23 Ene 2008
Las Grillas de Cardano. Capítulo IV. "Posiciones encontradas".
Capitulo IV
Posiciones encontradas.
Roma

La congregación estaba formaba por 23 miembros, cardenales, arzobispos y obispos. Y se reunían oficialmente cada cinco años, para intercambiar información y preocupaciones recíprocas. Extraoficialmente, las reuniones no se separaban tanto en el tiempo como todo el mundo pensaba, ni duraban tan solo un día, la verdad es que esta última había durado ya casi dos meses.
El Emérito de Illinois (EE UU), Armand William actual presidente de la congregación, se encontraba en la pequeña habitación del modesto hotel de Roma. Estaba cómodamente sentado en un tapizado y humilde sofá desde el que a través de la ventana observaba la luminosa mañana. Imbuido en sus pensamientos a propósito de los últimos acontecimientos que le preocupaban en demasía, observaba la pequeña y encantadora calle italiana mirando el trasiego de la gente que seguían adelante con sus atareadas vidas, ajenos a lo que él sabía, ajenos a la ancestral batalla que en silencio se libraba casi diariamente.
Era un hombre de 70 años de edad, ducho en teología dada su formación, Un hombre con una brillante carrera eclesiástica y una inquebrantable fe en Dios. Tenía una gran y ancha frente la cual terminaba con unas cejas no muy pobladas. Llevaba unas grandes gafas de aumento con unos gruesos cristales que le daban un aspecto entre intelectual y serio y hacían que sus ojos se vieran más grandes de lo que en realidad eran. Armand William, había nacido en California, desde jovencito había tenido claro que es lo que quería para sí, desde que tuvo uso de conciencia sabía que su vida le pertenecía a Dios. Tras estudiar en el seminario de los Ángeles se trasladó a Roma. Allí empezó su fulgurante carrera eclesiástica.
Con el nombramiento del nuevo Papa Jorge XVI, él había sido el hombre elegido para ocupar el puesto que este había desempeñado hasta el momento. Ahora él era el presidente de la congregación para la doctrina de la fe, o más comúnmente conocida para los no duchos en el orden y estructura eclesiástica como
Se había visto obligado a reunirse con todos y cada unos de los miembros de la Curia, de manera independiente, para que le pusieran al corriente de la situación actual de todos y cada uno de los temas que eran de su estricta competencia lo que le había llevado mas tiempo del imaginado dado el carácter especial de las líneas de investigación que la Congregación para la doctrina de la Fè, manejaba de manera secreta en la actualidad.
Dos golpes sordos sonaron en la puerta de la humilde habitación que ocupaba sacándole de su ensimismamiento de manera estrepitosa. El pequeño hotel donde habían celebrado aquella dilatada reunión era extremadamente acogedor. No era muy lujoso, pero ofrecía la intimidad que los miembros de la curia necesitaban para la celebración de las reuniones extra oficiales. La habitación que él había ocupado durante aquellos dos meses no era ni mucho menos una de las habitaciones más caras, no era ostentosa, si no más bien lo contrarío, de carácter sencillo y funcional aunque guardaba la sutil armonía necesaria para tan ilustre Arzobispo. Él no era un hombre al que le gustara el lujo además el aspecto hogareño que el humilde hotel le transmitía lo calmaba y hacia mas amena las largas ausencias de la que fuera en la actualidad su vivienda habitual.
-Adelante, Dijo él, con una profunda voz. –La puerta esta abierta, señores, les estaba esperando.
La puerta se abrió lentamente y tras de si, aguardaban dos hombres de mediana altura y edad, uno de ellos estaba vestido con el hábito típico de un monje franciscano, andaba algo encorvado y demasiado despacio, parecía estar poseído por una sensación entre la inseguridad y la mas firme de las reverencias a
El otro hombre iba vestido con un traje de cacheta y corbata gris oscuro que parecía viejo y raído, con los botones de la chaqueta desabrochados de manera desaliñada, dejaba a la vista una camisa arrugada de un color amarillo pálida, casi mostaza que evidentemente, remarcaba una barriga voluminosa, del grueso cuello de la desafortunada camisa del hombre colgaba una corbata azul claro que para nada pegaba con el conjunto dándole un aspecto algo cómico o televisivo.
