hilvanar cuatro letras volanderas y soltarlas al aire para saludar al año nuevo, quiere encontrarlo ahora para testimoniar ante quien esto lea, y ante quienes ya no pueden leer con los ojos del cuerpo, que abomina de la muerte y de los que la producen, predican o justifican; que sólo cree en la vida como razón universal digna de respeto. Nada que vaya contra la vida puede ser bueno, ni inspirado por los dioses, si es que hay dioses, y son buenos.
Tan malo es quien mata lanzando misiles como quien lo hace llevando la muerte en bandolera. No hay dios, ni patria, ni rey que pueda exigir el sacrificio de una, o de mil vidas. No entiendo cómo se puede justificar en unos, lo que se reprocha a otros. Nadie tiene razón en la barbarie. No busquemos razones en la sinrazón.
Busquemos y aislemos ese gen que en el ser humano predispone a la violencia. A cualquier tipo de violencia: desde insultar al conductor de al lado, hasta disparar contra un tirador apostado en la orilla negra. Este sería el primer paso de un hermoso camino para el hombre; un camino que, tal vez, algún año venidero podamos comenzar, si es que aún conservamos los ojos del cuerpo...
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