03 May 2008

Integrados por contrato

Escrito por: Eduardo Antuña Benítez el 03 May 2008 - URL Permanente


Cada cual entiende como mejor puede esto de la convivencia. Vale preguntarse si esto de la "integración" será hacer que todos terminemos bailando sevillanas o cantando por bulerías, participemos de la "despertá" de fallas, nos guste la jota o, simplemente, tengamos un abono para la temporada taurina. No tengo claro que nos están proponiendo, pero me hago una idea.

Quizás se trate de que nos guste El Sueño de Morfeo, Amaral y Pereza, o de engullir sin miramientos los discos de Bisbal, convencernos de que Chenoa canta o que la programación de Telecinco es buena. En ese caso creo que tendrían que convencernos con un contrato y casi obligarnos a no creer en algunas buenas alternativas como Yousou N´Door, Manú Divango o Ched Khaled, Oscar de León o Manolito Simonet y su Trabuco.

Supongo los políticos no creen que ciertas palabras son innecesarias en sus discursos y programas. Y peor aún, no se puede mirar la vida y el ajetreo de la sociedad moderna desde un único punto de vista en el que se prioriza unos valores por encima de otros, unas costumbres mejores que otras. La historia humana confirma que somos herrantes y nos movemos constantemente, que cualquir valor considerado predominante tiene detrás una zaga de fusiones y migraciones. ¿Porqué insistir en la estrechés de miras y en la autocomplacencia de lo bueno y lo malo, lo auténtico y lo falso?

Creo que hay lazos más allá de los discursos electorales, la historia familiar de muchos latinoamericanos lo confirma. No es necesario vivir en España o querer hacerlo para tener la colección entera de la discografía de Serrat, admirar a Lorca , apreciar a Sorolla, sentir una profunda predilección por las canciones de Sabina, leer a Machado y Valle Inclán, a Unamuno y Pio Baroja.

Mucho antes siquiera de plantearse la posibilidad de fijar residencia en la península (derecho, por demás, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre) muchos de nosotros ya habíamos leído El Quijote, El Lazarillo de Tormes, La Vida es Sueño y otras perlas de la literatura española. Góngora y Quevedo son parte de lo que nos enseñaron de niños y vibramos junto a Curro Jiménez expulsando a los franceses, aprendimos de "La Pepa" y Fernando VII.

Olvidan que "integrar" no significa "asimilar" y, obviamente, términos como "transculturación", "multiculturalidad" y otros similares suenan peor que "controlar", "regular" u "ordenar". Puede que la profesión pública no deje mucho tiempo para pequeños placeres culturales, es entendible que no tengan ni idea de ciertos fenómenos que inundan el espacio global de la cultura. Quizás no perciben los matices nuevos y eso es sorprendente y decepcionante en una nación en cuyo nacimiento está la diversidad y la coexistencia de muchas culturas y lenguas.

Conozco andaluces que no se explican cuál es el sentido de las fallas valencianas y valencianos que no soportan la devoción rociera, catalanes que repudian los toros y sevillanos que los adoran por solo citar un par de pinceladas. En fin, como suelen decir por aquí: "¡Pero qué me estás contando, tío.!"

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