-Emérito, dijo el hombre del hábito arrodillándose respetuosamente para besar el gran anillo que portaba en su mano, el Arzobispo permaneció sentado en su sillón mientras este hacía la pertinente reverencia, pues para él este tipo de muestras de respeto y admiración eran su protocolario pan de cada día.
El hombre del traje se sentó en la silla que estaba frente a él sin pensárselo demasiado y de manera grosera y desenfadada, no mostrando ni por asomo, ni la mitad del respeto del que el monje franciscano había hecho gala.
-Buenos días señores, hace una mañana estupenda, ¿no es verdad?, Dijo el Arzobispo Armand, dirigiéndose a ambos pero mirando fijamente al hombre del traje gris ¿quieren te?, ¿quizás un café?
El hombre del traje se atuso la corbata y con tono cortante, dijo.
-No gracias. Ya salíamos con destino a Madrid cuando nos informaron que usted quería vernos.
El franciscano se reincorporo trabajosamente, quedado allí en pie, mientras su compañero hablaba.
-No es usual que usted “El señor Arzobispo” nos atienda en privado, de manera personal y encima en su Suit, y termino la frase con un tono de burla del todo improcedente mientras en su cara se dibujaba de nuevo aquella sonrisa desafiante tan típica y peculiar en él para quien le conociera.
-¿Que se le acontece? Arzobispo Armand. Prosiguió imitando sin levantarse la reverencia que el franciscano había hecho segundos antes.
El Arzobispo Armand, sin hacer caso omiso a aquel tono irónico y pasando por alto el gesto de burla, dijo con una clara expresión de preocupación pintada en la cara.
-Tan solo quería despedirlos, pero antes, quería charlar con ustedes sobre un par de temas de relevante importancia. Respiro profundamente, y prosiguió.
-Se que ambos son plenamente conscientes de la importancia del tema que ustedes tienen entre manos. Me ha parecido muy acertada la explicación que han dado de tan escabroso tema al resto de la curia en todos estos días de reunión y deliberación, es por eso que quería felicitarles personalmente.
El viejo franciscano asentía con la cabeza, casi sin darse cuenta, mientras que el otro hombre escuchaba con cara de satisfacción.
-Son muchos los frentes de batalla que actualmente tenemos abiertos, y el suyo es uno más, pero me preocupa de manera particular. También se que no debe de ser fácil estar en su papel, puede que la postura que finalmente les ha tocado desempeñar se les haga un poco “cuesta arriba” y perdonen que les hable con tan coloquial tono pero deben recordar que el bien común siempre esta por encima del bien de una sola persona.
Hizo una leve pausa en la que suspiro profundamente, lo que dio turno de replica al hermano Julián que tímidamente y tras haber dudado en hacerlo, finalmente se decidió a decir.
-Si, Arzobispo Armand. Lo sabemos pero en ocasiones, nos resulta difícil considerar a la gente que conocemos y tratamos diariamente como simples peones.
Tras decir esto, y reprocharse a si mismo por haber utilizado las palabras “simples peones”, miro al hombre del traje gris en busca de una complicidad que no encontró pues este seguía con su sonrisa desafiante pintada en la cara.
-Si hermano Julián, en ocasiones es difícil tomar este tipo de decisiones. Dijo el Arzobispo Armand pasando por alto aquella expresión que en realidad no había sido de su agrado.
El hermano Julián asintió con la cabeza, sorprendido y ruborizado por que el arzobispo conociera su nombre.
-No les he pedido que se impliquen, sino todo lo contrario, que velen por ellos, la curia así lo ha decido, en esta ocasión la iglesia católica no se inmiscuirá. Hemos decidido afrontar el destino que Dios quiera darle a todo este asunto. Pero como hombre de fe que soy e incluso a titulo personal, me veo en la obligación de rogarles a ustedes que le protejan. Que les protejan a todos ellos. Se corrigió a si mismo. Tenemos razones para pensar que los monjes hospitalarios que el señor Rivera tan profesionalmente vigila, tienen mucho que ver en todo esto. Y tengan en cuenta que si nosotros lo pensamos, el otro bando también lo puede pensar, y créanme hermano Julián ellos no son tan moralmente correctos como nosotros.
El Arzobispo miro a los dos hombres, y una sensación de pesadumbre le embargo, tras unos segundos, volvió a mirar por la ventana, y sintió la obligación de dar explicación a que lo que su mente rumiaba.
