20 Abr 2012

Erase una vez un ciudadano...

Escrito por: pauhernandez el 20 Abr 2012 - URL Permanente

Erase una vez un ciudadano honrado que tenía por costumbre acudir a su puesto de trabajo a diario, puntual, cumplidor donde los hubiera y orgulloso de hacer sus tareas con diligencia, digno ejemplo para sus hijos, según él creía, obediente y educado con sus superiores, conforme con recibir a cambio un sueldo que le permitía vivir el día a día, sin lujos ni pretensiones, acostumbrado a sonreír en los buenos y en los malos momentos, dedicado a su familia cuando el trabajo daba una tregua, fiel a sus principios y a sus ideales.

Erase una vez un ciudadano que miraba con respeto a quienes le proporcionaban el sustento y a todo aquel que dedicaba su vida al buen funcionamiento del sistema que le albergaba, sabedor de los sacrificios que debía realizar para que todo aquel engranaje rodase como una seda, orgulloso de pertenecer al lugar que le vio nacer, de ser quien era y estar donde estaba.

Erase una vez un ciudadano que, día tras día, al volver al hogar, miraba de reojo aquella casa con jardín que tan bien iría para que sus hijos tuviesen donde jugar sin necesidad de arriesgarse a salir al asfalto de la gran ciudad, donde podría tener aquel perro que siempre soñó, los rosales que tanto le gustaban y donde su mujer podría sentirse segura en su ausencia.

Erase una vez un ciudadano que, como todos, tenía sus ilusiones, sus sueños, conocedor de la realidad y de que, como decía Calderón de la Barca "los sueños, sueños son".

Erase una vez un ciudadano que viendo el porvenir oscuro y baldío que se presentaba con su actitud conservadora y conformista, decidió alegrar sus días y los de su familia. Así que tuvo la idea de informarse a cerca de aquella casa que tanto le gustaba, tomó nota del teléfono que aparecía en el cartel que anunciaba la venta y llamó. Le dieron todo lujo de detalles sobre la vivienda y las ventajas que tendría si decidía aceptar la compra. No se lo pensó dos veces, se informó en su banco acerca de una hipoteca a treinta años y, como tenía un trabajo fijo en una empresa consolidada, tomó la decisión de embarcarse en aquel proyecto.

Erase una vez un ciudadano que en su casa nueva, rodeado de los suyos, con aquel jardín, el perro, los rosales y la tranquilidad que le daba su trabajo, se convirtió en un ser más risueño si cabe, sin dejar de lado sus obligaciones para con quien le pagaba a final de mes ni con aquellos que velaban desde un lugar lejano por los intereses de todos los que, como él, se amoldaban a las normas, sin rechistar.

Erase una vez un ciudadano que al llegar a su lugar de trabajo encontró una pancarta donde se podía leer la próxima construcción de un centro comercial, un lugar repleto de tiendas y restaurantes que emplearía a cientos de personas. Un proyecto que terminaría proporcionando bienestar a los vecinos de los alrededores y que promovía un grupo de empresarios con la colaboración de las entidades públicas del lugar.

Erase una vez un ciudadano que, sin saber como, se vio inmerso en las filas del paro, sin haber podido reclamar nada a la empresa después de más de veinte años de servicios prestados. Se le presentaba un panorama ciertamente difícil y tenía la sensación de estar viviendo una pesadilla. Aquel lugar frecuentado por miles de personas cada día, alimentaba unas bocas mientras le quitaba el pan a otras. Era una contradicción que no podía comprender.

Erase una vez un ciudadano que vio como todo el entramado social y económico de su país se derrumbaba, sin que nadie pudiese remediarlo. El centro comercial fue a menos, muchos de los negocios que allí estaban fueron cerrando por falta de ingresos. El subsidio de desempleo que cobraba llegó a su fin.

Erase una vez un ciudadano que tuvo que dejar de pagar la hipoteca para pode dar de comer a su familia. Su mujer intentaba ayudarlo haciendo trabajos esporádicos, él consiguió un empleo mal pagado, pero que daba un respiro para poder llegar a final de mes. Aun y así, los ingresos no llegaban para el pago de las deudas. Diariamente debía soportar llamadas humillantes que le hablaban como si de un ladrón y un sinvergüenza se tratase porque no pagaba al banco.

Erase una vez un ciudadano que, después de darlo todo por su familia, por su empresa y su país, se veía recluído en un mundo sórdido, donde todos aquellos sueños que tuvo se convirtieron en vergüenzas, en humillaciones. Y un buen día, un representante de la ley, esa que siempre defendió, le obligó a dejar su casa, con todos sus enseres, porque no tenía donde dejarlos ni dinero para pagar y el banco, naturalmente, no podía asumir aquella falta de seriedad por parte de un cliente que hasta hacía unos años era alguien respetado.

Erase una vez un ciudadano que perdió el respeto y la confianza de todos, se vio inmerso en un divorcio, con lo puesto, sin posibilidad de salir adelante, hundido y avergonzado, indignado e impotente, sumiso a su destino.

