23 Jun 2008

Las 17 virtudes.

Escrito por: EDUARDO RODRIGUEZ PEDROSA el 23 Jun 2008 - URL Permanente

Las 17 virtudes.

Aquella mañana extremadamente luminosa, era la mañana prevista, era el día elegido para el nacimiento del nuevo bebe. Todas las virtudes tenían una cita ineludible, ellas lo sabían bien, debían estar presentes en el nacimiento y así otorgar sus bendiciones a la nueva vida.

Siempre, sin excepción y desde el principio de los tiempos, se había procedido así. Con cada nuevo nacimiento, todas las hermanas, todas las virtudes, se reunían y presenciaban el alumbramiento mientras deliberaban a propósito de cual de ellas debía influenciar al bebe en mayor medida. Y siempre, desde el principio de los tiempos el resultado de la deliberación había sido el mismo, pero casi todas las virtudes incluyendo a las más jóvenes, debido a su propia naturaleza, olvidaban rápidamente que aquello se había repetido en innumerables ocasiones y vivían el momento como si fuera la primera vez.

Dos de ellas, las hermanas más mayores, las que por su propia naturaleza recordaban, ponían orden aunque en el fondo les gustaba ver a sus hermanas más jóvenes entusiasmadas por el acontecimiento. En definitiva sabían, que no se podía luchar contra la naturaleza de cada una de ellas pues Cada una era como era y eso no cambiaría nunca, no cambiaria en toda la eternidad.

La primera en llegar al punto de reunión había sido la virtud, llamada Formalidad Debidamente vestida, como era costumbre en ella, con vaporosas gasas de un blanco impoluto, floto graciosamente y ocupo su lugar en el hemiciclo de deliberaciones. Su pelo, perfectamente recogido en un moño con unas orquillas a juego con el vestido, acentuaba mucho más su expresión de seriedad. Un tanto nerviosa ante la posibilidad de haber llegado excesivamente tarde, confirmó que aún no era la hora, que aún faltaban unos minutos y aliviada respiro aunque lo hizo de una manera discreta y educada.

Alegría llego después de Formalidad pues ambas eran gemelas, aunque eran profundamente diferentes. Alegría siempre sonreía abiertamente dejando ver una dentadura blanca y perfecta, su vaporoso vestido tenia mil colores, cada mañana ella, visitaba el arco iris y tomaba un baño con lo que conseguía teñir su vestido y su pelo del color que se le antojaba, esta vez, y para aquella especial ocasión, ya que alegría era joven, lo había teñido de colores fuertes y vivos, naranjas, amarillos, verdes. Alegría floto junto a su gemela canturreando desenfadadamente y le dedico una amplia sonrisa a Formalidad, que contesto educadamente con otra sonrisa para después, nerviosa, volver a consultar nuevamente la hora.

-Hola, Formalidad, dijo Alegría, y su voz sonó aguda y graciosa.

-Hola, Alegría, le contesto Formalidad, educadamente, haciendo un gesto con su cabeza el cual acostumbraba a hacer siempre para saludar.

-Veo que las demás aún no han llegado, dijo Alegría sonriendo, mientras se atusaba su desordenado y colorido pelo corto, hasta dejarlo más de punta que antes.

-Aún es pronto, aunque esperó que no lleguen tarde, eso sería terrible, dijo Formalidad e intranquila se estiró mucho más sobre su asiento para poder mirar el horizonte.

-Porque no te sientas y ocupas tu lugar, dijo Formalidad instando a su joven gemela a comportarse como ella creía que debía hacerlo.

-Alegría, la sonrió profundamente y contesto, -No puedo sentarme, me aburro, creo que permaneceré aquí en pie y así esperare al resto. Además sentada no se podrá apreciar mi jovial y colorido vestido.

Formalidad continuo mirando el horizonte y tras unos segundos dijo, con voz sería. -Mira, aquí vienen Paciencia y Curiosidad.

Curiosidad floto hasta donde sus hermanas estaban, y al ver a Alegría allí, en pié, abrió los ojos tanto que parecía que se fueran a salir de su hermosa cara. Estaba tremendamente sorprendida por el colorido del atuendo de Alegría y además la intrigaba muchísimo, como Alegría conseguía tan vistosos colores.

-Hola alegría dijo Curiosidad, que bonitos colores tienes en tu vestido y en tu pelo, ¿significan algo?, ¿Cómo lo haces?.

Alegría sonrió nuevamente y le dijo en un tono cantarín, encogiéndose de hombros, -no sé, yo creó que no significan nada los elijo por que son divertidos y bonitos.

Curiosidad miró el colorido vestido de alegría y dijo, ¿Qué crees que pasaría si colorearas mi vestido como el tuyo? Y se quedo mirando fijamente a alegría con aquella expresión mezcla de picardía y sorpresa que tanto le caracterizaban. A alegría le pareció una idea sumamente divertida. Y dijo.- Claro, Curiosidad, cuando quieras, te puedes venir a bañar conmigo en el arco iris. Lo pasaremos bien.

Formalidad observaba concentrada a las dos jóvenes virtudes y con una expresión de desaprobación pintada en la cara se dispuso a decir algo cuando Curiosidad la miro directamente, y dijo

-¿Por qué tienes esa cara Formalidad?. La gemela de Curiosidad que se llamaba, Paciencia, floto tras ella, y se sentó junto a Formalidad. Paciencia era más mayor que curiosidad y siempre andaba dubitativa, era la más comprensiva de todas las hermanas virtudes, por eso le caía bien a todas ellas. Su cara era comprensiva y piadosa.

Entonces Paciencia le dijo a Formalidad susurrándole al oído, -no te disgustes, Formalidad, ya sabes como son. Formalidad, asintió, y sin mediar palabra, miró hacia el cielo con gesto de resignación.

Curiosidad al no encontrar respuesta, miró a Alegría nuevamente y subiendo sus perfiladas cejas dijo ¿y que colores me pondrías?, ¿cual crees que me sentaría mejor Alegría?, ¿donde queda el arco iris?, ¿cuando crees que podríamos hacerlo?.

Curiosidad hablaba tan rápido que parecía no le permitía a Alegría que contestará. Curiosidad no era muy mayor, era una de las más jóvenes junto con Alegría, su piel era tersa y suave. Y sus expresivos ojos muy a menudo decían mucho más de lo que ella pretendía.

Antes de que alegría contestara, otra de las hermanas mas jóvenes floto junto a ellas de manera abrupta, y se unió a la conversación irremediablemente, haciendo un gran ruido con su llegada, y llamando la atención para sí.

-¿No interrumpo nada?, ¿verdad?, dijo Naturalidad colocándose el sencillo vestido que llevaba que estaba retorcido sobre su cuerpo y a medio poner. Con sus manos, desordenó su pelo más de lo que estaba hasta dar la completa impresión de que acababa de levantarse de un largo sueño. Cuanto tuvo la total certeza de que su aspecto era completamente desaliñado, miró a sus hermanas más mayores que ya estaban sentadas a un metro de distancia de las jóvenes Alegría y Curiosidad, y después mirando hacía atrás dijo, bien, he conseguido llegar antes que mi gemela.