-Durante siglos, esta congregación ha tenido que soportar y asumir los grandes errores del pasado, de aquellos nefastos y funestos errores, deriva una responsabilidad, responsabilidad y pena que aún seguimos arrastrando y por los cuales pediremos perdón todos los cristianos cada día de nuestras vidas. Aunque nuestra labor en la actualidad es de carácter secreto, y así debe seguir siendo, por cuestiones meramente estratégicas, las principales y verdaderas razones para la creación de la antigua inquisición siguen estando ahí. Evidentemente nuestros métodos han cambiado. Y nuestros fines también. Distraemos la atención con banales temas sociales, de los que ustedes seguro habrán oído hablar, pero nuestra función sigue siendo
El hermano Julián parecía abrumado, por todo aquello. Tenía una expresión parecida a la de un niño contrariado frente a un problema matemático que no puede resolver con una sencilla suma o resta.
Esto último no pasó desapercibido para el Emérito el cual mirando fijamente al monje franciscano y dirigiéndose exclusivamente a él dijo.
-No se preocupe, hermano Julián, se que tanta información es difícil de digerir. Ahora bien, prosiguió, mirando de nuevo a los dos hombres.
-Debemos mantener los ojos abiertos, y es ahí justo donde usted entra a desempeñar su papel.
El hermano Julián, le miro directamente a los ojos por primera vez desde que hubiera llegado a Roma hacía dos meses ya.
El Arzobispo tenía una expresión de tristeza, de angustia, parecía soportar un peso desorbitado sobre sus ya no tan jóvenes hombros, por unas décimas de segundo, el peculiar brillo de sus ojos se escapo de sus pupilar atravesando los gruesos cristales de sus grandes gafas y materializando el obviado miedo que este sentía. Pero pronto su expresión cambió, y nuevamente, sentado en aquel humilde sillón tapizado, parecía ser el hombre mas sabio que el padre Julián hubiera conocido jamás, ahora sus ojos transmitían seguridad y confianza. Lo que al monje, se le antojo bastante reparador.
-Espero que dios les proteja a ustedes y a ellos, espero que dios nos proteja a todos, por que si nuestras investigaciones están en lo cierto, y es voluntad de dios que el manuscrito se traduzca, conoceremos la cara del verdadero mal. En repetidos momentos en la historia hemos abogado por la traducción del antiguo libro, si, pero bajo control, los secretos que el libro esconden no pueden caer en malas manos. Hemos sitiado el libro, borrado rastros, escondido flecos, pero el fleco que ustedes vigilan no podía ser borrado. Por tanto…
El Arzobispo freno su lengua como si hubiera dado más información de la que pretendía.
-Eso es todo lo que debe de saber por el momento Hermano Julián, Prosiguió de nuevo, remarcando con su tono de voz el nombre el viejo monje franciscano ya que se había percatado que este último detalle había impresionado al viejo monje franciscano.
-Poner en su conocimiento mas datos solo le serviría para darle un profundo dolor de cabeza idéntico al que yo en estos momentos tengo.
Una afable sonrisa se dibujo en su cara. - Observe, informe y deje que nosotros nos encarguemos del resto. -Si algo extraño pasará, informe de inmediato al señor Rivera. Déjele actuar a él, me temo mucho que él sabe muy bien lo que se hace. Para bien o para mal. El arzobispo dijo esta última frase como si de una reflexión intima se tratará.
El hermano Julian quedo sorprendido con las declaraciones de su respetado arzobispo, trato de que no se le notara, intento que su expresión no le delatará, disimuló como mejor sabía, su sorpresa y desazón sin mucho éxito dada la expresión del Arzobispo Armand, al proseguir. -Y ahora no olvide que usted es el guía espiritual del hospital, por lo tanto también ha pasado usted a ser el guía espiritual del chico pues me temo mucho que el agraciado joven es la llave para encauzar tan intrincado entuerto.
El hermano Julián asintió con la cabeza, entre avergonzado y un tanto molesto con el mismo.
El Arzobispo se reincorporo pesadamente, para despedirle haciendo que su atuendo susurrara silenciosamente, y con un gesto de su mano en dirección a la puerta dijo, -Si es usted tan amable hermano, cierre la puerta al salir me gustaría hablar en privado con el señor Rivera, espere fuera, no me llevará demasiado tiempo.