Erase una vez un ciudadano que, de vuelta hacia su rincón en un portal, miraba de reojo aquellos a quienes la suerte parecía sonreírles, pensando que tal vez un día les esperaba lo mismo que a él. Y volvió a recordar a Calderón de la Barca y aquello de "la vida es sueño y los sueños, sueños son". Ni siquiera pudo llevar consigo aquel perro que tanto quería.

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15 Abr 2012

Un escándalo "diferente"

Escrito por: pauhernandez el 15 Abr 2012 - URL Permanente

81 años después, tras la huída de la família real con Alfonso XIII al frente y la proclamación de la II República Española, el panorama no ha cambiado ni un ápice.

En plena crisis, con los ciudadanos pagando los platos rotos de una recesión provocada por los banqueros y los ricachones, donde es más fácil morirse de hambre que encontrar un trabajo digno o un político honrado.

En este país expoliado por una panda de ladrones demócratas, orgullosos de sus logros políticos y financieros en nombre de una libertad y unos valores que ni siquiera saben qué son o qué significan.

Envueltos en un oleaje de escándalos de corrupción, de sentencias absurdas y premeditadas que enorgullecen a quienes las dictan y a todo aquel que se rebaja y arrodilla ante un poder establecido que no duda en tildar de esquizofrénico paranoide a quien se atreva a poner en duda su autoridad.

En un país al borde de la revuelta provocada por los mismos que quisieron tomar las riendas con engaños, quitándose la máscara al poco tiempo y haciendo responsables de la solución a los que les proporcionan el sueldo que no son capaces de ganarse, ni de lejos. Esos mismos fantoches que se llenan la boca con la constitución, la ley y el estado de derecho que les proporciona todo lo necesario para no temer ni por su plato de caviar, su coche oficial con chófer, su mansión y sus fieles perros de presa, esos que deberían defender al ciudadano de a pie en lugar de obedecer órdenes y hacer cumplir una ley, derivada de una constitución que la mayoría de esos impresentables intentaron por todos los medios que no se aprobase. Cierto que no sirvió para mucho, puesto que aquellos que la apoyamos, ahora nos vemos traicionados por toda esa pandilla de sinvergüenzas que solo saben vivir a nuestra costa.

En este país, en esta situación, 81 años después, como decía, se produce un hecho tan vergonzoso como criminal. Se acaba de destapar la realidad de la élite de este estado de derecho democrático y libre. Las vergüenzas de la casa real asoman las narices para terminar por demostrarnos quienes nos gobiernan, ya se trate de políticos electos, monarcas o cardenales, que también tienen su parte en este pastel.

De ninguna forma se trata de ensalzar la República, donde no se ataban los perros con longanizas, donde había rencillas entre los que no querían dejar de vivir del cuento y los que querían que eso se terminase de una vez por todas, donde quienes no quisieron renunciar a sus privilegios se inventaron una revolución que se cebó en los más débiles, sumiendo al país en la más absoluta ruina en beneficio de los “salvadores de la patria”, esos a los que no se puede juzgar por sus crímenes porque el poder judicial no lo ve bien.

El colmo de la desvergüenza, ya no es el caso Gürtel, ni las estafas inmobiliarias, ni el anuncio del gobierno de pagar las deudas de los bancos con dinero público mientras el ciudadano que no puede pagar es perseguido por empresas de recobro y con el miedo de que cualquier día le embarguen. No lo es tampoco que los precios sigan subiendo, los sueldos y las pensiones bajando y el paro cada vez más alto, ni que los que nos ordenan apretarnos el cinturón continúen gozando de todo aquello que la mayoría no puede ni imaginarse. Ni siquiera que el yerno del rey haya sido imputado en un caso de estafa. No, ahora va más allá. Mientras los ciudadanos se mueren de hambre o de asco aguantando los embites de los perros de presa uniformados azuzados por los ladrones encorbatados, cada vez que intentan protestar, el rey no tiene otra cosa que hacer que un viaje para cazar elefantes en África. Tengo entendido, y es posible que me equivoque, que esos animales están protegidos y que no es posible una licencia de caza. Por lo menos para un ciudadano cualquiera, que se convertiría en delincuente si se atreve a intentarlo.

Pero un monarca son palabras mayores. Además de gastar un dinero que pagamos todos los ciudadanos y que estamos tirando literalmente a la basura, estamos siendo engañados, una vez más, tanto por los medios de comunicación como por los políticos.

Aquí, lo único que importa es el cumplimiento de “su” ley. Cualquier intento de cambiar las cosas o es callado por televisiones, radios y periódicos o es simplemente tildado de “acto vandálico provocado por un grupo de incontrolados”.

Está claro que no interesa cambiar nada, que aquellos que viven bien quieren seguir así y el resto no se atreve a levantar la voz por si acaso el esfínter se dilata inesperadamente y provoca una situación poco agradable.

Quien me lee o me conoce, sabe qué opino de todo eso. No quiero ser salvador de nada ni de nadie. Pero tampoco quiero convertirme en un simple tertuliano que expresa lo que siente para que nadie le escuche. Ni siquiera pretendo convencer a nadie de nada. Solo una cosa: que cada cual reflexione y saque sus conclusiones. Pero que no se engañe nadie. Los métodos tradicionales no sirven. Y, como aquel 14 de Abril de 1931, estamos en una situación que podría provocar algo similar. Aunque no sé si serviría para algo.