Formalidad, volvió a adoptar una vez más su expresión de disgusto, y paciencia suspiro profundamente, poniéndole la mano sobre el regazo en señal de comprensión y apoyo.

A alegría el aspecto de Naturalidad le hizo mucha gracia y empezó a reír a carcajada limpia, con una risotada clara y estridente que resultaba altamente contagiosa. Curiosidad le miró, y con su típica expresión de sorpresa, preguntó -¿No te has peinado, naturalidad?.

Naturalidad miró a Curiosidad y dijo categóricamente, -No, mi pelo me gusta así, y tras decir esto siguió descolocando el sencillo vestido que llevaba, pero sin mucho éxito, pues no conseguía que el cinturón estuviera torcido ya que parecía resistirse a ello y luchaba por ponerse recto.

Alegría volvió a reír, mientras decía, -hay que ver como eres naturalidad, y Curiosidad, riendo también dijo,-¿entonces, donde esta Coherencia, por que te empeñas siempre en venir antes que ella?.

Coherencia flotando a un par de metros de ellas dijo, aquí, aquí estoy, haciendo un gesto con su mano. Cuando llego al grupo de jóvenes les regaño diciendo, -no pensaríais niñas que faltaría la cita, y sin dar tiempo a contestar a los jóvenes, se dijo a si misma, no claro que no lo pensabais. Aquel era un rasgo típico de coherencia, parecía no escuchar al resto, ella misma preguntaba y ella misma contestaba. Esto a curiosidad le intrigaba muchísimo. A menudo se preguntaba como lo hacía. Ella preguntaba constantemente, pero habitualmente nadie contestaba a todas sus preguntas, y jamás se respondía a si misma.

-Hola Coherencia dijo, Naturalidad. Coherencia miró a su gemela y la regaño también pero esta vez con un tono de voz más duro, -siempre te empeñas en llegar antes que yo, y sabes que me gusta que vengamos juntas, es lo lógico, corres tanto para separarte de mi que ni terminas de vestirte. Y eso no es lógico.

Naturalidad miró a Coherencia y en un segundo que esta no miraba, le dedico una extraña mueca, provocando la risa de la jovial Alegría una vez más.

-Eso es lo que quería decirte, dijo Naturalidad, haciéndose oír por encima de la carcajada de Alegría, -podrías ayudarme a colocarme el cinturón, se empeña en ponerse recto y a mi me gusta torcido. Coherencia asintió y tras colocarle el cinturón a naturalidad dijo, creo que debería sentarme con las mayores como yo. Es lo correcto. Si, sin duda es lo lógico, ocuparé mi sitio.

Su esbelta y bien dimensionada figura floto hasta llegar junto a Formalidad y Paciencia, que le saludaron correcta y respetuosamente.

-Esta joven naturalidad, me vuelve loca, dijo Coherencia mientras se sentaba. Formalidad la miró con expresión sería pero no dijo nada aunque en el fondo pensaba en que aquella manera de tratar a Naturalidad no era la correcta, era demasiado consentida. Paciencia en cambió si se pronunció diciéndole, no te disguste coherencia, ya sabes como es.

Naturalidad, miró su cinturón horrorizada se percato de que Coherencia le había puesto el cinturón recto, completamente recto y ajustado a su cintura, y entonces, retomo de nuevo sus intentos por aflojarlo y torcerlo para que cayera sobre su cadera.

-Chissss, guardar silenció, dijo Paciencia, ahí vienen Prudencia y Valentía, como siempre discutiendo.

Flotando una junto a la otra venían las gemelas Prudencia y Valentía, ninguna de las dos eran tan jóvenes como Alegría, Curiosidad y Naturalidad, pero tampoco eran tan mayores como Formalidad, Coherencia y Paciencia. Esto hacía que ninguna de ellas dos dieran su brazo a torcer, y siempre estaban enzarzadas en discusiones. Valentía era alta y delgada, siempre andaba estirada, y su mirada era profunda y directa, incluso un poco desafiante en ocasiones. Prudencia, que era igual de alta y delgada que valentía, no caminaba tan recta y siempre lo hacía más despacio. Cuando ambas discutían, Valentía siempre hablaba irreflexivamente y demasiado rápido, en cambió Prudencia siempre pensaba las cosas antes de decirlas y exponía sus opiniones de manera pausada, preocupándose de no decir algo que pudiera ofender a cualquiera que la pudiera estar oyendo.

Haciendo caso omiso de las mayores en edad que estaban sentadas ocupando su puesto y las jóvenes que seguían en pié, se sentaron en sus asientos y siguieron discutiendo apropósito de sobre quien llevaba razón.

-Valentía deberíamos guardar silencio, y seguir con nuestra charla, después. Ahora podríamos molestar al resto de nuestras hermanas. Dijo Prudencia dándose cuenta de que sin quererlo ambas se habían convertido en las protagonistas de aquel momento.

Valentía miró a Prudencia con aquellos ojos desafiantes y tras unos segundos miró al resto de sus hermanas que veían la escena atentamente. Se puso en pié de nuevo y dijo, esta bien Prudencia, esta vez cederé yo. Guardaremos silenció. Pero tengo razón y lo sabes.

Entonces Formalidad, cansada de la discusión sin sentido dijo, -hermanas, por favor. Ambas miraron a formalidad y callaron, durante un segundo. Paciencia suspiro, y Coherencia dijo, -claro, discuten tanto por que ninguna de ellas es más mayor que la otra, es normal que al ser las dos tan jóvenes, y dejo la frase en el aire como si el resto de sus hermanas ya conocieran y compartieran su razonamiento. Si, es lógico, sentencio Paciencia y nuevamente suspiro, dando por terminada la frase de su hermana Coherencia.

Las jóvenes Alegría, Naturalidad y Curiosidad ajenas a la discusión que mantenían Valentía y Prudencia, saludaron con la mano a las nuevas gemelas que llegaban jugueteando la una con la otra.

Ingenuidad y Sinceridad, eran dos de las más jóvenes, eran casi unas niñas, ambas eran iguales, su cara, sus ojos, su pelo, su silueta y figura, ellas si que eran gemelas en el más estricto sentido de la palabra, no como el resto, que incluso tenían edades diferentes y a pesar de eso, también eran gemelas.

Lo único que diferenciaba a Sinceridad y a Ingenuidad era que la primera no podía callar, siempre decía lo que pensaba, esto incomodaba a alguna de las mayores, pero a ella le daba igual, se veía en la obligación de proceder de aquel modo. Por eso a pesar de su juventud no la gustaba mucho que ninguna de sus hermanas le preguntara cosas al respecto de opiniones personales.