El hermano Julián, beso el anillo del arzobispo una vez mas, recreando así la ceremoniosa muestra de respeto y admiración que el protocolo exigía y se marcho de la “suit” cerrando la puerta suavemente tras de si, dejando a el señor Rivera con su traje azul, y su sonrisa desafiante, a solas con el arzobispo.
Una vez solos y mientras volvía a sentarse en su tapizado sillón, la expresión del Emérito cambió de pronto y poco a poco sus rasgos fueron adquiriendo dureza y tensión. Cuando se hubo acomodado nuevamente parecía ser una persona totalmente distinta a la que había ocupado aquel tapizado sillón hacía tan solo unos segundos.
Cuando el hermano Julián salio, de la “suit” su corazón latía a mil por hora, se apoyo en la pared al borde de la taquicardia y trato de recuperar la calma, las piernas le temblaban y sus manos sudaban. Su cerebro estaba a punto de explosionar. No podía parar de pensar en todo lo acontecido en aquellos dos últimos meses e inconscientemente, culpaba a su Dios de la prueba tan dura que ante el había puesto esta vez, de la intriga en la cual, se había visto inmerso. El peso de la plomiza losa que habían colocado sobre sus hombros comenzaba a materializarse haciéndose notar y reclamando la atención que creía justa.
Mientras el hermano Julián se recuperaba de aquel trance fuera de la humilde habitación del pequeño hotel, el Arzobispo Armand y el señor Rivera mantenían una conversación cuyo tono distaba mucho del anteriormente utilizado por el presidente de la curia.
-Tienes instrucciones específicas, las cuales debes de seguir al pie de la letra, sabes que no debes extralimitarte, dijo el arzobispo con voz firme y autoritaria.
-No es mi intención extralimitarme pero si la cosa se complica seré yo el que lo tenga que solucionar la situación y enfrentarme a Dios sabe que…el señor Rivera termino esta frase, remarcando con un tono burlón la palabra “dios”, lo cual saco al Arzobispo Armand de sus casillas.
-Muestras mas respeto. Dijo El emérito indignado haciendo un gesto con su mano que resulto casi amenazante.
El señor Rivera henchido de satisfacción ya que el fin de su último comentario era descuadrar al sabio y afable hombre que tenía frente a sí continuó con la estrategia de negociación que había elegido dándola por la idónea para aquella conversación. Su sarcástica sonrisa se dibujo mas perceptiblemente en sus labios dejando a la vista unos dientes amarillentos y con el ya utilizado tono burlón, contesto.
-Ya sabe que yo no soy Católico.
El Arzobispo Armand, haciendo verdaderos esfuerzos para recuperar su tranquilidad, y tras confirmar que a aquel hombre sus esfuerzos por mantener la cordura le había pasado completamente desapercibidos, recupero su cómoda postura en el sofá, y con el autoritario tono de voz anteriormente utilizado, dijo.
-Se muy bien como trataros a ti y a los que son como tú. No creas que ocupo el puesto que ocupo por nada. Así que guarda silencio y escúchame.
El Arzobispo Armand se inclino hacía el Sr. Rivera de manera tal que sus caras quedaron a poca distancia la una de la otra.
-Escúchame atentamente por que no te lo diré nada más que una sola vez. No. Te. Extralimites.
Y volvió a reclinarse sobre el humilde sillón tapizado para mirar a través de la venta con actitud ausente. Tras un segundo continuó.
-Si la situación se pone fea….E hizo una larga pausa.
Si el señor Rivera hubiera sido portador de la más mínima de las empatías hubiera reconocido el sentimiento de preocupación del Arzobispo Armand.
El arzobispo apesadumbrado prosiguió.
-Tú y los tuyos tendréis que manejar esta situación. Pero no te olvides que yo no soy partidario de que la iglesia requiriera vuestros servicios. Recuerda que la curia acepto por votación el solicitar vuestra ayuda con mi oposición. Votación que yo podría revocar a la más mínima y pequeña muestra de violencia gratuita. Nosotros somos hombres de fe, no asesinos. No estoy convencido de si el fuego se debe combatir con más fuego. El hecho de que hallamos requerido los servicios de gente de tú calaña no significa que no podamos cambiar de opinión terminando así con nuestro contrato.