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09 Abr 2012

Tal vez llegó el momento

Escrito por: pauhernandez el 09 Abr 2012 - URL Permanente

Tal vez, sin esperarlo, el inicio de un tiempo donde por fin no seamos esclavos ha comenzado a ver la luz. Posiblemente deberemos pagar muy cara la osadía de plantar cara al poder establecido. Como en la guerra, donde la resistencia minaba al enemigo desde la sombra, los ciudadanos tenemos la oportunidad de retomar el rumbo de nuestras vidas y de nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos, como hicieron los compañeros de Islandia.

A ellos les debemos una explicación por todo lo que hemos hecho, tanto al planeta como al resto de compañeros ciudadanos. Les debemos un mundo donde puedan vivir pacíficamente, sin especuladores ni autoridades que nos digan cual es el buen camino, ese que ellos mismos dejan de lado, aplicando aquello de “haz lo que digo, no lo que hago”.

Cada vez está más claro que somos simples esclavos de los políticos y, sobre todo, de los banqueros, de todos aquellos que especulan con los mercados financieros y que pretenden apoderarse del mundo hundiendo estados para comprarlos. Ha caído en mis manos, gracias a mi amigo compañero Antonio, un vídeo donde Pedro Olalla habla de la situación en Grecia, desde allí. El panorama es el mismo que tenemos en España. Estamos a merced de los mercaderes que quieren acaparar todo el poder.

Os lo adjunto, se puede encontrar en YouTube.

Escuchadlo, difundirlo y sacad conclusiones sensatas y sabias. Juntos podemos.

http://www.youtube.com/watch?v=jX7Kqb21b44

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09 Abr 2012

Un día...

Escrito por: pauhernandez el 09 Abr 2012 - URL Permanente

Comienza un nuevo día. Para la mayoría, yo incluido, uno más que pasará sin pena ni gloria. Habrá quien mantenga esa ilusión, esa fuerza que le empuje a continuar luchando por aquello que desea, o por aquellos a quienes ama. Habrá, sin embargo, quien defallezca una vez más al ver aparecer el primer destello de luz en el horizonte, cansado de luchar y predicar en el desierto para que quienes deben protegerle sigan aprovechándose de su inocencia o de su falta de decisión.

Un día más en el cómputo de las vidas ignoradas de unos ciudadanos ignorantes de su fuerza.

Un día más en el que los hambrientos seguirán buscando un mendrugo de pan en cualquier vertedero y, entre tanto, aquellos que les prometieron trabajo, vivienda y una vida digna continúan en el limbo de sus normas fundamentales, libres y democráticas, que garantizan un futuro próspero para todos, ajenos, como siempre, a la realidad cotidiana.

Un día más donde quienes pueden acudirán a su puesto de trabajo pensando que en cualquier momento dejarán de hacerlo, que sus sueños, como los de tantos otros, terminarán en la cuneta, reventados por quienes, cuando tenían, les ofrecieron todo su apoyo.

Un día más, otro despertar con el mismo argumento, el mismo escenario, los mismos personajes. Los buenos y los malos. Otro día más donde esta representación continuará llenando la sala y, en consecuencia, los bolsillos de quienes regentan el teatro.

Un día más en que los grandes cerebros pensantes continuarán aportando ideas para resolver la crisis en la que ellos mismos nos han metido, prometiendo lo impensable a sabiendas de que no lo van a cumplir.

Otra jornada yerma para quienes han perdido la esperanza, para quienes lo han perdido todo, conscientes de que no le importan a nadie.

Aquellos que en nombre de la democracia, la libertad y el estado de derecho dirigen nuestras vidas, continuarán, un día más, saboreando los laureles que consiguieron a base de engaños, estafas y abusos amparados en la legalidad que ellos mismos instauraron, precisamente para proteger sus fechorías. Impunes, altivos y prepotentes seguirán al pie de su cañón, apuntando a las masas indefensas, conscientes de que no pueden hacerles retroceder y de que su poder seguirá ahí, perpetuo, perenne, inmune a todo y a todos.

Hay, sin embargo, un grupo de personas, anónimas unas, con nombre y apellidos otras, que, un día, lograron derrotar al poder establecido, dejando con el culo al aire a quienes intentaron robarles sus ilusiones. Algunos de ellos duermen ya entre rejas, el lugar que les corresponde. Esos ciudadanos nos han dado una lección de democracia, libertad y estado de derecho, rompiendo las reglas para poner a cada uno en su sitio.

No, no me refiero a las revueltas del norte de África, donde los intereses derivados del petróleo han conseguido que aparezcan en primera plana en todos los medios de comunicación. La verdadera revolución, silenciosa y silenciada, tuvo lugar, un día, en Islandia, donde los ciudadanos consiguieron encarcelar a los banqueros, nacionalizar la banca, expulsar al gobierno, negarse a pagar la deuda de los bancos y tomar el “poder” para dar un nuevo rumbo a las vidas de todos.

Tal vez, un día, deberíamos tomar ejemplo.

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08 Abr 2012

Tenía un sueño, me dieron una pesadilla.

Escrito por: pauhernandez el 08 Abr 2012 - URL Permanente

Tenía un sueño. Tenía una ilusión. Tenía un proyecto de futuro. Tenía una esperanza.