La pobre ingenuidad, siempre se creía todo lo que le contaban, por absurdo que fuera, así que a menudo, se mantenía callada, escuchando a Sinceridad, muchas veces, las cosas que decía Sinceridad la resultaban tristes y decepcionantes pero tras unos minutos olvidaba lo que había escuchado, y volvía a ser la misma ingenuidad de siempre.

Junto a Ingenuidad y Sinceridad llegaron Inteligencia y Humildad, Inteligencia tenia unos grandes lentes de aumento, ya que de lejos no veía demasiado bien pero sus largos y profundos discursos siempre dejaba pasmada a su gemela Humildad, y a cualquiera que la escuchará.

Humildad a menudo pensaba en lo difícil que resultaba ser como Inteligencia, y en como ella misma no conseguiría hacerlo mejor, pensamiento que Humildad aplicaba a cualquier cosa que cualquiera de sus hermanas hacía o decía.

A su vez Inteligencia sabía que Humildad la admiraba profundamente. Aunque inteligencia era plenamente consciente que constantemente su hermana Humildad, le ensañaba sin querer, cosas que ella a pesar de ser tan inteligente ignoraba, y de las cuales daba buena cuenta, siempre que podía en el cuaderno de anotaciones que la acompañaba donde quiera que esta fuera.

Las más jóvenes, tomaron asiento, para satisfacción de las más mayores. Pero aún faltaban algunas de ellas. Los asientos de Perseverancia e Imaginación estaban vacíos, cuando todas excepto Naturalidad, guardaron silenció, ya que Formalidad insistió en ello. Al fondo se pudo oír:

-Lo ves, te lo dije, te lo he repetido miles de veces, era la voz de Perseverancia que reñía a Imaginación. Siempre llegamos tarde.

Perseverancia hizo un gesto de disculpa, era la más gruesa de todas las hermanas virtudes, y fuerte, sin duda era fuerte físicamente, aunque en ocasiones resultaba un poco tediosa pues le gustaba insistir una y otra vez en las mismas cosas, y ponía nerviosa a más de una de sus hermanas, además era casi imposible discutir con ella, pues siempre repetía los mismos argumentos, los repetía y repetía hasta la saciedad.

Perseverancia dijo, sentimos llegar tarde, pero Imaginación se ha distraído como siempre, y a pesar de mi fuerza me ha costado mucho traerla hasta aquí. Imaginación ajena a que su gemela estaba pidiendo disculpas en nombre de las dos seguía distraída e imbuida en sus pensamientos, con el más mínimo y pequeño detalle que Imaginación observaba, su mente volaba, lo que hacía extremadamente difícil que cualquiera de sus hermanas, jóvenes o mayores, entablarán una conversación con ella, tan solo su Gemela Perseverancia era capaz de controlar a la joven imaginación.

Paciencia suspiro y dijo, -no te preocupes, Perseverancia, ya sabes como son.

Las gemelas Perseverancia e Imaginación se sentaron. No antes de que la primera le insistiera en ello a la segunda muchas veces. Y entonces Formalidad dijo, la reunión empezará en cuanto Sabiduría y Experiencia lleguen.

-¿Y cual es la razón para que aún no hallan llegado,? Pregunto Curiosidad.

–Yo te contestaré dijo, Coherencia, -Ellas son las mas mayores de todas y no pueden flotar hasta aquí tan rápido como tu o yo Curiosidad, como es lógico por otro lado, y terminó la frase más para ella misma que para la preguntona de Curiosidad.

Tras unos segundos, Sabiduría y Experiencia llegaron. Como había dicho Coherencia, la cual estaba acostumbrada a tener razón siempre. Ellas eran las gemelas más mayores, sus caras estaban arrugadas debido al paso de los años y andaban un poco encorvadas.

El resto de las virtudes las tenían gran respeto, cuando alguna de ellas hablaba, el resto guardaba absoluto silencio escuchando atentamente, excepto naturalidad que siempre decía y hacia lo primero que se le pasaba por la mente sin importarle más nada y la pobre imaginación que de seguro estaba distraída.

-Bien dijo sabiduría, ahora que estamos todas.

Paciencia y Curiosidad, Ingenuidad y Sinceridad, Coherencia y Naturalidad, Perseverancia e Imaginación, Inteligencia y Humildad, Prudencia y Valentía, Formalidad y Alegría, Experiencia y yo misma Sabiduría, la reunión ha de empezar. Y permaneció callada en espera de que sus hermanas hablarán.

Naturalidad fue la primera en hacerlo, cosa que resulto lógica para Coherencia.

-Creo que debo ser yo quien influya más al joven bebe, mi influencia hace que los sentimientos fluyan, que las buenas intenciones sean reconocibles por todos y para todos, y creo que esto es bueno para la futura vida del bebe, creo que le llenaría de felicidad.

Entonces Coherencia que era la gemela de Naturalidad dijo, -si es cierto joven hermana, es cierto que tu influencia hace que los sentimientos fluyan, pero lógicamente, no podemos dejar que seas tu quien influya en mayor medida al bebe, si los sentimientos fluyen sin ningún tipo de control pueden ocasionar situaciones complicadas en la futura vida del bebe, por eso propongo que mi influencia ponga tope a la de Naturalidad.

Naturalidad, miró a Coherencia y le volvió a dedicar una fea mueca que escandalizo a Formalidad, e hizo reír a Alegría, tras esta mueca se sentó, pues para hablar se había puesto en pie.

Entonces fue Curiosidad quien hablo. Se puso en pie, y dijo:

-¿Y que serán de las metas?, ¿Qué pasará con las inquietudes?, ¿Qué ocurrirá con el bebe, se estancará, no querrá aprender, no querrá evolucionar, no habrá motivaciones?, ¿Qué será de su vida sin emoción?, pienso que todas estas preguntas tendrían respuesta si fuera yo la que influyera al joven bebe en mayor medida, ¿No lo creéis así?.

-Si, Curiosidad dijo paciencia, suspirando profundamente, -pero tienes que reconocer, que tu influencia sin la mía, seria un sin vivir para él. Muchos son los interrogantes que la nueva vida tendrá que desvelar, pero no de golpe, no de manera inmediata, muchos de ellos los desvelará con el paso de los años, sin mi influencia, la tuya le haría ser infeliz y vivir frustrado. Me temo Curiosidad que ni tú ni yo seremos las que influenciemos en mayor medida a la nueva vida. Supongo que será cuestión de esperar. Y una vez dicho esto se sentó.

A Curiosidad se le plantearon muchas y nuevas preguntas por las palabras de Paciencia, abrumada y pensando en todas ellas, se sentó para ordenarlas con la intención de plantearlas en un futuro muy inmediato.

Entonces fue Alegría quien hablo,

-Que os parece que sea yo, dijo de manera desenfadada, quizás si soy yo la que influencia en mayor medida a la nueva vida, la persona sea feliz así podríamos evitar todas esas palabras tan poco divertidas que habéis mencionado hace tan solo un momento, como frustración, e infelicidad. Y tras decir esto, un estruendoso estornudo la volvió a sentar de nuevo sobre su asiento, ya que y al parecer aquellas palabras tristes la daban alergia. Riendo por lo divertido que eran estos pensamientos no escucho la contestación de Formalidad, su gemela, que no se hizo esperar.