El señor Rivera viendo su oportunidad ya que no pretendía que aquel Arzobispillo le intimidará. Se reclino hacía él hasta que sus miradas se cruzaron y su caras estaban a poca distancia, emulando lo que éste había hecho con anterioridad.
-Con todo mi respeto “señor Arzobispo”, no olvide que tan solo cumplo ordenes aunque tengamos posiciones encontradas, yo cobro por obedecer. Y lo único que me interesa de todo esto atiende a una cuestión económica.
Y se acomodo otra vez en el sofá.
-Si es cierto, Asintió el arzobispo, haciendo caso omiso a tan irreverente desafío.
-Pero no lo olvides y tomate esto no como una amenaza sino como una advertencia, el tema es demasiado importante como para que lo estropees. Esta vez no debemos inmiscuirnos, será lo que la voluntad de Dios quiera que sea, solo asegúrate de que ningún mal les acecha. Las cosas deben seguir su ritmo natural. -Y ahora márchate, el padre Julián te espera y no quiero que se ponga mas nervioso de lo que ya esta.
El Arzobispo concluyo sin amedrentarse frente a aquel hombre.
El señor Rivera abandono
El Arzobispo continuo mirando a través de la ventana del humilde hotel, pero esta vez sus meditaciones eran de otro calibre, el hombre de fe, presidente de la congregación para la doctrina de la fe, comúnmente mas conocida como
Sobre este blog
EL CHUCHO DE RESINA
EDUARDO RODRIGUEZ PEDROSACuantos retales de texto, cuentos, historias dramaticos, comicas, cuantas pequeñas cosas escritas se quedan en la carpeta de mi portatil, cosas nuevas, viejas, tan antiguas que ya no puedo ni recordar, tan modernas que ni las corrijo, esa es la tematica de este bloc. Me veía en la obligación de aclararlo por si ciertos juezes de ciertos concursos, o ciertas personas de ciertas editoriales a las cuales les debo exclusividad en trabajos puntuales, les da por ver mi última locura. todo el mundo tranquilo.
Por cierto todos mis trabajos estan registrados en el registro de la propiedad intelectual y poseen su estupendo copyrt.
Una vez me preguntaron que sentía cuando escribía, la pregunta fue osada, un docente intrépido pensé yo, la contestación fue más osada aún, no puedo explicarlo, dije, encogiendo mis hombros y poniendo cara de tonto.
¿Pues, como alguien que quiere ser escritor, reconoce no poder explicar algo?, me dijo el con gesto triunfante. No puedo explicarlo, dije yo, por que no habría en el mundo palabras cuyo significado explique lo que yo siento cuando escribo, pero que no pueda explicarlo a la perfección no significa que no pueda intentarlo o incluso mucho mejor que no pueda inventarlo, imaginarlo, transfórmalo, moldearlo para luego volver a cambiarlo. Le dije tan serio que yo mismo me asuste. Pues inténtelo, me insto él, aunque resulta pretencioso decir que no hay palabras suficientes en el mundo cuyo significado pueda explicar de manera veraz que siente al escribir. No señor, dijo yo asustado, lo pretencioso no es que yo asevere que no existan palabras, lo pretencioso es pensar que yo pueda explicar que siente usted al respirar, o que siente al parpadear, por que no siente nada, solamente lo hace. No puede dejar de hacerlo, no puede elegir cuando hacerlo, nadie puede hacerlo por usted, y a menudo lo hace tan rápido que no se da cuenta ni de que siente. –Así que, para ti, escribir es como respirar, dijo muy serio creyendo haberme entendido. No señor, dije yo entre enfadado y ofendido, no ha entendido nada
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
EDUARDO RODRIGUEZ PEDROSA dijo
para ccc. gracias,,,. jejejejej......por tus comentarios siempre son alentadores.
Camino dijo
Pues, la cosa ya se pone bien interesante y complicada. ¡¡No me digas que...!!!
¡¡Vaya, vaya con lo que puedo imaginar que, no sé, pero me da, que vas a ir desvelando en esta enorme novela!! De verdad que, espero, supongo que muchos de los que estamos por La Comunidad andarán leyéndola. Porque promete ser de lo más instructiva y reveladora. Como siempre, magnífico detallismo en todas las descripciones y acción.
Un abrazo!!
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