Sí, yo, como tantos y tantos habitantes de este planeta, tenía fé en aquel cambio político, en aquella apertura que nos haría más libres y más justos. Pero, con el paso del tiempo, tras vivir durante años agazapado ignorando lo que había alrededor, uno termina por darse cuenta de que le han engañado, le han puesto la miel en los labios y luego le han llamado ladrón, inconformista, terrorista, inadaptado y todo aquello que se les haya podido ocurrir, simplemente, porque no he seguidos su normas, porque no quiero seguirlas, porque estoy harto de que me tomen el pelo con sus discursos baratos ensalzando la constitución, esa que muchos de ellos no querían ni siquiera aprobar, llenándose la boca de democracia y libertad, de estado de derecho, y de toda esa jerga que a los de a pie nos importa una mierda.

Hemos terminado por ser esclavos de esos ladrones encorbatados, hipócritas hasta la médula, chulos baratos con aspecto de mafiosos, asesinos legales de la libertad y de quien ose oponerse a sus normas, esas que han dictado para protegerse de la fuerza de quienes no están interesados en seguirles. A esos, les aplican leyes antiterroristas, porque son antisistema y, por lo tanto, una amenaza para la sociedad, o, en realidad, para sus intereses.

Políticos corruptos (la mayoría), jueces chulos y prepotentes que se creen que pueden hacer que el ciudadano les obedezca porque “lo dice la ley”, banqueros que se creen los dueños del mundo porque dominan el capital, policías chulos y maleducados que piensan que el uniforme les da todos los derechos, esos que deberían proteger para que los ciudadanos que les pagan el sueldo (demasiado para lo que hacen) se sientan en su casa y no en la cárcel.

Vivimos en un estado policial, mandado por jueces estúpidos (por uno que planta cara van y lo expulsan) que lo único que saben hacer es mandar y ordenar en nombre de la ley; por políticos que no viven la realidad sino su mundo de abundancia, pagado por todos los ciudadanos y al que no están dispuestos a renunciar; por banqueros ladrones, con brillantina en el pelo, corbata, mansiones y rolls royce, que se embolsan sueldos millonarios y planes de pensiones vergozosas con la excusa de que son una empresa privada, mientras por otro lado tratan a aquellos que no pueden pagar sus préstamos o hipotecas de morosos y sinvergüenzas, a los que cobran intereses abusivos y a los que les embargan hasta los calzoncillos si no pagan. Esos ciudadanos modélicos son los que nos gobiernan.

Pensemos, indignémonos, pero no como hicieron los compañeros del 15M, que a las primeras de cambio dieron marcha atrás después de que el montaje de los políticos catalanes les desprestigiase públicamente. Apoyo totalmente a quienes osen presentarse en un parlamento y hagan todo aquello que sea necesario para expulsar a esa gentuza del poder. ¿Con violencia? ¿Nos dejan otra opción? Ellos nos envían a sus perros de presa uniformados para que no digamos lo que pensamos y, para dejarnos en evidencia, infiltran a los suyos con el objetivo de provocar disturbios que después atribuyen a “grupos incontrolados”.

No teneis vergüenza, no representais a nadie. Sois unos ladrones, unos mentirosos y unos asesinos. Mafiosos. Haré todo lo posible por difundir lo que digo hasta que seais desterrados de una vez por todas de este país y del planeta. No mereceis nada más que la cárcel.

Soy consciente de dos cosas: Primera, no es este mi estilo habitual, no acostumbro a decir las cosas tan claras. Segunda, seguramente, cuando los perros uniformados den con este escrito y otros que tengo por ahí, seré acusado de terrorista, de incitador a la violencia, esa que ellos mismos emplean impunemente contra los ciudadanos amparados por la ley.

Aquí os espero, bellacos, y si caigo, no seré el único.

Salud y libertad!!!

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30 Mar 2012

¿Y ahora qué?

Escrito por: pauhernandez el 30 Mar 2012 - URL Permanente

Pasó lo que debía pasar. Cada uno cuenta su versión y ninguna es creíble. Escuchando a la portavoz del gobierno dando cifras y comentando la jornada de ayer, me pareció que había retrocedido 40 años y quien hablaba era el mismísimo caudillo en persona. Qué cosas tiene la vida!

Como era de esperar, los dirigentes sindicalistas están orgullosos de su enorme poder de convocatoria. Las fuerzas represivas del estado se enorgullecen de su despliegue en aras de la convivencia. Para variar, quien organiza da una cifra y quien controla otra que no tiene nada que ver. Y ya puestos, se volvió a vivir una jornada de violencia en Barcelona.

Me pregunto quien carajo es esa chusma que se dedica a reventar manifestaciones. ¿Antisistema violentos? ¿Policías de incógnito (no será la primera vez)? ¿Agitadores profesionales? Es curioso que nunca les pase nada, que cada vez que hay algún acto de los ciudadanos en Barcelona, aparecen esos elementos que nadie sabe quién son ni por qué siguen ahí. Otra cosa que no cuadra es que siempre ocurra en Barcelona. ¿Hay algún interés por desacreditar a los catalanes? ¿Es que en el resto del estado no hay alborotadores?