-Alegría, no creo que tú seas la más indicada para influenciarle en mayor medida, si eres tú la elegida, donde irán a parar la educación, las buenas maneras y el saber estar. -Alegría, ¿me escuchas?, ¿Alegría?, pero Alegría no la escuchaba solo reía. Y Formalidad con gesto de desaprobación dijo, veis, algo hay que hacer, yo compensaré la influencia de Alegría. Por lo tanto, ni Alegría ni yo debemos influenciar en mayor medida a la nueva vida.

Orgullosa por su discurso, que había sido del todo correcto Formalidad se sentó de nuevo.

Entonces fue sinceridad quien hablo, -pues si Formalidad compensa a Alegría la nueva vida del bebe será un aburrimiento, debemos encontrar una solución, y francamente, pienso que ni yo misma, ni Ingenuidad debemos influenciar en mayor medida al bebe, aún somos jóvenes y tenemos mucho que aprender, por eso nos compensaremos la una a la otra, dijo Sinceridad mirando a Ingenuidad, la cual asintió sin rechistar, sabiendo que Sinceridad siempre decía la verdad y que a pesar de lo crédula que ella era, su gemela jamás la mentiría.

Y que hay de imaginación dijo Valentía, entonces fue cuando Prudencia hablo, ¿Imaginación?, creó que no estoy conforme con eso. ¿No estas conforme? dijo Valentía, no estas conforme por que eso significaría darme la razón. Y tú nunca me darás la razón.

Imaginación que había oído su nombre, durante un segundo quiso decir algo, pero fue solo durante un segundo, porque luego se distrajo nuevamente con los vivos colores del pelo de Alegría.

Perseverancia dijo -esta muchacha es imposible, me gustaría insistir en compensar su influencia.

Valentía escucho el comentario de Perseverancia y haciendo caso omiso, le dijo a Prudencia pero no te das cuentas que ni siquiera la has dejado decir nada. Entonces Prudencia recapacito sobre el tema y dijo -Bueno oigamos lo que Imaginación tiene que decir.

-Imaginación, la llamo Prudencia, y al oír su nombre durante un segundo tuvo algo que decir, pero solo durante un segundo, por que luego se distrajo con la gallardía de Valentía.

Entonces, Perseverancia dijo esta muchacha es imposible, me gustaría insistir en compensar su influencia.

-Lo ves, dijo Prudencia,

-¿El que veo?, dijo Valentía en tono desafiante.

Y entonces sinceridad dijo. -Francamente, no creo que ninguna de vosotras dos sea apropiada para influenciar la nueva vida en mayor medida, ni siquiera sois capaces de poneros de acuerdo entre vosotras mismas.

Entonces Perseverancia dijo, si pero yo compensaré la influencia de imaginación.

-Ya te hemos oído, Perseverancia dijo Inteligencia, así que ni tu ni Imaginación seréis las que influenciéis en mayor medida al bebe. Y evidentemente, estoy en total acuerdo con Sinceridad, en que no serán ni Valentía ni Prudencia, y se me ocurren muchas razones de peso que no expondré para no alargarnos ya que el bebe no tardará mucho en nacer. Y dicho esto, creo que si he aprendido algo de mi gemela Humildad, y me consta que así es, es que nosotras tampoco debemos ser quien influya en mayor medida la nueva vida del bebe, pues a menudo ella me aporta a mi cosas que yo no sé, a pesar de ser tan lista como soy, y creo que ambas, unidas debemos seguir, ambas compensaremos nuestra influencia, es lo más práctico. Y tras decir esto Inteligencia miró a Humildad que sonrojada guardo silencio pensando en si realmente su gemela Inteligencia, no estaría equivocada, si realmente ella era capaz de enseñar algo a alguien.

Pero y entonces, niñas, dijo Sabiduría, todas y cada una de vosotras os habéis descartado. Sabía que esto ocurriría, y sonrió para sus adentros, si es verdad dijo Experiencia. Siempre pasa lo mismo. Pues tú y yo somos demasiado viejas para influenciar en mayor medida a un bebe. Quizás lo hagamos cuando sea mayor pero por el momento no deberíamos hacerlo.

-¿y entonces que haremos?, pregunto curiosidad.

Os diré lo que haremos, dijo una voz, una voz preciosa y calida, una voz que lo era todo, que llenaba todo de gozo y emoción.

Madre, dijeron todas, contentas y excitadas.

Silenció dijo la madre de las virtudes, el bebe va a nacer, observar, y todas las virtudes se quedaron pasmadas y maravilladas por el nuevo nacimiento. Y mientras miraban la nueva vida que había nacido reconocieron en aquel bebe algo nuevo, algo que no habían visto nunca, pero seguro formaba parte de ellas mismas.

-Niñas, mis niñas, os diré algo, dijo el amor, que era la madre de todas y cada una de las virtudes, y espero que no lo olvidéis, continuó diciendo riendo para si misma, pues sabía que así lo harían, por lo menos las más jóvenes.

-La que influenciará en mayor medida al bebe será vuestra nueva hermana Pureza. ¿La veis?.

Pureza que era tan pequeña como el bebe que había nacido, habitaba en los ojos del bebe que despiertos miraban de un lado a otro. Y la luz que emitía aquella pequeña virtud llamada Pureza deslumbro a sus hermanas, pues era una luz blanquecina, calida y preciosa como la voz de la propia madre. Una luz maravillosa y transparente, una luz que lo era todo, que llenaba todo de gozo y emoción.

- Ella es la única de las virtudes que no tiene gemela, así que su influencia es la única que no puede ser compensada. Es la menor de todas vosotras, la más joven, la más efímera.

-Pero Madre entonces, ¿que haremos el resto?, preguntaron todas al unísono aún maravilladas por la luz de Pureza.

-Veréis mis niñas, todas y cada una de vosotras ya formáis parte de la nueva vida, todas y cada una de vosotras junto con vuestra respectiva gemela habéis puesto vuestra semilla junto al nuevo y pequeño corazón que latirá con fuerza. Todas y cada una de vosotras os compensáis las unas a las otras y sois virtudes por que la otra existe.

-Paciencia y Curiosidad… Que sería la una sin la otra, quien aguantaría tus preguntas constantes, tu fuerza y tu vigor, Curiosidad, quien sino Paciencia, y tu Paciencia, tan comprensiva y conformista, que quieta y parada sin Curiosidad.

-Ingenuidad y Sinceridad…Ambas necesarias, fuertes y complementarias, dura y evidente sinceridad que despiadada serías sin la influencia de tu hermana Ingenuidad y tú Ingenuidad que desamparada, y crédula, sin Sinceridad.

-Coherencia y Naturalidad, mi traviesa Naturalidad, sin coherencia serías un desastre, inoportuna y un tanto mal educada y Coherencia sin naturalidad serías aburrida, tediosa, y obvia.

-Perseverancia e Imaginación, mi adorable imaginación que vuela y vuela y a la que nadie cuida y atiende, por falta de paciencia, nadie, excepto Perseverancia. Y tu perseverancia dime una de tus hermanas, solo una para la que sea estrictamente necesario que repitas todo una y otra vez, hasta la saciedad, hasta resultar tediosa, si, tu misma te das cuenta de lo que quiero decir esa es Imaginación.

23 Ene 2008

Las Grillas de Cardano. Capítulo IV. "Posiciones encontradas".

Escrito por: EDUARDO RODRIGUEZ PEDROSA el 23 Ene 2008 - URL Permanente

Capitulo IV

Posiciones encontradas.

Roma

La congregación para la doctrina de la fe, originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fue fundada por Pablo III en el año 1542, para defender la iglesia de las herejías, era la mas antigua de la nueve congregaciones de la curia. Aunque sus actuales competencias, así como los métodos utilizados para afrontarlas con éxito diferían mucho de lo que en el pasado fueran.

La congregación estaba formaba por 23 miembros, cardenales, arzobispos y obispos. Y se reunían oficialmente cada cinco años, para intercambiar información y preocupaciones recíprocas. Extraoficialmente, las reuniones no se separaban tanto en el tiempo como todo el mundo pensaba, ni duraban tan solo un día, la verdad es que esta última había durado ya casi dos meses.

El Emérito de Illinois (EE UU), Armand William actual presidente de la congregación, se encontraba en la pequeña habitación del modesto hotel de Roma. Estaba cómodamente sentado en un tapizado y humilde sofá desde el que a través de la ventana observaba la luminosa mañana. Imbuido en sus pensamientos a propósito de los últimos acontecimientos que le preocupaban en demasía, observaba la pequeña y encantadora calle italiana mirando el trasiego de la gente que seguían adelante con sus atareadas vidas, ajenos a lo que él sabía, ajenos a la ancestral batalla que en silencio se libraba casi diariamente.

Era un hombre de 70 años de edad, ducho en teología dada su formación, Un hombre con una brillante carrera eclesiástica y una inquebrantable fe en Dios. Tenía una gran y ancha frente la cual terminaba con unas cejas no muy pobladas. Llevaba unas grandes gafas de aumento con unos gruesos cristales que le daban un aspecto entre intelectual y serio y hacían que sus ojos se vieran más grandes de lo que en realidad eran. Armand William, había nacido en California, desde jovencito había tenido claro que es lo que quería para sí, desde que tuvo uso de conciencia sabía que su vida le pertenecía a Dios. Tras estudiar en el seminario de los Ángeles se trasladó a Roma. Allí empezó su fulgurante carrera eclesiástica.

Con el nombramiento del nuevo Papa Jorge XVI, él había sido el hombre elegido para ocupar el puesto que este había desempeñado hasta el momento. Ahora él era el presidente de la congregación para la doctrina de la fe, o más comúnmente conocida para los no duchos en el orden y estructura eclesiástica como La Santa Inquisición, motivo por el que se había celebrado aquella última reunión, ya que Armand William había tenido que tomar las riendas de la congregación de manera precipitada.

Se había visto obligado a reunirse con todos y cada unos de los miembros de la Curia, de manera independiente, para que le pusieran al corriente de la situación actual de todos y cada uno de los temas que eran de su estricta competencia lo que le había llevado mas tiempo del imaginado dado el carácter especial de las líneas de investigación que la Congregación para la doctrina de la Fè, manejaba de manera secreta en la actualidad.

Dos golpes sordos sonaron en la puerta de la humilde habitación que ocupaba sacándole de su ensimismamiento de manera estrepitosa. El pequeño hotel donde habían celebrado aquella dilatada reunión era extremadamente acogedor. No era muy lujoso, pero ofrecía la intimidad que los miembros de la curia necesitaban para la celebración de las reuniones extra oficiales. La habitación que él había ocupado durante aquellos dos meses no era ni mucho menos una de las habitaciones más caras, no era ostentosa, si no más bien lo contrarío, de carácter sencillo y funcional aunque guardaba la sutil armonía necesaria para tan ilustre Arzobispo. Él no era un hombre al que le gustara el lujo además el aspecto hogareño que el humilde hotel le transmitía lo calmaba y hacia mas amena las largas ausencias de la que fuera en la actualidad su vivienda habitual.

-Adelante, Dijo él, con una profunda voz. –La puerta esta abierta, señores, les estaba esperando.

La puerta se abrió lentamente y tras de si, aguardaban dos hombres de mediana altura y edad, uno de ellos estaba vestido con el hábito típico de un monje franciscano, andaba algo encorvado y demasiado despacio, parecía estar poseído por una sensación entre la inseguridad y la mas firme de las reverencias a la vez. En el fondo parecía estar dudando al respecto de su finalidad en la estancia personal del Arzobispo. Con expresión humilde y arrugada, sus ojos miraban de un lado a otro sin cesar.

El otro hombre iba vestido con un traje de cacheta y corbata gris oscuro que parecía viejo y raído, con los botones de la chaqueta desabrochados de manera desaliñada, dejaba a la vista una camisa arrugada de un color amarillo pálida, casi mostaza que evidentemente, remarcaba una barriga voluminosa, del grueso cuello de la desafortunada camisa del hombre colgaba una corbata azul claro que para nada pegaba con el conjunto dándole un aspecto algo cómico o televisivo.

-Emérito, dijo el hombre del hábito arrodillándose respetuosamente para besar el gran anillo que portaba en su mano, el Arzobispo permaneció sentado en su sillón mientras este hacía la pertinente reverencia, pues para él este tipo de muestras de respeto y admiración eran su protocolario pan de cada día.

El hombre del traje se sentó en la silla que estaba frente a él sin pensárselo demasiado y de manera grosera y desenfadada, no mostrando ni por asomo, ni la mitad del respeto del que el monje franciscano había hecho gala.

-Buenos días señores, hace una mañana estupenda, ¿no es verdad?, Dijo el Arzobispo Armand, dirigiéndose a ambos pero mirando fijamente al hombre del traje gris ¿quieren te?, ¿quizás un café?

El hombre del traje se atuso la corbata y con tono cortante, dijo.

-No gracias. Ya salíamos con destino a Madrid cuando nos informaron que usted quería vernos.

El franciscano se reincorporo trabajosamente, quedado allí en pie, mientras su compañero hablaba.

-No es usual que usted “El señor Arzobispo” nos atienda en privado, de manera personal y encima en su Suit, y termino la frase con un tono de burla del todo improcedente mientras en su cara se dibujaba de nuevo aquella sonrisa desafiante tan típica y peculiar en él para quien le conociera.

-¿Que se le acontece? Arzobispo Armand. Prosiguió imitando sin levantarse la reverencia que el franciscano había hecho segundos antes.