Y que decir del famoso movimiento 15M. ¿Dónde están? Tal vez aquel amago de ataque a los parlamentarios catalanes sirvió para cerrarles la boca. Me planteo seriamente defender la postura de que aquello fue una pantomima, un montaje para desacreditar el movimiento y así quitarse de encima esa mosca cojonera.

Sea lo que sea, la realidad es que los parias seguimos igual, luchando como podemos para llegar a final de mes (aunque claro, tenemos internet, como si no tuviésemos derecho), aguantando la palabrería sin sentido de esos canallas que nos dicen lo que está bien y lo que está mal en nombre de la democracia el estado de derecho y las libertades, azuzando a su perros de presa contra aquellos que osan desafiar su “autoridad” y calificándonos poco menos que de gilipollas cada vez que nos quieren convencer de que lo que hacen es por nuestro bien.

Miren, señores (por llamarles de alguna forma): Ni ustedes son nadie para decirnos lo que tenemos que hacer ni nosotros somos esclavos que les debamos obediencia a ustedes y a sus normas. Así que, o se ponen las pilas y hacen su trabajo, que, por cierto, no es lo que hacen ahora, o se las tendrán que ver con estos pobres infelices a los que pueden manejar, golpear, encarcelar y acusar de lo que les de la gana, pero que ya están hasta las mismísimas pelotas de sus gilipolleces y de que vivan a su costa haciéndoles creer que velan por sus derechos. Lo repito, por si no se han sentido aludidos: no son ustedes nadie, por mucho poder que tengan.

Como le comentaba a un colega, tal vez debiésemos comenzar a entonar aquello de “Arriba parias de a tierra, en pie famélica legión…”

Por cierto, espero que no se les atragante la cena. Nada más lejos de mi intención.

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29 Mar 2012

La Huelga de los Borregos

Escrito por: pauhernandez el 29 Mar 2012 - URL Permanente

Me parece muy bien que se haga una huelga general. Pero hay dos problemas.

Primero: Tal y como hacemos las huelgas en este país de charanga y pandereta, dentro de dos días nadie se va a acordar de ella, por lo tanto seguiremos igual.

Segundo: Los que han convocado la huelga y los que han provocado que se convoque van a seguir viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos y haciendo lo que les da la gana.

A todo esto se le añade el hecho de la "obligatoriedad" de hacer huelga. Si te encuentras con un piquete no intentes dialogar. Esos energúmenos que no tienen ni idea de lo que es la libertad y los derechos, no te van a dejar que expreses tu opinión o que puedas trabajar si quieres. Y con esto comparo a los sindicalistas con los políticos, porque, al fin y al cabo, hacen la misma función: manipular las masas para su propio beneficio.

Que yo no quiera hacer huelga no significa que no esté de acuerdo con esa postura, más bien al contrario. El problema es que yo no sigo como un borrego a un líder de sindicato al que lo único que le importa es salir en la foto y poder decir "¿veis como tengo poder?" El matiz está en que no se debe decir "El día 29 huelga general" si no "a partir del día 29 huelga general". Y hay que tener una cosa muy clara: lo que diga el que maneja los hilos, eso de que es lo que hay que hacer y lo que nos conviene a todos, a nosotros, los que les mantenemos, nos importa un carajo. Los intereses de los políticos y de los banqueros, a nosotros nos importa un carajo. Del mismo modo que a ellos les importa otro carajo lo que digamos o pensemos. Y lo han dejado muy claro: "No vamos a dar marcha atrás en la reforma". ¿Sirve de alguna cosa esta huelga?

Para poder obligarlos a que dejen de ser ellos los que decidan sobre nuestras vidas, hay que plantarse, hay que "acampar" delante de sus casas y empresas hasta que se vayan a hacer puñetas. Ni Bruselas ni Washington ni Londres ni Berlín ni París ni nadie nos tiene que decir qué debemos hacer ni pedirnos que nos bajemos los pantalones al mismo tiempo que nos apretamos el cinturón.

Por lo tanto, huelga SI, pero no esta. Hay que ir a por la base de los problemas: EL CAPITAL. Y con esta huelga descafeinada, no vamos a conseguir nada de nada. ¿Acaso sirvió de alguna cosa la última que se hizo?

Los que estamos en la base, en el meollo de la puta crisis provocada por ellos, seguiremos sufriendo para llegar a final de mes sin que esa gentuza haga nada para solucionarlo. ¿Huelga? SI, pero en condiciones. Hay que exigir a los que "mandan" que dejen de tener privilegios, hay que nacionalizar la banca y expropiar a los banqueros y, aunque parezca que estoy loco, hacer lo mismo con los políticos y los sindicalistas que juegan con nuestras vidas sin importarles lo más mínimo lo que nos pueda pasar. Aunque digan lo contrario.

Podeis decir que soy un fascista, un reaccionario, un loco. Estais en vuestro derecho. Como yo en el mío de decir lo que pienso de todos, políticos, banqueros, curas y demás parásitos. La única forma de salir adelante es quitarlos de la escena. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

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11 Feb 2012

A las barricadas!!!!