El Arzobispo Armand, sin hacer caso omiso a aquel tono irónico y pasando por alto el gesto de burla, dijo con una clara expresión de preocupación pintada en la cara.

-Tan solo quería despedirlos, pero antes, quería charlar con ustedes sobre un par de temas de relevante importancia. Respiro profundamente, y prosiguió.

-Se que ambos son plenamente conscientes de la importancia del tema que ustedes tienen entre manos. Me ha parecido muy acertada la explicación que han dado de tan escabroso tema al resto de la curia en todos estos días de reunión y deliberación, es por eso que quería felicitarles personalmente.

El viejo franciscano asentía con la cabeza, casi sin darse cuenta, mientras que el otro hombre escuchaba con cara de satisfacción.

-Son muchos los frentes de batalla que actualmente tenemos abiertos, y el suyo es uno más, pero me preocupa de manera particular. También se que no debe de ser fácil estar en su papel, puede que la postura que finalmente les ha tocado desempeñar se les haga un poco “cuesta arriba” y perdonen que les hable con tan coloquial tono pero deben recordar que el bien común siempre esta por encima del bien de una sola persona.

Hizo una leve pausa en la que suspiro profundamente, lo que dio turno de replica al hermano Julián que tímidamente y tras haber dudado en hacerlo, finalmente se decidió a decir.

-Si, Arzobispo Armand. Lo sabemos pero en ocasiones, nos resulta difícil considerar a la gente que conocemos y tratamos diariamente como simples peones.

Tras decir esto, y reprocharse a si mismo por haber utilizado las palabras “simples peones”, miro al hombre del traje gris en busca de una complicidad que no encontró pues este seguía con su sonrisa desafiante pintada en la cara.

-Si hermano Julián, en ocasiones es difícil tomar este tipo de decisiones. Dijo el Arzobispo Armand pasando por alto aquella expresión que en realidad no había sido de su agrado.

El hermano Julián asintió con la cabeza, sorprendido y ruborizado por que el arzobispo conociera su nombre.

-No les he pedido que se impliquen, sino todo lo contrario, que velen por ellos, la curia así lo ha decido, en esta ocasión la iglesia católica no se inmiscuirá. Hemos decidido afrontar el destino que Dios quiera darle a todo este asunto. Pero como hombre de fe que soy e incluso a titulo personal, me veo en la obligación de rogarles a ustedes que le protejan. Que les protejan a todos ellos. Se corrigió a si mismo. Tenemos razones para pensar que los monjes hospitalarios que el señor Rivera tan profesionalmente vigila, tienen mucho que ver en todo esto. Y tengan en cuenta que si nosotros lo pensamos, el otro bando también lo puede pensar, y créanme hermano Julián ellos no son tan moralmente correctos como nosotros.

El Arzobispo miro a los dos hombres, y una sensación de pesadumbre le embargo, tras unos segundos, volvió a mirar por la ventana, y sintió la obligación de dar explicación a que lo que su mente rumiaba.

-Durante siglos, esta congregación ha tenido que soportar y asumir los grandes errores del pasado, de aquellos nefastos y funestos errores, deriva una responsabilidad, responsabilidad y pena que aún seguimos arrastrando y por los cuales pediremos perdón todos los cristianos cada día de nuestras vidas. Aunque nuestra labor en la actualidad es de carácter secreto, y así debe seguir siendo, por cuestiones meramente estratégicas, las principales y verdaderas razones para la creación de la antigua inquisición siguen estando ahí. Evidentemente nuestros métodos han cambiado. Y nuestros fines también. Distraemos la atención con banales temas sociales, de los que ustedes seguro habrán oído hablar, pero nuestra función sigue siendo la misma. La lucha contra el mal. Ese manuscrito sigue estando en nuestra lista de libros prohibidos y existe un motivo para ello. Un motivo de peso.

El hermano Julián parecía abrumado, por todo aquello. Tenía una expresión parecida a la de un niño contrariado frente a un problema matemático que no puede resolver con una sencilla suma o resta.

Esto último no pasó desapercibido para el Emérito el cual mirando fijamente al monje franciscano y dirigiéndose exclusivamente a él dijo.

-No se preocupe, hermano Julián, se que tanta información es difícil de digerir. Ahora bien, prosiguió, mirando de nuevo a los dos hombres.

-Debemos mantener los ojos abiertos, y es ahí justo donde usted entra a desempeñar su papel.

El hermano Julián, le miro directamente a los ojos por primera vez desde que hubiera llegado a Roma hacía dos meses ya.

El Arzobispo tenía una expresión de tristeza, de angustia, parecía soportar un peso desorbitado sobre sus ya no tan jóvenes hombros, por unas décimas de segundo, el peculiar brillo de sus ojos se escapo de sus pupilar atravesando los gruesos cristales de sus grandes gafas y materializando el obviado miedo que este sentía. Pero pronto su expresión cambió, y nuevamente, sentado en aquel humilde sillón tapizado, parecía ser el hombre mas sabio que el padre Julián hubiera conocido jamás, ahora sus ojos transmitían seguridad y confianza. Lo que al monje, se le antojo bastante reparador.

-Espero que dios les proteja a ustedes y a ellos, espero que dios nos proteja a todos, por que si nuestras investigaciones están en lo cierto, y es voluntad de dios que el manuscrito se traduzca, conoceremos la cara del verdadero mal. En repetidos momentos en la historia hemos abogado por la traducción del antiguo libro, si, pero bajo control, los secretos que el libro esconden no pueden caer en malas manos. Hemos sitiado el libro, borrado rastros, escondido flecos, pero el fleco que ustedes vigilan no podía ser borrado. Por tanto…

El Arzobispo freno su lengua como si hubiera dado más información de la que pretendía.

-Eso es todo lo que debe de saber por el momento Hermano Julián, Prosiguió de nuevo, remarcando con su tono de voz el nombre el viejo monje franciscano ya que se había percatado que este último detalle había impresionado al viejo monje franciscano.

-Poner en su conocimiento mas datos solo le serviría para darle un profundo dolor de cabeza idéntico al que yo en estos momentos tengo.

Una afable sonrisa se dibujo en su cara. - Observe, informe y deje que nosotros nos encarguemos del resto. -Si algo extraño pasará, informe de inmediato al señor Rivera. Déjele actuar a él, me temo mucho que él sabe muy bien lo que se hace. Para bien o para mal. El arzobispo dijo esta última frase como si de una reflexión intima se tratará.

El hermano Julian quedo sorprendido con las declaraciones de su respetado arzobispo, trato de que no se le notara, intento que su expresión no le delatará, disimuló como mejor sabía, su sorpresa y desazón sin mucho éxito dada la expresión del Arzobispo Armand, al proseguir. -Y ahora no olvide que usted es el guía espiritual del hospital, por lo tanto también ha pasado usted a ser el guía espiritual del chico pues me temo mucho que el agraciado joven es la llave para encauzar tan intrincado entuerto.

El hermano Julián asintió con la cabeza, entre avergonzado y un tanto molesto con el mismo.