Escrito por: pauhernandez el 11 Feb 2012 - URL Permanente

Hemos comenzado un nuevo año. Sin duda el horizonte que se nos presenta no es nada halagüeño. Para algunos, más bien muchos. Pero la flor y nata de la sociedad sigue envuelta en sus dulces algodones. La plebe debe continuar pagando el diezmo, tanto al rey como a la iglesia, como en el medioevo. El problema es que el populacho ya no es esa masa ignorante que habitaba los suburbios sumida en la más profunda miseria. Ahora, para su suerte o desgracia, tiene los medios necesarios para plantar cara a esa otra "masa" indigna que se dedica a masacrarle, ya sea a través de impuestos, leyes o el envío de las "fuerzas del orden" para acallar sus protestas.

El colmo del funcionamiento de la justicia en este país de charanga y pandereta (tal y como no paran de demostrarnos los que mueven el cotarro cada día), han sido dos sentencias recientes.

Por una parte se absuelve a un político acusado de recibir regalos a cambio de favores. Las pruebas, que todos hemos podido escuchar a través de los medios de comunicación, no dejan lugar a duda. Sin embargo el reo sale por la puerta grande sin escatimar burlas hacia los que le querían condenar.

Por el otro lado, se condena a un juez, precisamente, por haber autorizado escuchas telefónicas a los implicados en el caso del político sobornado. Pero es que además se le va a juzgar por investigar a Franco.

Vómitos. Diarrea. Sudores fríos. Taquicardia. No, no es el prospecto de un medicamento. Es lo que me provoca toda esa porquería que nos lanzan continuamente los medios de comucicación respecto a políticos y jueces. Y no me olvido de los empresarios, esos ciudadanos modélicos que velan constantemente por el bienestar de sus empleados y que no dudan en darles una patada en el trasero cuando sus beneficios se ven amenazados por los míseros sueldos que deben pagar.

Estoy harto de decirlo. No hay ninguna solución política para esta situación. Por lo menos conocida, aunque, a mi humilde entender, tal vez debieramos comenzar por desarticular la cúpula de todo el entramado.

Tal vez si obligasemos a banqueros y grandes empresarios a devolver todo aquello que han ganado de más gracias al esfuerzo de sus trabajadores y clientes.

Si se les cortasen las alas de una vez por todas a quienes pregonan que hay que seguir haciendo esfuerzos (excepto ellos, claro).

A quienes se autodenominan "autoridad", obligando a las gentes que reclaman una vida digna (no salen a las calles a reclamar una mansión, un Ferrari y un Porsche) a correr delante de aquellos que deberían estar protegiéndoles, embuchados en sus uniformes blindados y blandiendo una porra que amenaza a cualquiera que se cruce en su camino, sin contemplaciones, como en la más oscura época del franquismo, ese que los jueces no dejan investigar porque "no se ajusta a derecho".

A quienes siguen engañándonos con sus huecos discursos y sus promesas baldías quince dias antes de que los maltrechos ciudadanos deban decidir quien les guiará durante los próximos cuatro años, con el único próposito de perpetuar sus beneficios de por vida y seguir gozando de esos privilegios que les concedemos los plebeyos, esos que les pagamos.

A quienes se erigen como guardianes de la moral y la vida, con esa hipocresía que les caracteriza y haciendo honor a ese refrán que dice "a dios rogando y con el mazo dando", práctica que no cesan de llevar a cabo, esos, esos mismos, Cardenales y demás miembros de la tan nombrada santa madre iglesia, pero que no renuncian a sus privilegios y no se cortan a la hora de criticar cualquier cosa que, según ellos, vaya en contra de sus convicciones. No es esa su misión. Dedíquense a lo que les concierne, opinen, porque tiene derecho, pero no mientan porque, a parte de que es un pecado según sus leyes, está feo.

A quienes debieran protegernos y que en lugar de eso se dedican a perseguirnos cumpliendo órdenes, ya sea para multarnos por llevar un adhesivo no autorizado en la matrícula de nuestro coche o para molernos a palos si se nos ocurre protestar en la calle o plantarles cara a ellos mismos. No sois dioses. Más bien pareceis sacados de una república bananera, esas en las que en las películas el jefe de policía aparece tras una mesa llena de papeles mugrientos con una botella de aguardiente en la mano y la gorra de plato hundida hasta las cejas.

Y ahora, tal vez, debiéramos plantearnos todos qué es lo que debemos hacer. ¿Debemos continuar aguantando y decir aquello de "es lo que hay"? ¿Debemos plantarnos de una vez por todas, asumiendo todas las consecuencias que eso conlleva? La lucha nunca es facil y supone esfuerzos, como dicen los políticos y grandes economistas mundiales que, por cierto, me pregunto para qué sirven a parte de vivir a costa de los demás.

Quizá es el momento de volver al pasado y decir lo mismo que nuestros abuelos cuando luchaban por sus derechos: A LAS BARICADAS!!!! Y que salga el sol por antequera.

Para aquellos a quienes esto que digo les pueda sentar mal, un consejo: cojan papel higiénico, acudan al retrete, descubran su trasero (más que nada para no ensuciar la ropa), tomen asiento en la taza del váter y aprieten con fuerza. Que les aproveche.

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11 Nov 2011

Crisis, democracia y sinvergüenzas

Escrito por: pauhernandez el 11 Nov 2011 - URL Permanente

Se acabó el silencio. Después de tantos meses, ha llegado el momento de soltar todo lo que se ha ido acumulando.