El Arzobispo se reincorporo pesadamente, para despedirle haciendo que su atuendo susurrara silenciosamente, y con un gesto de su mano en dirección a la puerta dijo, -Si es usted tan amable hermano, cierre la puerta al salir me gustaría hablar en privado con el señor Rivera, espere fuera, no me llevará demasiado tiempo.

El hermano Julián, beso el anillo del arzobispo una vez mas, recreando así la ceremoniosa muestra de respeto y admiración que el protocolo exigía y se marcho de la “suit” cerrando la puerta suavemente tras de si, dejando a el señor Rivera con su traje azul, y su sonrisa desafiante, a solas con el arzobispo.

Una vez solos y mientras volvía a sentarse en su tapizado sillón, la expresión del Emérito cambió de pronto y poco a poco sus rasgos fueron adquiriendo dureza y tensión. Cuando se hubo acomodado nuevamente parecía ser una persona totalmente distinta a la que había ocupado aquel tapizado sillón hacía tan solo unos segundos.

Cuando el hermano Julián salio, de la “suit” su corazón latía a mil por hora, se apoyo en la pared al borde de la taquicardia y trato de recuperar la calma, las piernas le temblaban y sus manos sudaban. Su cerebro estaba a punto de explosionar. No podía parar de pensar en todo lo acontecido en aquellos dos últimos meses e inconscientemente, culpaba a su Dios de la prueba tan dura que ante el había puesto esta vez, de la intriga en la cual, se había visto inmerso. El peso de la plomiza losa que habían colocado sobre sus hombros comenzaba a materializarse haciéndose notar y reclamando la atención que creía justa.

Mientras el hermano Julián se recuperaba de aquel trance fuera de la humilde habitación del pequeño hotel, el Arzobispo Armand y el señor Rivera mantenían una conversación cuyo tono distaba mucho del anteriormente utilizado por el presidente de la curia.

-Tienes instrucciones específicas, las cuales debes de seguir al pie de la letra, sabes que no debes extralimitarte, dijo el arzobispo con voz firme y autoritaria.

-No es mi intención extralimitarme pero si la cosa se complica seré yo el que lo tenga que solucionar la situación y enfrentarme a Dios sabe que…el señor Rivera termino esta frase, remarcando con un tono burlón la palabra “dios”, lo cual saco al Arzobispo Armand de sus casillas.

-Muestras mas respeto. Dijo El emérito indignado haciendo un gesto con su mano que resulto casi amenazante.

El señor Rivera henchido de satisfacción ya que el fin de su último comentario era descuadrar al sabio y afable hombre que tenía frente a sí continuó con la estrategia de negociación que había elegido dándola por la idónea para aquella conversación. Su sarcástica sonrisa se dibujo mas perceptiblemente en sus labios dejando a la vista unos dientes amarillentos y con el ya utilizado tono burlón, contesto.

-Ya sabe que yo no soy Católico.

El Arzobispo Armand, haciendo verdaderos esfuerzos para recuperar su tranquilidad, y tras confirmar que a aquel hombre sus esfuerzos por mantener la cordura le había pasado completamente desapercibidos, recupero su cómoda postura en el sofá, y con el autoritario tono de voz anteriormente utilizado, dijo.

-Se muy bien como trataros a ti y a los que son como tú. No creas que ocupo el puesto que ocupo por nada. Así que guarda silencio y escúchame.

El Arzobispo Armand se inclino hacía el Sr. Rivera de manera tal que sus caras quedaron a poca distancia la una de la otra.

-Escúchame atentamente por que no te lo diré nada más que una sola vez. No. Te. Extralimites.

Y volvió a reclinarse sobre el humilde sillón tapizado para mirar a través de la venta con actitud ausente. Tras un segundo continuó.

-Si la situación se pone fea….E hizo una larga pausa.

Si el señor Rivera hubiera sido portador de la más mínima de las empatías hubiera reconocido el sentimiento de preocupación del Arzobispo Armand.

El arzobispo apesadumbrado prosiguió.

-Tú y los tuyos tendréis que manejar esta situación. Pero no te olvides que yo no soy partidario de que la iglesia requiriera vuestros servicios. Recuerda que la curia acepto por votación el solicitar vuestra ayuda con mi oposición. Votación que yo podría revocar a la más mínima y pequeña muestra de violencia gratuita. Nosotros somos hombres de fe, no asesinos. No estoy convencido de si el fuego se debe combatir con más fuego. El hecho de que hallamos requerido los servicios de gente de tú calaña no significa que no podamos cambiar de opinión terminando así con nuestro contrato.

El señor Rivera viendo su oportunidad ya que no pretendía que aquel Arzobispillo le intimidará. Se reclino hacía él hasta que sus miradas se cruzaron y su caras estaban a poca distancia, emulando lo que éste había hecho con anterioridad.

-Con todo mi respeto “señor Arzobispo”, no olvide que tan solo cumplo ordenes aunque tengamos posiciones encontradas, yo cobro por obedecer. Y lo único que me interesa de todo esto atiende a una cuestión económica.

Y se acomodo otra vez en el sofá.

-Si es cierto, Asintió el arzobispo, haciendo caso omiso a tan irreverente desafío.

-Pero no lo olvides y tomate esto no como una amenaza sino como una advertencia, el tema es demasiado importante como para que lo estropees. Esta vez no debemos inmiscuirnos, será lo que la voluntad de Dios quiera que sea, solo asegúrate de que ningún mal les acecha. Las cosas deben seguir su ritmo natural. -Y ahora márchate, el padre Julián te espera y no quiero que se ponga mas nervioso de lo que ya esta.

El Arzobispo concluyo sin amedrentarse frente a aquel hombre.

El señor Rivera abandono la Suit dando un estruendoso portazo.

El Arzobispo continuo mirando a través de la ventana del humilde hotel, pero esta vez sus meditaciones eran de otro calibre, el hombre de fe, presidente de la congregación para la doctrina de la fe, comúnmente mas conocida como la Santa Inquisición, esta vez meditaba apropósito de la posibilidad de caer en los tremendos errores del pasado, por segunda vez, meditaba apropósito de las implicaciones futuras que podría tener el haber contratado asesinos para enfrentarse al mal que les acechaba.

21 Ene 2008

Las Grillas de Cardano. Capítulo III. "Hospitalarios".

Escrito por: EDUARDO RODRIGUEZ PEDROSA el 21 Ene 2008 - URL Permanente

Capitulo III.

Hospitalarios

El hermano Rolando encendió las tenues luces de la pequeña capilla con la parsimonia con la que acostumbraba a hacerlo, para él aquello representaba todo un acto ceremonial al más puro estilo medieval. Cada uno de los grandes cirios colocados estratégicamente por el sacro y humilde edificio, comenzaron a emitir un ligero resplandor de luz de un opaco color pastel, proyectando la oronda silueta del monje en la fría piedra.

Había anochecido con sorprende celeridad aquella tarde, la luz del sol se había apagado lánguidamente mezclando los difuminados rojizos del atardecer con los oscuros azules, llenando el horizonte de múltiples tonalidades, las grandes nubes que se desplazaban con paso lento pero firme, se perfilaban como tachones oscuros rompiendo la armonía de la estudiada composición de colores y gamas.

Se acercó a uno de los pequeños ventanales de forma circular que decoraban los gruesos y fríos muros de piedra, a través del cual y a lo lejos, vio a la joven muchacha de rizado pelo negro, que frente a su flamante coche, permanecía inmóvil tras terminar su jornada laboral. Parecía estar ausente, abstraída en sus propios pensamientos.

Ella no le agradaba demasiado, en realidad no le gustaba nada, se corrigió a si mismo mentalmente. En múltiples ocasiones la había encontrado husmeando por zonas del hospital en las que su presencia no era ni requerida ni deseada. Era una mujer, en exceso, curiosa y preguntona, en su opinión se empeñaba en mantener conversaciones sobre cualquier cosa, aquella banal verborrea lo hastiaba profundamente, y así se lo trasmitía de manera educada, pero ella parecía no darse por aludida y perseveraba en el intento dilatando la conversación hasta alcanzar lo absurdo.

No perdía oportunidad para ir tras él o de cualquiera de ellos, exceptuando al hermano Carles, a ese viejo monje cuyo genio era endiablado, ni se acercaba. Aquel último pensamiento le hizo sonreír tímidamente.

La pequeña capilla de un dudoso estilo románico para cualquier purista historiador, se erguía en la oscuridad como si del decorado de una película se tratara. El contorno del edificio se perfilaba en el oscuro cielo nocturno generando un aura a su alrededor que le otorgaba una austera presencia. Pequeña e humilde, había aguantado el paso del tiempo, firmemente asentada, como si de un perro guardián se tratara. Su planta rectangular, se extendía en toda su longitud, formando una edificación compacta a primera vista, sensación que se rompía ya que la torre sin ser demasiado alta, pero poseedora de una belleza y carisma propio, sobresalía un par de modestos metros de altura alzándose victoriosa. Era el único edificio que seguía intacto desde tiempos inmemoriales. Estaba totalmente separada del destartalado edificio central acentuando su austera presencia.

Antes de la construcción del hospital, tal y como ahora lo conocían, allí, en la cima de aquel verde y prospero montículo solo existía, el pequeño y viejo edificio que originariamente había sido un remoto sanatorio pueril, la capilla y el huerto. Tras la construcción de la nueva edificación, el antiguo barro y ladrillo había pasado a ser una parte más del actual cuyas raíces habían sido firmemente cimentadas con hormigón y metal. A petición del viejo Carles, se había respetado la estructura original reforzando muros y lavándole la cara a la ajada fachada, distrayendo y ocultando en la medida de lo posible a la vista de cualquiera la antigua construcción, para finalmente y con la conclusión de las obras de remodelación enjaular uno dentro del otro.

El hospital y la capilla estaban separados por unos veinte metros de distancia, en los que sendas líneas imaginarias conformadas por robustos naranjos, delimitaban el huerto. Tierra de labranza en la que el hermano Carles había cultivado desde hacía mucho tiempo, lechugas y tomates, con estupendos resultados. Una destartalada caseta de madera, construida, por el improvisado agricultor, con desiguales tablones de diferentes medidas y tonalidades, recibía por orden expresa de este, el nombre de gallinero y aunque pedía a gritos un arreglo para no desplomarse, su constructor aseguraba, con el genio que lo caracterizaba, que aguantaría un terremoto si aquello fuera necesario. Entre los fornidos árboles, un pequeño camino de grava con aspecto de improvisado paseo serpenteaba con diferentes grosores hasta llegar a los firmes portones del sacro edificio.

La antigua piedra con la que se había construido la capilla, ahora aparecía cubierta del verde musgo que nacía en la parte norte del edificio forrándola con un abrigo protector de un verde botella que con la llegada del verano cambiaba como un camaleón, cambiando su vivo y herbáceo tono por marrones y pajizos, haciendo que cada uno de los muros pareciera mucho más antiguo de lo que en realidad era

La torre estaba coronada con una gran cruz de metal que estaba levemente torcida para tortura de Susana. Bajo ella, el modesto campanario en forma de arco de medio punto cobijaba y protegía la pesada campana de las inclemencias del tiempo. La bóveda de la capilla era estrellada y miraba al opaco cielo, originalmente aquella bóveda se había preocupado de dar cobijo a los difuntos ya que se construyo con el fin de ser una capilla funeraria, actualmente asumía las funciones propias de cualquier vieja iglesia de pueblo en la que se dicen intimas misas y secretas confesiones de conocimiento publico. Era un sitio de rezo, un sitio de oración y meditación, aunque los cuatro monjes hospitalarios que habitaban la institución le daban otros muchos usos de muy diferentes índoles. Ellos, lo utilizaban como lugar de reunión, ya que la vieja capilla les proporcionaba la discreción que necesitaban, para tratar asuntos presumiblemente de gran importancia. Allí, nadie les molestaba e interrumpía y creían poder hablar sin miedo a ser espiados evitando posibles interferencias de algún tipo. Al hermano Rolando, le molestaba tanto secretismo, pues en su subconsciente, secreto significaba malo, pero entendía que la nueva situación merecía toda la discreción que pudieran conseguir.

En el interior de la capilla, la piedra estaba mejor conservada. El suelo estaba limpio y lustroso a pesar de los desniveles existentes, aunque la latente pulcritud no cambiaba el frío aspecto que el edificio proyectaba. Dos estrechas naves longitudinales flanqueaban la paralela galería central, que con mayor anchura, culminaba con un magnifico retablo que alzado en el aire por tres escalones se erguía al final de la misma como un trono. Las dos naves laterales, más modestas que la nave central, permanecían en la penumbra otorgándole un aspecto íntimo. La galería central estaba delimitada por las grandes columnas de piedra que sostenían firmemente la bóveda estrellada. Hileras de bancos de lustrosa madera barnizada se situaban paralelamente a las columnas formando así un pasillo en el centro, pasillo más estrecho de lo normal, dado el modesto tamaño de la capilla.

El retablo en forma de arco de medio punto, ricamente esculpido en el muro creaba una oquedad en el interior de la piedra, adentrándose medio metro en el mismo. Los bordes perfilados con ribetes ricamente cincelados que emulaban a una planta trepadora, le otorgaban un porte extraordinariamente medieval, en su interior cobijado, el altar de mármol blanco que aparecía cubierto con un fino paño rojo con borlas que se deslizaban graciosamente hacía el vacío, desempeñaba inequívocamente su papel como anfitrión. La imagen del santo que Mario había visto en la puerta principal del edificio sobresalía bajo relieve en la parte superior. Era la imagen de San Juan de Dios que ofrecía su mano al enfermo y al necesitado.

Los cuatro monjes p