La indignación se ha apoderado de muchos ciudadanos que en el mes de Mayo se plantaron ante quienes intentan imponernos unas normas que solo benefician a los que las hacen. La respuesta fue contundente. Antidisturbios que no dudaban en lanzar sus porras y balas de goma, como mínimo, contra el primero que pasaba por el lugar sin distinción de sexo, edad o condición. Esa violencia es legal y no hay nada que decir. ¿COMO QUE NO??? Los individuos que llevan a cabo esas prácticas y los que les dan las instrucciones, no son nadie para intimidar a los ciudadanos. Repito, como tantas veces he hecho, que los funcionarios están al servicio de los que les pagan, nosotros, y no al de quienes les dan órdenes, que también tienen la misma obligación. Los contribuyentes no somos esclavos de nadie, ni de políticos ni de jueces ni de policías ni de ningún tipo de empleado público. Son ellos los que nos deben obediencia a nosotros, que para eso sufragamos sus suculentas nóminas con nuestros impuestos.

Es incomprensible que quienes debieran velar por los intereses de todos, tan solo se preocupen de rescatar a las entidades financieras. No se entiende cómo pueden decir sin ruborizarse que los bancos no tienen dinero para créditos. ¿Y los miles de millones de Euros en beneficios que han anunciado, donde están? Seguramente en algún plan de pensiones de un alto cargo o en indemnizaciones por cese. En definitiva, en seguir financiando la buena vida y el lujo que rodea a esos individuos que no merecen el apelativo de personas. Pero como este sistema es como es, ellos continuarán disfrutando de sus privilegios y los pobres infelices que se encuentren entre sus redes y no puedan hacer frente a los pagos a los que se comprometieron, seguirán siendo amenazados y embargados hasta la ropa interior para que ellos sigan despilfarrando a su costa.

Tampoco se comprende que un ciudadano al que se le haya demandado por cualquier motivo, si pierde el litigio, deba hacer frente al pago de las costas. ¿Qué es eso? ¿Acaso los que intervienen en el juicio no son funcionarios y cobran un sueldo por hacer un trabajo? El denunciado debe pagar su abogado y si es derrotado al juez, o al juzgado, o a la administración, da igual. ¿Eso no es un abuso? ¿No se pagan impuestos precisamente para que esos individuos hagan su trabajo? No me vengan con la milonga de que las normas son las que son y las leyes están para cumplirlas. Esas leyes y esas normas, si perjudican a alguien, no sirven. Además, está la chulería y la prepotencia con la que jueces y policías se enfrentan a los ciudadanos. La condición de funcionario no significa que tengan derechos ni priviliegios, más bien al contrario, significa que tienen obligaciones, que en su mayor parte no cumplen, con la excusa de que no hay medios, bien sean económicos o humanos, para llevar a cabo su trabajo. Debe ser por eso que, al no poder realizar su labor, se pasan el día o desayunando o tocándose lo que no suena. Y que conste que no estoy en contra de ese colectivo, pero si de su actitud frente a quien les paga el sueldo. ¿Qué pasaria si un trabajador le dijese se jefe lo que tiene que hacer y se negase a realizar su labor? Que se iría al paro, sin contemplaciones. Pues eso. Y deberíamos empezar por los políticos, que se creen que tienen el poder de hacer y deshacer según les convenga o según los intereses de alguien o algo que les pueda beneficiar. De eso nada. Si no hacen lo que deben, a la calle.

Mucho hablar de apretarse el cinturón, pero los primeros en no hacerlo son, precisamente, aquellos que nos dicen 'hay que hacer un esfuerzo'. Háganlo ustedes. Para empezar, su sueldo debería ser el salario mínimo, esos 600 y pico Euros que ustedes mismos consideraron el mínimo indispensable para vivir. El resto, hasta lo que cobran ahora, para servicios a los ciudadanos y para las pensiones, que, al fin y al cabo, para eso son los impuestos, no para que sus señorías se forren. Porque una cosa está clara, apretarse el cinturón y bajarse los pantalones a la vez, como que es imposible,

Y para colmo estamos en plena campaña electoral y, por ende, cansados de tanta palabrería inútil. Ni estado de derecho, ni democracia ni puñetas. Este país, o este sistema, no es nada de eso, sino más bien una dictadura parlamentaria que se escuda en sus propias reglas para seguir dando por donde amargan los pepinos al populacho que solo sirve para obedecer y poner el trasero cuando lo ordenan.

Así están las cosas. El que tiene y puede hace lo que le da la gana. El que no tiene y sale a la calle a protestar, es un agitador o un terrorista y la única solución es hacer que caiga sobre él todo el peso de la ley, esa que misma que quienes la hacen no cumplen, esa misma que habilita a jueces y “fuerzas del orden” para chulear al pobre diablo de a pie y molerlo a palos si conviene.

Basta ya de chulería, de palabras vacías y de ladrones. Hay que ir a votar el día 20, sí, pero en blanco o a partidos pequeños, para que los que están viviendo del cuento (por mucho que digan que se dejan la piel por su país) se den cuenta de una vez por todas de que los que mandamos somos nosotros, los ciudadanos. Ellos no son nadie sin nosotros. Y con nosotros tampoco. Y me da la impresión de que somos capaces de administrarnos sin necesidad de esa gentuza.

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05 Ene 2011

Delincuencia y civismo

Escrito por: pauhernandez el 05 Ene 2011 - URL Permanente

En los tiempos que corren, llenos de susceptibilidades heridas y de escepticismo político, nos invade una ola de normas restictivas y, por qué no decirlo, represivas, que pretenden regular los derechos de todos menoscabando los de una parte importante de los ciudadanos. Gracias a las nuevas leyes sanitarias se equipara a quien consume ese producto tan nocivo pero legal como es el tabaco, con un delincuente. Multas que pueden llegar a ser millonarias para quien incumpla la ley. Vigilancia extrema desde el primer día. Curiosamente, los efectivos de la policía han hecho acto de presencia en locales y lugares prohibidos para obligar a los infractores a deponer su actitud, mientras por otro lado se excusa la no actuación de los mismos frente a la prevención de delitos más graves, como el de la violencia de género, por falta de personal, con el pretexto de que no se puede poner un funcionario detrás de cada persona afectada.

Se acusa a los fumadores de un delito contra la salud pública por el hecho de consumir un artículo fabricado y expendido legalmente en establecimientos que abonan sus impuestos como cualquier otro, proviniendo gran parte de ellos de ese producto nocivo (se oye hablar de más de 9 mil millones de Euros al año de recaudación por parte del estado por ese concepto, nada que ver con lo que pretenden hacer creer que se destina a la sanación de enfermedades provocadas por el tabaco, se rumorea que unos 5 mil millones). Se plantea un dilema, ciertamente kafkiano. Como ya ocurrió con las drogas en su momento, esas que no se pueden adquirir legalmente, pero que sí se pueden consumir, nos encontramos ante la paradoja de comprar algo legal para no poder consumirlo y así preservar la salud de los que nos rodean. Absurda contradicción donde las haya. Tan incoherente como el hecho de no sancionar a quienes permiten la fabricación y venta del tabaco, ya que, al fin y al cabo, supone un claro atentado contra esa salud pública que tanto quieren proteger aquellos que por un lado consienten y por otro prohíben.

Si un fumador es un delincuente por el hecho de consumir “veneno“, quien permite que eso sea posible también lo es, o más si cabe. Pero hay una razón para la permisividad, como ocurre con los cárteles, que se llama “dinero“. En este último caso, se pretende que el uso de las drogas se extienda para conseguir más beneficios. En el otro, no se impide la venta pero si el consumo con el mismo objetivo, ya sea por la facturación en sí o por las sanciones. En cualquiera de las dos cuestiones, el propósito principal es común. Aunque unos proponen abiertamente la degradación de la salud y los otros no, el lucro con el negocio está servido para ambas partes. De la legalidad a la delincuencia. Aclaremos este concepto. En el caso de los traficantes, ellos son ilegales y el consumidor no. Para los otros, ellos son legales y los consumidores no.

La salud pública debe ser un derecho de todos, mejor dicho, lo es. Pretender a golpe de decreto (como en los tiempos más oscuros de la dictadura, con la famosa ley de “vagos y maleantes“) que aquel que quiera llevar una vida “sin humos” decida que el resto haga lo mismo, significa instaurar un régimen autoritario donde la hipocresía y la falta de respeto a los derechos de los ciudadanos prevalece ante la tolerancia y la convivencia. La excusa de que el tabaco provoca la muerte de quienes lo consumen y de los que están a su alrededor, parece ser la mejor estrategia para conseguir sus propósitos. Deberíamos recapacitar sobre este tema. Porque no se puede culpar a una sustancia concreta de provocar enfermedades (que probablemente es así) mientras otras también lo hacen y no son perseguidas. No entiendo mucho de medicina, más bien nada, pero tal vez estemos jugando con nuestro sistema inmunológico que, día a día, año tras año, se va deteriorando dejando pasar aquello que en un principio no debería ser perjudicial. La higiene es primordial pero, como todo, en exceso puede llevar a ser nociva. ¿Absurdo? ¿Incongruente? ¿Descabellado? También lo es que nos permitan adquirir un producto que no sabemos que contiene en realidad. Las tabaqueras no están obligadas a especificar los ingredientes en los envoltorios. ¿Lógico? Ese tema no le importa a nadie. Sin embargo seguramente que nos daría una perspectiva diferente si pudiesemos saber qué es lo que nos venden para que fumemos.

Todo en esta sociedad gira alrededor del dinero, que da poder y permite decidir el destino de nuestra humilde existencia. Da lo mismo si se provoca el enfrentamiento entre vecinos o, por qué no, familiares. Desviar la atención hacia temas “vanales” permite tomar el control de la situación, para así poder ocultar, aunque sea por unos días, la vergonzosa situación de muchos ciudadanos al borde de la miseria, otro asunto ignorado por todos. Quien sabe si en un futuro no muy lejano nos veremos envueltos en la misma situación en que se hallaron los estadounidenses entre 1920 y 1933, con la famosa ley seca. ¿Veremos a Eliot Ness limpiando de mafiosos nuestras calles? Es cuestión de tiempo.

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